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 pern
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Iniciador del debate   [#2094]

.....

 

                                    Llevo una máquina barredora por la ciudad durante las noches. Dentro de lo que cabe no es mal curro. Voy a mi aire sin tener al jefe encima todo el rato. 

 

 

                                      Lo único abierto a esas horas para hacer un descanso es un puticlub. Es el sitio que hago habitual para resguardarme un poco. En invierno para recobrar un poco de calor y en verano solo para descansar y tomar algo. 

 

 

                                   Una calurosa noche de verano había parado a tomar un refresco y entrar al baño. Un fulano estaba incordiando a las chicas. Lo note en cuanto crucé la puerta. No era un simple cliente, más bien un gilipollas que no tenía muy claro lo que quería. Además iba pasado de copas. 

 

 

                                   Entre una envergadura respetable y el fosfórito del uniforme debía impresionar prácticamente sin hacer nada. El curro y algo de piscina hace que me mantenga en forma. 

 

 

                                     Así que no me costó nada echarlo del local. Apenas un toque en hombro y el fulano salió despavorido. De hecho solo mi presencia en el local consigue que los parroquianos se comporten de forma razonable. 

 

 

                                      Desde entonces las chicas se muestran muy cariñosas conmigo. Nunca les he pedido nada. Así que no me pueden considerar su chulo. Sólo un buen amigo. 

 

 

                                     Pero me dan algunos caprichos y cariñitos. Y yo me dejo querer encantado, claro. 

 

 

                                   Sonia es una pelirroja que trabaja allí, pequeñita y pizpireta. Un cuerpo recogido pero perfecto. Tetas marmóreas, vientre plano, un culo como para partir nueces, la piel clara y pecosa. Tiene un rostro dulce, pecoso y precioso de rasgos marcados y firmes. 

 

 

                                    Se preguntaran que cómo sé la dureza de sus pétreas nalgas. Y es que cada vez que entro si no está ocupada con algún cliente viene a sentarse en mis rodillas. Es una compañía adorable mientras me tomo un café que alguien saca de la cocina. Ya que eso no se sirve a los clientes. 

 

 

                                   A mi lado es como una muñequita. Un peso pluma que puedo coger en brazos sin apenas esfuerzo. Rodeaba mi cuello con sus bracitos y apoyaba sus rizos rojos en mi hombro mientras besaba mi cuello lasciva. 

 

 

- Sabes que tengo ganas de tí. 

 

 

- Y tú sabes que no me gusta pagar por sexo. Aunque sea con una chica tan guapa como tú. 

 

 

- A tí te haría un precio muy especial. 

 

 

                               Y mientras decía eso besaba mi oreja con sus labios rojos. Hasta llegar a clavarme la punta de la lengua en el oído. Meneaba su precioso culito muy arriba en mi muslo. Tenía que notar mi polla dura en sus nalgas. Era toda una tentación a la que me había resistido durante demasiado tiempo. 

 

 

- Me estás provocando. 

 

 

- Desde luego. Además te haría cosas que nadie te ha hecho. 

 

 

- Muy segura de ti misma estás. No sabes lo que me han hecho. 

 

 

- Pues intentémoslo y ya veremos quién tiene razón. Podemos apostar. 

 

 

- ¿Las demás no se pondrán celosas?.

 

 

- Ya saben que eres mi preferido. Aunque si quieres hacer un trío hay opciones. Pervertido. 

 

 

- ¿Ya tenías pensada alguna amiga o qué?.

 

 

- Lo hemos comentado. Pero cómo siempre te resistes y te conformas solo con el café no hemos llegado a ninguna conclusión. 

 

 

- Cada vez me resisto menos. Salgo de aquí muy cachondo. No sabes la de pajas que me he hecho en tu honor. 

 

 

- Me alagas cariño. Pero no tendrías que hacerte pajas, ya me tienes. ¿Solo piensas en mí?.

 

 

- ¿Quieres que sea sincero?. 

 

 

- No me voy a poner celosa. Sé que hay alguna por aquí con mayores atributos que los míos. Esas tetas o aquel culo llaman más la atención. 

 

 

- Desde luego las miro, lo sabes. O cuando viene una chica nueva y me fijo. Pero creo que empiezo a soñar contigo, con tenerte cabalgandome.

 

 

- Vamos a una de las habitaciones. Quiero que seas mio. No sería un sueño. Podemos hacerlo realidad. 

 

 

                        Era verdad que me lo había pensado mucho. Me gusta y no me cuesta nada alagarla. Todas esas noches viéndolas con mínimos atuendos y con Sonia sentada en mis muslos. Era hora de probar. 

 

 

                        La cogí en mis brazos. Para mí apenas pesaba nada. Se reía mientras rodeaba mi cuello con sus brazos. Y me indicaba por donde ir. Pasamos al lado de la encargada que nos sonreía. 

 

 

- ¡Por fin le has conseguido!.

 

 

- Me ha costado. ¡Eh!. Es que es un chico muy tímido. 

 

 

- ¿Soy un buen tema de conversación?.

 

 

- Tenemos mucha confianza. 

 

 

- ¿Como cuanto?.

 

 

- Ya te lo contaré. Y les contaré a ellas todo lo que pase.  

 

 

                            Me dijo lamiendo mi oreja, lasciva, mientras seguía en mis brazos. Me indicaba por dónde ir. Las habitaciones vacías estaban abiertas solo eligió una y cerró la puerta a mi espalda estirando el pie. Allí mismo dejó caer sus tacones. 

 

 

                             Reía mientras la dejaba caer en la cama. Separaba las piernas para mostrar toda la extensión de sus preciosos muslos hasta su depilado coñito. La minifalda que llevaba esa noche era verdaderamente corta. 

 

 

- ¡No llevas bragas! 

 

 

- Me quité el tanga justo antes de la hora a la que sueles venir. Sabía que esta noche te conseguiría. Y estoy muy mojada. 

 

 

- Es todo un honor, señorita. 

 

 

- ¡Pero cómo me gustan los tíos grandes! y caballerosos.

 

 

- Es que tú eres como una muñequita. 

 

 

- Pues acércate, mi gigante, que te voy a dejar en bolas. 

 

 

                           Tuvo que ponerse de pie sobre la cama para quitarme la camiseta. Lo que le permitió buscar mis labios para besarme. Su lengua en mi boca era como una cobra buscando su presa, no paraba. Pasó a lamer mi barbilla y el cuello mientras subía la tela. 

 

 

                          Besaba mi pecho y mordisqueaba mis pezonese incluso llegó a las axilas. Y era cierto que nadie me había hecho eso. La dejaba hacer pues tenía claro que conocía su oficio. Pero yo tenía ganas de probar los suyos. Así que en cuanto soltó mis muñecas le quité el sujetador de encaje que apenas me las ocultaba. 

 

 

- Eres una diosa. Son perfectas. 

 

 

- Son tuyas. Cómetelas.

 

 

                             Entonces fui yo el que me incliné a besar y lamer toda esa carne prieta. Cada pecho casi me cabía entero en la boca. y no dejaba de buscar el pezón con la lengua. Empezó a gemir y creo que lo hacía de verdad, que le gustaba lo que le estaba haciendo. 

 

 

                            Es suave y dulce, seguí con el vientre lamiendo su ombligo. Aparté la escasa falda. Gemía y cuando quise darme cuenta había llegado al pubis depilado, como no llevaba braguita lo tenía fácil. Tenía su perfecto tesoro ante mis ojos. El xoxito es pefecto. Pasé la lengua por los labios que se abrieron solos al toque de la húmeda. 

 

 

- ¿No lo vas a comer?.

 

 

- Te voy a devorar. 

 

 

                              Estaba muy mojada y jadeaba con mis caricias. Y no parecía fingir como haría con sus clientes. 

 

 

- ¡Qué ganas tenía de esto!. De tenerte entre mis muslos. 

 

 

- ¿Estás segura de poder aguantar todo mi peso?. ¿No te aplastaré?.

 

 

- Soy más fuerte de lo que parece. De todas formas antes de eso quiero tener más de tí. Túmbate y déjame hacer. 

 

 

- Soy tuyo. 

 

 

                       La obedecí sabiendo que me haría disfrutar. Estirado en la cama boca arriba tuvo que usar toda su fuerza para quitarme los pantalones y los boxers. En segundos me vi desnudo del todo sin que yo tuviera que hacer nada. 

 

 

- Te voy a depilar entero. Quiero comerte sin tanto pelajo de por medio. 

 

 

                              Y aún así no paraba de usar las manos, la lengua y los labios sobre toda mi peluda piel. 

 

 

- Cielo, puedes hacerme todo lo que quieras. Si lo voy a disfrutar así. 

 

 

- Me parece que los polvos que has echado hasta ahora no han sido muy imaginativos.

 

 

- Meterla y poco más. 

 

 

- Pues contigo eso a mí no me vale. Lo dejo para clientes normales. Tú eres alguien muy especial para mí. ¡Te toca comer!.

 

 

                                Ágil se sentó sobre mi cara. La minifalda ya había desparecido en un rincón. Con ese manjar delante no podía resistirme. Se había lavado a conciencia. Clavé la legua en su ano y seguí camino hasta el coñito. Estoy bastante seguro de que le conseguí algunos orgasmos. No solo por sus gemidos sino por cómo sus jugos caían en mi boca. No creo que fingiera conmigo si de verdad me tenía tantas ganas. 

 

 

- Me derrites con esa enorme lengua. La quiero por todo mi cuerpo. Cielo. 

 

 

- Podría estar lamiendo esta piel durante horas. 

 

 

- Y me encantaría que lo hicieras. Pero ahora quiero tu rabo. Lo veo tan duro que parece que podía estallar. 

 

 

- ¿Quién crees que lo ha puesto así?. Y quiero explotar dentro de tí. Cariño. 

 

 

                          Con la agilidad que le caracteriza se movió sobre mi cuerpo sin separar la vulva del vello que lo cubre. a dejaba un reguero de jugos sobre mi piel. Levantó la cadera lo justo cómo para acomodar el glande entre los chorreantes labios. De una sentada se la clavó hasta que sus respingonas nalgas dieron en mis muslos. 

 

 

- Déjame disfrutarla un rato así. Solo dentro. Sabes que ésto no lo haría sin condón con nadie más. 

 

 

- Te creo, nena. Está siendo el mejor polvo de mi vida. Por cierto has ganado la apuesta. 

 

 

- Ya me lo imaginaba. Ya te diré lo que he ganado. Anda, ahora trabaja un poco. Ayúdame a moverme que estoy completamente empalada.

 

 

                       Solo sonriendo agarré su culito y empecé a subirla y bajarla. Quería acariciar todo su cuerpo pero hasta que ella no se acostumbrara a mi tamaño solo la ayudaba. Jadeaba estirando el cuello, levantaba la cabeza hacia el techo. 

 

 

- Estoy llena, amor. Nunca he encontrado algo así y no soy primeriza. Me he corrido solo con tenerte dentro. 

 

 

                       Parecía que era verdad. Un flujo trasparente y cremoso salía de su xoxito mojando los pelos de mi pubis y mis huevos. Tenía los muslos completamente abiertos sobre mi cadera. Debía tener algo de gimnasta. Cuando empezó a moverse sola llevé un dedo a su clítoris y la otra mano a sus tetitas. 

 

 

                  No hay nada eterno y por la forma en que se movía y todo lo que me había hecho antes me corrí inundando su coñito con mi lefa. Ella se derrumbó sobre mi pecho y mientras nos relajábamos no dejo de lamer mi piel ni chupar mis pezones. 

 

 

                  Poco a poco mi polla fue perdiendo dureza y saliendo sola de su dulce coñito. La mantenía abrazada contra mi cuerpo deseando que ese momento no terminara nunca. Ella me besaba con suavidad. 

 

 

- Nena, has sido maravilloso pero tengo que seguir currando. Aún tienes que decirme qué quieres por la apuesta. 

 

 

- Sabía que te tenía ganas y hoy he comprobado el porqué. Vas a decir que sí a lo que te pida ¿verdad?.

 

 

- Cariño en este momento no podría negarte nada. 

 

 

- Puedes decir que no, claro. Pero quiero verte fuera de aquí, depilarte y hacer todo lo que ha faltado hoy. 

 

 

- ¿Pero falta algo?. Miedo me das. 

 

 

- Te voy a derretir de placer, ya lo verás. Toma mi teléfono y apunta tu número. 

 

 

                       Aún no sé cómo conseguí ponerme la ropa del curro. Salí de allí flotando en una nube. Menos mal que a esas horas apenas había tráfico ni peatones. Puede que me hubiera llevado alguien por delante. Desde luego la historia no quedó así. Solo os diré que ahora voy depilado del todo y hay mucha piel que pelar. 

 

....... ....


Larga y próspera vida


   
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