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Original Bajo el sol del atardecer: Capítulo 3

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morboso
(@morboso)
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Topic starter   [#1807]

Capítulo 3: Entre las sombras de la cueva

La cueva era un refugio perfecto, un santuario donde el mundo exterior no podía alcanzarlos. La luz de la luna se filtraba tenuemente a través de las grietas en las rocas, iluminando sus cuerpos desnudos con un brillo plateado. El sonido de las olas chocando contra la orilla era un ritmo constante, como el latido de un corazón gigante que marcaba el compás de sus movimientos.

Juan y Pedro estaban tumbados sobre una manta que Juan había traído días atrás, sus cuerpos entrelazados en un abrazo que parecía no tener fin. La respiración de ambos era agitada, pero no por el esfuerzo físico, sino por la intensidad de lo que estaban compartiendo. Cada mirada, cada caricia, era un descubrimiento, una revelación de algo que ninguno de los dos había experimentado antes.

Pedro pasó sus dedos por el torso de Juan, sintiendo cómo su piel se estremecía bajo su tacto. Cada movimiento era lento, deliberado, como si quisiera memorizar cada detalle. Juan cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación, mientras sus propias manos exploraban la espalda de Pedro, sintiendo cómo los músculos se tensaban y relajaban bajo sus palmas.

—Nunca había sentido algo así —susurró Juan, abriendo los ojos para encontrarse con la mirada de Pedro.

—Yo tampoco —respondió Pedro, acercándose para rozar sus labios contra los de Juan—. Eres... increíble.

El beso fue suave al principio, pero pronto se convirtió en algo más profundo, más urgente. Juan sintió cómo el calor de Pedro lo envolvía, cómo sus cuerpos se fundían en uno solo. Cada movimiento era una exploración, una búsqueda de algo que ambos anhelaban pero que no podían nombrar.

Pedro bajó sus labios por el cuello de Juan, dejando un rastro de besos que lo hicieron estremecer. Juan arqueó la espalda, sintiendo cómo el deseo crecía dentro de él, cómo cada caricia lo acercaba más al borde. Sus manos se aferraron a los hombros de Pedro, como si temiera que todo fuera a desvanecerse en cualquier momento.

—Pedro... —murmuró Juan, su voz temblorosa pero llena de deseo.

—Shh —susurró Pedro, mirándolo a los ojos—. Estoy aquí. No voy a ir a ninguna parte.

Con un movimiento lento pero seguro, Pedro continuó su descenso, explorando cada centímetro del cuerpo de Juan con una devoción que lo dejó sin aliento. Cuando sus labios encontraron el pecho de Juan, este no pudo evitar gemir, sintiendo cómo el calor se extendía por todo su cuerpo. Pedro sonrió, disfrutando del efecto que tenía sobre él, y continuó su camino, dejando que sus manos y su boca lo guiaran.

Juan cerró los ojos, entregándose por completo a la sensación. Cada toque, cada beso, lo llevaba más allá de lo que había imaginado. Sentía cómo el mundo a su alrededor desaparecía, cómo todo se reducía a Pedro y a la forma en que lo hacía sentir. Era como si estuvieran creando su propio universo, un lugar donde solo existían ellos dos.

Cuando Pedro finalmente llegó a su entrepierna, Juan contuvo el aliento, sintiendo cómo el deseo lo consumía por completo. Pedro lo miró, buscando su consentimiento, y al ver la mirada de anhelo en los ojos de Juan, no dudó en continuar. Con movimientos lentos y deliberados, comenzó a explorar, a descubrir, a dar placer de una manera que Juan nunca había experimentado.

—Pedro... —gimió Juan, aferrándose a la manta debajo de él—. Esto es... increíble.

Pedro no respondió con palabras, pero su sonrisa y la forma en que lo miraban decían todo lo que necesitaba saber. Continuó, llevando a Juan al borde una y otra vez, hasta que finalmente lo dejó caer en un abismo de placer que lo dejó temblando.

Cuando Juan recuperó el aliento, se inclinó hacia Pedro, buscando sus labios en un beso apasionado. Quería devolverle cada caricia, cada momento de placer que le había dado. Con movimientos torpes pero llenos de deseo, comenzó a explorar el cuerpo de Pedro, sintiendo cómo este respondía a cada toque, a cada beso.

—Es tu turno —susurró Juan, mirándolo a los ojos.

Pedro asintió, dejándose llevar por la sensación. Y mientras la luna los iluminaba desde lo alto, Juan y Pedro continuaron explorándose, descubriéndose, entregándose el uno al otro en un baile de pasión y deseo que los unía de una manera que nunca olvidarían.


Morboso


   
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(@armansor)
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uff como se hacen decear tus relatos 

eso me pone mas calentito 



   
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morboso
(@morboso)
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