Una aldeana en Lond...
 
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Una aldeana en Londres

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1995]

  Carmen era una muchacha gallega, morena, de cabello negro y largo, ojos oscuros, muy pecosa, de estatura media, complexión fuerte, ni guapa ni fea, que había vivido toda su vida en una aldea gallega de muy pocos habitantes. Su padre llevaba diez años trabajando en Inglaterra. Siempre venía él de vacaciones a Galicia, pero ese año, el 1974, se había casado con una inglesa y llevó a su hija un mes de vacaciones para que conociera aquello.

Su hermana Joanna (hermana por parte de padre), que era una joven rubia, alta, delgada, de ojos azules, con el cabello muy corto, muy guapa y que siempre estaba sonriendo.

 Al segundo día de estar en Londres le había enseñado muchos lugares, pero dos de ellos le quedarían grabados en la memoria: uno fue un sex shop donde vio vergas de todos los tamaños y colores y otros artilugios que nunca hubiese pensado que se usaban en la intimidad y del que salió con un vibrador de varita y dos consoladores, uno grueso y largo, el otro delgado y corto, con lubricante y con unos colores en la cara que hicieron reír al dependiente y a la dependienta y a su hermana, que fuera quien se los había comprado. El otro lugar que no iba a olvidar fue el cine para adultos, donde vio por vez primera sexo explícito entre dos mujeres, cosa que le dejó la braga como una esponja luego de sumergirla en el baño.

Por la noche, Joanna la llevó a un pub londinense en el que fue de sorpresa en sorpresa. Que si una chica besaba a otra, que si una muchacha le tocaba el culo a otra, que si en la pista de baile dos rubias se frotaban los coños... 

—¿Pero tú a dónde me has traído? 

—What? (¿Qué?).

Joanna sabía decir palabras sueltas en español, pero Carmen en inglés decía "yes" y "gracias". Señaló a una pareja de chicas que se besaban, luego a dos chicas acarameladas, extendió los brazos y puso cara de no entender nada. Joanna sí que la entendió.

 —This is a lesbian pub (este es un pub de lesbianas).

Lo de lesbiana lo pilló. Señaló a dos lesbianas, luego señala a su hermana y le dijo: 

—¿También eres lesbiana?

Asintió con la cabeza. Carmen entendió por qué la había llevado a ver una película de lesbianas y por qué la había llevado allí. Se señaló a sí misma: 

—En mi tierra les decimos tortilleras. 

Joanna, sin dejar de sonreír, le dijo:

—A mí gustar tortilla. 

—No hace falta que lo jures. 

—¿Tú tortilla a mí? 

-¡Ni harta de vino!

Joanna sonrió: 

—Sí, vino, tortilla, hartar, sí.

Llegó una amiga de Joanna, le dio un pico y luego le dijo algo al oído.

—Another day (otro día).

—Yes, another day (sí, otro día).

La muchacha se fue. Joanna le dijo a Carmen:

—I'll be back in a moment (vuelvo en un momento).

Carmen habló sola: 

—Me dejó sola entre este ganado, y no me gusta nada.

Joanna volvió en un par de minutos con dos botellas de vino, una en cada mano.

 —Finish your drink and let's go home (acaba la bebida y vamos para casa). 

—¿Qué? 

—Casa, tortilla, vino, fiesta.

En la casa sabía que iban a estar solas, ya que su padre y su madrastra se habían ido ese mismo día de luna de miel, una luna de miel que habían pospuesto. Bebió la cerveza y le dijo: 

—Parece ser que te voy a tener que enseñar los dientes. 

—Sí, dientes, comer.

Carmen también le sonrió. 

—Te va a salir el tiro por la culata con la fiesta.

-¡Sí, fiesta, fiesta!

Volvieron a casa en el Ford Escort de Joanna. Al llegar a casa, Joanna, que llevaba puesta una minifalda roja, una cazadora del mismo color, una blusa blanca y que calzaba unas sandalias con mucho tacón, fue directamente a la cocina. Carmen fue detrás de ella a una distancia prudencial, vio cómo posaba las botellas de vino tinto sobre la mesa, cómo cogía la huevera en la nevera, las patatas y las cebollas, que estaban en la parte de abajo de un gran mueble, y las puso en la encimera junto a los huevos. Se giró, señaló las cosas con las dos manos: 

—¡Atachán!

Carmen vio que se había equivocado de cabo a rabo, y ya no sabía qué era mejor, si era mejor que ni se hubiese equivocado o ponerse a hacer una tortilla a las diez de la noche en un viernes, pero no le quedaba más remedio que cocinar, así que, quitándose la chaqueta gris, le dijo:

 —¿Quieres que te haga una tortilla?

—Sí, hacer tortillas, rica, rica,  rica.

Carmen peló seis patatas y Joanna peló y cortó una cebolla grande. Llorando volvió a decir:

 —Fucking onion (jodida cebolla).

En fin, que al tener todo preparado. Carmen puso las patatas a freír en una sartén. Johanna abrió una botella, echó dos vasos de vino.

Al rato estaban sentadas a la mesa comiendo la tortilla con pan de mollete que el padre de Carmen había comprado en una pequeña tienda donde vendían productos españoles e italianos. La tortilla estaba jugosa y a Joanna le encantaba.

- Delicious (deliciosa).

-No está mal.

Mientras comían y bebían y mientras sonaba en un radiocasete música de Abba, le dijo Joanna a su hermana:

—Yo saber palabras en español. ¿Tú querer aprender palabras inglés?

-Sí, a ver qué palabras sabes.

—Bonita, pretty. Te quiero. I love you. Padre, father. Madre, mother. Hermana, sister.

 —Un momento. 

—A moment. 

Le hizo el gesto con las manos de que se calmara. 

—Espera. 

—Wait. 

—No, a ver si me entiendes. ¿Sista, es hermana? 

—Sí, y yes, sí.

—Hasta ahí llegó, sigue enseñándome palabras, pero gruesas, como estúpido, hijo de puta, tetas o viciosa.

—Viciosa, vicious. Estúpido, asshole. Pedazo de mierda, piece of shit. Tetas, boobs, pezones, nipples. ¡A tomar por culo!, fuck off! Cachonda, horny. Puta, bitch. Coño, pussy, verga, cock. Culo, asss. Vagina, vagina. Correrse, cum. Joder, fuck...

—Para, para, que no me enrollo.

Comieron y bebieron en silencio el resto del tiempo.

 Al acabar de comer, le dijo Joanna a su hermana: 

—Yo borracha un poco, duchar, sis. 

—No estás un poco borracha, estás tan borracha que olvidaste mi nombre; no me llamo sis, me llamo Carmen, y no vas a meterte debajo de los chorros, que te podrás caer y, si te hicieses daño, no sabría a quién llamar.

Joanna se perdió entre tantas palabras. Se levantó de la mesa para darse una ducha. Carmen también se levantó y la agarró por la cintura. Joanna se sorprendió. 

—¡Sis! 

No le había dicho que sis era el modo cariñoso de llamarle hermana.

—¡Carmen, joder, Carmen! 

—¿Seguro? 

También se había olvidado de que "joder" en inglés significaba "fuck".

—Sí, joder, sí.

Joanna se dio la vuelta y le metió un beso que la dejó medio tonta, ya que antes nadie la había besado con lengua. 

—Yo, joder, rico, pero ducha primero, esperar. 

—Te estás equivocando, yo no soy una come coños.

-Sí, comer coño tuyo.

La miró yéndose y vio que no estaba tan borracha.

Luego de irse Joanna, Carmen se puso a pensar.

 —¿El coño no era el pussy, y joder no era fuck? ¡La armé!, sin querer, pero la armé; aunque  pensándolo bien, preñada no me va a dejar porque no tiene polla. Hermana es, pero de aquella manera. A Galicia no va a llegar el cuento y tengo curiosidad por saber cómo me va a follar. Tonta sería si no me dejara.

Joanna volvió a la cocina vestida solo con una sonrisa de oreja a oreja. Carmen la vio venir hacia ella y no dijo palabra, pero le gustó lo que vio, y lo que vio fue a una preciosidad con unas tetas medianas, redondas, y con areolas pequeñas y rosadas que tenían unos pezones gruesos, una cintura fina, un coño con vello rubio y escaso y unas piernas delgadas y largas.

Joanna se puso detrás de Carmen. Le besó el cuello, le lamió una oreja y le dijo:

 —Tú muy cachonda. 

A Carmen su hermana le olía de maravilla, no como algún gañán de su aldea, que cuando jugaba con ella le olía a sudor o a jabón lagarto. Su hermana le había dicho que estaba muy buena, pero ella había entendido otra; por eso, a pesar de que no la iba a entender, le dijo:

—Aún no, pero tal y como van las cosas, apuesto a que me voy a poner más que cachonda.

Joanna la cogió por debajo de los brazos, la puso en pie, la giró y le dio otro beso con lengua tan largo que la dejó sin aliento. Luego le sacó la blusa, los zapatos, los vaqueros, el sujetador y las bragas y vio cómo era su hermana desnuda. Tenía unas tetas grandes que caían por su peso, tetas que tenían magníficas areolas oscuras y gruesos pezones. Su coño lo rodeaba una tremenda mata de vello negro y sus piernas eran fornidas.

 Le echó los brazos alrededor del cuello, la apretó contra ella y comenzó a bailar al ritmo de "Chiquitita". Carmen tenía sus manos en la cintura de su hermana y su cuerpo ardía. Cuando la volvió a besar, quitó las manos de su cintura, se las echó al culo y la apretó con fuerza; era como si buscara una polla, pero allí no había polla. Enseguida iba a saber lo que había. Joanna bajó una mano, le metió dos dedos en el coño y, comiéndole la boca, la masturbó hasta que Carmen se corrió.

Luego de hacer que se corriera su hermana, le cogió la mano derecha y se la llevó al coño. Carmen le metió dos dedos en el coño, le dio cera un tiempo y Joanna, comiéndole la boca, se corrió como una loba.

Después de correrse, le dijo Joanna a Carmen:

—Yo querer correr en cama. 

—Y yo, no te jode. 

Joanna se rio.

—Sí, yo jode, tú jode... 

Carmen se rio con ella.

—Nosotras jodemos. 

—Sí, jodemos, mucho, mucho, mucho.

Fueron de la mano hasta la cama de Joanna y, al llegar a ella, Carmen, de espaldas, y de un salto se metió en la cama. 

-A ver cómo haces para follarme.

Joanna encendió un ventilador, pues aquella noche estaba caliente en todos los sentidos, y luego se puso entre sus piernas y le lamió el coño de abajo a arriba y alrededor. Carmen ya sabía cómo la iba a follar. Se apoyó en los codos y miró cómo se lo lamía. Joanna, mirándola a los ojos, lamió cada vez más aprisa; la respiración de Carmen se aceleró y dio paso a los gemidos. Carmen le echó las manos a la cara, flexionó las rodillas, arqueó el cuerpo y luego le dio una deliciosa corrida en la boca.

Al acabar de correrse, Joanna le apartó los pelos que rodeaban el clítoris, echó el capuchón para atrás y le lamió el glande del clítoris muy lentamente. Dos o tres minutos después, Carmen comenzó a retorcerse.

-¡ Me estás volviendo loca!

Siguió lamiendo muy lentamente, para que sufriera, y sufrió, hasta que le vino. Le vino de repente; su cuerpo comenzó a dar botes y se corrió gimiendo como una posesa.

Luego de gozar, le agarró la pierna derecha y frotó su coño contra ella. Se volvieron a mirar a los ojos. Carmen fue viendo la evolución de la cara de su hermana y la evolución del coño, coño que estaba mojado cuando se lo puso en la pierna; luego se había puesto resbaladizo y, cuando se corrió, era como si le hubieran derramado una taza de aceite en su pierna, pero lo que la puso perra otra vez fue la cara de éxtasis de Joanna, sus dulces gemidos y la voz entrecortada, cuando le dijo: 

—I cum! (¡me corro!)

Después de correrse, besó a su hermana, la miró con ternura, acarició su cabello, acarició su cara, le sonreía, pero no le hablaba; era como si estuviera enamorada de ella. Carmen sí le habló, despacio y señalándose ella con el dedo medio de su mano derecha y señalando a su hermana, como si así la fuese a entender.

-Te voy a hacer correr yo (se señaló a sí misma) a ti (señaló a su hermana) haciéndote lo que tú (señaló a su hermana) me hiciste a mí (se señaló a sí misma).

Joanna entendió lo de tú y yo, y gracias, el resto no iba a tardar en entenderlo.

Se puso encima de ella, le echó las manos a las tetas y se las magreó; Joanna agarró las suyas y también se las magreó. Luego le chupó las tetas. Joanna la atrajo hacia ella, le lamió los pezones y las areolas, se las mamó, y luego la atrajo hacia ella para que le comieras las tetas como es debido. Carmen se las comió como se las había comido a ella; luego iba a bajar para hacer lo que le había dicho, pero en vez de bajar, subió, ya que Joanna le echó las manos al culo, le llevó el coño a su boca y se lo lamió, al tiempo que le echaba las manos al culo y la movía de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás. Al rato, sus tetas volaban al mover el culo ella sola. Carmen no tardó en decir:

-Me voy a correr.

Eso sí que lo entendió Joanna.

-Cum (corre).

Carmen movió la pelvis a toda mecha y, con sus tetas descontroladas, le dio una inmensa corrida en la boca entre espasmos y gemidos. Le había gustado tanto que, después de correrse, siguió frotando el coño contra la lengua, y como Joanna no se la quitaba, siguió frotando cada vez más aprisa y en nada le dio una segunda corrida en la boca.

Al acabar de correrse, le preguntó Joanna:

—¿Más?

 —Sí. 

—Turn around (date la vuelta). 

—¿Qué?

La giró ella, sacó la lengua y le lamió el culo y el coño; luego se los folló con la lengua. Carmen echó las manos a las tetas y las espachurró, tiró de los pezones y comenzó a gemir. Los gemidos fueron en aumento y cuando Joanna sintió que se iba a correr, la empujó para que quedara a lo largo de ella y le siguió comiendo el coño. Carmen tenía el coño de su hermana a tiro y no hizo falta que le dijera nada.

Le retiró el capuchón del clítoris y se lo lamió, pero no le dio tiempo a nada, ya que su hermana le devoró el coño y, levantando la cabeza, dijo:

-¡Me corro!

Luego de correrse, Carmen se echó boca arriba sobre la cama. Joanna le separó las piernas, abrió las suyas y, manteniendo el contacto visual y apoyando las manos y los pies en la cama, juntó su coño con el de su hermana y frotó los clítoris. Al rato le preguntó: 

—¿Gusta? 

—Sí. 

—¿Correr conmigo? 

—Depende del tiempo que me des.

Se cruzó entre sus piernas, le puso las manos sobre las rodillas, le abrió más las piernas y siguió frotando los coños empapados. Carmen le echó su mano derecha al culo e hizo que se moviera más aprisa. 

Joanna tuvo que detenerse porque se corría, y quería correrse al mismo tiempo que su hermana. Sin decir palabra, se dio la vuelta y se puso en posición para hacer un cunnilingus lateral. Carmen se vio con el coño de su hermana en la boca y su coño en la boca de su hermana. Se devoraron los coños como dos locas, lo que las llevó a correrse una en la boca de la otra, gruñendo como cerdas.

Carmen estaba con la boca seca. Le hizo a Joanna la seña de beber con el dedo gordo y se fue a la cocina; iba a por agua, pero vio el vino, se echó un vaso para ella y otro para su hermana y volvió con los vasos a la habitación.

Joanna, sentada en el borde de la cama, cogió el vaso de vino con su eterna sonrisa en los labios. 

—Gracias. 

Carmen, de pie al lado de la cama, le respondió: 

—De nada.

Joanna se bebió la mitad del vaso y luego le preguntó:

 —¿Gustas estar conmigo? 

Carmen se bebió su vaso de vino de un trago, y luego le respondió:

—Sí.

—¿Querer verga? 

—Si no hay, no hay. 

—Yo tener verga. ¿Querer? 

—No digas tonterías. 

Joanna abrió el cajón de la mesilla de noche y sacó un vibrador de vara que dejó encima de la cama, y un arnés con una polla de doce centímetros de largo y doce de circunferencia.

—¡Coño, aquí tenéis de todo! 

—Sí, para coño. ¿Querer yo poner?

—Pon, quiero ver cómo te queda.

Dejó el vaso de vino encima de la mesilla de noche y se puso el arnés. Carmen le tocó la polla. 

—Es de goma. Esta no se va a poner blanda.

Joanna acabó el vaso de vino, le echó lubricante a la polla y luego le dijo:

-Poner a cuatro patas, cama.

Carmen se puso a cuatro patas sobre la cama. Joanna se arrodilló detrás de ella y, acariciando sus fornidas nalgas, le lamió el ojete y el coño; luego le lamió solo el ojete y la masturbó metiéndole en el coño los dedos índice, medio y anular. Carmen pudo verga.

-¡Métemela, coño, métemela!

Joanna le puso la polla de goma en la entrada de la vagina y se la iba a meter poco a poco, pero Carmen echó su culo hacia atrás y la metió toda de un viaje. 

—¡Qué bien me sienta!

Joanna le echó las manos a las tetas y le dio a romper. 

—¡Me encanta!

Poco más tarde, Carmen, corriéndose, comenzó a gritar. Joanna tuvo que taparle la boca con su mano derecha.

Al acabar de correrse, le volvió a dar sin sentido. Carmen se emocionó y probó con el inglés, sin saber lo que decía.

—Rómpeme, asshole.

 —¿Segura? 

—Segura.

Joanna la entendió mal, sacó la polla del coño y le clavó la cabeza en el culo.

Carmen levantó la cabeza y aulló.

—Coooooñuuuuu.

La que se emocionó ahora fue Joanna, que le enterró la polla en el culo. A Carmen ya se la habían metido en el culo, pero no así, de golpe.

Quiso llamarle cabrona, pero no era muy buena recordando.

-¡Bicha!

Joanna cogió el vibrador de vara y, con toda la polla enterrada en el culo, se lo puso encima del capuchón de clítoris. 

—Gusta.

 —Sabes que sí, cabrona.

—I like the dirty talking, puta viciosa. 

—Vamos a llevarnos bien, que, que, que, que me voy a correr.

Le folló el culo muy despacio y se corrió. 

—¡Me corro!

Al acabar de correrse, le preguntó: 

—¿Querer más? 

—No, quítala, que ya perdí la cuenta de las veces que me corrí. 

—Tú, aburrida; yo, querer más fiesta.

Carmen estaba reventada, pero iba a hacer un último esfuerzo.

—Voy a hacer que te corras y luego dormimos. ¿Vale?

—O. K, pero ámarme mucho.

Carmen le dio un par de picos y luego la besó con lengua. La besó tal y como su hermana le había enseñado. Después le agarró las tetas, al tiempo que le lamía los pezones y las areolas y le chupaba y mamaba las tetas. A continuación, bajó besando y lamiendo todo lo que encontró a su paso hasta llegar al coño. Besó su clítoris, besó su coño y luego lamió el coño de abajo a arriba y alrededor. Joanna, acariciando el cabello de su hermana y moviendo su pelvis de abajo arriba y de arriba abajo, le dijo:

-You are doing well (lo estás haciendo bien).

Carmen no entendió lo que le decía, pero al haberle acariciado el cabello y hablarle con voz de mimosa, supo que le estaba gustando.

Juntó los dedos medio, anular y el índice, se los metió dentro del coño, luego los separó y los metió y los sacó, al tiempo que le lamía el clítoris. 

Joanna se retorcía, gemía y le tiraba de los pelos a Carmen. En poco más de dos minutos fue subiendo la pelvis con los dedos dentro del coño y la lengua en su coño. Cuando estaba en lo más alto, se dejó caer de golpe y se corrió rebotando sobre la cama, con los brazos en aspa, con los ojos en blanco y la lengua fuera.

Carmen seguía reventada, pero despues de ver gozar a su herma, el cuerpo le pedísa correse.

Cuando Joanna pudo hablar, le dijo:

-Último maravilloso. ¿Mañana más?

-¡Y una mierda mañana!

Le puso el coño sobre la teta derecha y, agarrada con las manos a la cabecera de la cama, frotó, frotó, frotó sin perder contacto visual con su hermana, que no movía una paja, pero cuando supo por sus gemidos y por su cara que se iba a correr, la atrajo hacia ella, le llevó el coño a la boca, le enterró la lengua en el coño, lamió, y el resto ya lo hizo Carmen. Lo que hizo fue frotar el coño contra la lengua y darle una tremenda corrida en la boca, diciendo:

—¡Me matas!

Al acabar, Joanna le volvió a preguntar: —¿Mañana más? —Sí, pero más que hoy, no, o acabaremos hechas a una mierda.

Carmen no regresó a Galicia, y es que allí abría el grifo y salía agua, y en su aldea tenía que ir a por agua a la fuente. Se tenía que bañar en una tinaja y allí tenía bañera, y así muchísimas cosas más.

Quique. 



   
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