¿A ti te la metiero...
 
Notificaciones
Vaciar todo

¿A ti te la metieron en el culo y en el coño?

3 Respuestas
3 Usuarios/as
1 Reactions
1,183 Visitas
José
(@quique)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 493
Topic starter   [#1356]

Su nombre era Rafaela y era una joven gallega de ciudad que había ido a pasar un fin de semana del mes de agosto de 1970 a la casa de la aldea de su tío Mateo, que era un viudo cuarentón, moreno, alto y muy fuerte.

A ver que tal se me da ponerme en la piel de Rafaela.

 

                            Incesto a la fuerza

 

Me bajé del tren un sábado al mediodía con una bolsa de viaje en una mano y un bolso en la otra. Me quedaban unos veinte minutos de caminata hasta la aldea, y esa caminata era cuesta arriba. El sol pegaba fuerte y al rato estaba sudando cómo una cerda. Estaba descansando, más o menos por la mitad de la cuesta, cuando llegó a mi altura un viejo carretero conduciendo un carro. Lo conocía de la última vez que había estado en la aldea. Le pregunté:

-¿Cuánto me cobra por llevarme la bolsa de viaje a Matorrales?

El viejo carretero paró al caballo, me miró desde el pescante y me preguntó;

-¿Y tú de quién vienes siendo?

-Soy sobrina de Mateo el Chasco.

-Pon la bolsa detrás y sube al pescante que nada me tienes que pagar.

Puse la bolsa de viaje junto a cuatro sacos de cemento, me subí al pescante y el viejo me dijo:

-Te cantan los sobacos y el coño.

No me sentó nada bien que fuera tan explícito, pero el viejo tenía razón.

-Sí, necesito un baño.

El viejo le dijo al caballo:

-¡Arre, Relámpago!

¿Relámpago? Aquel caballo era tan viejo cómo el amo y le pedía permiso a una pata para echar la otra, pero bueno, me llevo a mi destino.

 

Llamé a la puerta de la casa y me abrió mi tío Mateo, que era un hombre moreno, barbudo, y como ya os he dicho, alto y muy fuerte. Al verme me dio un abrazo y me dijo:

-¡Cómo has crecido! Pasa, pasa.

Hacía varios años que no iba por allí, y sí, había crecido. De adolescente había pasado a ser una mujer, una mujer morena, delgada, de pelo marrón y largo, que recogía en una coleta, una mujer que tenía buenas tetas, buen culo y de la que decían que era guapa. 

Entré en la casa con la bolsa de viaje en una mano y un bolso en la otra. En la cocina le pregunté:

-¿Y Adela y Gabriel?

-Tus primos van en la feria a vender dos corderos. Lleva la bolsa y el bolso a su habitación, y lávate que estás muy sudada.

-Antes me gustaría beber algo. Tengo mucha sed.

Cogió un porrón que había al lado de la cocina, y me lo ofreció.

-Me voy a poner perdida con esto.

-También te refrescarás.

Cogí el porrón, le eché un trago y al retirarlo de mi boca me cayó agua por las tetas.

-Sabía que iba a pasar esto.

Mi tío, mirándome para las tetas, me dijo:

-Pero refresca. Bebe más.

No llevaba sujetador y entre el sudor y el agua, la ropa se me había pegado al cuerpo y las tetas y los pezones se me marcarían en el vestido. Vi cómo a mi tío le aparecía un bulto en el pantalón. Le devolví el porrón y le dije:

-Ya no tengo sed.

-En ese caso haz lo que debas hacer.

Tenía que bañarme, pero allí eso lo había que hacer en el pilón y desnudarme en el pilón con mis primos, fuera, después de ver aquel bulto, me daba mala espina. Me fui a la habitación de mis primos, cerré la puerta y me quité la ropa empapada. Estando completamente desnuda, se abrió la puerta de la habitación y apareció en ella mi tío. Me dijo:

-¡Qué buena estás! 

Le eché la mano al vestido mojado que acababa de quitar, me tapé con él y con cara de enfadada, le dije:

-¡Fuera de aquí!

El bulto del pantalón se había hecho más grande. 

-¿Te acuerdas de aquel día que te enfadaste con tu tía, me buscaste, te sentaste en mis rodillas y frotaste el coño contra mi polla hasta que me corrí?

-Era muy joven...

Mi tío caminaba hacia mí y yo reculaba.

-Tenías diecisiete años y sabías bien lo que hacías.

Cuando mi espalda se encontró con la pared de la habitación, mi tío me pareció un ogro lujurioso que me iba a comer viva.

-¡Vete!

No se iba a ir. A un metro escaso de mí se quitó la camisa. Parecía un mono de tanto pelo que tenía en el pecho y en la espalda. Se quitó las sandalias, el pantalón y los calzoncillos. ¡Parecía el puto Yeti! El Yeti empalmado. Le lancé el vestido a la cara y quise huir saltando a la cama, pero él también saltó y me agarró por los tobillos. Quedé boca abajo sobre la cama. Me separó las piernas y me lamió los muslos hasta llegar a mi coño peludo. Levanté el culo y lo bajé, lo hacía forcejeando, pero con esto lo que conseguí fue su lengua de buey, lamiera mi coño y que me dijera:

-¡Qué rica estás!

-¡Déjame, orangután!

Le importó una mierda que lo insultara. Mi tío iba a lo suyo, me lamió las nalgas, me las mordió y lamió mi periné y mi ojete.  Yo no paraba de moverme. Cuanto más me resistía, más mi tío se encendía y con más ganas me devoraba. Nunca antes me habían forzado. Descubrí a la puta que dormía dentro de mí, esa puta me hizo tener unas ganas de follar cómo jamás en mi vida había tenido. Cuando me dio la vuelta, regresó momentáneamente la chica decente y le di dos hostias cómo dos panes.

-¡¡Zas, zas!

-¡Déjame, mal nacido!

Mi tío levantó su mano derecha, una mano más grande que mi cara, y me dijo:

-Yo doy más fuerte que tú.

Pensé que no lo decía en serio. Le di otros dos hostias.

-¡Zas, zas!

Me cayeron dos bofetadas que me dejaron la cara ardiendo. 

-¡Plaf, plaf!

Apareció la masoquista que había en mí, y esa masoquista se puso muy, muy, muy cachonda con las hostias y las bofetadas. Intenté volver a largarle, pero esta vez me cogió las manos, me arrastró, se sentó en la cama, me puso sobre sus rodillas y con su tremenda manopla derecha me iba a dar las del pulpo.

-Esto es para que no se te ocurra volver a tocarme la cara.

-¡Plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss!

-Y esto es por las pajas que me has hecho hacer desde aquel día.

-¡Passss, plassss, plassss, plassss, plasssss, plassss, plassss, plassss!

Mientras me daba, para disimular,  le llamé lo que no hay, pero parecía no importarle. Luego me tiró sobre la cama y me dijo:

-Ahora quieta o te reviento el culo de una clavada.

Aquellas ya era palabras mayores, era masoquista, pero no tanto. Miré para su polla empalmada y me quedé quieta. Cuando su boca se posó en mi boca, le hice la cobra. Me echó una mano a la garganta, apretó y me dijo:

-¿Vas a colaborar?

Negué con la cabeza. Cómo la amenaza no había surtido efecto, me soltó la garganta, levantó la mano, y me dijo:

-Abre la boca.

Quería llevar otro par de bofetada, así que no la abrí. No me me cayeron dos, me cayeron cuatro bofetadas.

-¡Plaf, plaf, plaf, plaf!

A estas alturas ya tenía el coño empapado. Abrí la boca y me quedé quieta para disfrutar de su lengua. para disfrutar mientras su boca devoraba mis tetas, y quieta me quedé cuando su lengua se aplastó contra mi coño y subió y bajó por él, bueno, me quedé quieta hasta que me corrí en su boca, en ese momento mi cuerpo se convulsionó.

Al acabar de correrme, se arrodilló en la cama, me dio la vuelta, cogiéndome por la cintura, me atrajo hacia él, me metió su gorda polla dentro del coño y comenzó a follarme. En la habitación no se sentía más que el ruido que hacían los muelles de la cama. Pasado un tiempo de un mete y saca cambiante, o sea, lento, aprisa, lento, a medio gas, lento..., sentí que me iba a correr de nuevo. Mi tío también se percató. Paró de follarme, me sacó las manos de la cintura y me dijo.

-Ahora fóllame tú.

-Ni lo sueñes.

-Acabarás follándome.

-Sueña, orangután, sueña.

Volvió a follarme, pero con tanta lentitud que mi coño desesperaba, y pasó lo que tenía que pasar, que mi culo cobró vida propia y se empezó a mover de delante hacia atrás y de atrás hacia delante, cada vez más aprisa.  Se detuvo con toda la polla dentro para que mi coño le bañase la polla con una tremenda corrida. Mi tío tuvo la decencia de dejar que acabara de correrme yo para derramar en mis nalgas.

Después de follar me bañé y luego cociné para los dos. Cociné una coliflor con dos huevos cocidos y le eché por encima dos latas de atún.

 

                                         El trío

 

Por la tarde regresaron de la feria mi prima Adela y mi primo Gabriel. Nos abrazamos, hablamos largo y tendido, merendamos queso, chorizo y jamón con una buena bolla de pan y bebimos algo de vino. Luego dimos una vuelta por el campo y después regresamos a casa para cenar. 

 

En la habitación de Adela había dos camas gemelas, en una dormía ella y en otra su hermano Gabriel, que era moreno, alto, delgado y muy guapo. Esa noche mi prima y yo estábamos echadas sobre la cama, en camisón.  En la otra cama estaba Gabriel. Hablábamos de cosas intrascendentes cuando vi moverse la sábana que cubría a mi primo. Gabriel se estaba masturbando. Le dije a mi prima:

-¡Mira tu hermano!

Adela, que era una muchacha entrada en carnes, pelirroja, alta, y con mucho de todo, me dijo:

-Ya lo veo, se está haciendo una paja.

-¡¿Se hace pajas delante de ti?!

-Sí. ¿Qué tiene eso de malo?

Aquella era una casa de locos

-Que esas cosas se hacen en soledad.

-No es tan divertido.

-Y pueden conducir a algo más.

-¿Cómo a qué?

-Como a follar. 

Gabriel intervino en la conversación.

-Tontos seríamos si no folláramos

Adela le dijo a su hermano:

-Tontos, no, seríamos subnormales.

Sentí curiosidad:

-¿Y tú? Ya sabes.

-No, no sé.

-Si también te masturbas delante de tu hermano.

-Claro, cuando tengo ganas, lo hago delante de mi hermano y delante de mi padre. A veces hasta jugamos a ver quien se corre primero y casi siempre gano yo. 

-No me lo puedo creer.

-¿Qué no puedes creer?

-Que te lo montes con tu hermano y con tu padre.

-Pues puedes creerlo, los monto y me montan.

Gabriel le dijo a Adela:

-Hoy te ganaría yo.

-Claro, cómo que empezaste antes, y aun así...

Yo ya no las tenía todas conmigo.

-¿No irás a hacerte una paja a mi lado?

-Y le voy a ganar.

Adela se quitó el camisón y las bragas. Vi las grandes tetas de mi prima, unas tetas con areolas rosadas y pequeños pezones y la gran mata de vello pelirrojo que rodeaba su coño. Gabriel se quitó la sábana de encima y el calzoncillo. Vi su polla, era una polla del montón, o sea, ni gorda, ni delgada y ni corta ni larga. Adela puso su espalda en la cabecera de la cama, se abrió de piernas, se tocó el clítoris con un dedo y le dijo:

-¿La apuesta de siempre?

-Si, quien pierda, va una semana a buscar el agua a la fuente.

Giré la cabeza para no ver como se masturbaban, pero poco después la curiosidad pudo conmigo. Miré para mi prima. Me estaba mirando mientras metía y sacaba dos dedos del coño. Miré para mi primo. También estaba mirando para mí y se la pelaba con ganas. Era obvio que era la inspiración de sus pajas, les dije:

-Sois una familia de pervertidos, sois...

Gabriel me dijo:

-Somos la hostia en bicicleta y vamos sin frenos.

Gabriel salió de la cama, vino a mi lado y me puso la polla en los labios.

Giré la cabeza y le dije:

-Quita, yo solo se la chupo a mi novio.

Fue al otro lado de la cama, le puso la polla en los labios a su hermana, y Adela, sin dejar de masturbarse, se la mamó. Entre mamadas, me dijo:

-¿Sabías que es el segundo que mejor folla de la aldea?

-El primero es tu padre, claro

-Claro.

-Muchos te has follado en esta aldea.

-Pues no, me follaron más a mí de los que follé yo.

Adela salió de la cama, le dio la espalda a su hermano y le cogió la polla, Gabriel bajó el culo, le metió la polla dentro del coño y luego comenzó a follarla. Vi cómo entraba y salía la polla del coño de mi prima y mi coño comenzó a chorrear. Luego vi cómo mi prima giraba la cabeza y le daba besos con lengua a su hermano... Gabriel se la quitó del coño y se la metió en el culo. Me puse mala, tan mala me puse que le faltó una pizca para que metiera una mano dentro de las bragas y me diera dedo. Me estremecí cuando mi prima me dijo:

-Se está corriendo dentro de mi culo, y yo, y yo... ¡Ay que me corro!

Adela se corrió cómo una cerda. Vi cómo le colgaban del coño los jugos de la corrida. Me entraron ganas de lamerle el coño y mi vagina se abrió y se cerró cómo si estuviera a punto de correrse.

Al acabar de correrse, Gabriel, le quitó la polla del culo. Adela miró para mí, y me dijo:

-¿Quieres que te haga correr?

Estaba deseándolo, pero le respondí:

-No me gustas las mujeres.

-¿Yo no soy una mujer, soy una perra?

-Si tú lo dices, lo serás.

-¿Es que no te has mojado viendo cómo follaba con mi hermano?

Ya estaba empapada y empecé a darme.

-Mojé, sí, pero tengo novio...

-La cosa no va a salir de esta casa.

Aunque saliera. ¡Que le diera por culo a mi novio! Le pregunté:

-¿Ya lo has hecho con otra chica, prima?

-Sí. ¿Y tú?

-Yo no.

-¿Voy?

Le pregunté a mi primo:

-¿Tú vas a participar, Gabriel?

-Solamente si me necesitáis.

Me lancé al vacío.

-Ven, prima.

Me desabotonó la chaqueta del pijama, me la quitó y luego hizo lo propio con el pantalón y las bragas. Al quitar las bragas y ver lo mojadas que estaban, lamió la humedad, las olió profundamente, y después me dijo:

-Te vas a hartar de gozar.

-Eso espero.

Adela me echó las manos a las muñecas, se subió encima de mí y me pasó la lengua por los labios cómo si fuera una perra. Me metió la lengua dentro de la boca y se la chupé, luego ella me lamió y me chupó la mía... Me lamió y le chupó el cuello, me lamió y chupó las orejas y después fue a por mis tetas. Pensé que me las iba a devorar, pero no, me lamió los pezones dulcemente, hizo lo mismo con las areolas y luego me magreó y le chupó las tetas con la misma dulzura. Bajó besando mi vientre y cuando llegó al coño pasó de largo, o sea, bajó lamiendo los muslos hasta llegar a mis pies, allí me cogió un pie, y le dijo a Gabriel:

-Échame una mano.

 Gabriel me lamió la planta izquierda del pie, Adela, lamió la otra. Luego me masajearon los dedos, besaron y lamieron mis tobillos... Al llegar al coño, Adela, me lo lamió de abajo a arriba y muy lentamente, después me lo lamió Gabriel. Adela me preguntó:

-¿Quieres que te coma el coño Gabriel, o quiere que te lo coma yo?

-Me da lo mismo

-Escoge.

Se le notaba en la mirada que quería que le dijese que me lo comiera ella.

-Cómelo tú.

Adela sonrió y luego le dijo a su hermano:

-Te tocaron las tetas y la boca.

No sabía lo que se sentía con otra mujer y, la verdad, nunca había sentido curiosidad, pero una vez empezó a comerme el coño, supe que las sensaciones eran era mejores que las que sentía con mis instintos de masoquista o de puta. Mi prima me hizo sentir cómo una diosa. Su lengua adoraba mi coño, o mi coño adoraba su legua, no lo sé, lo que sé es que era cómo si tuviera entre mis piernas a una ninfa experta en comer coños. Adela parecía ser hija de Cronos, pues dominaba el tiempo. Sabia cuando lamer y cuando chupar los labios vaginales, cuando lamer y chupar mi clítoris, cuando follar mi vagina con la lengua.. y lo que era más importante, cuando parar para que no me corriera... Me dio un repaso maravilloso. Siete veces estuve a punto de correrme, a la octava, me peguntó:

-¿Lista?

-Si.

Me hizo el remolino sobre el glande del clítoris y exploté.

-¡¡Me corro!!

Al rato, Gabriel, se echó boca arriba, y me dijo:

-¿Quieres correrte en mi polla?

-¿Y si me dejas preñada?

-Eres tú la que la mete, la puedes sacar cuando quieras.

Era una oferta que no podía rechazar. Monté a mi primo. Iba a poner la polla en la entrada de mi coño, pero Adela se me adelantó, me cogió la polla y me la frotó en el coño baboso. Bajé mi culo, la metí hasta el fondo de un tirón, y después le di caña a mi primo. Adela me comió la boca y me cogió las tetas y me las magreó. Al rato paré porque si seguía me iba a correr. Le había cogido el gusto a la cosa y quería gozar y gozar sin llegar a correrme. Mi primo no estaba con esas. Me folló al estilo conejo y en nada me corrí cómo un río. Aún bajaba mi corrida por sus huevos cuando me volvió a follar al estilo conejo. En segundos me volví a correr. No me dejó ni recuperar el aliento. Me volvió a follar a mil por hora y de nuevo le bañé la polla con los jugos de otra inmensa corrida. Al volver a follarme al estilo conejo, me quité de encima, es que si me corría de nuevo me podía dar algo, ya que el corazón me latía demasiado aprisa. Al quitarme de encima quedé boca arriba. Mi prima se metió entre mis piernas y lamió mi coño encharcado de jugos. Le dije:

-Deja que descanse un poco.

No me hizo caso.

-Relájate y goza.

Su lengua se deslizó por mi coño, cómo lo haría un caracol por una verdura, lentamente, arrastrando las babas y dándole pequeños mordiscos, que era lo que hacía ella con el capuchón de mi clítoris. Vi cómo mi primo la ponía a cuatro patas y cómo se la metía, lo que no sé es donde, lo que si sé es que le echó una mano al coño y la masturbó y la folló con la misma lentitud que su hermana me estaba follando a mí. Pasado un tiempo, Gabriel sacó la polla y se corrió. Vi como salía la leche de meato y cómo caía en la espalda de mi prima. Nos empezó a subir al mismo tiempo. Le dije a mi prima:

-¡Me corro otra vez!

-¡Y yo, Rafaela, y yo!

-Nos corrimos juntas.

 

Siempre fui muy curiosa y quise saber cómo empezara la relación de Adela con su hermano y su padre. Se lo pregunté

-¿Cómo empezó lo tuyo con tu padre y con tu hermano, Adela?

-De la manera más tonta. Fue un día que le gasté una broma con un petardo a mi hermano. El cabrón, cuando me quedé dormida, al tomar la siesta, me metió una rana dentro de las bragas. Desperté y eché a correr por la casa. La rana debía estar más asustada que yo, ya que daba saltos en el coño y metía la cabeza en la única salida que encontraba. Mi hermano se descojonaba de risa, pero la risa se le cortó cuando poco más tarde vio que me corría con las piernas abiertas y con la espalda y las palmas de mis manos contra la pared. Se acercó a mí, mi padre nos pilló y el resto ya te lo puedes imaginar.

Cómo ya os he dicho soy muy curiosa y tenía que saciar mi curiosidad.

-Anda, dime que paso.

-Pues pasó que mi hermano vino a mi lado, me quitó la falda, me bajó las bragas y la rana, que digo rana, aquel príncipe encantado, saltó al piso de la cocina y cómo la puerta trasera estaba abierta, se fue para la huerta en busca de otra princesa. Mi hermano vio mi coño peludo y se empalmo cómo un burro, luego llegó mi padre y me follaron los dos.

-¿Doble penetración?

-Sí, primero me folló mi hermano y después mi padre y luego me follaron juntos, uno por un agujero y el otro por el otro.

-¿A ti te la metieron en el culo y en el coño?! 

-Sí.

-¿Tu novio y un amigo?

 -No, dos amigos de mi novio.

-¡Qué puta!

-¿Anda qué que tú... !

 

                                El juego

 

Se ve que entre mi tío y sus hijos no había secretos, y ahora os cuento, por qué.

Una noche, después de cenar, me dijeron de jugar al juego del Renacimiento. No sabía que juego era, pero quise jugar.

El juego consistía en coger un papel de los muchos que había en cuatro tazas de barro, y hacer lo que te tocara. Yo cogí el primer papel de la primera taza y ponía: "Muerta". Mi tío cogió otro en la segunda taza y le salió: "Enterrador" A mi primo en la tercera taza le salió: "Embalsamador" y a mi prima le ponía en el papel: "Asistente."

Luego supe que el juego estaba amañado... En fin, que acabé desnuda encima de la mesa de la cocina, con los ojos cerrados y los brazos cruzados debajo de las tetas. Sentí cómo untaban mi cara, mis tetas y mi coño con nata montada. Tenía que ser mi primo, el embalsamador. Luego mi prima me lamió la cara y los labios y me besó con lengua, obviamente no le podía devolver los besos porque estaba muerta. Mi primo lamió la nata de mis tetas, y mi tío, el enterrador, lamió la nata de mi coño y enterró su lengua en mi coño... Después repitieron con manteca. Yo fingía estar muerta, pero mis pezones no sabían fingir, pues se habían puesto cómo astas de toro, de duros y de largos, y mi coño, a mi coño solo le faltaba hablar, y no fue porque los labios no lo intentaran. De repente pasaron a magrear mis tetas a cuatro manos y a besarme con dos lenguas. Desesperaba por correrme cuando mi tío, el enterrador, me enterró su polla hasta el fondo del coño y me dio caña fina. Poco más tarde, cuando ya me iba a correr, mi tío, sin quitar la polla de dentro, me cogió en brazos. Mi primo se puso detrás de mí y la metió en el culo. De estar a punto de correrme, pasé a no sentirla. Fue cuestión de minutos que la volviese a sentir. Al oír mis gemidos me dieron duro. Mi primo y mi tío no se pudieron aguantar, Gabriel se corrió dentro de mi culo. Mi tío la sacó y se corrió en mi vientre, y yo, yo me corrí cómo una perra, diciendo:

-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!

Mientras me corría oí a mi prima decir:

-¡Ha vuelto a la vida!

Me gustó el juego. Pena que solo había tenido el sábado y el domingo para estar con ellos, pero volvería, claro, que volvería.

Quique.

 


   
1
Citar
(@viajero56)
Miembro Activo Autor
Registrado: hace 4 años
Respuestas: 59
 

MUy caliente el relato y bien descrito.



   
ResponderCitar
Julio Solis
(@julio-solis)
Miembro Activo Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 49
 

Es cierto es super excintante



   
ResponderCitar
Compartir:
Criptomonedas

El valor de invertir en Criptomonedas

Guía 2026: Ventajas de Invertir en Criptomonedas y Activos Líderes Invertir…

Bonos de casino: qué saber antes de elegir

Elige inteligentemente: comparativa de bonos con depósito y…