Incesto con doble d...
 
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Incesto con doble desvirgamiento

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1369]

 Corría el mes de agosto de un verano de los años setenta del siglo pasado. Julio llegó a casa de su tía Laura con un cubo de agua en cada mano, agua que había cogido en la fuente, y los vació en un barril.

Me pongo en su piel.

-Esto ya está lleno, tía.

Mi tía, que era una mujer separada, de treinta y muchos años, con el cabello negro y largo, morena, de ojos marrones, corpulenta, de estatura mediana, con un culazo y tetazas, de espaldas a mí y lavando un plato en el fregadero, me dijo:

-Vuelve dentro de un rato a por las cien pesetas que ahora tengo las manos mojadas.

Mi tía tenía fama de no gustarle pagar lo que debía. No me iba a ir de allí hasta que me pagara por haberle llenado el barril de agua.

-Espero a que termines de lavar la loza.

-Vale, siéntate y espera.

Me senté en una silla, y cómo mi tía estaba de espalda le miré para el culo. Al frotar con estropajo el cazo de la leche, el culo se le movía de un lado al otro. La polla se me puso morcillona. Ya tenía un recuerdo para hacerme una paja. Me dijo:

-Deja de mirarme para el culo.

No me lo había preguntado, lo había afirmado, era como si viera por el ojo del culo. Cómo en la cocina tenía un cordel en el que colgaban chorizos, le dije:

-Estaba mirando para los chorizos. A mí mirar para un culo...

-No mientas, a ti una chavala te deja tocarle el culo y te vuelves loco.

-Mujer, tocarlo ya es otra cosa.

Giró la cabeza, sacudió el culo y me dijo:

-Y metérsela en el culito. ¿No se la meterías?

La polla se me puso dura. Tenía un problema, ya que cuando me empalmaba la erección me duraba mucho tiempo si no la meneaba. Me levanté y le dije:

-Vuelvo a cobrar más tarde.

Mi tía giró la cabeza y me vio con las manos tapando el bulto del pantalón.

-Si te ven salir así de mi casa van a pensar mal. Vuelve a sentarte.

Me senté y le pregunté:

-¿Vas a acabar pronto?

-Ya casi acabé. ¿Hacemos un trato?

-¿Qué trato?

-Yo te dejo hacer algo y tú me perdonas las cien pesetas.

-¿Qué me dejas hacer?

-Que te hagas una paja mirando para mi culo.

-¿Me lo enseñarías?

-No, pero puedes imaginar que te lo enseño.

Le costaba más pagar de lo que la gente decía. Por no pagarme dejaba que me masturbara delante de ella. Me vine arriba.

-Por perdonarte las cien pesetas me lo enseñas y dejas que te lo coma.

-Te dije el culo, no el coño. 

-Del culo te estoy hablando.

-¿Eres maricón?

-No, pero cómo el coño no me lo dejarías comer...

-¿Es qué sabes comer un coño?

-Supongo que será cuestión de lamer.

-Quiquete, Quiquete, si no sabes torear para qué te metes.

-A mí no me iba a coger el toro. Cogería yo a la vaca...

Se dio la vuelta, echó las manos llenas de jabón a la cintura y con cara seria me dijo:

-¡¿Me estás llamando gorda?!

-Era una metáfora. No me has dejado acabar de hablar.

-Acaba.

-Cogería yo a la vaca y le preguntaría donde le gustaría verme apastar.

-Si se llega a enterar tu madre de esta conversación me mata... Pero, carajo, llevo tanto tiempo sin una polla dentro de mí que pensar en ella hizo que se me mojara el coño y se me calentara la lengua, pero ya está bien. Ni una palabra más fuera de tono.

Siguió lavando la loza. Le dije:

-¡Quien pudiera!

-¿Quién pudiera, qué?

-Nada, olvídalo, mis palabra estarían fuera de tono.

-Ahora dilas. ¿Quién pudiera, que?

-Lamerte el coño y luego meterte mi polla.

-No lo dudo, pero la lengua no la sabrías usar y tu polla no creo que me llegase. 

Saqué la polla y se la enseñé. Al ver mi polla, me preguntó:

-No está nada mal. ¿Con cuántas chavalas has follado?

-Deja que haga memoria puse cara de pensar-. Fueron tantas...

-O sea, con ninguna, aún eres un virguito. ¿A qué sí?

No me quedó más remedio que decirle la verdad. 

-Sí.

Casi no me lo creía cuando me dijo:

-Virguito, vete a cerrar la puerta y ponle la llave a la cerradura.

Al volver me puse detrás de ella para empezar la faena, pero no me dejó:

-Siéntate en la silla. 

Me senté. Mi tía se quitó el mandil, se abrió la cremallera de atrás de su vestido negro con lunares blancos y dejó caer ambas prendas al piso de la cocina, después se bajó las bragas. Quedó cubierta con unas medias de color marrón claro sujetas por unas ligas blancas y por un sujetador de color blanco. Le dije:

-¡Qué buena estás!

Volviendo a fregar, me dijo:

-Haz esa paja.

Saqué la polla y mirando para su culo, un culo gordo y blanco cómo la leche, comencé a menearla. Mi tía giró la cabeza, sonrió al ver mi polla empalmada y me dijo:

-Antes de venir a mi lado, desnúdate.

Me desnudé, me puse detrás de ella, me agaché y le lamí el ojete. Mi tía se quitó el sujetador, me cogió una mano y la llevó a sus grandes y esponjosas tetas. Le eché las dos manos a las tetas, y lamiéndole el ojete, se las magreé. Cuando me enderecé me agarró la polla, la frotó en su ojete y me corrí cómo un pajarito. Corriéndome, con mi polla en la mano, me dijo:

-Ahora te voy a desvirgar.

Empujó con el culo y la polla entró en su culo tan apretada que mi frenillo fue a tomar por culo. No iba a quejarme cómo una nena. Sangrando, le di duro. Ni un minuto tardó en correrse. Al correrse dijo:

-¡Qué corrida!

Lo fue, pues sentí sus jugos caer sobre el piso de cemento de la cocina haciendo un ruido muy parecido que hacen las goteras al caer del techo. 

Cuando se dio la vuelta vi sus tetas con grandes areolas marrones y pezones gordos y duros y vi su coño peludo. Mi polla apuntó al techo de nuevo. Mi idea era clavársela, pero mi tía tenía otros planes. Cogió un paño de la cocina, se puso en cuclillas, me limpió la polla y después me la mamó hasta que dejó de sangrar. Luego se levantó, apretó mi cuerpo contra su cuerpo y su gran lengua entró en mi boca. Sintiendo la lengua dentro de mi boca, sus tetas espachurradas contra mi pecho y mi polla mojándose entre loa labios de su coño, comencé a temblar, y no era con el miedo, era con la excitación. Mi tía dejó de devorar mi boca, me dio un pico, y me dijo:

-No tiembles que no te voy a comer. 

-No puedo evitarlo.

Me dio otro pico.

-¿Tenías ganas de que te desvirgaran?

-Sí.

-Ahora me vas a hacer tú a mí un favor.

-A mandar.

Me puso una mano en la cabeza y me llevó la boca a su coño.

-Folla mi panocha con tu lengua cómo si fuese tu polla y al sacarla lame hacia arriba.

Hice lo que me dijo. Al rato, se dio la vuelta.

-Haz lo mismo en mi ojete.

Lo hice hasta que se volvió a dar la vuelta.

-Ahora, cógeme las nalgas y lame mi coño de abajo a arriba sin parar hasta que me corra en tu boca.

Cumplí sus órdenes... Aún tardó en correrse, pero cuando lo hizo, acabó jadeando y con el culo sobre el piso, ya que a medida que se iba corriendo se fue cayendo y yo no tenía fuerzas para sujetarla.

Al acabar de correrse volvió la mandona.

-Siéntate en la silla.

Me senté. Me dio las tetas a mamar y me enseñó cómo mamárselas, aunque voy a omitir esos detalles, luego me puso el coño en la boca, le enterré la lengua en el coño y lamí cómo me había enseñado. Cuando ya estaba buena de ir se sentó sobre mi polla y la metió hasta las trancas. Con sus brazos rodeando mi cuello y comiéndome la boca, me folló sin descanso hasta sentir mi leche dentro de su coño. Al sentirla le vino a ella y me anegó la polla con una maravillosa corrida. Corriéndose, dijo:

-¡Cómo la echaba de menos!

Estaba acabando de correrse mi tía cuando entró en la cocina mi prima Laurita, que debía estar en la casa de sus abuelos. Había entrado por la puerta de atrás. Al vernos tapó la boca con la palma de su mano derecha y luego se fue in hacer ruido. 

 

Aún recuerdo el calor que hacía en el establo y el olor a paja seca cuando mi prima se echó boca arriba sobre ella y me sonrió. Allí nadie nos iba a encontrar, pues nos habíamos ido a más de un kilómetro de la plaza de la aldea, donde esa noche actuaban los comediantes. El olor a paja seca se mezcló con el de los polvos de talco cuando le quite las bragas que tapaban su pequeño coño, un coño con muy poco vello. Luego le quité la camiseta y vi sus tetas, unas tetas con pequeñas areolas y diminutos pezones. Lamí su pequeño pezón derecho y éste se puso erecto. Se lo besé, se lo lamí, se lo chupé y luego le chupé la teta. Me dijo:

-Dame un beso.

La miré. Era bella, muy bella. Tenía el cabello negro y largo, los labios finos, el cuello largo y las piernas cortas. Su cuerpo era flaco, no creo que llegara a los cuarenta kilos de peso. Al verme embelesado mirando para ella, me dijo:

-¿Me das un beso o no me lo das?

Le di un beso, sin lengua. Laurita me metió su pequeña lengua en la boca. Era más joven que yo, pero besaba de maravilla.

Luego fui a por la otra teta. Mi prima ya comenzó a gemir. Su mano derecha buscó mi polla empalmada y yo le eché la mano al coñito. Pringué los dedos con la pasta que habían hecho los jugos con los polvos de talco. Esa humedad hizo latir mi polla en su mano. Sintiendo cómo latía, la meneó con su pequeña mano y en nada me corrí cómo un bendito. Luego miró la mano llena de leche y me dijo:

-Así que esta es la leche de hacer los hijos -pasó la punta de la lengua por uno de sus dedos-. Sabe rara.

Le separé las piernas, mire para su coñito y vi que una gota de jugos caía de él. Se lo lamí de abajo a arriba y luego le quise meter la lengua dentro. No entraba. Se lo abrí con dos dedos y vi que tenía un agujero muy pequeñito. La punta de mi lengua lamió sus labios vaginales. Vi que de la capucha de su clítoris salía un pequeño glande triangular, lo lamí y sus gemidos subieron de intensidad.

-Sigue lamiendo ahí, sigue lamiendo ahí.

Seguí lamiendo... Poco después, y sin avisar, me orinó en la boca. Dejé que me la llenara de orina, pues pensaba que se estaba corriendo, pero no era así, correr, se corrió después de escupir yo la orina, pero al correrse no echó nada, solo se estremeció y gimió. Corriéndose logré meterle la puntita dentro de la vagina.

Al acabar de correrse seguí lamiendo de abajo a arriba y empujando con mi lengua hasta que el agujero se abrió un poco más. Le volví a abrir el coño con dos dedos y vi que no se había abierto lo suficiente cómo para meterle mi polla dentro, si acaso le podía meter un dedo. Tenía que seguir haciendo hueco. Seguí y mi prima volvió a mearme en la boca. Esta vez la orina salió en menor cantidad. Luego se volvió a correr aún con más fuerza que antes.

Después de correrse dos veces no quiso seguir. Me dijo:

-Por hoy ya está bien, ya te avisaré cuando tenga ganas.

-No jodas, Laurita.

Vistiéndose se hizo la graciosa.

-Ya no voy a joder. 

Cogí la polla en la mano y le dije:

-¿Me vas a dejar así?

-Hazte una paja.

Estaba a la pata coja poniéndose las bragas. Me abalancé sobre ella y caímos sobre la paja. Me amenazó.

-¡Si me tocas, me voy de la lengua!

Ya me importaba todo una mierda. Le abrí las piernas, le tapé la boca con una mano y le clavé la cabeza de la polla en el coño. Mi mano silenció el grito que pegó. Vi cómo lloraba, y cómo apretaba los dientes, pero no me compadecí de ella. Le metí la mitad de otro chupinazo, y de seguido se la metí hasta el fondo. Con toda dentro, le saqué la mano de la boca y la quise besar.  Me miro con cara de odio. No le metí la lengua en la boca, pues me latía que si se la metía me la arrancaba de un bocado. Le dije:

-Di algo.

Gimoteando, dijo:

-Hijo de puta.

Giró la cabeza hacia un lado y siguió gimoteando.

Después de desvirgarla, la follé muy despacito. Era cómo si la estuviera follando a cámara lenta. Le dije:

-Te acabará gustando.

-Sí, tanto como sacar una muela, desgraciado.

Al rato la polla ya no le molestaba al entrar y al salir. Eso era debido a que el coño había dejado de sangrar y lubricaba una barbaridad. Seguía entrando y saliendo tremendamente apretaba, pero Laurita ya no gimoteaba, no gimoteaba, pero estaba callada cómo una muerta. 

-Di algo.

-Mi padre va a saber lo tuyo con mi madre, hijo de puta.

-Tu padre dejó a tu madre.

-Pero se arrepintió y quiere volver.

-No creo que te atrevas a decírselo.

-Apuesta tus huevos, ya verás cómo los pierdes.

Follándola más aprisa, la amenacé yo a ella.

-¡A qué te dejo preñada!

-Se asustó.

-¡Ni se te ocurra!

La follé más rápido.

-¡Para, para, para, para...!

-No voy a parar, cabrona.

-¡Para, para, para, para, para qué me corro!

Le di más aprisa

Sentí sus manos, agarrar mi culo y apretarme contra ella.

-¡Me voy a correr!

Le di más aprisa todavía.

-¡Me corro!

Ver su cara de placer al correrse hizo que me corriera dentro de ella. Ni se enteró de que le estaba llenando el coño de leche, ya que había perdido el conocimiento.

Al acabar de corrernos le limpié la leche del coño con mi pañuelo de mano para que no se enterase de que me había corrido dentro.

Media hora después volvíamos a la plaza de la aldea, donde los comediantes ya estaban actuando. Nos pusimos a ambos lados de la madre de Laurita, que estaba sentada en una silla que había llevado para ver la función. Nos preguntó:

-¿Dónde habéis estado?

Le respondió Laurita.

-Por ahí.

La madre miró para, ella, vio las tremendas ojeras que tenía y me dijo:

-Como la dejaras preñada, te capo.

No me capó porque Laurita no había quedado preñada, pero tampoco las volví a follar, ya que mi tía y mi tío se arreglaron y mi prima tenía pánico a que la dejase preñada.

Quique.

 


   
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nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 5 años
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que morbo de relato

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scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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nyctidromus
(@nyctidromus)
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Respondido por: @quique

 Corría el mes de agosto de un verano de los años setenta del siglo pasado. Julio llegó a casa de su tía Laura con un cubo de agua en cada mano, agua que había cogido en la fuente, y los vació en un barril.

Me pongo en su piel.

-Esto ya está lleno, tía.

Mi tía, que era una mujer separada, de treinta y muchos años, con el cabello negro y largo, morena, de ojos marrones, corpulenta, de estatura mediana, con un culazo y tetazas, de espaldas a mí y lavando un plato en el fregadero, me dijo:

-Vuelve dentro de un rato a por las cien pesetas que ahora tengo las manos mojadas.

Mi tía tenía fama de no gustarle pagar lo que debía. No me iba a ir de allí hasta que me pagara por haberle llenado el barril de agua.

-Espero a que termines de lavar la loza.

-Vale, siéntate y espera.

Me senté en una silla, y cómo mi tía estaba de espalda le miré para el culo. Al frotar con estropajo el cazo de la leche, el culo se le movía de un lado al otro. La polla se me puso morcillona. Ya tenía un recuerdo para hacerme una paja. Me dijo:

-Deja de mirarme para el culo.

No me lo había preguntado, lo había afirmado, era como si viera por el ojo del culo. Cómo en la cocina tenía un cordel en el que colgaban chorizos, le dije:

-Estaba mirando para los chorizos. A mí mirar para un culo...

-No mientas, a ti una chavala te deja tocarle el culo y te vuelves loco.

-Mujer, tocarlo ya es otra cosa.

Giró la cabeza, sacudió el culo y me dijo:

-Y metérsela en el culito. ¿No se la meterías?

La polla se me puso dura. Tenía un problema, ya que cuando me empalmaba la erección me duraba mucho tiempo si no la meneaba. Me levanté y le dije:

-Vuelvo a cobrar más tarde.

Mi tía giró la cabeza y me vio con las manos tapando el bulto del pantalón.

-Si te ven salir así de mi casa van a pensar mal. Vuelve a sentarte.

Me senté y le pregunté:

-¿Vas a acabar pronto?

-Ya casi acabé. ¿Hacemos un trato?

-¿Qué trato?

-Yo te dejo hacer algo y tú me perdonas las cien pesetas.

-¿Qué me dejas hacer?

-Que te hagas una paja mirando para mi culo.

-¿Me lo enseñarías?

-No, pero puedes imaginar que te lo enseño.

Le costaba más pagar de lo que la gente decía. Por no pagarme dejaba que me masturbara delante de ella. Me vine arriba.

-Por perdonarte las cien pesetas me lo enseñas y dejas que te lo coma.

-Te dije el culo, no el coño. 

-Del culo te estoy hablando.

-¿Eres maricón?

-No, pero cómo el coño no me lo dejarías comer...

-¿Es qué sabes comer un coño?

-Supongo que será cuestión de lamer.

-Quiquete, Quiquete, si no sabes torear para qué te metes.

-A mí no me iba a coger el toro. Cogería yo a la vaca...

Se dio la vuelta, echó las manos llenas de jabón a la cintura y con cara seria me dijo:

-¡¿Me estás llamando gorda?!

-Era una metáfora. No me has dejado acabar de hablar.

-Acaba.

-Cogería yo a la vaca y le preguntaría donde le gustaría verme apastar.

-Si se llega a enterar tu madre de esta conversación me mata... Pero, carajo, llevo tanto tiempo sin una polla dentro de mí que pensar en ella hizo que se me mojara el coño y se me calentara la lengua, pero ya está bien. Ni una palabra más fuera de tono.

Siguió lavando la loza. Le dije:

-¡Quien pudiera!

-¿Quién pudiera, qué?

-Nada, olvídalo, mis palabra estarían fuera de tono.

-Ahora dilas. ¿Quién pudiera, que?

-Lamerte el coño y luego meterte mi polla.

-No lo dudo, pero la lengua no la sabrías usar y tu polla no creo que me llegase. 

Saqué la polla y se la enseñé. Al ver mi polla, me preguntó:

-No está nada mal. ¿Con cuántas chavalas has follado?

-Deja que haga memoria puse cara de pensar-. Fueron tantas...

-O sea, con ninguna, aún eres un virguito. ¿A qué sí?

No me quedó más remedio que decirle la verdad. 

-Sí.

Casi no me lo creía cuando me dijo:

-Virguito, vete a cerrar la puerta y ponle la llave a la cerradura.

Al volver me puse detrás de ella para empezar la faena, pero no me dejó:

-Siéntate en la silla. 

Me senté. Mi tía se quitó el mandil, se abrió la cremallera de atrás de su vestido negro con lunares blancos y dejó caer ambas prendas al piso de la cocina, después se bajó las bragas. Quedó cubierta con unas medias de color marrón claro sujetas por unas ligas blancas y por un sujetador de color blanco. Le dije:

-¡Qué buena estás!

Volviendo a fregar, me dijo:

-Haz esa paja.

Saqué la polla y mirando para su culo, un culo gordo y blanco cómo la leche, comencé a menearla. Mi tía giró la cabeza, sonrió al ver mi polla empalmada y me dijo:

-Antes de venir a mi lado, desnúdate.

Me desnudé, me puse detrás de ella, me agaché y le lamí el ojete. Mi tía se quitó el sujetador, me cogió una mano y la llevó a sus grandes y esponjosas tetas. Le eché las dos manos a las tetas, y lamiéndole el ojete, se las magreé. Cuando me enderecé me agarró la polla, la frotó en su ojete y me corrí cómo un pajarito. Corriéndome, con mi polla en la mano, me dijo:

-Ahora te voy a desvirgar.

Empujó con el culo y la polla entró en su culo tan apretada que mi frenillo fue a tomar por culo. No iba a quejarme cómo una nena. Sangrando, le di duro. Ni un minuto tardó en correrse. Al correrse dijo:

-¡Qué corrida!

Lo fue, pues sentí sus jugos caer sobre el piso de cemento de la cocina haciendo un ruido muy parecido que hacen las goteras al caer del techo. 

Cuando se dio la vuelta vi sus tetas con grandes areolas marrones y pezones gordos y duros y vi su coño peludo. Mi polla apuntó al techo de nuevo. Mi idea era clavársela, pero mi tía tenía otros planes. Cogió un paño de la cocina, se puso en cuclillas, me limpió la polla y después me la mamó hasta que dejó de sangrar. Luego se levantó, apretó mi cuerpo contra su cuerpo y su gran lengua entró en mi boca. Sintiendo la lengua dentro de mi boca, sus tetas espachurradas contra mi pecho y mi polla mojándose entre loa labios de su coño, comencé a temblar, y no era con el miedo, era con la excitación. Mi tía dejó de devorar mi boca, me dio un pico, y me dijo:

-No tiembles que no te voy a comer. 

-No puedo evitarlo.

Me dio otro pico.

-¿Tenías ganas de que te desvirgaran?

-Sí.

-Ahora me vas a hacer tú a mí un favor.

-A mandar.

Me puso una mano en la cabeza y me llevó la boca a su coño.

-Folla mi panocha con tu lengua cómo si fuese tu polla y al sacarla lame hacia arriba.

Hice lo que me dijo. Al rato, se dio la vuelta.

-Haz lo mismo en mi ojete.

Lo hice hasta que se volvió a dar la vuelta.

-Ahora, cógeme las nalgas y lame mi coño de abajo a arriba sin parar hasta que me corra en tu boca.

Cumplí sus órdenes... Aún tardó en correrse, pero cuando lo hizo, acabó jadeando y con el culo sobre el piso, ya que a medida que se iba corriendo se fue cayendo y yo no tenía fuerzas para sujetarla.

Al acabar de correrse volvió la mandona.

-Siéntate en la silla.

Me senté. Me dio las tetas a mamar y me enseñó cómo mamárselas, aunque voy a omitir esos detalles, luego me puso el coño en la boca, le enterré la lengua en el coño y lamí cómo me había enseñado. Cuando ya estaba buena de ir se sentó sobre mi polla y la metió hasta las trancas. Con sus brazos rodeando mi cuello y comiéndome la boca, me folló sin descanso hasta sentir mi leche dentro de su coño. Al sentirla le vino a ella y me anegó la polla con una maravillosa corrida. Corriéndose, dijo:

-¡Cómo la echaba de menos!

Estaba acabando de correrse mi tía cuando entró en la cocina mi prima Laurita, que debía estar en la casa de sus abuelos. Había entrado por la puerta de atrás. Al vernos tapó la boca con la palma de su mano derecha y luego se fue in hacer ruido. 

 

Aún recuerdo el calor que hacía en el establo y el olor a paja seca cuando mi prima se echó boca arriba sobre ella y me sonrió. Allí nadie nos iba a encontrar, pues nos habíamos ido a más de un kilómetro de la plaza de la aldea, donde esa noche actuaban los comediantes. El olor a paja seca se mezcló con el de los polvos de talco cuando le quite las bragas que tapaban su pequeño coño, un coño con muy poco vello. Luego le quité la camiseta y vi sus tetas, unas tetas con pequeñas areolas y diminutos pezones. Lamí su pequeño pezón derecho y éste se puso erecto. Se lo besé, se lo lamí, se lo chupé y luego le chupé la teta. Me dijo:

-Dame un beso.

La miré. Era bella, muy bella. Tenía el cabello negro y largo, los labios finos, el cuello largo y las piernas cortas. Su cuerpo era flaco, no creo que llegara a los cuarenta kilos de peso. Al verme embelesado mirando para ella, me dijo:

-¿Me das un beso o no me lo das?

Le di un beso, sin lengua. Laurita me metió su pequeña lengua en la boca. Era más joven que yo, pero besaba de maravilla.

Luego fui a por la otra teta. Mi prima ya comenzó a gemir. Su mano derecha buscó mi polla empalmada y yo le eché la mano al coñito. Pringué los dedos con la pasta que habían hecho los jugos con los polvos de talco. Esa humedad hizo latir mi polla en su mano. Sintiendo cómo latía, la meneó con su pequeña mano y en nada me corrí cómo un bendito. Luego miró la mano llena de leche y me dijo:

-Así que esta es la leche de hacer los hijos -pasó la punta de la lengua por uno de sus dedos-. Sabe rara.

Le separé las piernas, mire para su coñito y vi que una gota de jugos caía de él. Se lo lamí de abajo a arriba y luego le quise meter la lengua dentro. No entraba. Se lo abrí con dos dedos y vi que tenía un agujero muy pequeñito. La punta de mi lengua lamió sus labios vaginales. Vi que de la capucha de su clítoris salía un pequeño glande triangular, lo lamí y sus gemidos subieron de intensidad.

-Sigue lamiendo ahí, sigue lamiendo ahí.

Seguí lamiendo... Poco después, y sin avisar, me orinó en la boca. Dejé que me la llenara de orina, pues pensaba que se estaba corriendo, pero no era así, correr, se corrió después de escupir yo la orina, pero al correrse no echó nada, solo se estremeció y gimió. Corriéndose logré meterle la puntita dentro de la vagina.

Al acabar de correrse seguí lamiendo de abajo a arriba y empujando con mi lengua hasta que el agujero se abrió un poco más. Le volví a abrir el coño con dos dedos y vi que no se había abierto lo suficiente cómo para meterle mi polla dentro, si acaso le podía meter un dedo. Tenía que seguir haciendo hueco. Seguí y mi prima volvió a mearme en la boca. Esta vez la orina salió en menor cantidad. Luego se volvió a correr aún con más fuerza que antes.

Después de correrse dos veces no quiso seguir. Me dijo:

-Por hoy ya está bien, ya te avisaré cuando tenga ganas.

-No jodas, Laurita.

Vistiéndose se hizo la graciosa.

-Ya no voy a joder. 

Cogí la polla en la mano y le dije:

-¿Me vas a dejar así?

-Hazte una paja.

Estaba a la pata coja poniéndose las bragas. Me abalancé sobre ella y caímos sobre la paja. Me amenazó.

-¡Si me tocas, me voy de la lengua!

Ya me importaba todo una mierda. Le abrí las piernas, le tapé la boca con una mano y le clavé la cabeza de la polla en el coño. Mi mano silenció el grito que pegó. Vi cómo lloraba, y cómo apretaba los dientes, pero no me compadecí de ella. Le metí la mitad de otro chupinazo, y de seguido se la metí hasta el fondo. Con toda dentro, le saqué la mano de la boca y la quise besar.  Me miro con cara de odio. No le metí la lengua en la boca, pues me latía que si se la metía me la arrancaba de un bocado. Le dije:

-Di algo.

Gimoteando, dijo:

-Hijo de puta.

Giró la cabeza hacia un lado y siguió gimoteando.

Después de desvirgarla, la follé muy despacito. Era cómo si la estuviera follando a cámara lenta. Le dije:

-Te acabará gustando.

-Sí, tanto como sacar una muela, desgraciado.

Al rato la polla ya no le molestaba al entrar y al salir. Eso era debido a que el coño había dejado de sangrar y lubricaba una barbaridad. Seguía entrando y saliendo tremendamente apretaba, pero Laurita ya no gimoteaba, no gimoteaba, pero estaba callada cómo una muerta. 

-Di algo.

-Mi padre va a saber lo tuyo con mi madre, hijo de puta.

-Tu padre dejó a tu madre.

-Pero se arrepintió y quiere volver.

-No creo que te atrevas a decírselo.

-Apuesta tus huevos, ya verás cómo los pierdes.

Follándola más aprisa, la amenacé yo a ella.

-¡A qué te dejo preñada!

-Se asustó.

-¡Ni se te ocurra!

La follé más rápido.

-¡Para, para, para, para...!

-No voy a parar, cabrona.

-¡Para, para, para, para, para qué me corro!

Le di más aprisa

Sentí sus manos, agarrar mi culo y apretarme contra ella.

-¡Me voy a correr!

Le di más aprisa todavía.

-¡Me corro!

Ver su cara de placer al correrse hizo que me corriera dentro de ella. Ni se enteró de que le estaba llenando el coño de leche, ya que había perdido el conocimiento.

Al acabar de corrernos le limpié la leche del coño con mi pañuelo de mano para que no se enterase de que me había corrido dentro.

Media hora después volvíamos a la plaza de la aldea, donde los comediantes ya estaban actuando. Nos pusimos a ambos lados de la madre de Laurita, que estaba sentada en una silla que había llevado para ver la función. Nos preguntó:

-¿Dónde habéis estado?

Le respondió Laurita.

-Por ahí.

La madre miró para, ella, vio las tremendas ojeras que tenía y me dijo:

-Como la dejaras preñada, te capo.

No me capó porque Laurita no había quedado preñada, pero tampoco las volví a follar, ya que mi tía y mi tío se arreglaron y mi prima tenía pánico a que la dejase preñada.

Quique.

 
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