Mi nombre es Carmen, tengo 26 años, soy delgada, de estatura mediana, mis ojos son de color miel, mi cabello, que llevo en una media melena, es castaño oscuro, casi negro, mi cintura es fina y mis caderas generosas, mis tetas son grandes y tienen areolas rosadas y pequeños pezones, mi culo es redondito y prieto y dicen que soy linda. Os voy a contar una historia personal que espero que os guste.
Todo empezó una tarde que estaba al lado de mi piscina tumbada en una hamaca con un bikini rosa puesto y una pamela a juego. Llegaron los cuatro sobrinos de mis cuatro hermanos. El menor se llamaba David, el mayor se llamaba Juan y los otros dos se llamaban Luis y Lucas . Nada más llegar se pusieron en bañador y se fueron a la piscina a jugar con una pelota. Al rato, Juan, me dijo:
-Ven a jugar con nosotros, tita.
Ni corta, ni perezosa, me metí con ellos en la piscina por la parte que no cubría. Los muchachos, con el pretexto de quitarme la pelota, se iban a hinchar, a sobarme... Tenía yo la pelota cuando David se me colgó en el cuello para hundir mi cabeza en el agua. Entre risas, Luis, detrás de mí, me echó las manos a las tetas para ayudarle a hundirme, y luego sentí dos manos que tiraban de la braga de mi bikini hacia abajo. Riendo solté la pelota para subir la braga del bikini. Me hundieron porque eran los cuatro contra mí... Seguimos jugando. Las risas no cesaban mientras pasaban la pelota por encima de mi cabeza para que no pudiera atraparla. Yo saltaba y veía cómo los los mayores miraban cómo botaban mis tetas. Empecé a excitarme. Al rato, Lucas, me echó la pelota a las manos. La cogí. Cómo cuatro pulpos se abalanzaron sobre mí. David se me volvió a colgar en el cuello. Luis me volvió a agarrar las tetas y esta vez me las magreó tímidamente. Me incline y sentí su polla tiesa queriendo romper la braga del bikini. Lucas me cogía por la cintura y frotaba su polla contra mi cadera, Juan, el mayor, me metió una mano en el coño y lo palpó unos segundos. Yo me sentía sucia, pero me gustaba sentirme así. Seguí riendo y poniéndolos cachondos, ya que cuanto más cachondos los ponía, más cachonda me ponía yo. Otra vez que me hice con la pelota, Lucas, detrás de mí, me magreó las tetas y me frotó la polla en el culo. Juan me echó las manos a las caderas y me frotó la polla en el coño. Me vino a la cabeza la idea de una doble penetración y me puse malita. Los pezones de mis tetas estaban erectos y se marcaban en el sujetador del bikini. Tuve la sensación de que se clavaban en el pecho de mi sobrino. Juan quiso besarme. Supe que era el momento de dejarlo. Me separé de ellos e hice unos largos para que los pezones se me relajaran. Iba nadando cuando llegó a mi lado Juan, y me dijo:
-Tita, tita. ¿Nos enseñas a besar?
Me detuve y le dije:
-Vosotros ya sabes besar.
-Ninguno de nosotros sabe besar, ni tampoco sabe lo que le gusta a las mujeres. ¿Qué te cuesta?
-Me costaría mi buena reputación.
Se puso meloso.
-Anda, sé buena.
Sabia que me querían follar y la idea me gustaba. Le dije:
-Si lo hago sería mala.
-Pues sé una mala, buena.
Yo, "puesta" por las caricias y los roces, le dije:
-Vale, en una hora en mi habitación.
Poco después salí de la piscina y me fui a mi habitación. Allí quite el bañador mojado. Me vino a la cabeza el emparedado que me habían hecho mis dos sobrinos en la piscina e instintivamente eché la mano al coño. Lo tenía mojado, y no precisamente de agua.. Me eché sobre la cama, cerré los ojos y jugué con mis pezones imaginando que eran Lucas y Juan los que lo hacían. Los acariciaba, cogía las tetas por debajo, los llevaba a la boca y los lamía, gozaba de mi cuerpo y mi cuerpo me hacía gozar a mí. Luego me di dedo. Acariciando las tetas con la otra mano imaginé que me hacía diabluras mis cuatro sobrinos... Y ya no me extiendo más. Al final imaginando que montaba a Juan y que Lucas me la clavaba en el culo, metí un dedo en el culo y dos en el coño y acabé corriéndome cómo una princesa, cochina, pero princesa..
Llegó la hora y los recibí con otro bikini puesto. Me senté en el suelo y ellos se sentaron enfrente de mí. Les iba a explicar lo que nos gusta a las mujeres. Le dije a Luis:
-Ven, Luis -se sentó a mi lado-. A las mujeres nos gusta que empiecen por arriba. Así que acerca tus labios a los míos.
Luis pegó sus temblorosos labios a los míos, los sentí cálidos, suaves. Le fui dando pequeños besos, uno tras otro, en la comisura de los labios, en el labio superior, en el inferior, en los dos labios, y al final le pasé la punta de la lengua entre los labios para luego metérsela dentro de la boca, levantar su lengua con la mía y cuando la sacó se la chupé.
Cuando me separé de él mi vulva ya estaba hinchada y húmeda. Vi que su bañador tenía un buen bulto. Solo con aquellos besos nos habíamos puesto cachondos, y hablo también de mis otros sobrinos, cuyos bañadores tenían sus respectivos bultos, todos menos el de David, mi sobrino más joven, que seguramente estaría pensando en la serie de Canal Disney que iba a poner cuando regresara a su casa. Virgen, en todo, no sabía nada de sexo, ni parecía interesarle, por eso lo llamé:
-Ven, David, anda, ponte a mi lado.
Antes de coger su mano, desanudé el sujetador del bikini por mi nuca y espalda y dejé al aire mis grandes tetas con areolas rosadas y pequeños pezones, lo que provocó un "oooooh" en los mayores. Luego vieron con asombro como con toda tranquilidad llevé su mano al pezón de mi teta derecha.
-Acaríciala suavemente... Así... Así... Muy bien, -le cogí la muñeca y le guie la mano por debajo de la teta y por los lados-. Genial. Ahora aprieta, pero flojo al principio.
David, ya más interesado, colocó la mano justo encima del pezón y comenzó a hundir sus dedos en la carne de mis tetas, lo que puso a los otros nerviosos, Juan, me preguntó:
-¿Y a mí cuándo me toca?
-Tranquilo, tu mira cómo lo hace David. Aprieta un poco más, David. Hunde tus dedos en mis tetas.
Sus dedos se hundieron en mis tetas tan fuertemente que sentí cómo mil pinchazos de agujas que al aflorar desaparecían. Ese dolor y la falta del mismo me pusieron perra perdida.
-No pares, no pares, aprieta con más fuerza.
Fue decir que apretara con más fuerza y David se me echó sobre la teta, buscando el pezón para sorberlo, hundiendo los dedos de sus manos en mis tetas para sacarlo, meterlo en su boca y mamar el pezón. Intentaba sacar leche apretando sus manos a los lados del pezón mientras su boca no dejaba de sorber, estirándolo dentro.
Me sentía un poco sucia porque la humedad de mi vulva en la braga del bikini y su hinchazón delataban mi excitación. Aparté a David de la teta y le dije a Juan.
-¿No querías ser el siguiente, Juan?
-Sí, sí -dijo con los ojos fijos en mis tetas.
Llegó a mi lado con un tremendo bulto en el bañador y con un lamparón de humedad hecho por sus flujos pre seminales. Me echó las manos a las tetas, y magreándolas, me besó las comisuras de los labios, el labio inferior, el superior, los dos labios, pasó la lengua entre mis labios y después me metió la lengua en la boca. Se la chupé, le di mi lengua a chupar y ya se descubrió. Con su lengua y sus labios envolvió mi lengua y me dio un delicioso beso. Mi sobrino sabía besar tan bien cómo yo.
-Me has engañado, ya sabías besar a una mujer.
Afortunadamente no era tonto.
-Y tú nos has traído para follar, de lo contrario no nos enseñarás tus tetas.
Me echó hacia atrás, me estiró los brazos, y le dijo a sus primos:
-Sujetadla por las muñecas, chavales.
Luis y Lucas me cogieron por las muñecas. Me gustaba que quisieran abusar de mí, pero me revolví y patalee, para excitarlos aún más de lo que ya estaban. Forcejeando, les dije:
-Dejadme, condenados.
David le preguntó a Juan:
-¿Y yo qué hago, Juan?
-De momento, mirar.
Juan lamió mi cuello y mis orejas.
Deseando que no parase, le dije:
-Para, sinvergüenza.
Juan ya se había convertido en el macho alfa.
-Calla y goza, tita.
Quiso besarme en la boca y no le deje. Besó mis ojos, la punta de mi nariz, mi mentón, las comisuras de mis labios y lamió mis axilas. Luego bajó a las tetas, las cogió por debajo con las dos manos, las juntó y besó, lamió y chupó los pezones, después besó, lamió y chupó las tetas por las areolas. Poco más tarde le dijo a los que me estaban sujetando las muñecas:
-Seguid vosotros que yo me voy a hartar de coño.
Me llevé un alegrón, pero le dije:
-¿No te atreverás?
-No digas tonterías, tita. Estás deseando que te coma el coño.
Ahora la que me descubrí fui yo.
-Seguro que no sabes cómo hacerlo.
Me quitó la parte de abajo del bikini, me abrió las piernas, me las flexionó y su lengua lamió de abajo a arriba mi coño encharcado mientras Luis y Lucas, se daban un festín con mis tetas. David volvió a preguntar:
-¿Y yo qué hago?
Sonó mi teléfono móvil que estaba encima de la mesita. Juan le respondió a su primo:
-Coge el teléfono, ponle el altavoz y colócaselo en la oreja a la tita que puede ser algo importante. Después hártate de tetas.
Se oyó la voz de mi novio:
-Hola cariño. ¿Qué haces?
-Estoy en mi cama y me están forzando cuatro cabrones.
-¿Estás fantaseando?
-¿A ti te gustaría que te follara cuatro mujeres?
-¡Siiiii! ¿Jugamos? Yo también estoy en cama.
- Serás cabrón.
-¿Jugamos?
Estaba demasiado cachonda como para no aprovecharme de la situación.
-Vale, pero mando yo.
-Como tú quieras.
-Saca la polla y dámela a mamar.
Juan les hizo una señal a Luis y a Lucas. Dejaron de sujetarme las muñecas, sacaron sus pollas y me las pusieron en la boca... Se las iba a mamar por turnos y juntas.
-Méteme dos dedos en el coño y mastúrbame, cariño.
Juan me metió dos dedos en el coño. No sabía masturbar a una mujer, pero yo moviendo mi pelvis hice que sus dedos tocaran donde debían tocar. Desde el segundo uno los dedos comenzaron a hacer ruidos dentro de mi coño porque estaba encharcado de jugos. Mi novio oyó el "el clash, clash, clash, clash..." y me preguntó:
-¿Ese ruido lo hace tu coño al masturbarte?
-Hace. ¿Quieres comerlo?
-Sí.
-Tienes que hacerlo a mi manera.
-A tu manera te lo haré.
-Ponte en posición y luego mete y saca la lengua de mi coño.
Juan metió y sacó la lengua de mi coño. Comencé a gemir. Mis sobrinos, viendo mi cara de placer, se corrieron en mi boca. Tragué la leche de sus corridas y después le dije a mi novio:
-Lame de abajo arriba, lento al principio y aprisa posteriormente.
Juan hizo lo que había dicho y en nada le llené la boca de jugos, diciendo:
-¡Me corro en tu boca, cariño, me corro en tu boca!
Al acabar de correrme, Juan, vio que mi coño seguía pulsando. Volvió a lamer, le agarré la cabeza con las dos manos y moviendo mi pelvis a toda mecha y hacia todos los lados me volví a correr en su boca.
Mi novio me oyó y me dijo:
-¿Te has corrido otra vez?
-Si, y quiero más. Arrodíllate delante de mí, levanta mi culo, cogiéndome por la cintura, métemela, y deja que te folle.
Juan me levantó el culo cogiéndome por la cintura y me clavó la polla en el coño. Lo follé moviendo mi culo alrededor y echándolo hacia bajo y hacia arriba. Luis y Lucas meneaban sus pollas y me miraban con cara de asombro. David seguía empeñado en sacar leche de mis tetas. Al rato me enderecé y le puse el coño en la boca a mi sobrino, al que le debiera gustar meter y sacar la lengua de mi coño, ya que fue lo primero que hizo al ponérselo en los labios... Aproveché y le puse el ojete en la boca. Su lengua entró y salió de él y lo lamió. Me puso perra perdida, le dije a mi novio:
-Ahora me voy a poner a cuatro patas y quiero que me des duro, cariño.
Me puse a cuatro patas. A David se le había acabado la fiesta de las tetas. Juan se puso detrás, de mí, me agarró por la cintura y me dio con ímpetu, con tanto ímpetu me dio que se corrió sin darme tiempo a nada. Tenía repuesto. Señalé a Lucas y le hice el gesto de ven aquí con un dedo. Vino. Me la clavó y sintiendo cómo su coño se iba deslizando por mi cuevita llena de jugos, se corrió cómo un pajarito. Me estaba quedando sin repuesto y con unas ganas locas de correrme. Al clavármela Luis pensé que iba a pasar lo mismo que con sus primos, pero aguantó cuan campeón hasta que me corrí cómo una perra. Al correrme mi coño apretaba y soltaba su polla, era cómo si se la estuviera mamando, y entonces sí, entonces se corrió dentro de mi coño. Sintiendo su leche calentita acabé de correrme con una fuerza brutal.
Al acabar de correrme, sentí a mi novio decir:
-¡¿Otra vez?!
-Y las que me quedan.
-Estás desconocida.
-Sí, ni yo misma me conozco.
Quería más, pero no tenía pollas duras, ya que mis sobrinos se estaban tocando para volverlas a poner en forma. Fue entonces cuando David, al oído, le preguntó a Juan:
-¿Y yo no hago nada?
Por decir algo, al oído, le dijo:
-Métesela en el culo.
David se lo tomó en serio, se puso detrás de mí. Me echó las manos a las tetas y de una estocada metió su pequeña polla en mi culo... El placer que sentí mientras la pequeña polla entraba y salía de mi culo fue inmenso. Sabía que me iba a correr dándome por el culo, era cuestión de tiempo, y tiempo era lo que le sobraba a David, pues aún no sabía lo que era correrse.
Me dio el tiempo que necesitaba y me corrí cómo una perra. Oí a mi novio gemir y supe que también se estaba corriendo.
Apagué el teléfono móvil. Saqué la polla del culo y me eché boca arriba sobre la cama tirando del aliento.
Tenia los ojos cerrados. Me cayó una corrida en los ojos, me cayó otra corrida en los labios y me cayó una tercera corrida sobre las tetas. Mis sobrinos me habían bañado en leche.
Yo seguía con ganas de más madera. Recordé cómo me puse cuando sentí las pollas de Lucas y de Juan frotarse en mi culo y en mi coño al hacer un emparedado conmigo en la piscina y la idea de una doble penetración me vino a la mente. El culo me anduvo para dentro y para fuera, y cuando a mí me anda el culo para dentro y para fuera... Tenía que seducirlos para que me hicieran la doble penetración, pero sin que se notara, le dije a David:
-David, vete al congelador y trae cinco helados de cucurucho y coge también en la alacena una botella de aceite de oliva que me habéis roto la espalda y necesito que uno de vosotros me dé un masaje.
Lucas levantó la mano.
-Te lo doy yo.
Al ratito Volvió David con los helados y con el aceite. Comiendo los helados. Vi sus pollas flácidas, colgando, y me dije a mi misma que enseguida iban a estar duras cómo piedras. Poco más tarde estaba de pie al lado de la cama. Lucas me daba un masaje en la espalda. En un momento dado sus manos bajaron al mis nalgas. Sonreí y le dije:
-Pillín.
Fue el pistoletazo de salida. David pringó las manos de aceite y fue a lo suyo, o sea, a magrear mis tetas. Juan también echó aceite en las manos y me echó una mano al coño. Lo siguiente que sentí fueron dos bocas comer mi boca y un dedo entrar dentro de mi culo y otro entrar dentro de mi coño. Al rato ya eran dos los dedos que entraban y salían de mi culo y de mi coño. Comencé a gemir. David se puso de puntillas y me metió la lengua en la boca. No sabía besar, pero yo sí. Le comí la boca al tiempo que le cogía su pequeña polla y se la masturbaba. De repente apartó la boca de la mía, soltó un gemido y sentí su leche calentita en mi mano. Era su primer orgasmo. Gozándolo se quedó mirando para mí con cara de asombrado. Ver su cara me puso perra perdida. Lo dedos no me llegaban, necesitaba al menos una polla dentro de mí. Les dije a Lucas y a Juan:
-Parar.
Sacaron sus dedos.
-Quiero que uno de vosotros me haga sexo anal.
Querían todos. Se abalanzaron sobre mí. Les dije:
-De uno en uno, gamberros.
Lucas y Juan me pusieron la cabeza sobre la cama y colocaron mi culo en posición. Deseando que me forzasen, les dije:
-No me gusta que me fuercen.
Juan el macho alfa, el aprendiz de sádico, le dijo a Lucas:
-Dale duro.
Abriendo mis nalgas con las dos manos, le dije yo:
-Métela despacito.
Con sus manos en mi cintura, me metió la polla de un trallazo. Al ser mas gorda que la de David, entrara muy apretada, pero yo gozaba cómo una golfa... Lucas duró muy poco, pues al llegar la polla al fondo del culo cinco o seis veces, ya me lo llenó de leche. Al sacarla me quedó el culo huérfano. Cuando me la metió Juan, el ojete se abría y se cerraba cómo si fuera el coño de una burra el celo. El macho alfa, el aprendiz de sádico, se corrió después de haber metido solamente la cabeza de la polla dentro de mi culo. No tenían aguante. Me la metió Luis. Creí que iba a acabar en un suspiro, pero Luis ya era otra cosa. Dándole al culo, me folló con salero: "Bimba, bimba, bimba, bimba" y cómo no me llegaba el "Bimba, bimba bimba, bimba" me dio el. "Traca, traca, traca, traca, traca, traca". Con el "Traca, traca, traca, traca, traca, traca" me corrí cómo una loba. Luis seguía fresco cómo una rosa, tan fresco seguía que se echó sobre la cama conmigo encima para seguir follando mi culo. Mi coño quedó a merced de quien lo quisiera, y cómo los flojos se estaban recuperando, el que me quedaba empalmado era David. Le dije:
-Métemela, David.
Nunca una polla tan pequeña le dio tanto placer a una mujer, y es que al tener la polla de Luis metida dentro del culo, éste estaba cerrado y la polla de David entró muy apretada. Me dieron sin compasión. Cuando Luis se corrió creí que no me iba a correr, pero me corrí cuando David, corriéndose dentro de mí, me dijo:
-Tita, estoy echando leche otra vez.
Después de este polvo quedé satisfecha y no pensaba repetir con mis sobrinos. Era demasiado peligroso, pero la vida nos da sorpresas.
Esa noche me sentía sexy y me quise sentir más. Puse un sujetador blanco con tiras frontales sobre las copas, con bordados sobre ellas y un tanga del mismo color también con bordados. Me miré en el espejo del tocador y me dieron ganas de hacerme el amor a mi misma, y cuando a mí me dan ganas de hacerme el amor a mi misma, es que toca dedo. Me metí en cama con idea de darme placer. Se abrió la puerta de mi habitación y apareció Luis. Vi cómo en su calzoncillo aparecía un gran bulto. Le gustaba lo que estaba viendo. Cerró la puerta de mi habitación y le pasó la llave. Le pregunté:
-¿Por qué cierras la puerta si estamos solos en casa?
-Para que no te me escapes, tita.
Actuaba con la seguridad de un hombre hecho y derecho. Caminando descalzo y con paso firme llegó a mi cama, se echó a mi lado y me dijo:
-Yo ya sabía besar y follar, tita. ¿Me dejas que te muestre lo que sé hacer?
Le seguí la corriente.
-¿Qué sabes hacer?
-Lo que aprendí leyendo relatos eróticos y viendo porno.
-Eso no quiere decir que sepas follar.
-Creo que te podría sorprender.
Aunque no supiera ya lo pondría yo al día.
-Sorpréndeme.
Sin tocarme con las manos me dio un pico, dos, tres, luego metió la punta de su lengua en mi boca, se la chupé, y después me dijo:
-Saca toda la lengua.
La saqué. Pegó la suya a mía y nos dimos un beso muy largo y algo sucio, ya que acabaron colgando babas de nuestras bocas. Al dejar de besarnos, me dijo:
-Quita el sujetador.
Lo quité, miró para mis tetas y sin tocarlas, besó mis pezones. Bajó besando mi vientre, besó mi ombligo. Metió su cabeza entre mis piernas y besó el interior de mis muslos, luego besó mi clítoris por encima del tanga, después lamió mi coño apretando la lengua contra el tanga. Ya yo gemía en bajito cuando me dijo:
-Quita las bragas.
Las quité, abrí las piernas y flexioné las rodillas. Me abrió el coño con dos dedos y me besó varias veces los labios vaginales, primero el izquierdo y después el derecho, luego me dio varios besos en el clítoris. Mi vagina latía y lubricaba una barbaridad.
-Ponte boca abajo, tita.
Me puse boca abajo con los brazos estirados a los lados de mi cuerpo. Quitó la polla y la sentí mojada subiendo y bajando por mi columna vertebral. Iba desde el coxis hasta el atlas y del atlas hasta el coxis. Sus manos cogieron mis tetas y las magrearon mientras la polla subía y bajaba. Luego fue su lengua la que lamió mi columna vertebral, pero esta vez bajaba hasta el ojete... Luego se detuvo en él. La manos de mi sobrino masajearon mis nalgas cómo si fueran tetas y su lengua lamió y folló el ojete. Mi vagina y mi ojete latían sin parar. Sentí que me iba a correr. Mis gemidos debieron alertar a mi sobrino, ya que me dijo:
-Ponte boca arriba.
Me puse. Volvió a hacer el recorrido que había hecho antes, desde la boca hasta el coño, pero esta vez lamiendo y chupando. Chupando mis tetas me corrí cómo si fuera una adolescente en su primera vez, y no fue una corrida cualquiera, pues me vino con tanta fuerza que me retorcí y me sacudí con el tremendo placer que recorrió mi cuerpo. Al acabar de correrme, lamió y chupó mi ombligo y luego bajó a mi coño encharcado. Lo volvió a abrir con dos dedos y me dijo:
-No se ve la entrada de la vagina con tantos jugos.
Lamió mi coño y tragó los jugos. Después lamió varias veces mis labios vaginales. A continuación me echó las manos a la cintura, me levantó el culo y me metió y sacó la lengua del coño, lo hizo despacito. Mi coño se abría para dejar entrar la lengua, pero cuando la lengua retrocedía, la apretaba para que no saliera, obviamente se le escurría, y obviamente yo ya estaba otra vez cachonda... En lo mejor, dejó de follar mi coño con la lengua, se puso de rodillas y me puso una mano en una teta y la polla en los labios. La cogí con ganas. Mamándosela gemí cómo si me estuviera comiendo el coño mi sobrino a mí. Le lamí los huevos, se los chupé, se la menee... Le hice un buen trabajo. Mi idea era que se corriera en mi boca y tragarme su leche, pero cuando casi lo tenía me quitó la polla de la boca, se arrodilló entre mis piernas, frotó su polla en mi coño y sin llegar a meterla se corrió entre mis labios vaginales. Me llevé una decepción, pero me duró menos de un minuto, ya que volvió a meter su cabeza entre mis pierna y me lamió el coño con lujuria, un coño perdido con mis jugos y su leche. A punto de correrme, le dije:
-¡Joder si me has sorprendido!
Siguió lamiendo y me corrí a lo grande. Si el placer de la corrida anterior fuera brutal el de esta había sido demencial. Al acabar de correrme estaba medio muerta, pero no se apiadó de mí, me volvió a levantar el culo cogiéndome por la cintura y me metió la polla en el ano. Aunque esta vez no estaba oleado, la entrada del ojo del culo estaba cubierto de leche y de jugos vaginales, por eso me gustó desde el principio..., pero así no me iba a correr, o eso pensaba hasta que quitó una mano de mi cintura y con dos de sus dedos acarició mi clítoris. Al rato, mirándolo a los ojos, le dije:
-¡Me corro otra vez, Luis, me corro otra vez!
¿Soñasteis alguna vez que volabais? Pues yo volé. Aquella corrida me hizo volar cómo una golondrina. No me dio tiempo a recuperarme. La quitó del culo, la limpió con la colcha, y luego me la enterró en el coño. ¡Cómo follaba el bandido! En vez de tener la torpeza de un muchacho de su edad tenía la técnica de un hombre maduro. Os diré cómo lo hacía. Al principio me folló despacito y siempre rozando la pared superior de mi vagina. Al rato me mamó las tetas y después me metió un chupinazo mejor que el de san Fermín. Se quedó quieto, me volvió a mamar las tetas y luego me folló a toda mecha... Se detuvo y mamando mis tetas me metió otro chupinazo, al segundo, otro chupinazo, un segundo más tarde otro chupinazo..., hasta doce chupinazos me metió. Luego me folló despacito... Mi coño ya estaba latiendo de nuevo y mi sobrino lo sentía. Me dio un beso y después me preguntó:
-¿Nos corremos juntos, tita?
Susurrando, le respondí:
-Sí, campeón.
Me dio despacio, a medio gas y a toda mecha. Al sentir que me venía le dije:
-¡¡Ahora, ahora, córrete conmigo!
Nos corrimos juntos. Maravillosa fueron las corridas y maravillosa acabó siendo la noche.
Espero que le haya gustado el relato, a mi me gustó escribir parte de él y recordar aquellos bellos momentos.
Carmen y Quique.






