Primera parte
Luis, un abogado de treinta años, moreno, de ojos negros y estatura mediana y Luisa, una ama de casa, de veintidós años, algo más alta que Luis, de ojos azules, de cabello rubio y corto, bella y con un buen cuerpo, estaban en cama, él miraba el correo en su teléfono móvil y ella miraba una revista de moda. Sin dejar de mirar el teléfono, le dijo él a ella:
-¿Ya has pensado en el regalo que quieres en nuestro primer aniversario de boda?
Sin deja de mirar la revista, le respondió:
-Pensé y ya sé que quiero.
-¿Qué quieres?
-Quiero verte follar con otra mujer.
Luis la miró con cara de sorpresa.
-¿Me estás engañando, Luisa?
-No digas tonterías, me sobras como hombre.
-Te debo sobrar porque últimamente lo hacemos una vez a la semana, una o ninguna.
Luisa dejó de mirar la revista.
-Si no lo hacemos con más frecuencia es porque siempre es lo mismo ¿Qué me dices de mi regalo?
-¿Verme follar con otra mujer crees que mejorará nuestra relación sexual?
-No lo sé, puede que sí y puede que no, es así de simple.
-Algo así no es tan simple. Si aceptase hacer eso te estaría dando carta blanca para que tú follaras con otro.
-No, hombre, no, lo de verte follar con otra mujer es una fantasía que tengo.
Luis empezó a hacerse a la idea.
-Aunque me preste a hacer lo que quieres, ya perdí la costumbre de ligar.
Luisa lo tenía todo pensado.
-A mi hermana Loli siempre le has gustado, te sería fácil seducirla.
Luis empezó a desconfiar.
-Tú me estás liando, lo que quieres saber es si me gusta tu hermana.
-¿Te gusta?
La pregunta se las traía, pero se la jugó.
-Sí, pero es tu hermana.
-Eso le añade más morbo.
-¿Qué ha pasados para que te volvieras tan libertina?
-Nada.
-Algo pasó, o me lo dices o no cuentes conmigo para nada.
-Si te lo digo no sé que vas a pensar de mí.
-Yo tampoco sabré que pensar de ti hasta que me lo digas.
-A ver, es muy fuerte, si te lo digo y no me cumples el deseo, voy a quedar como el culo.
-Te lo cumpliré, puedes estar segura de eso.
-Promételo.
-Te lo prometo.
-Ya que me lo prometes, ahí va. El miércoles sabes que fui a darle una visita a mis padres.
-Sí, lo sé.
-Pues como tengo una llave de la casa entré sin llamar. Lo primero que sentí fue unos gemidos, fui hasta la habitación de donde procedían y vi a mi hermana desnuda sobre la cama y a cuatro patas, con el culo hacia la puerta y dándose dedo. El cuerpo se me estremeció, el coño se me humedeció, y sentí una necesidad imperiosa de volver a casa para hacerme una paja.
Luis la interrumpió.
-Ahora entiendo porque tienes tan pocas ganas de follar conmigo.
La pregunta era inevitable.
-¿Acaso tú no las haces?
-Claro que las hago.
-¿Y te quitan las ganas de follar?
-No.
-Pues no digas tonterías. Volvamos a lo que te estaba contado. ¿Por dónde iba?
-Ibas a volver a casa para hacerte una paja.
-Iba, pero en ese momento mi hermana comenzó a correrse y vi como salían de su coño jugos para descarrilar un tren. Yo, que en mis tiempos gozaba sintiendo como se corrían en mi boca, desee que mi boca estuviera debajo del coño de mi hermana para tragarme todo aquel torrente de jugos. Y la cosa no acabó ahí, porque se siguió metiendo los dedos para correrse de nuevo. Ya no pude esperar a llegar a casa para masturbarme. Puse mi espalda en una pared del pasillo, metí una mano dentro de las bragas, y escuchando sus gemidos me masturbé. Me corrí cuando se volvió a correr ella.
-Si llegan a aparecer tus padres y te pillan con las manos en la masa...
A Luisa le agradó que no le afeara su conducta, pero no se lo dijo, lo que le dijo fue:
-Eso no se me pasó por a cabeza en aquel momento.
-Se franca. ¿Quieres hacer un trío con tu hermana y conmigo?
-Si tú haces que surja...
Luis quiso aprovechar el momento.
-Podría intentarlo. ¿Echamos un polvo?
Le mintió.
-Ahora mismo no tengo ganas.
-Las ganas se hacen.
Le siguió mintiendo.
-No tengo ganas de hacer ganas.
-En ese caso voy al servicio.
-¿Tan necesitado estás?
-No es lo que tú piensas, voy a mear.
No podía dejarlo ir porque sabía a lo que iba.
-Puedes hacer la paja aquí.
Eran dos mentirosos.
-No iba a hacer una paja, iba a mear, ya te lo he dicho.
-Te la podía hacer yo, si no ibas a mear.
-¿Ya tienes ganas?
-Desde que te conté lo de mi hermana.
-Mentirosa.
-Mira quien habla.
Luis se destapó y destapó a su mujer. Luisa le cogió la polla morcillona y empezó a menearla. En nada la polla estaba dura. Luisa le echó la mano izquierda a los huevos, con la derecha empuñó la polla, la metió en la boca, y masturbándolo, le mamó el glande y le mamó y lamió todo lo demás.
-Joder, Luisa, cuando te pones da gusto.
-Quiero hacer algo nuevo.
-Te la podría meter por el culo.
-Sería algo nuevo, pero no creo que me gustase.
-Te podría dar por el culo y masturbarte.
-Seguiría sin gustarme.
-¿Y qué se te ocurre para variar?
-No sé.
-Podríamos hacerlo en la ducha, ahí nunca lo hemos hecho.
-Sería lo mismo en un lugar diferente.
-No, de pie nunca lo hemos hecho.
-Tienes razón.
Ya en la ducha, con el agua cayendo de la alcachofa, la arrimó a una pared y le comió la boca. Después le comió las grandes tetas, unas tetas con areolas oscuras y pezones gruesos. A continuación, le levantó la pierna izquierda cogiéndola por la parte anterior de la rodilla, se la clavó en el coño, y volviéndole a comer la boca, le dio las suyas y las de su hermana. Poco más tarde le decía Luisa:
-Nunca te vi tan apasionado. ¿Es por lo de mi hermana?
-Es porque estás como un queso.
-Descansa, descansa que te vas a correr y a mí aún me falta.
Paró de darle. Luisa apartó la alcachofa, de modo que los finos y potentes chorros no los mojaran, cogió el gel y le frotó la polla con él, luego se metió un dedo en el culo, después puso las manos en los azulejos, separó las piernas, y le dijo:
-¿No querías estrenar mi culo?
Le echó las manos a las tetas y se las magreó, al tiempo que de la metía en el culo de una lenta clavada.
-Coño, parece que me está subiendo un autobús por el culo.
-Y va sin frenos.
El freno lo encontró cuando la cabeza de la polla llegó al fono del culo.
Le sacó la polla casi en su totalidad. Agarró el gel y lo echo por la palma de la mano izquierda, después empuño la polla, movió la mano de arriba a bajo y de abajo a arriba para pringarla de gel, y luego se la volvió a meter en el culo.
-Me siento tan llena como si me hubiera comido un cochinillo.
Después de echar gel en la polla ocho veces, le echó las manos a la cintura y le dio a mazo. Dándole duro, le dijo Luisa:
-Pon los chorros de agua hacia nosotros.
Los puso, Luisa se metió dos dedos dentro del coño y se masturbó. Poco después, le decía:
-¡Me corro, Luis!
Luis esperó a que acabara de correrse, y luego se la quitó del culo. Loli, le dijo:
-Nunca pensé que sería tan placentero el sexo anal.
-Me alegra oír eso.
Se la metió en el coño y comenzó a darle lo suyo, lo de la hermana, lo de la madre y lo de la vecina.
-Estás como un toro.
Le estaba dando lo de la cuñada, lo de la hermana y lo de la prima de la vecina, cuando le dijo:
-¡Córrete conmigo!
Se corrieron juntos entre gemidos y sacudidas de una, y temblores del otro.
Esa noche durmieron plácidamente.
Segunda parte
Loli, una joven de diecinueve años, alta, de ojos azules, guapa, con un cuerpo de escándalo y con un cabello rubio que le llegaba a la cintura, llegó a la casa de su hermana para merendar. Luis le abrió la puerta de piso. Loli vio que su cuñado tenía mala cara. La muchacha, que llevaba puesto un chaleco vaquero, una blusa blanca, unos pantalones vaqueros, y que calzaba unas sandalias negras con mucho tacón, luego de entrar en el piso, le preguntó:
-¿Pasó algo malo, cuñado?
-Tu hermana y yo hemos discutido.
-¡¿En un día como hoy?!
-Sí, en un día como hoy, y lo malo es que se ha ido para la casa de vuestros padres.
-No debe hacer mucho que se fue porque aún no has quitado la música de ambiente.
-Ni cuenta me daba de que estaba puesta.
-Pues baja no está.
Le preguntó a su cuñada:
-¿Tendrá pensado separarse de mí?
-No creo, lo más probable es que haya llamado a alguna amiga, se marche de copas con ella y ni a nuestra casa vaya.
-¿Tú crees?
-Bueno, también depende de lo que le hayas hecho.
-No le he hecho nada.
Llegaron a al salón y Loli vio sobre una mesa camilla cañas de crema en una bandeja, una botella de champán y dos copas. Se dentó en un sillón y cogiendo una caña le dijo:
-Si no le has hecho nada. ¿Por qué fue la discusión?
-Por lo de siempre.
-¿Qué es lo de siempre?
Luis se sentó en otro sillón delante de su cuñada.
-Algo que yo no te puedo decir, ni tú necesitas saber.
-Eso me suena a sexo. ¿Le quisiste dar por donde no era?
-No voy a hablar contigo de lo que pasó.
-Seguro que fue eso, yo tampoco le dejo a nadie metérmela en el culo.
Luis quiso confirmar lo que había oído.
-¿Lo tienes sin estrenar?
-Sí, pero las preguntas las estaba haciendo yo. ¿Por qué se enfadó contigo?
-Ya te he dicho que es algo personal.
Loli se puso seria.
-También lo de mi culo es personal y respondí a tu pregunta. Quiero saber que le pasa a mi hermana. Es muy raro que con este ambiente musical y festivo no acabarais echando un buen polvo.
-Nunca habías usado un lenguaje tan fuerte al hablar conmigo.
-No trates de desviar la conversación. ¿Por qué fue el lio?
-Fue por el regalo del aniversario.
-Deja que adivine. Te pidió algo muy caro, tú le dijiste que no y se enfadó.
-No era un regalo muy caro.
-¿Qué regalo era?
-Es que se me hace muy difícil decirte lo que me pidió.
-¡Ni que te pidiera que mataras a alguien!
-No es eso, pero es algo muy fuerte.
A Loli ya le había picado el gusanillo de la curiosidad, y no iba a parar hasta saber lo que quería su hermana.
-Suéltalo de una vez. ¿Qué te pidió?
Se lo dijo.
-Quiere que folle con otra mujer mientras ella nos mira.
Loli sonrió, se tapó la boca con su mano derecha, y luego le dijo:
-¡¿Te pidió eso mi hermana?!
-Eso mismo me pidió.
-¡Qué fuerte! Estaríais hablado de sexo cuando te lo pidió, ¿no?
-Sí.
-Cuenta. ¿De qué hablabais?
-Es algo íntimo.
-Hombre, ya que has empezado, acaba.
-Es que nunca debí haber empezado esta conversación.
-Pero la has empezado, ahora no te rajes. ¿De qué estabais hablando?
-Vale, te lo diré, le estaba reprochado que follamos poco.
-Y ella te dijo que eso era porque siempre hacéis lo mismo y que la rutina cansa.
-Algo así me dijo. Seguro que fue por eso que me pidió lo de follar con otra mujer mientras ella miraba, pero, ¿no te parece algo surrealista?
-Para nada, esa fantasía también la tengo yo.
-¡¿Te gustaría ver como tu novio folla con otra chica?!
-Sí, pero me gustaría más ver como follas tú con mi hermana.
Luis la advirtió.
-Te estás metiendo en un terreno con arenas movedizas.
-¿No es dónde me querías meter?
-Puede que sin querer...
-Sí, sin querer, queriendo. No seas gilipollas, sé que desde que he llegado me has estado liando para echar un polvo.
Luis se hizo el inocente.
-¡¿Yo?!
-Sí, tú.
-Yo creía que eras tú la que me estaba liando a mí.
-Los dos hemos puesto de nuestra parte. ¿Follamos?
-¿Y si regresa tu hermana?
-¿No te quería ver follar con otra?
-Cuando alguien tiene razón hay que dársela.
Loli se puso en pie. Luis fue junto a su cuñada. Loli se puso detrás de él, le echó las manos al vientre y lo apretó contra su cuerpo, al tiempo que comenzaba a dar unos pasos de baile y lo besaba en el cuello.
-¿Cuánto tiempo llevas sin follar, cuñado?
-Algo más de una semana.
Le fue desabotonando la camisa y luego le echó las manos a los pectorales y se los acarició.
-Tendrás mucha lechita para mí.
-Tengo cantidad.
Sin dejar de bailar, le metió la lengua dentro de una oreja, le mordió el lóbulo y después le bajó la cremallera del pantalón y le echó la mano a la polla.
-Ya la tienes dura.
-Y lista para lo que quieras.
Le bajó los pantalones, empuñó la polla y empezó a masturbarlo.
-Dura y mojada.
-¿Y tú cómo andas?
-Enseguida lo vas a saber. Acaba de desnudarte y no mires hacia atrás hasta que te mande mirar.
Mientras Luis se deshacía de la camisa, de los pantalones, de los calzoncillos, de los zapatos y de los calcetines, Loli se había quitado el chaleco, la blusa, los pantalones y las sandalias.
-Ya puedes mirar.
Luis se giró y vio a Loli en lencería blanca, una lencería con encajes, compuesta por un sujetador, un liguero, unas medias y unas bragas. El hombre, que jamás podría imaginar que llevase algo así debajo de unos vaquero, le dijo:
-¡Coño! Se le escapó un ángel de la pasarela a Angels Secrets.
A Loli se dibujó una sonrisa en sus carnosos labios.
-¿Crees que valdría para modelo de lencería?
Se acercó a ella y la prendió por la cintura.
-Tú vales para lo que quieras.
Loli, que era bastante más alta que Luis, sintiendo como la polla se metía entre sus muslos mientras la besaba con lengua, le echó las manos al culo y se lo amasó.
Aquella lencería tan sexi, desapareció del escultural cuerpo de Loli en muy poco tiempo. El sujetador fue lo primero que le quitó para comerle las tetas, unas tetas clavadas a las de su esposa, pero más duras.
-Deliciosas, no me cansaría de comerlas.
-Pues no te prives, come, hombre, come.
Comió y comió bien. No dejó ni un resquicio de las tetas sin besar, lamer o chupar. Después le quitó el liguero y por último las bragas. Al quitarle las bragas bajaron con ellas cantidad de hilachos de jugos que se resistían a despegarse.
-Tienes las bragas perdidas.
-Eso no es nada. Cuando me viene desbordo como las presas cuando le abren las compuertas, te lo digo para que no te lleves una sorpresa cuando esto ocurra.
-¿Tanto echas fuera?
-Tanto es poco, bien es cierto que también depende como me hagan venir, o el tiempo que le eche yo...
-¿A qué?
-Mejor me callo, lo que importa es que me me viene a chorros.
-En unos minutos sabré cuanto exageras.
Le echó las manos a las nalgas, metió en la boca todo el coño pelado y encharcado y se lo mamó, luego lamió de abajo a arriba con lentitud, le metió y le sacó la lengua de la vagina, lamió más rápido... Loli, entre gemidos, le dijo:
-Eres bueno comiendo un coño.
Pasado un tiempo, Loli le puso la pierna derecha sobre el hombro izquierdo, le acarició el cabello, y le dijo:
-Deja la lengua fuera que te voy a dar lo que estás buscando.
Hizo lo que le había dicho. Loli, moviendo la pelvis, frotó su coño contra la lengua, y poco después le dijo:
-¡Se me funden los plomos!
Luis no había recibido tantos jugos juntos en su vida. Loli se corría como una fuente.
Al acabar de correrse, de gemir y de sacudirse, le quitó la pierna del hombro.
-¿Me viene a chorros, o no me viene a chorros?
-Te viene a mares.
Loli se sentó en el sillón, pilló la botella de champán y bebió de ella a morro, luego, cogiendo otra caña, le dijo:
-Tengo que beber o me deshidrato.
A Luis no le sentó nada bien aquella pausa.
-Y comer para que se me baje la polla.
Loli, coqueteó con su cuñado.
-Te veo muy impaciente. Tómalo con calma o no vas a durar los diez asaltos, picha fogosa.
Le agarró la mano derecha con su mano izquierda, y tirando de ella hizo que se levantara del sillón y la llevó a su habitación. La echó sobre la cama, se sentó sobre ella, le echó la mano izquierda a la nuca y cogiendo la polla con la mano derecha se la metió en la boca.
-¡Mama la picha fogosa!
Loli logró apartar la cabeza.
-Así no te la voy a mamar. Haremos las cosas a mi manera o me largo de aquí.
Luis no estaba para forzarla, ni siquiera estaba para llevarle la contraria. Se quitó de encima de ella y se puso boca arriba.
-Tú mandas.
-Así me gusta.
Loli se echó a su lado izquierdo, lo besó en la frente, en los ojos, jugó con su lengua en sus orejas, le besó la nariz y después le pasó la lengua entre los labios antes de metérsela en la boca y besarlo con ganas. Luego le besó, le lamió y le chupó las mamilas. Bajó y jugó con su lengua dentro del ombligo, y acto seguido le lamió y le chupó la cabeza de la polla, después la empuñó y se la meneó. Volvió a mamarla, pero ahora ya le mamaba todo lo que le cabía en la boca, y eso incluía los huevos. Cuando lo tenía gimiendo y con la polla dura como una piedra, subió encima de él, y dándole la espalda le metió la polla en el coño.
-Tienes el tamaño ideal para mi coño.
Le puso las manos en el pecho y comenzó a follarlo. Luis se dejó follar hasta que los gemidos de Loli le anunciaron un inminente orgasmo. Le dio con ganas atrasadas y Loli se corrió.
-¡Se me funden los plomos!
Al correrse sus manos resbalaron por el pecho. Subió la pelvis, la polla se salió del coño, el coño desbordó y la cama y los huevos de Luis quedaron encharcados de jugos mucosos.
Luego de correrse se dio la vuelta y metió la polla en el coño, puso las rodillas sobre la cama y los pies sobre sus piernas y comenzó a follarlo. Luis volvió a dejarse, follar, besar..., se dejó hacer todo lo que se le antojó a Loli.
Los gemidos de la muchacha la delataban cuando se iba a correr. Esta vez Luis no la folló, lo que hizo fue darle cachetadas en las nalgas, en la nalga derecha, ¡plassss!, en la nalga izquierda, ¡plassss!, en las dos nalgas, ¡plassss. plassss!, en la nalga izquierda, ¡plassss¡, en la nalga derecha, ¡plassss!... Cuanto más subieron los gemidos de intensidad, más fuerte le dio, le dio hasta que explotó.
-¡Se me funden los plomos!
No hacía falta que lo dijera. Su cara extasiada, su cuerpo convulsionándose y su coño bañándole la polla mientras se la apretaba, ya se lo estaban diciendo a Luis.
Al acabar de correrse y de sacar la polla del coño, de la vagina volvieron a salir cantidad de jugos que encharcaron los huevos de Luis, pero aunque el placer que había sentido Loli le pareció que había sido mayor, habían salido menos jugos.
Luego de correrse la puso a cuatro patas, le echó las manos a la cintura, le lamió y le folló el coño y el ojete con la lengua, y luego le dijo:
-Tienes un culo espectacular.
No le mentía, tenía un culo pequeño, redondo, duro y respingón.
-¡Ni se te ocurra hacer una barbaridad!
-Tranquila, no te la voy a meter en el culo.
Empuñó la polla y le frotó la cabeza en el coño.
-Vamos a por el último asalto.
Loli lo vacilo.
-Ya sabía yo que no me ibas a aguantar los diez asaltos.
Luis se acojonó al oír las palabras de su cuñada.
-¡¿Es que te quieres correr diez veces?!
-A veces me corro más veces que diez, he llegado a correrme quince veces en una sesión, pero eso fue con una mujer.
-¿Y qué pasa con la deshidratación?
A Loli le dio la risa.
-Te mentí, yo no me deshidrato cuando me corro.
No le gustó que le hubiera mentido, ni que se estuviera riendo en su cara.
-Yo a ti también te he mentido.
-¿Cuándo me mentiste?
-Cuando te dije que no te la iba a meter en el culo.
Le clavó la cabeza de la polla en el culo, Loli pegó un brinco en la cama, y luego se estiró en ella.
-¡Ayyyy! ¡Sácala, cabrón, sácala!
Fingía que le dolía una barbaridad porque sabía que a los heterosexuales les encanta desvirgar culos de mujer, pero su culo ya hacía tiempo que había sido desvirgado. Luis se la metió un poco más.
-¡Ayyyy! ¡Sácala, sácala, sácala!
Se la metió hasta el fondo.
-¡Ayyyy!¡Qué la saques, desgraciado!
La empezó a sacar. Loli siguió fingiendo que le dolía.
-¡Ayyyy! ¡Déjala, déjala dentro!
-Ahí se queda hasta nueva orden.
-Ponme boca arriba.
La puso y Loli quedó espatarrada encima de su cuñado.
Luis le echó las manos a las tetas. Loli se las quitó e iba a mentir como una tirana.
-¡No me toques que no tengo ganas de juegos!
-¿De qué tienes ganas?
-¡De asesinarte!
Luis metió tres dedos de la mano derecha dentro de la boca, y con ellos humedecidos le acarició el clítoris.
-¡Te he dicho que no tengo ganas de juegos!
-Te voy a hacer correr.
-Con ese obús dentro de mi culo es imposible que me venga.
Los dedos volaron sobre el clítoris.
-Para, para, para, para, para, para, para, para, para, para, para... ¡Se me funden los plomos!
Tercera parte
Apareció Luisa en la puerta de la habitación, con su gargantilla de oro, sus pulseras, sus anillos y sus pendientes. Su traje de chaqueta pantalón de color verde de Pablo Encinar, sus zapatos de tacón de aguja de Chritian Loubutin y con una pala de cocinar de madera de olivo en la mano derecha, con la que daba toquecitos en la palma de la mano izquierda.
-Los plomos te los voy a fundir yo, puta.
Loli al verla se quitó la polla del coño y se sentó en la cama. Luisa se quitó la chaqueta, tiro con ella en el piso, se fue hacia su hermana, y le dijo:
-Parece ser que no te dolía mucho, zorra.
Loli, al ver como se acercaba a ella sin dejar de dar toquecitos en la palma de la mano, se puso en el hueco que había entre la cama y la pared. Luis le dijo a su esposa:
-No le toques o te descubro.
Le cayó un palazo en el muslo de la pierna derecha.
-Lo que te dije era para saber si lo que sospechaba era cierto, y lo era.
Gateando por la cama con la pala en la mano se fue a por su hermana. Luis se echó encima de su mujer, le cogió la pala, la tiró al piso, y le dijo a Loli:
-Quítale las medias para atarla.
Luisa se puso hecha una fiera.
-¡Como hagáis eso os espera un infierno en vida!
Loli le quitó los zapatos y después las medias. Le ató con las medias los pies por encima de los tobillos y las manos (a la espalda) se las ató por las muñecas mientras, mientras tanto, Luisa la ponía de puta para arriba.
Luis le dijo:
-O te callas la boca, o te amordazo. Sabes que te va a faltar el aire y...
-¡Calla, cabrón, calla!
-¿Qué te he dicho?
Luisa le tenía pánico a la falta de aire y se calló como una puerta. La sentó con la espalda apoyada en la cabecera de la cama, y le dijo:
-Me vas a ver follar con tu hermana y yo la voy a ver a ella follar contigo.
Loli no comulgaba con su cuñado.
-No te pases, que si por meterle los cuernos me quiere despellejar, por follarla me metería en una caja de pino.
Luisa volvió a hablar. Ya estaba más calmada.
-Primera cosa sensata que he oído hoy, y mejor que pienses así, porque si me llegas a follar, la caja de pino, no, pero de una buena paliza no te ibas a librar.
-Bueno, si es solo una paliza, a lo mejor hasta te follo para que Luis mire, pero antes lo voy a follar a él para que mires tú.
-Seguro que ni eso sabes hacer, zorra.
Luis la volvió a advertir.
-¿A ti no te había dicho que te callaras?
Loli se puso a cuatro patas atravesada en la cama para que Luisa tuviese una buena visión, y después le dijo a su cuñado:
-Le voy a demostrar que follo mejor que ella, y deja que hable lo que quiera
Luisa, con la cabeza girada, pero mirando de reojo, y sin hablar, vio como su marido le echó las manos las tetas a su hermana, como se la metió despacito. Luego vio como la polla salía del coño llena de jugos, y después vio como la polla entraba y salía del coño a una velocidad de vértigo con los movimientos de culo de su hermana.
-Así se folla a un hombre, mojigata.
Continuó follándolo. Al rato decía:
-¡Se me funden los plomos!
Luisa vio como el coño de Loli chorreaba mientras se convulsionaba.
Estaba que echaba por fuera, de hecho ya había echado por fuera porque tenía las bragas mojadas.
Luego de correrse, Loli comenzó a desabotonar la blusa blanca de su hermana.
-¡No me toques, putón!
Luis la volvió a amenazar.
-Es la última vez que te digo que te calles la boca, la próxima, mordaza al canto.
Loli le abrió todos los botones de la blusa y después le quitaron las tetas de las copas del sujetador. Loli le quitó la teta izquierda y Luis le quitó la teta derecha. Le lamieron los pezones y las areolas, le mamaron las tetas... Luego juntaron las lenguas y se besaron. Después, mientras le magreaban las tetas, besaron y lamieron su cuello. A continuación la lengua de Luis buscó su boca. Al hacerle la cobra se encontró con la lengua de Loli. La mujer quiso hablar y la lengua de su hermana entró en su boca. Echó la cabeza hacia el otro lado y queriendo hablar de nuevo, le entró la lengua de su marido. Luego anduvo con la cabeza de un lado para el otro, pero ya fingiendo que quería hablar para que ambos la besaran con lengua. Poco después le dijo Loli a Luis:
-Tú sigue con la boca y con las tetas que yo le voy a comer el coño.
Le bajó la cremallera del pantalón y le quitó del ojal el botón que sujetaba el pantalón. Le desató los pies y después tiró del pantalón hasta que se lo sacó. Cuando le quitó las bragas y vio que las tenía perdidas de jugos, supo que su hermana, si ella no lo evitaba, se iba a correr con media docena de lamidas.
Le separó las piernas, e hizo que flexionara las rodillas sin que Luisa pusiera ningún impedimento. Le abrió el coño con dos dedos, vio como lo tenía de jugos, y le dijo:
-¡Qué coño más rico tienes, hermanita!
Le enterró la lengua en el coño. Luisa levantó la pelvis, gimió y después le enterró la lengua en la boca a su marido.
Loli lamió su clítoris con la puntita de la lengua, despacito, despacito, despacito, y cada vez que Luisa movía la pelvis levemente y soltaba un gemido, le apartaba la lengua.
-No te voy a hacer correr hasta que me lo pidas.
-Ni lo sueñes, no te voy a pedir nada, ya bastante hago con dejarme.
Luis no se rebotó porque volviera a abrir la boca, ya que estaba disfrutando de ella.
Loli le volvió a enterrar la lengua en el coño, después se la sacó y siguió con la dulce tortura.
Estuvo así hasta que Loli vio que su hermana se corría sin remedio.
-Pídemelo.
Luisa ya no pudo aguantar más.
-¡Haz que me corra, haz que me corra!
Lamió el clítoris a toda mecha y presionado con la lengua contra él. Luisa, chupándole la lengua a su marido, se corrió como una perra.
Al acabar de correrse Luisa, Luis se echó encima de Loli, le dio a mazó y segundos antes de que le llenara el coño de leche, dijo Loli:
-¡Se me funden los plomos!
Luego de correrse le soltó las manos a su esposa, y les dijo:
-Ahora voy a echar una meada, no os peleéis.
Después de irse, Loli besó con lengua a su hermana, y después le dijo:
-Gracias por compartir a tu marido conmigo, hermanita.
-No me vuelvas a besar, que si nos ve se dará cuenta de que estamos liadas.
-Y bien liadas que estamos.
-Calla que te puede oír.
Aquí lo dejo, el resto de la historia es fácil de imaginar.
Quique.




