Las lecciones sexuales de María
Primera parte
Las mueres también nos hacemos la paja
María, una morenaza, con un cuerpo de escándalo, había quedado a cargo de su sobrino Andrés porque sus padres se habían ido de vacaciones.
Eran las diez de la noche. Estaban acabando de comer unas pizzas, cuando dijo María:
-Con esa carita tan bonita que tienes debes ser un rompe corazones.
Andrés se ruborizó.
-Tengo una amiga a la que le gusto, pero tengo miedo de pasar de los besos y de las caricias, tita.
Estaban sentados uno al lado del otro en un tresillo de la sala de estar. María le pellizcó un cachete, y con voz dulce le dijo:
-¿Por qué tiene miedo mi sobrino preferido?
-Me da vergüenza hablar de estas cosas.
-Pues si no hablas de ellas con alguien el problema se hará crónico.
-Ahí le has dado, lo que tengo es un problema, y es muy gordo.
María masticó la pizza, tragó y luego le preguntó:
-¿No has hecho nunca el amor?
-No, pero no es por eso.
-¿Piensas que no vas a dar la talla?
-No lo pienso, lo sé.
-¿Tan pequeña la tienes?
-Pequeña, no...
-¿La tienes enana?
-La tengo demasiado grande y demasiado gruesa.
-¿Cómo de grande?
Levantó las manos, las separó y le dio una medida.
-Y cómo de gruesa?
Hizo un redondel con los dedos.
-Tienes una verga importante, pero por eso no te debes preocupar, a las mujeres nos entra hasta un puño.
-¡¿De verdad?!
-Sí, pero también nos llega con meter un dedo.
-¿Para qué?
-Para darnos placer.
Andrés puso cara de pasmado.
-¿Cómo?
María bebió un trago de su vaso de Coca Cola, y luego le dijo:
-¿Tú eres tonto o te lo haces?
Ahora bajó la cabeza, avergonzado.
-Sabía que no debía hablar de esas cosas.
María le preguntó:
-¿Tú no te haces la paja?
-Sí.
-Pues las mujeres también la hacemos la paja y nos metemos el dedo.
Andrés defendió a la chica que le gustaba.
-Mi amiga no la hace.
-Tu amiga se hace unos pajotes que se queda con los ojos en blanco y el cuerpo temblando.
A Andrés le picó el gusanillo de la curiosidad.
-Suponiendo que eso sea verdad. ¿Cómo la hacéis?
-Ahora me vas a decir que tampoco ves porno.
-Eso es para gente enferma.
A María no le sentó bien el comentario.
-¿Tú me ves cara de enferma?
Andrés se dio cuenta de que había metido la pata.
-No.
No se le veía, pero se estaba poniendo enferma. Con aquel sobrino había tenido fantasías, pero en ninguna había imaginado que tenía una tranca, ni había fantaseado con desvirgarlo, aun así le dijo:
-Vamos a dejar esta conversación.
-¡¿Ahora?!
María había acabado de comer y se chupó el dedo pulgar e índice de su mano derecha.
-Sí, ahora.
-No tengo dinero, sino...
María recordó lo que acababa de hacer y le dijo:
-Ni por todo el dinero del mundo te chuparía la verga, eres mi sobrino, y aunque no lo fueras, no soy una puta.
-Yo no quería que me la chuparas, tita, bueno, eso también, pero lo que me gustaría es saber como es tu coño y ver como te haces una paja.
María se hizo la enfadada.
-¡¿Dónde ha ido a parar tu vergüenza?!
-No lo sé, ha desaparecido por arte de magia. Es que es tan fácil hablar contigo...
María lo fue dejando ir a su terreno.
-Si quieres ver como es un coño y a una chica tocándose, te presto mi ordenador portátil, y ya me estaría pasando siete pueblos.
-Yo quería que fuese presencial.
-Pídeselo a esa amiga tuya.
-Se lo pediría si supiera qué hacerle después.
María la pilló por el aire. Sonrió, lo empujó, y luego le dijo:
-¡Ay condenado, tú quieres el pack completo!
Andrés juntó las manos, se arrodilló a su lado y le dijo:
-Sería tu alumno dedicado, sería tu sirviente, sería tu esclavo.
María se siguió haciendo de rogar.
-No digas tonterías. ¿Qué clase de mujer sería si me prestase a jugar contigo?
-Una santa.
-Sería una puta.
-Serías una santa.
Fue sarcástica.
-Levántate que ya pasó la procesión.
Andrés se puso en pie y luego se volvió a sentar a su lado.
-¿Me enseñas, por favor?
-No.
Le acaricio el interior del muslo por debajo de su vestido marrón.
-¿Enséñame, por favor?
Sin quitarle la mano, le dijo:
-Estate quieto.
-Enséñame.
Sintiendo el canto de la mano acariciando su coño por encima de las bragas y la palma acariciando su muslo, le dijo:
-Tú no te das cuenta de lo que me estás pidiendo.
-Sí que me doy cuenta, uno de mis amigos dice que el hombre que sabe comer bien un coño tiene a su pareja ganada, y así, a lo mejor....
-Ya has subido de nivel. Para de decir estupideces.
-¡¿No es verdad que a las mujeres les encanta que les coman el coño?!
-Sí, es verdad, pero...
Andrés le plantó en la boca un beso con lengua sin dejar de acariciarle el muslo y el coño. Al acabar de besarla, le dijo María.
-Tú no sabes donde te estás metiendo.
Se atrevió a meterle la mano dentro de las bragas, aunque al encontrase con el coño húmedo no supo que hacer.
-Me estoy metiendo en la mayor aventura de mi vida.
María le sacó la mano del coño, y le dijo:
-Vete a dar una ducha.
-Fría, claro.
-Con agua fría o con agua caliente, como tú quieras. Yo me voy para mi habitación.
-¿Me vas a enseñar?
-Sí, te voy a enseñar, pesado.
Andrés se fue a toda prisa al cuarto de baño, se duchó, y luego, en pelota picada, entró en la habitación de su tía. La vio desnuda sobre la cama. Vio sus preciosas tetas medianas, tirando a grandes, con areolas rosadas y pequeños pezones, sus rodillas flexionadas, sus largas y bellas piernas juntas y vio que tenía una mano sobre el coño.
-¡Eres la cosita más bonita que he visto!
María sonrió por el halago .Viendo su cuerpo de deportista y viendo su tranca erecta, le dijo:
-Y tú no eres consciente de lo bueno que estás. Ponte a los pies de la cama, mira como hago una paja y hazte tú otra.
Andrés se arrodilló delante de su tía con la verga tiesa. María quitó la mano del coño, y la verga, de un golpe, se puso a mirar para el techo.
-¡Qué bonito es tu coño!
María sacó la lengua, pasó dos dedos por ella y luego tocó con el dedo medio el clítoris.
-Este es el clítoris y es el punto más sensible de una mujer, lo acariciamos para hacer una paja y nos corrernos.
Se acarició el clítoris con tres dedos, de manera circular. Andrés, arrodillado delante de ella, comenzó a menear la verga. Uno miraba para el coño y la otra miraba para la verga, verga que en nada comenzó echar aguadilla por el meato y coño que al rato se empezó a humedecer. Andrés, al ver los jugos le preguntó:
-¿Te estás corriendo, Tita?
-No, los coños lubrican como las pollas antes de correrse.
-O sea, cuando la mujer está cachonda, el coño lubrica.
María metió un dedo dentro de la vagina, lo sacó mojado, se lo enseñó y le dijo:
-Y lubrica mucho.
-¿A que sabe?
Se lo llevó a la boca.
-Chupa y lo sabrás.
Chupó y le gustó.
-Esta rico, dame más.
-Bésame, cariño.
María metió dos dedos dentro del coño y los movió con celeridad mientras su sobrino le comía la boca. Luego los sacó y se los llevó a los labios. Andrés se los chupó.
-Mas, quiero más.
María ya estaba perra perdida.
-Si me sigo dando dedo me voy a correr.
-¿Al correrte echas más jugos?
-Echo cantidad.
-Los quiero todos.
-¿Quieres que me corra en tu boca?
-Sí, quiero.
-Pon tu boca cerca de mi coño y cuando te la lleve a él, lame.
La puso, María, gimiendo, se dio dedo a mazo y al comenzar a correrse le echó la mano a la cabeza y le llevó a su sobrino la boca a su coño.
Andrés sacó la lengua y le lamió el coño con lujuria. Gemía tanto él comiendo lo que le parecía un un manjar, como ella corriéndose.
Al recuperase, le pregunto:
-¿Te gustó?
Andrés, al que le había quedado un pequeño bigote de jugos blancos de la corrida, le respondió:
-Sí, me gustó mucho, quiero más.
-Podría enseñarte a comer mi coño y darte otra corrida en la boca, pero eso será otro día, ahora quiero ver como te corres tú.
Andrés, arrodillado entre sus piernas y mirando para el coño pelado y mojado, se machacó la polla, y no tardó decir:
-Te voy a manchar la cama, tita.
-Córrete en mi coño.
Acercó la verga al coño, la frotó, y se corrió como un burro, y si digo como un burro es porque le llenó de leche la entrada de la vagina los labios y todo el contorno. El coño desapareció en un mar de leche.
Al acabar de correrse, le dijo María:
-Levántame cogiéndome por la cintura.
La levantó cogiéndola por la cintura. María empuñó la verga, frotó la cabeza en el coño lleno de leche, y luego la puso en la entrada de la vagina.
-Métela.
Andrés empujó y clavó la cabeza. María estaba cansada de follar, pero aquella verga le había roto el coño.
-¡Qué dolor!
Andrés la vio con la cara hecha un poema, y le preguntó:
-¿Te la saco, tita?
-Si, saca.
La sacó. Andrés ya estaba malo otra vez.
-Si no la llego a sacar me corro dentro de ti.
A María le gustaba ver la cara de placer de sus parejas al correrse.
-Frótala contra mis tetas y córrete sobre ellas.
Se la frotó en los pezones y en las areolas. Estaba tan cachondo que se corrió en un tris. La corrida fue inmensa, la leche le cubrió las areolas, los pezones y bajó por las teta abajo.
-Te corres como un león. ¡Que brutalidad de corrida!
-Es que tú me pones.
Luego de correrse, le dijo María:
-Ahora magrea mis tetas.
Le echó las manos a las tetas como quien se las echa al volante de un Ferrari sin saber conducir, pero el instinto hizo que las cogiera por los lados, las estrujara, y con la leche de su corrida en ellas se las besara, se las lamiera y se las chupara. Al apretar, los pezones, que ya estaban duros como el granito, se llevaron la mejor parte de su frenético ataque de lujuria.
-Mama, cielo, mama las tetas de la tita.
Sus palabras lo encendieron más de lo que ya estaba y apretó de más causándole algo de dolor, pero María, empuñando su erecta tranca, lo animó a que siguiera arrasando con sus tetas.
-Devóralas, cariño, devóralas.
Andrés siguió estrujando, besando, lamiendo y mamando su tesoro. Poco después, María tiró de la verga hacia ella invitándolo a que se la metiera.
Andrés se subió encima de su tía, la mujer flexionó las rodillas, abrió las piernas, le cogió la tranca, la puso en la entrada del coño, y lo besó con lengua. Andrés empujó y la cabeza de la verga entró en la vagina.
-¡Dios, qué barbaridad!
Le había dolido de nuevo.
-¿Sigo o la saco?
-Sigue, pero métela milímetro a milímetro cuando yo te diga, y bésame, bésame mucho.
Besándose, María le apretaba el culo. Beso a beso y metiéndola poquito a poquito, el coño se fue dilatando y la verga fue entrando. Al ir por la mitad, Andrés comenzó a correrse dentro. María besó sus labios temblorosos, le acarició el cabello, y le dijo:
-Tranquilo no pasa nada, tomo precauciones.
Le apretó el culo y la tranca entró hasta el fondo de del coño. Se sentía llena, pero no percibía ninguna clase de placer, cierto era que tampoco sentía dolor porque el coño se había dilatado a más no poder. Con la verga enterada el coño le dijo Andrés:
-Si hay un cielo debe ser este, tita, y tú serías un ángel.
María le volvió a acariciar el cabello.
-No hables de cielo ni de inferno que me haces sentir culpable de estar haciendo lo que nunca debía haber hecho.
-Ya he cumplido los dieciocho años, tita.
-Pero no dejas de ser mi sobrino.
-¿Sigo disfrutando de ti?
-Ahora seria más pecado no disfrutarlo. Sigue, pero despacito.
Andrés la folló al ritmo que le marcaban las manos de su tía en su culo, un ritmo que nunca llegó a ser elevado y María comenzó a gozar. Al rato, y teniendo la tranca en el fondo del coño, María se estremeció, dejó de besar a su sobrino, abrió los ojos como platos y le dijo:
-¡Me corro, cariño!
Andrés, viendo la cara de placer de su tía, se corrió con ella.
Al acabar de correrse le quitó la verga del coño y María sintió una sensación de paz infinita.
-Al final fue un buen polvo, tita.
-Yo diría que fue genial.
Sonó el teléfono móvil que María tenía encima de la mesita de noche.
-Ese debe ser mi novio. Me había olvidado de él.
Cogió el teléfono.
-Dime... Que vienes a buscarme, vale.
Ahora todo eran prisas.
-Vístete. Yo voy ducharme.
-Mi ropa está en el aseo.
-Pues venga, venga, vete a buscarla.
-Ni que tu novio tuviera llave del piso.
-No la tiene, pero no me dijo si tardará en llegar diez minutos o si tardará en llegar dos.
Segunda parte
Si eres más bonita no naces, tita
María había regresado al piso de madrugada, por eso se levantó pasada la una de la tarde. Era sábado y no tenía que ir a trabajar. Desnuda (así dormía en verano) fue al cuarto de baño, orinó, se lavó los dientes y después se dio una ducha. Salió del cuarto de baño, se puso una blusa blanca y unas bragas azules y descalza y con la blusa abierta fue a la cocina. En la cocina se encontró con su sobrino Andrés, que estaba vestido solo con unas bermudas y que tenía en su mano derecha un vaso de tubo con zumo de naranja. Se lo quitó de la mano y lo bebió. Andrés le dijo:
-Si eres más bonita no naces, tita.
María bromeó.
-Estoy güena. ¿A que sí?
-¡Buenísima!
-Güenisima y con sed y hambre.
-Yo desayuné a las nueve de la mañana, pero ya va a ser la hora de comer.
-¿Pido unas hamburguesas del Mac Donald, o para ti es demasiado temprano?
-No, no es demasiado temprano.
-Me voy a vestir y ya las pido.
Se acercó a ella y la besó en el cuello.
-Así estás arrebatadora, no te vistas.
María le vio la intención.
-¡Qué golfo eres! Ya quieres acción de mañana.
Le separó la blusa para los lados, y al ver las tetas, le dijo:
-¡Son preciosas!
-Son las mismas de ayer. Esto me recuerda que no sabes como comer unas tetas.
-Ni un coño, y me dijiste que me enseñarías.
-En media hora que tardarán en traer las hamburguesas no daría tiempo, te enseñaré después de comer.
-Se me va a hacer eterna la espera.
María se fue contoneando las caderas. Andrés se echó una mano a la polla y la apretó.
-Pareces un ángel.
Giró la cabeza, lo vio con la mano en la polla, y le dijo:
-No hagas nada raro, guarda tu leche para mí.
-Con lo que estoy viendo...
Poco más de un minuto tardó María en llamarlo desde su habitación.
-¡Ven aquí, Andrés!
El joven fue a su habitación pensando que le iba a preguntar como quería su hamburguesa, pero estaba muy equivocado. Al entrar en la habitación vio a su tía completamente desnuda.
-Cada vez te veo más hermosa, más sexy, más...
-Ya, ya, ya, ya basta de adulación.
-¿Has pedido las hamburguesas?
-No, las pediremos después de la lección, ven.
Más contento que unas castañuelas, fue y se echó a su lado en la cama.
-Hazme los preliminares.
Andrés quiso besarla. María le puso una mano en la boca.
-Mal, a mí lo primero que me tienes que hacer es besarme, lamerme y chuparme el cuello.
Le puso un dedo en la parte izquierda del cuello. Andrés se lo besó, se lo lamió y se lo chupó, hasta que le dijo:
-Ahora lame la oreja, dale mordisquitos al lóbulo y vuelve a lamer, a besar y a chupar el cuello.
Hizo lo que le había dicho hasta que María giró el cuello y le puso el otro lado. Andrés ya le había cogido el tranquillo a la cosa y María cada vez lo veía más suelto. Poco más tarde le dijo:
-Ahora sí, ahora bésame con lengua.
Luego de besarla con lengua le dijo María:
-Echa toda la lengua fuera.
Echó la lengua fuera, María también la echó, la pegó a de su sobrino, se la envolvió y luego se la chupó y se la lamió.
-Así es como debes buscar mi lengua dentro de la boca para chuparla, solo que levantándola por debajo. Prueba.
Probó y acabaron babeando los dos mientras se lamían y se chupaban las lenguas. Tanto gozaba la que enseñaba como el que aprendía Luego de comerse las bocas, le dijo María a su sobrino:
-Ahora toca tetas. Cada mujer es un mundo, pero a mí me gusta que jueguen así con mis tetas... Cógelas por debajo y sacúdelas como si estuvieras sacudiendo un árbol.
Se las sacudió y mirándolas ensimismado, le dijo:
-Me gusta ver como bailan tus tetas.
Las tetas bailaron y la verga de Andrés latió, latió y siguió latiendo luego de recibir una nueva indicación.
-Para de sacudirlas y acaricia y besa las tetas en su conjunto.
Se hartó de besar, acariciar y lamer.
-Ahora apriétalas y lame los pezones muy despacito y con la punta de la lengua.
Andrés era un buen alumno. Su lengua fue como caracol deslizándose por los pezones, uno peones que ya tenían una dureza extrema.
-Lame con toda la lengua los pezones y las areolas, amasa las tetas como si estuvieras amasando pan y mámalas.
Amasando las tetas, pasó la lengua por encima del pezón derecho, lentamente, lo empujó hacia los lados, luego lamió la areola rosada con movimientos circulares y después mamó.
-Ahora la otra y no dejes de amasar las tetas.
Le trabajó la otra teta. Hasta ese momento María había logrado contener los gemidos, pero ya no pudo más y comenzó a gemir.
-¡Cómo me gusta oír tus gemidos! Así se sabe que una mujer está disfrutando, ¿verdad?
-De los gemidos no te puedes fiar, hay mujeres que los fingen.
-¿Y cómo sabré si lo estoy haciendo bien?
María le cogió la mano derecha y se la llevó al coño.
-Estás empapada.
-Esta es la prueba del algodón.
-Yo diría que es la prueba del aceite.
-Llámala como quieras, pero un coño mojado no miente.
-¿Qué será lo próximo que me enseñes?
-Te voy a enseñar a hacerle una paja a una mujer., y en esto te digo lo mismo que con las tetas, cada mujer es un mundo, o sea que cada una se la rasca como más le gusta.
A Andrés se le dibujó una gran sonrisa en los labios.
-¡Soy todo oídos!
-Mete el dedo medio y el dedo anular de tu mano derecha dentro de mi vagina y rozando con ellos la pared superior hazme un ven aquí rozando el punto G. (le hizo ella un ven aquí con sus dedos) Como seguro que no sabes donde está el puno G, te lo diré yo. A unos cuatro o cinco centímetros de la entrada de la vagina encontrarás una parte rugosa, ese es el punto G.
Comenzó a masturbarla como le había dicho, buscando el punto G, punto que aún hoy no encontró.
María le echó la mano derecha a la verga y también lo masturbó a él.
-Ahora, mientras me masturbas, hazme todo lo que te he enseñado.
Le besó, le lamió y chupó el cuello, le lamió las orejas y le mordisqueó los lóbulos, lamió sus pezones y sus areolas, y le amasó las tetas, lo único que no hizo fue sacudírselas. Quien se la sacudió a él fue María, y sacudiéndosela le dijo:
-Acelera ese ven aquí, y mírame a los ojos.
Aceleró.
-¡Más!
Aceleró más. Andrés sintió como brotaba una especie de manantial entre sus dedos. María se arqueó, sus ojos se cerraron de golpe, apretó con fuerza la verga de su sobrino, y se corrió como una bendita.
-¡Me estoy corriendo!
Al acabar de correrse, fue a por la verga, le lamió la cabeza, luego le lamió y le chupó los huevos y se la mamó, al tiempo que se la meneaba. En poco más que nada le llenó la boca de leche, y cuando digo que se la llenó, es que se la llenó, pues la corrida había sido de campeonato. No pudo ni tragarla, tuvo que echarla fuera, si no se atragantaría.
Luego de correrse le preguntó María a su sobrino:
-¿Te gustó ver como se corre una mujer?
-¡Fue algo sublime!
Andrés quitó los dedos del coño cubiertos de jugos. Los iba a chupar, pero María le cogió la mano, llevó los dedos a su boca y los chupó.
-Tú te vas a hartar de jugos. Ponte cómodo entre mis piernas.
María flexionó las rodillas. Andrés se puso en posición entre sus piernas y empezó a recibir indicaciones.
-Abre mi coño con los dedos pulgares.
Se lo abrió.
-¿Qué ves?
-Jugos, muchos jugos.
-Lámelos.
Se los lamió y se los tragó.
-¿Y ahora qué ves?
-El agujero de coño.
-Mete tu lengua dentro de él muy despacito, y luego sácala del mismo modo, y hazlo unas diez lo doce veces.
Hizo lo que le ha dicho más veinte veces.
-Ahora lame los labios del coño, primero uno y después el otro.
Le lamió lo labios la tira de veces y con una delicadeza exquisita.
-¿Ves el clítoris?
-Sí, le sale una cabecita para fuera.
-Lame esa cabecita unas cuantas veces y luego chúpala.
Le lamió el glande del clítoris unas diez veces, y luego se lo chupó otras tantas, lo que acabó arrancando gemidos de la garganta de María, que le dijo:
-Parece que llevas cincuenta años comiendo coños.
-Será porque tengo una buena maestra.
María levantó el culo.
-Juega con la punta de la lengua en mi ojete y en mi periné y luego clava la lengua dentro del culo.
Andrés lamió el periné, después el ojete y a continuación le folló el ojete con la lengua. El ojete dejaba que entrara la lengua y al quitarla se cerraba para retenerla, cosa que como es obvio, no conseguía, lo que conseguía la follada de culo era arrancar más gemidos de la garganta de María y que el coño se abriera y se cerrara soltando jugos. A punto de correrse, le dijo:
-Ahora haz todo de nuevo.
Lamió el glande del clítoris cinco veces, y ya no pudo lamer más. María empezó a correrse y a temblar de tal manera que la lengua de Andrés se salía del coño, aunque el goloso la perseguía y la perseguía para lamer sus jugos. Solo se los pudo lamer bien al acabar de correrse, y hasta enterró la lengua en la vagina para aprovecharlos. Andrés parecía adicto al coño de su tía María.
Al dejar de sacudirse, le dijo:
-Así, desnuda, sudada, colorada, con el cabello alborotado y en una habitación que huele a vicio, me pareces la mujer más sensual del mundo.
María sabía por qué su sobrino le daba cera.
-¿Quieres follarme, no?
-Quiero.
-Ya sabes como me gusta.
Se arrodilló entre sus piernas, le levanto el culo con las dos manos y le metió la verga muy lentamente, ya que seguía entrando apretadísima. Al tenerla toda dentro, Andrés vio que María lo estaba mirando a los ojos.
-¿Qué?
-Que estás muy rico. Sabes, ayer no me corrí con mi novio.
-¿Por qué?
-Porque después de probar el caviar sabe a poco el mejillón.
-Me alegro de que no te corrieras con él.
La folló despacito. María se arqueó y le dijo:
-Hunde mi vientre con las dos manos.
Le hundió el vientre con las dos manos y la verga, que ya entraba y salía apretadísima. A María le parecía que le estaba follando las tripas. Le dio un pronto.
-¡Dame duro!
Hundiendo su vientre con las dos manos le dio a mazo. Cuando María sintió que se iba a correr, le dijo:
-Para y cómeme a tetas.
Paró y le comió las tetas, con lujuria, se las comió como si tuviera ganas atrasadas de devorarla.
-Sigue.
Le dio sin conocimiento. María volvió a sentir que se iba a correr.
-¡Para, para, para!
Volvió a parar y le volvió a devorar las tetas.
María estaba tan perra que ya se iba a correr sintiendo como su sobrino se daba un atracón con las tetas.
-Sigue.
Le dio sin mesura. El coño apretó la verga y María, se corrió retorciéndose de gusto y Andrés le llenó el coño de leche.
Al acabar de gozar, Andrés sacó la legua. mojó el canto de la mano derecha y después, con el puño cerrado, lo giro a toda mecha sobre el clítoris. María le duró poco más que un suspiro. Corriéndose, dejó de gemir y le dijo:
-¡He creado un monstruo!
Al correrse bajó el culo. Andrés le sacó la polla del coño y cuando su tía acabó de correrse la puso a cuatro patas, le echó las manos a las tetas, y magreándolas, se la volvió a meter, despacio y hasta las trancas, luego se la sacó poco a poco. De nuevo la clavó hasta el fondo un poquito más aprisa. Poco a poco fue apurando y al final le dio con tanta fuerza que los huevos parecía que iban a salir volando... Gemía como una loca cuando le volvió a hundir el vientre con las dos manos. Le dio a mazo.
-Te he convertido en mi mejor amante.
La verga entró y salió del coño a mil por hora revolviendo todo en su interior, pero María quería más.
-¡Echa el resto, Andrés, echa el resto!
Le dio con fuerza, y echó el restó, el resto de la leche que tenía en los huevos.
María, entre gemidos y convulsiones, se corrió con él.
Al acabar, y estando los dos boca arriba sobre la cama, le dijo Andrés:
-Tita, dicen mis amigos que por el culo...
Le dejó la puerta abierta.
-Por el culo con esa verga que tienes sería muy complicado.
Sentados a la mesa de la cocina y comiendo hamburguesas con patatas y bebiendo Coca Cola, le preguntó Andrés a su tía:
-¿Cuántos novios has tenido, tita?
Ya había mucha confianza.
-Más que novios he tenido rollos.
-¿Y eran buenos en la cama?
-Hubo de todo, pero ninguno me ha llegado a llenar totalmente.
-¿Sigues esperando al que te llene?
-No, porque sé que ese hombre no llegará.
-¿Y por qué lo sabes?
-Porque para llenarme tendría que conocer mis intimidades y conocer mi cuerpo como lo conozco yo.
-Conmigo te podrías abrir totalmente, sabes que si quieres seré tu esclavo sexual.
-Eres un cielo.
-Pero...
-Pero hay cosas que no se deben contar.
-¿Secretos gordos?
-Sí, secretos gordos.
María se levantó y fue a la nevera a buscar más Coca Cola. Andrés, mirándole para el culo, le dijo:
-Tienes un culito precioso, ni grande, ni pequeño, tienes el culo ideal.
-Olvídate de lo que estás pensando.
-Según mis amigos es normal tener sexo anal.
-Ya, per tú tienes una verga que si me la metieras en el culo me haría tanto daño que chillaría como una coneja cuando la estrenan.
Pero tu habías dicho que imposible no sería.
-No yo dije que sería complicado. ¿Le tienes muchas ganas a mi culo?
-No te puedes ni imaginar cuantas. ¿Nunca te la han metido en el culo?
-¿Y a ti?
-No, pero un amigo mío, bisexual, dice que le gusta más recibir que dar. ¿A ti te la metieron?
María se fue por las ramas.
-No me va el sexo anal.
-Ya que estamos de confidencias hay una cosa que me gustaría saber.
-¿Qué quieres saber?
-¿La vez que más veces te corriste fue sola o fue acompañada?
-Fue sola.
-¿Y cuántas veces te corriste?
-Eres muy curioso.
-Sí, lo soy. ¿Cuántas veces fueron?
-Fueron tantas que perdí la cuenta.
-¿Y qué sientes cuándo te corres?
Se lo dijo para que no siguiera rompiéndole la cabeza.
-Mis orgasmos comienzan con espasmos simultáneos en vagina, ano, muslos y vientre y acaban dejándome extasiada.
-Me has puesto cachondo, tita.
-Yo también me he calentado un poquito contándote esa intimidad.
-Deja que te haga todo lo que me has enseñado, deja que te eche un polvo y que te haga correr varias veces.
María puso una mano el mentón, hizo que estaba pensado, y luego le dijo:
-Deja que me lo piense.
Andrés estaba impaciente.
-¿Lo vas a pensar mucho tiempo?
-¿Qué me darías si te dejo hacer eso?
-Lo que quieras.
-Lo que quiero te lo diré a su tiempo, si es que llego a querer algo.
-De acuerdo.
-Recoge la mesa, lávate las manos en la pileta, saca la basura, lávate los dientes, dúchate y después ven a mi habitación. Yo voy a lavar los dientes y a darme una ducha.
María se fue al cuarto de baño y Andrés a hacer lo que le había dicho su tía.
Tiempo más tarde, Andrés, en pelotas, llegó a la habitación de su tía. Encima de la cama vio un bote de lubricante, un consolador, casi tan grande como su verga, aunque más delgado, unas medias, un cinturón y una manzana reineta de las que había visto en el frutero de la cocina.
María, que estaba desnuda, miró para su verga, y le dijo:
-Ven aquí.
Andrés fue hasta la cama. El muchacho estaba acojonado porque María le había dicho que no le iba el sexo anal, y si iba a ser por la puerta de atrás aquel enorme consolador iba a acabar dentro de su culo. Mirando para el consolador, le pregunto:
-¿Cuánto mide esa cosa?
-Dieciocho centímetros de largo y cuatro de ancho y está a estrenar.
-Es un bicho de cojones.
María rompió a reír.
-Sin cojones, cielo.
-Eso, un bicho sin cojones.
-Átame las manos a la espalda con las medias.
La cosa no iba a ser como él había pensado. Le puso a su tía las manos en la espalda, se las ató con las medias.
María se echó boca arriba en la cama.
-¿De que irá la cosa, tita?
-La cosa ir de algo que te va a gustar.
-No me cabe duda, de ti me gusta todo.
-Hazme todo lo que te he enseñado.
Andrés besó, lamió y chupó su cuello. Lamió sus orejas y le mordisqueó los lóbulos. Le levantó la lengua con la suya y se la lamió y se la chupo. Luego le cogió las tetas y se las sacudió, para acto seguido besarlas y lamerlas por todos los lados, menos por los pezones y las areolas, para los que primero usó la punta de la lengua, (al tiempo que apretaba las tetas) y después la lengua entera. Le echó la mano derecha al coño para saber si lo estaba haciendo bien y lo encontró chorreando. Le metió el dedo medio y el dedo anular y le hizo un ven aquí, al tiempo que le comía la boca y que ella se la comía a él. Los gemidos que se había guardado salieron en cascada.
Poco más tarde se arqueó, lanzó un grito, y luego, abrazando a su sobrino se corrió a lo grande.
-¡Me corro, cariño, me corro!
María era insaciable, casi sin tomarse un respiro, le dijo:
-Ahora, por haber hecho las cosas tan bien, te voy a dar eso que tanto deseas..
Andrés no se lo podía creer.
-¡¿Me vas a dar el culo?!
-Sí, pero antes hay que abrirlo. Coge el lubricante, lubrícame el culo bien lubricado y después méteme un dedo.
Andrés le echó lubricante en el ojete, se lubricó el dedo medio de la mano derecha y lamiendo su pezón izquierdo le metió la punta del dedo en el culo.
-Gíralo a medida que lo vayas metiendo.
Girándolo como si fuera un tornillo, se lo metió todo en el culo.
-¿Te gusta, Tita?
-Me encanta.
El dedo follando su culo le estaba gustando tanto que, al rato, siguió con el plan previsto.
-Coge el consolador y lubrícalo.
Cogió el consolador y lo lubricó.
-Vete metiéndolo.
Le clavó la punta en el culo.
-¡Despacio que me rompes el culo!
Le sacó el consolador del culo, le echó más lubricante y se lo fue metiendo, muy, muy, pero que muy despacito hasta que le llegó al fondo. Con todo dentro, le dijo:
-Lame mi clítoris.
Follándole el culo muy despacito, le lamió el glande del clítoris, glande que había salido del capuchón. María comenzó a gemir.
-¿Te va, tita?
-Tanto me va que no voy a ir.
-¿Lamo más aprisa?
Siguió lamiendo y follándola igual que antes esperando la respuesta, pero María no le respondió, cerró los ojos, arqueó su cuerpo, sus gemidos se fueron y regresó uno solo.
-¡Oooooooooh!
Andrés tenía la polla empalmada y empapada de flujo pre seminal. Todo había sido para su tía y para él nada de nada.
Cuando María se recuperó, se puso a cuatro patas y le dijo:
-Ahora viene lo mejor.
-Dime que quieres que haga.
-Quiero que eches lubricante en tu verga y que hagas lo que yo te diga.
-Eso quiere decir que me toca.
-Eso quiere decir que nos toca.
Andrés echó lubricante en la polla y al extenderlo con la mano, casi se corre. Se arrodilló detrás de su tía. María le dijo:
-Lléname el culo de lubricante.
le separó las nalgas con la mano izquierda y le echó lubricante dentro del culo metiendo el pitorro del bote dentro del ojete, luego cerró el bote y lo echó sobre la cama.
-Ahora pon la verga en mi ojete y empuja.
Le echó las manos a la cintura y comenzó a empujar. El cabezón no entraba ni a tiros. María también empujó con su trasero y al final el cabezón entró en el culo.
-¡¡Aaaaaaay!!
Andrés se preocupo por su tía.
-¿Te dolió mucho, tita?
-Sí.
-¿La quito?
-No, sigue metiendo y dame nalgadas.
-Así te va a doler más.
-No te preocupes, tú dame.
Le aplaudió el culo, con la mano derecha.
-Plassss, plasssss, plassss, plassss.
-Ummmmm, me empieza a gustar.
Le metió un buen trozo.
-¡Ayyyyyy!
-¿Ya no te gusta?
-Ya me gustará. Dame en el culo con más fuerza.
Andrés le aplaudió el culo con la otra mano.
-¡Plaaaas, plaaaas, plaaaas, plaaaas!
-Me gusta como suenan tus manos en mis nalgas.
Le echó las manos a las tetas, y magreándolas, le metió otro trozo de verga.
-¡¡Ayyyyyy!!
Le dio nalgadas con las dos manos.
-¡Plaaaas, plaaaaas, plaaaaas, plaaaaaas, plaaaas, plaaaaas!
-Ahora magrea mis tetas.
Le magreó las tetas y magreándolas le metió la mitad sin que María se quejara, y era porque a su tía le empezaba a gustar. Aunque era mucho más fuerte el dolor y la sensación de estar empachada que el gusto. Giró la cabeza y le dijo:
-Bésame.
Al inclinarse para besarla, la verga entró un poco más... Cuando acabaron de comerse las bocas ya los huevos se estaban mojando con los jugos del coño.
-Quítala lentamente.
La quitó y le dijo María:
-Lubrícala, métela, sácala y vuelve a lubricarla.
Andrés cogió el lubricante, echó unos chorros en la verga y se la metió en el culo, luego se la sacó. Echó más lubricante. Volvió a meterla y a sacarla del culo... Acabó con el lubricante y tiró con el bote vacío al piso.
-Ahora, espachurrando mi tetas, dame caña.
Espachurrando sus tetas le dio como si aquel culo fuese un coño, le dio a toda hostia y sin miramientos, le dio como a cajón que no cierra... Se oían los gemidos de María y los "flop, flop, pflop, flop..." que hacían los muslos de Andrés al chocar con las caderas de María.
-¡Joder qué bueno! Dame duro, cielo, dame duro.
Le dio duro. Al rato a María le empezaron a temblar las piernas y se meó por ella. Luego se corrió y se derrumbó sobre la cama.
Andrés le volvió a llenar el culo de leche. Luego la besó en la espalda y le sacó la verga del culo, verga que seguía empalmada. María cuando se dio la vuelta y la vio le dijo:
-¡¿Pero aún tienes ganas, cariño?!
-Contigo estaría dándole hasta mañana.
María iba a ser generosa con su sobrino.
-Vete al cuarto de baño, lava la verga y ven.
Andrés, luego de lavar la tranca, regresó a la habitación, María le dijo:
-Échate boca arriba sobre la cama.
Se echó sobre la cama. María se arrodilló entres sus piernas, cogió la verga por la base con las dos manos, tiró de la piel y le lamió el glande. Lamiéndolo le meneó la polla empuñándola con una mano sobre la otra, empuñándola es un decir, porque las manos no la abarcaban ni de lejos. Andrés quería más.
-Deja que te coma el coño mientras me la mamas.
-Tú lo que quieres es calentarme.
-Yo lo que quiero es comerte el coño.
María se dio la vuelta, le puso el coño en la boca, le agarró los huevos y comenzó a mamarle el glande. Un par de minutos después, María se incorporó y le puso todo el coño en la boca.
-Clávame la lengua dentro.
Se la clavó. María movió su culo y le fue llenando la boca de babas. A rato bajó el culo dejando un reguero de babas sobre su cuerpo. Luego puso su coño sobre la tranca erecta, lo bajó, y a continuación le hizo la batidora con el culo.
-¡Qué bien follas, tita!
-Lo sé. Magrea mis tetas.
Se las magreó. María siguió dándole al culo y poco mas tarde acabaron corriéndose juntos.
-¡Me corro en tu verga!
-¡Y yo en tu coño, tita!
María, luego de correrse, se quitó de encima, le agarró la polla, y con la leche saliendo de su coño, le dijo:
-Dije que te iba a hacer una mamada, y te la voy a hacer.
Metió el glande en la boca y ahora la batidora fue su mano... Al rato, cuando ya estaba cachonda de nuevo, Andrés comenzó a correrse. Le puso la lengua sobre el meato, la leche bajo por la verga y acabó en sus muslos, en su pubis y en sus huevos. María viendo toda aquella leche, le dijo:
-¡Joder como me has dejado! Tengo que follar sí, o sí.
Mientras Andrés se limpiaba la leche con la sábana, María cogió el cinturón y luego se puso de rodillas sobre la cama.
-Coge la manzana y ponla con el culo sobre mi ombligo.
La puso. María apretó el cinturón fuertemente en su cintura y luego lo cerró sobre la manzana. Andrés le dijo:
-Con la cintura apretada por el cinturón se hacen más grandes tus tetas.
-Cómelas.
Se las agarró por los lados, las juntó y magreándolas, le dio un buen repaso con la lengua a los pezones, a las areolas... A las tetas en general. Luego se besaron y acto seguido se puso a cuatro patas.
Andrés, con las manos en sus nalgas, le metió la cabeza de la verga mojada y luego el resto del cuerpo. María sintió como las tripas se apartaban para dar paso a la polla. Andrés comenzó a darle al tran, tran y luego, magreando sus tetas fue acelerando las clavadas. A medida que aceleraba, los gemidos de María se hicieron más potentes. Entre gemidos, le dijo:
-Presiona aquí.
Andrés presionó la parte inferior del abdomen, justo encima del hueso púbico. María, frunciendo el ceño, le dijo:
-¡Qué barbaridad! Afloja y aprieta, afloja y aprieta...
Hizo lo que le había dicho.
-¡Me estás matando!
Siguió follándola y presionando y aflojando.
-¡Vas a hacer que me corra como una loba!
Aceleró las clavadas, los hundimientos y los alojamientos hasta que dijo María:
-¡Me corro!
María tuvo un orgasmo brutal. Sintió dolor mezclado con un inmenso placer y sintió la leche de su sobrino anegando su coño.
Luego de correrse, Andrés le agarró las tetas, y apretándolas, le siguió dando para correrse él. Cando se corrió ya María había empalmado tres orgasmos.
María acabó que no podía más, Andrés, tumbado a su lado, acarició su cabello y le dijo:
-¿Otro?
-Por hoy ya está bien, y mañana tenemos que buscar algo que nos ocupe el tiempo para que no estés todo el día pensando en el dale que te pego.
-¿Vamos mañana la playa?
-Queda lejos, pero mira por donde has tenido una buena idea.
Cuarta parte
La paja en la mar
María estaba tumbada sobre una toalla luciendo su cuerpo escultural, lo lucía bajo un bikini azul y resguardaba sus ojos del sol con unas gafas oscuras. Andrés, tumbado a su lado, llevaba un bañador flojo de color azul.
Con las gaviotas revoleteando en el cielo azul, con a brisa refrescando sus cuerpos y oyendo la música que venía de un viejo transistor, le dijo Andrés a María:
-Eres la más bonita de toda la playa, y la que mejor tipo tiene.
-¿Es que has mirado para todas, golfo?
-Yo solo tengo ojos para ti, tita.
María no pudo evitar sonreír.
-¡Qué mal mientes!
Andrés entró en materia.
-¿Quieres correrte en el agua, tita?
María se quitó las gafas de sol y con ella en su mano derecha, le dijo:
-Ponte algo en la cabeza que te está haciendo daño el sol.
-Nadie se iba a enterar.
María fue irónica.
-Claro, como estamos en una playa de ciegos...
-¿Quieres que te diga como te podrías correr sin que nadie se enterase?
-No, no quiero que me lo digas.
María se sentó, cogió la crema protectora, que habían llevado en una bolsa, y comenzó a dársela en un brazo. Andrés tenía que intentarlo.
-Solo tendrías que hacer que no sabes nadar. Yo te cojo por debajo de las tetas y por el coño y te hago una paja mientras nadas.
-Te dije que no me lo dijeras.
-Tu cuerpo estaría debajo del agua y nadie sabría lo que estamos haciendo.
-Me quieres liar.
-Sí, déjate liar.
-No me voy a dejar liar, pero dime. ¿Quién te hablo de la paja marina?
-Un amigo mío que se la hizo a su prima, siguiendo las indicaciones que ella le daba.
-Y hay más indicaciones de las que me has dicho, claro.
-Claro.
María quiso escurrir el bulto, porque le parecía muy peligroso, e intentó liar ella a su sobrino.
-Vosotros os contáis todo lo que hacéis con las chicas, ¿verdad?
-Me cuentan ellos, yo no tengo nada que contar.
-Dirás que no tenías nada que contar.
-Y sigo sin tener que contar. Mis amigos son mis amigos y yo soy yo.
-O sea, que en ti se puede confiar.
-Más que en la penicilina.
-Pues yo tengo la mosca detrás de la oreja. No me voy a prestar a esa locura, y me voy a replantear lo de volver a hacerlo contigo. Ahora me voy a bañar.
María se levantó y se fue hacia la playa. Miradas de hombres y mujeres se clavaron en ella. Andrés fue detrás de su tía, y en la orilla, le preguntó:
-¿Te gustan que los hombres miren para ti cuando caminas?
-No me digas que te molesta que miren para mí.
Le molestaba, pero le respondió:
-¿Por qué iba estar molesto? No soy más que tu sobrino. ¿Te gusta?
-Sí, me gusta ser deseada.
Se metieron en el mar hasta que el agua les dio por encima de la cintura. Había mucha gente en el agua, pero estaban lejos de ellos. María le dijo:
-Allá voy.
Se echó sobre el agua y Andrés le puso la mano izquierda en las tetas y la mano derecha en el coño.
-Déjame nadar, Andrés.
-Te va a gustar.
María sintió como un dedo le entraba en su vagina y como la otra mano magreaba sus tetas.
-Esto es una locura.
Nadó en círculos. Miraba para todos y para todas y vio que cada uno andaba a su bola.
Nadó, nadó y nadó hasta que se puso en pie para hacer que descansaba. Andrés vio sus pezones erectos marcados en las copas del bikini, y le metió dos dedos dentro del coño.
-Es una locura, pero tiene un morbo que te cagas.
Siguió masturbándola y María se fue poniendo cachonda. Andrés le dijo:
-No sé qué daría por sentir tus labios en mis labios, tita.
-A mí también me gustaría sentir los tuyos, pero nos verían.
-Con los labios de tu boca, sí, nos verían, pero con lo los del coño...
María ya se anotaba a un bombardeo.
-¿Aguantas mucho la respiración?
-Separa las piernas y aparta la braga del bikini que vas a saber cuanto aguanto.
Andrés no tuvo ni que bucear, se sumergió en el agua y cuando su cabeza llegó al coño María había separado las piernas y apartado la braga del bikini.
Andrés le lamió el coño mientras María miraba para la gente que estaba a unos cien metros, en la arena, para la que estaba en pie en el mar y para la que estaba nadando.
Deseó que su sobrino aguantase mucho tiempo la respiración, y la aguantó, pero no lo suficiente como para que María pudiera correrse.
Cuando Andrés sacó la cabeza del agua, le dijo María:
-Quiero seguir haciendo que estoy aprendiendo a nadar.
Se echó sobre el agua. Andrés le volvió a echar la mano izquierda las tetas y dos dedos de su mano derecha entraron en el coño, un coño que estaba muy resbaladizo.
María volvió a nadar en círculos un buen rato. Nadó hasta que empezó a correrse, en ese momento dejó de nadar y comenzó a hundirse. Andrés le levantó la cabeza para que no tragara agua y luego la puso en pie y la sujetó para que no se volviera a hundir.
Al acabar de correrse, miró a su sobrino y le dijo:
-Cuando lleguemos a casa te voy a comer vivo.
-Y yo me voy a dejar comer.
Se comieron durante quince días.
Quique.




