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Vaciar todo

¿Te han hecho alguna vez una doble penetración?

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José
(@quique)
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Iniciador del debate   [#2092]

 Nadie que no estuviera allí se puede imaginar el revuelo que causó ver llegar un Citroën DS a la plaza de la aldea. Aquel coche negro, grande, con grandes faros, parecía venir del futuro, y cuando bajó de él un hombre de unos cuarenta años, alto, guapo, delgado, que tenía un bigote con las puntas hacia arriba y vistiendo un traje marrón con rayas negras, a todas las mujeres se les hizo el coño agua.

Había aparcado el Tiburón delante de la tienda de la aldea, entró en ella y, en un español con marcado acento francés, le preguntó a Jacinta, la tabernera, que era una viuda de algo más de cuarenta años y aún potable: 

—¿Sabe quién me puede alquilar una habitación con baño? 

—Yo misma, pero el baño, como no te lo des en el pilón, mal te veo. 

—¿Cuánto me costaría por un mes la habitación y tres comidas diarias?

 —No sabría qué cobrarle. 

—¿Le parecen bien tres mil pesetas?

A Jacinta le pareció demasiado, pero no se lo dijo; lo que le dijo fue: 

—Me parece muy bien.

En fin, que el francés, que era pintor, al final se quedó en la aldea casi tres meses, en los que se iba al monte, al río, al campo y pintaba paisajes. 

Siempre llevaba una bata azul y una boina del mismo color, un caballete debajo de un brazo, un lienzo debajo del otro y un maletín con las pinturas en la mano.

Un día que estaba pintando en el monte, vio a una joven llamada Asunción montada en un caballo negro, caballo al que llevaba por las riendas su hermano Amancio. Los miró, se sacó la boina para saludar a Asunción y luego siguió a lo suyo.

Al día siguiente iba Amancio montado en el caballo y le dijo: 

—Garsón, tengo una proposición para ti.

Amancio, que era un joven larguirucho, moreno y apuesto, bajó del caballo y fue a su lado. 

—No me llamo Garsón, mi nombre es Amancio. 

Sonrió, y luego le dijo: 

—Tengo mil pesetas para ti, Amancio.

El joven pensó en lo malo. 

—¿Es una proposición indecente? 

—No.

Abrió un libro y le enseñó una foto donde se veía a una joven de cabello largo, desnuda, con la cabeza gacha, montando un caballo blanco que estaba todo engalanado. 

—¿Y esa quién es? 

—Es la Lady Godiva, de Collier. 

—De coller está, pero non creo que se deixe coller (De coger está, pero no creo que se deje coger).

El francés no entendió ni papa. 

—Deja que te explique, este es un cuadro muy famoso, y con la fille que montaba ayer tu caballo podría hacer una obra de arte parecida; tú solo tendrías que poner el caballo, convencerla y te ganarías las mil pesetas. 

—Verás, francés... 

—Bastien.

—Pues verás, Bastien, las mil pesetas son muy bonitas, pero la fille esa no se va a desnudar para que la pintes y, si le digo a nuestro abuelo que me has ofrecido mil pesetas por pintar a mi hermana desnuda, te pinta a ti la cara. 

—¿Eres su hermano? 

—Eso dice mi madre.

 —Eres el más adecuado para convencerla. Dile que le pagaría seis mil pesetas. Tú estarías presente para que veas que no hay mala fe. 

—Pero vería otra cosa. 

—Seis mil pesetas por ser mi modelo, no creo que esté mal. Además, podría pasar a la posteridad.

—A la posteridad pasaríamos tú y yo si mi abuelo se enterase de que mi hermana se desnudó para que la pintaras con mi colaboración. 

—¿Entonces no se lo vas a decir? 

—No, si yo decir, se lo digo, pero voy a pinchar en hueso.

Amancio dejó el caballo atado a una estaca y fue a hablar con su hermana, a la que encontró barriendo de la puerta de su casa hacia fuera.

Sentados en un banco de piedra que había arrimado a la casa, le contó lo que le había dicho Bastien.

 —... Pero ya le advertí que tú no te ibas a prestar a ser su modelo.

Asunción era una joven morena, larguirucha, delgada, con el cabello marrón y largo y con poco de todo, como la del cuadro. Era dos años mayor que Amancio y, como la del cuadro, era preciosa. Le dijo a su hermano: 

—Eso de ser modelo suena muy bien y las seis mil pesetas, en calderilla, sonarían mejor que las maracas de Machín. 

—¿¡Vas a posar desnuda?! 

—Si tú estás allí, sí, eres mi hermano y me defenderías en caso de que el francés se quisiera propasar.

Al día siguiente, en un pequeño campo que había entre matorrales, Asunción estaba montada en el caballo con el cabello suelto y la cabeza gacha, una mano agarrando su cabello y con la otra agarrando la crin del caballo. 

Amancio estaba cogiendo al caballo por las riendas para que no se moviera, pero el caballo no paraba de mover las patas.

Bastien era un profesional, pues todas las veces que fue junto a Asunción para ponerle la cabeza y las piernas como él quería, no se le notaba ningún bulto bajo la bata.

Amancio se aburría y le preguntó: 

—¿Es verdad que las francesas son muy calientes? 

—Ese no es tema para hablar estando tu hermana sin ropa.

Amanda también se aburría. 

—Por mí, respóndele que no me voy a violentar. 

—Si no te importa... No son ni más ni menos calientes que las españolas; lo que son es más atrevidas. Si quieren que le comas el chocho y que se la metas en el culo, te lo dicen. 

—No son muy calientes, son muy putas; eso que acabas de decir es una cochinada muy gorda. 

—Yo creo que eso es imprescindible en el buen sexo.

A Asunción le interesaba el tema. 

—¿Y qué más les gusta?

 El ménage à trois, entre otras cosas.

 —¿Qué comida es esa? 

—No es una comida, es algo bastante fuerte.

Asunción quería saber.

—Habla de lo que quieras, no me voy a escandalizar. 

—Si tú lo dices, allá va. En el ménage à trois: lo mismo puede comer dos pollas la chica que comerle el coño a ella un chico y otro comerle las tetas, o comerle el culo uno y el coño el otro. En un ménage á trois puede pasar de todo, incluso mamarla ellos o darse por detrás. 

Amancio entró de nuevo en la conversación.

—Los franceses sois muy guarros...

Asunción no dejó que su hermano dijese nada más.

—Son muy suyos, Amancio, son muy suyos. 

—Tiene razón tu hermano, somos muy guarros. A mí en especial me gusta el rapport sexuel a la omelette.

Amancio sintió curiosidad. 

—¿Y eso qué es? 

—Si os lo dije en francés es para que no lo entendierais. 

Asunción también sintió curiosidad. 

—¿Es muy guarro lo que te gusta hacer? 

—Sí, pero vamos a dejar de hablar de cosas calientes, que soy pintor, pero no soy de piedra. 

—¿Te gusta mi hermana?

 —Sí. ¿A ti no te gusta? 

—Sí, pero es mi hermana. 

—Tú lo has dicho, es tu hermana, no es la mía; con la mía hice mi primer trío con dos mujeres.

Ese día Asunción estuvo posando más de cuatro horas y en ese tiempo, como el caballo no dejaba de moverse, al frotarse el coño con el lomo, se mojó tanto que Bastien vio varias veces cómo de su pie izquierdo caían gotas de jugo sobre la hierba.

 Antes de que se hiciera de noche, Bastien le sacó varias fotos a Asunción, y luego les pagó lo prometido. Asunción, luego de coger el dinero, le dijo:

—Ven esta noche a cenar a nuestra casa y allí dinos qué guarrada es esa que te gusta hacer. 

—Hablas como si no tuvierais padres.

—Tenemos, pero están trabajando en Alemania. 

—Si voy, es para hacerla.

Asunción quería follar con él.

—En este caso te cobraría la cena. 

—¿Y cuánto sería? 

—Mil pesetas más. 

—No hay problema. 

—¿Qué quieres que haga de cenar? 

—Tortilla francesa.

Amancio no estaba de acuerdo con su hermana.

—No te reconozco, Asunción. ¿Le vas a cobrar como si fueras una puta?

—Tú lo has dicho, como si fuera.

Bastien le preguntó a Asunción: 

—¿A qué hora voy? 

—A las diez.

Asunción y Amancio volvieron a la aldea montados en el caballo. Amancio iba delante y Asunción detrás, con sus brazos rodeando el cuerpo de su hermano. Asunción, al ir el caballo al paso, y hacer que su coño se frotara contra el lomo, se encendió tanto, que le dijo: 

—Para en algún sitio, Amancio, para que estoy muy mal. 

—¿Qué te pasa? 

—Que estoy mal.

Amancio detuvo el caballo y giró la cabeza. 

—¿¡Cómo de mal?! 

—Muy mal.

—¡¿Pero qué te pasa?! 

—Que me voy a correr.

—¿Quieres bajar y hacerte una paja?

—Ni paja ni hostias, quiero que me la metas. 

—¡¿Estás loca?!

Le echó las manos a la polla morcillona. 

—Sé que me deseas. 

—Ese francés nos hizo mucho daño. 

—Baja, coño, baja, que me voy a correr sola.

Bajaron del caballo y se metieron entre unos matorrales. 

Asunción se bajó las bragas y se levantó el vestido. Amancio, de pie, detrás de su hermana, le echó las manos a las tetas, le metió la punta de la polla en el coño y Asunción ya se corrió. Amancio la quitó, retiró la polla y se corrió en una nalga.

Asunción, subiendo las bragas, le dijo: 

—¡Qué ganas de correrme tenía!

—Anda, que yo...

A las diez en punto llegó Bastien a casa de los hermanos con su boina, su bata, su lienzo y el maletín; llamó a la puerta, Amancio le abrió, cerró la puerta y le preguntó: 

—¿Para qué traes el material? 

—Para que la gente que me vio venir y entrar en la casa piense que voy a pintaros.

Asunción había hecho cuatro tortillas francesas con tres huevos cada una, pues siempre decía que era mejor que sobrara a que faltara.Estaban sobre la mesa junto a una jarra de vino tinto, pan y el resto de cosas. 

—Has sido puntual, francés. 

—Bastien. 

—¿Te llamas bastón?

Bastien puso sus cosas en una esquina, se quitó la bata y luego puso un billete de mil pesetas sobre la mesa. 

—En español es Bastian, pero yo he venido a lo que he venido. 

—Cada cosa a su tiempo. 

—El tiempo de la acción ya llegó. 

—Bueno, pagar, ya has pagado.

Bastien agarró a Asunción por la cintura, la apretó contra él y le metió un beso con lengua que la dejó acalorada, ya que no había sido besada por un hombre. 

—Vamos con el rapport sexuel a la omelette.

Amancio le paró los pies. 

—Antes dinos eso en cristiano, para que nos enteremos de qué va.

Asunción le paró los pies a su hermano: 

—Tú te callas o vas a dormir al establo.

Bastien no quería ruidos.

 —Está bien que lo sepáis; la rapporta sexuel á la omelette significa: relación sexual a la tortilla. 

—Interesante.

Bastien sacó la polla morcillona, que era el doble de gruesa que la de Amancio. Los hermanos, atónitos, vieron cómo cogía una tortilla francesa y la enrollaba en la polla. 

—¿Quién empieza a comer?

Amancio dio un paso atrás. Asunción le dijo: 

—Esto es más guarro de lo que yo pensaba, pero yo como.

Asunción se puso en cuclillas y comenzó a comer la tortilla. Cuando llegó a la cabeza, lamió y chupó para no morderla. La polla se fue poniendo dura. Siguió lamiendo y chupando hasta que Bastien le metió la tortilla que quedaba en la boca; luego de comer, le metió la polla tiesa en la boca y Asunción se la lamió y se la chupó.

Amancio tenía un empalme brutal y estaba deseando empezar a jugar.

Asunción se levantó. Bastien le preguntó: 

—¿Preparada para gozar, bonita? 

—Nací preparada.

Desabotonándole la blusa blanca, le dijo a Amancio: 

—Quítale la falda y las bragas.

Amancio se puso manos a la obra. Asunción acabó en pelotas. Bastien le dijo: 

—¡Qué cuerpo más bonito! 

—Me gusta que te guste.

Bastien cogió otra tortilla francesa y se la restregó en las tetas y en el coño. 

—Hazle tú lo mismo en el culo con otra tortilla, Amancio.

Le dejaron el culo y el coño pringados de aceite. Luego Bastien, comiéndole las tetas, le dijo a Amancio: 

—Lame el ojete de tu hermana. 

—Yo no voy a hacer eso.

Asunción ya estaba perra perdida: 

—O lames o te vas.

A Amancio no le quedó más remedio que lamer.

Bastien, luego de magrear y de mamar sus tetas, de lamer y de chupar sus erectos pezones y sus rosadas areolas, se puso en cuclillas y bajó al coño; solo tres lamidas fueron suficientes para que Asunción se corriera en su boca entre fuertes convulsiones.

Luego de correrse, cogió la tortilla que quedaba, la enroscó en la polla de su hermano y le dijo a Bastien:

 —A ver si eres tan guarro como para comer esta tortilla.

Bastien se agachó y le metió un bocado a la tortilla que le dejó la cabeza de la polla al descubierto. Luego de tragar, le mamó la polla, Asunción se la levantó y comió la tortilla que tenía junto a los huevos, Amancio se corrió como un burro y el guarro de Bastién se tragó la leche.

Luego, para enjuagar la boca, echó un vaso de vino y se lo mandó de un trago. Asunción, que acababa de patinar, les dijo: 

—Tenemos que salir de la cocina porque aquí se resbala con el aceite.

Bastien le dijo a ella: 

—Yo voy a donde tú quieras.

Fueron a la habitación de Asunción. Junto a la cama, Bastien le preguntó:

—¿Te han hecho alguna vez una doble penetración? 

—Ni doble ni sencilla, me metieron la puntita y nada más.

—En ese caso habrá que ir con cuidado. Toca desnudarnos, Amancio.

Se desnudaron. Asunción se echó en la cama con el cuerpo oleado. 

—¿Y tú sabes comer un chocho, Amancio? 

—No. 

—Métete entre las piernas de tu hermana.

Se metió. Bastien le abrió el coño baboso con dos dedos y le dijo: 

—Lame sus labios. 

Amancio se incorporó. 

—¿Qué haces? 

—Voy a lamerle los labios. 

Le señalo los labios vaginales. 

—Estos labios.

Le lamió los labios babosos. 

—Mete y saca la lengua del agujero de su chocho.

Eso sí sabía dónde estaba, más que nada porque lo tenía delante. Dejó que se lo follara bien follado y, cuando Asunción ya estaba gimiendo, le quitó la cabeza del coño y le señaló el clítoris. 

—Este es el clítoris, aprieta la lengua contra él, lame de abajo arriba y luego muévela alrededor.

No llegó a mover la lengua alrededor porque Asunción se corrió antes.

Luego de hacer que se corriera su hermana, Amancio tenía cara de satisfacción y Bastien un empalme bestial.

Cuando Amancio se quitó de entre las piernas, Bastiem se arrodilló entre ellas. Le levantó las nalgas con las dos manos y le metió y le sacó casi toda la cabeza de la polla una treintena de veces. 

—¿Quieres que te meta más polla? 

—Mete.

Le clavó la cabeza de la polla. 

—¡Puffffff! 

—¿Sigo metiendo? 

—Sigue. 

Entre pufffff y pufffff le acabó metiendo toda la polla en el coño. Con toda la polla dentro, la puso encima de él y se estuvieron besando con lengua un buen rato. 

Amancio se sentía desplazado y decidió participar, lamiéndole el ojete a su hermana. Cuando Bastien lo vio, le dijo: 

—Fóllale el culo como le follaste el coño.

Le metió y le sacó la lengua en el ojete. Asunción bajó y subió el culo y al  rato se corrió como una loba.

Al correrse, su coño se engrasó, y entre el engrase y que se había dilatado, Asunción pudo empezar a follar a Bastien. El francés estaba quieto como un muerto, aunque los muertos no besan, y él le seguía comiendo la boca. 

Amancio se arrodilló en la cama y le dio la polla a mamar a su hermana, polla que acabó mamando ella y el francés. 

Asunción comenzó a follarlo despacio, metiendo y sacando centímetros de polla, pero al rato ya la metía y sacaba casi toda, y fue cuando le dijo Bastien a Amancio: 

—Métesela en el culo cuando ella saque mi polla y sácala cuando la meta yo.

Se la metió y ya se corrió dentro del culo. A Asunción le pareció que le había roto el culo, pero pasado un tiempo, con el coño y el culo lubricados, empezó a sentir placer. El placer fue en aumento y cuando se corrió, dijo por primera vez: 

—¡¡Me corro, me corro, me corro, me corro!! 

Corriéndose, le llenaron el coño y el culo de leche, y suerte tubo de no quedar preñada.

No volvieron a follar con el francés; ya sabían cómo pasarlo bien ellos solos. 

Quique

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