........
Con el culo casi al aire, tenía los pezones duros marcados en la lycra del bañador. Un bañador deportivo que la cubría mucho pero también lo marca todo. Y marca un cuerpo muy bonito. Ella salía del agua como una bellísima sirena subiendo por la escalerilla. Sólo para volver a entrar haciendo unos clavados perfectos.
Delgada con los pechos pequeños y firmes, los pezones bien marcados en la fina tela. Los muslos desnudos, largos ahusados preciosos. El culo prieto no muy grande, respingón, solo firme y muy bonito. El bañador se le había metido entre las nalgas desnudándolas. Es toda una atleta.
Me quedé como tonta mirando sus pezones duros. No es que sea lesbiana, no del todo, más bien bisex, o mejor aún me gustan las personas. Pero sí que me han atraído un mínimo, más que eso, las chicas. Soy lo bastante bisexual como para desearla. Esos dos botones tan claros delante de mí parecían llamar a mis manos para que los cogiera, acariciara y tocara aunque me llevara una torta.
Mi bañador era como el suyo, deportivo ajustado. Al fin y al cabo había ido a nadar, ejercitarme para mantener mi cuerpo en buena forma y sexi desde luego. No me había dado cuenta de que mis propios pezones se marcaban tanto en la lycra, tan duros, como los suyos. No se si por el frio, el agua o la excitación. Por detrás se había metido entre mis trabajadas nalgas quedando como un tanga.
Ella parecía mirar mis pezones no tan fríamente como estaba el agua. Por suerte la otra parte de mi anatomía que podía delatarme se mantenía discretamente en su sitio, por el momento. Escondida entre mis muslos, es incómodo pero es la mejor forma de mantener mi secreto unos minutos más. Tendría que colocarlo por delante para nadar y lo haría en cuanto me metiera en el agua.
Mientras nadaba o descansaba sujetándome al borde de la piscina la buscaba con la mirada.
Ya estoy a punto de retirarme al vestuario después de nadar un rato, pero no tengo prisa. Tuve que sacar mi polla de su escondite hace un rato. Me molestaba ya. Yo todavía estaba acuclillada en el borde de la piscina embobada con tan bonito espectáculo. Llevaba mi bañador entero deportivo de lycra más ajustado.
En esa postura empezaba a marcar más mi paquete, aunque no lo pretendía. Tendría que disimularlo más. Por suerte aún no se había puesto duro del todo. Aunque si ella seguía mirándola así no tardaría.
No podía dejar de admirar sus pechos, con los pezones duros. Bueno, y el resto de su cuerpo.
Ella, tras salir cansada de la piscina se había quedado sentada en el borde, descansando, con los pies en el agua.
Parecía que me miraba de reojo. Mi cuerpo, mis muslos, mi polla, el culo, los pechos pequeños pero firmes y marcados en la tela. Creí que había llamado su atención.
Conseguí fijar la vista en sus ojos. He de admitir que me costó y darme cuenta que ahora su mirada me recorría a mí, toda mi anatomía. Y parecía sonreír, no importarle mi particularidad.
Desde la puerta del botiquín Coronas me miraba sonriendo. Es una amiga, follamiga más bien. Nos conocimos cuando ella trabajaba de camarera. Aunque esa temporada lo hacía de socorrista. Se había dado cuenta de a quién miraba.
Un segundo más contemplándola y mi imaginación voló. Desnudándola, sacándole ese bañador, viendo, imaginando por fin al descubierto sus tetitas duras y lamiendo la piel húmeda. Todo su cuerpo de los pies pequeñitos y elegantes al fino cuello y la nuca.
¿Por qué me imaginaba aquello con esa total desconocida? ¿Por que la deseaba? Su cara es bonita, su cuerpo deseable, el bañador sugerente, el conjunto sexi. La piscina no era un sitio fácil para ligar, se iba allí a nadar. A hacer ejercicio.
A pesar de todos los cuerpos semidesnudos que había por allí parecía de mala educación hacer proposiciones indecentes a alguien. Así que no era fácil. Y menos cuando tras un breve descanso ella volvió al agua. Algo descarada busqué su calle y volví a entrar tras ella.
Una piscina pública no da muchas opciones para conocerse de una forma profunda. Para dos amantes es difícil buscar sitios donde hacer el amor. Aunque sí hay algunos rincones discretos, sobre todo si te las apañas para evitar a los empleados. Y yo tenía cierto enchufe con la socorrista.
Nos entendimos solo con mirarmos. Ni siquiera nos habíamos saludado y parecía que el deseo era lo que nos empujaba la una hacia la otra. En mi caso detrás... Me mantuve en la misma calle siguiendo la estela que sus rítmicos movimientos dejaban en el agua.
Cuando ella salió del agua fue a recoger su toalla. Era lo lógico, pero no que se entretuviera un rato mirando hacia el agua buscando mi espalda y culo mientras daba las últimas brazadas. En cuanto llegué al final de la calle apoyé los antebrazos en el borde y me quedé mirando esa belleza secándose sensual.
La miraba desde abajo. Ese cuerpo perfecto desde ese ángulo aún se veía más bonito. Tenía los largos muslos guiando mi vista hacia su coño justo enfrente. Nuestros ojos se encontraron y ambas sonreímos a la vez. Imaginaba que ella quería en ese momento lo mismo que yo, un conocimiento más carnal. ¿Era una ilusión o de verdad era mutuo?.
No me lo pensé más. Ni siquiera me molesté en llegar a la escalera. Hice fuerza con los brazos y despacio salí del agua. Mis pechos, con los pezones duros, el vientre plano y al final mi polla marcada en la lycra, justo antes de girar el cuerpo y apoyar el culo el borde ante sus bonitos ojos..
- ¡Hola!
- ¡Hola!
Y nos sonreímos.
- Se ve que haces mucho ejercicio. Tienes un cuerpo precioso.
- A tí también se te nota el ejercicio. Bueno y sigo más.
- No parece que te moleste.
- Es más bien curiosidad. Nunca he conocido una chica tan especial.
Pero seguía pensando, dándole vueltas al asunto. Tenía que estar a solas con ella. Una cabina privada de los vestuarios, los de los hombres o los de las mujeres, en este caso los últimos. Aunque por la particularidad que tengo entre las piernas alguna vez he recibido reproches por entrar allí.
Deslizarse dentro cuando no hay nadie por allí, cerrar rápidamente la puerta. Es un sitio estrecho, pequeño, mínimo.
Y hay que guardar silencio. Ser muy discretas. Una vez dentro muy juntas, pegadas con el sitio justo para quitarnos los bañadores húmedos la una a la otra.
En este caso fue Coronas la que me, nos, libró del apuro. Me hizo un gesto para que me acercara.
- ¡Bonita pieza! Si no me quedaran unas horas para terminar me iba con vosotras.
- Si no te quedaran unas horas de trabajo yo me habría quedado contigo. ¡Putón!.
- Aquí tienes las llaves de uno de los vestuarios privados. Estaréis más tranquilas. Pero no montéis mucho escándalo que te conozco cuando te corres.
Cogí la llave de sus dedos sujetando su su mano y ella la apretó con confianza. Fue un gesto que no pasó desapercibido a mi nueva amiga.
- Es muy guapa.
Me pareció que lo decía con algo de celos. Pero estaba claro que se estaba fijando en ella. Lo que también me ponía un poco celos a mí.
- Es una amiga. Muy simpática si. Te la puedo presentar cuando quieras. Tengo la llave de un vestuario. ¿Quieres venir?. Estaremos más tranquilas.
- ¿Pues a qué esperamos?.
Abrí la puerta y tras entrar ella cerré bien. Me tuve que girar para hacerlo y ella se pegó a mi espalda. Noté sus tetas mojadas, sus manos rodeando mi cintura. Y un momento más tarde bajando los tirantes de mi bañador para quitármelo. Sin dejar de besar mi cuello, hombros y pasar la lengua por mi nuca empezó a amasar mis tetas como si las fuera a perder.
Notaba sus duras tetas en mi espalda. Sus pezones estaban tan duros que podía sentir cómo acariciaba mi piel con ellos. Siguió bajando mi ajustada prenda hasta sacarla por los pies. Y sus caricias con los dos labios y lengua siguieron bajando por mi espalda hasta llegar donde esta pierde su casto nombre.
Separó las nalgas y clavó la legua en el ano. Supongo que pensando que yo era transexual y que por ahí me gustaría. Evidentemente acertaba con esa suposición. Me derrite un beso negro lascivo cómo el que me estaba dando. Y no paraba de jadear.
- Eres pura lujuria, nena.
- Me has provocado. Y quiero disfrutarte.
Mientras me comía el culo no dejó de acariciar suavemente mi polla y huevos con la mano. Sabía lo que estaba haciendo.
- Ahora me toca a mí o harás que me corra.
Me giré y la subí tirando de sus antebrazos. Nos besábamos y cambiábamos saliva como si fuera todo el agua de la piscina. Ahora me tocaba a mí quitarle el bañador. Lo hice despacio recreándome en la visión de sus pechos contenidos y los pezones que me habían llamado la atención. Seguían duros como guijarros de río.
Continué bajando la ajustada prenda, descubriendo el plano vientre y el ombligo adornado con un pequeño pircing. La cadera aún retenía ese trozo de lycra hasta que de un tirón lo dejé caer a sus pies. Su vulva depilada llamaba a mis dedos y lengua para acariciarla y mimarla. Como el sitio era muy estrecho solo use la yema. Estaba muy mojada y no creo que fuera por el agua de la piscina a juzgar por el glorioso aroma que me llegaba.
Su piel sabía a cloro pero es su suave piel. Lo sé por qué mi lengua recorrió su fino cuello. Los pezones seguían tan duros como antes mientras mi polla se ponía todavía mas dura en su mano suave.
Conseguí sentarme en el suelo, detrás de ella, con las rodillas dobladas, sus muslos a cada lado de mi cuerpo. Dejó lentamente su vulva en mi boca y mis manos van sujetas a su culo como con pegamento.
Tenía que ahogar sus gemidos para que no nos oyeran. Y lo hacía con su antebrazo en la boca. Mi lengua cada vez mas dentro de su cuerpo. Saboreando cada uno de sus orgasmos sin dar descanso a su coño ni a su ano.
Por debajo mi polla bien dura reclamaba una caricia de vez en cuando. Pero como no quería correrme aún no se las prodigo mucho. Quería dedicarme a ella, a darle todos los orgasmos que pudiera.
- Quiero que me folles. Quiero ese rabo dentro.
Fue colocándose encima de mi cadera. Órdenes son órdenes. Así que fui arrimando el glande a tan delicioso agujero. O ella bajaba su cadera hasta hacer el primer contacto. Sus labios se abrieron solos al roce de mi glande. Y de pronto se dejó caer clavando mi polla hasta la empuñadura. Ambas soltamos a la vez un fuerte gemido que no sé si llegó a oirse fuera de la pequeña habitación.
- Me encanta tu rabo.
- Es todo tuyo. Lo tienes bien dentro.
Mientras sujetaba sus duro culo, aquello llevaba muchas horas de natación, metió la húmeda en mi boca en busca en mis amígdalas o eso me pareció en ese momento. También aproveché para deslizar un dedo por su agujerito negro. Ella llevó sus manos a mis tetas para pellizcar y jugar con mis pezones. Algo que me encanta. Desde luego en sus muslos y pantorrillas también se notaba el ejercicio. Subía y bajaba como si no le costase esfuerzo. Y yo cada vez soltaba un jadeo que ella ahogaba con sus labios sobre los míos.
- No te corras dentro que no tenemos condón y me puedes dejar preñada. Déjame saborear tu néctar.
- Pues tal y cómo te mueves no me falta mucho. ¿Tú te has corrido?.
- Tres veces cariño. Déjame levantarme.
La ayudé a incorporarse y aproveché para acariciar toda su piel por el camino. En aquel estrecho sitio no podíamos tumbarnos para un sesenta y nueve cómodo. Así que tuvo que arrodillarse mientras yo estaba de pie frente a ella. No es una postura que me guste mucho, me parece algo de sumisión, pero no teníamos muchas más opciones.
Cuando pasó la sin hueso por mis huevos depilados casi le lleno la melena con mi lefa. A duras penas conseguí aguantar hasta que tuvo el glande entre los labios. Golosa lo retoco en la boca hasta que se incorporó y me besó para compartir mi semen entre nuestras lenguas. Fue largo, morboso, guarro y toda una delicia.
Mientras nos volvíamos a calzar los bañadores para acercarnos a las duchas comentamos la jugada.
- No pensé que fueras tan morbosa cuando te vi nadando.
- Ni yo que guardaras un secreto tan duro hasta que no me fijé un poco más. Eres toda una mujer.
- Esa era mi idea. ¿Repetiremos alguna vez?.
- Si invitas a la socorrista sí. Soy lesbiana cielo. Aunque tú me has tentado mucho. Quería catarte.
- Así que quieres un trío. No será difícil de arreglar a ella también le van las chicas, sobre todo las que son tan bonitas cómo tú.
En eso quedamos después de tomar nota de los teléfonos de las otras. Por el momento...
...... ......
Larga y próspera vida





