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Me había pasado la tarde anterior cachonda y sola, la masturbación de esa mañana en la ducha no había solucionado el problema. Así que llegue a la oficina todavía excitada.
El tanga rojo era un signo inconfundible de que estaba buscando guerra. Una falda larga pero abierta en un lateral casi hasta la cadera, hasta el pubis, mas arriba del medio muslo. Justo hasta donde llegaban las medias con sus ligas de silicona.
Un sujetador de media copa que acariciaba mis pezones con el borde del encaje. Casi sin cubrirlos y una blusa blanca transparente. No era el atuendo más adecuado para ir al curro pero me daba igual. Estaba caliente y no se me iba a pasar en todo el dia.
Durante la mañana el trabajo en la inmobiliaria fue un autentico coñazo. Solo papeleo hasta que a la hora del café se presentó una atractiva pareja joven.
- Os puedo enseñar algunas cosas. ¡Vámonos!
Sin pensarlo apenas, cogí las llaves de tres pisos y me los llevé para enseñárselos. Los dos primeros no les gustaron. La verdad es que solo son cebos para que cuando les enseño el bueno se planteen la compra en serio.
Pero el tiempo que pasó en los recorridos nos dio la oportunidad de charlar y conocernos más a fondo. Me parecieron simpáticos, agradables y por algunos comentarios acariciadores o sensuales que se hicieron entre ellos calientes y morbosos.
- Seguro que este os gusta más.
- Lo que estamos viendo nos gusta bastante.
Son muy atractivos físicamente. Al llegar al último apartamento solo pensaba en f
follármelos. Luego me confesaron que ellos me deseaban desde que vieron mi escote detrás del escritorio. Que se habían puesto de acuerdo para seducirme antes de entrar en el primero.
El piso es muy bonito. Estaba amueblado. El sol entrando a raudales por las ventanas. Lo que conseguía una temperatura muy alta a pesar del tiempo del exterior.
- Poneos cómodos. Podemos descansar un rato.
Inmediatamente nos quitamos las chaquetas para estar más a gusto y uno de los botones de mi escote se abrió como por ensalmo.
- Al menos aquí estamos "calientes".
- Yo seguro que si.
El top ajustado que ella llevaba se subió sobre su piel según estiraba los brazos para sacarse la cazadora. Nos dejaba ver el ombligo, el vientre completo adornado con un discreto pircing. No parecía llevar sujetador y los duros pezones con pircings se marcaban perfectos a través del fino algodón.
Si todo eso no era coqueteo descarado yo estaba muy perdida.
Alguna vez que se había agachado a recoger algo. Gracias al vaquero bajo de cintura había podido apreciar la blancura de las nalgas perfectas y el hilo de un minúsculo tanga morado.
- Vas muy guapa.
- Tú también, me gusta tu falda.
Cuando lo dijo aproveché para estirar una pierna y dejarles ver el muslo cubierto por una media con su liga. No perdieron la ocasión de verlo y sus ojos se dirigieron allí enseguida
La nena estaba muy buena y él no desmerecía. Un montón de músculos marcados a través de su camisa y un culo perfecto en el ajustado vaquero. Además de lucir un paquete de respetables dimensiones.
Eran muy decididos.
Estábamos cansados y el piso era acogedor. Nos sentamos en el sofá y a mí me dejaron en el medio. Entre ellos y mirándome a los ojos. Pronto sentí una mano masculina acariciadora recorriendo mi espalda. Mientras ella me ponía la mano en el muslo que la traidora falda había dejado completamente al descubierto.
- Bonita media, te queda muy bien.
- Me gusta llevar lencería bonita. Seguro que tu también la llevas.
- Si, ¿verdad?. Parece un vicio.
- Nos habían venido bien unas copas.
- Me da la impresión que no vamos a necesitarlas.
Simplemente me dejé llevar. Pues ellos parecían tenerlo todo decidido, casi ensayado. El chico, travieso, con la mano que deslizaba por mi espalda soltó el broche del sujetador con una hábil maniobra. Mis pechos quedaron libres de su prisión bailando dentro de la blusa al movimiento de mi agitada respiración.
- No os cortáis.
- Nos parecía que tú también lo deseas.
- No os hacéis una idea.
En ese momento la miraba a ella que despacio acercó sus labios a los míos y me besó. Los sentí cálidos y casi de inmediato abrí la boca para que nuestras lenguas iniciaran un mutuo conocimiento. Su mano seguía acariciando mi muslo con suavidad pero insistentemente y cada vez mas arriba. Sus uñas raspando el fino nylon de mis medias me producían agradables escalofríos.
- Creo que yo sí. Por cómo nos mirabas lo dejaba muy claro. Y yo tengo tantas ganas como tú.
El chico parecía apreciar el espectáculo que le estábamos dando. Pero no se quedaba quieto. Aprovechó para terminar con los botones que le quedaban a mi blusa. Sacármela por los brazos y terminar de liberarme del sujetador.
- ¿Vas a compartir a tu chico?.
- No. Te vamos a compartir a ti.
Yo casi estaba desnuda y ellos muy vestidos. Pero estaba dispuesta a remediarlo y yo llevé mis manos al vientre de la chica. Le saqué el top por encima de la bella cabecita separando nuestro interminable beso solo lo necesario para la maniobra.
Me encantaban esas dos tetas cónicas, perfectas y las dos barritas que perforaban los pezones.
Ya estábamos más igualados pero aún quedaba él. Ella le dijo:
- Cariño, haznos un strep tease.
- ¿De verdad que compartirás a tu chico? ¿Los tres juntos?.
- ¿Y por qué no?. ¿Quién dice que lo que quiero es compartirte a tí con él?.
- Pues yo encantada, estáis buenísimos.
Sin pensárselo mucho él se puso en pie y su camiseta y vaqueros fueron saliendo al ritmo de una música que solo él oia en su cabeza. Efectivamente mi primera impresión había sido acertada. Tenía un cuerpo francamente bonito, un pecho y unos brazos poderosos pero sin exagerar. Un vientre plano con unos abdominales bien marcados.
La polla que se insinuaba en su tanga negro, ¡un tanga de chico!, parecía algo espectacular. Eso sí que fue una sorpresa, era la primera vez que veía esa prenda de chico al vivo. Y verla en un cuerpo tan bien formado toda una alegría para la vista.
Las dos lo mirábamos complacidas sin dejar de acariciarnos los pechos la una a la otra. Los míos ardían recibiendo sus suaves caricias, y los suyos duros firmes parecían temblar bajo el acoso suave de mis manos.
Quería más así que me incliné a comerlos y besar sus pezones. Tenía puestos unos pircings, lo que hacía más excitante la situación. No deje ni un milímetro de piel de sus pechos sin besar y lamer. Y volvía a sus perforados pezones una y otra vez oyendo sus gemidos de placer. También pasaba a las axilas o bajaba al ombligo también adornado con otro pircing.
En esa postura mi culo quedaba bastante expuesto. Lo que aprovechó él en ese momento para agarrarlo y manosearlo.
- Sube un poco más. Quiero comerte.
Así que sin separar la boca de las duras tetas puse mis rodillas sobre el sofá. Le ofrecía a él toda mi grupa. Me había chupado un pie, los dedos y la planta. Pronto noté sus labios en mis nalgas, su saliva humedeciendo mi piel. Cuando llegó con la lengua al ano yo me derretía.
- ¿Nena?, ¿le dejas que me la meta?.
- Claro, cielo. Pero tendrás que comerme el coño. Y eso que estás haciendo un gran trabajo en mis tetas.
- Será todo un placer.
Apenas podía entenderla, debía tenerla muy excitada. Sus frases se entrecortaban con gemidos. Deslicé la lengua por su ombligo hasta jugar con el pircing. Bajé lamiendo la piel de su vientre mientras separaba sus muslos con mis manos. Lo que ella me facilitó mucho.
Cuando quise darme cuenta ella tenía las rodillas pegadas a las tetas. Así me dejaba a mi alcance todo lo que a mí me apetecía comer. Su agujerito negro era una tentación, bien limpio entre sus musculosas nalgas. Clavé la lengua en su ano y le dediqué un buen rato.
Él seguía detrás de mí y desde luego estaba disfrutando de sus atenciones. También había descubierto mi ano. Empezó suave, acariciando mis nalgas, separándolas. Lamía la piel de mis nalgas pero poco a poco buscaba el agujero negro. Hasta clavar la sin hueso, casi penetrándome con la húmeda.
No me extrañaba lo que estaba disfrutando ella de mis caricias con la lengua en su entrada posterior si él se defendía así en la mía.
- Fóllala, cariño. Está que arde.
- ¿Por delante o por detrás?.
- ¿Tenemos lubricante?.
- ¿No pensarías que hemos venido desprevenidos?.
- Pues ya sabes lo que quiero.
Un momento más tarde tras sus dedos dilatándome su glande entró en mi cuerpo cómo un cuchillo caliente en mantequilla. Del gemido que solté se me escapó el clítoris de entre los labios. Lo que ella aprovecho para girarse y venir a besar mi boca compartiendo su sabor. No me dejaba hablar con su lengua cruzándose con la mía.
Empezaba a conocerlos y sabía que ella no se iba a conformar con eso. Como una anguila se deslizó debajo de mi cuerpo quedando en un sesenta y nueve. Volví a tener su coñito ante mi boca. Notaba su lengua lamiendo mi clítoris y los huevos de su chico. Que por cierto aguantaba como un campeón con el rabo tieso. Todo eran gemidos y jadeos en ese salón. Estaba segura de que iban a comprar ese piso.
- Vamos nene ¡córrete!.
Ya no iba a tardar mucho más en correrme, ni ellos. Desde luego no fue algo simultáneo. No sé a quien le llegó el orgasmo primero. Pero yo me estaba derritiendo, licuándome por el xirri. Y ella recogía mis jugos y el semen con su lengua cuando la polla fue dejando mi interior.
Empezaba a sentirme satisfecha, por esa mañana. Aún así seguimos comiéndonos los coños con mucha dedicación un rato más y así al menos tuvimos un par de orgasmos más.
Nos vestimos y empecé a hacer los peleles de ese piso. Desde luego se quedaron con la vivienda. Les había gustado mucho y el sofá había quedado hecho unos zorros.
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Son nuevos en la ciudad, no conocen a casi nadie, bisexuales ambos y muy deseosos de hacer nuevos amigos. La fiesta de inauguración del piso que consigo venderles se convierte en una verdadera orgia, donde me presentan a un chico bisex. Oficialmente hace de mi pareja. Lo han conocido en un bar de ambiente y al que todos nos follamos el chico y nosotras dos. Ese puede ser un buen tema para un próximo cuento.
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Larga y próspera vida





