EL EMBRUJO DE MI CATRACHO
Todo comenzó en Tegucigalpa la capital de Honduras, era un día en que hacía un buen tiempo según cuentan; pero a la hora de mi nacimiento se desató una gran tormenta con relámpagos y fuertes truenos, vientos casi huracanados; nadie sabía lo que estaba ocurriendo.
Una enfermera un poco rara se acercó a mi madre llevándome en sus brazos y entregándome a mi progenitora le dijo: “Éste niño fue el que trajo la tormenta, no se preocupe no es algo malo solo es diferente” y acto seguido se marchó.
Yo crecí de forma normal, corriendo, jugando, leyendo todo lo que llegaba a mis manos y llegó el más extraño de los libros por mí nunca visto a tan solo 100 años de su creación según se leía en su portada con un título que se leía: EMBRUJOS CATRACHOS.- Más llamó mi atención y comencé su lectura, me costaba entender algunos términos; pero haciendo la mejor investigación llegué a un punto en el que me indicaban como desarrollar mi mente con una oración, mas bien un conjuro.
Éste conjuro me indicó como hacerme entender de tal manera que todo al que le hablaba y contaba lo que deseaba me ayudaba a hacerlo realidad, así llegué a tener las cosas más lindas por mi soñadas; todas las riquezas y amores más deseados.
Un día conocí a esa persona tan especial que mi corazón dio un salto y me indicó ésta es, como para mí era costumbre me le acerque y le hable; le dije que era la criatura más bella que conocía y que deseaba estuviéramos juntos por el resto de nuestras vidas, pero al ver que no hacía efecto repasé el texto del embrujo, se lo repetí y nada funcionaba.
Le dije claramente que me gustaba y que no sabía que pasaba que mi embrujo no funcionaba en el y viéndome con la mirada más seductora que nunca observe me dijo: “ese es MI EMBRUJO CATRACHO” todo el que me sedujo se embrujará y perdidamente se enamorará de mí y no Yo de ellos.
Imposible le replique, ¿Cómo conoces del embrujo? Y respondiéndome muy seria me dijo: “No te preocupes amor, te vas a sentir muy bien y Yo también disfrutando lo que has acumulado para mí”.
Jajajajaja jajajaja Yo si soy tu brujo y tu mi amado.
Y así comenzamos un amorío que Yo no comprendía, esto en vista que se suponía que era Yo era el que embrujara y no él a mí.
Geova, era un tipo muy masculino y hermoso; bien medía 1.85 mts. de alto con unos ojos grandes color café muy claros, pelo negro algo ondulado con piel trigueña clara y era uniceja (se le miraba genial) además de tener un atractivo para mi muy especial y era un par de pies grandes bien calzaba del 44.- Si bien no tenía una tableta completamente marcada en su abdomen, sí tenía lo suyo en relación a un buen cuerpo trabajado en el campo, brazos gruesos y firmes con una espalda que terminaba en “V” y un trasero respingón que te hacía voltearlo a ver; él venía del interior del país y toda su juventud y adultez joven la había pasado con ganado, cargando de todo en una granja de su familia.
A medida nos fuimos conociendo mejor, Yo sentía que Geova me gustaba muchísimo más; su gran carácter y modo de tratarme, así como sus prontas caricias y alagos hacia mí.
Una tarde que salía del trabajo me llamó para invitarme a un café en el centro y al encontrarle me dijo: “¿Te gustaría conocer un lugar en el cual no les importe si te beso y acaricio en frente de todos?”.
Yo sabía de mi atracción por los hombres y eso que había tenido mis novias.
Nunca había entrado a aquél lugar, lo había visto por fuera y sí me llamaba la atención pero solo no me atrevía.
Ubicado en el mero centro de Tegucigalpa en la casona de los Fortin estaba ENCUENTROS.
Ni que mejor puesto el nombrecito ese.
Un salón largo con un 2do. piso tipo balcón, casi no había nadie pues era temprano apenas rosaban las 6:00 pm y nos fuimos directo a arriba a tomar una mesa pegada a la pared, Geova me pidió una cerveza al igual que para él y tras dar un primer brindis por nuestra amistad me ha plantado mi primer beso con otro hombre.
Eso me acelero el corazón de una forma del mil x mil, sentí las mejillas o como decimos aquí los cachetes calientes y se han de haber visto colorados.
Cuidado que nos pueden ver dije Yo, a lo que Geova me dice: ”Mira Lewis, aquí no le paran bola a eso” y si no me crees mira hacia abajo.
Yo reaccioné volteando a ver entre el pasamanos y vi como una pareja de machos se estaban dando un sabroso beso sin inmutarse de la cantinera que estaba a un par de pasos de ellos.
Es que Yo nunca había estado en un lugar así le dije, todo esto es nuevo para mí.
Sonaba música variada entre romántica, salsa, inglés y algunas baladas rancheras que estaban muy acorde al lugar.
Aquí también puedes bailar y sin problema me dijo, éste es un bar gay; de los pocos que hay en Tegus (así le decimos a Tegucigalpa la Capital de Honduras).
Yo he venido aquí como unas 3 veces me dijo Geova, siempre he venido solo y ésta es la primera vez que vengo con alguien y creo que lo voy a pasar bien.
El lugar pronto se fue llenando de mucha gente, mayormente hombres y algunas mujeres que al parecer llegaban juntas y se sentaban en grupo de a 4 mujeres y uno que otro hombre a los cuales algunos había visto Yo por las calles reconociendoles como gay.
En eso estábamos cuando sonó música de Barry Manillow y Geova me dijo: “Ven vamos a bailar”.
Tomándome de la mano me atrajo al centro de las mesas del 2do. piso en dónde ya estaban bailando un par de hombres y una pareja de mujeres.
Como Geova es mucho más alto que Yo coloqué mis brazos al rededor de sus hombros y él me tomó de la cintura y me atrajo hacia él.
Pude oler su aroma a macho con toque de perfume con toques de especias, algo muy sensual para mí.
Luego siguió otra y otra canción y nosotros no parábamos de bailar.
Hubo besos y caricias al igual que algunos a nuestro rededor.
Ya era de madrugada y habíamos pasado unas riquísimas horas bailando y gozando de nuestras bocas y acariciándonos a lo sabroso.
Cuando salimos de allí me dijo: “Lewis, te invito a quedarte con migo hoy”.
Nos dirigimos a la zona de Los Dolores, llamado así por estar cerca de la Iglesia del mismo nombre en donde se encuentran un grupo de hotelítos cómodos.
Yo estaba hecho un manojo de nervios, era mi primera vez para todo esto.
Geova fue muy tierno con migo, él se encargó de la recepción y al entrar en la habitación me abrazó muy tiernamente y me planto un largo y sabroso beso.
Al mismo tiempo que acariciaba mi espalda y retiraba de a poco los botones de mi camisa, sus manos jugaban con mi pecho y las podía sentir por mi cintura en un juego de caricias combinadas con besos en mi cuello.
Yo estaba en la gloria, tenía a un macho muy masculino y cariñoso solo para mi.
Poco a poco me terminó de desvestir y haciéndome sentar en la cama retiró mi pantalón, los calcetines y comenzó besando mi talón subiendo; mi pantorrilla y siguió su recorrido hacia arriba.
Mi piel se erizaba al sentir sus labios dándome pequeños besos y lamidas sustanciosas a lo largo de su recorrido.
Su boca saltó a la otra pierna y tomando mi pantorrilla entre sus labios me causó una sensación exquisita y sensual como nunca había sentido.
Sus manos comenzaron a tirar de mi boxer hacia abajo y a dejarme completamente desnudo, al llegar con el a la altura de mis tobillos subió sus brazos haciéndome exponer mi trasero quedando expuesto como nunca lo había estado.
Que situación tan morbosa y deliciosa.
Con su boca mordió mis nalgas muy delicadamente causándome corrientes de excitación aún mayor de las que ya estaba disfrutando.
Su lengua urgó con deliciosos movimientos mi agujero relamiendo de a poco mis huevos.
Subió a lo largo de mi pene ya erecto y lo lamió.
Succionó el glande y acsorbió el precúm que Yo estaba destilando a chorros por el agujero de mi ureta.
Yo me revolvía en la sábana de esa cama.- Mis gemidos eran fuertes que estoy seguro que bien los podían escuchar en el pasillo del hotel.
No podía creer que un macho de ese calibre me pudiera estar mamando la verga sin pudor causándome tanto gozo.
Esto si era gozar, no esas pajas viendo videos que no llegaban a ser ni la mitad de sabrosos y morbosos de lo que me estaba ocurriendo.
Geova subió por mi ombligo y continuó hasta alojarse en mi pecho succionando mis pezones duros como botones.
Nos besamos y poco a poco lo abracé para luego tirar sus ropas al suelo sin siquiera voltear a verlas, mis manos acariciaron sus nalgas que eran tersas y con un manto de pelo que las cubría de forma sabrosa.
Pude acariciar la raja de su trasero que estaba completamente forrado de una mata de pelos gruesos y suaves.
Poco a poco el se fue subiendo sobre mi y pude sentir como su riata se posesionaba sobre la mía y podía sentir como era en extremo mucho más larga y gruesa.
Sus bolas pesaban contra mi pene y mis manos fueron acariciando sus piernas gruesas y peludas.
En eso estaba cuando pude sentir como su verga se deslizaba por mi estómago y continuaba subiendo hasta llegar a mi boca esa suculenta manzana llamada glande.
Que riquísimo néctar salía de ella.
Su sabor agridulce me recordaba un delicioso manjar que degusté cubierto de una salsa muy especial.
Abrí mi boca al máximo para poder alojar ese glande y permitirle su entrada en mis fauces y que pudiera seguir su camino hasta mi garganta.
Ese cilindro grueso, duro, caliente y sabroso me estaba haciendo llegar a límites nunca alcanzados por mi.
Geova emitía gruñidos ahogados y comenzaba a hacer movimientos de entrada y salida en mi boca.
Mi lengua podía sentir su pene firme y caliente a medida entraba y salía, mi saliva era ese lubricante tan necesario para poder hacerla entrar milímetro a milímetro hasta que traspasó mi campanilla y pude sentirla muy adentro en mi garganta.
Era una riata enorme, me cubría toda la garganta y podía sentir como se hacía espacio cortando mi respiración.
En ocasiones la sacaba toda y luego volvía a introducirla nuevamente intentando traspasar lo ya invadido en sus arremetidas anteriores.
De mis ojos salían lágrimas y en ocasiones me atragantaba intentando respirar.
Con mis manos tuve que empujar sus caderas porque sus fuertes arremetidas me partirían la garganta.
Se encogió en si mismo y se lanzó a besarme la boca como si de respiración boca a boca en un acto de resucitación se tratara.
Pude sentir el peso de su cuerpo alojado sobre todo el mío y era un aplastamiento que disfrutaba con todas las fibras de mi ser.
Sus brazos me tomaron de la espalda y sus piernas abrieron las mías alojandolo como si en una cuna humana se encontrara.
Mis piernas automáticamente le rodearon y pude sentir su troza apuntando en mi agujero virgen aún.
Mi corazón latía a millón, mis poros comenzaron a transpirar y una fina capa de sudor me cubría por completo.
Pude sentir como jugaba con la cabeza de su pene en la entrada de mi trasero y como poco a poco mi esfinter iba cediendo a su diámetro y que con ayuda de su líquido preseminal como lubricante se fue incrustando dentro de mi.
Pude sentir como mi esfinter abrazó la corona de ese enorme glande y como el grosor de su tallo fue ensanchando mi entrada.
Pronto el dolor inicial se fue debilitando dando paso a una sensación nunca igualada.
Pude sentir como rozaba mi próstata y como todo mi tracto rectal se llenaba por completo con ese cilindro de pura carne.
Supe al fin lo sabroso que era ser poseido, ser penetrado por un macho que sabe como dar placer a otro hombre; en ese momento pude sentir como sus huevos chocaban contra mis nalgas y su pincel entraba completamente dentro de mi.
No se cuanto tiempo estuvo dándome leña con su mete y saca, su boca cubriendo la mía y sus manos apretándome contra su cuerpo.
Luego poco a poco bajó una pierna y cruzando sus piernas en mí, logró hacer una cruz completa y enterrarme más profundo su martillo y seguía golpeando mi próstata en cada empujón que me daba.
De repente pude sentir como su cuerpo se tensaba, las gotas de sudor caían en mi cuerpo y cara y al mismo tiempo como su pene vibraba en mi interior lanzándome chorros completos de ardiente semen que chocaban en las paredes de mis intestinos.
Fueron unos 5 abundantes chorros de semen que preñaron mi interior y al retirar su pene sonó como la presión por él creada debido a su gran bombeo salia junto a un pequeño chorro blanco que se escurría hasta las sábanas que nos resguardaron.
Geova cayó a mi lado y hasta allí me dí cuenta que mi erección seguí firme y él también se dio cuenta y comenzó a darme una grata paja que no tardó más que unos cuantas sacudidas para liberar todos mis jugos acumulados y que él con su mano empapada de ellos se llevó hasta su boca y los saboreó.
FIN
l****@gmail.com
Buen relato !!!!!!!





