Bernarda era una veinteañera, casada, guapa entre las guapas y educada como ninguna. Su marido era un hombre de treinta y tres años que trabajaba de eurodiputado.
Cuando el marido estaba en Bruselas vivía con su padre, que estaba viudo y ya no cumplía los cincuenta años, y con su hermano Julián, un joven de diecinueve años que se follaba todo lo que se movía.
Bernarda se llevaba muy bien con su hermano y este sabía que al estar sola se aburría. Una noche, hablando de ese tema en la cocina, le dijo Julián a su hermana:
-Métete en un chat de sexo. Conocerás gente...
-Eso es muy peligroso, y más siendo quien es mi marido.
-Entonces métete en Telegram, el anonimato lo tienes asegurado, y por las noches no estarás tan sola. Yo conocí a mi novia en esta web.
Bernarda se animó.
-¿Qué hay que hacer?
-Es muy fácil. Pones unos datos falsos, tu alias y listo.
-¿Cuál era el tuyo?
-Gran pollón.
A Bernarda le entró la risa floja.
-¿Y cuándo te vio la polla Caridad, que te dijo?
-Que hacía honor a mi alias.
Se volvió reír.
-Mentiroso.
-¿Qué iba a ganar con mentirte?
-Voy a probar, a ver si encuentro alguna diversión. ¿Gatita cariñosa te parece un buen alias?
-Gatita sumisa tendría más tirón, a los hombres nos gustan las mujeres sumisas.
Caridad se había metido en Telegram con la idea de matar el aburrimiento, ya que como he dicho anteriormente, su marido era eurodiputado y casi nunca estaba en casa. Se había puesto el alias que le había dicho su hermano "Gatita sumisa." En ese chat se había encaprichado de "Perrita viciosa", una joven exuberante de la que no conocía el rostro, y de "Depredador, "del que tampoco conocía el rostro, pero del que conocía como era su gran verga. Bernarda le había mandado a los dos, fotos de sus tetas, de su culo, de su coño, pero no de su cara.
Bernarda estaba en su habitación y recibió un correo muy largo de Depredador. En él le decía:
-Le estaba escribiendo algo a una amiga cuando me acordé de ti... Pues bien, dejé de escribir, mire el correo y vi la última foto que me has mandado. Tenía el rompecabezas casi completo, sin tu cara, pero con tus tetas, con tu culo y con tu coño. Saqué la polla, cerré los ojos y viajé a tu habitación. Me vi al lado de tu cama, en esa cama que tiene una colcha que parece una piel de tigre. Tú estabas delante de mí, descalza y vistiendo unos jeans y una camiseta blanca. Te dije: "Te voy a hacer volar." Tu brazo izquierdo rodeó mi cuello, tu mano derecha se posó sobre mi polla y tu lengua entró en mi boca. Nos besamos y luego te eché sobre la cama. Te quité la camiseta y vi tus bellas tetas, unas tetas redondas, medianas, con areolas oscuras y hermosos pezones, mis labios los besaron varias veces y luego mi lengua giró sobre ellas un ratito, y al final, te las magreé y te las mamé. Poco después bajé besando y lamiendo tu vientre y lamí tu ombligo. Acto seguido te quité la ropa y el tanga. Tu coño estaba mojado, lamí de abajo a arriba, primero con la punta de la lengua, luego con la mitad de la lengua y después con toda la lengua, apretándola contra el coño. Gemías sin parar. Cuando lamí el clítoris tus gemidos subieron de intensidad y me dijiste: "Me voy a correr" No quise que te corrieras tan rápido y paré de lamer. Te puse boca abajo, te levanté el culo y besé tus nalgas, acaricié tu clítoris con dos dedos y lamí tu ojete. Te ibas de nuevo, dijiste: "Me voy a correr." Volví a detenerme y tuve que dejar de tocarme porque también me corría yo. Te puse boca arriba, te froté la polla en el coño, después te la metí en el culo y te dije: "Acaricia tu clítoris." Comenzaste a masturbarte. Tus gemidos volvieron a subir de intensidad y al final exclamaste: "¡Me corro!" Te corriste cómo una loba, y yo, yo me corrí en mi mano. Eso te hice en una paja, Gatita sumisa. ¡Lo que no te haría si te follase!
Bernarda escribió otro correo.
-Quiero saber lo que me harías follándome, Depredador. ¿Quieres profundizar en nuestra relación?
-Claro que quiero. ¿Nos hacemos una paja por whatsapp cómo anticipo?
-Sí, quiero verte.
-Y yo quiero verte a ti.
Bernarda, antes de poner la cámara de suportatil, se desnudó. Sus tetas eran medianas, tenía areolas oscuras, delgados pitones y su coño estaba rodeado por una gran mata de vello negro Estaba buenísima. Al encender la cámara lo que vio fue una tremenda verga y una mano subiendo y bajando por ella. Se magreó las tetas mirando para la verga y luego una mano bajó hasta su coño. Ninguno de los dos decía nada, ni enseñaba la cara. Parecía que les llegaba con lo que estaban viendo, de hecho, a Bernarda le llegó, ya que en nada se corrió cómo un río. Al acabar, le dijo:
-Si estuvieras aquí te la mamaba y me tragaba tu leche.
La verga desapareció de la pantalla del ordenador portátil y unos segundos después apareció en la puerta de su habitación junto a su dueño. Bernarda exclamó:
-¡Papa!
-Dime, Gatita sumisa.
Tapándose con una sábana y escandalizada, le dijo:
-¡Degenerado!
-Más que degenerado, aprovechado.
-Vuelve a tu habitación
Pedro agarró la verga empalmada y le preguntó:
-¿Sin que le des a esta un besito?
-¡No seas insolente, papá!
-Dale un beso y me voy.
-No te voy a besar nada.
Fue a su lado.
-Me pregunto que dirá el diputado cuando le hable de Gatita sumisa.
-¿Me estás chantajeando?
Le puso la polla delante de la boca.
-Eso parece, dale un besito.
-Eres un indeseable.
-Bésala.
Bernarda le dio un pico en el glande mojado.
-Con lengua.
Bernarda puso cara de asco.
-No me gusta lamer pollas.
-¿Es que no ese la lames al diputado?
-Sí, pero me repugna hacerlo.
-¿Y él no te come el coño?
-Eso no es cosa tuya.
-¿Entonces por qué me decías que me dejarías hacer lo que yo quisiera?
-Solo estaba jugando.
Pedro puso la polla hacia arriba.
-Conmigo no te va a repugnar. Lame mis huevos.
Bernarda le lamió los huevos.
-Ahora chupa uno.
Se lo chupó.
-Chupa el otro y después chupa los dos.
Bernarda obedeció. Luego le puso la verga en los labios.
-Agárrala, lame y después chupa.
Bernarda, al lamer, puso cara de no quiero, lo mismo que al empezar a mamar, pero al rato ya masturbaba a su padre mientras mamaba... Acabó mamando con tal voracidad que parecía que quería comerle la verga. Paró cuando sintió un chorro de leche pegar contra su lengua. No quitó la verga de la boca mientras su padre descargaba. Cuando la quitó ya se había tragado la leche.
-Lo bordaste.
-No creo que la cosa fuera para tanto.
-Créeme, lo fue, parecías una vampira chupando.
-No me avergüences.
Pedro se sentó en el borde de la cama.
-¿Quieres correrte en mi boca?
-Te dije que no me avergonzaras.
-¿Quieres?
-Lo que quiero es que salgas de mi cama.
Salió, pero fue para desnudarse. Bernarda le dijo:
-No tienes vergüenza.
-No, lo que tengo es ganas de ti.
Se volvió a meter en la cama y le apretó los pezones con fuerza.
-Suelta mis pezones, papá.
Bernarda quiso salir de la cama, Pedro, al tenerla a cuatro patas, le lamió el coño y el ojete.
-¿Qué haces?
-Saborearte.
Le lamió y le folló el ojete y la vagina, al tiempo que le magreaba las tetas, luego se puso boca arriba y le dijo:
-Quita las bragas y ponme el coño en la boca.
-No.
Le echó la mano al cuello, la atrajo hacia él y la besó con lengua.
-Pónmelo.
-No.
La volvió a besar.
-Anda, sé buena y córrete en mi boca.
Bernarda le dijo:
-Voy a hacer una barbaridad.
Le puso el coño en la boca. Pedro le echó la manos a la cintura y metió y sacó la lengua de su vagina. Bernarda se puso tan cachonda que le quitó el coño de la boca, se sentó sobre la verga de su padre, y comiéndole la boca, lo folló a su aire hasta que explotó.
-¡Me corro!
Aún se estaba corriendo cuando Pedro la volteó. Le agarró las tetas y luego la folló con saña, pero con saña de verdad, le daba al culo con tanta fuerza que hasta llegó a morder la lengua... Al rato, sintiendo como su nuera se volvía a correr, le preguntó:
-¿Puede correrme dentro?
La respuesta de Bernarda fue echarle las manos a las nalgas y apretarlo contra ella.
Luego de correrse juntos, Pedro, se quitó de encima de ella y fue a por su coño
-Abre más las piernas.
-¿No te llegó, viejo?
-Solo acabo de empezar, joven.
Bernarda flexionó las rodillas y abrió las piernas de par en par. Pedro le metió dos dedos dentro del coño. Lubricados con su leche y con los jugos de la corrida de su nuera, acarició con su punto G y luego le lamió el clítoris. Bernarda, le dijo:
-Sabes latín.
-Y griego.
Mojó el dedo medio de su mamo derecha en la leche y en los jugos que habían salido de su vagina, se lo introdujo en el ano, y acariciando su punto G, lamiendo su clítoris y follando su culo, soltó cuatro chorros de jugos que le dejaron perdida la cara a su padre. Bernarda se corrió a lo bestia.
Al acabar, Pedro, se echó boca arriba sobre la cama. Bernarda le preguntó:
-¿Comemos algo para recuperar fuerzas?
-¿Es que quieres seguir?
-Toda la noche, si aguantas.
-¿Y si vuelve tu hermano?
-Esta noche duerme con su novia. ¿Comemos algo?
-¿Hay queso, aceitunas y jamón serrano?
-Sí, y un rioja para regarlo.
Comieron, pero ya no follaron más esa noche porque a Bernarda no le sentó bien el vino, o sea, que cogió un buen pedal.
Eran las cuatro de la tarde cuando Caridad, una veinteañera, alta, rubia, de ojos marrones y que tenía un cuerpo de escándalo, llamó al timbre del piso de Bernarda. La mujer le abrió la puerta en bata de casa, una bata de casa de color rojo, debajo de la que no tenía ropa interior, al verla le preguntó:
-¿Qué deseas?
-Quiero que hablemos de algo que nos concierne a las dos.
-¿Y qué nos puede concernir a las dos?
-Tu hermano.
-¿Eres Caridad?
-Sí.
-Pasa.
Caridad entró en el piso, fue a la sala, se sentó en un sofá de cuatro plazas, miró a Bernarda y fue al meollo de la cuestión.
-¿Hay algo sexual entre tu hermano y tú?
Bernarda la miró desde las alturas.
-¡¿Cómo osas peguntarme semejante barbaridad?!
-Porque me quiere dejar por otra y habla maravillas de ti.
-Soy una buena hermana, supongo que por eso habla bien de mí.
-A mí no hay quien me saque de cabeza que folláis.
La cogió por los pelos y tirando con fuerza, la quiso llevar hasta la puerta:
-¡A mí no me falta al respeto ninguna pelandusca, y menos en mi casa!
Caridad le echó la mano derecha al coño y le tiró de los pelos. Tirándose de los pelos acabaron sobre la alfombra y anduvieron a tumbos a ver quien podía más. Pudo Bernarda, qué sentada sobre Caridad y sujetándola por las muñecas, le dijo:
-Pídeme disculpas.
-Con el pelo alborotado estás preciosa.
Bernarda se quedó a cuadros.
-¡¿Qué has dicho?!
-Lo que has oído. ¿Te has calentado cómo yo?
Se quitó de encima y se puso en pie.
-Levántate que vas a saber lo caliente que estoy.
-Haya paz, no vine a pelear contigo. ¿Por qué no hablamos cómo personas civilizadas?
-Retira lo de mi hermano.
-Retirado, cosita rica.
-¡Hay que coño!
-¿Acaso no lo eres?
Bernarda se tranquilizó un poco. Se volvió a sentar en el sillón.
-¿Sabe mi hermano que te gustan las mujeres?
Se sentó a su lado.
-Sí, y eso le pone. ¿Nunca has pensado en hacerlo con una mujer?
-No, y no te me acerques. ¡Que corra el aire!
-¿Por qué me mientes, Gatita sumisa?
Caridad la había dejado para allá.
-¡¿Eres Perrita viciosa?!
-La misma que viste y calza, ahora, porque dentro de un rato espero estar desnuda y descalza.
Le dio un pico y después la besó con lengua.
-¿Te gustan mis besos?
-Sí, son muy dulces.
Se volvieron a besar y luego le abrió a bata.
-Tus tetas son más bonitas que en las fotos.
-Quiero ver las tuyas.
Le desabotonó la blusa y le quitó el sujetador.
-¡Qué ricas!
Se las cogió y se las magreó.
Caridad mojó en la boca el dedo medio de su mano derecha y le acarició el pezón izquierdo, después el derecho y a continuación le mamó las tetas. Luego le metió dos dedos en la vagina y comenzó a masturbarla.
Bernarda le levantó la cabeza y se dieron la tira de besos apasionados. Al rato le decía:
-Voy a correrme, Caridad.
-Córrete.
Los dedos acariciaron el punto G cada vez más aprisa y ocurrió lo que tenía que ocurrir, que Bernarda se corrió a lo bestia.
-¡Me corro!
Al acabar de correrse, Bernarda, le quitó la falda y las bragas y los zapatos a Caridad. La mujer abrió las piernas. Bernarda le enterró la lengua en el coño y se lo folló. Cuando la sacaba, Caridad movía la pelvis y hacía que su clítoris se frotara contra la lengua. Tiempo después, estando Caridad a punto de correrse, le preguntó Bernarda.
-Dime que me deseabas tanto como te deseaba yo a ti.
-Más, te deseaba mucho más.
Bernarda dejó de meter y de sacar la lengua y le lamió el coño por los lados.
-Dime que sientes.
-Que me voy a correr.
Lamió el coño de abajo a arriba.
-Dime otra vez que te vas a correr.
Caridad le echó las manos a la cabeza y le aplastó la boca contra el coño, Bernarda sacó la lengua, Caridad frotó el clítoris contra ella y se corrió en la boca de la novia de su hermano con una fuerza brutal y sacudiéndose una cosa mala.
Al acabar de tragar, Bernarda, se sentó y le preguntó a Caridad:
-¿Te gustó que jugara contigo?
-Sí., y también jugar contigo.
Se besaron.
-¿Quieres que te dé otro orgasmo?
-¿Uno solo?
Se volvieron a besar.
-Te doy los que quieras.
-Lo mismo te digo.
Oyeron una voz en la puerta de la sala.
-¡¿Qué está pasando aquí?!
Bernarda miró para su hermano, después para Caridad, y muy seria, y dijo:
-¡Seréis cabrones!
Caridad le susurró en el oído a Bernarda:
-Tu hermano no sabe nada, fue tu padre el que me dio tu alias de Telegram.
Bernarda, también al oído, le dijo:
-¡¿Te follas a mi padre?!
-Sí, y tú también.
Julián, con cara de pocos amigos, dijo:
-Encima os decís cosas al oído.
Caridad empezó a largar.
-No te pongas así que fuiste tú quien me dijo que buscara una chica para hacer un trío.
-¡Y tú buscas a mi hermana, libertina!
Bernarda, que no se había cubierto con nada, cogiendo la bata, le dijo a Caridad:
-Mi hermano tiene razón, Caridad, te has pasado siete pueblos, bueno, nos hemos pasado siete pueblos.
-Pues en nuestras conversaciones fantaseabas con hacer un trío con tu hermano.
Bernarda quedó tocada.
-Eran fantasías. Ahora no voy a poder mirarle a la cara a mi hermano.
Julián se metió en medio.
-Las conversaciones privadas no se revelan, Caridad, y no te avergüences, Bernarda, yo también he fantaseado contigo.
-Caridad quería tema.
-Y con las dos juntas, no lo niegues. Siéntate entre nosotras, Julián.
Julián se tiró al monte.
-¿Me siento, Bernarda?
-No, los hermanos no hacen esas cosas.
Caridad le volvió a susurrar al oído:
-¿Quieres que le diga lo de tu padre?
Bernarda le respondió en alto.
-No te atreverías. Tú también..., mejor me callo
Julián le preguntó:
-¿Qué te callas?
-Nada, si te quieres sentar, sienta.
Caridad se puso de un contento festivo.
-Eso es lo que quería oír, ven, cariño.
Julián se sentó entre Bernarda y su novia. Caridad le abrió la bata a Bernarda, que estaba la de derecha de Julián.
-¿Te gustan las tetas de tu hermana, cariño?
-Son preciosas.
-Mámaselas.
Le lamió el pezón y la areola de su teta derecha y luego se la mamo. Caridad comenzó a desabotonarle la camisa a Julián y le dijo:
-A qué están ricas las tetas de tu hermana.
-Sí que lo están.
Después de quitarle la camisa le lamió y le chupó los pezones. Acto seguido le sacó la verga, y meneándola le preguntó a Bernarda:
-¿Quieres mamarla?
-No me corre prisa.
Se la mamó ella, luego, Caridad, le echó La mano a la nuca Bernarda le llevó la boca a la polla. Le mamó la polla a su hermano mientras Caridad lo masturbaba. Julián les dijo:
-Parar o haréis que me corra.
Ninguna de la dos paró de hacer lo que estaba haciendo y Julián se corrió. El primer chorro cayó en la boca de su hermana. Bernarda sacó la verga de la boca. La leche comenzó a bajar por la verga. Caridad no dejó que se perdiera, mamándosela, se tragó la leche que fue echando y la que ya había sobre la verga.
Al acabar de tragar, besó con lengua a Bernarda, que le devolvió el beso y le dijo:
-A hacer cosas pecaminosas, hagámoslas bien, y que mejor lugar para hacerlas bien que mi habitación.
A la habitación se fueron. Bernarda y Caridad iban delante y Julián iba detrás mirando como se movían aquellas sensuales nalgas. Ganas le dieron de darles dos palmadas en los culos, pero se contuvo, no fuera que se rompiera la magia del momento. Al llegar a la cama, Caridad, se dejó caer de espaldas sobre ella. Bernarda se echó sobre Caridad y la besó. Julián le levantó el culo a su hermana y le lamió el coño y el ojete. Su lengua fue de abajo a arriba hasta su cuello y después bajo hasta legar al culo. Le folló el ojete con la lengua, luego el coño y de nuevo subió lamiendo por su espalda. Caridad le echó una mano a la nuca y se besaron con lengua. Besando a su novia se la clavó en el coño a su hermana y le dio con ganas atrasadas. Al rato, Bernarda, que era la chicha de aquel emparedado, le chupaba el cuello a Caridad, que le dijo a Julián:
-Yo también quiero correrme.
Julián dejó de follar a su hermana, que se puso boca arriba. La besaron los dos, por separados y juntos, y luego se besaron Julián y su hermana, después le comieron las tetas, y comiéndoselas la masturbaron juntos metiéndole un dedo cada uno dentro de la vagina. Olía a coño una cosa mala cuando Caridad le puso el coño en la boca a Bernarda. Julián agarró a su hermana por la cintura con un brazo y con la mano del otro le frotó el glande en el coño mojado. Bernarda le dijo:
-En el culo, hermano, métemela en el culo.
No se lo pensó dos veces. Se la clavó en el culo. El ojete ya estaba mojado de los jugos que habían bajado del coño y el glande entró en el culo como en un coño apretado, era obvio que ya se lo habían follado.
Caridad le echó las manos a la cara a Bernarda y le frotó el coño contra la lengua y lo hizo cada vez más aprisa. Bernarda, mientras su hermano se la iba metiendo en el culo, se acarició el clítoris con cuatro dedos... Poco después, la polla entraba y salía del culo a toda mecha, los dedos volaban sobre el clítoris y el coño volaba sobre la lengua. Caridad fue la primera en venirse.
-¡Me corro, en tu boca!
Sus palabras fueron el detonante para que Julián le llenara el coño de leche y para que Bernarda se corriera cómo una fuente.
La fiesta siguió, pero lo mollar ya lo sabéis.
Hasta la próxima.
Quique.




