Albina, virgen, pue...
 
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Vaciar todo

Albina, virgen, pueblerina, tetona y divina

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José
(@quique)
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Registrado: hace 7 años
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Eran las cuatro  de una endiablada tarde de calor del mes de agosto. En la aldea celebraban las fiestas de san Roque. La plaza estaba engalanada con banderitas y con un alumbrado rudimentario que constaba de unas cien bombillas colgadas de cables. También tenía un palco donde tocaban las orquestas y la banda de música. En ese momento estaban en él los de la comisión de fiestas con la subasta. Subastaban gallos, gallinas, conejos, cajas de espigas de maíz, sacos de patatas... Subastaban todo lo que les habían donado los vecinos para recaudar dinero para la fiesta del año siguiente. Era todo muy festivo, pues algunos, resguardados del sol bajo los toldos y bebiendo vino,  pagaban hasta diez veces el valor de lo que ellos mismos habían donado. Quienes no parecían sentir el calor eran los niños que correteaban de un lado al otro.

En aquellos tiempos yo era un joven de dieciséis años, moreno, de pelo largo, de estatura normal y macizo. Caminaba por la plaza con una bolsa de deportes en la mano, una visera en la cabeza, una camiseta sin mangas, unos vaqueros ajustados en los que marcaba paquete y calzaba unos tenis azules.  Iba a casa de mi tía Ramona, invitado a pasar las fiestas.

La puerta de la casa de mi tía estaba entreabierta. Entré sin llamar y la cerré. Me llegó un olor a cordero asado que aumentó mi apetito. Al llegar a la sala vi a mi prima Albina dormida en un sillón. Estaba con la cabeza ladeada hacia la izquierda, recostada hacia atrás y con las piernas abiertas. Tenía la falda subida y la blusa con varios botones desabrochados para que le llegara el fresco que venía de un ventilador. Me quedé mirando para sus piernas morenas y para sus grandes tetas, tetas que parecían querer reventar el sujetador blanco. Debí hacer algún ruido porque mi prima se despertó. Al verme mirando para sus tetas, bajó la falda, se sentó en el sillón, abrochó dos botones, se levantó, sonrió y me dijo:

-Vienes luciendo tipito.

El recibimiento había sido de lo más frío, le dije:

-Traigo esta camiseta porque hace mucho calor.

Me miró para el paquete, pero cambió de tema.

-Te esperé para comer, pero cómo no llegabas comí yo sola.

-Perdí el tren de las once. ¿Y tu madre?

Volvió a sentarse en el sillón.

-En el hospital. Mañana le dan el alta.

-¿Qué le pasó?

-Se rompió una pierna.

-Vaya.

-¿Vaya? Vaya pájaro que está hecho.

Lo decía porque le quedaron tres botones sin abrochar y yo no le quitaba los ojos de las tetas, pero haciendo que no la había entendido, le pregunté:

-¿Qué decías, prima?

-Que te gustan demasiado tetas, Quique.

Estuve a punto de decirle que a ella también le gustaba mi paquete, por eso se me cruzaron las ideas y le dije:

-Gustan -me di cuenta de que había metido la pata-. No, quise decir...

-Calla, que estás más guapo, callado. ¿Has comido?

-No.

-Lleva la bolsa a tu habitación que te voy a calentar la comida. ¿Quieres cordero o conejo?

Por querer, quería comer su conejo, pero le dije:

-Ponme de ambos. 

Fui a dejar la bolsa en la habitación. Sabía cual era porque ya había dormido en esa casa varias de veces. Poco después estaba comiendo cordero y conejo y bebiendo vino. Mi prima, que me acompañaba bebiendo un vaso de vino tinto,  me preguntó:

-¿Cómo te va en el instituto?

Albina seguía con los tres botones fuera de los ojales y me enseñaba más de lo debido, mirándole para las tetas, le respondí:

-Acabé el bachiller elemental.

Parecía que le estaba gustando que le mirara para las tetas, pues en vez de taparse me preguntó:

-¿Tienes novia?

-No. ¿Por qué lo preguntas?

-Porque otra vez estás comiendo mis tetas con la vista. Aún eres virgen. ¿A que sí?

-No, ya no soy virgen, y si no tengo novia es porque la única novia que quiero tener eres  tú. Sigo enamorado de ti.

-Tú estás enamorado de mis tetas.

-Tus tetas ayudaron a que me enamorara de ti.

-Creo que fui muy clara cuando me lo dijiste por primera vez.

-Entonces yo tenía trece años y tú dieciséis.

-Seguimos siendo primos carnales.

-¿Y?

-Y parece que no lo das entendido, ya que llevas tres años dándome la brasa con tus cartitas y tus fotitos.

-Cartas a las que no me respondiste.

-Si te hubiese respondido sería para ponerte en tu sitio. ¿Desde cuándo se mandan fotos medio desnudo?

-Eran con la indumentaria de mi equipo de fútbol.

-Y sin camiseta. ¿Qué querías que viera?

-Como iba cambiando.

-La última, la que estás sin camiseta en la que coges con la mano la polla empalmada, ¿también era para que supera cómo ibas cambiando?  

-La cojo por encima del pantalón de deporte. En esa habíamos ganado una copa y estábamos contentos.

-No me has respondido.

-Sí.

-Sí se la llego a enseñar a mi novio...

-¿Es muy fuerte?

-No es fuerte, pero tiene muchos amigos. Por cierto, ¿Quién te hacía las fotos?

-El entrenador.

-Pero las fotos hay que revelarlas y eso cuesta dinero.

-También es fotógrafo. ¿Te han valido para algo?

Pilló la indirecta a la primera.

-Por lo que se ve ya no te chupas el dedo.

-Hace tiempo que chupo otras cosas.

-¿Qué cosas?

 -Cosas. Me voy a dar una vuelta.

-Espera.

Me detuve, se puso detrás de mí, me tapó los ojos con las manos y me preguntó:

-¿Qué llevo puesto?

-Una blusa banca, una falda gris que te da por debajo de las rodillas y calzas unos zapatos marrones con muy poco tacón.

-¿Y cómo me has visto hoy?

-¿Cuándo entré en la casa?

-No, después de arreglar mi ropa.

-Divina. Rizaste tu largo cabello negro. Te pintaste las uñas y los labios de rojo, llevas unas sombras azules en tus bellos ojos de color avellana y en las orejas unos aros de plata.

-Aún va a resultar que te gusto más que por mis tetas.

-Me gustas porque eres preciosa.

-Y por mis tetas.

-Y por tus tetas. ¿Algo más?

-No, vete a hacer lo que quieras.

Me di una vuelta por la aldea. Mientras hablaba con mis conocidos, con los quedé de encontrarme en la verbena, vi pasar a los gaiteros tocando las gaitas, sentí el ruido de las bombas y vi correr a niños y niñas hacia donde cayera la caña de la bomba. Al ratito, alguno de ellos volvía con la caña en la mano con una cara de felicidad que parecía que había encontrado un tesoro.

Eran las nueve de la noche cuando empezó a tocar una de las dos orquestas que iban a amenizar la verbena. Ya acabáramos de cenar. Albina, sentada a la mesa del comedor, se mandó un trago de vino tinto. Le bajó por mal sitio, le dio la tos y gran parte del vino le cayó sobre su blusa blanca y sobre las tetas. Sentado enfrente de ella, le dije:

-Te has puesto perdida.

-Sí, voy a cambiarme.

Albina se fue a su habitación. Allí se puso una camiseta azul, apretada y con un tremendo escote. Volvió a sentarse a la mesa. Salivé al ver parte de sus tetas y los gordos pezones marcados en la camiseta. Se lo tenía que decir y se lo dije.

-Estás buenísima.

-Eso dice mi novio.

-Lo dirá, pero es tonto.

-De tonto no tiene nada.

-Es tonto, y tonto de capirote, si fuera listo ya te hubiera follado.

-Para eso tendría que dejarle.

-Si yo fuera novio tuyo ya hubieras caído.

-Ni modo de que hubiera caído en tus redes.

-¿Qué no ?

-No.

-Pues yo digo que sí.

Se mofó de mí.

-Ilústreme, don Juan. ¿Cómo me seduciría?

-Bailando.

Me miró raro.

-A ti se te fue la olla.

-¿Bailamos?

-¡¿Aquí?!

-En la verbena no podría calentarte.

-No, te calentaría a ti mi novio y sus amigos.

-¿Bailamos?

-No.

-¿Tiene miedo de que seduzca?

-A mí no me mete miedo nada.

El vocalista de la orquesta estaba con un vals a vueltas y un vals nos pusimos a bailar. Al hacerlo las tetas de Albina se movían dulcemente. Se las volví a mirar y me excité, y al excitarse un hombre ya se sabe lo que pasa, que se le nota en la entrepierna. Al acabar de bailar, mi prima vio cómo estaba de empalmado y me dijo: 

-¡Joder! ¿Cómo estarías si hubiésemos bailado un agarrado?

-Estaría igual, supongo.

-¿Supones? 

-Sí, bailemos un agarrado y salgamos de dudas.

-Si están tocando una ranchera.

-Las rancheras se bailan cómo uno quiera. ¿O tienes miedo de que la cosa llegue más lejos?

-Ya te he dicho que a mí no me mete miedo nada. Bailemos un agarrado.

Me echó las manos a la cintura. Le eché las manos a culo y la apreté contra mí. Pegado a mi prima estaba en la gloria. Le dije con muy poca sutileza.

-Se me está poniendo aún más dura.

-La noto. 

-¿Te gusta sentirla?

-No te voy a responder.

Eso era un sí. Busqué su boca y giró la cabeza.

-No te pases de la raya.

Como seguía con las manos en mi cintura, le besé el cuello, se lo lamí y se lo chupé.

-Te estás pasando.

Giró la cabeza hacia el otro lado. Le volví a besar el cuello, a lamérselo y a chupárselo.

-¡Qué pesado eres!

Cuando volvió a girar la cabeza ya lo hizo lentamente, tan lentamente que sus labios se rozaron con los míos y la besé con lengua. Colorada cómo una grana me dijo:

-Eres un cerdo.

-¿Tú novio no te  besa con lengua?

-Mi novio no es un perro.

-Lo dicho, es tonto, tonto de remate.

La volví a besar y esta vez dejó que el beso fuese más largo.

Se acabó la canción, deje de besarla, me miró y me dijo:

-No puedo negar que lo de la lengua me has calentado.

Le entré a saco.

-Pues echemos un polvo.

Se empezó a dar.

-Soy una chica decente.

-Cuéntame algo que no sepa.

-No me gustas

-Eso no me lo creería ni harto de vino..

Frote mi polla contra su coño.

-Estate quieto.

-Anímate.

-Es que nunca lo hice.

La volví a besar con lengua.

-Para todo hay una primera vez.

Supe que la iba a follar cuando me dijo:

-La verdad es que tengo muchas ganas. 

-Pues hagámoslo.

-Podría quedar preñada.

-Para eso tendría que correrme dentro.

La volví a besar, apreté mi polla contra su coño. Bailando froté polla contra su coño y acabé con su resistencia. 

-Prométeme una cosa, Quique.

-¿Qué quieres qué te prometa?

-Prométeme que el polvo será un secreto que quedará entre nosotros.

-Prometido.

Besé su boca, besé, lamí y chupé su cuello, besé y lamí los lóbulos de las orejas y le susurré al oído.

-Eres un sueño hecho mujer.

Luego le quité la camiseta. Dos enormes tetas con areolas oscuras y tremendos pezones quedaron al aire. Se las cogí por debajo y amasándolas le lamí y chupé las areolas, después lamí y chupé los pezones... Estuve un buen rato devorándole las tetas. Después le quité los zapatos, la falda y las bragas. ¡Cómo estaban de mojadas aquellas bragas! Encharcadas estaban. Abrí con dos dedos su coño peludo y lamí de abajo a arriba seis o siete veces, chupé su clítoris y Albina dijo de manera casi imperceptible:

-Me corro.

El orgasmo fue tan potente que sus piernas comenzaron a temblar una cosa mala y ni sujetándola pude evitar que acabara con el culo en el piso del comedor.

Al recuperarse me dijo:

-Dame una mano y ayúdame a levantarme.

La ayudé a levantarse. Al estar en pie me dijo:

-Desnúdate que quiero ver si la tienes cómo yo pensaba.

-¿Es qué has pensado en mi polla? 

No me respondió a la pregunta.

 -Desnúdate.

-Desnúdame tú.

-¿Quieres que te desnude cómo me desnudaste tú a mí?

-Si.

Me dio un beso con lengua. Me quitó la camiseta, me compuso el cabello y me volvió a besar, luego acarició mi pecho con las palmas de sus manos y después chupó mis mamilas. Se agachó y me quitó los tenis y los calcetines, me abrió la hebilla el cinturón y me bajo la cremallera, a continuación me bajó el pantalón y los calzoncillos hasta las rodillas. La polla quedo tiesa delante de su boca, le dio un beso en el glande.

-Es más grande y más gorda de lo que yo imaginé.

 Acabó de quitarme el pantalón y los calzoncillos. Se puso en pie y me preguntó:

-¿Lo hice bien?

-Lo has hecho tan bien que hacerlo mejor sería imposible.

-Bailemos otra vez.

Al cogerla por la cintura, cogió mi polla empalmada, la metió entre sus piernas, me dio un beso y me dijo:

-Métela con cuidado.

Me agaché un poco. Se la puse en la entrada de la vagina, empujé y entró la cabeza más apretada que un palillo en el culo de una aguja. Despacito, se la clave hasta el fondo. Al tenerla toda dentro comenzamos a bailar. No sé que cantaba el vocalista. No oía la música. Estaba cómo volando con la sensación que me producía mi polla enterrada en lo más profundo de su coño. Tampoco puedo recordar el tiempo que estuvimos casi sin movernos bailando encima de una baldosa. Lo que si puedo decir es que vi cómo echaba la cabeza hacia atrás y cómo gemía. Luego sentí su coño apretar y soltar mi polla, al tiempo que la bañaba con una corrida calentita. A duras penas me aguanté. Era tremendamente sensual lo que estaba viendo y sintiendo, pero me aguanté hasta que acabó de correrse, luego la saqué y me corrí en su vientre mientras mi prima me besaba con dulzura.

Al acabar me dijo:

-Quiero saber más cosas.

-Estoy a tu servicio para lo que sea.

Cogidos de la mano, fuimos hasta su habitación. Me empujó sobre la cama y después se echó boca abajo entre mis piernas. Con su boca a pocos centímetros de mi polla, dijo:

-Hazte una paja.

Me dejó a cuadros.

-¡¿Qué?!

-Que te hagas una paja. Quiero saber cómo la hacéis los hombres.

-No me jodas, Albina.

-Si quieres follarme otra vez tienes que saciar mi curiosidad.

Planteado así ya era otra cosa. Empuñé la polla y mirando para mi prima la machaqué tres o cuatro minutos. Al correrme, Albina esperó a que bajara la leche por la polla abajo. Me pasó la yema de un dedo por el meato, lo levó a la lengua, probó la leche, sonrió, y dijo:

-Me estoy volviendo tan guarra cómo tú.

-Aún no te comí el culo para llamarme guarro.

-¡¿Comerme qué?!

-El culo. ¿Quieres correrte comiéndotelo?

Se echó a reír y luego dijo:

-¡Hay que risa tía Marisa!

-¿Quieres correrte o no?

Se me quedó mirando con cara de incrédula.

-¡¿Estás hablando en serio?!

-Muy en serio. Ponte boca abajo.

-Estás loco.

-Por ti. Ponte boca abajo.

-Mira que me pongo. Yo para estas cosas soy muy curiosa.

-Ya estás tardando.

Se puso boca abajo. Le besé y le lamí la nuca, luego baje besando y lamiendo por su espalda. Llegué al coxis, se lo besé y después recorrí sus nalgas con mi lengua. Le levanté el culo y le pasé la lengua por la raja, después metí y saque la lengua de su ojete. Estaba callada cómo una muda. Mojé en la lengua la yema del dedo pulgar y le acaricié el ojete con ella, después le metí la mitad del dedo dentro y le follé el culo con él. Cuando le quité el dedo del ojete y le metí y saqué la lengua de nuevo, soltó un gemido que me hizo latir la polla. Seguí metiendo y sacando la lengua del ojete. Albina me dijo:

-Si sigues haciendo eso me corro.

Le cogí una mano y se la llevé al coño. Mi prima acarició su clítoris con tres dedos. Le eché las manos a las tetas y con la punta de la lengua le follé el ojete más aprisa. Al ratito me dijo:

-¡Me corro, Quique, me corro!

Albina se corrió, y cómo era costumbre en ella, lo hizo convulsionándose. 

Al acabar quedó boca abajo tirando del aliento. Cuando pudo se dio la vuelta y me dijo:

-Quiero aprender más cosas.

Tenté mi suerte.

-¿Quieres aprender a mamar una polla?

-Quiero, enséñame.

Todo me salía a pedir de boca. Le puse la polla en los labios y le dije:

-Es muy fácil, solo tienes que lamerla y chupar cómo lames y chupas tus dedos después de haberte corrido con ellos.

-¿Y tú cómo sabes que hago eso?

-Lo imaginaba.

-Joder, pareces brujo.

Me agarró la polla con la mano, la metió casi toda en la boca y la chupó.

-¿Así?

-Sí. Ahora sacúdela, después lámela y luego hazlo todo junto.

Viendo cómo pasaba la lengua por mi polla, viendo cómo la mamaba y viendo cómo me la pelaba v cómo me miraba a los ojos para saber si lo estaba haciendo bien me fui poniendo malo. Al final mis ojos me delataron. Albina me dijo:

-¡¿Ya te vas a correr?!

-Ya.

- ¡La hostia! ¡¡Qué buena soy mamando!!

El primer chorro le cayó en los labios. Sacó la lengua, lamió la leche y después metió la polla en la boca y se tragó el resto de la corrida.

Cuando acabé, mi prima tenía una cara de felicidad que parecía que se había corrido ella. Tenía que devolverle el favor.

-Ábrete de piernas que te voy a sacar una corrida grande cómo un mundo.

Se anotó al momento.

-¡A sus ordenes, maestro!

Se abrió de piernas. Yo hice que flexionara las rodillas. Besé y lamí desde ellas, primero por el interior de su muslo derecho hasta llegar al coño, luego lo hice por el izquierdo. Para acto seguido rozar su clítoris con la punta de mi lengua. Me preguntó:

-¿Con quién has aprendido a hacer estas cosas?

-Un poco con una y un poco con otra.

Mis manos acariciaron sus tetas. Mi lengua, plana, se deslizó de la base de su coño hasta el clítoris lentamente durante un par de minutos. Luego dejé de magrear sus tetas, le levanté el culo con las dos manos y lamí desde el ojete al clítoris. Cuando empezó a gemir lamí más aprisa, y cuando vi que se iba a correr lamí lentamente de nuevo... No una vez, lo hice durante más de cinco minutos. Mi prima desesperaba. Llegó un momento que no pudo aguantar más. Cogió mi la cabeza y frotó el coño contra mi lengua moviendo la pelvis alrededor, hacia los lados, de abajo arriba y de arriba a abajo hasta que se corrió a chorros, se corrió diciendo:

-¡Me matas, Quique, me matas!

Se estaba matando ella sola. ¡Y cómo me gustó que lo hiciera!

Ni que decir tiene que yo estaba empalmado y con ganas de volver a meter. Al acabar de correrse, le dije:

-¿Quieres aprender a follar a un hombre?

-Sí.

-Móntame.

Mi prima me montó.

-¿Y ahora qué?

-Ahora fóllame cómo follas a un hombre en tus pajas. 

Albina cogió la polla, la llevó a coño y la clavó de un viaje. Con toda la polla dentro y follándome muy lentamente, me besó con lengua, luego me dio las tetas a mamar, más tarde se enderezó, puso sus manos sobre mi pecho y mirándome a los ojos, comenzó acelerar sus movimientos de culo.

-Así te follé en mis pajas, sin lengua, pero así.

-¿De verdad?

-Sí, la última foto me excitó.

Su culo comenzó a volar y sus tetas volaron con él. En nada, me dijo: 

-Me voy a correr, me voy a correr.

-Para.

Paró y me preguntó:

-¿Te ibas a correr?

-No. Saca la polla del coño. Chúpala. No te tragues tus jugos. Bésame y después pon tu coño en mi boca.

-¿Quieres que me corra en tu boca?

-Quiero.

Al sacar la polla pringada de jugos vi cómo goteaba su coño. Luego me la chupó y dijo:

-¡Qué rica está bañada con mis fluidos!

Después me besó con lengua, se la chupé y me tragué sus jugos. Cuando puso el coño en mi boca le enterré la lengua en la vagina. Me dijo:

-¡Qué gusto más rico!

Moviendo su culo me folló la lengua y en nada se corrió diciendo:.

-¡¡Qué corrida!!

Al acabar de correrse se quitó de encima, se echó boca arriba y se abanicó con una mano. Sonreía cuando me eché encima de ella. Se la clavé de una estocada, le cerré las piernas, pase las mías por fuera y le di a romper mirándola a los ojos. Poco tardó en clavarme las uñas en la aspada y en decir:

-¡¡Me corro!!

Se estaba corriendo cuando me vino a mí. La saqué y me corrí en sus tetas.

Poco más tarde, se lavó, se cambió de ropa y nos fuimos a la fiesta. A mí me estaba esperando unos conocidos y a Albina la estaba esperando su novio, un tipo bajo de estatura y gordo, pero hijo de ricos, bueno, ricos en tierras, casas y en animales.

Pasé la noche bailando con unas y con otras. Ninguna le decía que no al chico de ciudad. Todo fue bien hasta que a altas horas de la madrugada la orquesta comenzó con las canciones lentas. Estaba bailando con una chica, una de estas canciones, cuando la joven puso su cabeza sobre mi hombro. Yo le apreté el culo. Mi prima estaba bailando con su novio a nuestro lado. Vio la jugada y me echó una mirada de esas que matan. Nada más acabar el baile, muy seria, me dio la llave de la casa y me dijo:

-Yo ya me voy. No hagas ruido cuando llegues a casa.

Se fue con su novio. Pensé que iban a follar, pero al rato vi al novio tomando un vino en uno de los toldos. Diez minutos más tarde volví yo a casa. Abrí la puerta. Estaba todo a oscuras, por eso no la vi, pero la iba a sentir. ¡Vaya si la sentí! La mano de mi prima cogió mi polla y mis huevos. Sus tetas me empujaron contra la puerta y me dijo:

-¡Esto es solamente mío!

Me di la vuelta, le eché las manos al coño y a las tetas y le pregunté:

-¿Y esto es únicamente mío?

-Sí.

-¿Vamos para tu cama y hacemos un 69?

-¡¿69?! ¿No serán muchas veces, Quique?

Tenía mucho que aprenderle.

Quique.

 

 

 

 

 

 

 



   
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