Justo, el amigo del...
 
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Justo, el amigo del tabernero.


danisampedro91
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   Había subido al vehículo del amigo del tabernero, se había ofrecido a llevarme después de haberme follado junto a su amigo, y ahora después de dudar un poco, había aceptado a ir con él a su casa. Me había invitado a beber algo y pasar un buen rato junto a él. No eran precisamente los planes que tenía, pero después de la follada que acababa de darme junto a su amigo el tabernero, viendo la hora que era y conociéndome cómo me conocía, sabía que al final iba a andar por el centro buscando con quien follar. Así que luego de dudar unos segundos, había aceptado diciéndole que bueno.

 

   Vi la cara de satisfación que puso al aceptar la invitación que me había hecho de ir a ir con él a su casa, como frotaba mi pierna mientras me decía lo bien que lo íbamos a pasar. De perdidos al río, me decía para mis adentros, al fin y al cabo, seguía caliente como una perra en celo, pasar toda la noche no me importaba, al día siguiente no tenía nada que hacer y estaba seguro de que, si bajaba al centro, iba a estar toda la noche buscando alguna polla que me follara, era lo que solía hacer cuando andaba caliente como estaba ese día. Era como si entrara en celo igual que una perrita, que se deja montar por el macho una y otra vez, hasta que deja de estar en celo. Yo era igual, mientras no se me pasara esa calentura, iba en busca de rabo seguido para que me follaran.

 

   Mientras iba conduciendo, de vez en cuando llevaba su mano a mi pierna, frotándomela a la vez que me iba hablando. Me preguntaba cuantos años tenía, como me llamaba, si hacía mucho que conocía a Bernardino el tabernero, si ya me había follado más veces, etc. Etc. Etc. Al final fue cuando me dijo que él se llamaba Justo, que vivía solo en una casa de campo en el ayuntamiento de Sada, que yo le había gustado, que se alegraba el haberme conocido. La verdad es que por momentos me sentía algo extraño, me sentía un prostituto al que llevan para follar y pasar un rato, lo que estaba seguro era de que follar seguro que íbamos a follar, y que algo de prostituto también, porque amor lo que era amor, allí no había, me iban a dar por el culo y disfrutar de mi cuerpo, claro que yo también estaba pensando en disfrutar con la polla del maduro aquel.

 

   Poco a poco así hablando, cuando me di cuenta, ya estábamos aparcando en la parcela que había a un costado de su casa. Yo ya iba caliente, entre las frotaciones de su mano a mi pierna, y el saber que me iba a volver a follar, yo ya estaba empalmado de nuevo. Llevaba 2 días que la calentura que tenía no me dejaba tranquilo, solo pensaba en follar y follar.

 

   Primero salí yo del vehículo, quedándome a la espera de que bajara él, y cuando salió, vino hasta donde yo estaba y luego de abrazarme por la cintura, me pegó al costado del vehículo, empezando a morder los labios, mmm, como me gustas, me susurraba comiéndome la boca mientras una de sus manos apretaba los cachetes de mi culo y con la otra me sujetaba por la nuca. Ya verás que bien lo vamos a pasar, tienes un culito que me vuelve loco, me decía sin dejar de manosearlo mientras me comía la boca.

 

   Mientras tanto yo, pegado al vehículo, enrojeciéndome a la vez que abría la boca saboreando su lengua, llevé mi mano a su entrepierna, empezando a palpar y sobar aquella polla, que tanto me había gustado y había hecho chillar de placer en la taberna de Bernardino.

 

   Cuando por fin me soltó, echándome una mano por la espalda, empezamos a caminar hacia la puerta de la casa y una vez hubo abierto la puerta, me hizo pasar, luego detrás mía lo hizo él, cerró la puerta encendiendo luego las luces de la entrada.

 

   Me llevó a la sala, donde después de hacerme quitar la cazadora y hacerme sentar sobre el sofá, fue a dejar esta sobre el colgador que había junto a la entrada.

   ¿Qué vas a beber, me preguntaba mientras colgaba mi cazadora y su chaqueta, tengo de todo, vino, cerveza, whisky, ron, ginebra…  ¿o quieres comer primero algo? Si quieres podemos picar primero un poco de jamón y queso, luego nos tomamos unas copas, ¿Qué te parece?

 

   Bueno, como tú quieras, a mí me da lo mismo.

 

   Se acercó de nuevo a mí, sentándose a mi lado, llevó su mano a mi barbilla a la vez que me decía, lo que yo quiera no, lo que quiera mi reina, me decía volviendo a besar la boca. ¿Te apetece picar un poquito de queso y jamón?

   Bueno, le contesté a la vez que me encogía de hombros.

 

   ¿Y de beber que prefieres, vino o cerveza? El vino está muy bueno, es Marqués de Murrieta, si quieres abrimos una botella para picar con el jamón y queso y luego nos tomamos unos cubatitas, ¿Qué te parece?

 

   Vale le dije, inclinando la cabeza en señal de afirmación.

 

   Encendió la televisión, diciendo, pon donde quieras, luego podemos poner unas películas que tengo para ir entrando en ambiente.

 

 

   Mientras él fue a buscar lo que había dicho, yo con el mando de la televisión en mi mano, miraba para él, sin llegar a hacer nada, solo estaba inmerso en mis pensamientos. Una sensación extraña recorría mi cuerpo, era como si por momentos me sintiera sucio, iba a dejar que aquel hombre usase mi cuerpo e hiciera conmigo lo que quisiera, sabiendo que iba a darme por el culo y preñarme bien preñado. Pero bueno, si estaba allí era porque yo así lo había querido, y la verdad es que me gustaba que me dieran por el culo. Me gustaba que me utilizaran y dejaran bien preñado el culo de leche, disfrutaba con aquello.

 

   Cuando me di cuenta, ya estaba de vuelta el amigo del tabernero que acababa de conocer aquella noche, venía con una tablilla donde había jamón y queso, un trozo de pan y en la otra mano 2 copas de vino y debajo del brazo la botella de vino que había dicho. Colocó todo sobre la mesa que había hacia un costado de la sala, llenó las copas de vino, diciéndome que me levantara para picar algo a la vez que estiraba su brazo pasándome la copa de vino.

 

   La verdad es que yo mucha hambre no tenía, pero por no querer hacerle un feo, mientras bebía de la copa de vino, piqué un poco de aquel queso y un par de lonchas de jamón.

   Antes de que acabase de terminar el vino que tenía servido en la copa, él volvió a echarme más vino, volviendo a llenar la copa. Si seguía a aquel ritmo, iba a terminar además de follado y preñado, con una buena cogorza. Ya los colores de mi cara eran bien visibles, empezaba a estar colorado como un tomate, y la polla la tenía más que morcillona, el culito me picaba pidiendo más polla, estaba ardiente y con ganas de verga.

 

   No comes nada, me decía. Anda ven me dijo rodeando mi cintura con su brazo mientras me sacaba la copa de vino de la mano dejándola sobre la mesa. Cogió un trocito de queso, llevándolo a mi boca y haciendo que la abriera a la vez que me introducía sus dedos, haciéndome comer aquel trozo de queso que llevaba a mi boca.

   Así, abre esa linda boquita me decía, mientras me pegaba a él pudiendo notar yo el pedazo de rabo que ya se le empezaba a notar hinchado y abultado en su entrepierna.

   Me restregó su ya abultado miembro por mi cadera, sintiendo su mano cómo iba sobando los cachetes de mi caliente culito, y la otra mano la llevaba a mi paquete, a la vez que llevaba su boca a mi cuello susurrándome al oído, que bueno estás, maricón, no te preocupes que esta noche te voy a hacer disfrutar como nunca. Te voy a follar este culito como nunca te lo han follado, me susurraba sin dejar de magrear los cachetes de mi culo y paquete.

   Una vez terminé de comer el trozo de queso que me había metido en la boca, cogió mi copa de vino, poniéndomela sobre los labios para que bebiera, y mientras yo la sujetaba con mi mano, echó mano a la suya, terminando ambos por acabar de beber lo que quedaba en la copa. Volvió a posar la copa sobre la mesa, haciendo luego lo mismo con la mía, empezando luego a apoderarse de mi boca.

 

   Chupaba y mordía mis labios, metía su lengua en mi boca jugando con la mía a la vez que saboreaba toda mi boca, mientras con sus manos empezaba a aflojarme el cinturón, luego desabrocho los botones del tejano que llevaba, tirando luego de mi camisa hacia arriba, poniéndose a desabotonarla desde abajo.

 

   Así, asiií susurraba desabotonándome la camisa, ¡ohhh maricón que ganas te tengo! Dios cabrón que bueno estás, me decía terminando de desabotonarme la camisa.

   Empezó a pasar sus manos por mi pecho y abdomen, a la vez que hacía que mi camisa empezase a caer por mis hombros, apoderándose con su boca de mis hinchados y duros pezones, empezando a chuparlos y morderlos con sus dientes, mientras la camisa iba resbalando por mis brazos hacia el suelo.

 

   Yo me estremecía empezando a temblar por el gusto que me estaba haciendo sentir, pudiéndolo notar él como me empezaba a retorcer y temblar con aquellas caricias y mordiscos que me iba dando.

 

   ¿Te gusta eh? Te gusta, ¿eh maricón? Mira como te retuerces y tiemblas me decía.

 

   Una vez la camisa hubo caído al suelo, empezó a bajarme el pantalón junto al slip, mientras yo trataba con desesperación de aflojarle el cinturón, tratando luego de desabrocharle el pantalón y poder así liberar aquella verga que me iba a volver hacer suyo de nuevo. Quería tocar y acariciar aquella polla que tanto deseaba, quería tenerla en mis manos y poder acariciar aquello que tanto me gustaba y deseaba.

 

    Una vez mis pantalones y slip cayeron al suelo, mientras yo seguía tratando de liberar aquella enorme polla que me iba a volver hacer suyo, él mordiendo ahora mi cuello, bajaba sus manos a mi entrepierna, empezando a acariciar con su mano, mientras con la otra la llevaba a mi culito, pegándome más a él.

 

   Yo sin poder dejar de retorcerme y temblar de gusto, gemía ahora por los mordiscos que me daba en el cuello, pudiendo liberar por fin aquella verga que tanto deseaba. La acariciaba y sobaba muriendo de ganas por sentirla de nuevo dentro mía.

 

   Anda, quítate los zapatos y termina de quitarte la ropa, me decía empezando él a quitarse la suya mientras yo seguía aferrado a aquella enorme verga que tan feliz me hacía.

 

 

   Sin dejar de acariciarle la enorme polla, me fui despojando del resto de la ropa, apoyando la puntera de un pie sobre el talón del otro, me despojé de los zapatos, liberándome luego del pantalón y slip. Ya estaba completamente desnudo, solo tenía los calcetines puestos, los que terminé de quitar, viendo como terminaba de desnudarse, aquel hombre que acababa de conocer aquella noche.

 

   Viendo como le colgaba aquel enorme rabo mientras se despojaba de la ropa, yo lo miraba medio hipnotizado. Me caía la baba viendo aquella enorme verga, solo pensaba en el placer que me había dado cuando en la taberna me la había metido por el culo. Dios que sensación me había dado notar como aquella verga me iba abriendo el culo, a la vez que se iba introduciendo en mí. Recordar aquello y ver cómo le colgaba en medio de las piernas junto a aquellos cojones, mientras terminaba de quitarse la ropa, hacía que mi cuerpo se estremeciera, notando un hormigueo recorrer mi cuerpo y mi estómago encogerse.

Volví a llevar mi mano a aquel cipote que le colgaba como si fuera el badajo de una campana, empezando a acariciarlo.

 

   ¿Te gusta? Me preguntaba él.

 

   Sí le respondí, moviendo la cabeza en señal de afirmación. Claro que me gustaba, me tenía hipnotizado ver aquella verga con que la naturaleza lo había dotado. Y saber que aquello me la iba introducir por el culo, me hacía estremecer y subir la adrenalina.

 

    Echándome el brazo por las caderas, me aferró a él, diciéndome:

    Ven perrita, vente que esta noche la vas a tener toda para ti, me decía pegándome a él.

 

   Abrazado a él, sin soltarle yo la enorme polla me acercó a la mesa donde estaban las copas de vino, volviendo a llenarlas con el resto del vino que quedaba, haciéndome beber mientras yo seguía acariciando con mi mano aquella enorme pija.

 

   ¿Te gusta la polla eh? Te gusta ¿eh mariconazo? Me decía acariciándome el culo con una de sus manos, mientras con la otra sujetaba la copa de vino, dejando que yo le acariciara hipnotizado la polla con la que me iba a hacer chillar de gusto, dejándome bien preñado.

 

   Terminamos de beber el vino que faltaba, llevándome abrazado a él hacia el sofá, donde me hizo subir una pierna a la vez que mordía mi cuello y nuca, susurrándome:

    Eres un pervertido y viciosillo, ¿eh? Eres como una perrita en celo, no te hartas de polla, me susurraba mordiéndome el cuello y nuca.

   Yo gemía retorciéndome de gusto mientras me apoyaba sobre su pecho.

   Noté como su mano acariciaba mi culito, e iba buscando la entrada de mi agujero, empezando a meter un dedo en él, nada más encontrarlo.

   Presionó introduciendo primero un dedo en él, haciendo que mi esfínter se abriera, metiendo al momento de abrirse un segundo dedo, haciendo que soltara un sonoro gemido al notar como se abría mi culo, dejando que sus dedos se introdujeran en él.

 

   ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gemí al notar entrar sus dedos por mi culo, haciendo que mi esfínter se abriera y empezase a dilatar. No le había costado mucho, todavía tenía el esfínter algo dilatado de la follada que me habían dado en la taberna, y el esfínter enseguida se abrió dejando paso a sus dedos.

   Metió y sacó varias veces, pudiendo comprobar que mi culo aún guardaba parte de la corrida con la que me habían preñado, por lo que sus dedos resbalaban entrando fácilmente.

 

   Tienes el culo bien abierto maricón, mira cómo te entran mis dedos, aun se nota la corrida que te dejamos en él.

 

   Yo me retorcía de gusto, me abría de piernas todo lo que podía a la vez que apretaba con mi mano su verga, deseando que me la volviera a meter por el culo.

 

   Viendo que yo me moría de ganas por sentir de nuevo aquella polla dentro mía, sacó sus dedos de mi ardiente y desesperado culito, manteniéndome con la pierna subida al sofá, agarró su polla llevándola la entrada de mi agujero, y luego de colocar la punta en la entrada, empezó a empujar su pelvis, haciendo que su verga empezase a entrar en mí.

   ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí, notando como su pija iba entrando por mi culo, ¡ooohhh ohhh! Chillé por segunda vez, al notar como daba una segunda envestida, dejándome empalado por completo en aquella enorme verga.

 

    Así maricón, asiií, me decía impulsando su pelvis contra mi culo para introducirme la polla por completo. Me había entrado hasta los mismísimos cojones. Notaba su pelvis y vello púbico pegados a mi culo, y sus huevos en la entrada de mi ano.

 

   ¿Te gusta, te gusta eh maricón?

   Así perrita, así, gime, gime como una perrita. Mira como te retuerces de gusto, eh maricón… 

 

   Te gusta que te den por el culo, ¿eh? Te gusta la polla y que te follen, pedazo de maricón. Gritaba metiendo y sacando la polla de mi culo una y otra vez.

 

   Yo no dejaba de gemir y chillar por el placer que estaba sintiendo. No podía sujetarme a nada, solo apoyarme sobre su pecho, sintiendo como estaba siendo follado por él.

   Mi polla que estaba tiesa rezumaba líquido preseminal dejándola toda pringada, aquello me volvía loco, me gustaba que me follaran, me gustaba ser Poseído y que me hicieran suyo, sentir una polla dentro mía me volvía loco.

 

   Él viendo lo caliente que yo estaba, y las ganas que tenía de polla, me estuvo dando por el culo un buen rato, hasta que, llevando su mano a mi polla, al poco de tocarla y acariciármela, notó como yo empezaba a convulsionar y empezaba a correrme en su mano.

   Me corro, me corro, gritaba yo derramando mi semen sobre su mano, ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Chillaba mientras él seguía dándome por el culo.

 

   Así maricón, así, mira que orgasmo estás teniendo, mira como te corres de gusto, ¿eh puta? Me decía limpiándose la mano sobre mi vientre y abdomen, esparciendo toda mi corrida.

 

 

   Nada más terminar de eyacular, empezaron las piernas a temblarme, no pudiendo aguantarme de pie, por lo que él sacándome la polla del culo, dejó que cayera tumbado sobre el sofá.

   Se sentó a mi lado acariciándome el culo y espalda, mientras me iba diciendo:

    Te ha gustado eh, te hecho disfrutar, ¿eh maricón? No te preocupes, vamos a descansar un poquito y luego te seguiré follando, tenemos toda la noche para nosotros. Ahora vamos a beber unos cubatitas y reponer fuerzas para seguir más tarde, me decía acariciándome el culo y la espalda.

 

   Se levantó del sofá, preguntándome de que quería el cubata. ¿De qué quieres el cubata?

 

   Sin apenas poder contestarle, le respondí que de ron. Ron con Coca-Cola, le dije tumbado boca abajo sobre el sofá.

 

   Al poco rato vino de nuevo trayendo unos vasos con hielo y unos botes de Coca-Cola, los dejó sobre la mesa donde estaban las copas de vino, fue en busca de la botella de ron, sirviendo un buen trago en uno de los vasos, luego fue por una de whisky, sirviéndose para el otro buen trago.

   Una vez servidos, trajo ambos vasos a donde yo seguía tumbado boca abajo, y luego de hacerme sentar, me pasó el cubata, dándole yo un trago para probarlo y de paso refrescarme un poco.

 

   Mientras bebía del cubalibre, le pregunté si se podía fumar, contestándome que sí, que podía fumar si quería. Se levantó acercando la mesita donde tenía el mando de la televisión y un enorme cenicero. Apoyé allí el cubalibre levantándome a buscar el paquete de tabaco, que tenía en el bolsillo de la cazadora, trayéndolo conmigo junto al encendedor.

 

   Mientras yo iba en busca del tabaco, el sin dejar de mirarme, viendo como iba desnudo en busca del tabaco, se levantó en busca de unas películas que colocó para que pudiéramos verlas mientras bebíamos aquellas copas.

 

   La película que había puesto era porno gay. Mientras veíamos aquella película, fuimos bebiendo los cubatas que había servido, yo ya iba con el segundo cigarrillo, al apagarlo, él rodeándome con su brazo, me pegó a él. Ven para aquí putita, déjame acariciarte. Mira como estoy, me decía sin dejar de meter mano.

   Yo que ya lo había visto mientras veíamos la película, llevaba mi mano a la enorme e hinchada verga, el cabrón estaba totalmente empalmado, entre que no se había corrido mientras me había follado haciéndome correr, y ver aquellos tíos follándose con aquellas enormes vergas, lo tenían empalmado y salido como un burro.

   Dios, miraba la verga acariciándosela con mi mano, sorprendiéndome de que aquella enorme pija pudiera estar dentro mía. Como me hacía chillar la hija de puta cuando me la introducía por el culo.

 

   Chúpala un poquito, me decía empujando mi cabeza hacia ella. Anda no seas malo hazle mimitos y chúpala un poquito. Abrí la boca mientras la aguantaba con mi mano, empezando a chupar aquella enorme cabeza que se mostraba enrojecida e hinchada, ¡ooohhh que gusto! Suspiraba él, empujando mi cabeza, tratando de que tragara más. Pero yo que apenas me cabía en la boca, la tenía agarrada con mi mano, dedicándome a chupar y succionar el glande. Chupaba con mis labios aquella cabeza, le pasaba la lengua por el frenillo metiendo la punta de mi lengua por la piel del prepucio, tragándola luego hasta donde era capaz.

   Así estuve durante un buen rato chupándole la polla, hasta que él viendo, lo cansado y las arcadas que me daba tratando de meter todo lo que podía aquella enorme polla en mi boca, cogiéndome de los brazos, me hizo sentar a horcajadas sobre él.

   Al momento supe que quería volverme a follar, quería empitonarme de nuevo, y ahora quería metérmela por el culo, teniéndome sentado a horcajadas sobre él.

   Yo, aunque estaba cansado, todavía estaba caliente, así que llevé mi mano hacia atrás, agarré con mi mano aquella polla colocándola en la entrada de mi agujero, empezando a sentarme a horcajadas sobre él, mientras su verga se iba introduciendo de nuevo por mi culo.

 

   ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh ohhh! Chillaba notando como aquella verga volvía a profanar mi caliente y vicioso culito. Sujetado a sus hombros, me abrazaba a él, notando como me volvía a sodomizar, chillaba y gemía mientras bajaba y subía, introduciéndome una y otra vez la polla por el culo.

 

   Asiií perrita, asiií, disfruta y haz gozar a tu macho, me decía él, ayudándome con sus manos a que cabalgara sobre aquella verga que me hacía chillar de gusto.

 

   ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Joder que culito tienes maricón, Dios que gusto da follarte, me decía clavándome una y otra vez en su estaca.

 

   Yo sudaba por todas partes, ya no podía más, apenas me daba subido y bajado por su polla, movía mi culo adelante y atrás, mientras me abrazaba a él, comiéndole la boca. Le mordía y chupaba los labios, diciéndole:

    Fóllame, fóllame, dame por el culo y hazme tuyo. Fóllame, quiero que me lleves a la cama y me folles, quiero que me hagas tuyo, quiero ser tu perrita, le decía mordiéndole y chupándole los labios mientras me tenía empalado en su verga.

 

   Sí maricón, siií, te voy a follar y hacer mío, te voy a dar por el culo toda la noche, vas a ser mi perrita y te voy a hacer mío.

   ¿Quieres que te lleve para la cama?

   ¿Quieres que te folle acostadito en la cama eh maricón?

 

   Siií, le decía chillando del placer que estaba sintiendo mientras me daba por el culo sentado a horcajadas sobre él.  

 

   Viendo lo desesperado y cansado que estaba, me hizo levantar de su regazo donde me tenía a horcajadas empitonado en su enorme verga, y abrazándome a él, me llevó para su dormitorio, donde luego de echarme sobre la cama, fue hacia su armario, de donde después de abrirlo y rebuscar, cogió una corbata.

 

   Al ver lo que cogía, al principio me asusté, no sabía que iba hacer con aquella corbata. Pero enseguida me tranquilizó, tranquilo, no te asustes que no te voy a hacer nada malo, me decía al ver la cara con que lo miraba. Tu solo déjame a mí, ya verás como te va a gustar y vas a disfrutar.

 

   Se acercó a mí, ordenándome que pusiera los brazos estirados a lo largo de mi cuerpo, cosa que hice, dándome cuenta de que era lo que iba a hacer cuando sujetándome por uno de ellos, metió una de mis manos por dentro del lazo de la corbata, haciendo luego lo mismo con el otro brazo, dejándome así atado e inmovilizado, con mis manos sobre mi espalda, atadas con aquella corbata.

 

   Así me tenía totalmente inmovilizado, tumbado boca abajo sobre su cama, con las manos a mi espalda, atadas con aquella corbata, quedándome totalmente indefenso y a su entera disposición.

 

   Así maricón, así te quiero tener, inmovilizado y sumiso, con el culito dispuesto para follarlo y hacerte mío. Me aferró con sus manos por la cintura, haciéndome que levantara mi culito, dejándome con la cabeza y parte del pecho sobre la cama, con el culo levantado en posición de perrito sumiso.

   Me hizo abrir un poco más las piernas, quedando mi agujerito totalmente expuesto y listo para ser follado. Pasó su mano por mi entrepierna, acariciándome la polla que ya estaba algo morcillona y toda pringada de líquido preseminal, luego acarició mis huevos haciéndome gemir, y sujetándome por las caderas, acercó su enorme verga al agujero de mi culo que se mostraba dilatado y enrojecido, y luego de colocar la punta de su enorme verga sobre él, mientras me sujetaba por las caderas, dio una envestida moviendo su pelvis a la vez que tiraba de mis caderas hacia él, clavándome toda su enorme virilidad, de una sola estocada.

 

   ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh ohhh! Chillé notando como entraba por mi culo toda su verga. Me había llegado a lo más profundo de mis entrañas, Dios, me la había enterrado hasta el corvejón. Notaba sus huevos pegados en la entrada de mi ano, su pelvis y vellos púbicos pegados a mis nalgas, mientras él gritaba:

   Asiií maricón, asiií, ahora verás como se folla a un maricón y viciosa putita como tú. Te voy a dar por este caliente culito que tienes, hasta dejarte bien preñado, verás como te folla un macho y te hace gozar, me decía, empezando a culear salvajemente.

 

   Las envestidas que me daba eran tan fuertes y profundas, que chillaba como un loco. Notaba como su polla rozaba una y otra vez masajeando mi próstata, como su polla llegaba una y otra vez al tope de mi culo golpeándolo, y el sonido que hacía al chocar su pelvis contra mi culo, plof, plof plof plof plof, plof, plof plof plof plof. Se escuchaba también el rechinar de la cama, parecía que se iba a desarmar en cualquier momento.

 

   Así me estuvo dando por el culo durante varios minutos, no se si fueron 5 o 10, lo único que sé es que yo estaba que me desmayaba de tanto gusto que estaba sintiendo. Me tenía el culo totalmente abierto y ardiendo de calor. Ya no podía aguantar más, las piernas me temblaban y el cabrón no daba terminado. Hasta que de pronto noté como su enorme polla empezaba a hincharse dentro mía y como empezaba a palpitar, empezando a soltar varios trallazos de leche.

 

   ¡Ahhh! ¡aaahhh! ¡aaahhh ahhh! Me corro, me corro, gritaba preñándome el culo con su semen. Me había depositado su semilla, en lo más profundo de mis entrañas.

 

¡Ay que gusto! ¡ay que gusto! Gritaba terminando de soltar toda la leche dentro mía.

 

   Yo estaba que me caía desmayado sobre la cama, tenía el culo totalmente abierto y preñado de semen, con mi pobre polla medio morcillona que no paraba de soltar líquido preseminal.

 

   Una vez terminó de darme por el culo, haciéndome suyo, mientras su polla iba saliendo poco a poco por si sola, él llevaba su mano a mi entrepierna, notando como mi pobre polla no paraba de gotear. Se puso a acariciarla queriendo pajearme para hacerme correr, pero le pedí que parara que no siguiera, pero él no hizo caso a mis palabras, acariciaba y meneaba mi pobre polla, hasta que esta soltó su esperado premio.

   Grité a la vez que mi cuerpo temblaba de gusto y de mi polla salían varios chorros de leche, cayendo estos sobre su mano, que luego esparció por mi pecho y abdomen.

 

   Una vez nos dimos repuesto de aquella tremenda y salvaje follada que acababa de darme, luego de desatarme las manos, nos levantamos de la cama donde acabamos derrumbados, yendo a limpiarnos un poco al baño, luego fuimos a beber otros cubalibres, y luego de recoger todo, me volvió a llevar a su cama, donde nos acostamos durmiendo abrazado a él, hasta el día siguiente.

 

   Cuando despertamos, eran ya las 11 de la mañana del domingo. Nos levantamos después de que me sobara y metiera mano por todas partes, pero yo no quería más, estaba totalmente dolorido y agotado, y él también, la noche anterior había quedado bien deslechado, por lo que luego de levantarnos, desayunamos un café con un poco de pan, y como yo no quise quedarme a comer con él, era demasiado tentador y peligroso, me trajo de vuelta a La Coruña, dejándome en las proximidades de mi calle.

   Me fui para casa, y luego de ducharme me tumbé en la cama hasta la hora de comer. Ese día ya no salí de casa, estaba rendido y con el culo algo dolorido de tanto que me lo habían follado el día anterior.

 

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O podéis buscarme en Twitter por:

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