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Los bollos de la panadera 1

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pern
 pern
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Topic starter   [#2014]

..... ..

                         Siempre he sabido escuchar.

                           Si además me lo callaba y no decía ni mu todo el mundo estaba dispuesto a desahogarse conmigo. Y todo ello desde hace años. Parece un superpoder. 

                            Admito que en parte eso es lo que me atraía de la confesión. Aparte de mi vocación. Descubrir los secretos de la gente y que sean ellos mismos los que los compartan.  

                              Un poco por esa actitud y más bien curiosidad. Lo que se oia en el confesionario de la iglesia del pueblo se queda en el confesionario. Evidentemente nada podía salir de allí, más que dentro de mi cabeza. 

                               Y una vez allí dentro no dejaba de dar vueltas. Algunas cosas eran muy inocentes y repetitivas. Por supuesto las excepciones eran lo interesante. Sobre todo cuando las indiscreciones estaban relacionadas con el sexo. 

                                No me importaba darles la absolución aunque no hubiera propósito de enmienda. Y en esos casos las penitencias además eran muy suaves. Tenía que animar a que volvieran a confesar ese tipo de pecados con toda la confianza del mundo.

                                 Pero desde luego necesito todos los detalles. Y cuanto más jugosos, lascivos, y guarros, todavía mejor. Quiero que me describan las situaciones, los personajes y los hechos al completo. 

                               Supongo que es mi forma de no romper mis votos y aún así disfrutar del sexo. Puedo sentir todo eso a través de las vidas y placeres de otros. 

                                Lo la castidad prefiero interpretarlo de forma amplia. Además el señor dijo amaros los unos a los otros. Me gusta pensar que eso y hacer el amor y no la guerra es la forma correcta de interpretarlo. 

------

                                Apenas había salido del seminario. Me habían destinado a una comarca campestre. Tenía a mi cargo cinco parroquias en cuatro pubis, ups, digo pueblos diferentes. Donde tendré la cabeza. Con lo que gastaba bastante gasolina en los trayectos. 

                                 Fue mi primera confesión en aquel pueblo y ya empecé con algo interesante. Aquella milf se acercaba al confesionario en su ajustado vestido veraniego de flores luciendo un cuerpo voluptuoso. También me gusta y he podido apreciar siempre la belleza. Y esa mujer es muy guapa. 

                                   La cortina que cerraba el pequeño habitáculo me ocultaba a mí pero me permitía ver y controlar el resto de la iglesia. Al fin y al cabo tengo que tener los ojos y los oídos bien abiertos. 

                                  Esa mujer es la panadera del pueblo. Ni siquiera se acuesta la mayoría de las noches para poder encender el horno y amasar el pan a su hora. Digo literalmente pan, barras y bollos. Vale, parece que me traiciona el subconsciente. Pero por ahí van los tiros. 

                                 Ese horario le impide llevar una vida sexual normal. Y menos todavía perseguir sus intereses. Le gustan las chicas. Se conoce como la palma de su mano a todas las jóvenes y no tan jóvenes guapas del pueblo. Pero solo de forma platónica. De cuando van a su despacho a por el pan.

                                Me contó en secreto de confesión cómo se queda mirando sus sensuales escotes o sus culitos prietos según entran y salen de la pequeña tienda. Pero apenas había pecado de pensamiento. Y a mí me pasa lo mismo según entran y salen del templo. 

                                  La iglesia pregona el amor y a mí personalmente no me importa que sea entre dos personas del mismo sexo. Así que mi consejo fue que lo intentara con una sola que le gustase y no se dedicara a desear a todas. Y que luego viniera a contarme como le fue. 

                                  Dos semanas mas tarde volvió a mi confesionario. Sonreía y el escote de su vestido era todavía más amplio que la vez anterior. Cuando se arrodilló a mi lado casi podía ver sus pezones. 

- Perdóneme padre porque he pecado. 

- Vamos hija al grano. No creo que hayas hecho nada malo. 

                                 Su sonrisa se hizo aún más amplia. 

- Lo he conseguido, padre. Hay una chica que se fijaba en mí. No solo en el despacho también en la calle y la plaza. 

- Ella no ha venido a confesarse así que no habéis pecado mucho juntas. 

                                 Respondí con una amplia sonrisa. 

- Todavía no. Solo hemos hablado, nos estamos conociendo. Aunque algunos besos ya han caído. Su boca sabe a gloria. 

- Como tus bollos. 

                                  Vale lo admito, ese se me escapó casi sin querer. Pero es que estaba viendo el par de tetazas más apetecibles que había tenído alguna vez tan cerca. 

- ¿Pero, padre, como dice esas cosas?.

                                 Dijo riendo y tomándolo a bien. 

- Bueno hija. Yo solo deseo que mis feligreses sean felices y no pequen. Y dile a tu chica que quiero verla en misa. Marcha con un par de Padre Nuestros. 

...........

                                Efectivamente unos días más tarde una bella joven se acercaba al confesionario con un pantaloncito vaquero que apenas merecía ese nombre. 

                                 Y una camiseta que yo habría llamado sujetador si hubiera estado sujetando algo. En realidad esas tetas bailaban dentro de la tela a cada paso que su dueña daba por la centenaria tarima del templo.  

                               Estaba claro que la panadera tenía buen gusto. Lo confirmé en cuanto la joven se arrodilló a mi lado. Que suerte tenía de que la celosía del confesionario me permitiera una buena vista. Mientras yo quedaba a oscuras fuera de su escrutinio. 

- Perdóneme padre por que he pecado. 

- Al grano, hija. No creo que una jovencita como tú haya hecho nada grave. 

                             Aunque seríamos más o menos de la misma edad yo tenía que mantener ese aura de autoridad. 

- Bueno padre, he estado con la panadera. 

- ¿Así que eres tú la chica que le gusta? y por estar supongo que refieres a algo más que hacerle compañía mientras amasa.

                                Vale, eso también llevaba un doble sentido. Pero es que si no fuera por mis votos al que apetecía amasar toda esa carne era a mí. Mientras ella siguió con la broma. 

- Amasar si que he amasado. Pero algo más que el pan precisamente. Me dijo que se tomaba a bien nuestra relación y que le gustaban los detalles jugosos. 

- Pues claro, hija. Lo único que quiero es que mis feligreses sean felices. Pero no te apartes del tema. A ver esos detalles que me has prometido. Secreto de confesión. 

- Hemos estado unos días mareando la perdiz. Ninguna de las dos estaba segura si a la otra le gustaban las chicas. Pero después del primer beso tuvimos claro que entre nosotras podía haber algo. 

- Eso pasa en todas las parejas. Es lo normal incluso en los heterosexuales. ¿Dónde fue?.

- Fue en la plaza, de noche y sin nadie alrededor, ella iba a encender el horno y yo no podía dormir. 

- Al menos fuisteis discretas. No os vio ninguna cotilla. 

- Le veo muy informado padre. ¿Seguro que no ha practicado?. Además de muy abierto con las relaciones pre matrimoniales. 

- Muchas horas de confesionario y de escuchar los problemas. Pero ya te he dicho que mi misión no es castigar, sino perdonar. Al grano, niña. 

- Los primeros besos fueron tímidos, dulces. Solo nos tanteábamos. Pero yo tenía ganas de más y le metí la lengua en la boca. Además de agarrar su culo, perdone el término, y pegarla a mi cuerpo. 

- No me voy a escandalizar por que digas culo. Pero tú novata en esas lides no eres. 

- Bueno, padre, eso sería para otra confesión diferente. Y viendo lo abierto que es para estos temas seguro que le podría confesar esos pecadillos de juventud.  

                               Echando un vistazo al resto del panorama, la iglesia estaba vacía, no tenía ninguna prisa en que terminara. Aunque de vez en cuando tuviera que reconducir el monólogo o pedir algún detalle. 

- De la plaza nos fuimos a la panadería. Es más discreto que junto a la fuente aunque fuera a las tres de la madrugada. 

- Parece que las dos estabais interesadas en profundizar. 

- Desde luego. Encendió el horno mientras nos sonreíamos como bobas. El caso es que poco más tarde nos estábamos comiendo las lenguas y bebiendo la saliva de la otra. Y disfrutándolo. 

- No serían solo besos. 

- No claro. Pero ella tenía que preparar la masa. Así que nos pusimos con ello. Para enseñarme se ponía a mi espalda. Me clavaba los pechos en la espalda y me cogía las manos para guiarlas. Notaba sus tetazas en la espalda y me encantaba. 

- Y terminasteis llenas de harina. 

- Entre el calor del horno y su cuerpo pegado al mio yo estaba muy cachonda. Y las manos llenas de harina en mis tetas solo mejoraban la situación. 

- Pero seguro que no conformaste con dejarle hacer. 

- Le tenía muchas ganas a los bollos de la panadera, así que le agarré el par de tetas impresionantes que tiene. Seguro que se ha fijado. 

- Bueno, me los pone aquí delante, los bollos quiero decir, cada vez que viene. Es difícil no fijarse. 

                           Estaba claro que ambos nos lo estábamos pasando bien ese rato. Ella recordando la escena y yo imaginándola. 

- En cuanto le quité la blusa y el sujetador pude acariciarlos a gusto. Al descubierto tiene las tetas todavía más bonitas. A esas alturas ya estábamos cubiertas de harina. 

- No te quedarías ahí. Ni ella supongo. 

- Para entonces ella ya me tenía casi desnuda del todo. Solo me quedaba el tanga. Supongo que sabe lo que es eso. 

- Vivo en este mundo hija. Claro que sé lo que lleváis las chicas bajo la ropa. 

- Conseguimos meter la masa en la máquina antes de que me tumbara encima de la mesa. Notaba sus manos por todo mi cuerpo. Y después fueron sus labios y lengua. 

- El pan de ese día tuvo que saber mucho más rico. 

- Mi tanga estuvo a punto de terminar en una baguette. Y yo completamente rebozada en harina. Se dedicó a comer mi xoxito todo el rato que esa maquina estuvo funcionando y me pareció muy poco tiempo. 

- ¿Te corriste?. 

- ¡Pero padre!. ¡Qué lenguaje es ese! Como una loca. Han sido los mejores orgasmos de mi vida. ¡Qué lengua tiene!. 

- Me alegro por vosotras. Quiero que seáis felices. 

- Mucho padre. Ahora estamos en una nube. Quiero que sea ella la que termine de contarle lo que pasó. 

- Vale, está bien. Reza un par de Ave Marías. 

                            Como comprenderéis la polla no me cabía en los pantalones. A veces echo de menos la sotana, era mucho más cómoda para llevarla sin nada debajo. 

.. .. .. 

                            He de admitir que estaba deseando la visita de la panadera. Pero mientras llegaba surgió alguna que otra confesión interesante. Una jovencita tuvo un susto cuando pensó que había quedado embarazada de su novio. Por suerte la sangre no llegó al río y todo quedó en el susto. 

                             También un par de adulterios animaron mis aburridas mañanas de ese verano. Como suele ser mi costumbre pido los detalles jugosos antes de procurar arreglar las cosas para que todo el mundo fuera feliz. O al menos lo menos infeliz que me era posible. Al fin y al cabo en el pueblo no había psicólogo y ese era mi trabajo. Ese ha sido el trabajo de los párrocos a lo largo de la historia. 

                               En ese caso las cosas se arreglaron solas. Resulta que el marido se estaba follando a la mujer del hombre que se acostaba con su chica. Otros dirían que era una situación swinger, yo pensaba que solo era irónico. Pero tras confesar a los cuatro que estaban muy preocupados por los sentimientos de todos los demás solo tuve que indicarles el camino correcto. Todos se amaban. Otras veces algo así podía haber terminado en tragedia. Con mi intervención puede que incluso consiguieran montar algunas orgias entre los cuatro. No están de mal ver y todos son muy calientes. 

                                  Incluso tenía claro los juegos que de más jóvenes ellos habían tenido juntos en los pajares o ellas en alguna cocina. En realidad se conocían muy bien. Y los detalles fueron muy jugosos. La historia desde que jugaban en las eras a sacarse la ropa a los intercambios y al final un orgia entre los cuatro fue larga e interesante. 

                            La panadera no es del pueblo así que no había participado en esos juegos. Pero en la ciudad de la que venía ya había estado con otras mujeres. En cambio su amante, que si es local, estaba claro que no era primeriza con otras jóvenes. 

.... ......

                         Uno de esos días volvieron a la iglesia esta vez las dos juntas. Abrazadas y besándose mientras recorrían el pasillo del centenario edificio. Venían espectaculares con dos vestidos muy reducidos iguales. Me reuní con ellas en el confesionario pero fue la panadera la primera que entró conmigo. 

- Parece que ya está al tanto de lo que ha pasado entre nosotras. 

- Algo me han contado, pero es secreto de confesión. Así que tendrás que ser tú la que me relate los últimos detalles.

- Somos muy felices. Conseguí llevarla al obrador. Ya no había quién nos parara. No podíamos dejar de besarnos.

- Tuvieron que salir buenos bollos esa noche.

- Salieron todos a relucir. Padre. Y los amasamos bien. Por algo teníamos cuatro manos.

- Y cuatro bollos. Teníais que haberme reservado alguno de los más jugosos. 

- Los jugos nos los bebimos. Los suyos están deliciosos. Y los míos no deben disgustarle pues no dejó de saborearlos. Pero usted es joven y guapo, seguro que opciones tiene de probar de alguna fuente deliciosa.  

- ¡Vade retro! No me tientes que la carne es débil. Y vosotras estáis muy sabrosas. 

- ¡Pero padre!. ¿Me está tirando los tejos?.

                                Esa fue una de las veces que más cerca he estado de romper mis votos del todo. Sobre todo si ellas hubieran colaborado. Tenía que reconducir el tema o sí que iba a echar de menos ponerme la sotana sin nada debajo. 

- Nos estamos desviando mucho del tema. ¿Qué más pasó?.

- De acuerdo. Seguiré contando. Con el calor que hace en el obrador el trabajo lo hicimos en topless. Y fue complicado por que ella no hacía más que agarrarme las tetas. Toda la vida trabajando con harina y no sabía lo que se siente teniéndola en los pechos. 

- Tu también harías algo con los suyos si los tenia al aire. 

- Después de meter los últimos panes en el horno la tumbé sobre la mesa de trabajo para disfrutar de ella. De la cara interna de sus muslos hacia el coñito. Padre estaba chorreando. Aún no sé cómo puedo provocar esa reacción en ella. 

- Sé que no es primeriza en esas lides. Y estás muy sabrosa.

- Somos muy sinceras. Ya sé de sus aventuras... y ella de las mías también soy de pueblo, aunque haya vivido en la ciudad, padre. 

- Pues adelante. Vamos, que le hiciste una comida de xoxo de las que hacen antología. 

- Aún no estoy acostumbrada a oír a un cura hablar así. Y qué rica está. Por supuesto me lavé bien las manos y se lo follé también con los dedos. Sabía que eso también le gusta. Menos mal que tengo bien aislado el local por las maquinas o nos habrían oído las dos vecinas. Como jadeábamos, gemíamos y chillábamos. 

- No debería contarte eso pero en realidad ninguna de las dos se ha confesado. Lo sé por otras fuentes así que no importa demasiado. Pero solo a una de las dos, que se quejó al ayuntamiento por tus maquinas le importarían esos ruidos. A la otra le encantaría oírlos y se pondría muy cachonda. 

- Pues igual deberíamos invitarla al obrador. Y usted padre ¿sigue respetando ese voto?.

- Cada día me cuesta más. Sobre todo con bellezas como vosotras casi enseñando los bollos. Pero intento mantenerme firme. 

- Seguro que firme y "duro" esta usted con lo que le hemos contado. 

- No me lo recuerdes. 

- De todas formas si quiere ver cómo nos amamos en primera persona podía venir una noche con nosotras.

- ¡Ah que encima os gusta que os miren!.

- Bueno, no nos importaría con alguien tan atractivo. Así puede comprobar como pecamos. Y darnos la absolución con mayor conocimiento de causa. 

- Ya os he dicho mil veces que el amor no es pecado, en cualquier variante. Está claro que vosotras os amáis y amáis al prójimo.

- Pues ya sabe, padre, si se anima cualquier noche nos estaremos amando mucho entre la harina y la masa de los bollos. Estaremos encantadas.

                            Me quedé pensando en aceptar esa tentación, digo invitación. Eso sí que pondría a prueba mi voto de castidad. Pero eso lo dejo para otro relato.

........ 

 


Larga y próspera vida


   
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