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Vaciar todo

Tengo unas ganas locas de que me desvirgues, mamá

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José
(@quique)
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                                             I

Mi nombre es "Enriqueta" y os voy a contar algunas cosas de mi vida sexual.

Jacobo, que era mi primo carnal, había entrado en un seminario menor de Orense a los doce años. Siete años después falleció su padre y tuvo que enfrentarse a un gran dilema, dejar el sacerdocio y casarse conmigo o perder el  pazo y las tierras del marquesado, o sea, se tenía que casar conmigo por el dinero de mi dote, que dicho sea de paso, era una cifra muy, pero que muy jugosa. 

Jacobo llegó a su pazo vestido con sotana, Luisa, la vieja sirvienta que lo había criado hasta los doce años, se llevó la alegría de su vida, pues detestaba que lo hubieran metido en el seminario. Con una sonrisa en los labios, le dijo:

-Bienvenido a casa, señor conde.

-Gracias, Luisa.

Llegaron a un gran salón y allí vio el féretro, y a su lado, sentada en una silla, vio a su madre, que era una mujer maciza, de treinta y nueve años, de estatura mediana, ojos negros, cabello de color negro azabache que le llegaba a la cintura, que tenía las tetas grandes, cintura normal, caderas anchas y un buen culo. Vestía un vestido negro de cuello de pico, largo y flojo, y calzaba unos zapatos negros. Mi tía se levantó de la silla donde estaba sentada, le dio un abrazo, y con lágrimas en los ojos, le dijo:

-Nos abandonó demasiado pronto, hijo.

Jacobo miró dentro del féretro y vio a su padre muerto, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

Se sentó en otra silla al lado de su madre, y le preguntó:

-¿Cómo murió, mamá?

Había muerto corriéndose dentro de ella, pero  le dijo lo mismo que certificó el médico:

-De un ataque al corazón.

-¿Dónde le dio?

-En la cama.

-¿Durmiendo?

La mujer rompió a llorar con más ganas recordando cómo había muerto su marido, luego secándose las lágrimas en un pañuelo, le dijo: 

-No, estaba despierto.

Mi primo, que era un joven guapo, de piel blanca, de ojos marrones, cabello negro y rizado, larguirucho y muy flaco, le dijo:

-¿Cómo es que no estás más que tú velándolo?

-Me había dicho que si le pasaba algo quería que solo tú y yo estuviéramos en su velatorio.

Volvió a llorar. Jacobo le dijo:

-Será mejor no hablar más de su muerte hasta que pase un tiempo

-Sí, va a ser mejor.

En los días siguientes, además del entierro, que fue multitudinario, ocurrieron muchas cosas, entre ellas, Jacobo, me iba a volver a ver a mí.

Llegó al chalet de mis padres para verme. Lo recibí en la piscina y luciendo un biquini que dejaba muy poco para la imaginación. Ni me levanté de la hamaca cuando llegó a mi lado acompañado de una de mis  sirvientas. Me dijo:

-Hola, Enriqueta.

-¿Has venido a hablar de la boda?

-No, he venido a decirte que no me voy a casar contigo.

Me bajé un poco las gafas de sol, lo miré de abajo a arriba. Venia vestido informal, con vaqueros, camisa blanca y playeras. Le dije:

-Ya lo has dicho.

-Veo que casarte conmigo te hacía tanta gracia como a mí casarme contigo.

-Por lo que se ve, sí, pero ahora que te miro, la verdad es que me hubiera gustado conocerte en profundidad.

-Conocerme en profundidad sería un incesto.

 -Si me dieran un dólar por cada primo que se folló a su prima en la historia de la humanidad, sería el doble de rica de lo que soy.

No quiso saber más del tema.

-Bueno, me voy. Fue un placer volver a hablar contigo después de tantos años.

-Oye.

-¿Qué? 

Le iba a preguntar si cenábamos un día para conocernos mejor, pero viendo venir el no, acabé por decirle:

-No, nada.

Se fue y yo seguí tomando el sol.

                                          II

Un sábado por la noche, Jacobo y su madre, después de haber cenado, de haber bebido algo de más y sentados en sus respectivos sillones en el gran salón, charlaban.

-... ¿Recibiste las cartas y las fotos que te mandé?

En el seminario debían de dar clases de teatro, ya que mi primo era un experto mintiendo y fingiendo ser lo que no era.

-Las cartas, si, las fotos, no, no están permitidas las fotos de mujeres en el seminario.

-¿Por qué?

-Son las reglas.

-¡¿No puedes tener ni la foto de tu madre?!

-No.

-Por lo de la tentación, supongo...

-Supones bien.

-Pero la foto de una madre... En fin. ¿Qué has decidido, volver al seminario o quedarte y salvar esta propiedad?

-La propiedad a la que yo aspiro no es de este mundo.

Rosana, que llevaba puesto un vestido negro que le llegaba a los tobillos, unas medias negras y unos zapatos negros, le dijo:

-En ese caso, supongo que tendré que buscarme la vida lejos de aquí.

-No había pensado en ti. 

Rosana se hizo la víctima.

-Es normal, a nadie le importo.

-No digas eso. Cuéntame como surgió la idea de que salvar el marquesado con una boda.

-Primero te diré como se arruinó tu padre. 

-Eso ya me lo habías dicho en una carta.

-Pero no te dije que fue en el casino de tu tío Gervasio. 

-¿Le hicieron trampas?

-Supongo que sí, pues perdió todo su dinero jugando al poker mano a mano con tu tío.

-¿Y eso qué tiene que ver con la boda?

-Tu tío quería ser marqués, y como él no pudo, quiere que su hija sea marquesa, y de paso...

-¿Y de paso, qué?

-Y de paso follar conmigo. Siempre quiso follar con la mujer de su hermano.

-Siempre fue muy envidioso.

-Y muy falso. ¿Vas a hacer algo?

Jacobo puso cara de pensar.

-No sé, los caminos del Señor son inescrutables, quizá me esté poniendo a prueba, pero es que yo de mujeres...

-Es natural, has vivido encerrado.

-Si decidiera sacrificarme por ti...

Rosana no lo dejo terminar de hablar.

-Si decidieras sacrificarte por mí, te podría enseñar todo lo que quieras saber sobre mujeres.

-¿Me lo enseñarías todo?

-Sí, puedes empezar a preguntar.

-¿Las mujeres tienen pelos en el sexo?

-¿Para qué quieres saber eso?

-Porque si tienen pelos, al meter el miembro por el conducto urinario podrían entrar los pelos con el pene y causarles dolor.

Rosana se aguantó la risa.

-¡Madre del amor hermoso! Estás más verde de lo que yo pensaba.

-¿Tienen o no tienen?

-Si no los afeitan, sí.

-¿Es que hay mujeres que afeitan el sexo?

-Para qué preguntas si te lo acabo de decir.

-¿Tú te los afeitas?

-No.

-Enséñame tu sexo.

-Soy tu madre, y eso sabes no lo puedo hacer. Se nos podría ir la cosa de las manos. No puedo abrirte los ojos porque..., ya sabes.

-No, no sé, y quisiera saber.

-Conmigo, no, hijo, prefiero ir pidiendo limosna por las calles a cometer un incesto con mi hijo. Me voy para mi habitación.

                                           III

Mi primo, el "inocente", era un cabrón de mucho cuidado. Cuando le dijo lo de abrir los ojos, recordó lo de la monja de un convento que había al lado del seminario. Esta monja le había abierto los ojos... Os voy a contar lo que pasó y luego vuelvo con Jacobo, su madre, y por supuesto, conmigo, que también tengo mi historia, una historia que se las trae.

Pasaban de las tres de la madrugada cuando Jacobo entró en la biblioteca del seminario para coger un libro de los prohibidos, del que ya había leído la mitad, el libro en cuestión era: El Decamerón. Al entrar en la biblioteca vio al fondo la luz de una vela. La portaba uno de los curas que le daban clase. Vio que empujó un libro de una estantería y este abrió una puerta por la que se perdió el profesor y por la que luego entró Jacobo. Al otro lado de la puerta había un túnel. Jacobo siguió en la distancia al profesor y acabó llegando a otra biblioteca... Iluminados por la vela, vio al cura clavándosela por detrás a una monja, que debía tener unos veinte años menos que él. No perdían el tiempo. Sin hacer ruido se metió detrás de un mueble de la biblioteca para espiarlos y hacerse una paja. Allí se encontró con una monja jovencita con el hábito levantado y las bragas bajadas que miraba como follaban el cura y la monja. Al verlo se llevó un susto de muerte. Jacobo se acercó a la monja, que en bajito le dijo:

-No, hermano, no.

Jacobo la tiró al piso, fue a por su boca, le dio un pico y luego susurró en su oído:

-Sí, hermana, sí.

La monja lo miró en la penumbra y le gustó lo que estaba viendo.

-Que sea lo que tenga que ser.

Le metió la lengua en la boca y Jacobo supo que había otra clase de besos, unos besos que le pusieron la polla dura cómo una piedra. La monja era como la otra, no le gustaba perder el tiempo, le sacó la polla , se quitó las bragas, le quitó a él la sotana, subió el hábito, lo montó, frotó la polla en el coño mojado, luego bajó el culo, metió el glande y se desvirgó ella y lo desvirgó a él. Luego la fue metiendo despacito hasta que le llegó al fondo del coño. Después lo folló con una lentitud pasmosa, pues la polla entraba y salía tan apretada que tenía miedo a romper el coño del todo... Tiempo después, ni miedo ni ostias, la monja sintió que le venía y movió el culo con celeridad y se corrió. Ahogó sus dulces gemidos chupándole la lengua a Jacobo. Luego de correrse ella, Jacobo, la sacó y se corrió en sus nalgas.

Con esta monja, y en multitud de noches, aprendió todo lo que necesitaba saber para qué una mujer quedara satisfecha.

                                        IV

Rosana, vistiendo una enagua negra, fue a la habitación de Jacobo. La enagua transparentaba y se veían sus bragas negras y sus voluminosas tetas, tetas que sobresalían del negro sujetador. Se sentó en en el borde de la cama y le dijo:

-He cambiado de opinión, no me veo pidiendo limosna por las calles. ¿Por dónde íbamos?

Jacobo, que se había sentado en la cama, le respondió:

-Te había pedido que me enseñaras el sexo.

-Antes de enseñarte el coño quiero ver una cosa.

-¿Qué cosa?

-Saca la polla y mastúrbate.

Le mintió con descaro.

-No sé masturbarme.

Rosana se quedó anonadada.

-¡¿Nunca te has masturbado?!

El golfo le respondió:

-No. 

-Pues te engañaron, nadie se queda ciego por masturbarse. 

-¿Tú te masturbas?

-No estamos hablando de mí.

-¿Eso es un sí?

-Un no, no es.

-¿Sabes cómo se masturba un hombre? 

-Estuve casada con tu padre.

-Yo una vez quise masturbarme aún sabiendo que me podría quedar ciego, pero no pasó nada. 

-A ver muéstrame como lo hiciste.

Jacobo se quitó el calzoncillo, se arrodilló sobre la cama, sacó la polla empalmada, una polla de unos quince o dieciséis centímetros y regordeta, la cogió con el dedo pulgar e índice y la acarició con ellos yendo de arriba a abajo y de abajo a arriba. Rosana estuvo mirando un par de minutos, esperando a que la empuñara, pero cómo no la empuño, le dijo:

-No me extraña que no pasara nada, así no se hace.

-¿Cómo se hace?

-Ponte boca arriba sobre la cama con la cabeza apoyada en la almohada.

Se puso cómo le había dicho. Rosana empuñó la polla, la apretó y movió su mano de arriba a abajo y de abajo a arriba. Al rato le dijo:

-Cierra los ojos y piensa en una chica que te guste.

Un par de minutos más tarde volvió a la carga.

-Imagina que mi mano es su coño.

Jacobo comenzó a echar el culo hacia arriba y a bajarlo para follar la mano, mano que por un momento dejó de moverse.

-¿Qué piensas ahora?

-Que estoy copulando contigo, mamá.

-No debías pensar en mí, pero ya que lo haces, no digas que estás copulando conmigo, di que me estás follando.

-Te estoy follando, mama, te estoy follando. 

Lo masturbó a una velocidad vertiginosa y Jacobo se corrió soltando un chorro de leche que salió disparado hacia el techo, a este chorro siguieron varios chorros más pequeños.

Al acabar de correrse, lo limpió con la sábana, y luego le dijo:

-Ya sabes como se hace una paja. 

-¿Me enseñas ahora tu sexo?

-Te voy a enseñar mi coño y algo más.

Rosana se puso en pie, quitó la enagua negra, el sujetador y las bragas. Jacobo vio su coño peludo y sus esplendorosas tetas, con grandes areolas rosadas y magníficos pezones. Su polla se puso de nuevo mirando al techo.

-Desnuda, te ves maravillosa. ¿Por qué tienes los pezones mirando hacia arriba como mira mi polla?

-Porque estoy muy excitada.

-¿Cómo se sabe cuando una mujer está muy excitada?

Se metió en cama y se echó a su lado.

-Pasa dos dedos por mi coño.

Los pasó.

-Está resbaladizo.

-Mira ahora los dedos.

Los miró y vio que estaban pringados con un líquido que era como el de la clara de un huevo.

-¿Qué es esto?

-Son los fluidos que segrega la vagina para lubricarse, y eso sucede cuando una mujer se calienta.

-Quiero saber más cosas.

Rosana estaba deseosa de enseñarle.

-Te voy a enseñar a hacer feliz a una mujer.

-¡¿Vamos a copular?!

 -Sí, vamos a follar, pero antes tienes que aprender más cosas.

Le cogió las manos y se las llevó a las tetas.

-Están esponjosas.

-Dales un masaje.

Comenzó a magrearle las tetas.

-Esto es excitante.

-Sin dejar de masajear, lame las areolas y los pezones y después chupa mis tetas.

Jacobo seguía las instrucciones al pie de la letra, y se cuidaba muy mucho de no poner nada de su cosecha. Pasado un tiempo, Rosana, se arrodilló poniendo las rodillas a ambos lados del cuerpo de su hijo, abrió el coño con dos dedos de su mano derecha y con un dedo de la izquierda le fue señalando las partes de su coño.

-Estos son los labios vaginales, esta es la vagina, que es por donde entra la polla, el agujerito es por donde orino y este de aquí arriba es el clítoris.

Un par de gotas cayeron del coño y fueron a parar sobre el cuello de Jacobo.

Rizó el rizo de la mentira cuando le dijo:

-Tengo unas ganas locas de que me desvirgues, mamá.

La ilusa se creyó que era virgen.

-Y yo de desvirgarte, pero antes te voy a enseñar algo.

Le puso el coño en la boca y le dijo:

-Te voy a enseñar cómo se masturba una mujer. 

Rosana juntó tres dedos de su mano derecha, los metió dentro del coño, los sacó y luego acarició con ellos el clítoris, lo acarició, moviendo los dedos alrededor, hacia los lados, de abajo a arriba y de arriba a abajo, y mientras se masturbaba, magreó las tetas con la mano izquierda. 

-Mastúrbate tú también.

Jacobo empuñó la polla y comenzó a darle cera. Al  ratito el coño empezó a gotear en sus labios. Jacobo pasó la lengua por ellos, Rosana lo vio, y le dijo:

¿Sabes que nos gusta mucho a las mujeres?

-No. ¿Qué os gusta?

-Que nos laman el coño.

-¿Te lo lamo?

Sin dejar de masturbarse, le dijo:

-Sí, pero un coño no se lame de cualquier manera.

-Instrúyeme.

-Abre mi coño con dos dedos y lame los labios, primero uno,  después el otro y luego los dos juntos. Lámelos hasta que yo te... ¡Ay, ay que me corro!

Sin llegar Jacobo a lamerle el coño, su madre le dio una copiosa corrida en la boca. Él pulió la polla con ganas y también se corrió.

Al acabar de correrse, y luego de descansar, le volvió a limpiar la leche.

-¿Quieres que te la mame?

-Sí.

Al  hablar de mamar me acordé de algo que os voy a contar y luego sigo con Jacobo y su madre.

                                     V

Yo tampoco soy una santa. A  ver, follar no follé mucho, pero soy muy coqueta y muy caliente. Os voy a contar un caso de coquetería extrema.

Un día fui de compras a unos grandes almacenes. Llevaba puesto un short, una blusa anudada, y unas sandalias con un buen tacón. Tenía un vestido en la mano, estaba enfrente de un espejo y miraba cómo me quedaba. En el espejo apareció la cara de un empleado de la limpieza que aparentaba tener unos cuarenta años. El hombre llevaba una escoba y un recogedor en la mano derecha. Su vista estaba clavada en mi culo. Al girarme y mirarlo se fue volando. Me quedó la boca dulce y volví varias veces a ese espejo. Todas ellas el cuarentón me miraba el culo y al girarme para hablar con él, se iba pitando, pero la última no se fue, creo recordar que fue la cuarta. Le pregunté:

-¿Le gusta lo que has estado viendo?

-Sí, señorita, usted me alegra el día cada vez que viene.

Sonriendo, le dije:

-Gracias.

-Es que con tan bonita vista...

Regresé el vestido a su sitio sabiendo para donde estaba mirando el hombre. Le dije:

-Siento sus ojos clavados en mi culo.

-Es que tiene un culo perfecto.

-¡Qué adulador es!

Lo volví a mirar y me dijo:

-¿Puedo hacerle una pregunta atrevida?

-¿Qué tan atrevida es?

-Muy atrevida.

-A ver, dígame.

-¿Usa tanga de hilo o no usa nada? Es que no se le marca.

-Vaya pregunta, pero le voy a responder para no dejarlo con la duda. La mayoría de las veces uso tanga de hilo.

-¿Quiere eso decir que la lleva ahora?

-Sí, así es.

-¿Y de qué color es?

-Me salió preguntón, pues es rosa

-Otra pregunta.

-¿Va a decir qué no me cree y quiere que se las enseñe?

-¿Me las enseñaría?

-No, aquí me podrían ver.

-Podría sacarla en otro sitio y regalármela.

-Se la vendo.

-¿En cuánto?

-Está sucia.

Se le notaba la excitación.

-Pida lo que quiera.

Fui al vestidor, me quite la tanga y al salir se la di.

-Tome, se la regalo, espero que la disfrute.

Desde ese día no me lo quité de encima. Un día me ofreció dinero por sexo, sin saber que lo que a mí me sobraba era dinero, pero mira tú por donde, que quise ser puta por un rato.

-... ¿Y en cuanto valora un polvo conmigo?

-Acabo de cobra. ¿Le parece bien la mitad de mi sueldo?

-¿De cuánto estamos hablando? No, no me lo diga, por la mitad de su sueldo, le dejo que vea como me pruebo una vestido, que me coma el coño y le hago una mamada.

No se lo tuvo que pensar.

-Hecho.

Me metí en el vestidor con un vestido rojo. El se metió conmigo y se sentó en un banco que allí había. Me quité mi minifalda roja y mi camiseta blanca. Lo miré, me incliné y le el culo, me quité las bragas y vio mi coño. Cogí el vestido que había colgado en una percha para probarlo, pero no me dio tiempo. El hombre se arrodilló delante de mí, me echó las manos a las nalgas y clavó su lengua dentro de mi coño. Luego, sin llegar a sacarla del todo, lamió mi clítoris, y después la lengua entró y salió lamiendo el clítoris cada vez más aprisa. Cuando la sacó del todo fue para chuparme el clítoris... Segundos más tarde me corrí con una fuerza brutal.

Aún me temblaban las piernas cuando se sentó en el banco, sacó la polla empalmada y comenzó a menearla. Ahora la que me arrodillé fui yo. Empuñé su polla y masturbándolo lamí y chupé con la idea de hacer que se corriera, pero el hombre no se conformó, me echó las manos a las axilas, me puso en pie e hizo que me diera la vuelta. Cómo era obvio lo que quería hacer y yo estaba deseando hacerlo, me senté sobre su polla y lo follé dándole a mazo. Mi culo bajó y subió a mil por hora y en nada me corrí en su polla, me corrí caudalosamente. Como al correrme dejé de darle, comenzó a darme él aún más rápido de lo que yo le había dado... El hombre duró tres o cuatro minutos, pero fue tiempo suficiente para que me volviera a correr. Cuando sentí que se iba a correr él, quité la polla y se la mamé. Al correrse quite la polla de la boca y derramó en el piso del vestidor.

Al acabar le reclamé mi dinero, había sido puta por un rato y quería cobrar. El hombre me pagó, seguro que con la idea de volver a follarme, pero no volví por allí.

                                            VI

Regreso a la habitación. Le dijo Rosana a Jacobo:

-Ponme la polla en la boca.

Le puso la polla en la boca, Rosana la abrió, y sin usar las manos, le hizo una deliciosa mamada..., ya sabéis, lamidas, chupadas..., le hizo de todo. Luego se abrió de piernas y le dijo:

-Métemela despacito que a las mujeres nos gusta sentir como nos va entrando y como nos va llenando el coño.

Le metió el glande centímetro a centímetro. Rosana le echó una mano a la nuca, lo besó, y luego le dijo:

-Si en algún momento notas que te vas a correr, sácala y córrete fuera.

La polla fue entrando hasta llegar al fondo del coño, mientras tanto, la lengua de la madre lamía y chupaba la lengua de su hijo. Rosana le dijo:

-Bésame como te estoy besando yo.

La besó con lengua y luego ya se comieron las bocas con lujuria. Para bajar el soufflé, Rosana, dejó de comerle la boca y le besó y le lamió el cuello, le mordió el lóbulo de las orejas y se las lamió. Jacobo le hizo lo mismo, al acabar ella de jugar, y el soufflé en vez de bajar siguió subiendo.

-Cómeme las tetas y vete acelerando el ritmo de las clavadas.

Con las los brazos estirados y las manos apoyadas sobre la cama, lamió sus pezones y areolas, chupó sus tetas y con la polla entrando y saliendo del coño a cien por hora, Rosana le dijo:

-¡Mira, hijo, mira como se corre mamá!

Jacobo vio como su madre se retorcía, como  se convulsionaba, y oyó como gemía y como jadeaba. Aquella visión hizo que le viniera. Quiso sacarla, pero la madre le echó  las manos a las nalgas, lo apretó contra ella y Jacobo se corrió en el fondo de su coño.

Al acabar de correrse, le dijo Rosana:

-¡¿Qué has hecho?! Puede que me dejaras preñada.

-La culpa es de los dos.

Rosana se enfadó. Yéndose al baño, le dijo:

-La culpa no fue de los dos, la culpa fue mía por jugar con fuego, pero esto no volverá a ocurrir. ¡Que le den por el culo al pazo! Ya  me buscaré la vida.

                                           VII

Era en un día muy caluroso cuando fui al pazo de Jacobo para hablar con Rosana. Iba vestida con un short azul un top rojo y calzaba unas sandalias de tacón alto. Me abrió la puerta Luisa, que era la única sirvienta que no los dejara, y a la que adeudaban un par de meses de salario.

-¿Está Rosana en casa? 

-Sí, pero está tomando la siesta.

-¿Y Jacobo?

-Se fue a Santiago.

-¿A qué?

-No lo sé.

-Échate a un lado que le traigo un regalo a Rosana y no le va a importar que la despierte.

La vieja sirvienta se quitó de la puerta, entré en el pazo y me fui al piso de arriba. Supuse que estaría tomando la siesta en la habitación de matrimonio, y así fue, lo que no esperaba era que estuviera en bragas y espatarrada sobre la cama. Cerré la puerta, le toqué un hombro y se despertó:

-¿Qué haces aquí, Enriqueta?

Se sentó en la cama. Yo quité las sandalias, luego me senté a su lado y le di una cajita envuelta en papel de regalo. 

-Te traigo un regalo.

-¿Por qué?

-Por no venir con las manos vacías.

-No creo que fuera por eso.

-¿Y por que crees que te he traído el regalo?

-Para que te ayude con mi hijo.

-Me has pillado.

-¿Qué regalo me traes?

-Ábrelo.

Lo abrió, sonrió, y luego preguntó:

-¿Me quieres dar un masaje?

Lo que había visto dentro del paquete era un spray con aceite para masajes.

-Había pensado en que me lo dieras tú a mí a mí, pero con una condición.

-¿Qué condición es esa?

-Ya la sabes, que me ayudes a convencer a tu hijo para que se case conmigo.

-A ver, Enriqueta, por lo menos, tendría que masajear tus tetas y sabes que deseo follar contigo hace años.

-A eso he venido, a que me folles.

Rosana me miró para las tetas y se abalanzó sobre mí. Me puse boca abajo para dejarle hacer. Me quitó el short, se sentó sobre mi culo, me levantó el top y me dijo:

-Prometo que voy a hacer que te corras como una loba.

Pilló el spray con aceite para masajes, me eché un poco en la espalda y comenzó a masajearla.

-Tienes la piel muy fina.

-La tengo, pero el aceite aún la hace más fina.

Sus manos masajearon mis tetas y mi coño comenzó a llorar de alegría. Le dije:

-Lo estás haciendo muy bien

Me cogió los pezones entre los dedos, dos dedos de cada mano, y jugó con ellos. Después volvió a masajear las tetas, luego pasó sus manos por mis costillas y a continuación se sentó sobre mis muslos. Me quitó la tanga, echó aceite en mis nalgas y las masajeó... Me estaba mojando mucho y se lo dije:

-No estás calentado a tope.

Luego de masajear bien mis nalgas, sus manos subieron por las costillas hasta las tetas y les dieron otro buen masaje, pezones incluidos, luego bajaron por la espalda hasta llegar a mis nalgas, masajeándolas, sus dedos bajaron hasta mi coño, lo masajearon y cuando los sacó estaban perdidos de jugos. Tuvo la cortesía de no decirme nada. Yo tampoco le dije nada a ella, pero me entraron unas ganas locas de besarla.

-Date la vuelta.

Me di la vuelta y se sentó sobre mis piernas.

Me levantó el top para echar aceite en las tetas. Encontró los pezones muy duros y me dijo:

-Sé nota que te está gustando. 

Me tapé los ojos con las manos, con vergüenza fingida, y no dije nada más, pues era obvio que tenía razón.

Echó aceite en mis tetas y las masajeó. De nuevo jugó con los cuatro dedos en mis pezones, agarrándolos y soltándolos. Lamió y chupó pezones y areolas, y después me preguntó:

-Te gusta así o quieres que te las chupe con más intensidad.

-Así está bien.

-Quita el top.

Me incorporé y lo saqué.

Echó más aceite en las tetas y me las volvió a masajear, esta vez llevó un buen rato masajeándolas. Ya no pude evitar gemir. Rosana me preguntó:

-¿Estás muy cachonda?

-Sí, me has puesto tan cachonda que puede que me corra masajeando mis tetas. 

Se quitó de encima de mí y se sacó las bragas. De lado, me puso el coño en la boca y me dijo:

-Cumple mi sueño.

No era difícil imaginar cuál era su sueño. Le di una lamida, lo saboreé y me supo como el mío. Luego lo lamí unas diez o doce veces. Por  sus gemidos creí que ya se corría. Le pregunté:

-¡¿Ta te vas a correr?!

-No, sigue lamiendo.

Seguí lamiendo y se corrió en mi boca, pero no de cualquier manera, lo hizo a chorros, y no fue orina lo que salió de su coño, fueron jugos mucosos y calentitos que salieron por los lados de mi boca y bajaron hasta mi cuello. La muy falsa me había engañado, y me gustó que lo hubiera hecho.

Al acabar de correrse, estaba agotada, pero aún así, tirando del aliento, lamió mi cara y los jugos de la corrida que habían caído en mi cuello, después me besó con lengua y al final me dijo:

-Ponme el coño en la boca y frótalo contra mi lengua.

Le puse el coño encharcado en la boca, y en nada, pero en nada de nada, me corrí cómo una campeona.

Luego, boca arriba y con mi cabeza sobre sus gordas tetas, le dije:

-Me ayudarás con Jacobo.

-Sí, pero luego de casada quiero que seas mi amante.

-Si me caso con Jacobo, eso dalo por hecho.

Me acarició la cabeza, yo la levanté y le chupé una teta, de esa teta pasé a la otra y acto seguido le metí dos dedos en el coño y la masturbé. Vi como metía un brazo por debajo del cuerpo. A mis dedos los acompañó un dedo suyo, que se metió dentro de otro agujero. Me agarró los pelos y tirado llevó mi boca a su boca. Nos besamos largamente y besándonos sentí cómo su coño apretaba mis dedos.

-¡Me corro, Enriqueta!

Entre convulsiones, y sin quitar el dedo del culo, me baño los dedos con otra tremenda corrida.

Era una gozada tan grande ver cómo se corría que mi cuerpo me pidió una polla a gritos, pero allí no había polla. No podía quedar así, le volví poner el coño en la boca. Rosana me lo lamió un ratito, pero tenia otros planes.

-Prometí que te iba a hacer correr cómo una loba, y yo siempre cumplo mis promesas.

Me apartó de encima de ella, me tumbó boca arriba sobré la cama. Abrió el cajón de abajo de la mesita de noche y sacó dos consoladores, uno grueso y el otro delgado. Me puso el delgado en los labios

-Chúpalo.

Lo chupé y ella chupó el otro, luego me escupió en el coño, a continuación me frotó el consolador grueso el coño y después lo metió en mi vagina. Yo levanté el culo para que me metiese el consolador anal, pero lo que hizo fue darme caña en la vagina hasta que me puso a punto de correrme. En ese momento, paró, escupió en el consolador anal y me lo fue metiendo en el culo sin mover el otro. Iba el consolador anal por la mitad y ya no pude más.

-¡Me corro, me corro, me corro!

A correrme el placer fue tan grande  que perdí el conocimiento.

Cando desperté sentí el ruido de la ducha. Me vestí y me fui sin despedirme. 

Mi primera experiencia lésbica había sido mejor que cualquiera de los polvos que había echado.

                                          VIII

Había invitado a Jacobo a cenar en mi casa. Le había dado el día libre al servicio, menos a la cocinera y a su hija, que nos servirían y se irían. Mi padre y mi madre estaban dando su tercera vuelta al mundo en un crucero..., o sea, que estaríamos a solas en el pazo para hablar y para lo que surgiera. 

Llevaba un vestido largo de color rojo con zaparos a juego y con mucho tacón y tenía puesta música de Mozart cuando Jacobo entró en el salón donde lo estaba esperando sentada en un sofá. Venía vestido con traje gris, corbata blanca y calzaba unos zapatos negros. Me levanté y le hice un gesto con la mano para que tomara asiento en otro sofá. Nos sentamos los dos. Me dijo:

-Estás realmente bella con ese vestido.

-Gracias. ¿Qué quieres de beber?

-Lo mismo que bebas tú.

Luego de tomar unos vinos y de conversar un rato en un tono agradable, nos fuimos al comedor, donde también se oía música de Mozart. La mesa era para cuarenta personas, o sea era inmensa. Si él se sentaba en una cabecera y yo en la otra tendríamos que hablar a gritos, por eso los platos, los cubiertos y las servilletas estaban delante de la silla de una cabecera y delante de la silla de la derecha de esta. Cerca de ellos estaban  unas copas y dos botellas de vino, una de vino blanco para el marisco y el pescado y la otra de vino tinto para la carne. Estando sentado él en la cabecera y yo a su lado, la hija de la cocinera nos sirvió de primer plato, almejas a la marinera, de segundo plato, lenguado, de tercer plato, faisán, de postre melocotón y piña y para acabar nos tomamos un café  Y un par de copas, yo la tomé de anís y Jacobo la tomó de brandy.

Una hora mas tarde las sirvientas ya se habían ido. Estábamos en la sala con dos copas delante hablando de cosas intrascendentales. Habíamos evitado hablar de la boda, pero era inevitable que habláramos de ella. Fue Jacobo el que sacó el tema.

-¿Entonces cuándo va a ser?

-¿Lo qué?

-La boda.

-Me tendrás que pedir. Echar las amonestaciones...

-Tu padre es el que quiere que nos casemos, no hace falta pedirte, y...

El romanticismo que creí ver en la cena había muerto. Me di de bruces con la cruda realidad y no me gustó enfrentarla.

-Aquí la que se casa soy yo, y maldita sea la gracia que me hace, pero las cosas, si se hacen, hay que hacerlas bien.

-No dejará de ser un paripé.

Me vine abajo.

-Vamos a ser dos desgraciados, Jacobo.

-Me temo que sí.

-¿Aún puedes volver al seminario?

-Sí, pero no puedo, tengo que salvar mi patrimonio.

-Tus palabras me hacen sentir como una mierda.

-No eres una mierda, eres una preciosidad.

Bajé la cabeza.

-Soy una mierda.

Vino a mi lado. se inclinó, me puso un dedo en el mentón, me levantó la cabeza, me dio un pico y luego me dijo:

-Eres muy bonita.

Hice pucheros.

-No, no lo soy.

-Harás una madre preciosa.

Me vine arriba, en todos los sentidos, poniéndome de pie y alzando la voz.

-¡Quieto parado!

-¿Qué pasa ahora?

-Soy una cabrona, pero no tanto como para traer al mundo a una criatura en un matrimonio de conveniencia.

Me echó la mano al coño.

-¡A qué te lo hago esta noche!

Le metí una bofetada que le puse la cara de lado.

-¡Nadie me toca el coño sin mi permiso!

Me agarró por la cintura, se sentó en el sillón donde había estada sentada yo, me puso sobre sus rodillas y me rompió el vestido, sí, me lo rompió tirando con fuerza a la altura de la cremallera y quedé con la espalda y el culo al aire, pues no llevaba ropa interior.

-¡Me has roto el vestido, mamón!

-¡Qué culo más bonito!

-¡Déjame ir!

Me dio dos cachetadas en el culo.

-¡Plassss, plassss!

-Esto es para que aprendas. A mí nadie me toca la cara.

Me había dolido, pero al mismo tiempo me había gustado.

-¡Los huevos es lo que te voy a tocar, pero apretándolos! Tan pronto como me sueltes te los voy a estrujar.

-¡Plassssss, plassss, plassss, plassss!

-¿A quién le vas a estrujar tú los huevos?

-¡A ti!

-¡Plasssss, plassss, plassss, plassss!

-¡Me estás haciendo daño! ¡¡Me cago en tu sombra!!

-Discúlpate por haberme abofeteado.

Estaba realmente excitada, sí, no estaba cabreada, estaba excitada, muy excitada, pero le dije:

-¡Esto me lo vas a pagar!

-¡Plassss, plassss!

-¿Cómo lo voy a pagar?

-Suéltame y lo sabrás.

Me soltó, me puse en pie y él también se puso. Me quité el vestido roto y mostrándole mi cuerpo desnudo, le dije:

-¿Ves este cuerpo? Pues nunca será tuyo, así me las vas a pagar.

Se quitó la corbata, me ató las manos a la espada y me dijo:

-Tu cuerpo va a ser mío, aquí y ahora.

Lo vacilé.

-Si no vas a saber que hacer con él, curita.

-Cuando te rompa el culo me repites lo que acabas de decir.

La noche prometía.

-Si abusas de mí nunca seré tu esposa.

-Si no te callas rompo una cortina y te amordazo.

Me callé, no porque no quisiera me rompiera una cortina y me amordazara, si no porque tardaría un tiempo en hacerlo y yo querías que comenzara a hacerme cosas.

Me puso contra el respaldo del sillón, se agachó, me abrió el coño con dos dedos y comenzó a lamerlo.

-¡Qué rica estás!

Jacobo usaba la lengua mejor que su madre. Sabía como lamer, donde lamer y cuando lamer, y donde, cuando y como chupar. Me puso al borde del orgasmo. Luego se enderezó y me besó. Con mi coño latiendo, puso sus labio los míos y me dijo:

-Bésame si quieres que te haga correr.

Tenía unas ganas locas de besarlo y de correrme, pero como sabía que me iba a hacer correr hiciera o dijera lo que fuera, le dije:

-No te voy a besar, aprendiz de chulo.

-Acabarás besándome.

-No no te besaré.

Magreando mis tetas, las lamio y las chupó... Tiempo después, me giró, se volvió a agachar y jugó con su lengua en mi ojete.

-No vas a conseguir que me entregue a ti.

Se separó de mi, se volvió a agachar y me dijo:

-Por tus piernas veo bajar los jugos que han salido de tu coño.

Me cogió por el tacón de un zapato, me levantó la pierna, lamió mi tobillo y luego fue lamiendo los jugos hasta llegar al lado del coño. Mi coño echaba otra vez por fuera cuando me bajó la pierna y me cogió el otro zapato. Me levantó la otra pierna y de nuevo fue lamiendo mis jugos hasta llegar al coño. A ver, era obvio que me estaba dejando y Jacobo estaba cansado de saberlo. Al acabar de lamer, me dijo: 

-Hace calor aquí.

Comenzó a desnudarse. Yo giré la cabeza para no verlo, pero no me moví del sitio. Al estar desnudo, juntó su cuerpo con el mío, me desató las manos, y con sus labios cerca de los míos, me preguntó:

-¿Me besas ahora?

-No.

Se agacho hasta que su boca quedó frente a mi coño. Me enterró la lengua en la vagina, yo moví la pelvis y acabe dándole en la boca una tremenda corrida, durante la cuál mis piernas no dejaron de temblar ni mi cuerpo de convulsionarse.

Cuando se puso en pie me besó con lengua. No ,le correspondí.

-Así no vamos a a ninguna parte. Enriqueta.

Enriqueta se sentó en un sillón.

-Es que no quiero ir a ninguna arte contigo.

-Lo que pasa es que no sabes ni besar ni hacer feliz a un un hombre.

-Sé besar y sé sé hacer feliz a un hombre, pero tú no eres un hombre, eras un muñeco.

Me dio una alegría cuando me dijo:

-Puede, pero soy un muñeco que te desea como nunca deseó a otra muñeca.

-Vete con ese hueso a otra perra.

-¿Quieres que me vaya?

Me había puesto entre la pared, así que o me entregarme a el, o dejaba que se fuera y me quedaba con ganas de más, no fue difícil tomar la decisión.

-No, te voy a demostrar que se besar y que puedo hacer feliz a jun hombre.

Me puse en pie, lo besé con lengua un buen rato, bueno, nos besamos,  y luego me puse en cuclillas, empuñé su polla y le hice una mamada tan rica, que cuando se corrió en mi boca, sus piernas temblaron aún más de lo habían temblado las mías.

Luego me puse en pie, lo besé, y le pregunté:

-¿Sé o no sé?

-Creo que la vida contigo no va a ser tan aburrida como me la imaginaba. ¿Me dejas dormir contigo esta noche?

Lo volví a besar, y luego, sonriendo, le dije:

-No creo que vayas a dormir mucho.

No, no dormimos mucho, le dimos bien de parte a parte, aunque hubo ratos en que descansamos y se confesó conmigo, por eso yo sé lo de la monja..., aunque se guardó de confesar lo suyo con su madre.

Os sigo contando... Se había acabado la música de Mozart, la única música que se iba a sentir en aquella habitación iba a ser la de nuestros gemidos, la de nuestros jadeos y la de su polla chapoteando en los jugos de mi coño.

Al llegar junto a mi cama lo empujé sobre ella, y Jacobo, dando un salto, se echó a lo largo de ella. Me eché sobré él y froté mis tetas contra su espalda, luego me arrodillé entre sus piernas y le levante el culo. Al tenerlo a cuatro patas le froté las tetas en las nalgas, luego entre ellas y después le cogí la polla, tiré hacia atrás y se la mamé. Acto seguido le lamí y le follé el ojete le chupé los huevos, lo masturbé, y y le volví a mamar la polla... Cando ya gemía como una nena, me eché boca abajo sobre la cama, me puse a cuatro patas y le dije:

-Fóllame.

Me separó las nalgas poniendo los dos dedos pulgares al ambos lados del ojete, lo que hizo que este se abriera. Su lengua entró y salió de él la tira de veces y unas cuantas más. Me encantaba. Sabía que me la iba a clavar en el culo, pues ya me lo había dicho con anterioridad. No me corté, gemí cómo una perra para que se enterase de que me estaba gustando. Antes de entrar a matar, la frotó en mi ojete y me pidió permiso.

-¿Puedo?

-Sí, pero espera.

Estiré un brazo, cogí lubricante en el cajón de arriba de la mesita de noche y se lo di. Echo lubricante en las manos, me magreó las tetas y siguió metiendo y sacando la lengua de mi ojete. Mi coño goteaba y yo ya desesperaba porque me la metiera.

-Fóllame el coño primero.

Dejó de follarme el ojete con la lengua, me la clavó en el coño y me dio a lo bestia hasta que nos corrimos los dos. Estaba empeñado en dejarme preñada.

Después de corrernos lubricó la polla, lubricó tres dedos, los juntó y acabó metiéndolos, sacándolos y moviéndolos alrededor para hacer sitio. Luego me volvió a abrir el ojete poniendo los dedos pulgares a ambos lados de él, y acto seguido, me la metió. Sentí un gustazo mientras iba penetrándome, y más que iba a sentir poco después cuando comenzó a nalguearme y a darme caña... Chillé cómo una puta mientras me dio y como una coneja cundo me corrí.

Al acabar de correrme, y ya boca arriba, limpió la polla con la sábana, se echó encima de mi y me dio duro en el coño para que me volviera a correr. Follándome a lo bestia, me dijo:

-¡Voy a hacer que te corras mejor que antes!

Sonreí, le metí un dedo en el culo, me moví debajo de él y nos corrimos juntos. El muy falso quería dejarme preñada, pero no lo consiguió, ni esa vez, ni cuando se corrió dentro de mí follando de lado, ni las otras veces, pero eso sí, dejó a mi coño y a mi culo prendados de su polla.

Nos casamos un mes después de pasar esa noche juntos.

Un día, después de follar con ella, Rosana, me confesó lo que tenía con su hijo. Al decírmelo me escandalicé, pero ahora nos hacemos unos tríos bárbaros.

Quique.

 

 

 

 

                                                

    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



   
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nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
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@quique que buen relato aunque lo resubiste, me encantó la escena de la novia y la madre como me gustan las lesbianas saludos desde Venezuela 🇻🇪


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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