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Pintando el patio de mi vecina, la señora Silvia

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(@knowhow)
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Iniciador del debate   [#1824]

Me llamo Manuel, aunque desde pequeño todos me llaman Manolito. Tengo 18 años recién cumplidos. Casi toda mi vida la he pasado con mi abuela materna, ya que mi madre, cuando tenía 15 años se enamoró perdidamente de mi padre, un senegalés que había llegado a España de manera irregular en busca de un futuro mejor. El amor dio como resultado un embarazo, pero mi padre no estaba preparado para la paternidad, así que decidió irse a Francia a buscarse la vida, abandonando a mi madre con un bombo de 6 meses en el cual me encontraba yo. Y nací, vivíamos mi madre y yo junto a mis abuelos, ya que mi madre es hija única y la casa de mis abuelos era bastante espaciosa. Además, hay que recordar que mi madre con 16 años tenía un bebe, situación que le hizo dejar los estudios, además de no tener forma alguna de ganarse la vida; la de ella y la mía.

En la actualidad, como dije, tengo 18 años, mi madre tiene ahora 34 y lleva varios años trabajando en Madrid, allí encontró un buen trabajo y una pareja con la que convive. Mi abuela tiene 59 años, y enviudó hace dos años, de modo que yo soy su única compañía, y procuro estar todo el tiempo que puedo con ella para que no se sienta sola en casa. Vivimos en una urbanización de estas que tienen varias hileras de casitas adosadas, es una zona muy tranquila y se vive bien, no sé si lo dije antes, vivimos en una localidad de la costa valenciana.

Esto que les cuento sucedió hace una semana, exactamente el fin de semana del 23, 24 y 25 de junio.

Me levanté el viernes sobre las 10 de la mañana, era mi primer día sin instituto y ya comenzaba las deseadas vacaciones de verano. Este verano me lo había propuesto; tenía que perder la virginidad, no podía pasar un verano más sin estrenar mi polla. Con esta edad, os podéis imaginar, me hago más pajas que un mono y todavía no he conseguido que ninguna chica quisiera follar conmigo.

Volviendo a la historia. Me levanté y me hice la paja matutina, después desayuné un poco y me decidía a salir a la placita de la calle. Ya llevaba un rato escuchando a mi abuela hablando con la Silvia, la vecina de al lado de nuestra casa. Silvia es francesa, o al menos ha vivido allí durante muchos años, pues a menudo la escucho hablar con su familia en francés. A mí me conoce desde que nací. Silvia es una señora muy guapa. Tiene una sonrisa preciosa, y siempre es muy alegre. Es morena, no demasiado alta, tiene unas tetas que sin ser muy grandes se notan que están muy bien (lo sé porque en ocasiones la he visto en bikini en la piscina de la urbanización) pero lo que más me gusta de ella, pero vamos, a mí y a todos, es el culazo que tiene. No puedes dejar de volver la cabeza cuando te cruzas con ella, y en la piscina, todos no paran de mirarle el culo babeando y deseando tocarlo…

Volvemos a la historia que me distraigo. Le contaba Silvia a mi abuela en tono enojado que había quedado con su esposo en que iban a pintar el patio interior de la casa, ya tenían la pintura, rulo, brocha, etc., cuando un buen amigo de su esposo le llama para decirle que necesita que vaya a su casa a echarle una mano con unos muebles de madera que quería hacer, y como el esposo de Silvia es un manitas en esas cosas, pues se vio en la obligación de aplazar la pintura de su casa, así que Silvia se había quedado compuesta y sin pintor.

En eso que le escucho decir a mi abuela: “Silvia, seguro que mi nieto Manolito no le importa ayudarte a pintar el patio, ya ha terminado el instituto y no tiene nada que hacer, y además de sacarte del apuro, seguro que se puede ganar unos euritos si hace bien el trabajo, ¿qué te parece vecina?” A lo que ella contestó que no quería que me viera obligado, pero que la verdad es que le vendría muy bien un poco de ayuda. Así que no tuve más remedio que aceptar con media sonrisa en la cara. Nos despedimos de mi abuela y nos metimos para la casa de Silvia.

El patio que había que pintar era uno pequeño de la parte interior, me dijo la vecina que para no cansarme, si quería podía pintar una pared cada día, y así en 3 días estaría terminado. Me pareció bien, así no estaría toda la mañana ocupado con la pintura.

Me dispuse a pintar, pero antes le dije que me iba a quitar la camiseta para no mancharla, cuando me la quité me dijo “Manolito, ya te estás haciendo un hombrecito, con lo pequeñito que eras y lo que has crecido” No lo he dicho antes pero tengo que recordar que soy mulato, y he heredado la complexión física de mi padre senegalés, lo que me ha dado una complexión bastante atlética sin tan siquiera ir al gimnasio, y me ha dotado de una polla de 24 centímetros cuando se me pone tiesa…

Como decía, me disponía a pintar y se ve que empapé demasiado el rulo, y cuando fui a estirarlo en la pared me calló un pegote de pintura en la pernera del pantalón, cuando lo vio Silvia me dijo que no podía dejar que se secara, que aunque era pintura al agua mejor era quitarme el pantalón y meterlo en agua, me dijo que fuera a mi casa a cambiarme pero le dije que llevaba unos calzoncillos que eran como un pantalón corto, que si no le importaba que me quedaba con ellos puestos. La verdad es que nunca me han gustado los slips ni los boxer ajustados, y prefiero ese tipo de ropa interior que me deja la polla y los huevos con más libertad de movimientos. Ella me dijo que por ella no tenía problema, y ya de paso se alegraba la vista con un buen mozo como yo, todo ello guiñándome un ojo. No pudo notar lo colorado que me puse por el color de mi piel, pero en ese momento me ruboricé como nunca antes.

Retomé la pintura ya con mejor maña, e iba pintando muy bien todo lo que me decía Silvia. Ya habíamos terminado con toda la parte baja, cuando tocaba pintar la parte un poco más alta y para la cual necesitaba la escalera. Abrí la escalera y me subí, estaba pintando tranquilamente y cuando fui a mojar el rulo, me pareció ver que Silvia me estaba mirando la polla. Hay que tener en cuenta que estaba subido a la escalera y al ser los calzoncillos anchos, mirando hacia arriba se me veía perfectamente la polla y los huevos. Al principio no quería creerlo, pero cada vez que miraba para abajo para mojar el rulo, la pillaba mirándome la polla.

Había pasado un rato cuando me dijo que si quería agua, a lo que le dije que sí, cuando salió con el agua tenía unas gafas de sol puestas, me dijo “ me he puesto estas gafas porque con la claridad que hay me molesta el sol” yo sabía perfectamente que se las puso para que no le viera los ojos y así pudiera mirarme la polla sin que me diera cuenta. Pensé para mí, ¿quieres ver polla?, pues vas a tener polla. Di un par de rulazos más, y para seguir pintando, en vez de mover la escalera puse la pierna derecha sobre una reja, de manera que el hueco que hacía el calzón, le dejaba verme la polla y los huevos perfectamente, y desde el sitio que estaba ella, tenía mi polla a escasos 30 centímetros de su cara. La situación cada vez era más tensa, la veía mirando mis atributos fijamente y se mordía el labio inferior, incluso en alguna ocasión se levantaba las gafas para poder mirar sin el cristal oscuro de por medio, eso estaba provocando que me excitara, y sin llegar a empalmarme noté como mi polla se iba poniendo cada vez más y más morcillona.

En un momento dado me dijo, “ahora vuelvo, tengo que entrar un momento en la casa” yo no sabía qué pasaba y seguí pintando. En menos de un minuto empecé a oír algo como quejidos que venían de la casa, bajé de la escalera y entré en la cocina, en la parte izquierda había una puerta de lo que debía ser un aseo, y los ruidos venían de ahí. Pensé que se podía haber caído y se quejaba del dolor, así que la llamé un par de veces: “Silvia, Silvia, ¿está usted bien?” a lo que no obtuve respuesta, de modo que me decidí a abrir la puerta, y así hice y cuál fue mi sorpresa cuando vi a la señora Silvia sentada encima de la tapadera de la taza del váter, toda despatarrada con sus dos manos en el coño, una se la metía dentro casi la mano entera, y con la otra no paraba de frotarse el clítoris. Cuando me vio paro, y me dijo “perdona Manolito, no quería que me vieras así, pero no he podido reprimirme después de estar viendo toda la mañana lo que he estado viendo” A lo que yo le contesté bajándome los calzoncillos: “¿Te refieres a esto Silvia?” Su cara se desencajó cuando vio mi polla saltar como un resorte en todo su esplendor, allí delante tenía 24 centímetros de polla mulata dura como una piedra y llena de venas deseando ser estrenada por mi vecina francesita Silvia. En ese momento dejo su coño y se arrodillo frente a mí. Agarro mi polla con la mano derecha mientras que con la izquierda me acariciaba el culo. Abrió la boca y engulló mi polla como si no hubiese un mañana. Físicamente era imposible que le entrase entera, pero la muy puta de Silvia sabía como hacer que la polla pasara de la garganta, y aquello me estaba dando un placer que nunca imaginé que pudiera sentir. Se ve que en Francia eso de hacer el francés se lo toman muy en serio…

Allí estaba la zorra de Silvia de rodillas agarrada a mi tranca, no la soltaba, solo se la sacaba de la boca para respirar y meterse los huevos en la boca, se la volvía a tragar entera, le daban arcadas pero seguía con más ganas aún, su boca era un rio se saliva que se le iba cayendo según iba mamándome la polla. La muy guarra de Silvia notó que empecé a tensarme y me agarró el culo con las dos manos, yo le agarré la cabeza con las mías y le follé la boca con todas mis fuerzas, y en menos de diez empujones, por mi polla empezó a salir un río de semen caliente que le llegó directo a su estómago sin poder saborearlo, tuvo que conformarse con degustar las últimas gotas de leche caliente que dejé caer sobre su lasciva lengua.

Una vez acabado todo y cuando volvió en sí, su cara paso de cara de perra en celo a una mujer preocupada. Me dijo: “Manolito, perdóname hijo, nunca pensaba hacerte esto, siento mucha vergüenza, qué pensará la gente si se entera de esto, por favor Manolito, no se lo cuentes a nadie” En ese momento le cogí las manos y la puse en pie y le dije: “Silvia, esto que me has hecho ha sido con diferencia lo mejor que me ha pasado en mi vida, no tienes que asustarte ni preocuparte por nada, nadie nunca va a saber lo que ha pasado aquí, sobre todo. si me prometes que seguiremos pintando el patio y que serás tan cariñosa conmigo siempre” mientras le guiñaba un ojo. A lo que ella contestó “Mira Manolito que listo me ha salido, tú no te preocupes, que si es lo que tú quieres, lo de hoy lo podemos repetir cuando tú quieras, mulato mío”



   
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