Amor en Guerra (3)
 
Notificaciones
Vaciar todo

Amor en Guerra (3)

2 Respuestas
2 Usuarios/as
1 Reacciones
1,749 Visitas
(@paco-martin)
Nuevo miembro Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 4
Iniciador del debate   [#566]

Que Marta, mi prima, me hubiera hecho una paja, más que eso, una mamada, que me hubiera llevado al mayor placer, que se hubiera llenado de mi leche, que la hubiera compartido conmigo en un muerdo, era algo que me hizo crecer, de golpe. Me hizo madurar. Yo creo que en ese acto, en ese orgasmo, abandoné definitivamente lo que de niño aún conservara.Daba por sentado que, a partir de ahí, las cosas con Marta se mantendrían. Pues no. Mi prima, cuando me visitaba en la habitación, porque aún estaba yo encamado, aunque muy recuperado, mostraba la misma actitud de antes de masturbarme, de antes del juego de cosquillas, es decir, jugaba conmigo a las cartas, hablaba conmigo, comentaba acontecimientos de todo tipo, me aconsejaba sobre visitas culturales que debía realizar, pero no mostraba el menor acercamiento que motivara repetir lo pasado y que era, por otro lado, lo que yo tanto quería, esperaba y necesitaba.

Tampoco yo sabía como superar ese escollo, mandarle señales de esas de “eh, que quiero que me toques, que mi polla te está esperando, que me gustó mucho como me la chupaste el otro día”. No sabía. Y en cada visita el calentón era evidente. Y ella debía de saberlo, debía de suponerlo. Debía de observarlo, pero no hacía nada ni por comprobarlo, ni por solucionarlo.

Fui osado, no me quedaba otra. Y tampoco tenía mucho que perder, la verdad. Al toro había que cogerlo por los cuernos

- Marta lo del otro día me gustó mucho…

Mi prima soltó una carcajada, como no podía ser menos, y me revolvió el pelo

- Qué jodío… ya me lo imagino, Paco, pero fue un error, me dejé ir, que no sé que me pasó, pero no podemos hacerlo...no debemos hacerlo

- Pero por qué…?

- Ay, mi niño… por qué?...quizás porque tengo novio?, porque somos familia?, porque soy mucho más mayor que tú?, porque no está bien?

Me sentí roto por dentro. Una lágrima me cayó, mejilla abajo, sin poder evitarlo. Era dolor. Incomprensión también. Marta me rodeó con sus brazos y me atrajo hasta ella, de tal forma que mi cara ladeada se apoyaba en su pecho, que notaba duro, pero confortable. No pude evitarlo y mi mano atrapó una de sus tetas. La cubría completamente. Noté en mi palma el pezón, medio erecto

- Que no, Paco...que no puede ser…

Se levantó y ahora sí se dirigió hacia la puerta. No miró hacia atrás. No se despidió. Salió y encaminó sus pasos hacia el interior de la casa, donde estaba el salón. Oía, desde mi cama, el ruido de sus tacones, al contacto con la tarima, perder fuerza. Marta me había dejado allí desolado, abatido y cachondo.

Al poco entró en el cuarto Chelo con un vaso de leche fría. Pudo ver mi cara, los restos de mis lágrima. Pudo verme agarrado a la almohada, como queriendo buscar alguna protección

- Qué te pasa, Paco...estás bien?

Ni contesté siquiera. Chelo se sentó en el borde de la cama, en el mismo sitio donde minutos antes había estado Marta.

- Anda, tómate el vaso de leche…

Yo mantenía mi postura, sin moverme. Chelo, dejando el vaso en la mesita, me cogió del hombro para darme la vuelta. Me resistí un poco, pero cedí cuando noté mayor fuerza de sus manos.

- Pero qué te pasa…?, no estabas con Marta…?, habéis discutido?

- No, no me pasa nada

- Has estado llorando...te duele algo?

- Que no, que estoy bien..

No sé que hizo Chelo que bajó la mano, probablemente para colocarme la sábana, y se topó con la dureza de mi polla. Como el día anterior con mi prima su primera reacción fue de sorpresa, pero fueron una décimas de segundo, que luego continuó con su arreglo y no dijo nada más. Se volvió a sentar en la cama. Me dio el vaso con la leche y, cuando lo tomé, en un gestor maternal, me pasó una servilleta por los labios, para quitarme los restos. Su mirada fue a mi entrepierna, que lo noté. Se apreciaba el bulto, la erección. Entonces Chelo si me miró a los ojos, con una sonrisa incipiente

- Ya vas siendo mayor, tienes que ser fuerte y te haya pasado lo que haya sido, olvidarlo

Chelo también me abrazo y me atrajo hacia ella, hacia su pecho, que era infinitamente más voluminoso que el de mi prima, pero más blando, bastante más. Notaba en mi cara esas mamas opulenta. Me besaba el pelo, me pasaba la mano por la cara, para consolarme. Pero mi erección cada vez era más salvaje y me mantenía en un nerviosismo dificil de apaciaguar.

A Marta le había tocado la teta por encima del vestido, se había levantado y se había ido. Si le tocaba el pecho a Chelo igualmente se iría, hasta se enfandaría y lo mismo montaba un escándalo y se lo dijera a mi tía, pero es que me daba igual, que estaba caliente hasta quemar y no era precisamente por la fiebre.

Chelo me mantenía en su abrazo, me daba besos en el pelo, como he dicho, y yo metí mi mano por el escote del uniforme negro. Con rapidez llegué hasta tu sujetador, que sorteé y pude notar el tacto de su pecho y su pezón que sobaba torpemente y que de manera inmediata tomó volumen y se hizo grande, como un garbanzo

- Paco, pero qué haces…?

Que me daba lo mismo, que yo seguía pellizcando el pezón, que llevé mi boca a su otro pecho para besarlo, pareciendo que era un crío con ganas de ser amamantado

- Paco, por favor...que no puedes hacerme esto…

Conforme su pezón adquiría tamaño, conforme mi boca se encontraba marcándole un rodal de saliva en la tela del uniforme, la respiración de Chelo se agitaba y su mano, que acariciaba mi cara lo hacía ahora de manera más sutil, pero mucho más sentida y eficiente

- Paco, Paco...que no puedes hacer esto...que no puedes...no ahora...que está Sita, tu tía y tu prima por ahí...Paco…

Es que me lo decía todo eso en una especie de jadeo, en un susurro, que era como decir “si estuviéramos solos te ibas a enterar, cabrón, que me estas poniendo cachonda”.

Se levantó, como había hecho Marta, y se iba a ir, al igual que ella, pero con la diferencia que antes de abrir la puerta se dio la vuelta y me dijo

- Tranquilízate un poco, anda...que luego, antes de irme vengo a verte

Estaba claro que no se sentía especialmente molesta por lo que la había hecho, que no estaba enfadada y, mucho menos, iba a montar ningún escándalo, ni a decírselo a nadie.

Cuando creía que ya estaba todo dicho y terminado y que iba a salir del cuarto definitivamente, Chelo dijo algo más: “...y no te toques, procura no tocarte...”

No sabía como interpretar esas últimas palabras, si es que quería decirme algo muy concreto, si es que me veía tan desesperado que interpretara que masturbarme sería la conclusión lógica a lo sucedido, si es que me quería ayudar después. No sabía. Intenté tranquilizarme, sin tocarme para nada, tal y como me había dicho, casi ordenado, Chelo. Y me quedó dormido.

Me desperté con hambre. Cuando abrí los ojos vi a Sita guardando en el grandísimo armario algunas cosas, camisas y toallas. Me preguntó qué tal me encontraba y le dije que bastante mejor, que como no tenía fiebre me iba a levantar, a lo que ella me dijo que no lo hiciera hasta que mi tía Paqui me lo indicara. Al salir me dijo que me traería la comida, que me la llevaban en una bandeja.

Cuando esperaba a Sita con la comida, fue Chelo quien entró nuevamente, portando en sus manos una bandeja con un plato de lentejas que echaba mucho humo, un vaso con agua y un plátano, una servilleta blanca y una cuchara.

Creí que iba a hacer lo mismo que acostumbraba Sita, es decir, dejarme en las piernas la bandeja, sacando unos soportes para convertirla en una especie de mesita, pero no. Chelo lo que hizo fue dejarla en la cama, coger el plato y la cuchara y darme ella de comer, como si fuera un niño chico, mientras me hablaba muy bajito, como no queriendo que nadie la oyera

- Estás más tranquilo que esta mañana?

- Sí, algo más

- Mejor, porque…

- Qué?

- Que menudo empalme tenías...de asustar

- Ya

- Me hiciste caso?, te has tocado?

- No

Chelo sonrió ante mi negativa, como satisfecha. Cuando terminó de darme de comer, me limpió con la servilleta. Se comportaba como si hubiera dado de comer a un niño pequeño. Y después de limpiarme con ese trapo, pasó su dedo gordo por la comisura de mis labios, luego por toda su amplitud. Me salió de natural, abrí la boca y cogí del dedo, metiéndolo en mi boca, chupándolo, casi como mi prima lo había hecho con mi polla el día anterior.

Chelo no dejaba de clavar su mirada en mi, aunque en un momento cerró sus ojos, se mordió el labio

- Qué malo eres, Paco

Negué con la cabeza sin dejar de chupar ese dedo, supongo que, inconscientemente, también yo estaba asumiendo el papel de pequeño que me daba Chelo

- Sí, si lo eres…

Chelo metió su mano por debajo de la sábana, notó mi polla erecta

- Estás como esta mañana y tienes que dormir la siesta, que tu tía y Sita se van a ir

Me avisaba que cabía la posibilidad de estar solos, aunque de mi prima no había dicho nada. Se levantó y cerró la contraventana de madera, para que la luz del sol no accediera desde la calle. La habitación se quedó a oscuras. Chelo se acercó a la cama, recogió la bandeja y al oído me susurró: “duérmete si quieres, que luego ya vendré a despertarte...”

No, no pude dormir. Cómo iba a poder hacerlo si estaba cachondísimo, si lo que quería era terminar ese suplicio, con el que llevaba desde la mañana?. Que parecía que Marta y Chelo se habían puesto de acuerdo. Tuve que hacer esfuerzos increíbles para no hacerme una paja y no concluir el calvario. Pero lo conseguí. Escuché la puerta principal cerrarse, eso me pareció desde la cama, pero debió de ser imaginaciones mías, o Chelo no volvía. Seguí esperando. El sueño me venció, a pesar del nerviosismo. Me despertaron unas manos tocándome el pecho. Tenía la chaquetilla del pijama totalmente abierta. Abrí los ojos y vi a Chelo sentada, contemplándome

- Has dormido?

- Sí, debí de quedarme traspuesto

- Sigues alterado?

No esperó respuesta, su mano se fue a por mi polla, que no estaba dura, pero si morcillona. Con sus caricias en seguida la puso en condiciones

- Joder qué polla tienes…

- Hazme algo, lo que sea…

Estaba que no aguantaba más, no podía soportar tanta tensión. Era imposible

- Claro que sí, mi rey, te voy a dar mucho gustito...pero tú también me lo tienes que dar a mi, que llevo mucho tiempo sola…

Chelo ya me pajeaba pero no rápido, sino de manera ralentizada, con delicadez extrema, pasando un dedo por mi capullo, en círculos

- Has follado alguna vez, Paco?

- No, nunca

- Pero pajas si te haces, verdad?

- Alguna, sí

- Pues hoy la vas a meter en calentito, ya verás como te gusta

- Estamos solos?

- Sí, al final Marta se ha ido también con tu tía y con Sita...pensaba hacerte una pajita nada más, pero podemos aprovechar…

La mano ya se movía a mayor ritmo. Me había quitado la sábana de encima y se veía mi falo completamente empinado. Como estaba sentada Chelo me permitía adentrarme por debajo de la falda del vestido del uniforme, y fue lo que hice. Llegué hasta su ingles, y moví los dedos esperando toparme con la tela de sus bragas, pero no las tenía. Se las debió quitar antes de entrar a la habitación. Asi que toqué su clítoris e introduje dos dedos en su raja. Ese movimiento hizo que Chelo bajara su cabeza y se metiera el rabo en su boca, pero advirtiéndome previamente “no te vayas a correr, solo quiero mojártela un poquito”. Me gustó más la mamada de Marta, más pausada y tranquila, Chelo la chupaba casi con desesperación y haciendo mucho ruido. Aún así me estaba dando un gusto enorme.

Cuando ella lo consideró oportuno dejó de chupar, se levantó la falda y entonces pude ver su impresionante mata de pelo y su coño de labios muy gordos. Se subió encima de mi y, cogiendo mi polla, se la introdujo ella misma.

- Me parece que me vas a dar mucho gusto, cabrón…

Empezó a moverse de un lado a otro, para atrás y hacia adelante. Yo estaba en la gloria, sentía el calor del interior de ese chocho, tan mojado. Chelo no dejaba de moverse y yo la imité, no sé si torpemente, empujando hacia arriba

- La tengo clavada hasta los huevos, joder...que gusto me das...siiii...haz que me corra...ahhhh...ahhhhh...hostiaaaasss...que gusto, mi rey…

Tal como estaba no dejaba de tocarle las tetas por encima del vestido. Chelo me leyó el pensamiento y se lo desabrochó. Extrajo de su sujetador dos impresionantes pechos con areolas muy oscuras y grandes y pezones muy de punta, impresionantes

- Te gustan, verdad?...cómetelas...muerde mis pezones, mamón…

Eso hice, lo que la alteró aún más. Gemía de manera repetida. Algunas cosas de las que decía ni las llegaba a entender, porque yo también estaba a lo mío, disfrutando de sus tetas y del roce de mi polla dentro de su coño

- Ayyyyy...ayyyyy...siiiiiii...que me corro...que me voy a correr...Diossssss…dame tu leche, dámela aunque me preñes, joderrrrr...dame lecheeeeee..aaaaahhhh...ahhhh...me corroooooooo…..

Era la primera vez que una mujer se corría conmigo, para mí, por mí. El placer era indescriptible. Y yo, un adolescente medio enfermizo, me portaba como un auténtico hombre, aun sin terminar. Chelo se fue apaciguando poco a poco. Yo resoplaba, algo cansado

- No te has corrido aún, eres todo un hombre ya...pero voy a hacer que termines y me des lo que es mío.

Chelo se descabalgó y se metió mi polla en la boca, retomando la mamada anterior. Pero yo no quería eso, que terminar en la boca ya lo conocía, que lo que quería era irme follando. Le dije que se la quería meter

- Quieres que me suba o prefieres ponerte encima?

Le dije que ahora era yo quien la quería dar polla, no sentirme follado. Cambiamos la posición, de tal forma que Chelo se acostó en la cama, con las piernas abiertas, el vestido a medio abrir, y flexionó sus rodillas, abriendo un ángulo ideal para que me colocara en medio y la entrara, cosa que hice. Nadie me había enseñado lo que tenía que hacer, ni siquiera sabía si lo haría bien, pero empecé a moverme con muchísimo vigor, a entrar y salir de esa cueva, a notar como todo se me empezaba a nublar y como el líquido blanquecino amenazaba con salir. Al oído le dije a Chelo que estaba a punto de correrme, y, contra lo que había dicho antes, me gritó casi que no lo hiciera adentro, que la sacara. Aguanté hasta el último momento, ni sé cómo y la saqué justo cuando la polla escupía leche que cayó en la sábana de la cama, en el vestido de Chelo, en la frondosa mata de pelo de su pubis. Fue un estropicio realmente. Riendo, y una vez terminado, no pudo por menos que decirme

- Joder, mi rey, estabas cargadito, lleno, lleno, vaya manera de correrte...cuánta lefa, por Dios…

Me quedé derrotado, tosiendo, pero feliz, completo. Me sentía distinto, otra vez. Importante. Había sido capaz de muchas cosas, todas nuevas y excepcionales. A mi cabeza llegó la imagen de Marta, me gustaría hacer eso con ella, y también me acordé de madre, tan necesitada, tan abandonada, tan infeliz...



   
1
Citar
Julio Solis
(@julio-solis)
Miembro Activo Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 49
 

Excelente relatos, me imagino que hay continuación? esto me gusta por hace imaginar como se va dando la situación hasta llegar a tener sexo.



   
ResponderCitar
Compartir:
Criptomonedas

El valor de invertir en Criptomonedas

Guía 2026: Ventajas de Invertir en Criptomonedas y Activos Líderes Invertir…

Bonos de casino: qué saber antes de elegir

Elige inteligentemente: comparativa de bonos con depósito y…