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Un amigo nuestro se casaba. Era demasiado joven para eso pero había dejado embarazada a su novia. En esa época todos teníamos apenas diez y nueve años. Y su suegro le decía que habría matrimonio sí o sí.
Respaldaba esa afirmación categórica con su escopeta de caza. Esto es sólo un marco para la historia, no tiene más relevancia que darle contexto a lo que sucedió.
En cambio yo no era de noviazgos y puede que por ello a mis veinte años nunca había llegado a meterla en caliente. Besos, magreos, hacerle un dedo a la chica, incluso había llegado a comerle las tetas y el xoxito a alguna amiga, prima o conocidas de discoteca.
El sumum fueron un par de cunnilingus a una curvy que me ligué una noche de borrachera. Conseguí que se corriera en el asiento de atrás de su coche. Incluso llegué a comerle el culo. Muy morbosa. Y ella me devolvió el favor con sus gruesos labios. Pero no llegué a penetrarla. Ese día no llevaba condones o lo hubiera hecho. Estaba escarmentando en cabeza ajena, como dice el dicho.
Ya cuando podía lamerle el xoxito o ella arrimaba su lengua a mi polla la noche se convertía en algo especial. Pero lo que se dice penetrarla, no lo había hecho nunca ¿eso se considera como ser técnicamente virgen?. Me da igual, yo lo pasaba bien. Tenía mis orgasmos, algunos fantásticos en la boca de la chica.
Parece una experiencia sexual rara, pero lo disfrutaba. Tenía mucho cuidado en no meter la polla donde no debía. Así no corría el riesgo de provocar un embarazo no deseado. Como le había pasado a mi colega.
El tercero en discordia sí tenía novia. La chica era un bombón, una rubita pequeñita y muy bien hecha. Todos le envidiábamos por follársela. Pero también teníamos claro que la chica llevaba una cornamenta que no le dejaba pasar por las puertas. Le arrimaba la cebolleta a todo lo que llevara falda y a más de un pantalón bien relleno en cuanto su novia se daba media vuelta.
Un viernes quedamos para organizar la despedida de soltero y originales que somos pensamos directamente en irnos de putas. ¡Uy! a ver cómo lo digo más suave... tomar unas copas y después ir a un club de alterne.
Pero ninguno de los dos colegas del novio habíamos entrado nunca en un sitio de esos. Así que nos lo tomamos como un experimento y ver si la cosa era factible. Intentamos probar esa misma noche.
Escogimos un sitio pequeño y discreto en medio de la ciudad, no lejos de la zona de bares. Para no tener que coger el coche con alguna copa de más. Ya se sabe que esas no son las mejores condiciones para tomar buenas decisiones.
Estábamos nerviosos y algo bebidos. Nunca habíamos hecho algo así. Desde luego la anticipación nos tenía en ascuas.
Entramos los dos, evidentemente el novio no venía con nosotros. Aquello era un experimento. Curiosos, mirando alrededor como dos paletos en la gran ciudad. No era para tanto, el aspecto era el de un bar o pub bastante normalito.
Lo único extraordinario eran las chicas. Seis o siete repartidas entre los sofás junto a las paredes y la barra. Todas ellas vestidas con muy poca ropa o solo con lencería. Casi todas ellas muy guapas y con buen cuerpo.
Al vernos tan pez a los dos, una pelirroja que estaba acodada en la barra cerca de nosotros se nos acercó. Después de pedir un par de copas que resultaron ser carismas, nos enseñó el local. Es un sitio pequeño e íntimo. Incluso la zona del sexo que no eran más que un par de pequeñas habitaciones de pladur con divanes en la parte de atrás.
- Hola chicos. Soy Azucena. ¿Puedo ayudaros?. Os veo un poco perdidos.
Evidentemente era un nombre de guerra, no el suyo propio. Y más extraviados no podía ser. Se nos debía notar a kilómetros.
- Bueno, nos podías contar un poco de que va esto.
- Es muy sencillo, solo escojeis una chica que os guste. Pagáis su tarifa y ella ahí detrás os hace pasar un buen rato.
- ¿Incluida tú?.
- Si os gusto, por supuesto. Yo también estoy trabajando claro.
Es una pelirroja dulce, cariñosa, a juzgar por cómo se nos pegaba, pero explosiva. El top de lycra, de tubo, muy escaso y muy ajustado dejaba sus hombros pecosos al aire y la parte alta de sus tetas. Además de su vientre con un pircing y buena parte de la espalda. Y por supuesto marcando los pezones también perforados.
La minifalda nos mostraba sus torneados muslos prácticamente hasta las nalgas. Sólo era un tubo de lycra pegado a su cadera a juego con el bandeau. No pensaba que debajo de eso llevara gran cosa.
Ella me provocaba, pensaba que era directamente a mí. Se me pegaba y yo le hacía caso. Mi colega estaba más disperso, miraba a todas las chicas que había por allí, algunas de ellas más desnudas que la pelirroja que nos acompañaba.
- A mí me gustas mucho.
La cogí por la cintura y la besé en la boca. Hasta me devolvió el beso con bastante lengua. Sin mirar a mi alrededor, a ver si alguna de las otras meretrices me atraía más. Eso ya no me importaba, había encontrado la mujer que me había encandilado. ¿Qué le voy a hacer?. Tengo debilidad por las pelirrojas. Ella aceptó el beso, lo que me sorprendió, pensaba que me haría la cobra. Que eso de besar no lo hacía.
Le acariciaba la suave piel de los hombros con la otra mano. De ahí bajé a su culo firme y levantando un pelín la falda, pues no era necesario mucho. Le acaricié las nalgas por encima de unas pequeñas y bonitas bragas de encaje trasparente.
- Eres muy guapa.
- Gracias. No a todos les gustan las "pelirrojas". Tú eres el chico más guapo y joven que he tenido.
- Me alagas. Seguro que les dices cosas así a todos.
- Claro que lo hago, pero es que en tu caso es verdad.
Otra sorpresa, pensaba que una chica así usaría tanga en ese curro y en esa situación. Pero esa lencería era muy sexi. Y tampoco es que cubriese mucho. La suave piel de medio culito a mi alcance.
El resto de las meretrices que por allí había ya no nos prestaban atención. Y mi amigo que no perdía el tiempo, dedicaba sus atenciones a otra chica. Una morena alta de enormes pechos y sinuosas curvas. Exactamente lo contrario a su novia, una rubia casi microscópica.
- Anímate, te voy a lamer entero. Pero también te puedo comer esta polla tan dura que estoy notando si andas escaso de fondos.
Mi pelirroja no hacía mas que tirar de mi mano hacia uno de los reservados donde podíamos follar, digo, hacer el amor. Ya le había pedido a una colega que la sustituyera junto a la barra, ayudando a la camarera.
Recorría mi cuello con su lengua, hasta la oreja donde metía la puntita en mi oído haciéndome cosquillas. Excitándome todavía más si cabe.
- Vamos. Paga el polvo completo, lo pasarás bien.
Yo le magreaba el culito aún por encima del encaje de su braguita. Mientras me pensaba el hacerle caso y pagar un polvo completo. Por fin iba a meter la polla en un coñito. Uno pelirrojo. No una simple mamada que era otra de las opciones que me había propuesto.
Después de sobar su culo pude seguir acariciando su suave piel. Amasé las tetitas cuando se bajó el escote palabra de honor durante un buen rato. Estaba lamiendo su cuello y hombros. Su piel era dulce y parecía que le gustaba mucho lo que le estaba haciendo.
- Me has convencido, vamos.
Nos besamos en la boca, con abundante intercambio de saliva por ambas partes. Logró arrastrarme hasta el reservado. Hasta ahí nada era nuevo para mí, todo eso lo había hecho con otras chicas, con más o menos suerte. Ese era el momento de meterla en caliente por fín. Qué equivocado estaba.
Para entonces estaba más que excitado. Ardiendo. Y con la polla tiesa como un roble.
No había ni una cama, solo un diván en medio del reservado. Era sorprendentemente cómodo una vez que me senté en él. Esperando acontecimientos.
Sin más preliminares se arrancó el vestido por encima de la cabeza. Dejó sus hermosas tetitas pequeñas, cónicas pero muy muy duras al alcance de mi boca. Dediqué un buen rato a besarlas, lamerlas y a chupar sus pezones oscuros, pequeñitos y muy duros.
Deslicé una mano bajando por su vientre. Acaricié el ombligo y llegué al elástico de su prenda. Ahí fue cuando descubrí su no tan pequeño secreto. El porqué ella llevaba una braguita y no un tanga. Si que estaba despistado.
¿Como era posible que no me hubiera dado cuenta de eso?. Puede que como soy más alto que ella no hubiera visto su nuez. Estaba muy concentrado en sus tetas, también podía ser eso. O que estaba tan cachondo que me importaba un pimiento.
- ¿No te importa?.
- Estoy muy cachondo para que importe. Y tú eres muy guapa y estás muy buena.
Como ya había comprobado antes ni siquiera llevaba sujetador. Estando yo sentado en el diván me lancé a por sus pechos. Quería más de esas tetitas perfectas. De inmediato me metí los pezones entre los labios, oscuros, salientes y duros. Jugaba con la lengua, lamiéndolos. Ella, de pie entre mis piernas, muy cerca de mí. Esa es una de mis especialidades, se me da bien comer un buen par de tetas.
Sentada frente a mí, sobre mis muslos, únicamente con su braguita negra. Podía agarrar bien sus nalgas y amasarlas. Pero amorrado a sus tetas seguía sin fijarme en su pubis. Tiempo tendría de hacerme con esa parte tan interesante de su anatomía.
Nos besamos con pasión, su lengua investigaba mi boca revoloteando con ella por todos los rincones. Su saliva inundaba mi boca y yo le chupaba la sin hueso. No separé las manos de su culo amasando sus nalgas con fuerza.
Me ayudaba a desnudarme. Me sacó la camiseta y la dejó a un lado. Notaba sus pezones duros rozando mi pecho. Y por fín su polla apenas tapada por sus bragas se apoyaba en mi rabo, muy duro. Que estaba aún tapado por mis pantalones. Pero poco tardó en quitármelos. Me dejó con el slip y ninguna vergüenza.
Ese fue el momento en que me decidí a exprimirle a esa noche todo el placer que pudiera sacar. ¿Sabéis una cosa?. Me importó un pimiento su polla, o que hubiera sido chico. Ante mí tenía una preciosidad. Me lo tomé como una experiencia nueva. Y además estaba buenísima. Por fin la iba a meter en caliente y era en un culo precioso. Lógicamente tampoco había follado nunca a nadie por detrás, aunque si lo había comido.
- ¿Me vas a dejar follarte?.
- Lo estoy deseando cielo. Me vas a rellenar bien.
- Te voy a dar mucho cariño.
Fui yo quien bajó su braguita y su polla saltó ante mi cara. Le di un beso al glande. Lo que pareció asombrarla. Y ella la que tiró de mis gayumbos. Mi rabo se deslizó entre sus labios casi sin esfuerzo.
- ¿No te molesta?.
- Para nada, preñada no te vas a quedar. Así que te voy a aprovechar entera.
Bromeé. Pero volví a besar sus labios y buscar la lengua con la mía. Nuestras pollas juntas se frotaban. Su calor se notaba, agarró las dos con su mano. Estaban bien duras y calientes, suaves. Frotaba una contra otra.
- ¿Me quieres follar ya?.
- Desde luego. Pero antes te lo voy a comer. Súbete al diván.
- No muchos tíos se atreven a eso.
- A mí me gusta. No será el primer culito que como. Y el tuyo es precioso.
Se puso a cuatro patas sobre el mueble. Empecé suave, como me gusta, con besos y lamidas por la suave piel de las nalgas. Despacio desplazándome hacia el ano. Se había limpiado bien, solo notaba algo de sudor. Aquello estaba prístino. El agujerito se abría al toque de la punta de mi lengua. Y ella gemía, creo que le gustaba, que no fingía. Al fin y al cabo no se me da mal.
- ¡Joder! Eso me gusta. Me correré solo con eso cielo. Pero fóllame ya.
- Baja de ahí y apoyate en el diván.
- Luego te lo voy a comer yo. Quiero probar ese culo. Parece muy duro nene. De todas formas ponle un poco de lubricante al mío y a la polla.
Apoyó los pies aún calzados con sus tacones en el suelo. Lo que dejaba su prieto culo a la altura perfecta. Con dos dedos extendí el lubricante por mi rabo y los metí en su ano para que fuera placentero para los dos. Se le escapó un gemido al notar mis dedos penetrándola mientras jugaba un momento en su interior.
De inmediato acerqué el glande y sujetando la cadera la penetré. Ambos soltamos un gemido a la vez. Del primer empujón mis huevos llegaron a tocar los suyos. Al fin dejaba de ser "técnicamente" virgen. Ese culo me apretaba como en una prensa hidráulica.
- Nena si aprietas así me correré enseguida.
- Pues hazlo. No te preocupes creo que vas a repetir sino está noche otra, nos vamos a ver más.
- De eso puedes estar segura. Nadie tiene más morbo que tú.
Apenas podíamos hablar pues jadeábamos, suspirábamos sintiendo placer. Aún así lo decía totalmente en serio. No era solo el calentón. Bajé unas mano hasta agarrar su polla y pajearla con suavidad. tenía en la mano un instrumento no precisamente pequeño, muy suave, duro y caliente.
Por cierto tenía otra ventaja sobre una mujer biológica. No podía fingir un orgasmo. Se corrió en mi mano antes de que yo lo hiciera en su culito. Lasciva la llevó a su boca y lamió su propio semen de mis dedos. Ese gesto terminó de calentarme y derramé toda mi lefa en su interior. Me derrumbé sobre su cuerpo. Mientras seguía besándola y ella me respondía.
- Eres maravillosa, nena.
- A ti no se te da mal tampoco. Eres el mejor que he encontrado aquí. Quiero volver a verte. Te voy a dar mi número y podemos quedar fuera.
- ¿Me vas a cobrar?.
- Te haré un precio de amigo. Si quieres, claro.
- No querría perder una belleza como tú.
Ya nos quedaba poco tiempo de lo que había pagado. Desde luego no para un segundo round. Lo pasamos besándonos y acariciándonos. Aún así tenía que darle unas últimas lamidas a su polla. Me apetecía y la miraba a los ojos mientras lo hacía. Podía ver su carita de vicio.
- Me has dejado el culo como una boca de metro.
- La próxima más cosas y sin que nos metan prisa.
Incluso me ayudó a asearme un poco y vestirme. Salí de esa habitación con una sonrisa en la cara y su número en el bolsillo. Pensando que tenía que volver a verla.
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Larga y próspera vida





