Mi hijo y su amigo ...
 
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Original Mi hijo y su amigo me trastornan

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(@penteox)
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Topic starter   [#1897]

Entré en casa esa tarde de viernes pensando que todo estaría en calma. Mi hijo Alex, que ya tenía 22 años y vivía conmigo desde que me separe de su madre, solía pasar las tardes con sus amigos jugando videojuegos o lo que sea que hicieran los chavales de su edad. Yo, con 45 años, acababa de salir del trabajo en la oficina, cansado pero con ganas de una cerveza fría. Dejé las llaves en la mesita del entrada y subí las escaleras hacia su habitación, porque había oído risas ahogadas y quería ver si necesitaban algo para cenar.

 

La puerta estaba entreabierta, y lo que vi me dejó clavado en el sitio. Alex estaba arrodillado en el suelo, con la cabeza metida entre las piernas de su amigo Marco, que tenía 23 años y era un habitual en casa. Marco estaba sentado en la cama, con los pantalones bajados hasta los tobillos, y Alex... Dios, Alex tenía la boca llena con la polla de Marco, moviéndose arriba y abajo con un ritmo que no dejaba lugar a dudas. Marco gemía bajito, con una mano en la nuca de mi hijo, guiándolo. "Joder, Alex, así, chúpamela más profundo", murmuraba Marco, con los ojos cerrados de placer.

 

Me quedé paralizado un segundo, el corazón latiéndome como un tambor. ¿Qué coño era esto? Mi hijo, mi propio hijo, mamando a su amigo como si fuera lo más normal del mundo. Sentí una oleada de furia subir por mi pecho. Abrí la puerta de golpe y grité: "¡¿Qué demonios estáis haciendo?!". Los dos se separaron de un salto. Alex se limpió la boca con el dorso de la mano, rojo como un tomate, y Marco se subió los pantalones a toda prisa, balbuceando excusas.

 

"¡Papá! ¡No es lo que parece!", chilló Alex, poniéndose de pie. Marco parecía a punto de desmayarse. Yo estaba furioso, el grito resonando en mis oídos. "¿No es lo que parece? ¡Te he pillado con la polla de tu amigo en la boca, Alex! ¿En qué coño estabas pensando? ¡Y tú, Marco, lárgate de mi casa ahora mismo antes de que te parta la cara!". Marco no se lo pensó dos veces; recogió su mochila y salió corriendo escaleras abajo, murmurando un "lo siento" apenas audible.

 

Cerré la puerta de un portazo y me giré hacia Alex, que estaba temblando, con los ojos llenos de lágrimas. "Siéntate", le ordené, señalando la cama. Él obedeció, cabizbajo. Yo empecé a pasear por la habitación, descargando mi rabia. "¿Desde cuándo pasa esto? ¿Eres gay? ¿Por qué no me lo has dicho? ¡Joder, Alex, soy tu padre! ¿Y si alguien os ve? ¿Y si te pasa algo?". Él sollozaba, diciendo que lo sentía, que era la primera vez con Marco, que habían bebido un poco y que se dejó llevar. Yo no paraba de gritar, diciéndole que era una vergüenza, que cómo iba a mirarlo a la cara ahora.

 

Pero mientras gritaba, algo cambió. Vi su cara, esa mezcla de miedo y vergüenza, y recordé cuando era pequeño y lo pillaba en mentiras inocentes. Y luego, mi mente traicionera volvió a la imagen: Alex arrodillado, con los labios estirados alrededor de esa polla gruesa. Marco no estaba mal dotado, desde luego. Sentí un cosquilleo extraño en el estómago, una curiosidad que no esperaba. Hacía años que no estaba con nadie; desde el divorcio, mi vida sexual era un desierto. Y ahora esto... dos chavales jóvenes, calientes, en mi propia casa.

 

Me senté a su lado, respirando hondo para calmarme. "Mira, Alex, no voy a echarte ni nada. Pero esto... esto es serio". Él asintió, aún lloriqueando. Le puse una mano en el hombro, sintiendo su calor a través de la camiseta. "Explícame qué ha pasado exactamente". Poco a poco, entre hipos, me lo contó: que Marco y él eran amigos desde el instituto, que siempre habían bromeado con cosas así, y que esa tarde, después de unas cervezas, Marco le propuso probar. "Solo era curiosidad, papá. No soy gay... o no lo sé. Me gustó".

 

Sus palabras me golpearon. Me gustó. Yo también sentía algo removirse abajo, un bulto creciendo en mis pantalones. Intenté ignorarlo, pero la imagen volvía: Alex chupando, Marco gimiendo. "¿Y te gustó a ti también?", le pregunté, mi voz más baja. Él asintió, mirándome por primera vez. "Sí... mucho". Hubo un silencio pesado. Mi mente empezó a girar. ¿Y si...?

 

"Escucha", dije, tragando saliva. "No voy a mentirte. Me ha impactado, pero... quizás no sea tan malo. Sois mayores, podéis hacer lo que queráis". Él me miró confundido. Yo continué, improvisando un plan en mi cabeza. "Pero si vais a experimentar, hacedlo bien. No a escondidas. ¿Quieres que llame a Marco y lo hablamos los tres?". Alex parpadeó, sorprendido. "¿En serio?". Asentí, sintiendo la excitación crecer. "Sí. Dile que vuelva. Sin presiones".

 

Le mandé un mensaje a Marco desde el móvil de Alex: "Vuelve. Hablemos. Mi padre no está enfadado del todo". Marco respondió casi al instante: "En camino". Mientras esperábamos, Alex se relajó un poco. Yo le di una cerveza para calmar los nervios, y tomé una yo. Hablamos de tonterías, pero mi mente estaba en otro sitio. Imaginaba escenarios: los dos juntos, yo mirando... o más.

 

Marco llegó en diez minutos, nervioso como un flan. Entró en la habitación y se quedó en la puerta. "Señor... lo siento mucho". Yo lo corté: "Siéntate, chaval. Nadie va a pegarte". Cerré la puerta y me senté entre ellos en la cama. "Mirad, sois adultos. Lo que hagáis en privado es cosa vuestra. Pero si os pillo otra vez a escondidas, os echo a los dos. ¿Entendido?". Ellos asintieron. Entonces, solté la bomba: "Pero si queréis continuar... podéis hacerlo aquí, conmigo presente. Para asegurarme de que no hagáis tonterías".

 

Se miraron, boquiabiertos. Alex fue el primero en hablar: "¿Quieres... mirar?". Yo asenti, fingiendo naturalidad, aunque mi polla ya estaba dura como una piedra. "O participar, si os parece bien. Somos tres tíos, ¿no? Nadie juzga". Marco se sonrojó, pero vi el bulto en sus pantalones. Alex sonrió tímidamente. "Vale... si tú quieres, papá".

 

Empezó despacio. Les dije que se quitaran la ropa, para "nivelar el terreno". Alex se despojó de la camiseta, mostrando su torso delgado pero atlético, de tanto gimnasio. Marco hizo lo mismo, más musculoso, con vello en el pecho. Yo me quedé en boxers por ahora, observando. "Continuad donde lo dejasteis", ordené. Alex se arrodilló de nuevo ante Marco, bajándole los pantalones. La polla de Marco saltó libre, ya medio dura, unos 18 centímetros, venosa. Alex la tomó en la mano y lamió la punta, haciendo que Marco suspirara.

 

Yo me senté en la silla del escritorio, palpándome por encima del tecido. "Buen chico, Alex. Muéstrale lo que sabes". Alex engulló más, tragando hasta la mitad, babeando. Marco le acariciaba el pelo. "Joder, sí...". Pasaron minutos así, el sonido de succión llenando la habitación. Luego, le dije a Marco: "Tú también. Devuélveselo". Marco se arrodilló y tomó la polla de Alex, más delgada pero larga, chupándola con avidez. Alex gemía, mirando hacia mí.

 

No pude aguantar más. Me quité los boxers, mi polla gruesa (20 centímetros, orgulloso de ella) erecta. "Venid aquí, los dos". Se acercaron gateando. Alex tomó la iniciativa, lamiendo mi glande mientras Marco chupaba mis huevos. Era todo muy heavy: dos bocas jóvenes en mí. "Así, chicos... chupad al papi". Alternaban, Alex deepthroating a Marco mientras yo follaba la boca de Alex, y viceversa.

 

Cambiamos posiciones. Puse a Marco tumbado en la cama, Alex encima en 69. Ellos se mamaban mutuamente, culos al aire. Yo me unté lubricante (siempre tengo en el cajón) y empecé a rimmar a Alex, lamiendo su agujero apretado. Él gritó de placer alrededor de la polla de Marco. "¡Papá! ¡Qué bueno!". Luego hice lo mismo con Marco, su culo más peludo, sabroso.

 

Les follé los culos por turnos. Primero a Alex: lo puse a cuatro patas, entrando despacio. Era virgen ahí, apretado como un guante. "Relájate, hijo". Empujé, centímetro a centímetro, hasta el fondo. Él gemía, Marco chupándole la polla desde abajo. Bombeé lento al principio, luego más rápido, mis huevos chocando contra los suyos. "Joder, qué apretado estás". Duró unos minutos hasta que me corrí dentro, llenándolo de leche caliente.

 

Sin pausa, a Marco. Lo puse boca arriba, piernas en alto. Su agujero era más experimentado, tragó mi polla aún semenada. "Fóllame duro, señor". Lo hice, martilleando, mientras Alex se sentaba en su cara, Marco lamiéndole el culo lleno de mi corrida. Alex se masturbaba, eyaculando en el pecho de Marco.

 

Luego, un trío en cadena: yo follaba a Marco, Marco a Alex. Era un trenecito de placer. Sudor, gemidos, "más profundo", "sí, papi". Cambiamos a doble penetración en Alex: yo y Marco intentamos entrar juntos en su culo. Era apretado, pero con lubricante y paciencia, lo logramos a medias. Alex gritaba de éxtasis y dolor placentero.

 

Pasamos a oral variado: yo en el centro, ellos lamiendo mi polla y culo al mismo tiempo. Luego, les hice correrme en la cara a ambos, pintándolos de blanco. Ellos se besaron, compartiendo mi semen.

 

Hicimos una pausa para beber agua, pero la noche era joven. Rondas de masturbación mutua, fingerfucking, juguetes que saqué (un dildo grande). Follé sus bocas como coños, deepthroat hasta las lágrimas. Alex me cabalgó, rebotando en mi polla mientras Marco le follaba el culo desde atrás – doble en él de nuevo.

 

Variedad: posiciones misionero con besos (sí, besé a los dos, lenguas enredadas), doggy con azotes, 69 con yo follando al de arriba. Eyaculaciones múltiples: yo me corrí tres veces, ellos cuatro cada uno. Semen por todas partes: caras, culos, bocas, pechos.

 

Al final, exhaustos, nos duchamos juntos, manos enjabonadas explorando. En la cama, acurrucados, planeamos más "sesiones familiares". Lo que empezó con un grito terminó en éxtasis compartido. Mi plan funcionó mejor de lo esperado.

 

 


El relato fue modificado hace 8 meses por relatosonline

   
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(@armansor)
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ufff me supongo que hay otros capitulos 



   
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