Justo era un hombre moreno, fuerte, de cuarenta y cuatro años de edad, de estatura mediana, ojos marrones y cabello negro. La ola de calor en la ciudad donde vivía había hecho que volviera a la aldea donde había nacido. Allí estaba la casa familiar, una casa de dos pisos, hecha con bloques de piedra, al lado de un río y en la que había un molino. Dejó el coche aparcado bajo un sauce llorón, vio la puerta entornada y entró en la casa, casa que estaba limpia porque le pagaba a su hermana para que la limpiaran. Intuyó que Josefa andaba limpiando en el piso de arriba. Iba a subir las escaleras para ver si estaba en lo cierto cuando oyó una voz femenina que decía:
-¡¿Ya has acabado?!
-Sí, tenía muchas ganas.
-Yo también, si no hubiera tenido muchas ganas no te hubiera dejado, pero está visto que dándome por el culo nunca me voy a correr.
Aquella no era la voz de su hermana, ni la de su cuñado, eran las voces de una muchacha y la de un muchacho que se habían metido en su casa. Volvió al coche, agarró en el maletero la manivela de subir el gato, regresó a la casa, subió las escaleras y se dirigió a la habitación donde oyó decir:
-Después de haberla metido en mi culo no te la voy a chupar.
La puerta de la habitación estaba abierta, Justo se plantó en el umbral, y dijo:
-¡En diez segundos os quiero fuera de mi casa!
La muchacha, que estaba de espaldas a la puerta, giró la cabeza y lo miró con cara de sorpresa. El muchacho, a pesar de que Justo era mucho más fuerte que él, se puso gallito y le dijo:
-¡Lárgate de aquí si no quieres comerte esa cosa que llevas en la mano!
Justo miró para el muchacho, era muy guapo, moreno, alto, delgado, estaba desnudo y tenía una polla mediana. Le dijo:
-¡Te la vas a comer tú, y por el culo!
La muchacha, que también estaba desnuda, sin taparse, le dijo al muchacho:
-No te pongas bravo, Jorge. Es mi tío y esta es su casa.
Justo se sorprendió.
-¡¿Tu tío?!
-Sí, soy Juana, la hija de su hermana Josefa y de José.
Fueron a por sus ropas, pero Justo no se las dejo coger al muchacho.
-¡¡En pelotas!! ¡Tú no eres mi sobrino!
-¿Quieres que me vea toda la aldea en pelotas?
-Quiero.
La cara de mala hostia de Justo y la manivela del gato en su mano derecha no intimidaban a Juana tanto como que vieran desnudo a su machacante los lugareños.
-No va a salir desnudo a la calle, tío.
Justo fue al lado del muchacho y levantó la mano en la que tenía la manivela de subir el gato.
-¡Por mis cojones que tú sales a la calle desnudo!
El muchacho dio tres pasos atrás y se cubrió con una mano. Juana se puso delante del guaperas..
-Si lo golpea va a tener que golpearme a mí también.
Justo, como no tenía ganas de bajar la mano, le dijo al muchacho:
-¡Te acaban de salvar la vida!
Justo miró para su sobrina. Juana era un cuadro de la cantante Rosalía, hasta en la estatura, los labios y en el cabello. Vio sus grandes tetas con areolas rosadas y gordos pezones, luego le echó un vistazo a su coño, un coño totalmente rasurado, que desapareció bajo las bragas blancas que se estaba poniendo. Luego, mirando para el guaperas, dijo:
-Me voy. Cuando regrese no os quiero ver aquí, y dar gracias a Dios que hoy estoy de buenas.
Justo se fue. Al llegar al coche dejó la manivela en el maletero y cuando volvió ya el muchacho salía por la puerta. Juana lo estaba esperando en la puerta de la casa. Al llegar a su lado, le preguntó:
-¿Le va a decir a mi padre lo que vio?
-No gano nada con decírselo.
-Gracias.
-No me las des.
-La verdad es que pensé que me iba a delatar, luego de lo que le dijo Jorge...
-¿Quieres un consejo acerca de tu novio?
-No es mi novio, pero nada pierdo con oír ese consejo.
-Deja de follar con él. No te conviene.
-¿Por qué cree que no me conviene?
-Porque un hombre tan guapo que te da por el culo...
-¿Qué?
-Que es maricón.
-De eso nada.
-¿Te la metió alguna vez en el coño?
-No, pero ya lo hará.
-Sí, cuando vuelen los burros.
Seis horas más tarde, Justo fue a visitar a su hermana Josefa y a su cuñado José. Luego de los besos y de los abrazos, sentado Justo en un sofá y Josefa y José en un tresillo, se pusieron a hablar.
Justo y José ya llevaban bebidas dos botellas de vino blanco del país, cuando llegó Juana de ver una película en el cine de un pueblo cercano. José le dijo a su hija:
-Saluda a tu tío Justo, Juana.
Juana, como si hubiera años que no lo veía, fue al lado de Justo, se inclinó, le dio un beso en la mejilla, sonrió, y le dijo:
-No ha cambiado mucho desde la última vez que lo vi, tío.
Justo, viendo como su sobrina se sentaba en el sofá que quedaba libre, le dijo:
-Tú sí que has cambiado.
Josefa estaba orgullosa de su hija.
-Es la mejor hija que se puede tener, es educada, decente y trabajadora. ¿Has visto lo limpia que tienes la casa? Pues ahora es ella la que te la limpia.
Justo echó otro vaso de vino.
-Además de todo lo que has dicho es guapa, muy guapa.
Josefa cambió de tema.
-¿Cenas con nosotros?
-Si no es mucha molestia...
-No es ninguna molestia.
Siguieron hablando y bebiendo.
A la hora de la cena, Justo y José casi no cenaron, y no cenaron porque tenían un par de pedos de los gordos.
Juana iba a seguir limpiando la casa de Justo, por eso fue al día siguiente por la mañana a la casa de su tío. Iba vestida con una camiseta blanca, una falda marrón que le daba por encima de las rodillas, calzaba unas zapatillas de deporte de color blanco y llevaba el cabello recogido en dos trenzas.
Justo estaba durmiendo la borrachera. Juana sintió como roncaba. Fue a su habitación y vio que estaba boca arriba sobre la cama, en paños menores, con los brazos en aspa y con un tremendo bulto en sus calzoncillos. Habló sola.
-La borrachera fue de campeonato y ese empalme también lo es.
Se dio la vuelta para irse de la habitación, pero giró la cabeza y volvió a mirar para el bulto. El diablo de la curiosidad la estaba llamando.
-Solo ver como es. No creo que se despierte.
Se acercó a la cama, le levantó la goma del calzoncillo, y como impulsada por un muelle, la polla apareció ante sus ojos. Era tan larga como la del guaperas, pero más gruesa. Se tapó la boca con la mano.
-¡Qué cosa más rica!
Justo dejó de roncar y la muchacha, nerviosa, se fue de allí sin hacer ruido.
Al dejar de sentir los pasos de su sobrina, Justo abrió los ojos, sonrió y volvió a cerrarlos.
Estaba Juana barriendo la puerta de la casa cuando sintió pasos bajando las escaleras. Dejó de barrer y se metió en casa. Al ver a su tío en bata de casa, le preguntó:
-¿Le hago el desayuno?
-Con esta resaca no tengo ganas de comer. Además, tú solo vienes a limpiar.
Justo se fue a la cocina y cogió un tetrabrik de leche. Viendo como pillaba un vaso en la alacena, le dijo Juana:
-¿Es que no se acuerda?
Sentándose a la mesa, le respondió:
-¿De qué me debería acordar?
-Ayer noche me dijo que me pagaba el doble si le hacía de comer y le lavaba y planchaba la ropa, le hacía la cama...
La interrumpió.
-No, no me acuerdo, pero si te lo dije, dalo por hecho.
Justo se mandó un vaso de leche bien fría. Juana, con la escoba en su mano derecha, le dijo:
-Si necesita algo, no tiene más que pedirlo. Voy a hacer su cama y a barrer la habitación.
-Oye.
-¿Dígame, tío?
-¿Sabías que tienes un parecido asombroso con una cantante que está muy de moda?
-Si, lo sé, me parezco mucho a Rosalía. ¿Le gusta cómo canta?
-Sí, pero me gusta más ella.
Juana se rio con ganas, y después le dijo:
-¡Ay que peligro tiene! Me voy, me voy antes de que diga algo que lo comprometa.
Juana se fue a hacer la cama de su tío. Estaba inclinada cuando sintió unas manos sobre sus tetas y algo duro entre sus nalgas. Se incorporó y lo reprendió.
-¡Déjeme!
Sin parar de magrearle las tetas, le preguntó:
-¿Cuántas pajas te hiciste ayer noche, Juana?
Juana se revolvió y se dio la vuelta.
-Ninguna.
Justo le echó las manos a las nalgas, y sobándolas la apretó contra él.
-Una mujer cuando la dejan con ganas se da placer a si misma.
Juana, sintiendo la dureza de la polla entre sus piernas, le dijo:
-Suélteme.
La besó en el cuello, le lamió las orejas y después quiso besarla.
-Déjate y te correrás tantas veces como quieras.
Juana, haciéndole la cobra, le dijo:
-No quiero correrme.
Se volvió a poner detrás de ella, le metió las manos debajo de la camiseta, le subió las copas del sujetador y frotando la dura la polla en su culo le acaricio los pezones con las yemas de los dedos pulgares e índices de ambas manos.
-Tienes los pezones duros. ¿Cómo tendrás el coño?
Lo insultó.
-¡Baboso!
Justo bromeó.
-Así me lo imaginaba.
Juana se defendía como podía.
-¡Suélteme de una vez!
-Hace tres meses que no meto en un coño, no te voy a dejar.
La giró y la echó sobre la cama.
-Esto se lo voy a decir a la tía Carmen.
Se echó sobre ella.
-Estamos separados y nos vamos a divorciar.
-Se lo diré a mi padre y ya sabe cono las gasta.
-Sé como las gasta. Mira, Juana, no quería llegar a esto, pero, o te dejas, o le digo a tu padre lo que te vi hacer cuando llegué a casa.
Juana se enfadó.
-¡Es un desgraciado!
-Un desgraciado y un aprovechado. ¿Te vas a dejar querer o no?
-No me queda otra.
Le quitó la falda, la camiseta y el sujetador y sus bellas tetas quedaron al aire. Lamió las areolas con la punta de la lengua y haciendo círculos sobre ellas, luego lamió los pezones y acto seguido le mamó y le magreó las tetas, magreándoselas, le dijo:
-Tienes unas tetas deliciosas.
-Váyase a la mierda.
Los insultos no hacían mella en Justo.
-¿Te las mama así el guaperas?
Juana dejó de tratarlo de usted.
-Acaba pronto que me aburres.
-Las cosas buenas hay que saborearlas, y tú eres de lo mejor.
Intento besarla de nuevo, pero no había manera. Siguió comiéndole las tetas. Juana cerró los ojos y, sin querer, comenzó a disfrutar de los magreos y de las mamadas de tetas, prueba de ello era que su coño se estaba encharcando.
-Me voy a hartar de ti.
-Ojalá te empaches y te dé algo.
No se empachó, pero casi, pues se hartó de comerle las tetas.
Al dejar sus tetas, bajó besando y lamiendo su vientre, se detuvo en el ombligo y le dio una buena ración de lengua. Al llegar abajo vio sus bragas blancas empapadas. Le separó las piernas, se arrodilló entre ellas, le quitó las bragas y vio su coño. El clítoris era grande y la bola que hacía la cabeza del glande estaba fuera de él. Los labios los tenía un poco abiertos y los jugos brillaban en ellos, por dentro y por fuera.
-Tienes un coño precioso. ¿Te lo han comido alguna vez?
-No, ni quiero que me lo comas.
Le dio una suave lamida al clítoris y la pelvis de Juana se levantó.
-¿Seguro?
-Sí.
Le enterró la lengua en el coño, luego la quitó lentamente, y lentamente se lo fue lamiendo hasta llegar al clítoris, clítoris que chupó antes de bajar lamiendo por donde había subido y de acabar enterrando de nuevo la lengua en su vagina. Luego le pasó la lengua pringada de jugos por sus carnosos labios.
-¡Cochino!
La lengua de Justo entró en la boca y al besarla la lengua de Juana se pringó con los jugos de su coño. Cuando le quitó la lengua de la boca, Juana limpió los labios con el dorso de la mano, y poniendo cara de asco, le dijo a su tío:
-¡Lo que mes has hecho es asqueroso!
-No mientas, a todas las mujeres que he conocido les gustaba saborear sus jugos en mis dedos después de hacerles una paja, y tú luego de jugar y correrte, los has probado.
Juana mintió como una condenada
-Yo no me hago pajas
Justo la miró a los ojos, y le dijo:
-Eres una mentirosa, pero una mentirosa preciosa.
-Y tú eres un guarro.
-Al que le encantan las mujeres guarras.
La puso boca abajo, le separó las nalgas y le lamió el ojete.
-¡¿Qué haces?!
-Lo mismo que te hace el guaperas.
-Jorge no es tan guarro como tú.
-Encima de maricón, egoísta.
Justo comenzó a follarle el ojete con la punta de lengua. Luego le levantó el culo hasta ponerla a cuatro patas.
-¿Qué me vas a hacer?
-Voy a hacer que te corras otra vez.
-No quiero correrme.
-Pero te vas a correr.
Le metió dos dedos dentro de la vagina y se la folló con ellos, al tiempo que le lamía y le follaba el ojete con la lengua. Al ratito, Juana, sintiendo que se iba a correr, puso la cabeza sobre la almohada y cuando le vino el gusto la mordió para ahogar sus gemidos y que Justo no se enterara de que se estaba corriendo, pero el tremendo temblor de piernas que le causo el placer del orgasmo y su coño echando por fuera, la delataron.
Al acabar de correrse, la puso boca arriba y le dijo:
-Te voy a hacer correr otra vez.
-¡Aborrezco a los creídos como tú!
Le echó las manos a las nalgas, le levantó el culo y lamió de abajo a arriba el coño encharcado. Comenzó lamiendo lentamente y saboreando los jugos, luego fue lamiendo cada vez más aprisa. Al final, Juana, no pudo evitar gemir. Justo lamió su clítoris de manera transversal y a toda mecha, y Juana se volvió a correr entre fuertes convulsiones.
Al acabar de correrse Juana, Justó se desnudó. Estaba empalmado. Le puso la polla entre los labios.
-Chupa.
-¿Me vas a obligar a chupártela?
-Mejor chúpala sin obligarte.
Juana tenía ganas de chuparla, pero le dijo:
-Vale, te la voy a chupar, pero sin ganas.
Agarró la polla y le hizo una mamada en la que faltó de todo, pero se la mamó. Justo le dijo:
-Si se la chupas así al guaperas...
-Nunca sabrás como se la chupo a él. Supongo que ahora toca otra cosa.
-Supones bien. ¿Cómo te gustaría que te follara, a cuatro patas, yo arriba, tú arriba...?
-De ninguna de las maneras, pero si no queda más remedio, que sea a cuatro patas.
Se puso a cuatro patas. Justo le frotó la polla entre los labios vaginales, luego lo puso en la entrada de la vagina, la cogió por la cintura y empujó. La polla entró muy justa. Juana le dijo:
-Despacio, métela despacio que me puedes hacer daño.
Le echó una mano a las tetas y le dijo:
-Métela tú.
-¡Ni loca! Bastante hago con dejar que me folles.
-O la metes tú, o te reviento.
Juana no se amilanaba con facilidad.
-Antes de darte esa satisfacción, prefiero que me revientes.
-Tú ganas, por ahora.
Justo se la fue metiendo, poco a poco. Metía un par de centímetros y la sacaba hasta dejar solo la punta del glande dentro... La metió y la sacó hasta que la polla llegó al fondo del coño. Le echó las dos manos a las tetas y le preguntó:
-¿Me follas tú ahora?
Juana deseaba follarlo, pero le dijo:
-Ya te he dicho que ni de loca lo haría.
Justo la sacó toda, lentamente, y lentamente la volvió a meter hasta el fondo. Las entradas y salidas se fueron acelerando y aparecieron los gemidos de Juana. Justo, paró de follarla, y le dijo:
-A ver, Juana, esto que estamos haciendo no lo va a saber nadie. Involúcrate que lo pasarás mucho mejor.
-Estoy follando bajo una amenaza, lo que quiero es que acabes lo antes posible
-Le dio a mazo.
-Lo que quieres es correrte.
-Y vas a hacer que me corra, cabrón.
Paró de darle cera.
-Esa es la actitud.
-Fóllame y córrete.
-Tú lo que quieres es ver si llevo una puta dentro.
-¿La llevas?
La volvió a follar.
-Puede que sí. Sigue follando mi coño.
-Acaba tú, si no acabas tú, te la quito.
-¡Cabrón! Abusas porque sabes que me muero por correrme.
Lo folló a toda hostia echando el culo hacia atrás y hacia delante y en nada, exclamó:
-¡Me corro, me corro, me corro, me corro! ¡¡Me coooorrooooo!!
Justo dejó que se acabara de correr. La sacó del coño, se la frotó en el ojete y se la metió en el culo. Entró igual de apretada que en el coño. Cuando tenía la mitad de la polla dentro, Justo no pudo aguantar más y le llenó el culo de leche.
Al acabar de gozar él y de limpiarse ella, y estando ella boca arriba, le dijo a su tío:
-Has conseguido hacer una zorra de mí.
-Yo no he visto a ninguna zorra, he visto a una mujer gozando del sexo.
-Lo dices para que no me sienta mal.
-Lo digo porque es lo que creo.
-Si supieras lo que estoy pensando no dirías lo mismo.
-¿Qué piensas?
-No te lo puedo decir.
-Acabamos de follar, Juana, digas lo que digas no va a cambiar mi opinión sobre ti.
-Es que...
-Dilo.
-¿Seguro que no vas a juzgarme?
-Tan seguro como que hoy es un día soleado.
A Juana le costó, pero se lo dijo.
-Me gustaría follar contigo mandando yo.
-Adelante, tú mandas.
-Ahora, no, ahora tengo que lavarme, después tengo que seguir limpiando la casa y más tarde tengo que hacer de comer.
Después de comer, tomando el café, le preguntó Juana a Justo:
-¿Vas a tomar la siesta?
-Sí.
-¿Dónde?
-En mi habitación.
-Acaba el café y vete yendo que enseguida estoy contigo.
-¿Vas a...?
-Sí, voy a mandar yo.
-¿Te espero vestido o desnudo?
-Desnudo.
-¿Vas a ser mala?
-Enseguida lo sabrás.
Justo se fue para su habitación. Se desnudó, echó para atrás la colcha y la sábana, se metió en la cama y esperó por su sobrina.
Juana apareció desnuda en la puerta de la habitación. Imaginar a Rosalía desnuda en la puerta de vuestra habitación y luego verla caminar hacia vuestra cama moviendo las caderas y sonriendo y comprenderéis por qué a Justo le comenzó a latir la polla. Al llegar a la cama se echó a su lado y le dijo:
-Levántate y arrodíllate entre mis piernas.
Se colocó donde le había dicho y Juana le puso el pie izquierdo en la boca.
-Lame.
Se lo cogió con una mano y le lamió los dedos, uno por uno y todos juntos, le lamió la plantas del pie y los tobillos.
-¿Así o con más masajes?
-Así, sigue lamiendo.
Poco después le dio el pie derecho, se lo cogió con las dos manos y se lo trabajó bien trabajado.
-¿Te gusta?
-Mira para mi coño y lo sabrás.
Se lo miró y vio que lo tenía medio abierto y empapado de babas.
-Está a punto para ser comido.
Juana se apoyó en los codos. Juntó las plantas de los pies con la polla en medio y masturbándolo, le dijo:
-Este también está mojado.
Para juntar las plantas de los pies había tenido que abrir las piernas. Ahora el coño estaba abierto y la vagina se contraía y se dilataba mientras lo masturbaba. Cuando se cansó de masturbarlo, le dijo:
-Échate a mi lado.
Se echó. Juana subió encima de él y le puso el coño en la cara.
-Saca la lengua que quiero correrme en tu boca.
Justo sacó la lengua. Juana la metió dentro de la vagina, le cogió la cabeza por la nuca con la mano izquierda, se agarró a la cabecera de la cama con la mano derecha, y frotó el coño contra la lengua, lento, aprisa, presionando y sin presionar, lento, aprisa, presionando y sin presionar..., se frotó hasta que le vino el gusto. Al venirle, exclamó:
-¡Me corro en tu boca!
Después de correrse se echó a su lado y lo besó con lengua, al tiempo que empuñaba la polla y se la meneaba.
Vuelve a arrodillarte entre mis piernas. Se arrodilló. Juana se abrió de piernas y le dijo:
-Métemela.
Se la metió y la besó con legua.
-¿Cómo quieres que te folle?
Le susurró al oído:
-Despacito, quiero gozar de cada viaje de ida y vuelta de tu polla dentro de mi coño, y bésame, bésame mucho.
Besándola y follándola como le había pedido, Justo la fue acercando al punto de no retorno. Cuando vio que se iba, le dijo:
-Mírame a los ojos cuando te corras.
Juana sintiendo la polla deslizarse despacito por su coño, le dijo:
-Mira como me corro.
Los ojos le hicieron chiribitas y luego se le cerraron. Justo le dijo:
-Mírame.
Juana, convulsionándose bajó su tío, abrió los ojos, pero no vio nada porque tenía los ojos en blanco. Justo la miró hasta que los ojos de su sobrina recuperaron la visión.
-Fue una maravilla ver como te corrías.
-Una maravilla fue la corrida que me has sacado.
-¿Qué quieres que haga ahora?
La Juana dulce desapareció como por arte de magia.
-Ahora sácala y ponte de pie sobre la cama.
Hizo lo que le había dicho, Juana se sentó en la cama, le echó las manos al culo, metió la polla en la boca y se la mamó, luego le echó la polla hacia arriba y le lamió y le chupó los huevos. De los huevos volvió a la polla, la lamió de abajo a arriba, lamió el glande, lo chupó y lo meneo. Justo la avisó.
-No sigas, a no ser que quieras que me corra en tu boca.
Paró de lamer, se echó sobre la cama, y le dijo:
-Cómeme el coño y haz que me corra.
A Juana le había dado fuerte con el sexo oral.
Justo se volvió a arrodillar entre sus piernas, le levantó el culo con la dos manos, luego metió todo el coño en la boca y le enterró la lengua en la vagina. Juana arqueó el cuerpo, y dijo:
¡Me encanta!
Justo metió y sacó la lengua del coño y bajó y subió el culo para que la parte superior de la lengua lamiera el clítoris. A rato, Juana, agarrándole la cabeza para que su coño se mantuviera dentro de la boca, le dijo:
-Necesito correrme.
Movió la pelvis de arriba a abajo y de abajo a arriba cada vez más aprisa y entre gemidos le dijo:
-¡Toda para ti!
Justo sintió como su lengua se iba llenando de jugos, oyó los gemidos de Juana y sintió sus convulsiones. Su polla soltaba flujo pre seminal en cantidades industriales y se moría por meter
Al acabar de correrse su sobrina, le dijo:
-No creo que pueda aguantar mucho más.
-Ahora que viene lo bueno...
-Va a ser un peligro.
-Tranquilo, tomo la píldora.
Subió encima de su tío, puso la cabeza de la polla en la entrada de la vagina, bajó el culo y la metió hasta las trancas. Luego la sacó, la lamió por todos los lados y le chupó la cabeza como si fuera la cabeza de una gamba.
-Me encanta el sabor de mis jugos, pero que conste que has sido quien me metió el vicio en el cuerpo.
-Me alegro de haberlo hecho.
Después de limpiar la polla de jugos, la volvió a meter en el coño. Con la polla en el fondo de su coño, lo volvió a besar, y luego le dijo:
-Fóllame.
Justo movió el culo, pero la polla casi no se movía del fondo del coño.
-Eres una cabrona.
-Lo sé, pero es que aún no quiero que te corras.
Le puso la teta derecha en la boca y follándolo despacito, le dijo:
-Besa, lame y chupa.
Le comió la teta. Pasado un tiempo, Juana le puso la otra teta en la boca y levantó un poco el culo.
-Dame duro y hazme correr, pero no te corras. ¿Podrás?
-Puedo intentarlo.
Justó, mamándole la teta, le dio a mazo y poco después, decía Juana:
-¡Me corro otra vez!
Estuvo un rato con la cabeza en el hombro de su tío, recuperando fuerzas, luego le dio la espalda, y le dijo:
-Fóllame el culo, a ver si contigo me corro.
Se la metió en el culo. Juana, con la polla dentro de su culo, se echó hacia atrás, y puso su cabeza al lado de la de su tío. Justo le dijo:
-Magrea las tetas, Juana.
Juana echó sus manos a las tetas y comenzó a masajearlas. Justo, follándole el culo, le pasó dos dedos por el coño corrido, y con ellos mojados le acarició el clítoris. Juana giró la cabeza y se besaron con lengua. Tiempo después le dijo:
-Creo que me voy a correr otra vez, tío.
Justo le dio sin conocimiento y se corrió dentro de su culo. Juana, con los ojos en blanco, y apretando los pezones, se corrió como una loba.
-¡¡Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, ¡¡Síííííí!!
Luego de correrse, Juana, fue al baño, se aseo, volvió con una toalla mojada y le limpio la polla, polla que estaba morcillona. Al lavarla se fue poniendo dura de nuevo. Juana, con la polla en la mano, le dijo:
-Creo que tienes razón.
-¿En qué?
-En que Jorge es maricón.
-¿Por qué me das ahora la razón?
-Porque a él no se le pone dura tan rápido como a ti.
Justo se había tomado una viagra, por eso su polla se había puesto dura con el contacto de la toalla mojada, pero no se lo iba decir, lo que le dijo, fue:
-Los hombres demasiado guapos son casi todos maricones.
-Lo voy a mandar a la mierda.
-Seguro que le gustará ir.
Juana se rio a carcajadas.
-¿Seguimos?
-Te dije que conmigo podías correrte tantas veces cono quisieras. ¿Cómo quieres que te lo haga?
-Quiero que me folles de pie.
Juana salió de la cama y se arrimó a la pared de la habitación. Justo la siguió y al estar frente a ella le acarició una mejilla con el dorso del dedo medio de su mano derecha, le echó la otra mano a una nalga y la apretó contra él. La polla se deslizó entre sus labios vaginales. Juana le dijo:
-Qué gustito da sentir tu polla entre mis piernas
Se estuvieron comiendo las bocas un tiempo, luego, Juana, le puso las manos sobre los hombros y le llevó la boca a sus tetas. Justo se las comió como solo él las sabía comer... Juana ya estaba perra cuando le volvió a poner las manos en los hombros y le llevó la boca al coño.
-Quiero correrme en tu boca de nuevo.
Justo se puso en cuclillas, le echó las manos a la cintura y le limpió el coño de babas a lametada limpia, luego puso su lengua encima del clítoris y lamió suavemente de abajo a arriba, hacia los lados y alrededor. Juana comenzó a magrear las tetas.
-Eres muy bueno con la lengua.
Justo siguió lamiendo suavemente, pero apretando la lengua contra el clítoris un poquito más cada vez, y luego fue acelerando.
-¡Que rico, qué rico, qué rico!
Poco después, al ver que Juana se iba a correr, lamió solamente de abajo a arriba, pero a toda hostia. Juana dejó de magrear las tetas, le agarró los pelos con las dos manos y tirándole de ellos, le apretó la lengua contra su coño, movió la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo y se corrió en su boca.
-¡¡Me vas a matar de gusto!!
Las piernas le comenzaron a temblar, el cuerpo a sacudirse, los gemidos se hicieron escandalosos, y descargó con fuerza.
Al acabar de gozar, le dijo Juana:
-Bésame.
Justo se incorporó, la besó con lengua y Juana volvió a saborear sus jugos. La muchacha era insaciable.
-Ahora fóllame por detrás.
Se giró, separó las piernas y puso las palmas de las manos en la pared.
-¿Dónde quieres que te la meta, Juana?
-Primero en el coño y después en el culo.
Le echó las manos a la cintura, se la clavó en el coño de una estocada, y después le dio a romper, lento, a medio gas, a romper... Juana, entre gemidos, le dijo:
-Magréame las tetas.
Le agarró las tetas, y magreándolas le dio cera, tanta cera le dio que se corrió él antes de que se corriera ella. Juana, sintiendo por primera vez la leche de una corrida dentro de su coño, folló a su tío echando con violencia el culo hacia atrás, y le bañó la polla con una espectacular corrida.
Al acabar de descargar, Justo estaba sudando como un cerdo y no podía más. El próximo polvo iba a ser demasiado para él.
Lo iba a salvar la campana, Josefa, la madre de Juana, preguntó desde la puerta.
-¿Hay alguien en casa?
Juana, vistiéndose a a mil por hora, le respondió:
-¡Ahora bajo, mamá!
Quique.




