Mi hija y su perro
 
Notificaciones
Vaciar todo

Original Mi hija y su perro

2 Respuestas
2 Usuarios/as
2 Reacciones
18.1 K Visitas
(@penteox)
No está mal, este miembro Autor
Registrado: hace 12 meses
Respuestas: 10
Iniciador del debate   [#1869]

Era una noche de verano sofocante, de esas en las que el sudor te pega la camisa a la piel y el aire huele a tormenta lejana. Yo tenía cuarenta y seis años, divorciado desde que Elena era una adolescente, y vivíamos solos en esa casa grande y vieja a las afueras de la ciudad. Elena, mi hija, acababa de cumplir veintiuno. Era una mujer hecha y derecha: alta, con curvas que volvían locos a los chicos de su universidad, pelo negro azabache que le caía hasta la cintura, y unos ojos verdes que heredó de su madre. Pero también tenía ese lado rebelde, salvaje, que a veces me ponía de los nervios. Nunca imaginé que llegaría tan lejos.

Llegué a casa antes de lo previsto esa noche. Había salido con unos amigos a tomar unas cervezas, pero me aburrí y decidí volver temprano. Aparqué el coche en el garaje y entré por la puerta trasera, intentando no hacer ruido para no despertarla si ya estaba dormida. La casa estaba a oscuras, salvo por una luz tenue que se filtraba desde el salón. Al principio, no oí nada raro, pero conforme me acercaba, empecé a percibir sonidos: jadeos suaves, como si alguien estuviera conteniendo la respiración, y un golpeteo rítmico, casi animal. Pensé que tal vez Elena había traído a un novio a casa sin decírmelo. La curiosidad me picó, y en lugar de irme a mi habitación, me acerqué sigilosamente a la puerta entreabierta del salón.

Lo que vi me dejó clavado en el sitio, como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago. Elena estaba allí, en el centro de la alfombra, completamente desnuda. Su piel pálida brillaba bajo la luz amarillenta de la lámpara de pie, gotas de sudor resbalando por su espalda arqueada. Estaba a cuatro patas, con las rodillas hundidas en la alfombra y las manos apoyadas firmemente en el suelo. Y delante de ella... no, detrás... estaba Max, nuestro labrador negro, un perro grande y musculoso que habíamos rescatado hace cinco años. Max la tenía montada como si fuera una perra en celo, sus patas delanteras envolviendo su cintura delgada, sus caderas peludas chocando contra el culo redondo y firme de Elena con embestidas rápidas, brutales. Podía ver cómo su polla roja y hinchada entraba y salía de ella, estirando su coño rosado y húmedo, lubricado por una mezcla de sus jugos y la saliva del perro. Elena gemía bajito, mordiéndose el labio inferior, empujando sus caderas hacia atrás para recibirlo más profundo. "Oh, joder, Max... sí, así... más adentro, buen chico...", susurraba, su voz entrecortada por el placer, los pechos colgando y balanceándose con cada golpe, los pezones duros como piedras.

Me quedé paralizado, el corazón latiéndome en la garganta. Debería haber gritado, haber entrado y separado a ese animal de mi hija. Pero no pude. En cambio, sentí una oleada de calor en la entrepierna, mi polla endureciéndose al instante dentro de los pantalones, traicionándome. Elena, mi Elena... ya no era una niña, era una mujer adulta, pero verla así, entregada a ese instinto primitivo, despertó algo oscuro y prohibido en mí. Celos por el perro, deseo por ella. Recordé fugazmente cómo la había visto crecer, cómo sus curvas se habían desarrollado, y ahora esto. Mi mano se movió sola hacia mi bragueta, pero me contuve. Intenté retroceder, pero pisé una tabla suelta del suelo que crujió como un trueno.

Elena levantó la cabeza de golpe, sus ojos vidriosos y entrecerrados por el éxtasis se clavaron en mí. Max no se inmutó; siguió follándola con esa ferocidad canina, sus bolas peludas golpeando contra sus muslos. Ella no gritó ni se apartó avergonzada. En cambio, una sonrisa lenta y lasciva se extendió por sus labios hinchados y rojos. "Papá...", murmuró, sin dejar de moverse al ritmo del perro, su cuerpo temblando con cada embestida. "No te vayas. Quédate... mírame. Mira cómo me folla."

Sus palabras me golpearon como un latigazo. Debería haber huido, pero mis pies me llevaron hacia adentro. Cerré la puerta detrás de mí con un clic suave, el salón ahora nuestro mundo privado. "Elena, ¿qué coño estás haciendo?", pregunté, pero mi voz salió ronca, cargada de excitación en lugar de ira. Podía olerlo todo: el sudor de ella, el almizcle animal de Max, el aroma dulce y salado de su excitación.

Ella se rio bajito, un sonido gutural que vibró en mi pecho. "Lo que me apetece, papá. Max es tan... instintivo. Me lame el coño hasta que me corro solo con su lengua áspera, y luego me monta como si fuera suya. Me hace sentir sucia, viva." Mientras hablaba, Max aceleró, gruñendo, su polla hinchándose dentro de ella. Elena jadeó, sus tetas rebotando más fuerte, y extendió una mano hacia mí. "Ven aquí. Sé que te pone duro. Tócame."

No pude resistirme más. Me arrodillé frente a ella, mis manos temblando mientras le acariciaba el pelo revuelto. Su cara estaba sonrojada, los labios entreabiertos, y olía a sexo puro. Me desabroché el cinturón con dedos torpes, sacando mi polla ya dura y palpitante. Elena la miró con hambre, lamiéndose los labios. Sin decir nada, se inclinó hacia adelante y me la metió en la boca. Su lengua caliente y húmeda rodeó la cabeza, succionando con avidez mientras Max la embestía por detrás, haciendo que su cuerpo se sacudiera y empujara mi polla más profundo en su garganta. Gemí, sintiendo cómo sus dientes rozaban ligeramente la piel sensible, su saliva goteando por mi eje. "Joder, Elena... tu boca es tan caliente..."

Ella murmuró algo ininteligible alrededor de mi polla, vibrando contra mí, y levantó la vista con esos ojos verdes llenos de lujuria. Max jadeaba, su lengua colgando, lamiendo ocasionalmente la espalda de Elena. Yo le agarré la cabeza, guiándola, follándole la boca con embestidas suaves al principio, luego más profundas, sintiendo cómo su garganta se contraía alrededor de mí. Sus gemidos se ahogaban en mi carne, y podía ver cómo su coño chorreaba jugos por los muslos, la polla de Max entrando y saliendo con un sonido húmedo y obsceno.

No aguanté mucho así. Saqué mi polla de su boca con un pop, y Elena jadeó, saliva colgando de su barbilla. "Papá, fóllame tú ahora. Quiero sentirte dentro mientras Max me lame." Empujó a Max con gentileza, y el perro se apartó, su polla aún dura y goteando, lamiendo sus propios jugos de entre las piernas de Elena. Ella se giró hacia mí, montándome a horcajadas en el suelo. Sus tetas presionaron contra mi pecho mientras guiaba mi polla hacia su entrada resbaladiza, aún dilatada y caliente por el perro. Entré en ella de un empujón lento, sintiendo cada centímetro de su coño apretado envolviéndome, paredes internas pulsando como si me ordeñaran. "Oh, Dios, papá... eres más grande que él. Me llenas tanto..."

Empecé a moverme, embistiendo hacia arriba mientras ella cabalgaba, sus caderas girando en círculos lentos y tortuosos. Sus uñas se clavaron en mis hombros, dejando marcas rojas, y sus tetas rebotaban en mi cara. Chupé un pezón, mordisqueándolo con los dientes, sintiendo cómo se endurecía más en mi boca. Max, excitado por el olor, se acercó y empezó a lamer donde nos uníamos: su lengua áspera rozando mis bolas, lamiendo el clítoris hinchado de Elena, haciendo que ella gritara de placer. "¡Sí! Laméme, Max... oh, joder, los dos al mismo tiempo..."

Elena temblaba, su coño contrayéndose alrededor de mi polla con cada lametazo. La incliné un poco hacia atrás, exponiendo más su cuerpo, y Max subió las patas delanteras sobre su espalda, lamiéndole los pechos ahora, su lengua cubriendo sus pezones con saliva. Yo aceleré el ritmo, follándola más duro, sintiendo cómo mis bolas chocaban contra su culo. "Eres una puta sucia, hija... mi puta sucia", gruñí, perdido en el momento, y ella se rio, excitada por las palabras.

"Quiero más, papá. Déjalo que me folle el culo mientras tú me tienes por delante." La idea era loca, pero en esa lujuria animal, lo intentamos. La puse de lado en la alfombra, yo penetrándola por el coño, profundo y lento, mientras Max, guiado por su mano, lamía su ano primero, humedeciéndolo con su lengua. Luego, el perro la montó por detrás, su polla roja buscando entrada en su culo apretado. Elena gritó cuando entró, el dolor mezclándose con placer, su cuerpo temblando entre nosotros. "¡Ah! Duele... pero es tan bueno... fóllenme los dos..."

Era un caos de sensaciones: mi polla frotándose contra la de Max a través de la delgada pared interna, sus embestidas irregulares haciendo que Elena se convulsionara. Lamí su cuello, mordisqueándola, mientras ella me besaba con lengua, probando su propio sabor en mí. Sus gemidos se volvieron salvajes, incontrolables, y sentí su orgasmo llegar como una ola: su coño se apretó alrededor de mí como un puño, chorros de jugo caliente salpicando mis muslos. "¡Papá! ¡Max! Me corro... oh, Dios, me corro tan fuerte!"

Eso me llevó al límite. Salí de ella justo a tiempo, eyaculando en gruesos chorros sobre su vientre y tetas, el semen caliente salpicando su piel. Max, sintiendo el clímax, se corrió dentro de su culo, gruñendo, y luego se apartó para lamer el desastre, su lengua limpiando mi semen de su cuerpo mientras Elena jadeaba, exhausta.

Nos quedamos allí tendidos en la alfombra, sudorosos y pegajosos, con Max acurrucado a nuestro lado, lamiéndose a sí mismo. Elena se giró hacia mí, besándome suavemente en los labios. "Ha sido increíble, papá. No pares... hagámoslo de nuevo pronto." Sabía que esto era jodido, que cambiaría todo entre nosotros, pero en ese momento, con su cuerpo cálido contra el mío, no me importaba una mierda. Era nuestro secreto, y joder, qué bien se sentía.


El relato fue modificado hace 11 meses por relatosonline

   
2
Citar
Etiquetas del relato
(@waper69)
Nuevo miembro Autor
Registrado: hace 5 meses
Respuestas: 1
 

Muy buen ralato si fue real pues que suerte poder tener sexo con una mujer tan cachonda

Saludos



   
ResponderCitar
Compartir:
Criptomonedas

El valor de invertir en Criptomonedas

Guía 2026: Ventajas de Invertir en Criptomonedas y Activos Líderes Invertir…

Bonos de casino: qué saber antes de elegir

Elige inteligentemente: comparativa de bonos con depósito y…