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Afrodita entre nosotras

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Eritoblasto
(@eritoblasto)
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Está lloviendo y tengo frío. La pandemia me tiene metida en casa y aburrida, la televisión repite siempre lo mismo. Tengo ganas de foyar pero mi marido está dormido y realmente me muero por probar algo distinto. Busco en mi WhatsApp a algunas amigas y de pronto recuerdo que hay una medio calentona que me pidió un foto sexy mía. La había olvidado entre tantas conversaciones.

 

Me animé y la saludé:

 - Hola Jaky, cómo estás

 - Hola Anto, bien. Con frío

 - ¿Sigues en la ciudad?

 - Si, estoy en casa de mis padres aún. ¿Por que?

 - Nada, quería saber si estabas aún interesada en una foto mia

 - Claro que sí, porfa porfa, sabes que me encantaria verte y llevarme un recuerdo de ti...

 - Listo ya te la mando.

 

Yaky es una gran amiga que está divina. Hace varios años hicimos el amor rico en un trío con su marido. Es atenta, sexy y muy caliente. Me encantó lo que vivimos y ella siempre quiso que se repitiera... Y yo también.

 

Le envié una foto en la que salgo desnuda, sosteniendo cómo quien no quiere, mis dos hermosas y enojes razones, dejando ver pícaramente los pezones que afloran ente mis dedos índice y medio. Una sexy foto que, ve tu a saber, a dónde irá a parar, lo cual no me importa... El que me puede reprochar sería mi marido y El solo se goza estás situaciones .

 

De inmediato me responde por la misma via:

 - Anto que foto más rica, cómo quisiera tenerte aquí y hacerte todo lo que aquella vez hicimos.

 - Te gustó? Que bueno. Tengo otras... Pero no vallas tan rápido, quiero mostrarte más cosas a ver si te caliento bien

Y comencé a mandarle una serie de fotos que me he tomado para calentar a mis amigos y quería saber si surtía efecto con ella.

 

Al rato ambas estábamos firteando por teléfono. El clima se calentó y comenzamos a compartir fotos, videos y conversaciones exitantes que solo podían llevarnos a una cosa: en encuentro de sexo y lujuria femenina.

 

Acordamos vernos en un lindo motel que hay en la zona, solo queríamos estar las dos solas, si interrupciones y sin tener que ocultar nuestros gritos.

 

Jaky me pasó buscando por mi departamento en su vehículo. Le dije a mi marido que saldría con ella y que no me esperara en la noche. Que todo estaría bien. Obvio ya el sabía a lo que íbamos.

 

En su carro me recibió con un beso que me encendió de inmediato. Ella vestía una braga de jean larga, propio de su estilo, pero sin nada abajo, lo cual dejaba ver sus enormes pechos por los laterales. Morena hermosa y provocativa, llena de alegría por nuestro encuentro.

 

Yo iba más descarada que ella. Quería impresionarla y lo logré. Tenía una falda muy corta con una blusa transparente. Sin ropa interior, agacharme era una declaración total al que me viera. Vestía cuál puta que va a lo suyo. Mis pechos ya erectos le daban un adelanto a Jaky de lo divina que sería su cena de esta noche.

 

Ya en el motel comenzamos a besarnos con delicadeza, dejando caer nuestras pocas ropas y conduciendo nos a la enorme cama que aguardaba por nosotras.

 

Al fin había algo rico en esta pandemia. Me la quería devorar. Toda la noche entera para hacer el amor hasta que quisieramos.

 

La tome por un costado y con un moviento la acosté boca arriba mientras ella casi en automático me habría sus largas y hermosas piernas de gimnasio. Comencé a darle un perfecto sexo oral. Las mujeres sabemos muy bien dónde es divino y dónde gusta, lo que hace que sean los mejores orales que podemos recibir.

 

Segui por largo rato acariciando con la punta de mi lengua sus labios y clitoris... Subía y bajaba lento y fuerte, desesperandola y haciendo que me suplicara por más. Saque varios órganos de esa chica.

 

Subi hasta sus pechos y los bese con dureza. Los mordisqueaba y manoseaba, nos besamos con lujuria tratando de aprovechar para acabar con tantas ganas de foyar.

 

Jaky jugó con mi vagina y se trago todos mis fluidos insistiendo me que eran deliciosos. Pude contar 6 orgasmos que me llevaron al éxtasis de placer.

 

Entrecruzamos nuestras piernas y comenzamos a masajear nuestras vaginas una con otra. Sudor, fluidos, exitacion. Primero ella dominaba, luego yo lo hacía. Los hicimos por horas, dormíamos un rato y seguimos así hasta el amanecer.

 

Me llevo a casa y nos despedimos con un largo y rico beso de amor. Estábamos hechizadas de tanto sexo de calidad. La magia de Afrodita se hizo presente entre nosotras.

 

Mi marido me esperaba con un rico desayuno preparado para consentirme y para que le contará con detalles la aventura con Jaky.

 

 

 

 

 



   
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