Primera parte.
Natalia, era una mujer viuda, de cuarenta y pocos años, morena, con cuatro canas, jugando al tute, en su media melena negra. Tenía ojos marrones, medía casi un metro setenta, era de complexión fuerte y tenía buenas tetas y un gran culo. Vistiendo una falda negra que le daba por encima de las rodillas, una blusa negra y unos zapatos negros de tacón de aguja, llamó a la casa de su hija. Le abrió Eulogio, su yerno, un veinteañero, de ojos negros, moreno, delgado, un poco más alto que ella, de ojos negros y agraciado facialmente. La vio en la puerta acompañada por un taxista que traía dos maletas, maletas que dejo en la entrada de la puerta antes de irse. Eulogio, con una sonrisa en los labios, le dijo:
-Pasa, Natalia, pasa.
Eulogio cogió las maletas y las llevó a la habitación donde iba a dormir su suegra.
Voy a omitir lo que pasó el resto del día, ya que no tiene chicha
Esa noche Eulogio estaba sobre la cama a pecho descubierto, mirando para las largas piernas de Teresa, su esposa, que vestida con una combinación amarilla de seda y se pintaba las uñas de los pies de un rojo chillón. Las luces de las lámparas de las dos mesitas de noche estaban encendidas y en el teléfono móvil de Eulogio sonaba música clásica. El ambiente era propicio para echar un buen polvo.
Cuando Teresa, que era morena, delgada y con todo en su sitio, acabó de arreglar las uñas. Eulogio dejó el libro sobre la mesita de noche, luego le acarició el cabello y le dijo:
-¿Echamos un polvo?
-No, nos podría oír mi madre,
Eulogio, enfurruñado, le dijo:
-Con esta ya van seis noches este mes que encuentras pretextos para no follar, y eso no es normal en una pareja que lleva tres años casada.
Teresa se puso seria para decir:
-¿Estás insinuando algo?
-No insinúo nada. ¿Debía insinuarlo?
-Déjate de tonterías. Nos van a sobrar días
-No me jodas, Teresa, si estando solos ya follábamos un par de veces al mes, con tu madre aquí acabaremos por no follar.
-Claro que follaremos, habrá que buscar los momentos apropiados -apagó la luz de su lámpara-. Hasta mañana.
Eulogio se tocó la polla y después, le dijo:
-Voy al servicio.
-¿A qué?
-A hacerme una paja.
Se lo dijo para ver si le decía que la hiciera allí y la cosa se animaba, pero Teresa dio por buena la idea.
-Que te preste.
Fue al baño a hacerse la paja. Abrió la puerta y a través de la mampara de cristal vio a su suegra dándose una ducha y haciendo algo más. Los finos chorros de la alcachofa se había detenido sobre su coño y su mano izquierda no estaba precisamente enjabonando las tetas, más que nada porque las tetas no se enjabonan jugando con los dedos sobre sus pezones. Salió del cuarto de baño, entornó la puerta y siguió mirando. Su polla se había puesto dura cómo una roca. La sacó del calzoncillo y la meneó. No quiso arriesgarse a que lo viera. Fue a la habitación de su suegra, cogió una braga negra en el cesto de la ropa sucia, arrimó la espalda a la pared, y oliéndola, le dio leña a la polla, una polla normal y corriente. Imaginando que follaba a su suegra en la ducha, cerró los ojos y perdió la noción del tiempo. Cuando se corrió los abrió y vio a Natalia mirándolo. Mientras se corría no pudo moverse, pero al acabar salió corriendo de la habitación sin decir ni una palabra.
A la mañana siguiente Natalia fue a la cocina a desayunar. Ya su hija se había ido a trabajar. Después de desayunar, vestida totalmente de negro, fue a la sala de estar, donde su yerno iba a pasar la aspiradora a la alfombra, y le dijo:
-Deja eso, de ahora en adelante haré yo las tareas de la casa, pero antes tenemos que hablar. Siéntate a mi lado que no me gusta que miren desde arriba -Eulogio se sentó a su lado y bajó la cabeza-. Hablemos de lo que estabas haciendo ayer noche en mi habitación.
-Tienes que perdonarme, yo no soy así. No sé qué me pasó.
-Te pasó que me viste masturbándome en la ducha, y te excitaste.
Eulogio levantó la cabeza.
-¡¿Me viste?!
-No, vi la puerta entornada y luego, al encontrarte cómo te encontré, saqué mis conclusiones. A ver, Eulogio. ¿Si tanto te excité porque no volviste a tu habitación y le diste duro a mi hija?
-Tu hija y yo ya casi no follamos.
-¿Y eso a qué se debe?
-A que nunca tiene ganas.
-Eso, a su edad, no es normal.
-No, pero desde que quedé sin trabajo, perdió el interés por mí.
-Tiene que haber algo más.
-¿Otro?
-No necesariamente, pero algo le pasa, trataré de saber que es.
El sábado por la tarde Eulogio se había ido a jugar al fútbol con sus amigos. Natalia estaba tomando un helado en la cocina cuando sonó el timbre de la puerta. Teresa, desde la sala de estar, le dijo:
-Ya abro yo, mamá.
Natalia vio llegar a la cocina a su hija con una joven que traía una bolsa de deportes en una mano. Era muy alta, tenía cabello rubio y lo llevaba recogido en una trenza, trenza que le caía sobre su teta izquierda y le llegaba a la cintura. Tenía los labios carnosos y un culo redondito, parecía una modelo. Llevaba puesta una minifalda de color marrón, y una blusa y unas sandalias de tacón alto a juego con la falda. Teresa le dijo a su madre:
-Mamá, esta es Claudia, mi masajista.
Natalia miró a Claudia de abajo a arriba, y le dijo a su hija:
-Y ahora os iréis a tu habitación a que te dé un masaje.
-Pues sí.
Natalia se olió lo que se traía entre manos su hija y le dijo:
-Así que tu amante es masajista
-No es mi amante.
-Tú sabrás lo que haces, eres mayor de edad y yo no estoy en mi casa, cosa que pronto arreglaré.
-No te pongas así, sabes que necesitamos tu ayuda.
Claudia le dijo a Natalia:
-Soy muy buena en lo mío.
-Todas las lesbianas sois muy buenas en lo vuestro.
-Pero yo me gano la vida así.
Natalia le dijo a su hija:
-Esta se piensa que me chupo el dedo.
Teresa puso las cartas boca arriba sobre la mesa.
-Es una chica de compañía, mama.
Natalia puso el grito en el cielo.
-¡¿No llegas a fin de mes y tienes dinero para pagarle a una prostituta?!
-Por eso no llego a fin de mes.
-Tú lo que eres es una ramera cómo ella. Teniendo a tu marido...
-Mi marido no me hace las cosas que me hace Claudia.
-¿Qué no te hace?
-Comerme el coño y follarme el culo, entre otras cosas.
-¿Qué cosas?
-Cosas, cómo lamer y chupar los dedos de mis pies, lamer mis sobacos..., cosas
Natalia quiso salvar el matrimonio de su hija.
-Quiero ver qué cosas son esas que te gustan.
Claudia andaba a lo suyo.
-Eso, os saldrá más caro.
Natalia ya no iba a recular.
-¿Cuánto más caro?
-Cincuenta euros más por mirar, o sea, ciento cincuenta euros.
-Yo pago esta vez.
Teresa hizo mutis por el foro.
Teresa, Claudia y Natalia, fueron para la habitación de matrimonio. Teresa y Claudia fueron dejando los zapatos y la ropa en el piso en su camino a la cama, y luego entraron en ella desnudas. Natalia se sentó en un sofá y se cruzó de piernas. Teresa se puso boca a arriba. Claudia le echó las manos a los lados de las tetas, las juntó y después lamió pezones y areolas. Teresa estiró los brazos y Claudia le lamió las axilas, luego lamió, chupó y mordió los lóbulos de sus orejas, después fue lamiendo su cuello hasta su boca y le dio unos picos. Teresa le escupió en la cara, y le dijo:
-Tú lo sabes hacer mejor. Enséñale a mi madre lo que eres capaz de hacer, cabrona.
Claudia la abofeteó y le devolvió el escupitajo.
-Cabrona, la mirona de tu madre.
Luego de escupirse una a la otra cinco veces y de abofetearse con ganas otras tantas veces, y digo con ganas porque acabaron con las las mejillas al rojo vivo, unieron sus bocas y se enzarzaron en una pelea de besos con lengua. Mientras se comían vivas, Claudia, le metió dos dedos dentro del coño y la masturbó. Pasado un tiempo, cuando vio que se iba a correr, dejó de frotar su punto G con las yemas de los dedos y le dijo:
-Pídeme por favor que te haga correr.
Teresa le tiró con fuerza de los pelos.
-¡Mueve los dedos, cabrona!
No movió los dedos, movió la mano y le dio dos bofetadas. Teresa dejó de tirarle de los pelos. Claudia le escupió en la boca y le volvió a meter los dedos en el coño.
-Pídelo por favor.
Le devolvió el escupitajo
-¡Mueve los dedos que para eso te pagan, zorra!
Claudia novió los dedos un poquito.
-Pídelo por favor.
-No.
Movió los dedos dentro del coño y cuando se iba a correr, paró,
-¡Sigue, sigue!
-Pídelo por favor.
Teresa, casi susurrando, le dijo lo que Claudia quería oír.
-Por favor, haz que me corra.
Le hizo el "ven aquí". Teresa soltó un chorro de jugos y se corrió cómo una loba.
Natalia había mirado y tomado nota, su coño también la debía haber tomado porque estaba empapado.
A acabar de correrse Teresa, Claudia, volvió a amasar, a lamer y a chupar sus tetas. Ahora lo hacía todo despacito... Después bajo lamiendo hasta llegar a su coño, un coño encharcado que lamió de abajo a arriba sin llegar al clítoris, luego lo abrió con dos dedos y lamió lentamente el glande del clítoris, de arriba abajo, hacia los lados y haciendo círculos sobre él. Unos tres o cuatro minutos más tarde, Teresa se encogió y se corrió con una mano en el coño y diciendo:
-¡Me matas de gusto, puta!
Al acabar de correrse Teresa, Claudia, la puso boca abajo y aún jadeado por el placer que había sentido, le abrió las nalgas, le lamió la raja de culo, y le dijo:
-Me encanta tu culo, es el más bonito que he comido.
Natalia ya tenía las bragas encharcadas, cruzó las piernas y comenzó a frotar una pierna contra la otra, de modo que no se notase que se estaba masturbando.
Claudia, después de haberle lamido y follado el ojete y de darle un buen repaso al coño y al periné, salió de la cama y en su bolsa cogió un tubo de lubricante y un arnés que tenía una polla de goma incorporada. Se puso delante de Natalia, y le dijo:
-Por cincuenta euros más te hago correr a ti también.
A punto estuvo de decirle que sí, pero quedaría por puta, cómo su hija, así que le dijo:
-No, gracias, mi interés es solamente instructivo.
-En ese caso sigue mirando.
Miró y vio cómo su hija se ponía boca arriba y chupaba la polla de goma, luego vio cómo se puso a cuatro patas, cómo Claudia le clavaba la polla en el coño, cómo la agarraba por las tetas y cómo le daba leña con la polla en el coño y leña con las palmas de las manos en sus nalgas:
-Plas, plas, plas, plas, plas...
Luego le metió el dedo pulgar de la mano derecha dentro del culo y se lo folló con él mientras la polla entraba y salía de su culo. Al rato decía Teresa:
-¡Me corro!
Se corrió convulsionándose y con la lengua fuera y babeando cómo una perra.
Dejó que se recuperara, luego le frotó la polla en el ojete, le echó lubricante a la polla, se lo echó en el ojete y después se la fue metiendo en el culo, despacito, pero sin parar hasta que le llegó al fondo. Comenzó un mete y saca que iría creciendo en rapidez, cómo lo hicieron los movimientos de los dos dedos que le metió dentro del coño... Tiempo después, los gemidos de Teresa le dijeron a Claudia que se iba a correr. Le garró el cabello con su mano izquierda y le tiró de él. Con la cabeza echada hacia atrás, le apretó la garganta con la mano derecha para que no pudiera respirar y le folló el culo a mil por hora hasta que Teresa se corrió con una fuerza bestial.
Claudia, había visto y veía, cómo se movían las piernas de Natalia. Dejó a Teresa medio muerta en la cama y se acercó a ella. Natalia le dijo:
-No me vas a quitar ni un céntimo más.
-Esto es gratis.
Le subió la falda, le descruzó las piernas y vio sus bragas encharcadas. Natalia le dijo:
-Yo no soy una puta cómo mi hija.
-Puta soy yo, cariño, vosotras sois dos mujeres necesitadas.
-Mi hija tiene mucho vicio y yo...
La hizo callar con un par de picos. Natalia abrió la boca, Claudia la besó con lengua, y luego le dijo:
-Ponte en pie, cariño.
Pudieron más las ganas que la supuesta decencia.
-¡Qué coño! Un día es un día.
Natalia se puso en pie, Claudia, se arrodilló delante de ella, le metió el dedo medio de su mano derecha en la boca, lo chupó y después con la yema le acarició el ojete, al tiempo que lamía el coño. Natalia le dijo:
-Eres muy buena comiendo coños.
-Soy una profesional, cariño.
Claudia lamió más aprisa, le metió el dedo dentro del culo y Natalia se corrió en su boca.
Se había agotado el tiempo. Claudia se quitó el arnés y luego de vestirse, Natalia le pagó y se fue.
Segunda parte.
Natalia y Eulogio estaban mirando la televisión en la sala de estar. Natalia después de cinco años se había quitado el luto y vestía de alivio, o sea con un vestido oscuro que le daba por debajo de las rodillas. Estaba descalza y le dijo a su yerno:
-¿Quieres saber que le gusta hacer en la cama a mi hija?
-Quiero, claro que quiero.
-Antes te haré unas preguntas. ¿Sabes comer un coño?
-Sé, pero tu hija nunca se corrió comiéndoselo.
-Eso es que no sabes.
-Claro que sé, pero tu hija es tan refinada...
-Sí, es refinada de cojones. ¿Comerías un culo?
-No, eso es de maricones.
-¿Abofetearías a mi hija?
-No, aunque me enterase de que me los mete.
-¿Le escupirías en la cara?
-Jamás.
-Pues todo eso es parte de lo que le gusta a mi hija, si no folla más contigo es porque no le das lo que necesita.
-¿Y tú cómo sabes eso?
Le mintió.
-Hablé con ella y se confesó conmigo. ¿Quieres salvar tu matrimonio?
-¿Es que está en peligro?
-Si eres más tonto no naces. Si no le haces lo que ella necesita. ¿Qué piensas que va a pasar?
-¿Cuernos?
-¡De alce!
-Un alce tiene los cuernos muy grandes. ¿Qué debo hacer?
-Hay una cosa que se llama porno. Buscas lo que quieras en internet, te empapas de teoría y después la llevas a la práctica.
-Ya no me acuerda la mitad de lo que me has dicho que le gustan a tu hija.
-Vete a por tu ordenador portátil y a por un bolígrafo y un papel.
Volvió en un santiamén con lo que le había dicho. Encendió el ordenador portátil. Natalia le dijo:
-Anota en el papel: comida de pies, y después búscalo.
Anotó, buscó y encontró a un tipo comiéndole los pies a una chica. Miraron cómo lo hacía hasta que iba a follarla. Luego vendría: "escupir al follar", ese fue más cortito, luego "bofetadas al follar", también cortito lo mismo que "estrangulamiento." "Forzada a follar, comida de coño, comida de culo y sexo anal", ya fueron más largos.
Eulogio lo había anotado todo, pero ya no le hacía falta, le había quedado gravado en la cabeza. Le dijo a su suegra:
-Se va a enterar cuando me diga que no.
-¿Qué le vas a hacer?
-¡Esto!
Eulogio se echó encima de su suegra, Natalia le dio una bofetada.
-¡Yo no soy tu mujer, cabrón!
Eulogio le devolvió la bofetada y le escupió en la boca.
-Tú vas a ser mi puta.
La mujer le dio dos bofetadas y le cayeron dos de vuelta y de propina dos escupitajos. Natalia, limpiando la cara con la manga del vestido, le dijo:
-¡Serás hijo de puta!
Le volvió a escupir y luego buscó su boca. La mujer, empujándolo con las dos manos, le hizo la cobra y puso cara de asco. La cogió por los pelos, le giró la cabeza y le metió a lengua entre los labios, ya que los dientes no dejaron que le entrara en la boca. Después se puso en pie y sacó la polla empalmada. Natalia se levantó, salió corriendo y se metió en su habitación, pero dejó la puerta abierta. Eulogio la encontró sentada en la cama. Con la cabeza baja, y cuando entró en su habitación, le dijo:
-La culpa de este despropósito es mía. ¿Qué suegra se pone a mirar porno con su yerno?
Eulogio, arrodillándose delante de ella, le dijo:
-Una que quiere ayudarlo a salvar su matrimonio.
Le cogió un pie y le quitó la zapatilla.
-No me hagas esto
Le lamió la plantas de su pie.
-Para, por favor.
Le chupo el dedo gordo y luego le pasó la polla mojada por la planta de un pie. Natalia, echándose hacia atrás sobre a cama, le dijo:
-Que todo sea por vuestra felicidad.
Le lamió y chupó los dedos, lamió entre ellos... Hizo todo lo que le había visto hacer al tipo en el video. Se lo hizo en un pie y en el otro. Después le levantó el vestido. Natalia se abrió la cremallera lateral, levantó el culo y Eulogio se lo quitó. Luego fue lamiendo el interior de sus muslos hasta llegar arriba. Sus bragas negras brillaban con la humedad que había en ellas. Se las quitó y un coño peludo apareció ante sus ojos. Se lo lamió de abajo a arriba, despacito, una vez y otra y otra vez..., se lo lamió la tira de veces, luego aplastó la lengua contra él y siguió lamiendo, pero ahora lo hizo cada vez más aprisa. Llegó un momento en que Natalia le dijo:
-¡Ya me tienes! Sigue, sigue, sigue...
Natalia se corrió musitando:
-Me corro en tu boca.
Eulogio probó su primera corrida femenina, y la verdad es que le encantó.
Al acabar de correrse la echó sobre la cama y luego le puso la polla en la boca. Natalia, al principio, solamente le lamía el glande, pero poco después se incorporó, se la mamó y se la masturbó hasta que Eulogio se corrió en su boca. Después de tragarse la leche, le dijo:
-Ya sabes lo que tienes que hacer, ahora está todo en tus manos, en tu lengua y en tu polla.
-¿Por qué no seguimos?
-Porque a mí no me gusta que me escupan ni que me peguen, bueno, sí, me gusta que me aplaudan el culo y que me escupan en el ojete antes de encularme.
-Ponte a cuatro patas.
-¿Quieres comer tu primer culo?
-Sí.
-Convénceme para que me ponga a cuatro patas.
Eulogio le dio un par de picos, le estiró los brazos y lamió sus axilas peludas, luego besó y lamió su cuello y sus orejas... La besó con lengua, después besó y lamió sus gordos pezones, lamió y chupó las areolas rosadas y a continuación magreó sus tetas, las juntó y lamió y chupo yendo de una a la otra.
-Me has convencido.
Natalia se puso a cuatro patas. Eulogio se puso detrás de ella, le abrió las nalgas de su gran culo y le le escupió en el ojete y en el coño y después se los lamió. Vio como se abría y se cerraba el ojete y le metió la punta de la lengua dentro. Natalia soltó un sensual gemido. Eulogio estuvo un tiempo metiendo la punta de la lengua en el ojo del culo, ojo del culo que al cerrarse la sacaba. Luego le frotó la polla en el coño. Natalia estaba deseando que le follara el coño, pero le metió el glande en el culo de una clavada. La mujer exclamó:
-¡Falso!
Se la quitó del culo, se la metió en el coño de una estocada y luego le dio a mazo, poco tiempo, ya que la mujer estaba tan madura que no aguantó nada. Corriéndose, musitó:
-Me corro en tu polla.
Siguió con la polla dentro del coño hasta que Natalia agoto su último gemido. Luego la sacó, y engrasada con la corrida, se la metió en el culo. La novedad hizo que se corriera antes de llegar al fondo.
Al acabar de correrse la sacó y se echó boca arriba, Natalia le dijo:
-La cagaste al final. Esto no te puede pasar con mi hija.
-No me pasará.
Tercera parte.
Eulogio cogió un cigarrillo de la cajetilla de Ducados e iba a encenderlo. Teresa, vestida con una enagua roja, se estaba pintando las uñas de las manos de negro, le dijo:
-Sabes que no me gusta que fumes en la cama.
El hombre encendió el cigarrillo, le echó una calada, y le dijo:
-Y yo estoy hasta los cojones de que te pintes las uñas en la cama.
-Habla bien.
-Hablo cómo me sale de la polla y si no quieres oírme hay más camas en la casa.
Sin mirar para él, le preguntó:
-¿Qué bicho te ha picado hoy?
-El que me pica todas las noches y del cual me tengo que rascar solo.
-Pues ya sabes qué hacer.
Eulogio apagó el cigarrillo en el cenicero, agarró a su mujer por la cintura y el pequeño bote de pintura y el diminuto pincel fueron a tomar por culo. Teresa se enfadó:
-¡Mira cómo has dejado la cama, negra, toda negra, cabrón!
-A mí no me llama cabrón ninguna puta.
La cogió en un brazado, se sentó en el borde de la cama, echó mano a una de sus zapatillas. Teresa, al ver aquella zapatilla negra con piso de goma, se asustó.
-¡Con la zapatilla, no!
En la habitación de al lado, Natalia, que estaba sobre la cama vestida con unas bragas y unas gafas de leer, leyendo la novela erótica de Vargas: "Elogio de la madrastra", dijo para sí misma:
-He creado un monstruo.
Pero regresems a la otra habitación. Eulogio le levantó la enagua a Teresa, le bajó las bragas y le dio bien dado.
-¡Plasssss! -¡Ayyyy¡- ¡Plassss, plassss! -¡Ayyyyy, para cabrón!- ¡Plasssss plasssss plasssss, plassss! -¡Para ya, cabrón, para que me estás desgraciando el culo!
-¡Qué no me llames cabrón, puta!
-¡Plasssss, plassss! -¡Ayyyy! !!Me cago en tu puta madre!!
-Para puta la tuya, que por su culpa no podemos follar.
-¡No follamos porque no sabes, cabrón!
-¡Plassss, plassss! -¡Ayyyy!
Tiró con la zapatilla y echó a su mujer sobre la cama. Se echó encima de ella, le cogió las muñecas, le estiró, los brazos y le lamió las axilas repetidas veces, mientras ella se revolvía debajo de él.
Teresa le dijo:
-Esto es una puta violación, desgraciado.
-Mañana, me denuncias, pero hoy vas a saber quien es tu marido en la cama.
-Ya lo sé, un mueble, eso es mi marido en la cama.
-De mueble, nada. Cuando me pongo soy animal.
Quiso besarla y Teresa le escupió en la cara. Eulogio le escupió a ella en la boca y luego le soltó una mano para poder abofetearla. Le dio una bofetada y ella le dio a él otra y le volvió a escupir.
-Déjame, desgraciado.
Le devolvió la bofetada y el escupitajo y después buscó de nuevo su boca. Teresa le mordió un labio sin llegar a hacerle sangre.
-La próxima vez te lo arranco.
Le volvió a sujetar las muñecas y bajó hasta sus tetas. Se las comió por encima de la enagua, luego le soltó las manos y se las magreó mientras se las comía. Teresa lo empujaba con las dos manos, pero con poca fuerza. Eulogio le mordió la enagua en el escote, tiró y la rompió de arriba abajo. Teresa le dijo:
-¡Animal!
Ni la escuchó. Mirando para sus tetas, le dijo.
-Tienes un cuerpo perfecto.
-Y tú uno de mierda.
Le dio un pico.
-Este cuerpo de mierda te va a hacer correr tantas veces que te va a salir la leche por las orejas.
Ya no se escupieron ni se abofetearon.
-No digas tonterías, medio polvo.
Le dio otro pico.
-Quieras o no te voy a dar hasta en el carnet de identidad.
Teresa lo miró con desprecio, y le dijo:
-Pues da, pero le vas dar a una muerta.
Le cogió los brazos y se los puso a ambos lados del escultural cuerpo. Luego le lamió los duros pezones y se los mordió sin fuerza. Masajeó sus tetas, lamió las areolas y chupó, besó y lamió todo el contorno de las tetas. Teresa parecía que ni sentía ni padecía. Estaba con los ojos abiertos y la cabeza ladeada. Era cómo si estuviera muerta. Ni el culo levantó cuando su marido le quitó las bragas, ni cuando le abrió las piernas y se las flexionó, pero cuando su lengua pasó entre los labios vaginales y se posó en su clítoris, le echó las manos a la cabeza, movió su pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo. Aparecieron sus gemidos y en segundos se corrió en su boca jadeando cómo una perra.
Al acabar de correrse Teresa, Eulogio, volvió a buscar su boca y esta vez, sí, esta vez se dejó besar con lengua y le devolvió los besos.
En la habitación de al lado, Natalia, con las gafas de leer puestas, se limpiaba la corrida del coño con una servilleta.
Eulogio tenía un empalme brutal. Teresa ya se metió de lleno en el polvo. Le cogió la polla y meneándola le dijo:
-Era cierto lo que decías.
-¿A qué te refieres?
-A que cuando te pones eres un animal en la cama.
-Solo has visto la punta del iceberg.
-¿A sí?
-Sí.
-Estás desconocido.
-Tú prepárate para lo peor y lo pasarás mejor.
-Lo mismo te digo.
-¿Y eso?
-Enseguida lo sabrás. Ponte a cuatro patas.
Se puso a cuatro patas. Teresa le lamió la raja del culo, tiró de la polla para atrás y comenzó a mamársela y a masturbarlo. Luego le metió el dedo pulgar de su mano derecha dentro del culo y se lo folló mientras le hacía la mamada. Eulogio le dijo:
-Nunca se me pasó por la cabeza que fueras tan cochina.
-No soy una cochina, soy una guarra.
Cuando Eulogio se corrió en la boca de su mujer, sus piernas le temblaron una cosa mala.
Al acabar de correrse, se puso boca arriba. Teresa lo besó con lengua y Eulogio se encontró con la leche de su corrida. Al acabar de besarse ya no quedaba leche en sus bocas. Eulogio le dijo:
-Realmente eres una guarra, pero una guarra de cojones.
-¿Y?
-Y me gusta que lo seas. Te toca, ponte a cuatro patas.
Teresa se colocó en posición con las piernas bien abiertas. Eulogio lamió su ojete, le metió y sacó la lengua de él, le metió un dedo dentro, lo sacó y se lo volvió a follar con la lengua. Lamió desde el coño al ojete mientras le magreaba las tetas... Le dio un buen repaso. Luego le frotó la polla en el coño y después se la metió hasta la mitad. La sacó, se la frotó en el ojete y a acto seguido le metió el glande en el culo. A continuación lo sacó y le metió toda la polla dentro del coño de una estocada. La agarró por la cintura y le dio lo que no está en los escritos. Poco después, Teresa, a punto de correrse, le dijo:
-¡En el culo, ahora métemela en el culo!
Se la metió y le dio caña. Teresa ya estaba perra perdida.
-Azótame el culo con fuerza.
La azotó con fuerza con las palmas de sus manos.
-¡Zassss, zassss, zassss, zassss...!
En la otra habitación, Natalia, se daba dedo en el coño y en el culo y decía:
-No te corras aún, no te corras aún, aguanta, campeón.
Poco después Teresa le decía:
-¡Córrete conmigo!
Eulogio le tiró del cabello con una mano, con la otra le apretó la garganta y no la dejó respirar hasta que acabó de correrse, luego se corrió dentro de su culo.
Al acabar, estando boca arriba, los dos, Teresa, con una sonrisa de oreja a oreja, puso la cabeza en el pecho de su marido y le dijo:
-Es increíble lo bien que follas
Para increíble la corrida de Natalia, pues había dejado un tremendo lamparón sobre la sábana. Limpiando el coño con otra servilleta, dijo:
-En esta casa no me voy a aburrir.
Quique.






