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La estricta Sra. Dolores

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(@sumisso)
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LA  ESTRICTA SEÑORA DOLORES

 

 

Relato completamente ficticio de temática sadomasoquista, más concreto azotes, bondage y correazos.  Es una situación irreal producto de mis fantasías más oscuras con toque domestico.

 

 

Todo empezó el día que nos mudamos de casa mi madre y yo. A mi madre le iban bien sus dos negocios que tenía y decidió comprar una casa en una apartada urbanización, una casa más grande y espaciosa con un bonito jardín. Al principio todo era muy aburrido, yo era un joven algo problemático y necesitaba pasar las horas de alguna manera. Aunque no era tan joven como parece, estaba próximo a cumplir la treintena de años pero no tenía ni oficio ni beneficio. Era completamente vago, ni estudiaba, ni trabajaba, ni tenía el menor interés en hacerlo. Mi madre me consentía todo y sus ingresos eran los suficientemente grandes para yo hacer lo que quisiera sin tener que buscarme la vida.

 

Apenas unas semanas después de mudarnos ocurrió un pequeño incidente, una vecina, algo mayor de unos sesenta años tuvo un pequeño golpe de calor, ya que era verano y las temperaturas eran muy elevadas. Ningún vecino la ayudo y mi madre siempre preocupándose por los demás fue la única que la llevó en su coche hasta el centro clínico. Desde ese momento la vecina, que se llamaba Dolores y mi madre se hicieron intimas amigas. A mí me sorprendió que nadie ayudase a aquella vecina, indague un poco y pregunté y pronto averigüé el motivo. La vecina, la Sra. Dolores era una mujer despreciada en todo el vecindario, se había ganado a lo largo de los años su mala fama. Era una mujer muy asocial, quisquillosa, protestona, autoritaria, conflictiva, mandona y con un carácter terrible, el solo hecho de respirar ya la molestaba,  había discutido con todos los vecinos uno por uno, y tras esas discusiones la Sra. Dolores se había tomado la venganza con sus vecinos de alguna manera que no pudiesen inculparla, como algún destrozo en los jardines ajenos. Era toda una joya aquella señora según me comentaron.

 

Mi madre y la vecina Dolores tal como he comentado se hicieron intimas amigas. Un día quedaron en mi casa para tomar café y pude conocerla. Me pareció una señora normal, de unos sesenta años o quizás más, cuerpo voluptuoso, cintura ancha y muslos robustos, grandes pechos y un rostro que ya infundada mal carácter. Rostro serio con sus arrugas, pelo más bien corto y rizado y unas gafas  de visión metálicas cubrían sus ojos. Mi madre y ella hablaban tranquilamente y muy sonrientes, se habían hecho grandes amigas. Empecé a pensar que quizás el resto del vecindario se equivocaba, no parecía tan mala y bruja como la describían. Hasta que sucedió el primer incidente, mi madre se levantó a por el café que estaba en la cafetera en la cocina y a por vasos. Nos quedamos la vecina y yo a solas un momento y ella fue quien rompió el hielo.

 

- Me ha dicho tu madre que ni estudias, ni trabajas y que das muchos problemas. ¡¡ No te da vergüenza ¡¡ - Me dijo de forma seria y para nada en broma.

 

- Eh , eh.... yo... esto... eh... y a usted que la importa - La respondí , me había provocado con su comentario. - La respondí de igual manera.

 

- Además de vago, mal educado - Me reprimió.

 

- Soy como quiero y me da la gana - La respondí de mala forma y riéndome de forma burlona para provocarla.

 

- Mano dura es lo que necesitas, te borraba la sonrisa de la cara rápidamente  estúpido - Me recrimino furiosa.

 

 

A partir de ese día, se creó una nueva enemistad entre la Sra. Dolores y yo. Mi madre y ella se llevaban genial  pero cada vez que me cruzaba con ella empezaba un intercambio de reproches y burlas, siempre ganaba yo porque me burlaba de ella con mucho ingenio y ella no lo aguantaba, se ponía realmente furiosa y despotricaba por su boca todo tipo de improperios. Nuestros desencuentros fueron continuos a lo largo de las siguientes semanas, tanto dentro de mi casa como fuera. La Sra. Dolores era obsesiva de la limpieza, siempre estaba limpiando y fregando entre otras muchas cosas  la puerta de su casa. Siempre ataviada con sus guantes de goma sucios, que parecía llevarlos incrustados en sus manos sin poder quitárselos, ya que era muy difícil verla sin ellos puestos, nunca tocaba restos de suciedad sin sus guantes de goma.   Yo a propósito pasaba por su puerta e intentaba dejar huellas de barro o tiraba alguna colilla de cigarrillo. Se la encendían los ojos de ira y levantando su dedo enguantado acusador:

 

- Un día te voy a hacer pagar todas, estúpido, aprenderás a respetarme te lo prometo - Me recriminaba.

 

- ¿Me vas a pegar con la fregona, jajaja? - La respondía burlándome más y más.

 

El desesencuentro definitivo y peor de todos fue el día que estaba en un parque de la urbanización , sobre las 9 de la noche , con unos nuevos amigos que había conocido, estábamos fumando y bebiendo alcohol y gastando todo tipo de bromas entre nosotros. En ese momento observé como la Sra. Dolores se acercaba hacia nosotros, ya era mala suerte que justo pasase por ese parque en ese momento. Se detuvo frente a mí:

 

- ¿No te da vergüenza estar bebiendo y fumando con esta panda de mamarrachos? -  Me recriminó seriamente.

 

En ese momento las miradas de mis nuevos amigos se giraron hacia mí, esperando una contestación. Tenía 2 opciones, o bien pedir disculpas y quedar como una gallina  o bien hacerme el macho frente a mis amigos y defenderlos de los insultos vertidos hacia ellos.

 

- ¿y a ti, no te da vergüenza ser una gorda y vieja? - La pregunté con una sonrisa burlona.

 

En ese momento metafóricamente hablando se nubló el cielo, aparecieron rayos y truenos. Ni la mismísima ira del Dios Poseidón hubiese igualado la ira que desprendía la Sra. Dolores.

 

- Eres un completo estúpido, te aseguro que te vas a arrepentir, te voy a hacer tragarte tus insultos imbécil -  Me dijo señalándome con un dedo.

 

 

Se dió media vuelta y se marcho. Mis amigos y yo comenzamos a reírnos a carcajadas, había ganado muchos puntos respecto a mis amigos, ahora era de fiar. Sobre las doce de la noche me marché, iba un poco perjudicado, había bebido y fumado más de lo habitual. Regresé a casa y me fui directo a mi habitación. Me quité toda la ropa excepto un bóxer que llevaba puesto y me dejé caer sobre la cama en plancha.

 

Estaba profundamente dormido, cuando escuché un ruido. Al principio le ignoré pero volvió a repetirse. Pronto al ruido se añadió la luz de la habitación donde dormía, alguien la había encendido. Finalmente no tuve más remedio que abrir los ojos para averiguar qué ocurría. Mi sorpresa fue tremenda al no dar crédito lo que había ante mis ojos, al principio pensé que estaba soñando, pero era realidad. La Sra. Dolores estaba frente a mí,  de pie al lado de la cama donde estaba durmiendo, observándome fijamente con su rostro completamente serio y lleno de ira. Vestida con un vestido negro de verano corto hasta las rodillas y de tirantes que dejaban sus voluptuosos brazos y hombros al descubierto. Mi sorpresa fue por partida doble al observar que llevaba enfundados sus guantes de goma de fregar y limpiar en ambas manos hasta los codos. ¡¡¡ Esta mujer nunca se quitaba los guantes de goma ¡¡¡ .

 

Mi primer pensamiento fue saber cómo había entrado en mi casa hasta la habitación, en aquel momento no conseguía pensar nada razonable pero más adelante averigüe que mi madre le había dado un juego de llaves por si ocurría algo, se habían hecho intimas amigas. Fuera como fuese seguía sin dar crédito a lo que observaban mis ojos, traté de reaccionar e incorporarme, pero la Sra. Dolores se anticipó y se abalanzó sobre mí como una campeona de lucha libre. Se subió sobre mi cuerpo y pronto noté todo su peso sobre mí. Estiró una mano enguantada  hacia mi cara y otra por debajo de mi bóxer. Cualquiera pensaría que quería hacerme tocamientos, pero todo lo contrario. Noté su mano enguantada en sus guantes de fregar dentro de mi boca, agarró mi lengua entre sus dedos y apretó fuertemente, acto seguido noté su otra mano que había introducido a la vez dentro de mi bóxer como agarraba  fuertemente  mis testículos y los estrujaba y retorcía con una fuerza excesiva.  Escuché hasta el chasquido de la goma de su mano enguantada en goma como retorcía mis huevos, el dolor fue muy intenso, tanto que el grito se hubiera escuchado en todo el vecindario si no fuera porque su otra mano me agarraba la lengua. Pronto comprendí que su mano enguantada dentro de mi boca era para que no pudiese gritar del dolor que iba a producirme.

 

- Aaaaaaaggggghghhh - . Fue lo único que se escucho a pesar del terrible dolor que me produjo al retorcer y apretar mis testículos de aquella manera tan violenta.

 

Mis testículos quedaron completamente doloridos, al tratar de gritar no solo note la goma de su guante, sino un sabor repugnante a goma rancia y fétida, que no tuve más remedio que saborear al apretar mi lengua entre sus dedos para que no pudiese gritar. Quedé completamente dolorido, no podía moverme, su jugada había sido maestra, me dejó paralizado. Acto seguido agarró mis manos y las condujo a mi espalda, aprisionó mis manos entre las suyas y me colocó unas esposas metálicas, ¿de dónde había sacado una esposas y porque tenía unas esposas? , no se responder a esa pregunta pero me esposó mis manos a mi espalda con gran fuerza, el metal de las esposas se atenazó sobre mis muñecas, extremadamente apretadas.

 

- ahhhhhhh,  ahhhhh - Grité al comprobar que mis manos estaban esposadas y me producían un fuerte dolor.  Intenté gritar por segunda vez  pero me fue imposible.

 

Su mano derecha se acercó a mi boca sujetando algo entre sus manos. ¡¡¡ Se había quitado sus bragas ¡¡ empujó fuertemente con su mano enguantada sus bragas dentro de mi boca . Saboreé un sabor amargo, más bien a orines, estaban repletas de orines y suciedad y las introdujo en mi boca. Eran completamente desagradables, desprendían un sabor repugnante a orines y suciedad.

 

Continuó atándome los pies con una cuerda que sacó de una mochila que había a su lado. Se había traído una mochila con objetos, no había sido algo improvisado, había sido completamente planeado. Me ató los pies juntos de una manera muy eficaz, no había improvisado, sabía perfectamente como atar a una persona. Posteriormente me colocó otra cuerda alrededor de mis rodillas para inmovilizarme. A la vez que cada vez me inmovilizaba de una manera más eficaz yo trataba de escupir sus bragas dentro de mi boca para poder gritar y para poder liberarme de aquel sabor pestilente  a orines y suciedad.. Casi había conseguido escupir sus bragas con mi lengua  cuando noté su guante de goma de nuevo introduciendo sus bragas dentro de  mi boca, empujando con dos dedos. Estuvo atenta y no permitió que pudiese escupir su mordaza.  Acto seguido cogió una media de color carne de su bolsa y la colocó sobre mi cabeza. Abrió la media e introdujo mi cabeza dentro de su media.  En ese momento la media apretó mi cara y no pude de ninguna manera poder escupir sus bragas de mi boca. Lo intenté una y otra vez, pero era imposible, estaban muy apretadas sus medias a mi cara y no me permitían poder escupir nada. Estaba amordazado sin poder decir nada y lo que es peor sin manera de escupir su mordaza.

 

 

Terminó de atarme los pies y rodillas y agarró mis manos esposadas, las levantó hacia atrás de una manera incomoda  hasta mi cabeza y sujetó mis manos al cabecero de la cama con un candado. Cerró el candado y apto seguido agarró algo de su bolsa. Colocó un collar de perro alrededor de mi cuello y con otro candado sujeto mi cabeza  al cabecero de la cama. Quedé completamente inmóvil, sin poder mover un solo musculo de mi cuerpo. Ladear la cabeza me costaba mucho y la veía borrosa debido a su media de color carne que me había introducido en la cabeza. Estaba completamente inmovilizado y amordazado sin poder gritar, quejarme o pronunciar el más leve sonido.

 

La Sra. Dolores se  relajó tras comprobar que estaba completamente inmovilizado y amordazado. Agarró una silla que había en un lado de la habitación y se sentó en ella.  Cruzó sus piernas y dirigió su voz hacia mí:

 

- Te dije que lo lamentarías. Me has obligado a hacer esto. Ahora aprenderás a respetarme -  . Me dijo de forma muy severa.

 

Se levantó de nuevo de la silla y se dirigió hacia la bolsa que trajo consigo. Yo intentaba escaparme, pero todo intento era en vano. No podía moverme ni podía gritar o pedir ayuda. Estaba completamente inmovilizado y amordazado por su bragas, que desprendían un sabor repugnante, no paraba de degustar orines y suciedad de otra clase dentro de mi boca.

 

Agarró algo del interior de su bolsa, tuve que hacer un esfuerzo importante por ladear la cabeza para observar que era, ya que el candado que anudaba mi cuello al collar no me permitía movilidad. Observé como sacó un cinturón de piel, de color marrón, más bien de mujer, ancho y grueso de complemento en la cintura, su grosor era más grande de lo normal.  Se enrolló unos centímetros de su cinturón en su mano derecha enguantada y dirigió de nuevo su palabra hacia mí:

 

- Ahora voy a azotarte como te mereces. 50 correazos te ayudaran a respetarme - . Me dijo de forma muy estricta mientras escuchaba el sonido  de su guante de goma  chirriar mientras sujetaba fuertemente la correa a la palma de su mano.

 

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSS

 

Recibí un primer correazo. Duro y firme sobre la piel de mi trasero. La sensación fue de un aguijonazo en mi  piel, la picadura de una avispa enfadada.  Tras este correazo le prosiguieron muchos más.

 

ZAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSS          ZAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSS

 

 

Sentí un fuerte dolor sobre mi culo, ahhhhhh,  me producían mucho daño y no podía moverme, ni resistirme, estaba completamente inmovilizado. Traté de gritar, pero fue inútil, mi boca no podía articular palabra alguna con sus bragas sucias dentro de mi boca, solo degusté  más su sabor repugnante.

 

ZAAAAAAAAAASSSSSSS  ZAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSS ZAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSS

 

Me dio los 50 correazos prometidos. Terminó y acercó su rostro al mío:

 

- Ahora me pedirás perdón por tus faltas de respeto  -  Me dijo seriamente.

 

Acercó su mano enguangarada a mi me cabeza y me retiró la media que la envolvía. Sacó sus repugnantes bragas de mi boca y esperó mi contestación.

 

Lo pensé durante unos instantes. Los correazos habían sido dolorosos pero no lo suficiente para doblegarme ante aquella vieja bruja.

 

- Eres una puta vieja, zorra gorda - La recriminé consciente que sus correazos no habían sido suficientes. Ahora tendía que soltarme y quedaría de nuevo humillada.

 

La Sra. Dolores empujó furiosa de nuevo sus bragas dentro de mi boca, empujó con la yema de sus dedos sus bragas hasta que quedaron en el interior de mi boca, hasta la garganta. Colocó de nuevo sus medias de carne dentro de mi cabeza para que no pudiera escupirlas.

 

- Muy bien, recibirás otros 50 correazos, esta vez serán el doble de fuertes, duplicaré tu castigo - . Me dijo de forma indiferente.

 

Escuché de nuevo como chirriaban sus guantes de goma al enrollarse el cinturón de piel grueso sobre la palma  de su mano

 

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

 

Su correazo fue mucho más intenso y fuerte, nada comparado a sus anteriores azotes. Esta vez sentí como un brasero incandescente se apoyaba sobre la piel de mi culo.

 

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSS

 

 

Repitió un segundo correazo, un tercero, un cuarto....... La piel de mi culo empezó a notar el dolor intenso y doloroso. A medida que transcurrían sus correazos, comencé a sentir un dolor  indescriptible, producto de su dureza e intensidad. Caza azotes dolía mas y mas.- su robusto brazo no descansaba, azotaba una y otra vez sin piedad. El dolor era cada vez mayor, trataba de gritar por acto reflejo pero mi lengua se topaba con sus bragas sucias y pestilentes llenas de orines y suciedad, puagaaaagg, me daban arcadas pero a ella eso no le importaba, continuaba una y otra vez azotando mas y mas.

 

Los correazos se sucedían un y otra vez y mi dolor aumentaba más y más. Su intensidad y dureza eran  me provocaban un dolor muy fuerte y no podía moverme y muchos menos gritar.  Fue un mal sueño del que me gustaría haber despertado lo antes posible.

 

Recibió 50 correazos más. Buffff el dolor fue muy fuerte. La Sra. Dolores se detuvo y se acercó de nuevo a mi rostro. Me quitó primero la media que envolvía mi rostro y posteriormente mi pestilente mordaza.

 

- Bien, discúlpate por tu comportamiento, estúpido - Me recriminó la vieja señora.

 

Esta vez no la insulté ni la falte al respecto, solo me mantuve callado en señal que estaba de acuerdo en que me había vencido. Pero eso no era suficiente para la señora. Nos mantuvimos ambos en silencio, ella no dijo nada y yo no me disculpé pero tampoco la insulte. A los pocos segundos noté como sus guantes de goma de fregar empujaban sus bragas sucias y repugnantes dentro de mi boca de nuevo. Volvió a introducir su media color carne sobre mi cabeza para impedir pudiese escupirla y se dirigió hacia mí con su voz:

 

- Eres un completo estúpido. Pareces no aprender, no he escuchado tu disculpa. Tendré que duplicar  la intensidad. Recibirás otros 50 correazos y esta vez te aseguro que no voy a reprimirme, llora cuanto quieras que me da igual -  Me dijo en tono desafiante.

 

Enrolló la correa gruesa de piel sobre el torso de su mano enguantada y levantó su brazo;

 

 

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSS

 

Esta vez su correazo fue mucho más duro que todos los recibido anteriormente. Inclinó su cuerpo hacia atrás y descargó su correa contra la piel de mi trasero.  El dolor que sentí fue indescriptible, completamente doloroso ro. Mi culo ya estaba magullado y sus nuevos correazos me hicieron sentir un verdadero dolor.

 

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

 

 

Sus nuevos correazos fueron los peores recibidos. No era dolor, era sufrimiento, un dolor insoportable que quemaba mi piel con sus  intensos correazos. Deslizaba su cintura y correa hacia atrás y lo descaraba con fuerza. ZAAAAAAAAAAAAASSSSSS

 

Comencé a llorar como un niño pequeño, el dolor era insoportable. Quemaba mi piel duramente.

 

- Eres un completo imbécil. Me suplicaras perdón te lo aseguro, si tengo que romperte el culo a correazos lo haré, no tengo el menor inconveniente. Tenemos toda la noche.  - .

 

La señora Dolores estrujó su correa en la palma de su mano y comenzó a azotarme de nuevo.

 

ZAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSSSS

 

Esta vez su correazos fueron mucho más duros y estrictos que antes. Se convirtieron en una verdadera pesadilla llena de dolor y sufrimiento. Azotaba con mucha fuerza, tal que su correa golpeaba violentamente sobre la piel de mi trasero. Comencé a llorar y llora de dolor, nunca antes había sentido tanto dolor. Era una verdadera pesadilla. Su correa se estrellaba contra mi trasero de forma excesiva, ella inclinaba su cuerpo hacia atrás y descargaba su correa con mucha fuerza. Sentí como mi piel comenzaba a magullarse y crearme verdaderas ampollas. El dolor era insoportable, no aguantaba tanto dolor, nunca jamás había sentido tanto dolor. Intentaba desahogarme gritando pero sus bragas dentro de mi boca lo impedían. No tragaba más que un sucio sabor a orines y excrementos de mi boca.  El castigo fue una varadera pesadilla, una tortura, un dolor realmente indescriptible que me hacia llorar mas y mas sin parar.

 

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSS

 

Recibí 50 nuevos correazos sin piedad. Lloraba y lloraba sin consuelo. Mi culo era una plancha sometida a temperaturas  altas, mas de las aguantables.  Recibí sus correazos sin piedad hasta que me azotó 50 nuevas veces.

 

Se sentó sobre la silla, cruzó sus piernas y apoyo sus manos enguantadas sobre sus rodillas.

 

- Ahora me suplicaras perdón, si no me convence volveré a azotarte una vez más. Puedo estar así toda la noche. - Me recriminó estrictamente.

 

Quitó mi mordaza, primero la media que envolvía mi rostro y después sus asquerosas bragas. Comencé a llorar más y mas mientras hablaba.

 

- Lo siento señora, no volverá a suceder, he sido un estúpido, lo siento.... -  Me disculpaba llorando.

 

- Bien, haremos lo siguiente. A partir de hoy me respetaras, me obedecerás todo sin rechistar y me suplicaras perdón delante de tus amigos. ¿Lo harás? - Me pregunto seriamente.

 

- Si señora, lo haré, lo siento - Contesté completamente humillado y dolorido.

 

La señora volvió a introducir sus bragas en mi boca y las precintó  con sus medias para que no pudiese  escupirlas. Deseaba quejarme, la había pedido perdón, no tenía que amordazarme de nuevo.

 

 

- Voy a asegurarme que cumples tu palabra. Otros 50 correazos aún más fuertes te lo recordaran - . La señora se anudó de nuevo el extremo de la correa sobre su mano y tomó más distancia hacia la cama, para poder impulsar su brazo y descargar duramente su correa contra mi culo.

 

ZAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSS ZAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSS  ZAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSS

 

Si la anterior ronda de azotes fue terrible esta fue aún mucho peor. Padecí un dolor insoportable a causa de sus contundentes correazos. Comencé a vivir una verdadera pesadilla que no llegaba nunca a su fin. Los correazos se alternaban lentamente, parece que había pasado una eternidad desde el momento que se coló dentro de mi habitación, y tan solo habían pasado 2 horas.

 

Ya estaba llegando el fin de mi castigo, los últimos cinco correazos se empleó duramente. Me sujetó por el pelo para humillarme y a la vez descargó su correa con tremenda dureza.

 

- Espero que esto te sirva de lección, a partir de ahora me respetaras y me obedecerás cuanto te ordene. Si no lo haces tendrás que dormir con un ojo  abierto todas las noches, porque no dudaré en volver en volver a azotarte y sería mucho peor que hoy -

 

 

Continuó dándome sus últimos correazos,  hasta llegar al último, se impulso hacia atrás y descargó su correa contra mi culo de una forma brutal.

 

- Eres un completo imbécil, correazos es lo único que te mereces. - Me recriminó furiosa.

 

Terminó de azotarme, sacó su media de mi boca, estaba completamente sudando por la presión de la lycra y a la vez llorando de dolor. Quitó la mordaza de mi boca, me desató y se quitó los guantes de goma de sus manos de un tirón.

 

Tan solo adelantaré que no pude sentarme en varios días, tenía el culo completamente magullado, dolorido, el más leve roce con el pantalón me producía dolor. Tuve que dormir bocabajo durante varios días.

 

 

¿ Había aprendido la lección o por el contrario todo seguiría igual ? ¿ la obedecería o seguiría insultándola y faltándola al respeto ?

 

Juzguen ustedes. Realizaré próximo capitulo si les gusta.

 

Agradeceré sus comentarios en: [email protected]

 

 

 


   
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nyctidromus
(@nyctidromus)
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@sumisso que cachondo relato 👍 👍 👍 

scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
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