María, una morenaza, con un cuerpo de escándalo, había quedado a cargo de su sobrino Andrés porque sus padres se habían ido de vacaciones.
Eran las diez de la noche. Estaban acabando de comer unas pizzas, cuando dijo María:
-Con esa carita tan bonita que tienes debes ser un rompe corazones.
Andrés se ruborizó.
-Tengo una amiga a la que le gusto, pero tengo miedo de pasar de los besos y de las caricias, tita.
Estaban sentados uno al lado del otro en un tresillo de la sala de estar. María le pellizcó un cachete, y con voz dulce le dijo:
-¿Por qué tiene miedo mi sobrino preferido?
-Me da vergüenza hablar de estas cosas.
-Pues si no hablas de ellas con alguien el problema se hará crónico.
-Ahí le has dado, lo que tengo es un problema, y es muy gordo.
María mascó la pizza, tragó y luego le preguntó:
-¿No has hecho nunca el amor?
-No, pero no es por eso.
-¿Piensas que no vas a dar la talla?
-No lo pienso, lo sé.
-¿Tan pequeña la tienes?
-Pequeña, no...
-¿La tienes enana?
-La tengo demasiado grande y demasiado gruesa.
-¿Cómo de grande?
Levantó las manos, las separó y le dio una medida.
-Y cómo de gruesa?
Hizo un redondel con los dedos.
-Tienes una verga importante, pero por eso no te debes preocupar, a las mujeres nos entra hasta un puño.
-¡¿De verdad?!
-Sí, pero también nos llega con meter un dedo.
-¿Para qué?
-Para darnos placer.
Andrés puso cara de pasmado.
-¿Cómo?
María bebió un trago de su vaso de Coca Cola, y luego le dijo:
-¿Tú eres tonto o te lo haces?
Ahora bajó la cabeza, avergonzado.
-Sabía que no debía hablar de esas cosas.
María le preguntó:
-¿Tú no te haces la paja?
-Sí.
-Pues las mujeres también la hacemos y nos metemos el dedo.
Andrés defendió a la chica que le gustaba.
-Mi amiga no la hace.
-Tu amiga se hace unos pajotes que se queda con los ojos en blanco y el cuerpo temblando.
A Andrés le picó el gusanillo de la curiosidad.
-Suponiendo que eso sea verdad. ¿Cómo la hacéis?
-Ahora me vas a decir que tampoco ves porno.
-Eso es para gente enferma.
A María no le sentó bien el comentario.
-¿Tú me ves cara de enferma?
Andrés se dio cuenta de que había metido la pata.
-No.
No se le veía, pero se estaba poniendo enferma. Con aquel sobrino había tenido fantasías, pero en ninguna había imaginado que tenía una tranca, ni había fantaseado con desvirgarlo, aun así le dijo:
-Vamos a dejar esta conversación.
-¡¿Ahora?!
María había acabado de comer y se chupó el dedo pulgar e índice de su mano derecha.
-Sí, ahora.
-No tengo dinero, sino...
María recordó lo que acababa de hacer y le dijo:
-Ni por todo el dinero del mundo te chuparía el pene, eres mi sobrino, y aunque no lo fueras, no soy una puta.
-Yo no quería que me la chuparas, tita, bueno, eso también, pero lo que me gustaría es saber como es tu coño y ver como te haces una paja.
María se hizo la enfadada.
-¡¿Dónde ha ido a parar tu vergüenza?!
-No lo sé, ha desaparecido por arte de magia. Es que es tan fácil hablar contigo...
María lo fue dejando ir a su terreno.
-Si quieres ver como es un coño y a una chica tocándose, te presto mi ordenador portátil, y ya me estaría pasando siete pueblos.
-Yo quería que fuese presencial.
-Pídeselo a esa amiga tuya.
-Se lo pediría si supiera qué hacerle después.
María la pilló por el aire. Sonrió, lo empujó, y luego le dijo:
-¡Ay condenado, tú quieres el pack completo!
Andrés juntó las manos, se arrodilló a su lado y le dijo:
-Sería tu alumno dedicado, sería tu sirviente, sería tu esclavo.
María se siguió haciendo de rogar
-No digas tonterías. ¿Qué clase de mujer sería si me prestase a jugar contigo?
-Una santa.
-Sería una puta.
-Serías una santa.
Fue sarcástica.
-Levántate que ya pasó la procesión.
Andrés se puso en pie y luego se volvió a sentar a su lado.
-¿Me enseñas, por favor?
No.
Le acaricio el interior del muslo por debajo de su vestido marrón.
-¿Enséñame, por favor?
Sin quitarle la mano, le dijo:
-Estate quieto.
-Enséñame
Sintiendo el canto de la mano acariciando su coño por encima de las bragas y la palma acariciando su muslo, le dijo:
-Tú no te das cuenta de lo que me estás pidiendo.
-Sí que doy cuenta, mis amigos dicen que el hombre que sabe comer bien un coño tiene a su pareja ganada y así, a lo mejor....
-Para de decir estupideces.
-¡¿No es verdad que a las mujeres les encanta que les coman el coño?!
-Sí, es verdad, pero...
Andrés le plantó en la boca un beso con lengua sin dejar de acariciarle el muslo y el coño.
Al acabar de besarla, le dijo María.
-Vete a dar una ducha.
-Fría, claro.
-Con agua fría o con agua caliente, como tú quieras, yo me voy para mi habitación.
-¿Me vas a enseñar?
-Sí, te voy a enseñar, pesado.
Andrés se fue a toda prisa al cuarto de baño, se duchó. Volvió en pelota picada, entró en la habitación de su tía y la vio desnuda sobre la cama. Vio sus preciosas tetas medianas, tirando a grandes, con areolas rosadas y pequeños pezones, sus rodillas flexionadas, sus largas y bellas piernas juntas y vio que tenía una mano sobre el coño.
-¡Eres la cosita más bonita que he visto!
María sonrió por el halago .Viendo su cuerpo de deportista y viendo su tranca erecta, le dijo:
-Y tú no eres consciente de lo bueno que estás. Ponte a los pies de la cama, mira como hago una paja y hazte tú otra.
Andrés se arrodilló delante de su tía con la verga tiesa. María quitó la mano del coño, y la verga, de un golpe, se puso a mirar para el techo.
-¡Qué bonito es tu coño!
María sacó la lengua, pasó dos dedos por ella y luego tocó con el dedo medio el clítoris.
-Este es el clítoris y es el punto más sensible de una mujer, lo acariciamos para hacer una paja y corrernos.
Se acarició el clítoris con tres dedos, de manera circular. Andrés arrodillado delante de ella comenzó a menear la verga. Uno miraba para el coño y la otra miraba para la verga, verga que en nada comenzó echar aguadilla por el meato y coño que al rato se empezó a humedecer. Andrés, al ver los jugos le preguntó:
-¿Te estás corriendo Tita?
-No, los coños lubrican como las pollas antes de correrse.
-O sea, cuando la mujer está cachonda, el coño lubrica.
María metió un dedo dentro de la vagina, lo sacó mojado, se lo enseñó y le dijo:
-Y lubrica mucho.
-¿A que sabe?
Se lo llevó a la boca.
-Chupa y lo sabrás.
Chupó y le gustó.
-Esta rico, dame más.
-Bésame, cariño
María metió dos dedos dentro del coño y los movió con celeridad mientras su sobrino le comía la boca. Luego los sacó y se los llevo a la boca. Andrés se los chupó.
-Mas, quiero más.
María ya estaba perra perdida.
-Si me sigo dando dedo me voy a correr.
-¿Al correrte echas más jugos?
-Echo cantidad.
-Los quiero todos.
-¿Quieres que me corra en tu boca?
-Sí, quiero.
A María le gustó la idea.
-Pon tu boca cerca de mi coño y cundo te la lleve a él, lame.
La puso, María, gimiendo, se dio dedo a mazo y a comenzar a correrse le echó la mano a la cabeza y le llevó a su sobrino la boca a su coño.
Andrés sacó la lengua y lamió con lujuria. Gemía tanto él comiendo lo que le parecía un un manjar, como ella corriéndose.
Al recuperase, le pregunto:
-¿Te gustó?
-Sí, mucho, quiero más.
-Podría enseñarte a comer mi coño y darte otra corrida en la boca, pero eso será otro día, ahora quiero ver como te corres tú.
Andrés, arrodillado entre sus piernas y mirando para el coño pelado y mojado, se machacó la polla, y no tardó decir:
-Te voy a manchar la cama, tía.
-Córrete en mi coño.
Acercó la verga al coño, la frotó, y se corrió como un burro, y si digo como un burro es porque le llenó de leche la entrada de la vagina los labios y todo el contorno. El coño desapareció en un mar de leche.
Al acabar de correrse, le dijo María:
-Levántame cogiéndome por la cintura.
La levantó cogiéndola por la cintura. María empuñó la verga, frotó la cabeza en el coño, y luego la puso en la entrada de la vagina. Andrés empujó y clavó la cabeza.
María estaba cansada de follar, pero aquella verga le había roto el coño.
-¡Qué dolor!
Andrés la vio con la cara hecha un poema, y le preguntó:
-¿Te la saco, tita?
-Si, saca.
La sacó, Andrés ya estaba malo otra vez.
-Si no la llego a sacar me corro dentro de ti.
A María le gustaba ver a cara de placer de sus parejas al correrse.
-Frótala contra mis tetas y córrete sobre ellas.
Se la frotó en los pezones y en las areolas. Estaba tan cachondo que se corrió en un tris. La corrida fue inmensa, la leche le cubrió las areolas, los pezones y bajó por las teta abajo.
-Te corres como un león. ¡Que brutalidad de corrida!
-Es que tú me pones.
Lego de correrse, le dijo María:
-Ahora magrea mis tetas.
Le echó las manos a las tetas como quien se las echa al volante de un Ferrari sin saber conducir, pero el instinto hizo que las cogiera por los lados, las estrujara, y con su leche en ella, se las besara, se las lamiera y se las chupara. Al apretar las tes, los pezones, que ya estaban duros como el granitos, se llevaron la mejor parte de su frenético ataque de lujuria.
-Mama, bomboncito, mama las tetas de la tita.
Sus palabras lo encendieron más de lo que ya estaba y apretó demasiado causándole algo de dolor, pero María, empuñando su erecta tranca, lo animó a que siguiera arrasando con sus tetas.
-Devóralas, cariño, devóralas
Andrés siguió estrujando, besando, lamiendo y mamando su tesoro.
Poco después, María tiró de la verga hacia ella invitándolo a que se la volviera a meter.
Andrés se subió encima de su tía, la mujer flexionó las rodillas, abrió las piernas, le cogió la tranca, la puso en la entrada del coño, y lo besó con lengua. Andrés empujó y la cabeza de la polla fue entrando en la vagina a medida que esta se fue dilatando.
-¡Dios, qué barbaridad!
Le había dolido de nuevo.
-¿Sigo o la saco?
-Sigue, pero métela milímetro a milímetro y cuando yo te diga, y bésame, bésame mucho,
Besándose, cuando María le apretaba el culo, se la metía un poquito, y poquito a poquito, y beso a beso, la verga fue entrando. Al ir por la mitad, Andrés comenzó a correrse dentro. María besó sus labios temblorosos, le acarició el cabello, y le dijo:
-Tranquilo no pasa nada, tomo precauciones.
Le apretó el culo y la tranca entró hasta el fondo de del coño.
Se sentía llena, pero no percibía ninguna clase de placer, cierto era que tampoco sentía dolor porque el coño se había dilatado a más no poder.
Con su verga enterada el coño le dijo Andrés
-Si hay un cielo debe ser este, tita, y tú eres un ángel.
María le volvió a acariciar el cabello.
-No hables de cielo ni de inferno que me haces sentir culpable de estar haciendo lo que nunca debía haber hecho.
-¿Sigo?
-Sigue, pero despacito.
Andrés la folló al ritmo que le marcaban las manos de su tía en su culo, un ritmo que nunca llegó a ser elevado, pero que los iba a llevar a correrse juntos.
Teniendo la tranca en el fondo del coño. María comenzó a estremecerse, dejó de besar a su sobrino, abrió los ojos como platos y le dijo:
-¡Me corro, cariño!
Andrés, viendo la cara de placer de su tía, se corrió con ella.
Al acabar de correrse le quitó la verga del coño y María sintió una sensación de paz infinita.
-Al final fue un buen polvo, tita.
-Yo diría que fue diferente.
Sonó el teléfono móvil que María tenía encima de la mesita de noche.
-Ese es mi novio. Me había olvidado de él.
Cogió el teléfono.
-Dime... Que vienes a buscarme, vale.
Ahora todo eran prisas.
-Vístete. Yo voy ducharme.
-Mi ropa está en el aseo.
-Pues venga, venga, vete a buscarla.
-Ni que tu novio tuviera llave del piso.
-¿Por qué te piensas que te estoy apurando.
María había regresado al piso de madrugada, por eso se levantó pasada la una de la tarde. Era sábado y no tenía que ir a trabajar. Desnuda (así dormía en verano) fue al cuarto de baño, orinó, se lavó los dientes y después se dio una ducha. Salió del cuarto de baño, y en su habitación se puso una blusa blanca y unas bragas azules y descalza y con la blusa abierta fue a la cocina. En la cocina se encontró con su sobrino Andrés, que estaba vestido solo con unas bermudas y que tenía en su mano derecha un vaso de tubo con zumo de naranja. Se lo quitó de la mano y lo bebió. Andrés le dijo:
-Si eres más bonita no naces.
María bromeó.
-Estoy güena. ¿A que sí?
-¡Buenísima!
-Güenisima y con sed y hambre.
-Yo desayuné a las nueve de la mañana, pero ya va a ser la hora de comer.
-¿Pido unas hamburguesas y unas Coca Colas del Mac Donald, o para ti es demasiado temprano?
-No, no es demasiado temprano.
-Me voy a vestir y ya las pido.
Se acercó a ella y la besó en el cuello.
-Así estás arrebatadora, no te vistas.
María le vio la intención.
-¡Qué golfo eres! Ya quieres acción de mañana.
Le separó la blusa para los lados, y al ver las tetas, le dijo:
-¡Son preciosas!
-Son las mismas de ayer. Esto me recuerda que no sabes como comer unas tetas como es debido.
-Ni un coño, y me dijiste que me enseñarías.
-En media hora que tardarán en traer las hamburguesas no daría tiempo, te enseñaré después de comer.
-Se me va a hacer eterna la espera.
Se fue contoneando las caderas. Andrés se echó una mano a la polla y la apretó.
-Pareces un ángel.
Giró la cabeza, lo vio con la mano en la polla, y le dijo:
-No hagas nada raro, guarda tu leche para mí.
-Con lo que estoy viendo...
Poco más de un minuto tardó María en llamarlo desde su habitación.
-¡Ven aquí, Andrés!
El joven fue a su habitación pensando que le iba a preguntar como quería su hamburguesa, pero estaba muy equivocado. Al entrar en la habitación vio a su tía completamente desnuda.
-Cada vez te veo más hermosa, más sexy, más...
-Ya, ya, ya, ya basta de adulación.
-¿Has pedido las hamburguesas y las cocas?
-No, las pediremos después de la lección, ven.
Mas contento que unas castañuelas, fue y se echó a su lado en la cama.
-Hazme los preliminares.
Andrés quiso besarla. María le puso una mano en la boca.
-Mal, a mí lo primero que me tienes que hacer es besarme, lamerme y chuparme el cuello.
Le puso un dedo en la parte izquierda del cuello, Andrés se lo besó, se lo lamió y se lo chupó, hasta que le dijo:
-Ahora lame la oreja, dale mordisquitos al lóbulo y vuelve a lamer, a besar y a chupar el cuello.
Hizo lo que le había dicho hasta que María giró el cuello y le puso el otro lado. Andrés ya le había cogido el tranquillo a la cosa y María cada vez lo veía más suelto. Poco más tarde le dijo:
-Ahora sí, ahora bésame con lengua, y vuelve al cuello cuando quieras, lo de volver ya es si te apetece.
Luego de besarla con lengua le dijo María:
-Echa toda la lengua fuera.
Echó la lengua fuera, María también la echó, la pegó a de su sobrino, se la envolvió y luego se la chupó.
-Así es como debes buscar mi lengua dentro de la boca para chuparla, solo que levantándola por debajo. Prueba.
Probó y acabaron babeando los dos mientras se lamían y se chupaban las lenguas. Tanto gozaba la que enseñaba como el que aprendía Luego de comerse las bocas, le dijo María a su sobrino:
-Ahora toca tetas. Cada mujer es un mundo, pero a mí me gusta que jueguen así con mis tetas... Cógelas por debajo y sacúdelas como si estuvieras sacudiendo un árbol,
Se las sacudió y mirándolas ensimismado, le dijo:
-Me gusta ver como bailan.
Las tetas bailaron y la verga de Andrés latió, latió y siguió latiendo luego de recibir una nueva indicación.
-Para de sacudirlas y acaricia y besa las tetas en su conjunto.
Se hartó de besar, acariciar y lamer.
-Ahora apriétalas y lame los pezones muy despacito y con la punta de la lengua.
Andrés era un buen alumno. Su lengua fue como caracol deslizándose por los pezones, unos pezones que ya tenían una dureza extrema.
-Lame con toda la lengua los pezones y las areolas, amasa las tetas como si estuvieras amasando pan y mámalas.
Amasando las tetas, pasó la lengua por encima del pezón derecho, lentamente, lo empujó hacia los lados y luego lamió la areola rosada con movimientos circulares.
-Ahora la otra y no dejes de amasar las tetas.
Le trabajó la otra teta. Hasta ese momento María había logrado contener los gemidos, pero ya no pudo más.
-¡Cómo me gusta oírte gemir! Así se sabe que una mujer está disfrutando, ¿verdad?
-De los gemidos no te puedes fiar, hay mujeres que los fingen.
-¿Y como sabré si se está haciendo bien?
María le cogió la mano derecha y se la llevó al coño.
-Estás empapada.
-Esta es la prueba del algodón
-Yo diría que es la del aceite.
-Llámala como quieras, pero un coño mojado no miente.
-¿Qué será lo próximo que me enseñes?
-Te voy a enseñar a hacerle una paja a una mujer., y en esto te digo lo mismo que con las tetas, cada mujer es un mundo, o sea que cada una se la rasca como más le gusta.
A Andrés se le dibujó una gran sonrisa en los labios.
-¡Soy todo oídos!
-Mete el dedo medio y el dedo anular de tu mano derecha dentro de mi vagina y rozando con ellos la pared superior hazme un ven aquí rozando el punto G. (le hizo ella un ven aquí con sus dedos) Como seguro que no sabes donde está el puno G, te lo diré, yo. A unos cuatro o cinco centímetros de la entrada de la vagina encontrarás una parte rugosa, ese es el punto G.
Comenzó a masturbarla como le había dicho, buscando el punto G, punto que aún hoy no encontró.
María le echó la mano derecha a la verga y también lo masturbó a él.
-Ahora, mientras me masturbas, hazme todo lo que te he enseñado.
Le besó, le lamió y chupó el cuello, le lamió las orejas y le mordisqueó los lóbulos, lamió sus pezones y sus areolas, y le amasó las tetas, lo único que no hizo fue sacudírselas. Quien se la sacudió a él fue María, y sacudiéndosela le dijo:
-Acelera ese ven aquí, y mírame a los ojos.
Aceleró.
-¡Más!
Aceleró más. Andrés sintió como brotaba una especie de manantial entre sus dedos. María se arqueó, sus ojos se cerraron de golpe, apretó con fuerza la verga de su sobrino, y se corrió como una bendita.
Al acabar de correrse, fue a por la verga, le lamió la cabeza, le lamió y le chupó los huevos y se la mamó, al tiempo que se la meneaba. En poco más que nada le llenó la boca de leche, y cuando digo que se la llenó, es que se la llenó, pues la corrida había sido de campeonato. No pudo ni tragarla, tuvo que echarla fuera, si no se atragantaría.
Luego de correrse le dijo María a su sobrino:
-¿Te gustó ver como se corre una mujer?
-¡Fue algo maravilloso!
Andrés quitó los dedos del coño cubiertos de jugos. Los iba a chupar, pero María le cogió la mano, llevó los dedos a su boca y los chupó.
-Tú te vas a hartar de jugos. Ponte cómodo entre mis piernas.
María flexionó las rodillas. Andrés se puso en posición entre sus piernas y empezó a recibir indicaciones.
-Abre mi coño con los dedos pulgares.
Se lo abrió.
-¿Qué ves?
-Jugos, muchos jugos.
-Lámelos.
Se los lamió y se los tragó.
-¿Y ahora qué ves?
-El agujero de coño.
-Mete tu lengua dentro de él muy despacito, y luego sácala del mismo modo.
Hizo lo que le ha dicho.
-Ahora lame los labios del coño, primero uno y después el otro.
Le lamió lo labios la tira de veces y con una delicadeza exquisita.
-¿Ves el clítoris?
-Sí, le sale una cabecita para fuera.
-Lame esa cabecita unas cuantas veces y luego chúpala.
Le lamió el glande del clítoris unas diez veces, y luego se lo chupó otras tantas, lo que acabó arrancando gemidos de la garganta de María, que al parar, le dijo:
-Parece que llevas cincuenta años comiendo coños.
Será porque tengo una buena maestra.
María levantó el culo.
-Juega con la punta de la lengua en mi ojete y en mi periné y luego clava la lengua dentro del culo.
Andrés lamió el periné, después el ojete y a continuación le folló el ojete con la lengua.
El ojete dejaba que entrara la lengua y al quitarla se cerraba para retenerla, cosa que como es obvio, no conseguía, lo que conseguía la follada de culo era arrancar más gemidos de la garganta de María y que el coño se abriera y se cerrara soltando jugos.
A punto de correrse, le dijo:
-Ahora haz todo desde el principio.
Lamió el glande del clítoris cinco veces, y ya no pudo lamer más. María empezó a correrse y a temblar de tal manera que la lengua se salía del coño, aunque el goloso lo perseguía y lo perseguía para lamer sus jugos. Solo se los pudo lamer bien al acabar de correrse, y hasta enterró la lengua en la vagina para aprovecharlos. Andrés parecía adicto al coño de su tía María.
Al dejar de sacudirse, le dijo:
-Así, desnuda, sudada, colorada, con el pelo alborotado y en una habitación que huele a vicio, me pareces la mujer más sensual del mundo.
María sabía por qué lo decía.
-¿Quieres follarme, no?
-Quiero
-Ya sabes como me gusta.
Se arrodilló entre sus piernas, le levanto el culo con las dos manos y le metió la verga muy lentamente, ya que seguía entrando apretadísima, pero de una sola estocada. Al tenerla toda dentro Andrés vio que María lo estaba mirando a los ojos.
-¿Qué?
-Que estás muy rico. Sabes, ayer no me corrí con mi novio.
-¿Por qué?
-Porque después de probar el percebe sabe a poco el mejillón.
-Me alegro de que no te corrieras con él.
La folló despacito. María se arqueó y le dijo:
-Hunde mi vientre con las dos manos.
Le hundió el vientre con las dos manos y la verga, que ya entraba y salía apretadísima, le parecía que le estaba follando las tripas. A María le dio un pronto
-¡Ahora dame duro!
Hundiendo su vientre con las dos manos le dio a mazo. Cuando María sintió que se iba a correr, le dijo:
-Para y cómeme a tetas.
Paró y le comió las tetas, con lujuria, como si tuviera ganas atrasadas de devorarla.
-Sigue.
Le dio sin conocimiento. María volvió a sentir que se iba a correr.
-¡Para, para, para!
Volvió a parar y le volvió a devorar las tetas.
María estaba tan perra que ya se iba a correr sintiendo como su sobrino se daba un atracón con las tetas
-Sigue.
Le dio sin mesura. El coño apretó la verga y María, se corrió retorciéndose de gusto. Andrés le llenó el coño de leche.
Al acabar de gozar, Andrés sacó la lengua, mojó el canto de la mano derecha y después, con el puño cerrado, lo giro a toda mecha sobre el clítoris. María le duró poco más que un suspiro. Corriéndose, dejó de gemir y le dijo:
¡He creado un monstruo!
Al correrse bajó el culo. Andrés le sacó la polla del coño, y cuando su tía acabó de correrse la puso a cuatro patas, le echó las manos a las tetas, y magreándolas, se la volvió a meter, despacio y hasta las trancas, luego se la sacó poco a poco De nuevo la clavó hasta el fondo un poquito más aprisa. Poco a poco fue apurando y al final le dio con tanta fuerza que los huevos, que eran como pelotas de golf, parecía que iban a salir volando... Gemía como una loca cuando le volvió a hundir el vientre con las dos manos, y le dio a mazo.
-Te he convertido en mi mejor amante. ¡Haz que me corra como nunca me he corrido!
La verga entraba y salía del coño a mil por hora revolviendo todo en su interior, pero María quería más.
-¡Echa el resto, Andrés, echa el resto!
Le dio con fuerza, y echó el restó, el resto de la leche que tenía en los huevos.
María, entre gemidos y convulsiones, se corrió con él
Al acabar, y estando los dos boca arriba sobre la cama, le dijo Andrés:
-Tita, dicen mis amigos que por el culo...
-¡Que ni se te pase por la cabeza!




