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Negros y amor en el sur

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 pern
(@pern)
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Iniciador del debate   [#1938]

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                             Este relato a día de hoy puede resultar políticamente incorrecto. Pero como es un extracto de una biografía encontrada en un cajón secreto de un antiguo escritorio he intentado mantenerme lo más fiel posible al espíritu del texto. 

                               Amor entre chicos en lo más profundo del estado de Luisiana. 

                             Me gustan los negros. No puedo evitarlo, desde niño cuando los veía trastear desnudos bajo el sol de Luisiana. Yo jugaba en la terraza de la mansión y desde luego no me dejaban bajar a jugar con ellos. Mancharía mis ropas caras de blanco. 

                               Soñaba con sus jóvenes pollas. Y habría querido arrancarme mi traje europeo para tocárselas y para besar sus oscuros culos. Y hacerlo desnudo del todo. Me fascinaban sus suaves pieles color café y azabache. Pero todo eso fueron sueños infantiles. Estaba claro que ya por entonces era un pervertido. 

                                 Luego me mandaron interno a un colegio caro en el este. Una institución para los hijos de los terratenientes. Allí aprendí a materializar mis deseos en caricias. 

                                 Era en aquél internado para caballeros donde los muchachos de las familias blancas más poderosas y ricas de América compartian la cama y sus cuerpos. Y los profesores nos instruían en ese arte de amar otro cuerpo masculino con mucho interés. 

                                 Allí me enseñaron que también los jóvenes blancos pueden ser objeto de atenciones sexuales. Los compañeros mayores y más de un profesor se preocupaban de que los nuevos aprendieramos el arte del amor entre muchachos.

                                   Incluso en nuestras salidas me aficioné un tanto a conocer a las jóvenes del pueblo más cercano. Conseguí tenerle cierto aprecio al cuerpo mullido y cálido de las muchachas. También había algunas criadas del colegio dispuestas a aplacar nuestros ardores juveniles. 

                                   Eso me serviría en un futuro cuando tuviera que engendrar herederos para la fortuna familiar. Me terminarían vendiendo, digo, casando con otra hija de una fortuna. En eso era igual que los esclavos. Sin ninguna libertad. 

                                Yo tomé buena nota de sus lecciones y enseñé a otros chicos cuando subía de curso. Todavía puedo dar gracias a que en ese colegio no se aplicaba la disciplina inglesa de la vara de sauce. 

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                                   Al final terminó mi educación y regresé a la plantación. Una nueva etapa en mi vida en la que no iba s prescindir de mis placeres. 

... ... .... .... ... .... ..... 

                       Cuando volví del Este me seguian atrayendo los cuerpos ejercitados por el trabajo de los negros. Ya me extenderé un poco más sobre el resto de mi familia pero empezaré por mi atracción de años atrás. 

                       En secreto hice adornar una cabaña en el bosque donde satisfacer mis bajos instintos. Un nido de sexo y lujuria preparado con todos los lujos que pude reunir. Una enorme cama, cojines y alfombras por todo el suelo. Hasta una bañera de latón alimentada por el desvío de una acequia de riego. 

                         Para entonces ya se me consideraba adulto y segundo al mando en la finca. Así que en realidad podía hacer lo que quería. 

                         Hice una selección entre los esclavos para satisfacer mis diversiones y los mandé preparar.

                        Escogí dos jóvenes fuertes y guapos que habían compartido mis juegos de la niñez. De los que ya conocía sus vergas y estas conocían mis manos en juegos por entonces muy inocentes. Les mandé que fueran a la casita y me reuní con ellos. Solo vestían sus raidos taparrabos. Les ordené:

 - ¡Desnudaos!.

                         Se quitaron los trapos sonriendo y quedando desnudos del todo enfrente de mí. Me acerqué y cogí sus pollas con las manos. Habían crecido mucho. Ahora eran dos troncos poderosos y duros. Jugueteando con ellas les excité. Comencé a besarles en la boca alternativamente. Los gruesos labios se separaron enseguida dejándome alcanzar sus blancos dientes con la lengua. 

                           Ya conocían mis inclinaciones. Para entonces ya no parecían principiantes en esos juegos. Es posible que hubieran practicado entre ellos o con alguna joven esclava cuando yo estaba en el colegio. Yo prefería no tener que empezar a enseñarles desde el principio. 

                            Así que besaban bastante bien. En realidad fueron ellos los primeros que buscaron mi lengua con las suyas. 

- Vaya, vaya. Esto no os pilla de nuevas. 

- Cuando el amo nos acariciaba nos gustaba. Así que hemos experimentado. 

                             Los dos tendieron la mano a mi bragueta en busca de mi rabo. Ambos recordaban nuestros juegos de niños. Además sabían que accediendo a mis deseos podían librarse del duro trabajo de la plantación y del látigo del capataz. 

- Desnudadme. 

                             Cayeron mis calzones, desapareció mi casaca, el chaleco, la camisa las botas y las medias. Me tumbé en el suelo preparado con gruesas alfombras y les hice tumbar uno a cada lado. Ellos todavía no tenían muy claro que hacer con sus duras pollas a pesar de su investigación. Por ser el amo no estaban seguros de que hacer conmigo. 

                              Los metí en la bañera. Quería que estuvieran bien limpios para hacerles de todo. Fue delicioso enjabonar sus suaves pieles. E incluso ver como lo hacía uno al otro. Yo mismo les lavé los culos duros. Metí dos dedos en cada ano para empezar a dilatarlos y dejarlos bien limpios. Parecía que eso no era muy necesario, por allí ya había pasado al menos la polla del otro chico. Puede que alguna más. 

                              Supongo que tampoco les habrían dejado follar con mujeres. De eso me extrañé porque las de mi familia también son aficionadas a buscar ese goce entre los esclavos. Y esos dos eran mozos muy agradables a la vista. 

                                De las negras no hablo por que se las tiene como animales de recria. Se tiene bien cuidado de quién folla con ellas incluyendo a los blancos cuando necesitan un coño libre. 

                                    Ese momento fui yo quien tuve que decirles lo que tenian que hacer. A partir de entonces solo se guian por su fantasía.

- Parece que ya habéis jugado con vuestros culos. Quiero ver cómo lo hacéis. 

- Amo, ¿Solo quiere vernos?.

- Por ahora. Saber lo que habéis aprendido. En lo que os habéis entretenido mientras yo estaba fuera. 

- No teníamos quien nos enseñara. Pero algo pudimos aprender. 

- Podéis comeros las pollas. Para empezar. 

                              Les coloqué haciendo un sesenta y nueve y yo empece a meter la polla en el culito que quedó arriba. Les indiqué que solo tenían que chuparse los huevos y las vergas el uno al otro. Le dije al que tenia debajo que mirase bien lo que yo hacía que pronto tendría que hacerlo él. 

                               Así que lubriqué bien el ano medio virgen y mi polla con aceite antes de penetrar suave aquel negro culo casi sin estrenar. Su espalda musculosa se arqueaba a cada embestida o a cada lamida de su compañero. 

                              Me corrí dentro y palmeando el lomo del que me estaba follando le dije:

- Aparta. Voy a tomar tu sitio. Tú tendrás que follarme.

                               Para ser su primera vez no fue demasiado torpe. Ayudado de una buena cantidad de aceite consiguió penetrarme con su enorme rabo moreno y bien duro.

                              Gimió cuando la tuve toda dentro. Empezó a moverse suave. Pero lo que ya llevaba con el otro chico chupándosela y mi culo apretándolo hizo que se corriera en las primeras embestidas. Lo que me dió un buen gustazo y lubricó aún más mi ano. Estaba muy excitado y me tragué el negro falo así que lo tuve a mi alcance hasta la garganta. 

                                La otra boca exprimía mi polla con ansiedad. Como no la tenía dura del todo le cabía entera incluso mis huevos que movía con la lengua. Entre lo que sentía en mi culo y en mi polla esta se fue poniendo dura poco a poco, cada vez más. Recibí su semen en mi boca despues de lamerle los huevos y el tronco. Tenia su glande en la boca cuando sus trallazos me llegaron a la garganta. 

                                 Entre tanto, mi polla había reaccionado y estaba deseando meterla en el segundo culo. Así que en cuanto se corrió me puse entre sus muslos. Levanté su culo y con un generoso chorro del lubricante que nos echó el otro chico se la clavé. Lo hice tan lento como me permitieron mis ganas y el saber que era la primera vez que recibía un rabo por allí. 

                                  Le fui follando suave, metiéndola y sacándola despacio. Mientras mi otro negro viendo de que iba el tema le puso su polla en la boca. Allí se fue endureciendo mientras recibía furiosas lamidas del que yo me estaba follando. Para cuando yo me corrí en su culo el otro ya la tenía bien dura. Así que me limité a apartarme sentándome cómodamente. Quería ver si ellos habían captado la idea. Así le sacó la polla de la boca y se la metió en el culo todavía abierto y con mi semen. 

                                  Le follaba fuerte, casi sin indicaciones mias. Se puso a cuatro patas y dejó que se la clavara. El de detrás le acariciaba el pecho y el abdomen y le besaba en los hombros y en la nuca. Al poco rato yo me había vuelto a excitar. Aunque no tenía la polla dura, todavía, volví a unirme a ellos acariciándoles y besándoles por todo el cuerpo. 

                                      Esta vez duró mucho follando pero al final pude comerle el culo con el semen de negro saliendo de allí. Cansados, nos dormimos allí mismo unos encima de otros. Ya era adulto y podía hacer lo que quisiera. Mi padre me apoyará en todos mis caprichos.

                                     Durante unos días seguí reuniéndome con ellos en la cabaña del bosque. Desde luego pensaba disfrutarlos. Se convirtieron en mi escolta personal. Me acompañaban a todas partes en parte como criados y guardaespaldas.

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                                     Así con ellos de cháchara me enteré que mi madre había hecho preparar unos eunucos. Los había seleccionado de entre los más guapos esclavos de la plantación para todas las mujeres de la familia. Mis dos negros se habían librado de ese destino por estar conmigo. También supimos que iba a llegar un nuevo cargamento de esclavos directamente de Guinea. Nuevos sementales y mujeres iban a engrosar las filas de los trabajadores y puede que del placer de los blancos. 

                                     De los esclavos nuevos haciéndole unos mimos a mi madre conseguí reservarme uno de los más guapos y fuertes para mis diversiones particulares. Era toda una bestia, musculoso y con un cuerpo perfecto. Le hice encadenar a la pared de la cabaña completamente abierto de pies y manos. Era una precaución razonable en ese momento aunque no me gustan esas cosas. 

                                      Luego llegamos nosotros tres. Mis dos negros tenían la orden de comenzar besándose. Tenían que provocarlo y ver cómo reaccionaba. Luego se desnudarian lentamente el uno al otro y se amarían y follarían sin preocuparse de mi presencia.

                                  Y que todo eso lo hicieran donde él podía verles, inmovilizado no podía perder detalle. Yo me desnudé enseguida. Me coloqué al lado del negro inmovilizado y les di la señal de comenzar. No perdía ojo vigilándolos y acariciaba su pecho y abdomen o su polla intentando excitarlo. También besaba sus hombros y me frotaba contra él. 

                                   Cuando los dos negros estaban medio desnudos uno se arrodilló y se puso a mamar los cojones del otro. Los de mi esclavo estaban a punto de estallar. Fue entonces cuando acerqué mis labios a los suyos y lo besé. Me recibió con la boca abierta y dándome su lengua que recibió mis labios abiertos. Habíamos conseguido excitarlo. Se había rendido al sexo, pero no me fiaba de su orgullo africano y no quería tratarlo con látigo.

                                  Me acerqué de espaldas a su polla clavándomela en el culo. Haciéndo que me penetrara lentamente se corrió enseguida en mi culo. Los dos veíamos a la otra pareja divertirse en coitos anales una y otra vez. Pero también mi boca estaba ansiosa de polla negra. Me bajé de él y colocándome entre las piernas abiertas me tragué la gorda polla. 

                                  El rojo capullo como un enorme rubí, desafiaba mi lengua roja que solo deseaba hacerle eyacular. No me costó volver a ponerla dura chupándola. Hacerla eyacular mientras veia a mis dos negros follar. Me tragué su blanca y rica leche. Para completar su entrega les ordené que le dieran la vuelta. Con una buena cantidad de lubricante por medio metí la polla entre sus nalgas. Penetré suave su ano, le tocaba el pecho, hacía que lo masturbaran. Yo besaba y lamía su espalda hombros y nuca. Ellos lo hacían con su pecho, vientre y boca.

                           Él giró la cabeza y conseguí probar su lengua y gruesos labios. Luego fueron los otros dos negros los que disfrutaron de su culo. Para entonces las cadenas ya eran completamente innecesarias. Estaba tan excitado que se unió a nuestros juegos sin protestar.

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                          Tambien disfruté de los eunucos, por probar, de las esclavas e también me han prometido con una heredera de otra plantación con la que cumpliré con el honor de un caballero. Incluso puede que ella, si fue a un colegio para señoritas parecido al mío, se parezca a mí más de lo que pensaba. Al menos sé lo que tengo que hacer con ella. 

                         Pero donde esté uno de mis negros, que se quite lo demás. La potencia de sus rabos siempre firmes, siempre dispuestos a darme su semen, es lo que más me gusta. 

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Larga y próspera vida


   
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(@armansor)
Miembro Activo Autor
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 53
 

Buen relato !!!!!!!



   
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