Eva, de fiel enamor...
 
Notificaciones
Vaciar todo

Eva, de fiel enamorada a zorra desatada

2 Respuestas
2 Usuarios/as
1 Reacciones
1,749 Visitas
José
(@quique)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 503
Iniciador del debate   [#1477]

                           Primera parte

Eva era una chica morena, de estatura mediana, tirando a alta, delgada, con todo muy bien puesto y muy hermosa. Hacía un mes que se casara con Antonio, un joven moreno, alto y apuesto. A su tío, que era cura, no le había gustado que se casara con Antonio, por tres motivos, el primero porque Antonio y ella eran primos, el segundo porque era muy joven y el tercero porque Antonio vivía con una hermana lesbiana y casada con otra lesbiana. A Eva le dolió que sus padres hicieran caso a su tío y no asistieran a su boda, pero confiaba en que algún día aceptasen a su nueva familia.

Tanto Eugenia, la hermana de Antonio, como Carmen, la trataban cómo a una hermana, pero Eugenia le había echado el ojo.

Una mañana que estaban en casa a solas Eva y Eugenia, debido a que Antonio y Carmen se habían ido a trabajar, se armó el lío.

Eran las once y algo de la mañana y Eva y Eugenia estaban en bata de casa tomando un café y unas pastas en la sala de estar, sentadas en un sofá de tres plazas,  le decía Eva:

-... Y eso no se debe a que el tío sea un cura chapado a la antigua.

-¿Por qué lo dices?

-Porque oí que el tío Rogelio se tira a todo lo que se mueve. 

-¿Y has creído a ese alguien?

-Si una mujer me dice que folló con él y que sabe de otras que también lo hicieron, yo la creo.

-Es raro oír una confesión de esas.

-Es raro, pero te aseguro que si lo sedujeras no ibas a encontrar a ningún santo.

-¿Tú crees?

-Claro que lo creo, aunque a ti lo que te debe importar es lo que piense mi hermano, y a Antonio se la suda que el tío Rogelio sea como es e influya en tus padres, pero bueno, yo si fuer él también me la sudaría.

-¿De verdad, cuñada?

-Sí.

-¿Y por qué?

 -Porque eres preciosa, Eva.

A Eva le salió una sonrisa debajo de la nariz.

-Gracias. Tú también eres muy bella.

Eugenia, que era una joven alta, madura y flaca, con el pelo a lo Garzón, con labios gruesos, ojos negros, nariz aguileña, cuello largo, tetas pequeñas, culo redondito y coño peludo, porque así le gustaba a Carmen, le dijo:

-Pero yo tengo las tetas pequeñitas y no tengo tus manos -le cogió la mano izquierda-. Manos finas, con dedos largos y delgados -se los acarició. Mi hermano tiene mucha suerte por ser acariciado por tan bellas manos.

Eva retiró la mano y cogió con ella un pistacho.

-No me hables así. Me siento incómoda.

Le acarició el cabello.

-¿Es por qué soy lesbiana o por qué soy tu cuñada?

-Tengo amigas lesbianas.

-Entonces es porque soy tu cuñada.

-Tampoco, es porque no estaría bien.

-¿Teniendo amigas lesbianas nunca...?

-No, nunca.

-¿Y no se te pasó por la cabeza dejar que te comieran el coño?

-No pienso responder a ninguna pregunta más.

-Creo que eso fue un sí.

-Cree lo que quieras.

Eugenia se tiró al monte.

-Eres tan bella -le dio un beso en la mejilla-, y tu cuerpo debe ser tan celestial...

-Voy a tener que irme.

-¿Por qué? Estamos solas y nadie se enteraría.

-¿De qué?

-¿De qué va a ser, mujer?

Le dio un beso en los labios y le echó la mano a una teta. Eva se levantó. Iba a irse, pero Eugenia la cogió por la cintura y la besó de nuevo en la boca.

-Para, Eugenia.

-Deja que te haga feliz.

-Ya soy feliz con tu hermano.

-Como yo te voy a follar, nadie te ha follado, ni nadie te follará.

Eva se puso brava.

-¡No voy a permitir que me hagas nada más!

Le dio un empujón, se separó de ella y luego se fue corriendo a su habitación.

Eugenia se echó hacia atrás, abrió la bata, metió su mano dentro de las bragas, mojó dos dedos en la saliva de su boca y acarició su clítoris, echó la otra mano a una teta, cerró los ojos y dijo: 

-Vas a ser mía, aunque sea en mis fantasías.

Se hizo un dedo y cuando se corrió le temblaron hasta las cejas. Al reponerse del cansancio producido por el placer aún tenía más ganas de follar a su cuñada.

-Tengo que intentarlo de nuevo, aunque lo más probable es que haya cerrado la puerta con llave, pero. ¿Y si no la cerró?

Fue a la habitación de Eva. Echó la mano al picaporte, lo giró y la puerta se abrió. Eva, que salía del baño, tapada con una toalla, le preguntó:

-¿Qué quieres, Eugenia?

-A ti.

Eva se puso a la defensiva.

-¡No te acerques!

Fue junto a ella, y luego de quitarle la toalla, la giró y la empujó sobre la cama, Eva, boca abajo, le dijo:

-¡¿Se te fue la olla?!

Eugenia la puso a lo largo de la cama, se echó sobre ella, la besó en el cuello, y le dijo:

-No te resistas, que si te resistes aún me vas a poner más caliente. 

Eva, con el cuerpo que tenía Eugenia podía quitársela de encima, pero no lo hizo, sólo le dijo:

-Por favor, déjame.

No la iba a dejar. Le frotó sus pequeñas tetas en la espalda y luego se la besó y se la lamió.

-Sabes a pecado.

Frotando sus tetas entre las nalgas, le dijo:

-Levanta el culo y separa las nalgas con las manos para follarte el ojete con mis pezones.

-No voy a levantar ni abrir nada. Eres la cuñada más pervertida que se puede tener.

Eugenia le puso en la nariz los dedos con que se había masturbado.

-Huele -olió-. Me corrí pensando en ti.

-Lo dicho, eres una pervertida.

Sin que opusiera resistencia, la puso a cuatro patas, le separó las nalgas con las dos manos y le lamió el ojete.

-¡Cochina!

Le folló el ojete con la lengua, se lo lamió, se lo folló...

-¿Te gusta lo que te hago?

-No.

-¿Y por qué te chorrea el coño?

No le contestó. Eugenia lamió varias veces desde el coño al ojete y luego le preguntó:

-¿Quieres correrte en mi boca?

Siguió guardando silencio. Eugenia le enterró la lengua en el coño, luego lamió de abajo a arriba y al llegar al ojete le clavó la lengua en él. 

-¿Te gusta así?

A Eva le había comido la lengua el gato. Eugenia le siguió lamiendo y follando el coño y el ojete hasta que Eva se corrió. Se corrió con la lengua entrando en el ojete y  convulsionándose pero sin emitir ni un gemido.

Al acabar de correrse la puso boca arriba y la besó.

-Tienes los labios más dulces que he besado en mi vida. Bésame.

Ladeó la cabeza.

-No.

La volvió a besar cantidad de veces, pero en ninguna de ellas abrió la boca. Luego le chupó las tetas. Eva le ponía las manos en los hombros y empujaba sin fuerza. Eugenia hacía tiempo que sabía que Eva se estaba dejando, pero le faltaba que correspondiera a sus caricias. Se sentó sobre ella, le cogió las manos, se las llevó a las tetas y le dijo:

-Acarícialas.

-No.

 Había dicho que no, pero no hizo nada para quitarlas. Eugenia, apretando sus manos contra las de Eva, se magreó las tetas.

-¿Te gusta?

-No.

Le puso un pezón entre los labios.

-Chupa.

No abrió a boca. Eugenia frotó la teta contra su cara y luego le metió el otro pezón entre los labios.

-Mama.

Eva, le dijo:

-No.

Al abrir la boca metió casi toda la teta dentro y al cerrarla fue cómo si le la mamara un poquito.

-Para ya, Eugenia.

-No puedo parar, te quiero.

-Mentirosa.

Le metió en la boca un poquito de la otra teta.

-Me enamoré de ti la primera vez que te vi.

-Estás loca.

Esta vez sacó la lengua para mojar sus labios resecos y sin querer queriendo lamió su pezón y la areola.

-Sí, estoy loca, por ti. Lame  más.

Como Eva no lamió más, dejo de darle las tetas, le lamió el pezón y la areola color marrón de su teta izquierda y luego se la mamó.

-Deja que goce de tu cuerpo angelical. 

-No.

Mamó la otra teta, luego besó y lamió su cuello y después la besó en los labios. Eva dejó que la besara, pero no abrió la boca. Eugenia le dijo:

-Bésame, por favor.

-No te voy a besar.

Le siguió comiendo las tetas un buen rato y luego le echó la mano derecha al coño.

-Quita la mano de ahí.

Le metió dos dedos dentro de la vagina. Eva hizo un arco con su cuerpo.

-Estás empapada, ya no puedes negar que te gusta.

Lo siguió negando.

-No, no me gusta.

-Si ya te has corrido.

-Sí, pero no me gusta.

La masturbó y le chupó una teta. Las manos que antes empujaba los hombros de Eugenia ahora estaban inmóviles.

-Dime que sientes.

-Vergüenza, siento vergüenza.

Eugenia bajó besando y lamiendo su vientre. Al llegar abajo, le separó más las piernas y luego lamió el interior de sus mulos.  Eva echó las manos al coño. Eugenia lamió entre sus dedos. Las manos se fueron retirando mientras lamía cerca de sus labios mayores. 

-¿Quieres que te coma  el coño?

-No.

Las manos de Eva volvieron a tapar su coño. Lamió donde había lamido antes y luego entre los dedos de las manos.

-Deja que te coma el coño.

-No, no te voy a dejar

Le cogió las manos y se las apartó del coño, un coño pelado y baboso. Se lo olió y le dijo:

-Tienes un coño precioso y huele de maravilla.

-Eres una pervertida.

-¿Quieres correrte de nuevo de nuevo?

-No, no quiero correrme.

Suavemente, pasó la punta de la lengua sobre el glande erecto de clítoris. De la garganta de Eva salió un sensual gemido. Luego Eugenia le abrió el coño con dos dedos y con la misma suavidad y lentitud que había pasado su lengua por el glande, lo pasó por un labio vaginal y luego por el otro...

-¿Quieres correrte en mi boca?

No le respondió, así que Eugenia lamió de abajo arriba la tira de veces con la misma lentitud y suavidad de antes. Luego le metió y le sacó la lengua del  coño cada vez más aprisa... Eva arqueó el cuerpo, y entre gemidos se corrió en la boca de Eugenia.

Eugenia no paró de lamerle el coño mientras se corría. Al acabar la besó en la boca a ver si le correspondía, pero la respuesta de Eva fue hacerle la cobra y decirle:

-Me estás llenando los labios de babas.

A Eugenia le llegó la leche a las tetas. Le puso el coño en la boca y le dijo:

-Unas pocas más no se van a notar. Lame.

Eva apartó la cabeza. Eugenia se la cogió con las dos manos y frotó su coño contra su boca y contra su nariz.

-Saca la lengua.

-Ni lo sueñes.

A Eugenia no le quedó más remedio que agarrarle la pierna izquierda y juntar su coño con el de Eva.

-Si no quieres que me corra en tu boca me correré en tu coño.

Comenzó apretando los coños y frotándolos despacio, luego fue aumentado progresivamente la velocidad de los roces de unos coño tan empapados que más que rozarse patinaban sobre sus respectivos clítoris. Se miraban a los ojos cuando le dijo Eugenia:

-¡¡Me corro!!

Había estado follando cómo una pantera, pero se corrió como una gatita, ya que sus gemidos fueron como suspiros.

Al acabar de correrse en su coño abrió los ojos y vio que Eva se estaba corriendo, espero a que acabara y luego le dijo:

-Lo siento, pero es que te quiero tanto que...

Eva, con la voz entrecortada. no dejo que siguiera hablando.

-Que si no te vas ahora de mi habitación, le digo a tu hermano y a Carmen cuanto me quieres.

-No va a ser necesario.

Eugenia cogió sus ropas y se fue.

                              Segunda parte                                                   

A la una y media volvieron del trabajo Antonio y Carmen. Casi no conversaron mientras comían. Eva y Eugenia estuvieron todo el tiempo sonrientes, aunque evitaban mirarse, y Carmen y Eugenia estaban enfadadas. Después de comer, Carmen se fue a su habitación a tomar la siesta, Eugenia se quedó a tomarla en un sofá y Antonio y Eva se fueron a tomarla a su cuarto. 

 Eva, boca arriba sobre la cama, recordó todo lo que le había hecho su cuñada y se calentó. Le echó la mano a la entrepierna a su marido y le dijo:

-¿Jugamos?

-Juega tú conmigo, yo estoy muy cansado para jugar contigo.

Se sentó a su lado, le bajo los pantalones y el calzoncillo y luego empuñó su polla morcillona. La llevó a la boca y se la mamó y masturbó hasta que se la puso dura. Después se quitó la blusa y el sujetador y acto seguido le dio las tetas a mamar. Antonio era un cómodo de cojones, tan cómodo era que hasta tuvo que llevarle Eva las manos a las tetas para que se las magreara. Parecía que llevaban treinta años casados en vez de llevar un mes. A Eva le daba igual que estuviera poco entregado a la causa. Lo haría todo ella. Se quitó las bragas, se puso a horcajadas sobre él, le aplastó la polla con su coño mojado y luego lo frotó con ansia viva. Al rato, le dijo Antonio:

-Me voy a correr.

Levantó el culo, metió la polla dentro del coño y Antonio se lo llenó de leche.

Al acabar de correrse la polla se le puso blanda. Eva no se podía quedar con el calentón. Sacó la polla, la volvió a aplastar con el coño y lo frotó a toda pastilla contra ella. La polla se puso dura, pero cuando Eva sintió que e iba a correr, en vez de meterla, le puso el coño en la boca a su marido, y le dijo:

-Saca la lengua, Toni.

Antonio, que nunca había comido un coño, sacó la lengua. Eva frotó su coño contra ella y en segundos le dijo:

-¡Te voy a llenar la lengua de babas!

Dicho y hecho, Eva se corrió y le pringó la lengua de babas.

Al acabar se quitó de encima. Antonio, con la mosca detrás de la oreja, le preguntó:

-¿Quién te enseño a hacer lo que has hecho?

Le iba a mentir, a medias, pues en un video porno había visto lo de masturbarse con el coño deslizándose por la polla.

-Miré un video porno esta mañana.

-¿Es que tú también...?

-Sí, yo también me masturbo.

Una sensación de alivio recorrió el cuerpo de Antonio.

-¡Cochina! Fóllame otra vez.

-Fóllame tú a mi.

Antonio montó a su mujer y en nada le llenó el coño de leche. Al acabar, se quitó de encima y le dijo:

-Ahora necesito echar una cabezadita.

Eva seguía con ganas, y dijo para sus adentros:

-Echa, que yo también voy a echar..., por fuera.

Cuando Antonio se quedó dormido, pilló su iphone 12 sobre la mesilla, se puso de lado y tecleó: "Porno lésbico." Le salió donde escoger, se decidió por: "Hija, deja que le coma a tu amiga el coño un poco, no?." 

A poco de empezar a mirar el video se echó una mano a la teta izquierda y comenzó a magrearla. Al rato se subió la camiseta y siguió magreado la teta por encima del sujetador. Luego bajó la copa y las yemas de sus dedos, pulgar e índice giraron alrededor del pezón de la teta, una teta con areola oscura. Luego se fue turnando entre magreos y giros de las yemas de los dedos sobre su erecto pezón... Haciendo lo mismo sobre la otra teta y sin quitar la vista de encima de la pantalla del iphon 12, su respiración se fue acelerando... Poco después dejaba el iphon 12 sobre la cama, se levantaba la falda y se magreaba las tetas, al tiempo que acariciaba el coño por encima de las bragas. No tardó ponerse boca arriba y en bajarse las bragas hasta la mitad de los muslos. Pilló el iphon 12 para seguir mirando a las chavalas. Con las rodillas flexionadas y las piernas abiertas todo lo que le daba la goma de sus bragas, se echó una mano al coño, luego viendo como se daban el lote las tres del video, se magreó las tetas, jugó con sus pezones y se dio dedo. Antonio se despertó con el movimiento de la cama y vio lo que estaba haciendo su mujer. Ya le había dicho que se masturbaba, pero masturbares a su lado era rizar el rizo. Ese día estaba descubriendo el lado oscuro de su mujer, y le gustaba. No quiso interrumpirla, así que le dio la espalda y fingió que dormía. Al rato Eva se corrió. Tembló ella y tembló la cama. El placer que sintió fue tan intenso que acabó corriéndose en posición fetal.

                         Tercera parte

Eva estaba sentada en su cama leyendo una revista y  sintió llamar con los nudillos a la puerta.

-Pasa.

Eugenia abrió la puerta, y desde el umbral le dijo:

-Gracias por no decirle nada a mi hermano.

Eva, sin levantar la vista de la revista, le dijo:

-No tenía nada que decirle.

-¿Podemos hablar?

-Ya estamos hablando.

Eugenia fue hasta la cama y se sentó en el borde.

-Lo que te dije era cierto.

-¿Qué me dijiste?

-Que estoy enamorada de ti, bueno, estaba.

Levantó la cabeza y le preguntó:

-¿Y ahora ya no?

-No, ahora ya no, ahora estoy loca por ti.

-Me suena que todo esto ya me lo habías dicho.

-Puede que sí, no suelo recordar lo que digo cuando estoy muy caliente.

-¿Tanto te pongo?

-Más de lo que puedas imaginar. ¡Lo que daría yo por volver a saborearte!

Eva puso la revista sobre la mesilla de noche y le dio un pico en los labios. Eugenia no salía de su asombro.

-¿Te estás riendo de mí, Eva?

La respuesta de Eva fue echarle las palmas de las manos a las mejillas y darle un beso con lengua.

¿No me digas qué tú...?

Le cayó la boca con otro beso. Eugenia se subió a la cama y a ese beso lo acompañaron sus primos, sus hermanos y el resto de la familia. Se besaron a lo loco. Luego los besos se acompañaron de magreos y mamadas de tetas... Cuando Eugenia volvió a hablar, fue para decir:

-Pellízcame para saber que no estoy soñando.

Eva le pellizcó los pezones, luego le quitó la camiseta y se quitó la suya... Ya no pararon hasta quedar completamente desnudas. 

Eugenia quería volver a saborear el jugoso coño de su cuñada, así que la echó hacia atrás, se metió entre sus piernas, la levantó echándole las manos a las nalgas y le lamió el coño con lujuria, o sea, lo lamió de abajo arriba como si fuera una perra que está bebiendo agua. 

Eva habló por primera vez, y fue para decir:

-¡Me corro!

¡Y cómo se corrió! Se corrió cómo si su corrida fuera el agua de un río desembocando en la mar, mar que en ese caso era la boca de Eugenia.

Quedó que no daba ni tenía, pero pronto se recuperó, y al hacerlo se metió entre las piernas de Eugenia, puso las manos dónde las había puesto ella y le dijo:

-Dime cómo te gusta.

-Lame, mi ojete y mi periné. 

Eva lamió el ojete y el periné. Eugenia pasó dos dedos por las babas, luego frotó el clítoris con dos dedos cada vez más aprisa, y cuando sintió el hormigueo, entre gemidos, le dijo:

-Ahora fóllame el ojete con la lengua.

Se lo folló. Eugenia sintió que iba a explotar.

-¡Lame mi coño!

Le lamió el coño y Eugenia exclamó:

-¡¡Me corro en tu boca!!

Otra que quedó que no daba ni tenía, bueno, tener, tenía, tenía una cara de felicidad que a Eva le dio gusto verla. Eva se echó al lado de su cuñada y le dijo:

-Sienta bien saberse querida.

-Mejor se siente sabiéndose correspondida.

Eva le dio un pico y le dijo:

-Hazme más cosas.

Eugenia la besó con lengua, besó sus ojos, su cuello, su mentón, lamió y chupó sus tetas y después le dijo:

-Ábrete de piernas.

Se abrió de piernas y Eugenia se arrodilló entre ellas. Con un dedo le echó el capuchón del clítoris hacia atrás. El glande erecto quedó al descubierto, mojó la yema de su dedo índice la mano derecha en las babas de su coño e hizo lentos  movimientos circulares sobre él. Poco más de un minuto tardó el cuerpo de Eva en comenzar a temblar, el ojete se abrió y cerró, de su garganta salió un delicioso gemido y de su coño un reguero de jugos que bajó por su ojete y acabó sobre la cama. Viendo su cara de gozo le dijo:

-Eres de orgasmo fácil.

Balbuceando le contestó:

-Contigo. Hazme la tijera.

Eugenia le levantó una pierna. Juntó los coños, y agarrándola por la pierna, comenzó a frotar su coño y su clítoris contra el coño y el clítoris de su cuñada... Los coños  parecían caracoles soltando babas cada vez que se frotaban. Eugenia miraba a Eva y sonreía pícaramente oyendo los gemidos de su cuñada, que había agarrado la pierna de su lado y también frotaba su coño buscando el orgasmo. Los gemidos y los roces las pusieron malas, tan malas, que los gemidos se fueron haciendo escandalosos a medida que se acercaban al clímax. Luego los movimientos de los coños ganaron en velocidad y Eva se volvió a correr cómo un río.

-¡Me corro de nuevo!

Eugenia, le dijo: 

-¡Me corro contigo!

Se corrieron como lobas y acabaron exhaustas, pero con sonrisas de oreja a oreja. 

Ese día no le dieron más alegrías al cuerpo, pero se las seguirían dando.

                             Cuarta parte                                               

Eva se había hecho una una golfa de cuidado, y digo de cuidado porque tenía que cuidarse muy mucho de que su marido y Carmen no se enterasen de que estaba follando con Eugenia.  

Un sábado que Eugenia y Antonio habían ido a ver un partido de tenis, Eva fue a la habitación de Carmen para preguntarle que prefería con el café, si galletas de coco u Oreo y la encontró en mallas haciendo estiramientos.

-Perdona, debí de llamar antes de entrar.

Carmen la miró y le dijo:

-No hay nada que perdonar.

-¿Qué estás haciendo?

-Calentando.

-¿Para salir a correr?

-Yo no salgo a correr, me corro en casa.

A Eva le dio la risa.

-Yo también, pero no me gusta calentar, me gusta que me calienten.

-Mira la recatada, sabe hacer chistes de sexo.

-Inventar, ese chiste lo inventé.

Carmen dándole el culo se tocó las puntas de los pies. Al hacerlo su coño se marcó en el pantalón de las mallas y en él se marcó la raja, con sudor, o con lo que fuera.

-¿Qué me venías a decir, inventora?

-Te venía a hablar de galletas, pero ahora que te veo...

-¿Qué?

-Que ese cuerpo maravilloso no creo que lo quieras estropear con galletas.

-¿Crees que tengo un cuerpo maravilloso?

Carmen era una joven espigada, rubia, de ojos verdes y con el cabello rapado, tenía cuerpo de bailarina y sus tetas eran perfectas. Eva se reafirmó en lo dicho:

-Sí, lo tienes.

-Así sudado...

-Así estás más sexi.

Dejó de hacer el ejercicio, se acercó a ella y con cara y voz seductora. Puso los labios a un par de centímetros de los de Eva y le preguntó.

-¿Te parezco sexi?

-Sí.

Le echó la mano al coño y mordió el labio inferior. Eva dio un paso atrás para quitarse la mano del coño y luego le dijo:

-No me gustan las mujeres.

-¿Si fueras un hombre lo harías conmigo?

-No eres un hombre

Carmen dio un paso adelante. Eva dio otro hacia atrás y su espalda cerró la puerta de la habitación. Carmene cogió las manos y le levantó los brazos hasta ponerle las manos contra la pared, se apretó contra ella, le dio un pico y luego le dijo: 

-Un hombre no te haría correr cómo te puedo hacer correr yo.

-Presuntuosa.

Le soltó las manos, la giró, la puso contra, la pared y comenzó a lamerle el cuello y una oreja, al tiempo que le magreaba las tetas.

-Déjate. Prueba con una mujer. No te arrepentirás.

-No quiero probar.

-Solo un vez.

Le quitó la camiseta.

-Se mi rayo de sol en en mi etapa más nublada.

-Haz las paces con Eugenia.

-No quiero hacerlas sin antes follar contigo.

-Conmigo no vas a follar.

 Le quitó el sujetador.

-Solo una vez.

-Ni una ni media.

-Se mi princesita bonita.

Eva ya se moría por follar con Carmen.

-¿Harás las paces con Eugenia si pruebo contigo?

-Sí.

Eva apoyó las manos en la pared, y le dijo:

-Si no me gusta, me dejas cuando te lo diga. ¿Vale?

-Te va a gustar.

Lamió de abajo a arriba su espina dorsal y luego le quitó la falda y las bragas. A continuación le echó la mano al coño y se lo frotó con cuatro dedos, al tiempo que le magreaba las tetas con la otra mano y que le lamía la espalda... Le volvió a lamer el cuello y a comerle la oreja. Eva comenzó a gemir. Carmen le preguntó:

-¿Te gusta?

-Sí, me gusta mucho.

-Dame esa boquita de fresa.

Eva giró la cabeza y se besaron con lengua. Luego Carmen se puso en cuclillas, le separó las nalgas y le lamió el ojete.

-¿Te gusta?

-Sí.

Le folló el ojete con la lengua.

-¿Y así?

-Aún me gusta más.

Le lamió y le folló el ojete un rato largo y luego le dijo:

-Date la vuelta.

Se dio la vuelta. Carmen le echó las manos a la cintura y metió todo el coño en la boca, un coño recién pelado, y luego le enterró la lengua en el coño. Eva se encargó de mover su pelvis de modo que la lengua salía de su coño, lamía el clítoris y se volvía a enterrar en él... Así estuvieron hasta que Eva, entre gemidos, le dijo:

-¡Ahí te va, ahí te va! ¡¡Me corro!!

Se corrió copiosamente. Carmen gimió mientras tragaba

Mientras Eva recuperaba el aliento, Carmen se quitó las mallas y el bodi, y luego se fue a su cama y se echó boca arriba sobre ella, flexionó las rodillas y le dijo:

-Ven.

-¡¿No querrás que te lo coma?!

-Eso es lo que quiero.

Le dijo una mentira más.

-No sabría que hacerte.

-Ven que yo te digo cómo se hace y después me lo haces tú a mí.

Eva se metió en cama. Carmen se arrodilló ente sus piernas, hizo que flexionara las rodillas y le metió dos dedos dentro del coño.

-Estás muy mojada.

-Me acabo de correr. ¿Cómo quieres que esté?

Le dio caña en el coño. Eva gemía y gozaba como una perra, y más que iba a gemir y a gozar cuando le lamió y le chupó el clítoris... Tiempo después, Eva, apretó con una mano una teta, aferró la colcha con la otra y explotó. Al correrse le pegó a Carmen en la boca un trallazo con la pelvis, lo que hizo que apartara la boca del coño y viese cómo salía de él un diminuto riachuelo de jugos. No pudo resistirse y le lamió el coño. Eva le puso una mano en la  cabeza y no se la quitó hasta que acabó de correrse.

-Te toca comer. 

Le puso el coño en la boca.

-Saca la sin hueso.

Sacó la lengua, Carmen, echó las manos a las tetas y las magreó mientras frotaba su coño contra la sin hueso. No duró nada, pero nada de nada, ya que en menos de un minuto se corrió en su boca. Eva gozó tragando.

Al quitarse de encima le dijo Eva:

-¿Te corriste bien?

-De maravilla. ¿Y a ti cómo te gustó más?

-Me encantó de las dos maneras, pero al follar con otra mujer... Como que falta algo.

-¿Un pene?

-Sí, una buena polla.

-Eso se puede solucionar. 

Se sentó en el borde de la cama, abrió el cajón de abajo de la masilla de noche, sacó un consolador, un vibrador, y un arnés con dos pollas negras de silicona, la de abajo era pequeña y delgada y la otra media unos quince centímetros y era gorda, Carmen le preguntó:

-¿Te gustaría una doble penetración, ser follada con un consolador, o ser follada con un vibrador?

-No me gustan los juguete.

-¿Entonces no quieres ser penetrada?

-Con esas cosas, no, pero por lo demás puedes hacer conmigo lo que quieras.

-¿Lo que quiera?

-Sí, lo que quieras

-¿Quiero atarte y vendarte los ojos? 

-Ata y venda.

En el cajón de la mesilla de noche había de todo. Carmen le ató las manos por las muñecas, y los pies a la altura de los tobillos, luego la besó largamente y después vendándole los ojos, le preguntó:

-¿Te aprietan las ataduras?

-No.

Carmen se echó encima de Eva, le aplastó las tetas con sus tetas y comenzó a darle picos. Eva sacaba a lengua y buscó con su boca la boca de Carmen para besarla con lengua, pero no lo consiguió. Luego le puso un pezón entre los labios, de nuevo sacó la lengua y levantó la cabeza para mamar la teta, pero solo consiguió rozar la punta del pezón. Después lamió su vientre y su pelvis. Eva la levantaba para que lamiera su clítoris, pero Carmen la quería hacer sufrir. Le pasó un dedo por la raja del coño, luego le mojó con él la punta de la nariz y después se lo pasó por las fosas nasales. Eva inhalo el olor de su coño y cuando se lo metió en la boca, se lo chupó. A continuación la puso boca abajo, después la puso a cuatro patas y no la hizo sufrir más, le lamió y le folló el coño y el ojete, hasta que Eva, entre temblores y gemidos, le dijo:

-Me estoy corriendo.

Luego de correrse la puso boca arriba, le volvió a aplastar las tetas con sus tetas y la besó con lengua, luego de besarse un rato largo, le comió las tetas bien comidas, como las come un lesbiana curtida. De las tetas bajó al coño. Le metió el dedo pulgar en el coño, lo sacó pringado de jugos y se lo  metió en el culo, le metió dos dedos dentro de la vagina y le folló el culo y el coño... Follándoselo, le preguntó:

-¿Quieres que use algún juguete?

No se lo tuvo que pensar.

-Quiero las dos pollas.

Carmen se puso el arnés, luego le echó lubricante a las pollas de silicona. Colocó a Eva a cuatro patas. Le dio unas palmadas en el culo, luego la agarró por las tetas y lentamente le metió la polla gorda en el coño. Cuando la polla pequeña rozó su ojete no estaba bien colocada. Eva movió el culo y cuando vio que estaba en su sitio, echó el culo hacia atrás y clavó las pollas hasta el fondo del coño y del culo.

-¡Qué bien me sientan!

Carmen le dio con ganas, con tantas ganas le dio, que Eva se corrió cómo una zorra que era.

                         Quinta parte

Eva estaba tomando un café con su tío Rogelio en la cocina de la casa rectoral. Lo había intentado todo para que bendijera su matrimonio, pero había sido en vano. 

-... Pues aunque no lo quiera bendecir, no enfrente a mis padres conmigo. ¿O es que no tiene corazón?

-Tengo un corazón que no me cabe en el pecho.

-¿La vanidad no es pecado?

-Insignificante comparado con el incesto, y en tu caso además del incesto puede haber algo más.

-¿Qué quiere decir con eso de..., algo más?

-Que quien vive en una casa de pecado se puede perder más de lo que ya está.

Eva le entró a degüello.

-¿Qué me dice del adulterio?

-¡Pecado!

-¿Y con cuántas ha contribuido para que siguieran pecando? Lo pregunto porque sé de una que me dijo que la pasara por la piedra.

Era mentira, solo sabía lo que le había dicho su cuñada.

El cura, que era más largo que un día de mayo, que estaba macizo y que era demasiado guapo, para ser cura, le dijo:

-Te lo diría una oveja descarriada.

-Una mujer no dice una cosa así si no es verdad.

-¿Quién fue?

-Se dice el pecado, no la pecadora.

-¡Me lo vas a decir de un modo o del otro!

El cura se levantó y puso cara de chupasangre. Parecía Christopher Lee en Drácula. Eva se acojonó, se puso en pie e intentó huir. La arrinconó contra la nevera, y mirando hacia abajo, le volvió a preguntar:

-¿Quién te fue con el cuento?

-No me va a asustar.

Le echó una mano al coño.

-Si no cantas, te follo como a una perra.

-¿Y tú eres un cura? ¡Lo que eres es un farsante!

Cómo pudo, se escabulló, pero al llegar a la sala la agarró por la cintura y la echó sobre un sofá de tres plazas. 

-¡No me toques, pervertido!

-Dame ese nombre.

-No existe, me lo inventé todo.

-¡Puta! Querías saber si eran ciertas las habladurías y ahora que sabes que lo son piensas chantajearme.

-Yo no soy como tú.

Forcejearon y Eva volvió a zafarse, pero al huir le agarró la falda y acabó en el piso y sin ella. Se levantó y le dijo:

-Devuélveme la falda.

Con cara de libidinoso, le dijo:

-Ven a por ella.

 Fue, la agarró por el culo, la volvió a echar sobre el sofá y le metió en el coño un bocado, sin fuerza y por encima de las bragas. Eva, echando hacia atrás con sus manos la cabeza de su tío, le dijo:

-¡Animal!

La puso poca abajo, le quitó las bragas, le levantó el culo y le lamió el ojete.

-¡Cerdo!

Dos o tres minutos después  la volvió a poner boca arriba y le abrió las piernas.

-¡Para, desgraciado!

Eva tapó el coño con las dos manos, pero el cura se las apartó y le volvió a meter en el coño un bocado, sin fuerza.

-¡Puñetero pervertido!

Le lamió el coño con ganas atrasadas. Eva siguió forcejeando, pero cuanto más se movía, más le gustaba. Y lo que no quería que pasara, acabó pasando... Se corrió en la boca de su tío.

Eva, con las piernas abiertas y el coño palpitando, miró para el cura, y le dijo:

-¿Satisfecho, hijo del diablo?

-Quedaré satisfecho cuando me la mames.

-Sueña.

El cura cambió de táctica.

-Si te dejas hablo con tus padres para que acepten a tu marido.

Eva se enfureció.

-¡Puñetero aprovechado!

-Te voy a follar igual, la que te aprovecharías serías tú.

-¡Hay que ser cínico!

-¿Te dejas o no?

-Promete que hablarás con mis padres.

-Te lo prometo.

El cura le quitó el jersey, la camiseta y el sujetador. Luego se quitó la sotana y se quedó en calzoncillos. Eva vio la cabeza de su polla salir por la parte de arriba del calzoncillo. El cura le dijo:

-Sácala y hazme una mamada.

-No, me dejo, pero no colaboro. ¿Sigue habiendo trato?

-Sí.

 El cura se quitó el calzoncillo y una tremenda polla quedó enfrente de Eva. 

-Ponte a cuarto patas en el sillón.

-Tienes una verga demasiado grande y demasiado gorda para mi coño.

-Todas me dijeron lo mismo, pero al final, más polla que tuviera, que más polla querrían.

Eva se puso a cuatro patas sobre el sillón, el cura se arrodilló detrás de ella, le lamió el coño y el ojete varias veces y después le clavó el capullo en el coño.

-¡Casi me rompes el coño!

-Calla que enseguida la vas a disfrutar.

El cura le echó las manos a las tetas y lentamente fue metiendo y sacando hasta que la polla llegó al fondo del coño. Luego la fue sacando y metiendo lentamente, hasta que la sacó del todo. Después se la frotó en el ojete haciendo círculos sobre él, y luego se la volvió a meter y a sacar del coño, al tiempo que con la yema de un dedo le acariciaba el ojete y que con la otra mano le magreaba las tetas. El coño se fue lubricando, la polla se fue engrasando y Eva empezó a gozar y a gemir. El cura le dio un cachete en el culo y le dijo:

-Ahora fóllame tú a mí.

-Dije que no iba a colaborar.

El cura paró de follarla.

-Si quieres correrte, fóllame.

Eva estaba demasiado cachonda como para andarse con remilgos. Folló al cura echando su culo hacia atrás y hacia delante... Le cogió el gusto a la cosa y cada vez aceleró más. Follándolo a cien por hora, el cura le dio a ciento cincuenta y se corrió cómo una cerda. El cura la sacó y se corrió en sus nalgas. Luego la puso boca arriba  y le lamió el coño con ganas atrasadas, o sea, se la lamió, se lo chupó, se lo folló metiendo y sacando la lengua en la vagina... Cuando sus gemidos le avisaron de que se iba a correr, le metió el dedo medió de la mano derecha dentro de la vagina, luego lo saco pringado de jugos y se lo metió dentro del culo. follándole el culo chupó el clítoris. Eva exclamó:

-¡Me voy a correr otra vez!

El cura siguió a lo suyo y Eva se corrió arqueándose y entre espasmos y gemidos.

Luego de correrse, Eva se fue a duchar. Cuando salió de la ducha buscó a su tío para despedirse. Lo encontró sentado en el borde de su cama con la sotana puesta.

-Me voy. Hable con mis padres lo antes que pueda.

El cura se levantó, fue a su lado, le echó una mano al coño, la quitó y le preguntó:

-¿Echamos un polvo, cómo es debido, antes de irte?

-¿Cuándo va a hablar con mis padres?

-Hoy mismo, pero lo que quiero saber es si quieres follar conmigo de propia voluntad.

-¡¿Quieres que sea tu puta por propia voluntad?!

-No, quiero que seas una mujer buscando placer.

-O sea, que el adulterio y el incesto contigo no cuentan.

 -Déjate de ostias, Eva. Si sigues teniendo ganas y quieres gozar cómo una perra, levanta la falda y enséñame el coño.

-No tengo ganas.

-En ese caso, vete, que me arreglo solo.

-¿También te masturbas?

-No, me hago el amor a mí mismo, no te jode.

-Y también dices tacos.

-Si aún no te has ido es porque tienes ganas, enséñame ese coñito.

Eva tenía ganas.

-Te lo voy a enseñar, pero sin ganas.

Eva, con la cabeza baja y poniendo cara de estar avergonzada de lo que hacía, se subió la falda con las dos manos, se quitó las bragas y le enseñó el coño

El cura fue a su lado, la besó con lengua. Eva le correspondió. Se comieron las bocas un rato. Luego el cura se agachó, le echó las manos a las nalgas y le lamió el coño.

Eva, mientras su tío le comía el coño, se quitó el jersey, la blusa y el sujetador. Al estar desnuda, el cura se enderezó y la volvió a besar

Eva le quitó la sotana y  lo dejó en pelotas, se puso en cuclillas, le agarró la polla, y luego de lamerle y chuparle los huevos, se la mamó bien mamada. Cuando se enderezó, lo besó y luego lo cogió de la mano y lo llevó hasta la cama. Lo empujó, el cura se dejó caer y luego se puso a lo largo de la cama. Eva se metió en la cama y se puso a horcajadas sobre su tío. Agarró la polla y la frotó entre los labio vaginales y en la entrada de la vagina, luego bajó el culo y la metió hasta el fondo del coño. Con toda a verga dentro y besándose, lo folló moviendo el culo alrededor, de atrás hacia delante y hacia los lados y frotado siempre su clítoris contra la pelvis de su tío. Lo hizo todo muy despacito... Pasados unos diez minutos sintió que de iba a correr, movió el culo de atrás hacia delante cada vez más aprisa y le dijo:

-¡Me corro en tu verga!

Luego de que su respiración volviese a ser normal, estuvo un tiempo besando a su tío, que en ningún momento se movió, ya que la estaba dejando a su aire... A su aire siguió cuando puso las manos sobre su pecho. Lo miró a los ojos y lo folló subiendo y bajando el culo, sin prisa, pero sin pausa. No se dirigían la palabra, ni se besaban. Solo se oía el ruido de la verga al llegar al fondo del coño hasta que comenzaron los gemidos de Eva. Con los gemidos le entró la prisa y se acabó la pausa. Folló la verga a toda mecha y acabó desplomándose sobre el cura y bañándole de nuevo la verga con una larga corrida.

Llegó el descanso y de nuevo los besos y entre ellos las palabras. 

-¿Te gusta como follo, tío?

-Nunca me follaran cómo me estás follado tú.

-¿Por qué te has metido a cura siendo tan jodidamente guapo?

-Nunca me gustó trabajar.

-Este trabajo te va a gustar.

Le dio las tetas a mamar un rato y a continuación le puso el coño en la boca. El cura le lamió el coño hasta que le dio el arrebato. 

-¡Ahora vas a saber quien soy yo, zorra!

Se arrodilló entre sus piernas, le clavó la polla en el coño, le echó las manos a las muñecas y tirando de ella le dio cómo jamás le habían dado en su vida... En menos de tres minutos se corrió dos veces, y no se corrió más veces porque el cura no aguantó más, la sacó y se corrió en su cara.

Luego de gozar ya no hubo más besos.  

Se estaba vistiendo Eva, cuando le preguntó el cura:

-¿Volverás por aquí.

-No sé.

Eva sigue follando con su marido, con Eugenia, con Carmen y con el cura.

Quique.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



   
1
Citar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@quique que buen relato hermano saludos desde Venezuela 🇻🇪🇻🇪


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
ResponderCitar
Compartir:
Criptomonedas

El valor de invertir en Criptomonedas

Guía 2026: Ventajas de Invertir en Criptomonedas y Activos Líderes Invertir…

Bonos de casino: qué saber antes de elegir

Elige inteligentemente: comparativa de bonos con depósito y…