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A mí me la meten en el culo, me toco y ya me corro

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José
(@quique)
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Iniciador del debate   [#1909]

 Pasaba de la una de la madrugada y el pub seguía petado de gente, se oía una música suave con la cual bailaban muy acarameladas una pareja de chicas en una pequeña pista.

Víctor, un cuarentón, trajeado y que desentonaba en aquel ambiente, llegó al pub, oteó el ambiente, luego fue hasta una mesa donde estaba sentada una joven morena junto a tres chicas más, y al llegar a su lado oyó como decía:

-A mí me la meten en el culo, me toco y ya me corro.

Víctor, detrás de ella, acercó la boca a su cuello perfumado y después le dijo al oído:

-Vamos para casa, Valle.

Valle reconoció la voz.

-Estoy bien donde estoy, suegro.

Bea, que era la que había llamado a Víctor, le echó la mano izquierda por debajo del brazo izquierdo.

-Vamos para tu casa, Valle.

Valle la miró, le sonrió y le dijo:

-Contigo si voy, morena, siempre te he tenido ganas.

Valle se puso en pie y se tambaleó.

-Upssssss.

Víctor la sujetó cogiéndola por debajo del brazo derecho y le dijo a Elisa:

-Está más perjudicada de lo que me dijiste por teléfono.

-Si no estuviera como está no te hubiera dicho que la vinieras a buscar.

Bea y Víctor la llevaron al coche del primero, la metieron dentro, y después Bea volvió al pub.

En el trayecto a casa, y mientras Víctor la reprendía, Valle se quedó dormida.

Desde el garaje a la habitación de la muchacha tuvo que llevarla casi arrastras. Allí abrió la cama, la echó sobre ella y luego le quitó los zapatos negros, el vestido negro, la blusa blanca y la dejó en sujetador y bragas. 

-¡Vaya monumento!

Valle no era ni gorda, ni flaca, ni alta, ni baja, lo que era es guapa, muy guapa.

-No debía, pero nadie se va a enterar.

Le quitó el sujetador y vio sus tetas, eran medianas y tenían unos pezones grandes sobre unas hermosas areolas marrones.

-No creo que se despierte si se las mamo un poquito.

Le posó la lengua sobre la teta izquierda, lamió el pezón y usando la lengua y los labios le succionó la areola. Luego le hizo lo mismo a la teta derecha. Los pezones se le pusieron duros y se hicieron más grandes. Luego fue succionando de teta en teta más de veinte veces. Succionando estaba cuando a Valle comenzó a sacudírsele todo el cuerpo, pero no se sacudía de cualquier manera, se sacudía tan fuerte que rebotaba sobre la cama.

-Nunca se me había corrido ninguna mujer comiéndole las tetas. ¡Vaya empalme que he cogido!

Le sacó las bragas y vio que estaban empapadas de jugos espesos y lechosos.

Se subió a la cama, se metió entre sus piernas y luego le dejó el coño pelado limpio de jugos. A continuación quitó la polla empalmada, la empuñó y se la frotó entre los labios y en el clítoris. Habló solo.

-¿Y si se la meto? Seguro que despierta. No, mejor no se la meto.

No se la quería meter, pero al frotar entre los labios, fue metiendo la cabeza un poquito más cada vez y acabó toda dentro, al estar toda dentro, no se pudo resistir, acabó metiéndole el resto de la polla y terminó follándola. Tiempo después, Valle comenzó a sacudirse. Víctor, viendo como se corría, le llenó el coño de leche. 

Al quitarle la polla sabía que su leche iba a salir del coño y esto lo iba a delatar cuando Valle despertase, así que no dejó que saliese, su boca era un buen recipiente y su lengua el instrumento para echarla dentro, con lo que no contaba era con que Valle se volviera a correr. Se le amontonó el chollo y parte de la leche y de los jugos cayeron en la sábana.

 Luego de guardar la polla, la tapó con las sábanas y con la manta y se fue.

Pasaba de las de la una de la tarde. Víctor estaba comiendo una pizza en la cocina. Llegó Valle en bata de casa y despeinada. Al verla con aquellas greñas, le dijo:

-¿Has cambiado de peinado?

Valle frunció el ceño. Tenía una tremenda resaca. Con la mano derecha en la frente, le dijo:

-Muy gracioso, ¿Qué pasó ayer noche, suegro?

-Que te emborrachaste en la despedida de soltera de tu amiga Nuria.

Valle fue a la nevera, cogió un tetrabrik de zumo de naranja, bebió a morro por él, y después le dijo:

-Eso ya lo sé, pero cómo es que aparecí desnuda en mi cama y con la sabana sucia.

Víctor ya se había montado una película.

-De eso te quería hablar y por eso te estaba esperando.

-Pues habla. ¿Qué pasó?

-Pasó que me follaste.

Valle empezó a asustarse.

-¡¿Qué de qué?! 

-Que me follaste.

-¡¿Cómo pude hacer eso siendo tú más fuertes y estando yo borracho?!

-Pues te eché sobre la cama, tiraste de mí, subiste encima, me pusiste las uñas en la cara y me dijiste:

-Necesito tu polla en mi coño, si no me la metes te araño y luego digo que me quisiste violar.

A Valle se le estaba cayendo la cara de vergüenza.

-No me creo que te haya dicho eso.

-Puedes apostar tu culo a que me lo dijiste.

-¡¿Te amenacé para follarte?!

-Amenazaste.

-Yo no soy así.

-El alcohol hace esas cosas, de sobria tampoco le dirías a tus amigas en el pub lo que les dijiste.

-¡¿Le dije a alguna que quería follar con ella?!

-A Bea.

Valle iba de sofocón en sofocón.

-¡¿De verdad? 

-Y delante de todas

-¡Qué vergüenza!

-En aquel momento no la tenías.

-¿Y a ti te mandé que me la metieras en el culo?

-No.

-No me explico como pude comportarme así, yo no me veo forzado a un hombre, ni cuerda, ni borracha.

-El alcohol cambia a las personas.

-Sigo sin verme...

-Pues lo hiciste y te corriste en mi polla y en mi boca.

Valle no se quería creer lo que estaba oyendo

-¿Cómo me iba a correr estando borracha? Te lo parecería.

-No me lo pareció, te corriste. Tú al correrte te sacudes tanto que das botes en la cama. ¿A qué si? -no le respondió- Y los jugos de tus corridas son espesos y lechosos. ¿O no?

-Sí, pero...

-Pero te corriste tres veces, una comiéndote las tetas, otra follándote y una tercera comiéndote el coño. 

-Te aprovechaste bien de mi embriaguez.

-Eras tú la que se aprovechaba. ¿A qué hora te dijo mi hijo que iba a regresar del viaje de negocios?

-Sobre las seis de la tarde, pero de mañana, le quedaban asuntos por cerrar.

-Si quieres..., ya sabes.

Valle se puso en pie.

-Ahora no estoy borracha.

Se fue hacia la puerta. Víctor se puso en pie le agarró las tetas por detrás, la besó en el cuello, y le arrimó cebolleta. Valle se encogió e intentó escabullirse.

-Déjame ir.

Magreándole las tetas, le dijo:

-¿Sigues sin bragas?

A Valle le llegó la leche a las tetas.

-¡Me está estallando a cabeza! Si no me sueltas voy a usar las uñas, y esta vez con motivo.

Víctor no quería quedar marcado y la soltó.

-Tenía que intentarlo, estas muy buena.

-Has hecho bien en soltarme, te la estabas jugando.

Víctor siguió comiendo. Valle se fue, se duchó, tomo una aspirina, se puso una falda negra que le daba por encima de las rodillas un jersey y unas zapatillas. Cuando regresó a la cocina Víctor ya se había ido. Miró si le había dejado algo, vio una pizza carbonara en el horno de la cocina y dio buena cuenta  de ella y de un vaso de vino tinto. Luego se fue a la sala, se sentó en un sofá, encendió la televisión y se puso a mirarla y habló sola.

-Seguro que se fue a dar una vuelta.

Sonó el timbre de la puerta del piso. 

-Se debió olvidar la llave. A ver si o vuelve a las andadas.

Fue a abrir y no era Víctor, era Bea.

Bea era una veinteañera mulata, de grandes ojos negros, delgada, alta, de cabello negro, largo y rizado. Con acento dominicano, le dijo:

-Hola, venía a ver como estabas.

-Estoy bien, pero pasa, pasa.

Entró en el piso y se fueron hacia la sala. Bea, que vestía un traje gris, una blusa blanca y que calzaba unos zapatos grises de tacón de aguja, fue detrás de Valle mirándole para las piernas y para el culo. Llegaron al salón. Bea se quitó la chaqueta, la puso en el brazo de sillón de cuatro plazas y se sentó cerca de Valle.

-¿Ya has comido, Bea?

-Sí, en un restaurante.

-¿Con tu marido?

-No, sola, él se fue ayer a ver al Celta en Barcelona ¿Y tú ya has comido?

-Sí.

-¿Dónde anda Víctor?

-Creo que se fue a dar una vuelta. ¿Quieres un café?

Bea le entró sin miramientos.

-No, te quiero a ti, desde que me dijiste que me tienes ganas no pienso en otra cosa.

-Estaba borracha.

-Estabas borracha, pero te acuerdas.

-No me acordaba, me lo dijo Víctor.

Bea, arrastrando el culo, se fue acercando a ella y Valle, haciendo lo mismo, se fue alejando hasta que el brazo del sillón no la dejó alejarse más. Bea, poniendo una mano sobre sus rodillas. le dijo:

-Me he hecho tres pajas ayer noche y dos esta mañana pensando en ti, luego me hice una más en el aseo del restaurante y no me he lavado las manos, huele.

Le puso dos dedos de la mano derecha debajo de la nariz. A Valle le olió a coño.

-No puedo hacerlo contigo.

Le lamió una oreja.

-¿Por qué no puedes si te gusto?

-Porque si engaño a mi marido después me comerían los remordimientos.

Le lamió el cuello.

-Yo engaño al mío con tu suegro y no los siento.

La confesión la pilló por sorpresa.

-¡No me jodas, Valle!

-Joder, jode él. ¡Y no veas como jode!

Le cogió la mano derecha, le estiró dos dedos, se abrió de pierna, le llevó los dedos al coño, tiró de la mano, y como no llevaba bragas, los dedos entraron dentro de su coño.

-Mira qué mojada estoy. ¿Alguna vez habían entrado tus dedos dentro del coño de una mujer?

-No.

-¿Te gusta sentir como resbalan?

-No, y...

Le calló la boca con un pico.

-¿Te estás mojando?

-No voy a responder a esa pegunta.

Le cogió la cara con las dos manos, la besó con lengua, y luego le dijo:

-Eres preciosa.

-No vas a seducirme.

-Ya ye he seducido, si no lo hubiera hecho ya te habrás ido

-Eres mala.

Sí, haz que me corra.

Valle ya se metió de lleno en la pomada. 

-Si esto sale de aquí te mato.

-Tranquila, todo lo que hagamos no saldrá de esta casa

Comenzó a meter y a sacar los dedos, a moverlos dentro del coño y a comerle la boca a su amiga, boca que también comía la suya.

Bea se fue desabotonando la blusa hasta que su sujetador gris quedó al descubierto Se subió las copas y después le llevó la cabeza a sus pequeñas tetas. Valle, sin dejar de masturbarla, lamió sus pequeños pezones y sus negras areolas. Bea se echó hacia atrás en el sillón y le dijo:

-No pares de mamar y de darme dedos hasta que me corra.

A rato, Valle vio como Bea, entre gemidos se ponía tensa y le decía.

-¡Me corro!

Luego de correrse su amiga, Bea se subió la copas del sujetador. Valle le quitó los dedos del coño. Bea le cogió la mano, se los llevó a la boca y le dijo:

-Prueba mi esencia.

Valle no se cortó un pelo y chupó los dedos.

-¿Te gustó?

-Sí.

-Siéntate en medio del sillón que te toca correrte a ti.

-¿Y si regresa Víctor?

-Hacemos un trío. ¿Has hecho alguno?

-No.

-¿Y no se te ha pasado por la cabeza hacerlo?

-Claro que sí.

Valle se sentó en medio del sillón, Bea le quitó el jersey y vio sus bellas tetas.

-Tienes unas tetas preciosas.

Se arrodilló delante de ella, le cogió las tetas por debajo y levantándolas y magreándolas, se las comió bien comidas, lamiendo chupando y mamando. Luego le dijo:

-Levántate que te quiero quitar las bragas.

Lo que levantó Valle después de bajar la cremallera de la falda y de abrir el botón, fue el culo, y lo levantó para quitar la falda y enseñarle el coño.

-¿Siempre andas por casa sin sujetador y sin bragas?

-Sí, es más cómodo.

Le separó las piernas y le miró para el coño.

-Tienes el coño que echa por fuera.

-Se me puso así mientras hacía que te corrieras.

Bea le pasó la lengua entre los labios, muy lentamente, una vez, dos, tres, seis, doce, veintitantas, y luego apretó la lengua contra el coño, lamió a toda mecha y Valle exploto.

-¡Me corro!

Sacudiéndose, de su coño salió una espesa y lechosa corrida, corrida que Bea se tragó.

Al acabar de tragar, dijo Bea:

-Ha sido la corrida más rica que me han dado en la boca.

Se oyó la voz de Víctor.

-¿Qué pasa con las mías?

Bea le respondió:

-Las tuyas saben de otra manera.

Valle miró para Víctor, después para Bea, que se estaba quitando la falda y le dijo:

-¡Estabais compinchados!

Bea, quitándose el sujetador, le dijo:

-Queríamos hacer un trío contigo.

-Por eso la confesión de que habías follado con él y las preguntas acerca del trío.

Víctor que venía descalzo y vestido solo con una bata, se sentó a su lado y e dijo:

-Si hubieras dicho que nunca harías un trío seguiría en mi habitación hasta que Bea se marchara, y luego te follaría yo solo.

-Os lo currasteis bien, pero yo ya estoy más que satisfecha. ¿Y si hacemos el trío otro día?

Bea, que ya estaba desnuda, le dio por el palo.

-Por mí, vale, dejamos el trío para otro día, pero yo quiero follar con Vicente, y me gustaría que miraras.

-¿Por qué?

-Porque me pone saber que me están mirando.

-Bueno, si no es más que  mirar, os miro.

Bea se puso en cuclillas delante de Víctor, le abrió la bata y se encontró con su polla morcillona, puso sus manos sobre las rodillas le separó las piernas y le lamió la cabeza, la polla dio pequeños brincos, después se levantó y luego desapreció dentro de la boca de Bea junto al resto de la polla, luego apreció dura y engrasada con saliva. La empuñó, la meneó unas cuantas veces, a continuación se levantó y le puso el culo en la cara. Víctor le besó y le lamió sus morenas, pequeñas, redondas y duras nalgas, luego se las separó, le lamió el ojete y se lo penetró con la lengua la tira de veces.

Valle, que no perdía detalle, se calentó, lo que hizo que empuñara la polla de su suegro y comenzase a menearla. Bea la vio, le puso una mano en la cabeza y se la llevó a la polla, polla que Valle mamó con ganas, pero por poco tiempo, ya que Bea la quería en su culo.

-Fóllame el culo, Víctor.

Víctor se puso en pie y se quitó la bata. Bea echó el culo hacia atrás. Le metió la polla en el culo lentamente. No paró de meter hasta que llegó al fondo. 

Valle había mirado como había entrado la polla en el culo y estaba perra, perra, perra, tan perra estaba que se levantó y besó con lengua a Bea. Luego le comió las tetas, le metió dos dedos dentro del coño y comenzó a masturbarla. 

Víctor le dio leña en el culo y Bea comenzó a chillar. Le tapó la boca con la mano izquierda, le jaló el cabello con la derecha, le dio a romper y Bea, con un tremendo temblor de piernas, se corrió en los dedos de Valle.

Cuando se separaron de ella, tuvieron que sujetarla y sentarla en el sillón para que no se cayera.

Víctor le preguntó a Vale:.

-¿Lo quieres como ella?

-Luego, ahora quiero que me la comas.

Víctor se puso en cuclillas, le echó la mano izquierda a la cintura, le enterró la lengua en el coño, la sacó, se tragó los jugos y después le lamió el coño de abajo a arriba con lentitud, al tiempo que le metía la punta del dedo medio de la mano derecha dentro de culo. No le hizo falta más, en poco más de un minuto le llenó la boca de jugos cremosos y lechosos, diciendo:

-¡Traga, cabrón, traga!

Acabando de correrse, y aun con el ojete palpitando, sintió una lengua que le entraba en él. Era la lengua de Bea, que le estaba preparado el culo. 

-Sois dos depredadores.

Víctor se puso detrás de Valle, le levantó la pierna izquierda y le clavó la cabeza de la polla en el culo. Valle le echó un brazo alrededor del cuello y luego giró la cabeza para que le comiera la boca mientras la polla le iba entrando en el culo. Bea se puso en cuclillas delante de ella y le lamió el coño. Valle les dijo:

-Me da que esto ya lo habéis hecho antes,  cabrones.

Bea dejó de lamerle el coño para decirle.

-Cabrón es él, y soy una cabrona.

Víctor le comenzó a dar tan duro que Valle no pudo hablar, ni besar, bastante hacía con gemir y respirar. 

Después de correrse y de correrse Víctor con ella, le sacó la polla y la leche y los jugos espesos y lechosos cayeron en la boca de Bea, leche y jugos que se tragó con lujuria.

Al bajarle la pierna, Valle les dijo:

-Yo ya no puedo más.

Bea le dijo:

-Hay más días, si quieres que siga la aventura.

-¿Solas tú y yo o con él?

-Como tú quieras, si quieres.

-Querré, pero sabréis cómo a su tiempo.

Quique.



   
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