Se oyó una traca de bombas cuando Albina y yo entramos en su habitación. Encendió la luz y denudándose me dijo:
-Que no me entere yo de que follas con Pilar.
Desnudándome le pregunté:
-¿Quién es Pilar?
-La que te puso la cabeza en el hombro y dejó que le apretaras el culo.
-¿Tienes algo contra ella?
-No, pero a ti en esta aldea te gozo solo yo.
El vocalista de la orquesta estaba cantando una balada. Mi prima se puso detrás de mí, frotó sus grandes tetas contra mi espalda, me agarró la polla morcillona y me la meneó.
-¿Qué era eso del 69?
-El 69 es una posición en la que yo te como el coño Y el culo y tú me chupas la polla.
-¿Te puedo hacer una pregunta referente al culo?
-Me puedes hacer todas las preguntas que quieras.
-¿Es normal que una mujer desee que se la metan en el culo, primo?
-¿Has sentido ese deseo cuando te metí el dedo en el culo?
-Sí.
-Supongo que sí, ya que hay mujeres que se corren follándole el culo, pero ese no es tu caso, tu culo está sin estrenar y probablemente te dolería.
-¿Follaste a alguna sin estrenar?
-Sí, a dos, a dos que tenían miedo a quedar preñadas.
-¿Y quién te explicó como hacerlo?
-Un maricón amigo mío.
Me miró a los ojos y me preguntó:
-¡¿También te gustan los hombres?!
-Para nada, tener un amigo maricón y que te hable de mariconadas no quiere decir que uno sea maricón.
-¿Les dolió a las dos sin estrenar que les follaste el culo?
-No.
-¿Y cómo hiciste para que no les doliera?
-Manteca...
-Tengo.
-Mantequilla...
-Tengo.
-Aceite...
-Tengo.
-Tú lo que tienes es ganas de que te folle el culo y ya te he dicho que te podría doler.
-El dedo...
-El dedo no es la polla.
-Pues si no me vas a meter la polla en el culo, enséñame algo nuevo, que no sea el 69, porque al follarme el ojete la querría dentro de mi culo.
-Vas a piñón fijo con lo del culo.
-Es curiosidad.
-La curiosidad mató al gato.
-Yo no soy un gato
Le quité la mano de mi polla. Me eché boca arriba sobre la cama, y le dije:
-Ven aquí y aplasta mi polla con tu coño.
-¿Y por qué no lo aplasto con el culo y...?
No la dejé acabar.
-Haz lo que te he dicho antes
Subió a horcajadas, aplastó mi polla con su coño y me preguntó:
-¿Qué hago ahora?
-Empuña la cabeza y con el resto de la polla hazte una paja.
Se encabritó.
-¡No me toques el coño, Quique! La paja ya la hago cuando estoy sola.
-Es que así también me haces una a mí.
-Bueno, si es por eso.
Comenzó a deslizar los labios del coño por mi polla. Le eché las manos a las tetas y se las amasé. Al rato ya tenía el coño encharcado.
-Incorpórate un poquito, moja la cabeza de la polla con los jugos de tu coño y frótala contra el clítoris.
Hizo lo que le había dicho y casi se corre. Me dijo:
-Te vas a quedar con las ganas de correrte.
-Métela dentro del coño.
La clavó de una estocada. Con toda dentro, me dijo:
-Si me muevo, me corro, primo.
-Sácala y frótala en el ojete.
Parecía que estaba esperando que se lo dijera. Frotó la polla en el ojete. Cachonda como estaba debió pensar: "Esta es la mía." Bajó el culo, metió la punta de la polla y casi lo rompe. Chilló:
-¡¡Ayyyy!! -la sacó-. Duele.
-Te lo dije. Métela en el coño.
La metió dentro del coño, se estiró sobre mí y me folló muy lentamente, al tiempo que me comía la boca. Me dejé hacer. Al rato se incorporó, me cogió las manos, me las llevó a las tetas y me preguntó:
-¿Cómo te gusta más que te follen?
Magreando sus tetas, le respondí:
-Primero dame las tetas a mamar, a continuación cabálgame al paso, luego al trote y después al galope.
-¿Y cuándo debo cambiar de una cosa a la otra?
-Te daré un azote en el culo.
Me dio las tetas a mamar, después se volvió a incorporar y me cabalgó, primero al paso, un par de minutos. Luego al trote, tres o cuatro minutos. Después al galope, cinco o seis minutos y al final se desbocó sin haberle dado el cachete, y desbocada se corrió en mi polla. Corriéndose hizo un arco con su cuerpo, se volvió a enderezar y sacudiéndose dijo:
-¡Dioooos!
Llevó más de un minuto jadeando después de correrse. Luego, sin quitarse de encima, me dio un pico y me dijo:
-Fue increíble.
-Me alegro. Ahora me toca. Dándome la espalda, ponme el coño corrido en la boca.
-Eres un vicioso.
-¿No quieres correrte otra vez?
Poniendo su coño empapado en mi boca me dijo:
-Eres un vicioso y me vas a enviciar a mí.
Le lamí el coño.
-Ahora inclínate y mama mi polla cómo tú sabes.
Me chupó la polla pringada con sus jugos y yo le lamí el coño... Pasado un tiempo, dejó de mamar, se enderezó y me dijo:
-¡Me corro otra vez!
Lo hizo, se corrió en mi boca, sacudiéndose y jadeando cómo una perra.
Al acabar se sacó de encima. Me arrodillé, cogí mi polla con una mano y su nuca con la otra, se la froté en los labios, abrió la boca y le metí el glande. Me echó la mano a la polla y meneándola me la mamó... No tardé en llenarle la boca de leche, leche que se tragó.
Al acabar de tragar, me dijo:
-Voy a mear.
Cuando volvió traía una botella de aceite en una mano y la manteca y la mantequilla en la otra. Le dije:
-¿Tanta curiosidad tienes?
-Sí, quiero saber saber que siento al correrme dándome por el culo.
-Si te empeñas...
Puso las cosas en la mesita de noche y se echó encima de mí, me besó y me dijo:
-Sí, me empeño, quiero correrme por el culo.
-Correr, si te corres, te correrás por el coño, por el culo no se corre nadie.
-¿Ni los maricones se corren por el culo?
-Los maricones se corren dándole por el culo, que no es lo mismo.
La giré y la puse debajo de mí. Cogí el aceite y le amasé las tetas. Luego le metí el dedo pulgar de la mano derecha dentro del coño y el dedo medio de la izquierda dentro del culo y comencé a meterlos y a sacarlos para hacerle una paja. Albina movía la pelvis para sentir mejor los dedos y se amasaba ella las tetas. Al rato eran dos los dedos que entraban y salían de su culo. El pulgar seguía entrando y saliendo de su coño. Albina se lo estaba pasando en grande, tan bien lo estaba pasando que me dijo lo que tanto me gustaba oír:
-Me voy a correr.
Le quité los dedos del coño y del culo, luego junté tres dedos, se los metí en el culo y se lo follé. Vi cómo su vagina se abría y cómo echaba jugos claritos cuando cerraba. No creí que fuera a correrse tan pronto, pero lo hizo, su culo y su coño comenzaron a pulsar más aprisa y descargó un pequeño torrente de jugos diciendo:
-¡Me corro por el culo!
Era la primera vez que veía un coño correrse. Me puse de un cachondo tan subido que tenía que follarle el culo.
Al acabar de correrse le dije:
-Ponte a cuatro patas.
Se puso, la cogí por la cintura y lamí su ojete repetidas veces, luego se lo lamí y se lo follé con ella hasta que me pidió polla.
-Métemela.
Se la clavé en el coño.
-Ahí no, en el culo.
No la escuché, iba a hacer las cosas a mi manera y a mi manera era follarle el coño despacito. Al tiempo que se lo follaba le eché mano a la manteca y con las manos pringadas con ella le acaricié la espalda, le masajeé el cuello y después le amasé las tetas. A Albina le iba la marcha. Mi lentitud la exasperaba. Apareció su instinto animal y comenzó a follarme echando el culo, pero no de cualquier manera, me follo a lo bestia, como queriendo romper mi polla y cada vez más aprisa..., hasta que se quedó parada y me dijo:
-¡Me corro!
No hacía falta que lo lo hubiera dicho, viéndola sacudirse y sintiendo su coño, estrangular mi polla y luego bañarla, era obvio que se estaba corriendo.
Al acabar la saqué y le pregunté:
-¿Aún quieres que te la meta en el culo?
-Quiero, quiero correrme dándome por el culo.
Unté mi polla con manteca, le eche en el ojete, le metí un dedo, le di vueltas, la agarré por las tetas y le clavé el glande en el culo. Exclamo:
-¡Hostias cómo me llenas!
-Y más que te voy a llenar
Se la fui metiendo despacito, ya que más apretada no podía entrar. Al tenerla en el fondo me quedé quieto y le dije:
-Vuelve a follarme con tu culo.
Esta vez movió el culo de delante hacia atrás y de atrás hacia delante con su cuidado, despacito, muy despacito, era cómo si estuviera pisando huevos, pero en ningún momento se quejó. Al ratito le llené el coño de leche. Me dijo:
-Soy buena follando, ¿a qué sí?
-Eres.
Tuve un buen maestro.
Siguió follándome. A rato largo le empezó a gustar, si es que no le había gustado desde un principio, y digo que le empezó a gustar porque comenzó a gemir y su culo aceleró los movimientos. Vi cómo llevaba una mano al coño y cuando puse mi mano sobre la suya pude notar cómo dos dedos entraban y salían de su coño. De andar cómo pisando huevos pasó a hacer bailar míos... Me los hizo bailar de lo lindo cuando su culo chocaba contra mi cuerpo. Pero quien de verdad bailó fue mi prima, bailo el baile de san Víctor cuando se corrió. La corrida fue brutal, si sería brutal que la dejó sin palabras durante ms de tres minutos. La mía no fue pequeña, pero ni punto de comparación con la suya.
Ya era muy tarde y los dos estábamos cansados, así que después de charlar un rato, me preguntó:
-¿Quieres dormir conmigo?
-Quiero.
Puso su cabeza sobre mi pecho y me dijo:
-Hasta mañana, primo.
-Hasta mañana, Albina.
Por la mañana, cuando desperté y abrí los ojos, vi que me estaba mirando. Sonrió y me dijo:
-¿Desayunamos primero y follamos después o follamos primero y desayunamos más tarde?
No iba a ser ni una cosa ni la otra. Sentimos cómo alguien abría la puerta de la casa y escuchamos la voz de mi tía:
-¡Albina!
Salí de cama y sin recoger mi ropa y en pelotas me fui a mi habitación y me vestí con otra ropa que había traído en la bolsa de mano.
Cuando salimos de nuestras habitaciones ya mi tía estaba en la cama de su habitación. Con ella estaba un enfermero que la había traído en una silla de ruedas.
En fin, que no pudimos follar ni por la mañana ni por la tarde, ya que aunque mi tía estaba en cama con una pierna escayolada, no paraba de llamar a Albina. Que si tráeme esto, que si tráeme aquello... Era pesada cómo ella sola.
Por la noche trabajo le costó a Albina que la dejara ir a la fiesta, y hasta la una, ni un minuto más.
Eran las doce y media del último día de fiesta cuando Albina dejó de bailar con su novio. Vino a mi lado y me dijo:
-Hora de volver para casa.
Nos fuimos. Lejos de las luces, y entre sombras, arrimé a mi prima a un muro, la cogí por la cintura y la besé con lengua. Se bajó las bragas y me sacó la polla, la puso en la entrada del coño y se la clavé hasta las trancas. Me echó los brazos al cuello, la cogí por las nalgas y la levanté en alto en peso. No me pesaba nada, y era porque el muro tenía un saliente y su culo se había sentado en él. Le di a romper hasta que me susurró al oído:
-Me voy a correr, córrete conmigo.
Paré de follarla.
-Podías quedar preñada.
-¿No decías que estabas enamorado de mí? Demuéstramelo.
Le di de nuevo a romper. En segundos dijo:
-¡Me corro, me corro, me corro!
Me corrí con Albina, no solo porque estuviera enamorado de ella, sino porque además la adoraba.
Quedó preñada, pero la muy falsa se casó con el gordo cabrón.
Quique.





