La hermana, el herm...
 
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Vaciar todo

La hermana, el hermano de leche y la sacaleches

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José
(@quique)
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                                                 I

Bruno era un veinteañero, moreno, de estatura mediana, fuerte como un toro y albañil de profesión, que se había follado a media aldea. Estaba bañándose en un pilón hecho por él con ladrillos y cemento. En su mano derecha tenía la verga , y cuando digo verga es porque era un señor cipote, y en la izquierda tenía un taco de jabón verde, de marca Lagarto con el que se frotaba la estaca. Dejó el jabón en en una banqueta que había puesto al lado del pilón, luego se puso en pie, y comenzó a darle cera a la cachiporra.

En la puerta del cobertizo. María, su hermana de leche, miraba por una rendija como se hacía la paja, y decía en bajito:

-¡Qué vicioso!

Pasados dos o tres minutos y viendo como Bruno la machacaba, se empezó a calentar. De sus tetas comenzó a salir leche que mojó su sujetador y de su coño jugos que mojaron sus bragas. Miró para un lado, miró para el otro, y como no vio a nadie iba a meter la mano derecha dentro de las bragas, iba, porque había mirado para los lados, pero no había mirado para atrás, y detrás de ella estaba su tía Josefa, que le dio un capón en la nuca que hizo que la cabeza diera contra la puerta.Josefa, viendo como su sobrina se tocaba la frente, le dijo:

-Tu bebé está solo en casa y tú mirando lo que no debes. ¿Qué le quieres ver a tu hermano?

-Nada.

-¡Tira para casa!

María se fue para casa. A Josefa le picó la curiosidad, miró por la rendija y vio como salía disparada la leche de la verga de su sobrino.

-¡Menuda tranca, y menuda corrida!

Josefa era una  cuarentona, de ojos negros, morena, baja de estatura, que siempre llevaba su largo cabello marrón recogido en un moño. Era la menor de nueve hermanos, (seis hombres y tres mujeres) estaba viuda y y vivía enfrente de la casa de Bruno y de María, aunque no salía de la casa de los hermanos porque tres años atrás habían quedado huérfanos.

María llegó a casa, vio al bebé durmiendo en la cuna, cerró la puerta de la habitación, se echó sobre la cama y lentamente comenzó a desabotonarse la blusa hasta que dejó totalmente al descubierto su sujetador blanco. Se magreó sus grandes tetas por encima del sujetador, luego se bajó la copa izquierda del sujetador y al tener la teta al descubierto, la subió con su mano izquierda, lamió su gordo pezón, luego apretó la teta con las dos manos y al salir del pezón un fino chorro de leche, la lamió. A continuación sacó la teta derecha de la copa, hizo con ella lo que había hecho con la izquierda y luego se magreó las dos tetas. Acto seguido bajó la falda y después se quitó la blusa, las bragas y el sujetador. Volvió a magrear las tetas, a apretarlas y a dejar que los chorros leche le diesen en el cuello, debajo de él y que bajasen entre sus tetas. Pasó las manos por donde tenía leche y después magreó las tetas con las manos mojadas, y de nuevo bajó la cabeza para lamer la leche que iba saliendo de los pezones. Caliente como una perra en celo, apretó la teta derecha, echó bastante leche en la mano izquierda y la dejó caer en su coño peludo, luego, al empezar a masturbarse, mezcló la leche de las tetas y los jugos del coño. No le debió parecer bastante leche porque dejó de masturbarse, apretó la teta izquierda con las dos manos, la mamó, bajó la cabeza, echó la leche fuera y  esta bajó entre sus tetas, por su barriguita, por su vientre, por su ombligo y acabó en el coño. María agarró la teta derecha, la levantó y lamiendo la leche que salía de ella comenzó a darse dedo y a gozar una cosa mala. Mamaba una teta, mamaba la otra, gemía en bajito, y a medida que el placer se hacía más intenso, abría la boca, movía la lengua hacia los lados y la leche salía de su boca e iba bañando su cuerpo. Así estuvo hasta que su respiración se aceleró, comenzó a sudar, su ritmo cardiaco subió, se puso tensa y se corrió. Al correrse, gimió como una  ida y se convulsionó. El placer fue tan grande que perdió el conocimiento, luego de decir:

-¡Me muero!

Bruno acababa de entrar en la casa y al oír que su hermana decía que se moría entró como una bala en la habitación. Se encontró a su hermana con las piernas abiertas de par en par, cubierta de leche y sudor, gimiendo y temblando.

Aquel cuadro se la puso dura. Fue a su lado, le puso la mano derecha en el hombro izquierdo y la sacudió, como vio que no se despertaba, lamió las gotitas de leche que tenía sobre los pezones, luego  le lamió el resto de la leche que tenía en las tetas. Iba a lamer la  leche del resto del cuerpo cuando apareció la sombra de los hermanos y le dio un escobazo en la espalda.

-¡Deja en paz a tu hermana, degenerado!

Bruno salió de la habitación a más velocidad de la que había entrado en  ella. Josefa miró para su sobrina, la vio con lo ojos cerrados, el cuerpo lleno de leche y su coño mojado, y dijo:

-¡Que paja se ha tirado la viciosa!

                                            II

Josefa, con la escoba en la mano, fue en busca de su sobrino. Lo encontró en el cobertizo, encima de la paja sacudiendo la verga. Con cara de mala hostia, le dijo:

-Te voy a brear, cabrón.

Nunca debió ir a su lado, porque Bruno, al querer Josefa darle un escobazo, cogió la escoba, tiró de ella, y Josefa cayó de cabeza sobre la paja. Bruno se echó encima de su tía, le tapó la boca con la mano derecha, y con la izquierda le subió el vestido y le bajó las bragas.

Josefa se revolvía y refunfuñaba, pero no podía salir de debajo de su sobrino, que le metió la verga entre las piernas y le folló los muslos hasta que se corrió. Al correrse lo hizo en la entrada del coño.

Después de correrse la puso boca arriba. Josefa, al dejarle las manos libres se las echó a la cara para arañarlo.

-¡Te voy a poner la cara como un mapa de carreteras!

Bruno apartó la cara. Al no lograr lo que quería le rasgó la camisa.

-¡Si sigues con esa actitud te meto una hostia y te pongo a dormir!

Josefa no era fácil de intimidar.

-¡Tienes los cojones muy pequeños para hacer eso!

Bruno estaba empalmado de nuevo y tenía un coño debajo de él, y por más que fuese el coño de su tía, no lo iba a dejar sin follar, por eso acudió a la estratagema más vieja del mundo, el chantaje.

-¿Los tiene grandes el curandero?

Josefa dejó de revolverse.

-No digas sandeces. ¿Qué voy a saber yo cómo los tiene?

-¿Te digo donde acabó dándote el masaje cuando fuiste a arreglar el esguince del pie?

-No sé quien te dijo eso, pero es mentira.

-Me lo dijo su mujer, os vio y no supo que hacer, bueno, sí supo, le metió los cuernos conmigo y follándola me lo contó. ¿Quieres que lo sepa toda la aldea?

Ya se había hecho de noche y dentro del cobertizo se veía con la luz de la luna, luz que entraba por las ventanas, y con esa luz, Josefa le respondió:

-No creo que te atrevas a descubrirme.

-Solo se lo diré al borracho de la aldea. 

Josefa se alarmó.

-Eso es como decírselo a toda la aldea.

-O te dejas o se lo casco.

Le echó la mano derecha al coño, y con los dedos pringados con su leche,  se lo empezó a frotar, al tiempo que quiso besarla, cosa que no consiguió porque Josefa cerraba la boca para que no le entrara la lengua de su sobrino.

Bruno le metió dos dedos dentro del coño, y como sabía que era una chismosa, le dijo:

-Si colaboras te digo el nombre de todas las casadas a las que me he follado.

Josefa ya estaba cachonda y además le interesaba el tema.

-¿A qué llamas tu colaborar?

-A comportarte conmigo como si fuera tu amante, o sea, besarme como te bese, acariciarme como te acaricie...

-Quieres que echemos un polvo como es debido.

Le dio dedo un poco más aprisa.

-¿Tan difícil te sería?

-Todo es ponerse, pero si me pongo tienes que jurarme que nunca más me vas a recordar lo del curandero, ni me volverás a molestar.

-Te juro que no te voy  molestar más, ni a recordarte lo del curandero.

Le cogió la mano derecha y se la llevó a la verga, luego la besó con lengua. Josefa le devolvió el beso y le meneó la polla y entre besó y beso le preguntó:

-¿Cuántas mujeres casadas te has follado?

-Unas cuantas.

Paró de darle dedo.

-¿Por qué has parado?

-Porque te ibas a correr.

-Creí que era lo que buscabas.

-Y es lo que busco, pero te vas  a correr cuando yo quiera, no cuando quieras tú.

-¿Quién fue la primera casada que te has follado?

Le acarició el coño con tres dedos.

-Eso te costará enseñarme las tetas.

-¡¿Pretendes que me desnude yo?!

-¿No te desnudarías para tu amante?

Sus dedos cogieron carrerilla sobre el clítoris y cuando Josefa levanto la pelvis, paro de frotar.

-¡Qué cabrón eres!

-¿Y tú no te sientes un poco puta? De hacer de madre a hacer de amante hay mucha diferencia.

-Sí, y no un poco... Cierra la puerta del cobertizo y ponle la tranca que no quiero que nos sorprenda nadie.

Mientras Bruno cerraba la puerta y le ponía la tranca, Josefa se quitó el vestido negro y el sujetador. Sus tetas grandes y blancas como la leche, contrastaban con el moreno de su cara, de su cuello y de sus brazos, lo que hacía juego eran sus areolas y sus pezones, junto a las medias que sujetaba con unas ligas rojas.

Bruno se desnudó. Al echarse a su lado, le preguntó:

-¿Quién fue la primera?

Se lo dijo al oído.

Josefa se sorprendió con lo que oyó.

-¡No!

-Sí.

-Si se entera el Tricornio te pega dos tiros.

-Pistola tiene.

Le echó las manos a las gordas tetas, y magreándolas, le lamió los gruesos pezones y se las mamó, después le volvió a meter dos dedos en el coño. Mientras se masturban mutuamente, le dijo Josefa:

-Dime el nombre de otra mujer casada con la que hayas follado.

-Lucía.

-¿Qué Lucía?

-Tu mejor amiga.

-¡Coñoooo! Eso no me lo esperaba. Su marido es un trozo de pan.

-Pues repitió varias veces, además de un pedazo de pan debe tener un trozo de lo otro, porque era la que más estrechito tenía el coño. ¿Quieres que entre a matar?

-Entra.

-Quita las bragas.

Se quitó las bragas y cuando su sobrino se quiso meter entre sus piernas,  flexionó las rodillas. se abrió de piernas, y le dijo:

-Me va a entrar muy justa, ya se me cerró, en falso, pero se me cerró..

Bruno le enterró la lengua en el coño, la sacó, se tragó los jugo y luego le dijo:

-Ya está abierta.

Comenzó a lamer su clítoris con  la punta de la lengua, muy suavecito. Josefa empezó a gemir y a levantar la pelvis para sentir más contacto de la lengua con su clítoris, pero Bruno apartaba la lengua. La tuvo así un buen rato, mas cuando vio que la mujer no aguantaba más, le enterró la parte de bajo de la lengua en el coño y la parte de arriba la aplastó contra el clítoris. Josefa movió la pelvis alrededor y a toda mecha y se corrió en la boca de su sobrino entre tremendas sacudidas. Sus gemidos se ahogaron en la palma de su mano derecha, palma con la que se había tapado la boca.

Al acabar de gozar miró para su sobrino y le dijo:

-Supongo que ahora me querrás follar.

-Supones mal, ahora lo que quiere tu amante es que se la mames, si es que sabes.

A Josefa casi le da la risa.

-¡¿Qué si sé?! Tu tío me llamaba la saca leches.  Ponte a cuatro patas.

Bruno se puso a cuatro patas. Josefa se puso detrás de él, agarro la teta izquierda con las dos manos y le frotó el pezón en el ojete, luego hizo otro tanto con la teta derecha. Después le agarró la verga, tiró hacia atrás y lo masturbó a dos manos mientras le lamía y le follaba el ojete con la punta de la lengua. A continuación lo masturbó, le lamió y la mamó la polla, y cuando lo tenía a punto, se echó boca arriba sobre la paja y  le dijo:

-Fóllame las tetas.

Bruno se sentó sobre su tía y puso la verga entre su tetas, Josefa echó una mano a cada teta y las apretó para aprisionar la polla. Bruno se las folló. Poco después le dijo Josefa:

-Esto me está poniendo a mil.

-¿Quieres que te folle?

-Sigue un poquito más.

Siguió follando sus tetas y sin poder evitarlo, se corrió entre ellas. 

Al acabar de correrse le metió la polla en la boca y Josefa se la dejó limpia, brillante y tiesa. Lo que no estaba brillante era el coño, por estar, estaba como un bebedero de patos, y  peor que se iba a poner.

Bruno besó con lengua a su tía, luego le besó y le lamió  los pezones, le chupó las tetas y de las tetas fue a por la leche de su propia corrida, la lamió, se tragó parte de ella y con resto en la lengua, besó a su tía. Después dio un salto de calidad y le lamió el coño, y se lo lamió con propiedad, o sea, con clavadas de lengua en la vagina, lamidas de labios, lamidas y mamadas de clítoris, le hizo de todo, pero no dejó que se corriera.

-Ahora sí, ahora te voy a follar.

Josefa flexionó las rodillas, se abrió de piernas y esperó por el obús. El obús fue supositorio, cierto que entró muy apretado, pero se deslizo por la vagina como lo haría un supositorio por el culo. 

Con la verga enterrada en lo más profundo de su coño. Josefa le echo las manos al culo de su sobrino y lo apretó contra ella. Se movió debajo de él, al tiempo que le comía la boca. Al venirle el gusto le clavó las diez uñas en las nalgas y le dijo:

-¡Me corro!

Al acabar de correrse, dijo ella:

-Dime ahora el nombre de las otras.

Había follado con más mujeres casadas, pero Bruno, con la verga dentro del coño, le dijo:

-Solo queda una, y fue la única que me dijo que le follara el culo.

La volvió a follar.

-¿Quién fue esa loca?

-Manuela, la Tiesa.

-Tan flaca, tan... Le reventaste el culo, fijo.

La folló más aprisa.

-No te creas, le entró como en un coño muy estrecho, aunque doler, le dolió.

-Con esa estaca que tienes tuvo que dolerle, pero dolerle de cojones.

-También cuando se corrió...

-¡Correr me voy a correr yo!

Dicho y hecho, Josefa se corrió como una perra, y no se corrió ella sola.

Al acabar de gozar, dijo Josefa.

-Menos mal que ya no quedo preñada.

Con la polla dentro del coño le preguntó Bruno:

-¿Me dejas que te de por el culo?

-Si te dejo metérmela en el culo no podré sentarme en un mes.

-Si engraso la polla con grasa de la del eje del carro, no, y en la estantería está el cacharro con la grasa.

Josefa cambió de opinión.

-Me voy a arrepentir de esto, pero engrasa.

Bruno cogió la grasa, la echó en el ojete y en la verga, la frotó en el ojete y como era puntiaguda empezó a entrar la puntita. Al principio, no, pero luego a Josefa le empezó a gustar. Fue empujando con el culo y casi sin esfuerzo le entró la cabeza, y al entrar la cabeza fue cuestión de tiempo que entrara toda la polla.

Con toda la polla dentro del culo, Bruno le tapó la boca con la mano izquierda para que nadie oyese sus gemidos, le metió dos dedos de la mano derecha en la vagina y le acarició el punto G para que se corriera. Luego le dio caña brava y poco después se corrió echando varios chorros de orina, de jugos, o a saber de que había sido, lo que es seguro es que no era leche, leche fue la que acabó dentro de su culo al correrse Bruno.

Bruno, luego de correrse, sacó la verga del culo y le preguntó:

-¿Mañana más

Josefa n tenía ganas de complicarse la vida.

-Ni mañana, ni ahora, ni más tarde, ni nunca.

                                           III

Habían llegado las fiestas de la aldea. Allí había mucho puterío, pero la que más y la que menos ponía a parir a las otras vecinas, y como María había tenido el hijo estando soltera y nadie sabía quién era el padre, la tenían por una apestada, especialmente las viejas, por eso no podía ir a bailar a la verbena.

Eran algo más de las doce de la noche. La orquesta le pegaba duro. María ya le había dado la teta a su hijo y lo había puesto a dormir. Se sentó a la mesa donde había cenado con su hermano y en la que ahora había una cafetera, una botella de aguardiente de hierbas, dos pocillos y una copa.

-¿Sigues sin querer ir a la verbena, Bruno?

-No se  me perdió nada en la verbena.

-Siempre viene gente de fuera, a lo mejor conoces a alguna chica.

Bruno se mandó la copa de hierbas.

-No me corre prisa conocer a nadie.

Se echó otro café. María le dijo:

-Ponme otro café a mí.

Se lo puso.

-Sé por qué no te corre prisa conocer a nadie.

-No creo que lo sepas.

-Sí que lo sé, te vi en el cobertizo...

No la dejó terminar de hablar.

-¡¿Me has visto follando con la tía Josefa?!

María le iba a decir que lo había visto hacer una paja. Al oír las palabras de su hermano se quedó de piedra.

-Yo...

-Tú no esperabas una cosa así de mí, claro.

-Ni de ella.

Bruno no sabía donde meterse.

-Créeme que siento que nos hayas visto.

María lo miraba con cara de reproche.

-¿Cómo ocurrió? Y no me mientas.

-La verdad es que me pilló en tu habitación, mirando para tu cuerpo desnudo y cubierto de leche. Me dio un escobazo, luego me buscó, las cosas se enredaron y fue cuando nos viste follando en el cobertizo.

-¿Y tú qué hacías en mi habitación?

-Fue por un malentendido.

-¿Me quieres explicar eso?

-Te lo explico. Esa tarde al entrar en casa oí como decías, ¡me muero!, entré en tu habitación pensando que te pasaba algo, y te pasaba, te estabas corriendo y habías perdido el conocimiento.

Ni se inmutó al decirle que había visto como se corría.

-¿Qué me estabas haciendo para que la tía Josefa te diera un escobazo y luego fuera a buscarte?

-Nada, solo miraba.

-¿Me ves desnuda, con el cuerpo lleno de leche, sin conocimiento y no me haces nada?

-Pues no.

La muchacha no se tragó la mentira.

-A otra perra con ese hueso. ¿Por qué te buscó la tía?

-Si te lo digo vas a enfadarte.

-Eso es que me estabas haciendo algo. ¡¿No me la estarías metiendo?!

Bruno le dijo lo que había pasado.

-No, solo estaba lamiendo la leche de tu cuerpo.

María se puso tensa.

-¡¿Solo?! ¿Te parece poco?

-Sabía que te ibas a enfadar conmigo.

-¿Y qué quieres qué haga, que te aplauda?

-No, pero un poco de comprensión... Tú misma lo has dicho, verte desnuda con el cuerpo lleno de leche después de hacer una paja y no hacerte nada, sería de maricones.

María se tomó su café, y luego le dijo:

-Yo no he dicho nada de la paja ni de los maricones, y no me mires para las tetas que me pones nerviosa. A saber qué estás pensando.

-Si te lo digo te vas a poner de uñas.

-Y si no me lo dices también.

-En ese caso te lo diré. Ahora mismo estoy pensando en una cochinada.

-¿Qué cochinada es esa?

-Esa cochinada es tomarme un café con leche.

-Tomar un café con leche no es una cochinada.

-Con leche de tus tetas, sí.

María no se esperaba que su hermano se desmadrara tanto, pero no se enfadó porque lo hubiera hecho.

-¿Quieres que eche leche de mis tetas en tu café?

-Sí.

-Tú lo que quieres es ver mis tetas echando leche.

-Eso también.

-¿Y qué más?

-Y hacerte mía.

María fue al grano.

-¿Tú eres consciente de que si yo me entrego a ti nuestra vida va a cambiar por completo?

-Ya cambió el día que te hice el hijo.

María se puso como una gata rabiosa.

-¡Habíamos dicho que nunca más íbamos a habla de ese tema!

-Más tarde o más temprano tendríamos que hacerlo.

Bruno se puso en pie, fue junto a su hermana, la besó en el cuello, la abrazó y después le dijo:

-Serías la única.

-Me mentiste antes de tener el niño y me mentiste después de tenerlo.

-Quiero cambiar.

-Si te acabas de follar a la tía Josefa.

-Ya te he dicho que quiero cambiar.

-Tú lo que quieres es follarme.

-Eso también.

-Tú no vas a cambiar.

-Te juro que sí.

-¿No me estás mintiendo?

-No. ¿Me haces ese café?

-Cierra la puerta y ponle la tranca, no sea que aparezca por ahí la tía Josefa.

Bruno dejó de abrazarla e hizo lo que le había dicho su hermana de leche.

Al regresar, María se puso en pie, se desabotonó la blusa blanca, sacó la teta izquierda de la copa y le dijo a su hermano:

-Pon la taza debajo de la teta.

La puso. María apretó la teta con las dos manos y varios chorros de leche fueron cayendo en el café.

-Ya tienes listo el café con leche matena.

Bruno se tomó el café con leche.

-Delicioso.

-¿Algo más?

-Sabes que sí.

Fue al lado de su hermana, le quitó la blusa y el sujetador, la empotró contra la pared, y después se comieron las bocas con lujuria, con tanta lujuria que acabaron cayendo babas de ellas. Acto seguido le echó las manos a las grandes tetas y le mamó la teta derecha. La  boca se le iba llenando de leche y él tragaba y tragaba, sintiendo como la otra teta mojaba su mano.  María le dijo:

-La otra teta se está celando. 

Se fue a por la otra teta, mamó y volvió a  tragar y a tragar, tanta leche tragó que al apartar su boca de la teta, eructó. María sonrió y le dijo:

-Que aproveche.

-Ya me aprovechó.

María, con el coño empapado de jugos, agarró las dos tetas, las apretó, le duchó la cara con leche y después le lamió la leche de la cara. Al acabar de lamer, le dijo Bruno:

-¿Quieres darme una corrida en la boca?

-Quiero.

Le bajó la falda y las bragas. Con la falda en el piso y las bragas sobre los tobillos, le echó las manos a la cintura y le dio una lamida en el coño, una lamida que le arrancó un gemido y cantidad de jugos, jugos ácidos que contrastaban con el sabor dulce de la leche de las tetas. 

-Me gusta que seas un cochino.

Siguió lamiendo. De las tetas de María bajaban dos regueros de leche. Bruno los vio y turnó las lamidas de coño con las lamidas a la leche. María no paraba de gemir, bueno, sí, paró un momento para levantar una teta con su mano derecha y mamarla, pero empezó a correrse y no le dio tiempo a tragar la leche. Abrió la boca, la leche que había mamado salió de ella, bajó por su cuerpo hasta su coño y acabo en la lengua de Bruno, que lamió con más intensidad.

Cuando las piernas de su hermana dejaron de temblar, se puso en pie y la besó, pero María había perdido el conocimiento. La cogió en brazos, la llevó a su habitación y la puso sobre la cama. Le separó las piernas, empuñó la polla y se la frotó en el coño... María volvió en sí, sintió la música de la orquesta y se dio cuenta de donde estaba y con quien estaba, y quiso echar otro baile.

-Hazme correr así, frotando, de esta manera no hay riesgo de que quede  preñada.

A Bruno le daba igual como fuera, él lo que quería era correrse, pero, al rato, frotando la verga contra la vagina, entró la mitad de la cabeza de la verga, luego un poco más, y acabó entrando la cabeza. María, con las tetas goteando, le dijo:

-Métemela toda, métemela hasta los cojones.

No se lo tuvo que repetir. Se la metió hasta que los cojones hicieron tope. Una vez que la tenía dentro, la puso encima de él, y le dijo:

-Fóllame.

Con las palmas de las manos apoyadas en su pecho, sacó la verga despacito. Salió brillante con los jugos que la bañaban.

-Voy a coger un empacho de verga.

Con las tetas goteando leche, metió y sacó la cabeza bajando y subiendo el culo tan lentamente que parecía que tenía miedo a romperse el coño.

-Me gusta estar arriba.

Metió y sacó la mitad de la polla y empezó a acelerar los movimientos de culo. 

-¡Me encanta!

El goteo de las tetas aumentó y le fue poniendo el pecho perdido a Bruno. El coño ya se había adaptado a la verga y María comenzó a gozar.

-Avísame si ves que te vas a correr.

Lo folló metiendo y sacando toda la verga, y acabó dándole a mazo.

Las tetas iban de abajo a arriba, de arriba a abajo, hacia los lados y salpicaban todo de leche. María sintió que le venia y dijo:

-¡Mira como me corro!

Poco pudo mirar porque María se  derrumbó sobre su hermano. Lo que sí pudo sentir fueron sus gemidos y sus temblores sobre su cuerpo, y sintiéndolos le llenó el coño de leche.

Después de correrse le limpio el coño con un trapo para que su hermana no se enterase de que se había corrido dentro de ella.  Fue cuestión de tiempo que lo supiera, pero ya estaban viviendo en Andalucía, como si fueran marido y mujer.

Quique.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


El relato fue modificado hace 10 meses 11 veces por José

   
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