Ingenua y recién ca...
 
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Vaciar todo

Ingenua y recién casada

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José
(@quique)
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                                         Primera parte

                           A Daniela le abre los ojos su suegro

Daniela era una joven de un metro cincuenta y dos de estatura, su cabello era negro y largo, era morena de piel, de ojos azules, delgadita, con cinturita, tetas pequeñas, un culo redondito, hermosa... Parecía una muñequita. Estaba recién casada y del sexo sabía tanto como yo de física cuántica, y no era de extrañar porque en las aldeas gallegas, en los sesenta, la mayoría de las chicas iban vírgenes al matrimonio. 

Una noche que su marido la estaba follado con el camisón puesto y al estilo misionero, la polla se resbaló y al querer volver a meterla, como ella había levantado el culo, le entró el glande en el culo. Daniela se quejó.

-¡Por ahí no es! 

Claudio la sacó y le dijo:

-Perdona, gatita, no lo hice a propósito.

Volvió a metérsela en el coño y la folló hasta que se corrió, hasta que se corrió, él, ya que ella se quedaba siempre con las ganas.

Daniela, cuando su marido le había metido la polla del culo, había sentido un placer nuevo, un placer que nunca había sentido antes, un placer que le dio que pensar.

A la mañana siguiente, después de haberse ido su marido a trabajar, se quitó el camisón, se bajó las bragas y comenzó a acariciar su ojete con la yema del dedo medio de su mano derecha.

-No está bien, pero tengo que hacerlo, quiero volver a sentir ese placer.

Amancio, su suegro, que había venido desde Suiza para la boda de su hijo, y que volvía de orinar, la sintió hablar, y como sabía que su hijo ya se había ido, puso la oreja en la puerta y escuchó a su nuera decir:

-¡Qué mojada estoy!

Metió y sacó la punta del dedo, después la mitad, y al final metió y sacó todo el dedo. Estaba sintiendo un placer nuevo para ella y no pudo evitar gemir un par de veces. 

Amancio, que era un cincuentón, alto y fornido, y que hacía tres de ella, entró en la habitación, vio lo que había, y le preguntó:

-¿Te ayudo?

Daniela se llevó un susto de muerte al ver al gorila en la puerta, y digo gorila porque Amancio tenía pelos hasta en el ojo del culo. Se tapó con la sábana, y luego le dijo:

-¡Salga de mi habitación!

Acercándose a la cama, le preguntó:

-¿Es que mi hijo no cumple en la cama?

-¡Váyase!

-No me voy a ir.

Al llegar a la cama le arrancó la sábana de encima. Daniela se puso en posición fetal y tapó la cara con las dos manos. Era la primera vez que un hombre la veía desnuda. Amancio quitó los calzoncillos, se metió en la cama y le arrimó la polla morcillona a la raja del culo. 

-¡Quite eso de ahí!

Le separó las nalgas con la mano izquierda. Cogió la polla con su mano derecha y se la frotó en el ojete.

-¿Te gusta?

-¡No!

Daniela no se podía mover porque su suegro le había echado una manopla al vientre y la tenía agarrada. 

-No te va a valer de nada mentir, siento como tu ojete se abre y se cierra. 

-¡Suélteme!

La besó en el cuello.

-Estabas excitada cuando entré en la habitación y ahora aún estás más encendida.

-¡Mentira!

Amancio, sin dejar de frotar la polla en su ojete, aprovechó para besar y lamer su espalda. 

-Tienes la piel muy suave.

-¡Déjeme!

La polla se puso dura y como por el meato habían salido cantidad de aguadilla, al frotar y apretar el glande contra el ojete, este se metió dentro, solo había entrado la mitad del glande, pero Daniela casi se corre.

-¡Ayyyyy!

Amancio le preguntó:

-¿Ese grito fue de dolor o de placer?

No le iba a responder a la pegunta.

-¡Quítela!

Amancio la vaciló.

-¿La quitó un poco más para dentro?

Le metió el glande.

-¡Me está haciendo daño!

Le había dolido, pero al mismo tiempo le estaba gustando. Amancio le dijo:

-Relájate, verás como deja de dolerte.

Le acarició las nalgas. Daniela siguió protestando.

-¡Quítela o le diré a su hijo que me forzó!

-No creo que te atrevas después de lo que te he visto hacer.

-Puede estar seguro de que se lo diré.

-En ese caso voy a hartarme de ti, muera el cabrón, muera después del atracón.

Le quitó la polla del culo, la puso boca arriba y le quitó las manos de las tetas.

-Tienes un cuerpo precioso.

-¡No me mire!

 La cogió por las muñecas y le mamó las tetas con lujuria. Era la primera vez que le mamaban sus duras tetas. Daniela estiró sus delgadas piernas, curvó su cuerpo y comenzó a gemir. Amancio siguió mamando, y en nada, Daniela se corrió. Al correrse su coño expulsó cantidad de jugos en varios chorros. Amancio miraba para ella y estaba asombrado. Se había corrido solo con estimularle las tetas. Daniela cuando volvió en sí, le dijo:

-¡¿Qué me ha hecho que casi me muero?!

-Te has corrido. ¿Quieres correrte otra vez?

Daniela quería volver a correrse, pero se hizo la decente.

-¡No, no quiero morirme! Déjeme o chillo para que vengan en mi ayuda.

Le tapó la boca con su manopla izquierda y le dijo:

-Deja que te coma el coño y que haga que te corras. Nadie se murió de gusto. Si me dejas comerte el coño y que beba de ti, después me voy y me hago una paja en mi cuarto.

Daniela negó con la cabeza. Amancio se arriesgó, quitó la mano de la boca y le dijo:

-Chilla todo lo que te dé la gana, pero si lo haces y vienen en tu ayuda te van a ver desnuda.

-Es usted la peor persona que he conocido.

La colocó boca abajo, le puso una mano en la espalda y lamió las nalgas. Daniela dejó de revolverse. Su voz ya no era grave, cuando le dijo:

-Si me deja ahora no le digo nada de esto a su hijo.

Amancio le lamió el ojete y se lo folló con la lengua.

-¡No haga esas cosas tan cochinas!

-Tienes un culo precioso.

Siguió lamiendo y follando el culo y Daniela comenzó a gemir de nuevo.

-¿Te vas a correr otra vez?

-No.

-No me cansaría de comerte el culo, ni de follarlo.

Lamiendo y follando su ojete con la punta de la lengua, le pasó un dedo por el coño, lo sacó pringado de jugos, lo chupó, y le dijo:

-Tu coño sabe a gloria. 

Le volvió a meter el dedo en el coño y le folló el coño con el dedo y el ojete con la lengua.

Al rato Daniela le dio un latigazo con el culo en la cara y se volvió a correr con fuerza. Amancio se trago parte de sus jugos.

Al acabar de correrse le dijo:

-¿Ves como nadie se muere de gusto al correrse?

La puso boca arriba y le pasó la lengua entre los labios. Daniela giró la cabeza.

-Pare de una vez, guarro.

-¿No te gusta el sabor de los jugos de tu corrida?

-No, asqueroso.

Le lamió el pezón de la teta izquierda. Todo el cuerpo de Daniela se estremeció. Lamió el pezón derecho y se volvió a estremecer. Mamó la teta derecha y su cuerpo se arqueó.

-¿Te gusta, Daniela?

-No.

Mamó la otra teta, su cuerpo se arqueó y de su boca salió un sensual gemido.

-¿Quieres qué te coma el coño?

-No.

Se metió entre sus bellas piernas, se las separó y le echó las manos a los tobillos. Daniela flexionó las rodillas, y su coño quedó expuesto. Amancio se lo abrió con dos dedos y lamió su clítoris despacito y con la punta de la lengua. Daniela levantó la pelvis y gimió.

-¿Quieres correrte, Daniela?

No le respondió. Volvió a lamer el clítoris despacito y Daniela volvió a gemir y a levantar la pelvis buscando una lengua que no encontró.

-Dime que te quieres correr en mi boca.

-No, déjeme.

-Tutéame, cariño.

-¡No soy tu cariño!

Le dio dos suaves lamidas en el glande del clítoris.

-Dime que te quieres correr en mi boca.

Su cuerpo temblaba pero no quería dar su brazo a torcer.

-No, no y no.

-Le dio tres lamidas más.

-Dilo.

Daniela ya no pudo más.

-Bueno.

Le dio otra lamida.

-¿Bueno, qué?

-Que quiero.

-¿Que quieres?

-Correrme.

-¿Dónde?

-En tu boca.

No la hizo sufrir más, apretó la lengua contra el glande del clítoris, que estaba fuera del capuchón, lamió a toda mecha y Daniela se corrió a lo grande, echando cinco chorros de jugos que le llenaron la boca de jugos a su suegro.

Al acabar de tragar, le dijo Amancio:

-Eres una delicia de mujer.

Daniela se sintió halagada, pero le iba a dar puerta, esperando que no la cogiera.

-Ahora vete a hacer una paja, sea lo que sea eso.

-¿No sabes lo que es una paja?

-No, ni quiero saberlo.

-Si la estabas haciendo cuando entré en la habitación, mentirosa.

-¡¿Eso era hacer una paja?!

Amancio se dio cuenta que no sabía como se hacia una paja un hombre, ni tampoco una mujer. Le iba a aprender a hacerla .

-Veo que no sabes como se hace. Pues vas a saberlo y te vas a correr haciéndola.

Amancio se arrodilló detrás de ella, le cogió la mano derecha, le estiró dos dedos, se los metió en la vagina, y después hizo que frotara el coño con ellos. 

-Así se hace una paja una mujer.

Le dejó la mano sola, le echó sus manos a las tetas y con los dedos pulgares e índices le agarró los pezones y los friccionó.

-Yo te ayudo con las tetas.

-No voy a hacer una paja.

Siguió friccionando y aumentando la velocidad y la presión. Daniela empezó a gemir. Amancio la besó en el cuello, paró de girar los dedos y le apretó los duros pezones.

-Tócate el coño.

-No.

-Mírame.

Lo miró. Amancio le volvió a friccionar los pezones y la besó. Daniela sacó la lengua y Amancio se la chupó, luego las lenguas subieron una encima de la otra, se lamieron... Se besaban con tanta lujuria que Daniela metió dos dedos dentro del coño, los sacó y frotó el clítoris con ellos. Al rato, dijo:

-¡Me voy a correr!

Amancio le apretó el pezón derecho, le puso una mano debajo del culo y le metió la punta de su dedo medio en el ojete. Daniela, entre escandalosos gemidos, echando la cabeza hacia atrás, y curvando el cuerpo, levantó el culo, su pelvis subió y bajó varias veces dando latigazos y exclamó:

-¡Me estoy corriendo!

Se sacó una corrida monumental, corrida que dejó la cama perdida de jugos.

Amancio, besando su cuello, esperó a que se recuperara del tremendo placer que había sentido, y luego le dijo:

-Sube encima de mí.

Daniela se echó boca arriba sobre la cama.

-Estoy más cómoda así.

-No me cansaría de ver tu cuerpo desnudo, es el más hermoso que he visto, sube, anda.

Daniela sonrió por primera vez, esa mañana, y le dijo con sarcasmo:

-¿Y qué más quiere el señor?

-Que te hartes de correr, gatita.

A Daniela no le sentó nada bien lo que acababa de oír, porque gatita era como le llamaba su marido al follarla.

-¡¿Nos has estado espiando?!

-Duermo en la habitación de al lado.

-¿Y que haces al oírnos?

-La paja.

-No debía preguntarte esto, pero lo haré. ¿Cómo haces la paja?

Amancio empuñó la polla, y meneándola le dijo:

-Se hace así y se imaginan cosas.

-¿Qué cosas?

-Te pondré un ejemplo. Ayer noche imaginé que subías encima de mí y que te corrías cuatro veces, la primera follándome en la posición de vaquera, la segunda follándome en la posición de la nécora, la tercera vez que te corriste me follabas en la posición de la vaquera culera y acabaste sentándote en mi cara, en ese momento me corrí yo.

-Yo si me corro cuatro veces seguidas me muero.

Amancio, echado a su lado, le rozó el ombligo con la yema de un dedo.

-Tú puedes correrte todas las veces que quieras y no te morirás.

-¿Seguro?

-Tan seguro como que estamos hablando.

Daniela quiso sentir de nuevo aquel torrente de placer que casi hizo que se desmayara.

-¿Cómo es eso de la nécora, de la vaquera, de la vaquera culera y de sentarme en tu cara?

-Móntame y lo sabrás

-Es que yo nunca he montado a tu hijo.

-Así también aprendes para cuando lo montes.

-Vale, subo, pero si no me gusta, bajo.

Se puso a horcajadas sobre él.

-Abre las piernas, pon tus manos en mi pecho, mete la polla en el coño y fóllame.

Daniela hizo lo que le dijo. Se puso en una posición en la que parecía una rana. Bajó el culo despacito, la polla le entró hasta el fondo del coño y luego lo subió lentamente... Lo bajó y subió unas treinta veces y aparecieron los gemidos. Al oírlos, le dijo Amancio.

-Dale con más fuerza y más aprisa.

Daniela comenzó a follarlo con ansia viva. Amancio la animó a que se desmadrara.

-¡Rómpeme la polla!

Bajando y subiendo el culo, le dio a romper. A Daniela le vino el gusto de repente. Echó el cuerpo hacia atrás, la polla salió de su coño y acabó espatarrada entre sus piernas, temblando, jadeando y con su coño echando potentes chorros de jugos.

Daniela le había dejado el cuerpo perdido a Amancio, que la cogió por la cintura, la atrajo hacia él, la besó con lengua y le dio a mazo. La mujer no tardó en correrse de nuevo. Le siguió dando, y poco después se volvió a correr.

Cuando terminó de descargar le quitó la polla y llevó el coño a su boca, coño que en el camino fue echando jugoso. Puso la cara debajo del coño, del que caían las últimas gotas y se lo lamió y se lo folló con la punta de la lengua. Daniela gozaba, pero no se movía. Amancio le echó las manos a la cintura e hizo que que se moviera hacia delante y hacia atrás y que fuera el coño el que se frotara con la lengua. Luego le quitó las manos de la cintura y ya fue Daniela la que movió el culo hasta que se corrió en la boca de su suegro, diciendo:

-¡Me corro, me corro, me corro!

Luego de recuperar fuerzas y estando boca arriba sobre la cama, le dijo Amancio:

-Hazme una mamada.

-¿Un mamada es chupar una polla?

-Sí.

-Nunca se la chupé a tu hijo, no sé como hacerlo.

-Yo te dirijo, arrodíllate.

Daniela se arrodilló en la cama. Amancio le cogió una mano e hizo que apretara con ella la polla morcillona y la moviera de arriba a abajo y de abajo a arriba.

-Ahora lame la cabeza como si estuvieras lamiendo un helado de cucurucho.

Se la lamió y entre lamidas, le dijo:

-Se puso dura.

-Y más dura que se va a poner. Ahora lame y chupa los huevos y después lame hasta arriba.

Daniela hacia todo lo que le decía.

-Ahora chupa la cabeza como si estuvieras chupándole la cabeza a un langostino.

Le chupó la cabeza.

Ahora folla tu boca con ella como si tu boca fuera tu coño, menéala, vuelve a chuparla, lame la cabeza y después hazle todo lo que te he dicho de un tirón.

Daniela, haciéndole una mamada en toda regla, se puso cachonda como una perra en celo y perdió el pudor.

-Me estoy calentado tanto que siento como gotea mi coño.

-¿Quieres que te lo vuelva a follar?

-No.

-¿Qué quieres que te haga?

-Me da un no sé que decírtelo.

Amancio era perro viejo.

-¿Quieres que te la meta en el culo?

Bajó la cabeza, y le dijo:

-Sí.

Se metió entre sus piernas y le dijo:

-Levanta las piernas y enséñame el culo.

Levantó las piernas y las agarró por la parte de abajo de las rodillas. Daniela le puso en bandeja el coño y el ojete.

Le dio una buena ración de lengua al coño y después le dio otra buena ración de lengua al ojete.

Dándole la ración al ojete, Daniela le dijo:

-Si sigues me corro.

Paro de lamer, le metió el dedo medio de su mano derecha en el coño, lo pringó de jugos, después se lo metió en el culo y se lo folló con él.

-¿Te molesta?

-No, me gusta.

Al rato le metió dos dedos, después tres, y luego, con el ojete ensanchado, le preguntó:

-¿Quieres que te meta la polla? 

-Sí.

-Ponte boca abajo con el culo en pompa.

Se puso. Amancio le frotó la polla en el ojete y fue apretando hasta que entró la punta del glande.

-¡Ayyyy!

-¿Te dolió? 

-Un poco, pero me gustó. 

-¿Sigo metiendo?

-Mete, pero mete despacito.

Se la metió y sacó poco a poco. Tiempo después, Daniela rompió a gemir. Amancio le preguntó:

-¿Te vas a correr?

Le respondieron el culo de Daniela sacudiéndose y el coño escupiendo jugos.

-Eres la sensualidad hecha mujer

Luego de correrse Daniela, Amancio le echó las manos a la cintura, la levantó, le dio a mazo y pasado un tiempo, la mujer se volvió a correr.

-¡Me corro, me corro, me corro!

El coño de Daniela empezó a sulfatar y dejó la cama aún más perdida de lo que ya estaba.

Amancio volvía a Suiza al día siguiente y tenía que aprovechar aquella ocasión única, así que la puso boca arriba, la levantó cogiéndola por la cintura y le puso la polla en la entrada del coño. Daniela le dijo:

-En el culo, métela en mi culo.

Se la clavó en el culo, le dio caña y poco más tarde Daniela se volvió a correr. 

Daniela había descubierto su droga particular.

-Más, quiero más sexo guarro.

Amancio salió de la cama, se inclinó, la cogió por las caderas, la levantó en alto en peso y la acercó a su cuerpo. Daniela le rodeó el cuello con los brazos y le comió la boca. Amancio le puso la polla en el ojete y dejó que Daniela bajara el culo. La polla fue entrando lentamente, y lentamente llegó al fondo del culo. Daniela subió y bajó el culo, al tiempo que rozaba su clítoris contra el cuerpo de su suegro y le comía la boca. Le llevó su tiempo correrse, pero cuando lo hizo, se sacudió una cosa mala y de su coño salió una  riada de jugos que bajaron por el cuerpo de Amancio y que hicieron una pequeña charca en el piso. Amancio le llenó el culo de leche.

Al acabar la devolvió a la cama, se echó a su lado, le dio un pico, y le dio:

-Pena que te vayas mañana. ¿No te puedes quedar unos días más?

-No, soy el encargado de los españoles en el hospital.

Daniela aún no había quedado satisfecha.

-¿Echamos el último? 

-¿Como quieres que sea?

-Quiero conocer la posición de la vaquera culera.

-Tendrías que volver a mamármela y ponerla dura.

-¿Y en esa posición me la puedes meter en el culo?

-Te dio fuerte con el sexo anal.

Hizo como si no lo hubiera oído.

-¿Puedes?

-Puedo metértela yo y la puedes meter tú. Sube dándome la espalda.

Daniela subió de espaldas a su suegro y se puso manos a la obra El resultado final fue que la vaquera culera se corrió dos veces más.

 

                                         Segunda parte

                           Una semana después de irse Amancio.

Daniela tenía una cuñada que vivía por la parte de atrás de su casa y con la que compartía huerta. Era una mujer morena, rellena, alta, robusta, se llamaba Renata y tenía cuatro hijos.

Debía ser el sino de Daniela que la pillaran mientras se tocaba, porque esta vez quien la pilló fue Renata. La mujer había ido a pedirle azúcar prestado. Al llegar a la casa, como la puerta estaba abierta, entró hasta la cocina. Pensó que Daniela no estaba en casa. Cogió un paquete de azúcar en la alacena y cuando iba a echar un poco en la taza que había llevado con ella, sintió gemidos. Fue a la habitación de Daniela y la vio desnuda, a cuatro patas sobre la cama, con dos dedos dentro del coño y uno dentro del culo. La sorpresa fue inmensa. La estuvo mirando un tiempo y lo que vio la calentó... Fue hasta la cama sin hacer rudo y le echó una mano a una teta. Menos mal que Daniela no padecía del corazón, porque si padeciera le daría un infarto. Daniela se sentó sobre la cama, tapó las tetas con un brazo, el coño con una mano, bajó la cabeza y le preguntó a su cuñada:

-¿Cuánto tiempo llevabas mirando antes de tocarme?

-Poco. ¿Quieres que te ayude a correrte?

-No.

Renata se sentó en la cama y le acarició el brazo que tapaba sus tetas.

-Tiemblas solo con acariciar tu brazo.

-No me toques.

Le metió la mano izquierda debajo del brazo y le acarició una teta.

-Deja que te eche una mano.

-Te dije que no me tocaras.

Le dio un pico. Daniela no retiró la boca. Luego  Renata puso su mano encima de la que tenía tapando el coño y metió sus dedos entre los de su cuñada. Sintió su humedad y le dio otro pico.

-Estabas a medio camino cuando te interrumpí, deja que te lleve hasta el final.

-Eres la esposa del hermano de mi marido.

-Soy la esposa de un borracho que ya no me toca.

-No me gustan las mujeres

-Eso decía yo hasta que follé con una.

Le quitó el brazo de encima de las tetas sin que Daniela hiciera nada para evitarlo, y después le lamió los pezones. Daniela comenzó a gemir. 

-Eres muy sensitiva

Renata le apartó la mano del coño y le frotó tres dedos en él. Vio como Daniela se comenzaba a derretir. Le metió la lengua en la boca, y dos dedos dentro el coño. Luego los dedos entraron y salieron a mil por hora y Daniela, corriéndose, ahogó los gemidos chupando la lengua de su cuñada. Después, con la mano bañada en jugos, Renata Le dijo.

-Es asombroso como te corres. Ojala yo me corriera así.

Al acabar de gozar se siguieron besando. Luego Renata se desnudó. Daniela vio sus tremendas tetas con areolas casi negras y fenomenales pezones, vio la mata de pelo negro que rodeaba el coño, y le dijo:

-¿Para que te has desnudado?

-Para ti.

-No te voy a comer nada...

No dejó que acabara la frase.

-Yo te voy a comer todo a ti.

Le volvió a lamer los pezones y a mamar las pequeñas tetas, luego se metió entre sus piernas y le olió el coño profundamente.

-¡Ummmm! Tu coño huele a leche cuajada. Me encanta ese olor. Flexiona las rodillas y ábrete bien de piernas.

Daniela ya estaba entregada a la causa e hizo lo que le había dicho. Renata le abrió el coño con cuatro dedos, y se lo lamió con la lengua plana y de abajo a arriba. Se lo lamió con distintos ritmos y distintas  intensidades y haciendo paradas, lo que volvía loca a Daniela, porque Renata paraba de lamer cada vez que se iba a correr.

En una de estas paradas, le puso las tetas en la cara.

-Chúpalas si quieres que te haga correr otra vez.

Se las agarró y se las mamó con lujuria. Luego se dio la vuelta, le puso el coño en la boca, se estiró, le lamió el coño y le dijo:

-Lame mi coño si quieres que te lama el tuyo.

Daniela, haciendo el 69, le lamió el coño a su cuñada. Renata chupó un dedo y luego se lo metió en el culo y se lo folló con él. Daniela levantaba la pelvis para que le lamiera el coño, pero Renata estaba esperando a que le viniera ella para correrse juntas. Poco después sintió que le venia el gusto y le lamió el coño. Renata viendo salir chorros de jugos del coño de su cuñada, le llenó la boca de babas con un espectacular corrida.

Al terminar de correrse, dijo Daniela:

-Vuelve a tu casa. Nunca debimos hacer esto.

-Vale, me voy, pero volveré.

Daniela salió de la cama y se puso seria.

-¡Si vuelves, sales de aquí a escobazos!

Renata, que hacía dos de ella, también se levantó de la cama, la empotró contra la pared, la agarró por las muñecas, y le pregunto:

-¿A quién vas a correr tú a escobazos?

-¡Suéltame!

Renata se puso en cuclillas y le lamió el coño con celeridad desde el segundo uno. Daniela no aguantó ni dos minutos. Al correrse salió un potente chorro de jugos, Renata, echó la cabeza hacia atrás y Daniela le puso la cara perdida de jugos, con ese chorro y con los que la sulfató  a continuación.

Cuando acabó de regarla, Renata se incorporó, le puso una mejilla cerca de la boca y le dijo:

-Límpiame la cara con la lengua.

Daniela le dio una lamida a sus jugos y Renata  la besó con lengua. Eduardo, el mayor de los hijos de Renata, que había ido a ver por que tardaba tanto su madre, vio por la ventana como a cada lamida de babas, su madre y su tía se besaban con lengua. Daniela, ajena a las miradas de su sobrino, bajó y le comió el coño a su cuñada. 

Le estaba comiendo el coño cuando oyeron una voz que venía de la puerta de la casa de Renata, y que decía:

-¡Viene ese azúcar, el café ya esta frío!

Era la voz de Adán, otro de sus hijos.

Quien se vino fue Renata en la boca de su cuñada, y Eduardo en su mano.

 

                                     Tercera parte

                        Una semana después de follar con Renata

Eran las cinco de la tarde y el sol pegaba fuerte. Daniela iba por el monte de regreso a casa con un saco de piñas en la cabeza, llevaba puesto un vestido de flores rojas y azules que casi le llegaba a los tobillos. Llegó a la altura de un pequeño embalse y vio a sus cuatro sobrinos bañándose. Eduardo, le dijo:

-¡Cuidado con la culebra, tía!

Daniela miró para el otro lado y vio pasar a una culebra que medía más de dos metros. Dejó caer el saco de la cabeza y este aplastó a la culebra. La bicha abrió su gran boca y enseñó sus afilados colmillos, luego, echando fuera su bífida lengua, hizo un ruido como el de un silbido. Daniela se metió dentro del pequeño embalse y se arrimó de espaldas a Eduardo, al que le daba el agua por la cintura. 

Lo primero que sintió fue su polla en la espalda. Había salido del fuego y había caído en las brasas. Se separó de él.

-¡¿Te estás bañando en pelotas?!

-Estamos bañándonos en pelotas.

La culebra seguía aplastada por el saco de piñas y continuaba con su música. El peligro la rodeaba por todas partes. Se le encendió la luz y dijo:

-Al que mate la culebra le hago una tarta de manzana. 

Adán, que era el más joven de los hermanos, se anotó:

-Yo me encargo, pero no hace falta matarla que no le hizo daño a nadie.

Raúl, el tercero en edad, y que era unos centímetros más alto que Adán, le dijo:

-Yo te ayudo.

 Salieron del agua, fueron junto a la culebra. Adán la cogió por la cabeza y la cola. Raúl levantó el saco de piñas y Adán tiró la culebra entre unos matorrales. 

Daniela había visto sus culos redondos y prietos, sus pollas colgando y sus cuerpos serranos y se había puesto nerviosa. Quiso salir del agua, pero Eduardo la detuvo echándole una mano al coño. Daniela le preguntó:

-¡¿Qué pretendes hacer?!

Eduardo le dijo al oído:

-Pretendo echarte un polvo mejor que el que te echó mi madre.

Daniela se quedó de piedra.

-Tú no sabes lo que dices.

Le levantó el vestido y le metió la mano dentro de las bragas.

-Os vi por la ventana cuando mi madre te fue a pedir azúcar.

Daniela sintiendo la polla empalmada en su espalda, le dijo:

-Quita las manos de mi coño. No te voy a dejar follar con tus hermanos mirando.

-No van a mirar, también te van a follar, les dije lo que vi. Íbamos a ir a tu casa a darte lo tuyo, pero mira por donde...

-¡Hijos de puta! 

-Insultarnos no te va a servir de nada.

-No os voy a dejar, canallas.

-¿Quieres que tu marido y mi padre se enteren de lo que hicisteis?

Los otros tres hermanos se acercaron a Daniela como tres halcones.

Viendo que no tenía escapatoria, les dijo:

-Si viene por ahí alguien y no ve, sería mi ruina. Os hago un trato. Me dejáis ir, mañana hago dos tartas de manzana y cuando vengáis a comerla os dejo que me folléis. 

Los halcones no iban a soltar a su paloma. Raúl le dijo:

-No hay trato.

Eduardo, que tenía la altura de su padre, un metro ochenta y algo, le quitó el vestido y el sujetador y los echó sobre la hierba que había al lado izquierdo del estanque, donde tenían ellos las ropas, después se metió bajo el agua, le bajó las bragas y le comió el coño unos segundos. Raúl, que era unos centímetro más bajo, le comió la teta izquierda, Adrián, que andaba en el metro setenta y cinco, le comió la teta derecha, y Adán, que media un metro setenta y algo, le comió la boca.

Daniela sabía que les gustaba, lo sabía por las miradas que le habían echado la última semana cuando pensaban que no los veía, y había fantaseado con ellos, lo que nunca imaginó fue lo que le iban a hacer.

Eduardo, luego de sacar la cabeza del agua, le quitó las bragas y las echó junto al vestido y el sujetador. La levantó, la sentó en la parte de arriba del dique de contención del embalse y volvió lamerle el coño. Raúl le siguió mamando la teta izquierda, Adrián la derecha y Adán se machacaba la polla. 

El coño de Daniela, antes mojado de agua, ahora se mojaba de jugos. No iba a tardar en explotar, y no quería que vieran como se corría. Para ganar tiempo, les dijo:

-Vamos para otro lado donde no nos puedan ver.

Eduardo por los movimientos de pelvis de su tía supo que se iba a correr, lamió más aprisa y Daniela, convulsionándose, le sulfató la cara con una tremenda corrida.

Adán, con cara de asombro, dijo:

-Mamá no se corre así.

Lo miraron sus tres hermanos con cara de mala hostia por haberse ido de la lengua, pero Daniela estaba en el mundo del gozo, y no lo oyó. Adán se salvó de una buena bronca.

Al acabar de correrse Daniela, Eduardo le dio la vuelta en el agua, la cogió por la parte de abajo de las rodillas, le fue bajando el culo y su polla tiesa se fue metiendo en su coño.

Daniela le puso las manos en el pecho y dijo:

-Nos van a descubrir.

Al acabar de hablar sintió como una polla entraba en su culo, era la polla de Raúl. Se la metió lentamente y una vez que se la había metido toda, le dio con ganas atrasadas. Las dos pollas entrando y saliendo de su culo, lubricadas con el agua, la volvieron loca, y en nada volvió a correrse. Al correrse ella también se corrieron Eduardo y Raúl, uno en la entrada de su coño y el otro dentro de su culo.

Eduardo, al acabar de correrse, le hizo señas a Adrián para que ocupara su lugar. Cuando se puso a su lado, Raúl se la quitó del culo. Daniela tenía ganas de que la siguieran follando, pero tenía miedo de que la vieran.

-Nos van a pillar y me vais a arruinar la vida. 

Eduardo le dijo:

-Folla tranquila que Raúl y yo vigilamos.

Adrián la cogió por donde la había cogido Eduardo y se la clavó en el coño. Adán se la clavó en el culo. Le dieron a mazo hasta que se corrieron. Primero se corrió Daniela y después se corrieron ellos, Adrián en el agua y Adán dentro de su culo.

Cuando la pusieron de pie en el embalse, se iba para los lados. La habían dejado rota. Adrián le dijo:

-Ahora pon tu ropa a secar. Con este calor enseguida seca.

-Con este calor la ropa ya debe estar seca. 

Daniela salió del agua y se sentó sobre la hierba. Levantó una pierna para quitar una zapatilla y vaciar el agua que había en ella y vieron su coño abierto. Hizo lo mismo con la otra y volvieron a ver su coño abierto. Salieron del agua y se fueron a por ella. Al verlos venir, les dijo:

-¡No, no que nos van a pillar!

Eduardo le dijo:

-No te preocupes por eso.

Detrás de donde tenía las ropas, a unos cinco metros, y entre matorrales y pinos, había un pequeño campo de hierba de unos ocho metros de largo por unos seis de ancho, al que se llegaba apartando unas ramas y donde los hermanos se habían hecho sus buenas pajas. Allí no los podía ver nadie. 

En la mitad del campo daba el sol y en la otra mitad había sombra. Adán echó al sol las zapatillas y la ropa de Daniela, después fue a la sombra, donde sus hermanos, arrodillados enfrente de Daniela, estaban meneando las pollas para ponerlas duras. Daniela, sentada sobre la hierba y cachonda de nuevo, miraba como pelaban las pollas.

-Acabar pronto que me pueden llevar el saco de piñas. 

Eduardo le puso la polla en los labios Daniela abrió la boca y se la mamó. Empuño la polla de Adrián y la de Raúl y las meneó. A sacarle la polla de la boca Eduardo, se la metió Adán, luego se la mamo a Adrián y a continuación a Raúl...  Las pollas se fueron turnando en sus manos y en su, boca, boca de la que caían cantidad de babas. Adán, emocionado, se volvió a ir de la lengua cuando le preguntó a sus hermanos:

-¿La bañamos? A mamá le encanta.

Raúl le dijo:

-Calla, calla que estás más guapo callado.

Daniela también se pasó de la lengua.

-¿Así que bañáis a vuestra madre? Ahora sé porque folláis como folláis. ¿Le dais un baño de saliva o de leche?

No debió decirlo. Raúl comenzó a mear por ella, y tras él mearon por ella los otros tres. Daniela se tapó la cara con las dos manos y no abrió la boca para protestar, porque si la abría le entraría el meo en ella. Cuando acabaron de ducharla, sacudió los brazos y las manos para quitarse el meo de encima, pero era imposible quitarlo todo. A Daniela no le había disgustado el baño, porque en vez de enfadarse, sonrió y dijo:

-Sois unos pervertidos.

Adrián la puso a cuatro patas, se arrodilló detrás de ella, la agarró por las tetas, se la metió en el coño y le dio caña hasta que no pudo más, en ese momento la sacó y se corrió sobre la hierba. Luego fue Raúl el que ocupó su  lugar, pero él la agarró por la cintura, se la metió en el culo, le dio a romper y se lo llenó de leche.

Daniela se moría por correrse, por eso iba a montar a Eduardo cuando este se echó boca arriba sobre la hierba y le dijo:

-Fóllame, tía.

Daniela se puso a horcajadas sobre él, agarró la polla erecta, la frotó en la entrada de la vagina, colocó el glande en la entrada, bajó el culo y la metió hasta las trancas. Lo iba a follar con ganas, pero sintió una mano empujar su espalda e intuyó lo que venía a continuación. Se echó hacia delante sobre Eduardo. Adán le metió la polla en el culo de una suave estocada y a Daniela le tembló todo el cuerpo.

Le dieron lo que no está en los escritos y poco después Daniela se corrió, y se corrió sintiendo como le llenaban de leche el culo y el coño. Levantó la cabeza para gritar de placer, pero no pudo hacerlo, la polla de Raúl entró en su boca y se la llenó de leche, y por si fuera poca leche, Adrián se corrió en su espalda.

Al acabar de gozar, sabiendo que podría haber quedado preñada, le dijo a Eduardo:

-Como quedara preñada te corto los huevos.

Eduardo tenía más cara que espalda.

-Folla esta noche con tu marido, que se corra dentro y si quedas preñada nunca sabrás de quien es el hijo. 

-Que enseguida lo has arreglado, desgraciado.

La vaciló.

-Uno que tiene inventiva.

-Uno que es un cabrón.

-Ahí me has dado. ¿No te vas a bañar para quitar el meo de encima?

-Sí, pero sola.

                                     Cuarta parte

                                  Daniela y Claudio

Daniela estaba en la cama con su marido, y en la oscuridad, le dijo:

-Deberíamos hablar de nuestra vida matrimonial, Claudio.

-¿Por qué?

-Porque he oído cosas.

-¿Qué cosas?

-Cosas sexuales que tú y yo no conocíamos.

-¿Cómo qué?

-¿Como que hay hombres que le comen la cosa a sus mujeres?

-¿Qué cosa?

-La de abajo.

-¡¿El coño?!

-Ese mismo.

Claudio encendió la luz, se sentó en la cama y con la mosca detrás de la oreja, le preguntó:

-¡¿Quién te ha dicho eso?!

Daniela se había currado bien la mentira.

-Angelina le dijo a Antonia que su marido se lo comía, se lo dijo mientras lavaban la ropa en el río.

A Claudio se le fue la mosca y le vino la curiosidad.

-¿Y Antonia que le dijo a ella? 

-Que a ella también se lo comía su marido y que se corría como una perra, pero que lo que más le gustaba era que le follara el culo y montarlo ella a él.

-¿Y qué más dijeron?

-Que les daban besos con lengua, que les chupaban las pollas, hasta dijeron como se la chupaban cada una de ellas.

-¿Por qué me has dicho todo eso, Daniela

-Porque quiero experimentar cosas nuevas, y una de ellas es saber que siente una mujer al correrse.

Claudio, que era una copia de su padre, en joven, se llevó una buena sorpresa.

-Creía que eras una mujer recatada.

-Y lo era, pero cuando una no se corre y sabe que las otras mujeres, sí se corren, pues quiere saber que se siente, y si para eso hay que chupar, se chupa, si hay me montar, se monta, y si hay que llevar por donde cuadre, se lleva

Claudio no conocía a su mujer, pero le gustaba su nueva manera de pensar.

-¿Qué quieres hacer primero?

-Lo que tú quieras.

Claudio, que ya estaba empalmado, se destapó, quitó el calzoncillo y le dijo:

Desnúdate, quiero verte desnuda.

Daniela se desnudó, Claudio la vio desnuda por primera vez.

-¡Eres perfecta!

Claudia sonrió y bajó la cabeza haciéndose la tímida.

-Gracias.

, Claudio le echó las manos a las tetas, y mirándolas, se las tocó con mucho cuidado

-Puedes sobarlas con más fuerza que no se van a romper.

-Es que no sé que te gusta que te haga.

-Cógelas por abajo, y lame los pezones y después chúpalas.

Claudio hizo lo que pudo y aún así arrancó algunos gemidos de su mujer.. Daniela le levantó la cabeza y le dijo:

-Lame y chupa mi lengua.

 Daniela echó  la lengua fuera. Claudio lamió y chupó su lengua, y luego Daniela le metió la lengua en la boca y acabaron babeando. Al acabar de babear, le dijo Daniela:

-Vamos con la segunda parte que es...

Claudio se vino arriba.

-Chuparme la polla.

-No era lo que tenía pensado, pero vamos a por tu polla.

Daniela empuñó la polla, la lamió y la chupó. Entre lamidas y chupadas, le dijo:

-Así es como dijo Angelina que se la chupaba a su marido. ¿Te gusta?

-Sí, sigue.

Se la siguió chupando y al rato, Claudio se corrió en su boca. Daniela se tragó la corrida.

-Ahora te toca a ti lamer mi coño.

-Me tendrás que decir como hacerlo.

-Tengo que subir encima de ti.

-Ya estás tardando.

Daniela subió encima de su marido, le puso el coño en la boca, y le dijo:

-Saca la lengua que el resto lo haré yo. Lo haré tal y como dijo Antonia que lo hacía ella.

Claudio sacó la lengua, Daniela apretó su coño contra ella y lo frotó moviendo el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, lo que hizo que también lamiera su ojete. No tardo ni tres minutos en correrse en su boca. A Claudio no le quedó más remedio que tragarse sus chorros de jugos. Al acabar de  tragar y con la polla otra vez tiesa, le dijo:

-Joder, te corres como una fuente.

Daniela, sonriendo, le dijo:

-¡Qué maravilloso es correrse!

-¿Qué has sentido?

-Un placer inenarrable. Ahora toca...

-¿Follarme?

-Exacto.

Le puso la entrada del coño sobre la cabeza de la polla Claudio se la clavó y luego Daniela le dio caña moviendo el culo del mismo modo que lo había movido al frotar el coño contra la lengua.

-Me gusta que me folles.

-Magrea mis tetas

Se las magreó, de aquella manera. Tiempo después, Daniela, viendo que Claudio se iba a correr, le dijo:

-Córrete dentro. Quiero sentir tu leche dentro de mi coño.

Lo folló a toda mecha. Claudio le llenó el coño de leche y ella, derrumbándose sobre él y entre gemidos y espasmos, le bañó la polla con una larga corrida.

Al acabar Daniela sacó la polla del coño, y le dijo;

-Me gustó ver como te corrías.

-Y a mí ver como te corrías tú. ¿Quedarías preñada?

-Con el tiempo lo sabremos.

Daniela tenía el culo un poco levantado. La polla, que seguía dura, se encontró con el ojete. Daniela, sin querer, queriendo, bajó un poco el culo y e entró la puntita, Claudio empujó y entró el glande.

.¡Ayyyy! ¿Qué haces?

-Como habías dicho que a Antonia le gustaba...

-Yo no soy Antonia, pero la verdad es que me gustó más de lo que me dolió.

-¿La saco?

-No, sigue metiendo, pero poquito a poco.

Poquito a poco se la metió. Daniela fingía que le dolía. Cuanto más se quejaba más dura se la ponía a su marido. Claudio, el buenazo, llevaba dentro un masoquista. Daniela lo supo después de habérsela metido toda y de darle fuerte para arrancarle más quejas. Dándole duro, le dijo:

-¡¡Me vas a romper el culo!!

 Siguió dándole a mazo y Daniela se corrió. El primer chorro de jugos salió con tanta fuerza que fue a parar a su cara. Claudio, emocionado,  le dijo:

-¡Te voy a matar a polvos!

-¡Mata, mata, mata!

Se corrió dentro del culo mientras Daniela lo bañaba con sus jugos.

Daniela no quedó preñada. Desde esa noche la vida sexual con su marido fue excelente. Con sus sobrinos y su cuñada hacía hora extras.

Quique.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



   
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(@marvilnalgoncita75)
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Definitivamente el morbo me consumió Uffff 🔥🔥🔥🤤😋 

Demasiado Divino como para no dormir 🤗😅

Que riiicoooooo



   
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