Quítala del culo y ...
 
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Vaciar todo

Quítala del culo y córrete en mi coño, hijo

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José
(@quique)
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Primera parte: Gregorio y su madre.

Gregorio, que era un joven moreno, de un metro ochenta de estatura, de complexión fuerte y que no era feo, había vivido desde niño con su padre, pero al irse éste a vivir con su novia tuvo que ir para casa de su madre. Gregorio, cómo todos los jóvenes de su edad se hacía pajas de cuando en vez, pero como Rosaura, su madre, se había arrejuntado con una veinteañera que estaba para comerla viva, el joven pasó a hacer varias pajas diarias fantaseando con ellas.

Rosaura, que tenía el cabello y los ojos marrones, medía un metro setenta y seis y tenía un cuerpo bonito, una tarde fue a la habitación de Gregorio a llevarle un café negro, pues supuestamente estaba estudiando. Lo encontró sentado en una silla giratoria con la polla en la mano mirando porno lésbico en su ordenador. Al verlo, se dio la vuelta y se iba a ir, pero Gregorio la vio, se puso en pie y guardando la polla, le dijo:

-No le digas nada a mi padre de lo que has visto.

-Tranquilo, yo no me hablo con ese gorila.

Le puso el café encima de la mesa. Gregorio no sabía donde meterse. 

-¡Qué vergüenza!

Rosaura se quiso comportar cómo se comportaría una madre comprensiva.

-¿Quieres que tengamos una conversación de madre a hijo referente a la masturbación?

-Preferiría que fuera una conversación de amigos.

Rosaura, vestida con una falda marrón que le daba por encima de las rodillas, una blusa del mismo color y unos zapatos también marrones y con poco tacón, se sentó en el borde de la cama, y le dijo:

-Pues que sea de amigos. En primer lugar, no tengas vergüenza de darte placer a ti mismo.

-Es que me has pillado con las manos en la masa.

-Y tienes una masa importante.

A Gregorio se le iluminó la cara.

-¿Te gustó mi polla?

-No es a mí a quien tiene que gustarle, pero volviendo a lo de la masturbación. Masturbarse es sano, libera el estrés, es bueno para la piel, mejora el sueño...

La interrumpió.

-¿Tú también te masturbas?

-No estamos hablando de mí.

-Dímelo, es para mis fantasías.

Rosaura, sorprendida, le preguntó:

-¡¿Fantaseas conmigo?!

Gregorio bajó la cabeza. A Rosaura se le estaba yendo la cosa de las manos, pero sentirse deseada la halagaba.

 -¿Cuándo entré en la habitación estaba en tus fantasías?

Gregorio seguía con la cabeza baja y esto le dio a entender que se la pelaba pensando en ella. Le preguntó:

-¿Pero tú no tienes novia?

Volvió a levantar la cabeza.

-Sí, pero no me deja hacerle el amor. 

-No sé si seguir preguntando, puede que me meta en un jardín.

-Los amigos se meten en toda clase de jardines.

-Pero somos amigos, de aquella manera, Gregorio.

-Aunque sea de aquella manera, pregunta.

-Vale. ¿Qué hacéis cuando estáis a solas?

-Nos acariciamos y nos damos besos.

-No sé sí...

-Pregunta, mujer, pregunta.

Rosaura se metió en el jardín.

-¿Te la chupa?

-No.

-¿Le comes las tetas?

-Me las enseña, pero no quiere que se las coma.

-Me estoy pasado siete pueblos.

Gregorio, echó un sorbo de café, y después le dijo:

-No te estás pasando, pregunta.

-¿No ves que lo que estoy haciendo es saciar mi curiosidad?

-Sacia.

-Vale. ¿Le comes el coño?

-No, una vez me lo enseñó, pero cuando metí mi cabeza entre sus piernas me dijo que no se lo comiera.

-¿No te dijo nada más?

-Que le enseñara la polla. Se la enseñé, empalmada, pero ni me la tocó.

-¿Dónde estabais?

-En su habitación.

-¿Estaban los padres en casa?

-No.

-¡Tú eres tonto, joder! Seguro que después de eso, al llegar a casa, te hiciste una paja.

-No hice una, hice dos. 

-Y ella por lo menos se hizo tres.

-¿Tú crees?

-No lo creo, lo sé.

-Dime. ¿Tú te masturbas, mamá?

-¿Tú qué crees?

-Teniendo a Yanet, puede que sí, o puede que no. Ayer noche vi cómo te comía del coño. ¡Dios mío, qué sexi estabas!

No le dio mucha importancia a la confesión, solo le dijo: 

-No se debe espiar a las personas. ¿Era la primera vez que nos espiabas?

-Sí.

-Mientes muy mal. ¿Llevas mucho tiempo espiándonos?

Gregorio le dijo la verdad.

-Tes semanas.

-El tiempo que llevas viviendo con nosotras. Ahora sí que se te debía caer la cara de vergüenza.

-Pensaba que estábamos hablando como amigos.

-Y estamos.

-Entonces dime si te masturbas o no.

-Es que estamos hablando de tu vida sexual.

 -Ya, pero cómo a veces lleváis cinco o seis días sin hacer nada y tú eres tan ardiente...

-¡Nos tienes controladas!

-Es que eres cómo una droga, cuantas más veces te veo desnuda, más ganas tengo de verte.

-¿Para inspirarte en tus pajas?

-Claro, es lo único que puedo hacer.  ¿Si no te rieses de mí, te contaría mi secreto mejor guardado?

-Sea lo que sea, no me voy a reír de ti, cuenta.

Se lo soltó de un tirón.

-Me he enamorado de ti y te quiero con locura.

-No digas barbaridades.

-Te quiero porque eres un ángel.

Rosaura se abrió con su hijo.

-No soy la que aparento. ¿No me preguntabas si me masturbo?

-Sí.

-Pues lo hago, y a veces tres veces al día. Soy muy cerda cuando estoy caliente. Me gusta dominar y que me dominen. Me gustan las mujeres...

-A mí también.

Por poco se la mete doblada.

-A ti... ¡Serás cabrito! ¿A qué no te gusta que te den por el culo?

-Si para estar contigo tengo que llevar, llevo, y si tengo que darte, te doy.

-Pues sí que estás colado por mí. Me sabe mal no poder hacer nada por ti.

Gregorio probó fortuna.

-Algo podrías hacer, si no es cómo ángel, lo puede hacer cómo diablesa.

-¿En qué está pensando?

-Mastúrbate conmigo.

-No estoy tan loca cómo para hacer eso con mi hijo.

-Pues mira cómo me masturbo yo mirando para ti.

-No puedo, hijo, no puedo.

Entonces no digas que te sabe mal...

Rosaura cambió de opinión.

-Está bien, bueno, está mal, pero miraré. Sácala y empieza a masturbarte.

Gregorio sacó la polla empalmada y mirando para su madre comenzó a menearla. Poco después le decía:

-Sube un poco la falda y abre las piernas.

-Esto no entraba en el trato.

-Por favor.

-¡Qué pesado!

Rosaura se subió la falda y se abrió de piernas.

-Aparta un poco el tanga que ya me corro.

Para que acabara le enseñó el coño. Gregorio la  machacó y de su meato salió disparado un chorro de leche, luego salió otro con menos fuerza, y después la leche comenzó a bajar por la polla.

Al acabar de correrse, limpió con la lengua la leche de la palma de la mano. Rosaura, se estremeció, y le dijo:

-¡No hagas eso!

 Gregorio chupó los dedos y después volvió a menearla. Meneándola le dijo a Rosaura:

-Enséñame las tetas.

-¡¿Vas a  masturbarte otra vez?!

-Sí.

-Tú no eres mi hijo, eres un diablo.

-Quiero comer tus tetas.

-No, no que me pierdo.

Gregorio se vino arriba.

-Piérdete.

Fue a la cama, se sentó a su lado, le abrió  un botón de la blusa y le besó el cuello. Rosaura, temblando cómo en su primera vez, le dijo:

-No me hagas esto.

Le abrió otro botón y besó la parte de arriba de las tetas.

-Esto está mal, hijo.

Sin mover un músculo para evitarlo, dejó que le quitara la blusa y el sujetador. Sus tetas aperadas quedaron al descubierto,

-¡Son preciosas!

Deseando que siguiera, le dijo:

-No sigas.

Le echó la manos a las tetas y después se las comió con ganas atrasadas. Luego empujó a su madre hacia atrás

-No sigas hombre no sigas, compadécete de mí.

Le miró para el tanga mojado, y le dijo:

-No voy a hacer una paja teniéndote a ti tan cachonda.

Le quitó los zapatos, la falda y el tanga, metió su cabeza entre las piernas de su madre. Le abrió el coño con los dedos pulgares, vio los jugos ir de un lado al otro de los labios vaginales y le enterró la lengua en el coño de una estocada cómo si de una polla se tratara. Rosaura exclamó:

-¡Bandido!

Luego apretó la lenga contra su clítoris e hizo círculos sobre él a mil por hora. En nada sintió chorros de jugos golpear contra su lengua y escuchó a su madre decir:

-¡Me corro!

Después de correrse, Gregorio puso a su madre a lo largo de la cama, la levantó cogiéndola por la cintura con una mano y con a otra le frotó la polla en el coño. Rosaura le dijo:

-Por lo que más quieras, no la metas.

-Lo que más quiero es a ti. No te la meteré.

Siguió frotando entre los labios, luego frotó contra su clítoris un ratito. Volvió a frotar entre los labios, se corrió y anegó su coño de leche.

Al acabar de correrse le dijo su madre: 

-Casi haces que me corra otra vez.

Gregorio volvió a meter la cabeza entre las piernas de su madre, le clavó la lengua en el coño, y en él entraron saliva, jugos, y leche... Cuando las sacó por décima vez salieron a presión tres chorros seguidos de flujos vaginales.. Gregorio oyó cómo decía:

-Me corro, me corro, me corro, me corro. ¡¡Me corro!!

Al acabar de gozar cómo una perra, se arrepintió de lo que había hecho. Le dijo:

-¡Qué vergüenza, qué vergüenza! ¡¡Cómo pude haber hecho yo esta barbaridad!! Y lo malo es que tengo ganas de más.

Gregorio besó a su madre con lengua, la mujer, en un último intento de vencer a la tentación, se separó de su hijo.

-¡Me muero de ganas de que me folles, pero no puedo hacerlo!

Se fue a la cocina, abrió la nevera, cogió un tetrabrik de leche desnatada y bebió a morro. Sintió el cuerpo desnudo de su hijo pegado a su espalda y su polla empalmada aplastada en la raja de su culo. No sabía cómo se había desnudado tan rápido, ni quiso saberlo. Se dio la vuelta, derramó leche por el pecho de su hijo y mientras bajaba lamiéndola le dijo:

-Eres la tentación en persona, cabronazo.

Al llegar a la polla le hizo una deliciosa mamada, luego se puso en pie, cogió un tarro de margarina en la nevera y le untó la polla con ella, se metió un dedo dentro del ojete, se giro, puso las manos sobre la encimera de mármol, y le dijo:

-Fóllame el culo.

Gregorio se la metió en el culo, despacito. Al tenerla toda dentro metió dos dedos dentro de la tarrina, se froto las manos y después, magreándole las tetas, le dio a mazo. Rosaura, cuando sintió que se iba a correr, le dijo:

-Quítala de culo y lléname el coño de leche, hijo. Quiero volver a gozar de esa sensación única que se tiene cuando la leche de un hombre anega el coño de una mujer.

Gregorio se la sacó del culo, la limpió con un trapo de la cocina, y luego se la metió en el coño. Al rato, cuando se corrió, Rosaura, sintiendo la leche dentro de su coño, tuvo un orgasmo inolvidable.

Después de correrse, le dijo:

-Acabas de despertar a la furcia que llevo dentro. Siéntate en una silla.

Gregorio se sentó. Rosaura se puso en cuclillas, le cogió la polla morcillona, se la aplastó contra el cuerpo y luego se la besó, le lamió y le chupó los huevos al tiempo que se la meneaba, después le mamó el glande, le lamió la polla de abajo a arriba, la chupó metiéndola en la boca casi hasta los huevos... Le hizo una mamada, guapa, guapa. Luego se sentó sobre la polla, que estaba dura cómo una piedra, le rodeó el cuello con sus brazos y, comiéndole la boca, lo folló a cien por hora desde el segundo uno. Al rato Sintió cómo le volvía a llenar el coño de leche, cosa que la volvía loca. No paró de follarlo hasta que se corrió ella, diciendo:

-¡Me matas, cabrón!

Después de correrse se giró y dándole la espalda lo volvió a follar. Era un torbellino de mujer. Tiempo después, cuando estaba cerca de correrse otra vez, le dijo Gregorio.

-Para, mamá.

-Ahora no puedo, hijo, me voy a correr.

-Es que acabo de sentir entrar en el garaje el coche de Yanet.

Rosaura podía parar de follar a su hijo, y paró, luego le dijo:

-Siempre llega tarde y hoy llega temprano. ¡También es mala suerte!

 

Segunda parte: Rosaura y Yanet.

 

Esa noche Gregorio volvió a pasar por delante de la puerta de la habitación de su madre. Esperaba encontrarla cerrada, pero estaba entreabierta. Echó una ojeada y vio a Yanet y a su madre. Estaban desnudas sobre la cama, una al lado de la otra y comiéndose las bocas. Luego vio como su madre se metía entre las  piernas de Yanet, que era una sudamericana, morena, de ojos oscuros y con mucho de todo. Yanet le dijo:

-Házmelo muy despacito.

Gregorio no veía el coño de Yanet ni la lengua de Rosaura, pero por los lentos movimientos de cabeza se podía imaginar la lengua subiendo y bajando por el coño húmedo... Él bajaba y subía la mano por su polla. Lo que sí pudo ver fueron las manos de su madre magreando las tetas de Yanet y jugando con sus pezones. Yanet tenía la cabeza girada hacia un lado y de cuando en vez levantaba y bajaba la pelvis. Sus gemidos fueron casi imperceptibles, incluso al final. Cuando ya estaba madura le dijo a Rosaura:

-Ya me tienes.

Rosaura dejó de comerle el coño y se puso boca arriba, Yanet le puso el coño en la boca, Rosaura sacó la lengua, bajó su mano derecha al coño, metió dos dentro y comenzó a masturbarse mientras el sexo empapado de su novia se frotaba contra su lengua. Poco después le decía Yanet:

-¿La quieres, cariño?

-Si, cielo.

-¿Te la vas a tragar?

-Sabes que sí.

-¡Toma!

Yanet se corrió como una  perra en la boca de Rosaura.

Después de correrse Yanet, y de quitarle el coño de la boca, Rosaura abrió el cajón de la mesita de noche y sacó un vibrador, un consolador y un tubo con lubricante. Le dio el material a Yanet y luego se puso a cuatro patas. Yanet le echo lubricante al vibrador y a consolador. Se sintió el ruido que hacía el vibrador al encenderlo. Luego jugó con él en el ojete de Rosaura. Poco más tarde se lo pasó por la raja del coño y por el periné, y luego le lamió el ojete y le clavó la lengua en él. Desaparecieron las palabras cariñosas. Yanet le dijo a Rosaura:

-¿Gozas, maricona?

-Sí, perra.

Yanet le metió el consolador en el coño, apagó el vibrador y se lo metió en el culo. Gregorio nunca había oído gemir a una mujer del modo que gemía su madre. Yanet le dijo:

-No gimas cómo una loca que te va a oír tu hijo.

-Si me oye que se haga una paja.

-¡Qué cabrona eres!

Rosaura miró para la puerta y vio a Gregorio pelando la polla.

-A lo mejor ya la está haciendo, zorra.

-¿Y si está pensando en ti, putona?

-Que piense, el pensamiento es libre, guarra.

-Para guarra tú.

-La guarra se va a correr.

Yanet encendió el vibrador, la masturbó más aprisa, y le dijo:

-Córrete, cabrona, córrete.

Rosaura se corrió cómo una cerda.

Rosaura, al acabar de correrse y quitarle el consolador del coño y el vibrador del culo, iba a encender un cigarrillo, Yanet se lo quitó de la mano, lo tiró al piso y luego, dándole la espalda, le puso el coño en la boca de nuevo. Movió el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás para que su coño se frotara con la lengua de su novia y se echó las manos a las tetas. Magreándolas vio a Gregorio en la puerta de la habitación con la polla en la mano. Gregorio, viendo que no decía nada, abrió la puerta casi de par en par, y  se masturbó mirando para Yanet. Al ratito se corrían los dos, ella en la boca de Rosaura y él en el piso.

Gregorio, al acabar de correrse, quitó el calzoncillo y limpió la leche del suelo con él, entornó la puerta y regresó a su habitación. Allí echó el calzoncillo en el cesto de la ropa sucia y se metió en la cama para dormir, pero al cerrar los ojos oía los gemidos de Yanet y veía sus ojos vidriosos al correrse. Tuvo que aliviarse de nuevo.

 

Segunda parte: Gregorio y Yanet.

 

Eran las ocho de la mañana cuando Gregorio, vestido para ir al instituto, fue a la cocina a hacerse el desayuno. Su madre se había marchado a trabajar. Yanet, escuchaba en su teléfono móvil la canción: "Total Eclipse of the Heart." Estaba en bata de casa larga, gris, de terciopelo, sentada a la mesa de la cocina tomando un zumo de naranja. Gregorio le dijo:

-Buenos días, Yanet.

Con cara seria le respondió.

-¿Qué tienen de buenos?

-Verte, verte me alegra el día.

-Y la noche te la alegra verme follar con tu madre.

-Estabas preciosa.

-¿Nadie te ha dicho que no se espía a otras personas?

-Es que tengo un problema.

-Fijo, aquel que espía a su madre cuando folla tiene un problema y muy gordo.

-Yo solamente tengo ojos para ti.

Si, hombre, que a tu madre no la ves. Tiene cojones el enfermo este. La próxima vez, que espero que no la haya, pero si la hay, se lo digo a tu madre.

-Intentaré evitarlo, pero ya te he dicho que tengo un problema contigo.

-¿Y qué problema tienes conmigo, si se puede saber?

-Si no fueras lesbiana, te lo diría, pero supongo que tendré que cargar con esa cruz.

-Soy lesbiana, pero puedes decirme lo que sea.

-Tengo celos de mi madre.

La sorprendieron sus palabras.

-¿Y eso por qué es?

-Porque me he enamorado de ti. 

A Yanet, sin querer, se le escapó una sonrisa.

-No digas tonterías.

-Si te parece una tontería, acostarme pensado en ti, pasar el día pesando en ti y acostarme pensando en ti...

Yanet le preguntó:

-¿No acompañarás los pensamientos con algo más?

-Acompaño.

Yanet se creía todo lo que le decía, y no era de extrañar, ya que se sabía bonita y con un cuerpazo. Le preguntó:

-¡¿Pero tú cuántas pajas te haces al día?!

-Entre tres y seis, y por la noche dos o tres.

-¡Te estás matando a pajas!

-Esa es mi cruz.

-Y debe ser pesada, debe.

-Es que eres tan hermosa y te quiero tanto...

-Se te pasará.

-Supongo que cuando me muera se me pasará. Decía Machado: Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar.

Yanet se sabía el poema.

-Pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.

-Sobre la mar de tus senos, quisiera navegar, y luego en tu bodega beber, beber hasta reventar, reventar con ese vino dulce, que en tus entrañas guardas, y que jamás podré probar.

-Eso no es de Machado.

-No, es mío, me salió sin pensar.

Gregorio se sentó a la mesa y se puso a desayunar unos cereales con pasas y leche. Yanet le preguntó:

-¿Si un día me volviese loca y te dejase beber mi vino agridulce sabrías guardar el secreto?

-La duda ofende.

-Es que a los hombres os gusta presumir delante de otros hombres de vuestras aventuras amorosas.

-Esos no son hombres, son muñecos.

-Pues hay muchos muñecos.

-Hay, pero yo no soy uno de ellos. 

-¿Cómo me ves cuando no fantaseas conmigo?

-Cómo una estrella.

-¿Para ti soy cómo un estrella?

-Sí, eres algo inalcanzable.

-¡Qué cabrón eres! Sabes camelar a una mujer... Poesía erótica, palabras bonitas...

-Ojala supiera, pero no sé.

-Sabes, sabes. ¿A qué hora entras en el instituto?

-A las nueve.

Yanet se puso en pie, quitó la bata y quedó totalmente desnuda. Arrimó el culo a la encimera y le dijo:

-Te doy quince minutos para gozar de tu estrella.

Gregorio vio su cabello caer en cascada por encima de sus tetas redondas, unas tetas grandes, que tenían areolas oscuras y gordos pezones. Vio su coño rasurado y la polla se le puso tiesa al instante. Se levantó de la mesa, llegó a su lado y le preguntó:

-¿Puedo besarte?

-Puedes intentarlo.

Gregorio le echó las manos a sus duras nalgas e iba a besarla, pero Yanet lo cogió por los pelos y le echó la cabeza hacia atrás, y cómo era más baja que él le metió un bocado en el cuello, después le bajó la cabeza, le metió la lengua en la boca e hizo de él un cristo. Luego le llevó la cabeza a las tetas. Gregorio, le mamó una teta, le mamó la otra... Se las mamó cómo ella quiso. Después le dijo

-Arrodíllate ante tu estrella, poeta.

Se puso de rodillas. Yanet levantó una pierna y le puso el culo en la boca.

-Come.

Le comió el culo bien comido, o sea, le lamió el periné y le lamió y le folló el ojete. Luego bajó la pierna, le echó las manos a la nuca y le puso el coño en la boca.

-A ver si eres capaz de hacer que se corra tu estrella.

Gregorio lamio su coño, pero no como Yanet quería, así que le echó la mano derecha a la nuca, apretó su coño contra la lengua y movió la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo para correrse en su boca. Se las prometía muy felices, pero Gregorio quería correrse y aún no había sacado la polla. Tenía que pasar de sumiso a amo. Se levantó y le dijo:

-¡De rodillas, zorra!

Yanet se sorprendió con el cambio.

-Yo...

Le echó las manos a los hombros.

-¡De rodillas, coño!

Al estar arrodillada, sacó la polla empalmada, se la puso en los labios y le dijo:

-Mama.

-Mamar tu polla me haría vomitar.

-Pues si no la mamas me masturbo y me corro en tus labios.

-¡Eso sería peor!

-Tú verás lo que haces.

Yanet se puso en pie y lo desafió.

-¿Y si no lo hago, qué?

Al ver que lo de hacer de amo no iba con él, le dijo.

-Pues tendré que seguir comiéndote el coño. No cambiaría nada de este mundo por una corrida tuya en mi boca.

A Yanet no le gustaron sus palabras, pues esperaba una reacción violenta.

-¡Qué paliza merecías! Un hombre debe imponerse. Si una mujer se hace la estrecha estando desnuda, tiene que ponerla de puta para arriba y después debe metérsela a la fuerza en la boca, aunque para eso le tenga que tocar la cara.

-Es que te quiero tanto que no podría hacerte daño.

Yanet se puso en cuclillas y le dijo:

-A ver que haces ahora.

Gregorio comenzó a menearla y a pasársela por los labios. Al ratito, cómo no la obligaba a chupar, Yanet, le pasó la lengua por el glande y poco después se la mamó, de aquella manera, pero se la mamó. Cuando Gregorio sintió que se iba a correr, la cogió por los sobacos, la puso sobre un taburete bajito, le frotó la polla en el coño, se corrió y se lo encharcó de leche.

Al acabar de correrse le dijo Yanet:

-Sigue frotando, sique frotando que estoy a punto de correrme.

Gregorio se agachó, le echó las manos al culo y le lamió el coño con lujuria. Yanet exclamó:

-¡Joder, eres más cerdo que tu madre!

Le cogió la nuca con la dos manos, frotó su coño contra la lengua y en segundos le dio en la boca una tremenda corrida, diciendo:

-¡Toma tu vino, toma!

Al acabar de disfrutar, le dijo a Gregorio:

-Vas a llegar tarde al instituto.

-Esta vez será por una causa justificada.

-Pues sí. Dime. ¿Fue como en tus pajas?

-Mejor, fue mucho mejor.

-¿No echaste de menos la penetración?

-No pensé en ella. Sabía que era algo imposible..

-Imposible no hay nada.

La pregunta era obligada.

-¿Me dejarías penetrarte?

-No creo, pero nunca se sabe.

Estas palabras espolearon a Gregorio. Agarró a Yanet por la espada y la empujó contra la mesa.

-¡¿Qué vas a hacer?!

No le respondió a la pregunta. Le puso una mano en la espalda, hizo que apoyara las manos sobre la mesa y luego le metió una tremenda lamida en el ojete.

-¡Suéltame, cabrón!

No quiso quedar otra vez por un mequetrefe.

-¡Calla, puta!

Le azotó las nalgas con las palmas de las manos un par de veces.

-Plas, plas.

-Así no me vas a doblegar, como no me des más fuerte...

Le dio, vaya si le dio.

-¡¡Passsss, plasssss, plasssss, plassss!

-Ya basta, ya basta, me rindo.

 Le separó las piernas y lamió sin parar desde el coño hasta el ojete. 

-Así no me vas a calentar para que te deje follar.

-¡¡¡Plassss, plassss, plasssss, plasssss!!!

-Haz lo que quieras, pero no me des más

-¡¡¡Plassss, plassss!!!

-Si vuelves a abrir la boca te sigo dando. 

Tiempo después le frotó la polla en el coño.

-No, no que puedo quedar preñada.

-¡¡¡Plassss, plassss!!!

Le frotó la polla en el ojete y al presionar le entró la mitad de glande, se notaba que ya lo tenía bien follado.

-Por ahí tampoco.

-¡¡¡Plassss, plasssss!!!

Gregorio volvió a frotar la polla en el coño. Al rato se detuvo con la polla en la entrada de la vagina y le quitó la mano de la espalda. Yanet se quedó inmóvil esperando que la penetrara. Le metió la punta de la polla..

-No, no quiero, no, y no me pegues más, abusón.

Le echó las manos a las tetas y se las magreó metiendo y sacando la punta de la polla. 

-No me gusta.

-Por eso tienes el coño encharcado.

Le echó la manos a la cintura y le siguió metiendo y sacando la punta de la polla. Al rato Yanet no pudo más. Empujó con el culo, la metió hasta las trancas, y luego exclamó:

-¡Que diferencia con el consolador!

Gregorio le dio caña de la buena. Yanet gemía sin parar. Se puso tan perra que acabó diciéndole:

-Métela ahora en el culo

Gregorio paró de follarle el coño, se la metió en el culo, despacito, y al llegar al fondo se corrió. A Yanet le empezaron a temblar las pierna y su coño comenzó a gotear. Se corrió cómo una zorra que era.

Gregorio faltó a la primera clase.

 

Tercera parte: Rosaura, Yanet y la venezolana.

 

La terraza del bar estaba petada de gente. Los camareros no daban abasto. Rosaura y Yanet estaban tomando un par de cervezas en una de las mesas. Le dijo la segunda a la primera:

-Te tengo que contar algo muy gordo.

-¿Has tenido otra aventura?

-Sí.

-¿Está tan buena cómo para cambiarla por mí?

-La aventura no fue con una mujer, fue con un hombre.

Rosaura se puso triste. Bebió un trago de cerveza y luego le dijo:

-Por fin te has decidido a dar el paso. ¿Lo conozco?

-Sí.

-¿Y quién es?

Se lo soltó sin anestesia.

-Tu hijo.

Rosaura  quedó a cuadros.

-¡¿Mi hijo?! Una cosa es que tengamos una relación libre, y otra muy distinta, que te líes con mi hijo, es algo surrealista.

-Sí, fue algo surrealista. Me dijo que estaba enamorado de mí, me ablandé...

Rosaura exclamó:

-¡Hijo de puta!

-Pensé que ibas a decir, hija de puta.

-¿Te dijo que pensaba en ti al levantarse, que pensaba en ti durante el día, y que pensaba en ti al acostarse?

-Tal cual.

-¿Te dejó creer que se hacía pajas pensando en ti?

-Sí, pero, ¿tú cómo sabes todo eso?

-¿Has dejado que te follara?

-Sí.  

-¿Pero tú no eras lesbiana cerrada?

-Eso creía. No me has dicho cómo sabes lo que me dijo.

-No sé si decírtelo, es muy embarazoso.

-Suéltalo de una vez.

-Es que después de decirte que era surrealista...

Yanet ató cabos.

-¡No! 

-Me temo que sí.

-¡¿Has jugado con tu hijo?!

-Jugué.

-Estoy de acuerdo en lo que has dicho antes.

-¿Qué dije?

-¡Qué hijo de puta!

-Tampoco te ensañes. A mí también me dijo que se enamorara de mí, me compadecí y se lo di todo.

-¡¿El coño también?!

-Todo, cariño, todo.

-Pero tú eres su madre.

-Por eso me preocupé por él. Lo que no sabía es que era un cabrón, cómo su padre.

-¿Sabías que nos espiaba?

-Sí, me lo dijo.

-A lo mejor nos quiere a las dos.

-Sí, nos quiere, claro que nos quiere, pero nos quiere para lo que nos quiere.

-Si lo miras fríamente, tu hijo jugó con las cartas que tenía.

Rosaura no conocía a aquella Yanet.

-¡¿No lo estarás defendiendo?!

-A ver, cariño. ¿Y si está enamorada de las dos?

-¿Realmente crees eso?

-Cosas más raras ya se vieron.

-¡¿No estarás pensando en darle el coño de nuevo?!

-Pues sí, me gustó lo que me hizo, pero va a ser que no, va a ser que me vas a echar de tu casa. Va a ser que lo quieres para ti sola.

-¡¿No te enamorarías de él?!

-No, enamorarme, no, pero le cogí cariño.

-¡La que ha montado el cabroncete!

-¿Qué vas a hacer?

-Aún no lo sé, pero no pienso romper contigo, pasé lo que pase.

-¿Vamos al tocador antes de irnos?

-Puedes ir tu sola.

-Es mejor tocarse en compañía.

Una muchacha que se acababa de sentar en la mesa de al lado para esperar por su novio y que había oído sus últimas palabras, le dijo a Yanet:

-Esas cosas no se dicen en voz alta, podrías herir sensibilidades.

Rosaura le dijo:

-Tienes la piel fina.

-Yo, no, pero hay otras personas que sí la tienen.

Yanet, que era una echada para delante, le entró.

-¿Te gustaría mirar como nos corremos?

-Ni en pintura.

-¿Y qué te comamos el culo una y el coño otra?

-Ni de borracha me dejaría hacer eso.

-Tú te lo pierdas.

-No creo que me perdiera mucho.

Rosaura le dijo a la muchacha.

-Eso ya nunca lo sabrás. ¿Vamos luego al tocador, Yanet?

-Vamos, la venezolana con esa voz tan sensual, aún me ha puesto mas cachonda de lo que ya estaba.

La joven, que era de estatura mediana, morena  de ojos y cabello marrón y que llevaba puestos unos shorts negros, una blusa blanca y que calzaba unas zapatillas de deporte negras, le preguntó:

-¿Cómo sabes que soy venezolana?

-Del mismo modo que tú sabes que yo soy mexicana, por el acento.

Rosaura y Yanet se levantaron y se fueron al tocador. Nada más entrar y cerrar la puerta, Yanet arrimó a Rosaura a la pared, le comió la boca y le echó la mano derecha al coño. Se abrió la puerta y entró la venezolana, que al cerrar la puerta y verlas, les dijo:

-Solo vengo a orinar

Se metió dentro de un apartado donde había una taza. Yanet y Rosaura se metieron con ella, Yanet cerró la puerta, y le dijo: 

-Eso se lo cuentas a tu novio, le dices que entraste a orinar en un apartado y que dos lesbianas te violaron.

-Tu estás loca.

-Tu cuéntale lo que te he dicho ya verás que polvo te echa, eso si tienes novio.

Rosaura se puso en cuclillas detrás de ella y le bajó el short y las braguitas. Vio su culazo moreno, lo sobó, le lamio el ojete, le metió un dedo dentro del coño y se metió dos ella en el suyo. La venezolana se dejaba. Yanet le dio un pico y la respuesta de la muchacha fue meterle la lengua en la boca. Luego, comiéndose las bocas, Yanet le fue desabotonando la blusa, después le abrió el sujetador. Al subir las copas unas tetas grandes con grandes areolas negras y pezones gruesos quedaron al aire. Le echó las manos por debajo de las tetas y magreándoselas, se las devoró. Después de devorarle las tetas bajó a su coño y le besó el clítoris, luego con el dedo pulgar de su mano derecha, echó la capucha hacia atrás y le lamio el glande mientras el dedo medio de Rosaura entraba y salía del coño y su lengua entraba y salía de su ojete. Poco después, la venezolana, mordía el canto de una mano, echaba la cabeza hacia atrás, y se corra gimiendo en bajito.

Al acabar de correrse la venezolana, Rosaura, se puso en pie, Yanet le bajó las bragas, le lamió el coño de abajo a arriba y en menos de que canta un gallo se corrió con un fuerza brutal. Poco más tarde, Yanet, ahora de pie y con la espalda apoyada en la pared, siguió dándose dedo. La venezolana se puso en cuclillas, le bajo las bragas, metió un dedo en la boca, luego se lo metió dentro del culo, lamió con ganas su coño empapado y Yanet no tardó nada en correrse en su boca.

Luego salieron del apartado, se lavaron las manos y se retocaron. Rosaura y Yanet ni se molestaron en saber el nombre de la venezolana.

Al llegar a casa, Rosaura llamó a su hijo desde la sala de estar.

-¡Gregorio!

Le respondió desde su habitación.

-¡Sí, mamá!

-¡Ven aquí!

Al llegar a la sala y ver de pie a su madre y a Yanet, se olió que por cosa buena no lo llamara.

-Dime, mamá.

-Siéntate en tu sofá -se sentó-. ¿A quién quieres más, a mamá Rosaura, o a papá Yanet?

Gregorio se dio cuenta de que había sido descubierto y le dio la respuesta clásica.

-Os quiero a las dos por un igual.

-¿A sí?

-Sí, estoy loco por las dos, pero no os iba a hacer mucha gracia saberlo.

Yanet le dijo a Rosaura:

-En eso tiene razón.

-¡No le des la razón, coño! Es un sinvergüenza.

Gregorio le dio la razón a su madre.

-Lo soy, pero fue para conseguir algo maravilloso. 

Yanet le dijo a Rosaura:

-¡Qué rico es, verdad?

Lo mismo debe de pensar su novia. ¡Qué engañada la tiene!

-Evita es una santa y...

A Yanet no le sentó nada bien lo que dijo.

-Y también estás enamorado de ella.

-También. Cada una tenéis algo que no tiene al otra.

-¿Cómo qué?

-Entre otras cosas, mi madre, es compresiva, sexi y bella. Tú, eres un sueño, sexi y bella y mi novia es una santa, sexi y bella.

-A esa santa la convertiría yo en diablesa en cinco minutos.

-Dices eso porque no la conoces. 

-La que no la conoces eres tú. ¿Qué nos apostamos a que me la follo al poco de conocerla?

-Si la follas, te limpio los zapatos un mes, y si no la follas me dejas que te eche un polvo, esa es la apuesta. 

Yanet ganaba de las dos maneras.

-Acepto la apuesta.

Rosaura, que había estado atenta a conversación, le dijo a su hijo:

-Vas a perder la apuesta, Gregorio.

-¿Por qué lo dices, mamá?

-Porque por lo que me has dicho de ella, de santa no tiene nada.

 

Cuarta parte: Gregorio y Evita.

 

Evita, que era una joven portuguesa, morena, de estatura mediana, con el cabello negro, largo y rizado, que tenía las tetas pequeñas, la cintura de avispa y el culo redondo y prieto, estaban morreándose con Gregorio en el tresillo de la sala de estar de su casa, le dijo:

-Enséñamela.

Gregorio se puso en pie, sacó la polla empalmada, se la puso delante de la boca, y le dijo:

 -¿Ya la has visto?

-Sí.

-Pues ahora voy a ver yo tu coño.

Se agachó, le levanto el culo y quiso quitarle las bragas. Evita las agarró por la goma y le dijo:

-Aún no estoy preparada para hacer el amor.

-Si estás preparada para hacerte pajas también estás preparada para follar.

La goma de las bragas fue a tomar por el culo.

-¡Me has roto las bragas!

-Y ahora te voy a romper el coño.

Intentó abrirle las piernas con las dos manos, pero la portuguesa tenia una fuerza colosal en ellas. Gregorio se puso en pie, y cómo mandar no era lo suyo, guardó la polla y le dijo:

-Vale, tu ganas. Ahora regreso a mi casa, me hago una paja y tú al irme yo te haces dos o tres, pero de una cosa puedes estar segura, lo nuestro se acabó.

Evita no quería romper con Gregorio.

-Tampoco hace falta ponerse tan trágico.

-¿Y cómo quieres que me ponga?

-¿Por qué supone que me masturbo?

-Me lo dijo mi madre, cuando le conté que me enseñaras las tetas y el coño y que no pasara nada.

-A ver, a ver, esa conversación no sale por las buenas.

-Me pilló haciéndome una paja.

-Entiendo, pero lo que le dijiste era parte de nuestra intimidad, no has debido...

-¿Qué intimidad? Ahí te quedas, con ganas y sin follar porque no te dio la gana.

Evita no lo dejó marchar.

-No te vayas.

-Si me quedo te voy a comer viva.

-Ya no será la cosa para tanto.

Se quitó la camisa y luego le quitó la blusa y el sujetador. Evita le echó la mano a cinturón... Acabaron. los dos desnudos. Gregorio se puso en cuclillas, le separó las piernas y vio su coño peludo. Evita pensó que le iba a comer el coño,  pero la cogió por los sobacos, la levantó en alto en peso y se la metió hasta las tranca. Evita rodeo su cuello con los brazos y poniendo la cara en su cuello, le dijo:

-Me tenías ganas.

-Ni te puedes imaginar cuantas.

La folló sin piedad hasta que no pudo más y se corrió, lo hizo fuera de su coño, pero en la entrada de la vagina. Gregorio quiso saber si su novia era una guarra o una santa. La sentó en el tresillo, le abrió a piernas, le lamió el coño, y con la lengua pringada de jugos y de leche, la besó. Evita le chupó la lengua, luego le echó las manos a la nuca y le llevó la boca al pilón. Gregorio, cómo era costumbre en él, le enterró la lengua en el coño y luego se lo comió. Ni diez segundos tardó Evita en decir:

-¡Me cago en la puta, me cago en la puta! ¡¡Me meo!!

Se meó y lo puso perdido, pero luego se corrió, bebió de ella, y una cosa compensó a la otra.

Evita, después de recuperarse del tremendo placer que había sacudido su cuerpo, le echó la mano a la polla, se agachó, la metió en la boca y se la mamó hasta que se le volvió a poner dura. Después lo empujó. Gregorio cayó sentado en el tresillo. Evita le dijo:

-Ahora me toca a mí.

Se inclinó y le dio una teta a mamar, Gregorio se la mamó, luego le dio la otra... Le puso el coño en la boca y se lo lamió de abajo a arriba. Acto seguido se sentó sobre su polla y con ella enterrada hasta el fondo le dio sus sobacos peludos a lamer. Luego lo folló despacito y entre dulces besos. Evita le dijo

-¿Te gusta así?

-Sí.

-Esto se llama hacer el amor.

Gregorio se levantó, con Evita pegada a él cómo una lapa, se agachó, la echó sobre la alfombra y le dio a mazo.

-A mí me gusta más follar.

A Evita le gustaba que le taladrara el coño.

-Pues folla hasta que me hagas correr de nuevo.

Eso hizo hasta que se corrió cómo una perra. Luego la sacó y y sabéis lo que hizo, sí, eso, y Evita se volvió a correr.

 

Quinta parte: Gregorio, su madre,  Yanet y Evita.

Dos días después de follar con Evita era el cumpleaños de Gregorio. Estaban comiendo a la mesa, Gregorio, su madre, Evita y Yanet. Gregorio estaba sentado al lado de su madre y enfrente de ellos estaba Yanet y Evita. La portuguesa había venido a comer con una falda muy corta, falda que dejaba ver sus delgadas, pero bien hechas piernas.

Comían pollo al curry y hablaban de todo un poco cuando le dijo Rosaura a Evita:

-Gregorio no nos había dicho que eras portuguesa.

-Portugueses son mi padre y mi madre, yo soy gallega, ya que nací en Galicia.

-¿Y como es que no te pusieron un nombre portugués?

-Lo hicieron, mi nombre es Amaral. Evita es un apodo, me lo pusieron porque es el nombre que tengo en mi correo electrónico.

-¿Cómo quieres que te llamemos?

La mano izquierda de Yanet se posó en una rodilla de Evita, la joven le quitó la mano y siguió hablado.

-Evita.

Siguieron hablando de todo un poco. A ratito la mano de Yanet volvió a posarse en la rodilla de Evita y de nuevo se la quitó... Hasta siete veces le quitó la mano de la rodilla, a la octava, Evita, dejó que la mano se metiese entre sus piernas cerradas y llegase hasta su tanguita. Al tocar su coño le volvió a quitar la mano. Yanet acarició ahora sus rodillas, luego metió la mano entre ellas y presionó para separarlas. Evita separó un poco sus rodillas y al hacerlo se le abrieron algo las piernas y la mano subió acariciando el interior de sus muslos. Al llegar al tanguita rozó con su dedo el coño y luego volvió a poner la mano sobre la mesa. Después volvió a meter la mano entre sus piernas. Evita las abrió de para en par. La mano subió acariciando el interior de los muslos y llegó al tanguita.. Con un dedo se lo apartó y después le metió medio dedo dentro del coño. Evita bajó la cabeza y tapó la boca con la palma de una mano para que no se oyese el pequeño gemido que salió de su garganta. Rosaura le dijo:

-Estás muy colorada, Evita. ¿Está demasiado picante el curry para ti?

Evita balbuceó.

-No, está bien.

Gregorio le dijo a su madre:

-No está acostumbrada.

-Se nota que no está acostumbrada, hijo, se nota.

Poco después, ya el dedo entero entraba y salía del coño... Llegó un momento en que Evita sintió que se iba a correr y por ende dar el cante. Se apresuró a quitarle el dedo del coño y le decirle a Yanet:

-Necesito ir al baño. ¿Dónde está?

-Yo también necesito ir -Yanet se puso en pie-. Sígueme.

Al entrar en el baño, Evita, perra perdida, arrimó a Yanet a la pared. Le echó las manos a las tetas y le metió un morreo largo, de esos que no se olvidan, luego se bajó el tanguita, subió la falda, le enseñó su coño peludo,  y le dijo:

-Acaba lo que empezaste.

Casi acaba sin empezar, ya que ni treinta segundos tardó Evita en correrse en la boca de Yanet. Bien es cierto que Yanet era una experta comiendo coños, pero más cierto era que Evita ya estaba casi corriéndose cuando la lengua de Yanet lamió su coño empapado.

Al acabar de correrse Evita, Yanet, se puso en pie, Evita le volvió a echar las manos a las tetas. Le dio otro morreo largo, y luego le dijo:

-Este viernes mis padres no están en casa, si quieres que te coma el coño, ven a verme.

Subiendo las bragas oyó a Gregorio decir:

-No pensé que fueras así, parecías una santa.

Lo vio en el umbral de la puerta y le respondió:

-Lo siento por ti, pero nunca te dije que fuera buena.

-¡Qué coño vas a sentir tú!

Gregorio, desilusionado y enfadado, salió de casa dando un portazo. Fue al único bar en el que le fiaban, ya que allí trabajaba de camarero un amigo suyo. Mató el genio aporreando con el taco las bolas del billar americano y bebiendo un par de cervezas.

Pasaba de las doce de la noche cuando Gregorio regreso a casa. Se iba a desnudar cuando le sonó el móvil, lo cogió y oyó la voz de su madre:

-¿Cómo estás, hijo?

-Jodido, mamá.

-Ven y hablamos.

-¿Estás sola?

-Ven.

-Voy.

Rosaura, al verlo en el umbral de la puerta, le dijo:

-Entra, Gregorio.

Entró en la habitación y le volvió a preguntar:

-¿Cómo estás, hijo?

-Ya te lo he dicho, Jodido. ¡Qué puta me salió!

Salieron del cuarto de baño Yanet y Evita. Estaban descalzas y desnudas. Evita le dijo:

-Aún no sabes tú bien lo puta que puedo llegar a ser.

Gregorio al verla desnuda, imaginó que había follado con su madre y con Yanet, y le dijo:

-Ahora ya lo sé.

Evita y Yanet fueron junto a Rosaura, se pusieron detrás de ella. Yanet le quitó el cinturón y Evita le quitó la bata muy lentamente. Gregorio, en medio de la habitación, ya estaba empalmado. Evita besó en el cuello a Rosaura y le dijo Gregorio:

-¿Que sientes al ver cómo beso en el cuello a tu madre?

Gregorio al ver a las tres mujeres desnudas se dijo a si mismo que lo mejor era sacar tajada de la situación. 

-Siento que vienen curvas.

Yanet retiró la ropa de la cama, la dejo a los pies y se metieron los cuatro en la cama.

Evita estaba a un lado de Gregorio y Yanet al otro. Rosaura empuñó su polla y comenzó a mamársela. Evita no contaba con aquello y se quedó mirando cómo Rosaura se la mamaba al hijo. Rosaura le preguntó:

-¿Sorprendida?

-Sí, no me lo esperaba. Se hacía el novio despechado y me era infiel contigo, con Yanet y a saber con cuantas más.

Yanet les dijo:

-En todas las casas se cuecen habas, Evita. 

-Por lo visto, sí.

Yanet besó con lengua a Gregorio. Dejó de besarlo ella y lo besó Evita. Luego Yanet cogió la teta izquierda y se la puso en los labios. Gregorio lamió y chupó. Al quitársela Yanet, se la puso en los labios Evita. La teta era pequeña y acabó desapareciendo dentro de la boca de Gregorio. Después besaron y lamieron su cuello. Le dieron la otra teta a mamar. Se besaron ellas y se pusieron cómo locas, se comieron las bocas, se tocaron las tetas y los coños... Acabaron en el piso. Evita, comiéndole el coño a Yanet, y Yanet corriéndose en su boca.

Al acabar de correrse Yanet, Rosaura le dijo a Evita:

-Móntalo y hazle el amor.

Rosaura iba a saber que ya habían follado, al decirle Evita:

-A este no le gusta que le hagan el amor, a este le gusta que lo follen.

Evita se volvió a meter en la cama. Subió encima de Gregorio, cogió la polla, colocó el glande en la entrada de la vagina, bajó el culo y se clavó la polla hasta el fondo del coño, lo miró a los ojos y le dijo:

-Te va a salir la leche hasta por las orejas, traidor.

-Mira quien habla.

Evita apoyó las manos en su pecho y después lo folló moviendo su culo de abajo a arria y de arriba a abajo a diez por hora, a cincuenta por hora, a cien por hora, a mil por hora... Evita le dijo:

-¡Córrete, cabrón!

La que se corrió fue ella y al hacerlo se derrumbó sobre de él. 

Yanet se mosqueó viendo cómo Gregorio sonreía por debajo de la nariz. Le dijo a Rosaura:

-Mira cómo se ríe el chulo de playa.

Quitó a Evita de encima de Gregorio, le chupó la polla pringada los jugos de la corrida de la portuguesa y luego subió ella y le dio caña brava. 

-A ti te hago correr yo cómo Yanet me llamo.

Gregorio se sentía fuerte.

-Eso está por ver.

Rosaura les dijo:

-Para ver, lo que estoy viendo yo

Rosaura, estaba viendo a Evita espatarrada y con el coño encharcado. Metió la cabeza entre sus piernas y se lo lamió. Evita le acaricio el cabello para que siguiese lamiendo.

Poco después, Gregorio sintió que se iba a correr, giró a la muchacha, le saco la polla, se la frotó en el coño y se corrió dejándoselo lleno de leche sin que esta entrara en la vagina. Yanet le dijo:

-Sabía que conmigo no podías.

-Has ganado en el descuento, pero vamos a empatar en la prórroga.

La lengua de Gregorio navegó por el coño de Yanet hasta que exclamó:

-¡Ay, que me corro, ay que me corro...!

Se corrió cómo una golfa que era, y lo hizo sacudiéndose cómo si estuviese sufriendo un ataque de epilepsia. Evita, a su lado, le daba una tremenda corrida en la boca a Rosaura.

Rosaura ya echaba por fuera...  Al acabar de correrse la portuguesa, le puso el coño en la boca, lo frotó contra su lengua y en nada se corrió y le dio en la boca a Evita su segunda corrida femenina.

En ningún momento se haba corrido dentro de ellas, bueno, dentro de su  madre, sí, pero Rosaura tenía la menopausia, por eso jamás imaginaron que al enterrarles la lengua dentro de sus coños, unas cosas solo visibles a través de un microscopio y llamados espermatozoides, hicieran de las suyas y dejaran a Yanet y a Evita embarazadas.

Como bien había dicho Yanet, "en todas las casas se cuecen habas", y en aquella casa se siguieron cociendo habas, ese día, y muchos días más.

Quique.

 



   
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