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Encuentro en un baño publico


Eritoblasto
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Voy de regreso a Caracas, después de un agradable fin de semana con mi esposo. Nos vemos regularmente cada 15 dias ya que su trabajo lo permite así. No me pude sacar los recuerdos de aquellos tres chicos que hicieron de las suyas conmigo en el autobús el viernes pasado. No comenté nada a mi esposo porque me encantó la infiel picardía de guardarme lo para mí.

 

Estoy anciosa y con ganas de que pase algo rico en el retorno. Viajaba en el vehículo de José, quería llegar alismo sitio donde se quedaron los chicos con la esperanza de encontrarmelos. Sentía nervios y excitación, una sensación divina que colmaba mis sentidos y me hacía acelerar el coche para ver si los encontraba.

 

Al llegar a la estación di varias vueltas y nada. Estaba todo solo. Eran las 6 de la mañana. Solo operadores de la estación y algunas personas que pululaban por el lugar.

 

Decidi estacionarme para ir al tocador. Estaba casi vestida... Tenía una mini falda, diminuta cómo la tanga, del mismo color crema, una chaqueta gruesa, sin blusa ni brassier debajo, sandalias que mostraban mis pies descalzos y hermosos y mis lentes oscuros... Vestida para matar.

 

Al bajarme del coche todos los hombres voltearon a mirarme. Estaba en mi esencia, era el centro de atracción de la terminal. Camine hasta el tocador y mientras me estaba retocando el maquillaje entro un hombre al lugar .

 

 - Buenos días bella dama

 - Buenos días señor, este es el tocados de damas.

 - Si, lo sé pero lo vamos a convertir en algo que te va a gustar...

 

Y cerro con llaves la puerta.

 

Era un hombre adulto, de tez oscura, vertido ordinariamente y sin mucha gracia. Se acercó y me tomo por la cintura. Me intimidaba pero no quería mostrarle miedo.

 

 - Estás divina y quiero probarte así sea a la fuerza.

 

Me giro y quedé frente al espejo. El hombre comenzó a intentar besar mi cuello mientras me oponía forcejeando. Metió su mano pon mi falda y la arranco, comenzó a pegar mi culo y manocear mi vagina. Bajo el cierre de la chaqueta y me la quito, estaba desnuda totalmente en un solo moviento.

 

Apretaba mis pechos y ante un grito desesperado mío me tapo la boca con su enorme mano.

 

 - Calla o te aplicó fuerza... Te vas a entregar por tu bien.

 

En ese momento bajo sus pantalones y me recostó en mis nalgas una verga enorme. Sentía que era algo sobre natural. Allí comencé a fantasear, otra vez creo que voy a tener sexo divertido.

 

Percibo que se coloca saliva en sus manos y moja su vergota. Sigo de espaldas a el cuando siento ese animal tratando de abrirse paso por mi vagina... Uffffff. Grande, enorme, grueso y durísimo. Lo más grande que me han metido en la vida.

 

De una sola vez lo metió entero, completo, y comenzó a moverse, yo dejé de gritar y comencé a entregarme al momento. Mis sentidos estaban todos puestos en eso que me metía. Quice moverme pero me tenía abierta y presionada. Solo podía sentirlo y comenzar a gozarlo.

 

Lo saco y fue una sensación de vacío. Me giro y ahora lo podía ver. Me puso de rodillas y no lo podía creer. Me tomo del cabello y sin pronunciar palabra me lo metió en la boca.

 

Mi mandíbula debió estirarse para dejar que esa verga entrara. En ese instante perdí la compostura. Esto no lo volveré a ver así que debo aprovecharlo, y comencé a mamarlo como solo yo sé hacerlo.

 

Prolongue por varios minutos mi felación, mientras el acariciaba mi pelo y mi espalda. Me lo saco de la boca y me sentó en el lavabo, me dijo que lo mamaba rico pero que tenía que coronarme.

 

Me penetró de nuevo, estaba exquisito. Me follo por varios minutos produciendole unos 6 orgasmos a gritos de placer y estremecimientos. Estaba tirando sabroso.

 

El acabo cómo un toro. No dejaba de salir su leche, que rebosaba mi vagina y chorreaba por mis piernas. En hombre se estremecía de placer y yo llegaba a otro orgasmo solo de verlo y sentirlo dentro de mi echándome su chorro de verga.

 

Lo saco y se regó por todas partes. Recogí mi chaqueta, dejé tirada la tanga y me coloque la falda.

 

El abrió la puerta y se fue, yo necesite de 5 minutos para reponerme y dejar de temblar. Me subí al coche y estube 20 minutos tranquiliza dime y chorreando leche.

 

Ahora tengo otra razón para viajar en estás carreteras, tampoco se lo contaré a mi marido, no sea que quiera acompañarme algún día.

 

 

 


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