El tercer disparo
 
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El tercer disparo

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(@posyomismo)
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Hola Smile Este es el primer relato que voy a poner aquí, y creo que el primero de este estilo que se postea aquí Smile Los fetiches de "transformaciones" son puramente fantásticos (estamos hablando de seres humanos transformados en otras personas, cambios de sexo, en animales o criaturas fantásticas, o incluso en objetos, como el caso de este pequeño cuento), pero muy vinculado con el BDSM (estamos hablando de personas perdiendo su condición "humana" para estar por debajo de otros, a veces un villano, a veces un "am@") y en el caso de transformaciones inanimadas, con el bondage Smile . También va de la mano con las fantasías de hipnosis, de nuevo, por la perdida de control del sumiso Smile Como podéis imaginar, es un fetiche... bastante friki ^^U , por lo que su público suele ser bastante pequeño ^^U

Al no ser el tipo de historia erótica más "mainstream", por ahora sólo pongo esta ^^U Sí veo que tiene una buena acogida, quizás ponga más de las que tengo escritas Smile Ah, y por cierto, tengo una fotomanipulación para ilustrar esta historia, en caso de que alguien esté interesado Smile

Bueno, pues allá va Grin :

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El tercer disparo

Ana se acarició el clitoris suavemente. Aun seguía percibiendo el placer que su mano le provocaba en él, aunque este estuviese ya rígido debido a la petrificación. Abrió los ojos durante unos segundos, antes de que el placer la hiciese gemir nuevamente y volviese a cerrarlos mientras se concentraba completamente en las sensaciones que provenían de su sexo. Pero aun asi le dió tiempo a ver como toda su cadera había adquirido ya la textura y el tono grisaceo del granito, mientras este iba extendiéndose más por sus piernas y subiendo por su cintura, y sonrió pensando en ello.

Pronto sería una estatua. Hermosa, estática, sensual... y completamente indefensa. Y esos pensamientos la excitaban a niveles indescriptibles. Quizás esta vez sería la definitiva. Quizás en esta ocasión su peligroso juego alcanzase su final y ella pasase a ser una estatua para siempre.

Por un breve momento, pero sin dejar de acariciar su vagina solidificada, abrió de nuevo los ojos y miró junto a ella en la cama del hotel en el que se encontraba, como queriendo asegurarse de haberlo dejado todo preparado por enésima vez. Ahí pudo ver un sobre con una anotación escrita a mano en él diciendo "A quien quiera que me encuentre", y un pequeño aerosol de mano blanco con la palabra "antídoto" escrita a mano en él. Suspiró en una mezcla de satisfacción, al comprobar que ambos objetos seguían en su lugar, y gozo al recibir de nuevo una oleada de placer. Tenía el impulso de introducir sus dedos en el interior de su coño y contraerlo, al tiempo que se contorsiona para liberar el orgasmo que estaba gestándo, pero la petrificación llegaba ya a la altura de sus pechos, y casi toda la parte inferior de su cuerpo estaba ya completamente paralizada. Unicamente su pies, cuyos dedos agitaba casi con convulsiones aun eran de carne y hueso, aunque sabía que no durarían mucho así. Así que sabía que el climax aun no llegaría, mientras iba creciendo hasta el momento final.

Ana recordaba perfectamente lo que había escrito en la nota. Era la misma que había usado en las dos ocasiones anteriores que había cedido a su oscura fantasía, y se había transformado con una poción gorgona que había conseguido por internet a si misma en una estatua, en un hotel, un lugar fuera de su completo control, mientras fantaseaba imaginando acabar para toda la eternidad como una hermosa versión de si misma, esculpida en piedra.

En su mensaje detallaba que se había hecho eso a si misma, pero que se trata de un proceso reversible, aunque sólo las primeras 24 horas, al tiempo que indicaba la hora en la que planeaba tomar la poción. Si quien la encontrase le rociaba el antídoto del aerosol, la petrificación lentamente revertiría, y ella volvería a ser de carne y hueso. Pero también detallaba que como estatua viviente y completamente única, era valiosa. Muy valiosa. De entorno a las seis cifras, como mínimo. Y que habría mucha gente poderosa dispuesta a comprarla. De hecho dentro de esta misma descripción de si misma como posible mercancía adjuntaba una dirección I.P. de la deep web para contactar con un traficante que estaría dispuesto a adquirirla sin hacer demasiadas preguntas, ni a poner demasiadas pegas a la hora de pagar. Y ambas cosas estaban rematadas con un párrafo diciendo a quien lo fuese a leer que podía hacer con Ana lo que quisiera, ya fuese restaurarla, quedarsela o venderla. Ella no juzgaría a esa persona por ello, ni le guardaría ningún rencor, para empezar porque cuando la transformación finalizase, su mente se paralizaría también, así que nunca sabría que había perdido. Pero además porque cuando ella empezó a jugar a este peligroso juego, sabía muy bien que era como la ruleta rusa, que perder en el juego significaba perderlo absolutamente todo. Pero... esa era la gracia, y lo que la excitaba ante todo.

Un gemido de nuevo salió de sus labios sin que pudiese evitarlo. Sus pechos ya estaban tan rígidos como su coño, podía comprobarlo mientras se tocaba el izquierdo, pero sin parar de acariciarse el clitoris. Estaba empezando a notarlo más frio, ya que el granito en el que se estaba transmutando comenzaba a perder el calor de cuando era carne viviente. De nuevo se imaginó a si misma expuesta en algún tipo de museo erótico, o en la colección privada de un coleccionista y sonrió. Era tan excitante, sin ningún tipo de obligación o deber, simplemente siendo una bonita figura hermosa. La gente se sorprendería de su realismo al verla, y cada cierto tiempo una criada le limpiaría el polvo, como a cualquier otra pieza decorativa. O quizás la encerrarían en una urna de cristal para evitar que pudiese ser dañada o que la robasen. Todo ello eran pensamientos maravillosos para Ana, pero lo mejor de todo es que si finalmente sucedían, jamás lo sabría.

Quiso volver a sentir el relieve de su coño, pero ya no pudo, ya que la petrificación superó sus codos, lo que le imposibilitó la mayoría de movimientos de sus brazos. Ya quedaba muy poco. Además, su respiración había empezado a entrecortarse y pasar a ser ligeros suspiros, ya que sus pulmones también estaban endureciéndose, y su diafragma estaba casi completamente convertido en la misma piedra grisacea que se veían en su piel. La petrificación comenzaba siempre en su vagina, ya que hacía falta excitación sexual para dispara el efecto de la poción, y se iba extendiendo por su piel primero mientras que luego iba profundizando al interior de su cuerpo. Recordó sus dos anteriores petrificaciones, y si se mantería en mismo esquema, en unos poco segundos su respiración se paralizaría, y sólo un minuto más y toda ella sería roca sólida. Casi deseaba poder moverse un poco sólo para poder liberar algo del placer acumulado. Casi. Era mejor esperar ese minuto, y con sus últimos pensamientos, cuando sus ojos pasasen a ser bellos pero frios rasgos esculpidos en piedra, sentir el clímax liberador justo antes de la inconsciencia de la piedra.

Recordó ese mismo orgasmo indescriptible en sus últimos momentos de las dos ocasiones anteriores. En la primera fue descubierta por un botones que entró en la habitación para ver si se encontraba bien al haber pasado la hora de salida y no haber dado señales de vida, descubriéndola en toda su gloria de piedra. Tras restaurarla, en muchacho le reconoció que se sintió tentado de dejarla así y venderla, pero su conciencia pudo con él y le devolvió su humanidad. Por ello, como recompensa, ella le regaló uno de los mejores polvos de su vida y una muy buena propina. En la segunda ocasión quien la encontró fue una mujer de la limpieza que la restauró inmediatamente. Esa vez Ana no pudo disfrutar tanto, ya que la mujer era una religiosa profunda que le dió la charla por su peligroso comportamiento, y tentar a dios. Ella, por educación, la escuchó durante un rato y le aceptó una tarjeta con el teléfono de una especie de grupo de apoyo, aunque mentalmente durante todo el tiempo no podía evitar aburrirse, y desear que la mujer se fuese para poder rememorar con una buena masturbación toda la petrificación de unas horas antes. En esta ocasión decidió subir las apuestas, y el hotel en el que se alojó era considerablemente más barato. No era un cuchitril de cuatro perras, pero desde luego era más probable que quien la encontrase se viese impresionada por su precio como estatua, y que por ello, finalmente, terminase siendolo para siempre. Y eso hacía que fuese aun más excitante.

Con sus pulmones petrificados sin poder suministrar oxígeno a las pocas partes de ella que aun eran de carne, una sensación de ahogo empezó a invadirla, y supo que apenas quedaban segundos para el final. Si hubiese podido verse a si misma se habría fijado que salvo la mitad superior de su cabeza, todo el cuerpo, incluso su pelo, era solo granito gris. Parpadeó rápidamente viendo su hermoso cuerpo de roca, y sus ojos detuvieron todo movimiento, mientras pasaban a ser desde las ventanas relucientes de su alma a meros orbes inertes de piedra. Sus últimos estertores como ser humano culminaron cuando su cerebro liberó de golpe todo el torrente de endorfinas que había estado acumulando con su excitación en forma de un orgasmo gigantesco que la hubiese hecho gritar de haber sido aun de carne y hueso. Su último pensamiento en medio del tsunami de placer fue preguntándose si esta vez sería la definitiva. Si su vida como ser humano había terminado para siempre, mientras empezaba una nueva existencia como un mero objeto

O sí esta ocasión sería sólo el tercer disparo en su juego de la ruleta.



   
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