J y el padre de su ...
 
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J y el padre de su amiga

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José
(@quique)
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Registrado: hace 7 años
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J estaba sola en casa aburrida en su habitación, sentada sobre la cama ojeaba una revista de famosos. Vestía unas bragas azules y una camiseta del mismo color, con las yemas del dedo pulgar y medio jugó con el pezón de su teta izquierda. Se quitó la camiseta y con las yemas de dos dedos de cada mano jugó con los dos pezones, se acostó sobre la almohada, metió la mano derecha dentro de las bragas y acarició su coño, con los dos dedos de la otra mano seguía jugando con el pezón erecto de su teta izquierda. Su respiración se fue acelerando a medida que aumentaba la velocidad del roce de sus dedos con su clítoris. Quitó las bragas. J se había dejado crecer los pelos que rodeaban su coño y tenía una buena mata. Con un solo dedo rozaba los labios, subía hasta el clítoris y hacía movimientos circulares sobre él. De su coño comenzaron a salir jugos blanquecinos y espesos muy lentamente que iban bajando y le mojaban el ojete. Metió dos dedos dentro del coño y lo masturbó un par de minutos, luego los sacó y los volvió a meter para seguir masturbándose. Sus gemidos ya eran ostensibles. Poco después quitaba los dedos, los volvía a meter en la boca y los chupó... Abrió el cajón de la mesita de noche y cogió un vibrador de plástico de color verde. Lo llevó a la boca y lo lamió y chupo. Después lo encendió y jugó con él en sus pezones... De los pezones lo puso sobre el capuchón del clítoris... Si quisiera ya se corría, pero cada vez que sentía que le venía, paraba, jugaba con él en los pezones y volvía a bajar. De su coño ya salieran tantos jugos que había una pequeña charca de ellos en la cama. Al final, no pudo aguanta más. Apagó el vibrador, cerró los ojos y lo metió en el coño, follándolo, decía:

-Dame más rápido y más fuerte -estaba pensando en el padre de una amiga-. Mas rápido y más fuerte -se daba caña ella misma con el vibrador. ¡Más... Más... Más... Más... ¡Qué pedazo de corrida voy a echar! ¡Qué...! ¡¡¡Me cooooorro!!!

Tuvo un orgasmo espectacular. Le temblaron las piernas, las tetas, hasta las orejas le temblaron con el placer que sintió.

Al acabar de correrse, miro al techo, y se dijo a si misma:

-Si no lo intentas nunca sabrás si le gustas.

Vistiendo una minifalda marrón, un top blanco y unas zapatillas de deporte sin calcetines, J, llamó al timbre de la puerta de una casa. Le abrió en bata de casa y zapatillas el padre de la amiga en el que estuviera pensando. Un hombre maduro, de pelo cano, delgado y alto, que le dijo:

-Pasa, bonita, pasa. Mi hija no está en casa pero enseguida vendrá.

J entró en la casa. Sabía que su amiga iba en la playa con su madre y que el padre, estaba solo en casa. Al engañarla diciendo que su hija llegaría pronto se confirmaron sus sospechas, le gustaba. Al llegar al salón se sentó en el tresillo, delante, sobre una mesa, había unas patatas fritas saladas y un par de cervezas.
J, que tenía el cabello corto y usaba gafas, agachó la cabeza, y trató de bajar la minifalda, pero era tan corta que no daba de si. El cuarentón, le preguntó:

-¿Quieres picar unas patatas y tomar un refresco?

J, se hizo la tímida, y sin levantar la cabeza, le respondió:

-No gracias.
-¿Y una cerveza?
-No, gracias.

El cuarentón no quiso perder más el tiempo.

-¿Tienes novio?
-No.
-Será por que no quieres.
-Gracias.

Ya fue al grano. El tiempo apremiaba.

-Si te cuento un secreto me lo guardas.
-Sí.
-Me masturbo pensando en ti.
-Eso no está bien. Tiene a su esposa.
-Sí, pero ella no es un bombón cómo tú, ni despierta las pasiones que tú despiertas en mi.

Lo miró, vergonzosa, y le preguntó:

-¿Qué clase de pasiones?
-Bajas, sucias, muy sucias.

J, lo volvió a mirar.

-¿Cómo de bajas y sucias?
-Cuando me masturbo me pones sobe tus rodillas y me azotas las nalgas con las palmas de tus manos. Me pones tu culo en la boca y haces que te lo coma. Imagino que tus jugos son blancos cómo la leche...

J también sabía que el tiempo apremiaba.

-Lo son, son blancos cómo la leche.

El cuarentón se llevó un alegrón con sus palabras.

-¡¿De verdad?!

J, se levantó. El cuarentón, le dijo:

-¿Te vas?
-Lo que voy es a dejarte los ojos en blanco. 

El cuarentón se dio cuenta de que la tímida era una zorra de cuidado cuando se agachó delante de él, le quitó las zapatillas, le desabrochó la bata y le quitó los calzoncillos. La polla. Estaba baja. J se llevó una desilusión.

-¡Vaya birria!
-Chúpala ya verás que sorpresa te llevas.

La metió en la boca y después de media docena de mamadas la polla había aumentado diez veces de tamaño. La miró y le dijo:

-Esto ya es otra cosa.

Se levantó, se quitó el top y quedaron al aire dos tetas maravillosas, firmes y con bellas areolas y lindos pezones, se sentó en las rodillas del cuarentón, y con la verga subiendo por su barriguita, le dijo:

-A ver que sabes hacer, perro.

El cuarentón comía las tetas de maravilla. Amasaba, lamía, besaba, chupaba, mordía... Cuando acabó con ellas ya J estaba empapada.

La muchacha se sentó en el sillón, y le dijo:

-Ven aquí que te voy a poner el culo negro, masoca.

El cuarentón se quitó la bata y los boxers y después se echó sobre las rodillas de la muchacha. Pensó que le iba a azotar el culo con sus pequeñas y finas manos cuyas uñas estaban pintadas de negro, pero J cogió una de las zapatillas y le dio a romper.

-¡¡¡Plasssssss, plasssssssss. plasssssss, plasssssss!!!

Al cuarentón le dolió.
-Cabrona.
-¡Cabrón, tú! Un cabrón con pelos en el culo. ¡Pareces un mono!
-Que puta me saliste, carameilto.
-¡¡Plasssssss, plasssssss, plasssssss. plasssssss!!

J se había calentado una cosa mala.
-¡Puta, a secas! Lo de caramelito sobra.
-¡¡Plassssssss, plassssssss, plassssssss, plasssssss!!

El cuarentón, iba a imponer su ley, momentáneamente.

-¡Ahora verás, gamberra!

Se levantó, le quitó la zapatilla, la cogió en alto en peso, le mamó las tetas, le mordió los pezones y después le puso la polla delante del coño por encima de las bragas mojadas. La muchacha apartó las bragas para un lado y la polla entró a tope en su coño. Al ratito la polla entraba y salía del coño pintada de blanco. Tenía el coño empapado. Con sus brazos rodeando el cuello del cuarentón, lo besó y le dijo:

-¿Quieres ver mi cara al correrme?
-Si.
-Fóllame con fuerza.

El cuarentón la folló a lo bestia, y apurando cada vez más. A J se le fueron cerrando los ojos, y al correrse, le dijo:

-Mira cómo se corre una mujer de verdad. ¡Ohhhhhhhh!

J, jadeando y temblando, le duchó la polla con sus jugos. El cuarentón, sintiendo el coño de la muchacha apretar su polla, la sacó y se corrió en la entrada del ojete. J se separó de él, le echó la mano a la cerveza, la abrió, le echó un trago, y el cuarentón, que ya se sentara en el tresillo, le dijo:

-Eres un ángel con tetas.
-Ni ángel con tetas ni hostias. Soy muy puta y muy mala. ¿Tu mujer te deja que se la metas en el culo?
-¡Ay va! Pues sí que eres muy mala.

-Y muy puta. ¿Tú mujer te deja no?
-No.
-¿Quieres follarme el culo?
-Sí.

J se quitó la minifalda y las bragas, y le dijo:

-Siéntate en la alfombra que vas a probar mi manguera.
-¿Tu qué?
-¡Siéntate y cierra el buzón!

El cuarentón se sentó en la alfombra, la muchacha, al estar a su lado, comenzó a mear por él. El cuarentón se excitó y abrió la boca para que el meo salado se la llenase. Al acabar de mear, la alfombra y el cuarentón estaban perdidos. J fue a su lado y le puso el coño en la boca. El cuarentón lamió, besó y chupó cada rincón del coño. Luego le dio el culo y se lo devoró, literal, ya que le metía mordiscos en las preciosas nalgas cuando no le lamía o le follaba el ojete con la lengua. J era la dueña y señora de la situación, y esto le gustaba y la excitaba, pero iba a escoger una posición en la que todo iba a cambiar. Se puso a cuatro patas, y le dijo:

-Dame lo mío, maricón.

¡Y vaya si se lo dio!

Cogió una zapatilla, que estaba mojada de meo, y con su piso de goma negra, le dio:

-¡Plasssssssss -¡aaaaaaaaay!plassssssss, ¡aaaaaaaaay! plasssssss, ¡aaaaaaaay!plasssss, ¡aaaaaay!

-¿Era esto lo que querías, zorra?
-¡No, maricón, quería que me rompieras el culo.
-¿Y qué crees que estoy haciendo?
-¡Plassss!
-Pídeme que pare.

-Sigué, sádico, sigue que sé que te gusta.

-Lo que me gustaría es apretarte los pezones hasta que chillases.
-¿Y quién te lo impide, pervertido?
-No me gusta que me llamen pervertido.
-¡Pues te jodes! Si follas conmigo te voy a llamar cómo me salga del coño.

Se dio la vuelta. El cuarentón le cogió los pezones, La muchacha le cogió a él los huevos, y sonriendo, le dijo:

-Aprieta, guapo, aprieta, si tienes lo que hay que tene

r.
Le apretó los pezones, suavecito. La muchacha le acarició los huevos, a medida que iba apretando, los pezones su mano se cerraba sobre los huevos. El cuarentón era masoquista. Le apretó los pezones con fuerza. La muchacha apretó los huevos y el cuarentón aulló cómo un lobo.

-¡Auuuuuuuuuuu!

Al soltárselos se lanzó sobre ella y se la metió hasta las trancas. Le comió la boca y la folló cómo un perro, moviendo el culo a mil por hora. J ni un minuto tardó en correrse. Con el placer que sintió le metió un mordisco en el cuello que ni Drácula se lo metería mejor, pues acabó siendo un chupón.

Al acabar de correrse, le dijo:

-Dámela a chupar, por favor. Necesito calmar mi sed.

El cuarentón le dio la verga a mamar. J saboreó sus jugos y lo que vino a continuación, una corrida que le llenó la boca, y de la que no desperdició ni una gota, se la tragó todita. Sin descansar, le dijo el cuarentón:

-¡Date la vuelta, perra!

J le miró para la flácida polla, se dio a vuelta, y le dijo:

-El culo tiene que esperar.

Al volver a darse la vuelta J, la volvió a coger por las tetas y se la fue metiendo. Estaba blanda y se tuvo que ayudar con la mano, pero una vez dentro hinchó cómo un globo, y la empezó a follar con fuertes embestidas. Le dijo:

-¡Te voy a reventar!

J estaba crecida.

-¡A ver quién revienta a quién, marica de playa!

J comenzó a follarlo moviendo el culo para atrás y para delante, hasta que le dijo el cuarentón:

-¡Para, linda, para que me corro!

¡Y una mierda! J se empezó a correr. El cuarentón la sacó y se la puso en el ojete. Al correrse J el ojete se abría y se cerraba... La polla entró cómo un supositorio gigante. J tuvo dos orgasmos seguidos. El segundo se produjo cuando le pararon los temblores, y con ellos el placer del primero... Le vino al girar la cabeza y ver al cuarentón con los ojos en blanco mientras le llenaba el culo de leche.

Al acabar se vistieron, no fuera a ser que llegaran de improviso la mujer y la hija del cuarentón.

Quique.

 



   
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