Mi nombre es Greta, tengo veintidós años, soy bisexual, multiorgásmica, alta, rubia, de ojos azules, no soy gorda ni soy flaca, y dicen que soy guapa. Retomé ese año la carrera de derecho en Santiago de Compostela, carrera que había dejado al casarme.
Fernando, mi padre, es un empresario de la construcción, cuarentón, millonario, pero hecho a pulso, pues empezó de peón. Es un hombre alto, de barba cuidada, moreno y muy corpulento. Está separado, pero se llevaba bien con mi madrastra.
Mi padre me había ofrecido una habitación en su ático durante el tiempo que la necesitara, o sea, hasta que encontrara un lugar que me gustase para vivir y yo había aceptado. La primera noche que iba a dormir en el ático le dije a mi padre:
-¿Pedimos algo a un chino, papá?
Mi padre, que estaba sentado en un sofá de la sala, que llevaba puesta una bata roja y que calzaba unas zapatillas marrones, me lanzó una indirecta.
-La comida china es picante, cariño y...
Yo, que estaba de pie, descalza y en bata de casa, aunque mi bata era de color blanco, no dejé que acabara de hablar.
-No empieces, papá, que no se volverá repetir lo del día de mi boda.
-Aquello fue maravilloso.
-Sí, pero fue un error.
Fuera un error, pero un error delicioso. Os lo cuento en un flashback.
Mi padre, que era el padrino de mi boda, había ido a mi habitación para ver si ya estaba vestida de novia y me encontró vestida con una lencería blanca. La mitad de mis grandes tetas salían por debajo del sujetador y los pelos de mi coño salían por encima de las bragas. Mi padre, vestido con un smoking blanco, pajarita negra y zapatos negros, al verme exclamó:
-¡Qué barbaridad! Eres la cosita mas sexy que hay sobre la tierra.
Sonriendo, le dije:
-Esa cosita sexy estaba esperando por ti, papá.
Vino a mi lado, y me dijo:
-Llevaba tiempo buscándote y no habías querido dármela otra vez. ¿Por qué ahora y no antes?
-Porque esta mañana recordé la primera vez contigo y me tuve... Y me gustó lo que recordé.
-¿No tienes buen sexo con tu novio?
-Deja de hacer preguntas.
Me tumbó sobre la cama, se echó encima de mí y me comió la boca. Luego me quitó el sujetador. Vio mis tetas redondas con areolas rosadas y gordos pezones. Las cogió, las amasó, le lamió los pezones y las areolas, los laterales de las tetas... Luego metió su mano derecha dentro de mis bragas y después metió dos dedos dentro de mi vagina y me masturbó hasta darme el primer orgasmo. Corriéndome en sus dedos, le eché los brazos al cuello y le comí la boca hasta que acabé de gozar. Luego me quitó las bragas. Al ver mi coño chorreando, me dijo:
-¡Que maravilla!
Me olió el coño, y después le dio una lametada. Saboreó los jugos y me dijo:
-¡Qué rica estás, hija!
Cogió el capuchón de mi clítoris con los dedos pulgar e índice le la mano derecha y lo movió de delante hacia atrás y de atrás hacia delante. Era cómo si le estuviera haciendo una paja al glande, glande que lamía con la puntita de la lengua cuando quedaba al descubierto. Yo, entregada al placer, gemía y me acariciaba las tetas. Luego, mi padre, lamió de abajo a arriba y volvió a saborear los jugos. De repente dejó de jugar con el capuchón, apretó su lengua contra el coño y lamió de abajo a arriba a toda pastilla. No tardé en decir:
-¡Me corro en tu boca, papá!
Dejó que me recuperara, se arrodillo delante de mí y me echó las manos a las tetas. Yo levanté el culo. De un chupinazo me metió la polla en el coño... Luego la metió y la sacó con lentitud... Fue aumentando paulatinamente la velocidad de las clavadas y al final, apretando con cuatro dedos mis pezones, me dio a romper. Me corrí cómo una princesa de cuento porno. Dejó que me acabara de correr, me volvió a dar a romper y me volvió a venir. Quiso que me corriera de nuevo y me volvió a follar a mil por hora. Vio que se iba a correr, la quitó, me comió el coño hasta que me corrí y después me volvió a follar hasta que se corrió él.
Volvamos a la conversación que estábamos teniendo. Me decía mi padre:
-Has debido suponer que al venir a vivir aquí lo intentaría.
Claro que lo había supuesto, por eso había ido, pero no se lo iba a decir, lo que le dije fue:
-Lo que te suponía era más respetuoso con una mujer casada. ¿Pido, o no pido?
-Pide.
Tiempo más tarde estábamos uno frente al otro, sentados en dos sofás. Encima de la mesa camilla había dos rollos de primavera, To Fu con salsa picante, arroz frito tres delicias, cerdo agridulce, pan de gambas y plátano frito con miel.
Mi padre, que había puesto sobre la mesa camilla una botella de vino Albariño, una coca cola de litro, otra de agua y dos copas, me preguntó:
-¿No será mucha cena?
-A mí no me va a sobrar.
-Estás hambrienta.
-Mucho.
No me sobró nada, pero la comida me había tirado por el agua, y el plátano frito con miel que comí al final me tiró de la coca cola, y a esta, mi padre, le había echado somníferos. Al rato le decía:
-Quería mirar una película contigo, pero me está entrando el sueño, papá.
-Dormida, debes parecerte a la Bella Durmiente
-Sé lo que estás pensando.
-¿Y en qué estoy pensando?
-En aprovecharte de mi, pero eso no va a pasar.
Me mintió como un bellaco.
-Yo no me aprovecho de las mujeres.
Al rato se me fue la cabeza hacia los lados y se me cerraron los ojos. Mi padre vino a mi lado y me agarró para que no me diese un golpe. Me puso sobre la alfombra y dijo:
-Eres preciosa.
Somnolienta, abrí los ojos y le dije:
-Llévame a mi cama.
Se arrodilló a mi lado, me abrió la bata y vi cómo miraba mis largas piernas, mi vientre plano, mi ombligo metido para dentro, mi coño, que estaba rodeado por una mata de vello rubio, mis tetas gordas con areolas color carne y mis gordos pezones.
-¡Qué buena estás!
Sacó del bolsillo de la bata un frasquito, lo abrió y me lo puso en las fosas nasales unos segundos, tras los cuales me invadió un calor cómo nunca antes había tenido, o sea, que me entraron unas ganas locas de follar.
Mi padre, despacito, magreó mis tetas y despacito me lamió los pezones y luego chupó las areolas. Gemí y arqueé un poco el cuerpo. Me lamió el cuello, las orejas, me besó en los labios. Volvió a comerme las tetas, despacito y un rato largo. Luego me quitó las bragas blancas. Olió mi coño profundamente, me abrió las piernas de para en par y después lo lamió. Volví a gemir. Levanté la cabeza y, le dije:
-Eres muy malo.
Mi padre lamió mi coño lentamente, de abajo a arriba y con la punta de la lengua. Luego apretó la lengua contra el coño y me dio cera. Yo, gimiendo en bajito y convulsionándome, le di una inmensa corrida en la boca.
-Me corro, papá, me corro.
Al acabar de correrme, mi padre, lamió mi clítoris a toda pastilla y de manera transversal. En nada me volví a correr, a convulsionar y a gemir en bajito. Luego de correrme me aprisionó el clítoris con los labios y la lengua y lo succionó, el resultado fue que en cuestión de segundos tuve otro orgasmo brutal. Tras el tercer orgasmo, volvió a lamer mi coño me metió y sacó la lengua de la vagina varias veces y luego me lo comió cómo la primera vez hasta que le volví a dar otra deliciosa corrida en la boca.
Al acabar de correrme, se arrodilló entre mis piernas. Me cogió por la cintura, me levantó y me enterró la polla en el coño. Le dije:
-Eres un aprovechado.
Mi padre me dio lo que no está en los escritos... Al correrme y ver como me convulsionaba, y al oírme gemir, paró de darme. Mi coño, apretando y soltando la polla, se la bañó de jugos. Me volvió a dar a mil por hora y al ratito me volví a correr. Mientras me corría, sacó la polla de mi coño y se corrió en mis tetas. Luego volvió a comerme el coño. Esta vez me separó las piernas, me levantó el culo, y me lamió y me folló el ojete con la punta de la lengua, un buen rato, luego me clavó y sacó la lengua de la vagina, otro buen rato y después lamió desde el ojete al clítoris como si no hubiera mañana. Le di la última corrida, una corrida que fue espectacular. Corriéndome, le dije:
-¡Me matas!
Después de hacerme gozar, de gozar él, y de limpiarme, hizo lo que le haba pedido, me llevó a mi habitación. Allí me dejó sobre la cama, le puso el cinturón a la bata, me dio un pico y me dijo:
-Hasta mañana, cariño.
A la mañana siguiente, cuando desperté fui al cuarto de mi padre, al no encontrarlo fui a la cocina. Allí estaba cortando unas lonchas de jamón para luego freírlas junto a unos huevos y desayunar. Haciéndome la ofendida, le dije:
-¡¿Qué me diste anoche para forzar mi voluntad?!
Me mintió.
-Nada.
-¡Mentiroso!
Eche a andar. Me preguntó:
-¿A dónde vas?
-A vestirme. Vuelvo a casa con mi marido y no regresaré aquí.
Me suplicó.
-No te vayas, por favor, vuelve el lunes.
-No puedo quedarme aquí después de lo de anoche. Me drogaste.
Mi padre se vino abajo.
-No te vayas, me voy yo y te dejo el ático para ti sola hasta que acabes la carrera.
No me gustaba la idea. Sin él allí la cosa no sería la misma, pero claro, tenía que parecer molesta.
-Vendrías a cobrar la renta y los dos sabemos como la cobrarías.
-Te juro que no te molestaré.
-A ver, papá. ¿Te crees que me chupo el dedo?
-No, sé que es difícil de creer, pero si te quedas aquí solo te llamaría por teléfono.
-¿Y por qué por teléfono?
-Porque sin ti o soy nada.
-Cuéntame otro cuento.
-No, no es un cuento.
Me seguía picando la curiosidad.
-¿Que me diste anoche? Dime la verdad y me pienso lo de volver el lunes.
-Si te digo la verdad te vas a enfadar y no volverás conmigo.
-¿Qué me diste?
-Te eche somníferos en la coca cola y después te hice inhalar un afrodisíaco.
-¡¿Me diste un afrodisíaco?!
-Sí.
-¿Qué afrodisíaco me diste?
Sacó un frasco rosa de Popper Lady del bolsillo de la bata y me lo dio.
-Este.
Cogí el bote y lo abrí.
-Así que me drogaste con esto.
-Era la única manera de poder tenerte otra vez.
-¡Hay que ser ruin!
-Es que...
-Calla de una puñetera vez.
Abrí el bote. Me dijo:
-No lo huelas.
Lo olí.
-Tiene un aroma muy agradable.
-Si lo hueles profundamente te pondrás cachonda.
Sabía que me estaba incitando a olerlo. Lo olí profundamente. Mojé la yema del dedo en el líquido y lo eché en los lóbulos de las orejas como si fuese perfume. Me entró el calentón y con él las ganas de follar, ganas que disimulé.
-No huele mal. Ahora me voy a duchar que no quiero perder el tren.
-¿No sientes nada?
Le mentí.
-Solamente un calorcillo muy agradable.
Al estar en la ducha y enjabonar el cuello y las tetas, el cuerpo se me estremeció y el coño se me empezó a mojar, y no precisamente de agua. Hablé conmigo misma.
-Estoy cachonda perdida y el tonto no da venido.
Al enjabonar el coño, la vagina me pidió dedo, y no tuve más remedio que dárselo.
-Necesito masturbarme, lo necesito.
Había dejado la puerta del cuarto de baño entreabierta para que mi padre se volviera a pasar de frenada, per no se pasó. Así que mientras me daba dedo imaginé que entraba en el cuarto de baño y me hacía las cosas que me estaba imaginando que me hacía... Acariciar mi cuello -me lo acaricié-. Magrearme y comerle las tetas -las magreé y lamí los pezones y las areolas, de aquella manera, pero lo hice-. Comerme el coño, y luego follarme -me follé el coño con dos dedos imaginando que era la polla de mi padre, hasta que me corrí. Al acabar, dije:
-¡La hostia, que pedazo de corrida!
Había sido una corrida larga y potente, pero no me llegó. Me arrime con la espalda a los azulejos y a mi mente vino mi primera vez con mi amiga Jacinta. Os lo cuento en otro flash back.
Jacinta y yo habíamos llegado a mi habitación caladas hasta los huesos, pues ese día llovía de forma torrencial. Delante del armario, le dije:
-Quita esa ropa y por una mía mientras la tuya se seca delante del radiador.
Nos desnudamos juntas. Al estar desnuda cogí una toalla y le sequé el cabello. Luego, secándole la espalda, le dije:
-Hoy libra la sirvienta, tendremos que hacernos nosotras algo caliente después de vestirnos.
-Yo me haré un cola cao.
Se dio la vuelta y le sequé las tetas. Jacinta me dio un pico. Quedé con mis manos sobre sus tetas, sorprendida y sin saber que decir. Mirando para ella empecé a temblar. Jacinta, que era morena, de ojos negros, cabello color negro azabache, de mi misma estatura y con un cuerpo similar al mío, me dijo:
-Me gustas, Greta.
Balbuceé:
-Yo, yo...
Puso sus manos sobre las mías haciendo que apretara sus tetas y luego me dio un beso con lengua, un beso tan largo y tan rico que acabé dejando caer la toalla y magreado sus duras tetas. Luego de besarme cogió la toalla, me secó la espalda y me dijo:
-Llevo mucho tiempo deseando hacer el amor contigo.
Dejé de temblar y me volvió el habla.
-Nunca hubiera imaginado que eras lesbiana.
-Es que no lo soy. Solamente tengo interés en ti.
Llegó a mi culo y después de secarlo me separó las nalgas y me dio un beso negro en el ojete. El contraste del beso con lenga en la boca y el beso negro en el culo, fue brutal, y ya no os digo nada con el que me lo dio en el coño a los pocos segundos.
-¿Te gusta?
-Mucho.
Besó mi clítoris y lamió mi coño.
-Estás muy mojada.
Comenzó a lamer cómo una perra, lo hizo de abajo a arriba y cada vez más aprisa. En nada le avisé de que que me iba.
-¡Me voy a correr en tu boca!
Siguió lamiendo y con un tremendo temblor de piernas y gimiendo cómo una zorrita, comencé a correrme en su boca, luego fui encogiéndome y acabé corriéndome en cuclillas y con el coño de Jacinta frente a mi boca.
Al acabar de correrme abrí los ojos y vi su coño, entreabierto y goteando. Jacinta me echó su mano derecha a la nuca, me llevó la boca a su coño y me dijo:
-Cómemela, por favor.
Le comí el coño, de aquella manera. Jacinta movió su pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo. Lo hizo cada vez más aprisa y no tardó en correrse. Corriéndose me dijo:
-Bebe, cariño, bebe.
Sentí sus jugos calentitos en mi lengua y bebí de ella.
Al acabar de correrse sentimos hablar en el piso de abajo a mi madrastra con una amiga que había traído para tomar un café y unas pastas y tuvimos que dejarlo.
Recordando aquellos momentos me había dado dedo hasta que me volví a correr.
Al salir del cuarto de baño seguía con ganas. Fui a la cocina. Allí estaba mi padre sentado a la mesa. Tenía delante de él un plato con seis lonchas de jamón a los que diera vuelta y vuelta en la sartén, tres huevos fritos, pan y un vaso con zumo de naranja. Me senté delante de él, y le dije:
-¿Me das la mitad?
-Claro.
Mi padre fue a por un plato y repartió. Le dije:
-Yo solamente quiero un huevo.
Echó en el plato un huevo y tres lonchas de jamón. Comencé a desayunar. Mi padre me dijo:
-Da gusto verte comer.
-A ti te dan más gusto otras cosas, y no verlas comer, si no que te gusta comerlas.
-Mujer, claro que sí, cómo a todo el mundo.
-La fruta prohibida sabe mejor. ¿Verdad, papá?
-La fruta prohibida siempre ha sabido mejor, y si es fruta del Paraíso, como la tuya, no es que sepa mejor, es que no hay fruta mas deliciosa.
Cuando acabé de desayunar, me levanté y le dije:
-Me voy a cambiar. Ni se te ocurra acercarte a mi habitación.
-No me acercaré. ¿Ya me has perdonado?
-No mereces que te perdone.
Me levanté de la mesa. La parte de abajo de la bata había quedado aprisionada bajo una de las patas de la silla, y como el cinturón solo tenía una lazada y yo me apoyara con una mano en la silla para levantarme, la bata cayó al piso y me dejó en pelota picada. Si lo quisiera hacer a posta no me saldría mejor. Al verme desnuda, dije:
-¡Upssss!
Mi padre se puso en pie y vino hacia mí quitándose la bata. Al quedar en pelotas vi su polla casi erecta.
-¡No te me acerques!
Al llegar a mi lado me cogió las manos y me dijo:
-Déjate querer.
Me besó el cuello al tiempo que su polla se apretaba contra mi coño. Le quise decir. "Ya me dejo, tonto." Pero le dije:
-¡Suéltame!
Se encogió, me mamó una teta y me dijo:
-Solo una vez más.
-¡Déjame!
Me mamó la otra teta.
-Se buena.
-Suéltame.
Me soltó. Me cogió por las axilas y me sentó al lado del plato en el que había comido. Le dije:
-No quiero.
-Solo deseo comerte el coño.
-¡El culo me vas a comer!
-Sí, el culo también.
-No quise decir que me lo comieras.
-Ya lo sé, pero te lo voy a comer.
Le echó la mano al huevo que tenía en su plato. Tiró con mi plato al piso, me echó hacia atrás y me espachurró el huevo frito en el coño y en el ojete. Luego me pringó las tetas con la mano llena de yema y después me volvió a sujetar las manos por las muñecas.
-¡Para, guarro!
-Dame solo cinco minutos para despedirme de ti.
Trabajo me costó decirle:
-Ni un segundo te doy, ni un segundo.
-Cuatro, en cuatro minutos hago que te corras.
-Ni medio segundo.
-Un minuto, dame un minuto.
Ya me tardaba que empezase a despedirse.
-¿Y después me dejas ir?
-Sí.
-Vale, tienes un minuto.
Mi padre lamió mis pezones, mis areolas, lamió y mamó mis tetas. Yo, con la cabeza girada hacia la izquierda, ponía cara de "no quiero" mientras mi coño latía y se lubricaba. Ya pasara más de un minuto, de dos y de tres, cuando dejó de mamar mi tetas, tetas que dejo limpias. Bajó y me lamió el ojete y luego el ojete y el coño. Los lamió de abajo a arriba y a conciencia. Luego quiso besarme con lo labios manchados de yema. Le hice la cobra y le dije:
-No soy tan cochina como tú.
Me giró la cabeza con una mano y me puso la lengua entre los labios. No dejé que pasa la barrera que formaban mis dientes... Me magreó y me comió las tetas sin escatimar tiempo y después volvió al coño.
-¿Cómo quieres que te lo coma? -lamió de abajo a arriba un par de minutos- ¿Así? -aprisionó su clítoris con los labios y la lengua y lo succionó algo más de un minuto- ¿Así? -me lamió los labios vaginales y me metió y sacó la lengua del coño una docena de veces-. ¿Así? -Me levantó el culo, me folló el ojete con la lengua y luego subió apretando la lengua contra el coño. Al llegar arriba succionó de nuevo mi clítoris-. ¿Así?
Ya no aguanté más. Me corrí, sin gemir, pero entre espasmos.
Al acabar de correrme me incorporé, me bajé de la mesa, le miré para la polla empalmada y le dije:
-Ahora vas y la cascas.
No le importó mi sarcasmo.
-¿Volverás conmigo el lunes?
-Después de todo lo que me has hecho... ¡Ni loca!
Cogí la bata, la puse, y esperando que me siguiera, me fui a mi habitación. Allí fui hasta el armario para coger la ropa. Ya la había puesto sobre una silla cuando entró mi padre en la habitación, entró y cerró la puerta. En su mano derecha tenia una pañoleta y una cinta. Comenzó el juego de la gata y el ratón. Fui para el lado de la cama que daba a la pared, y le pregunté:
-¿Qué intentas hacer con eso que traes en la mano?
-Amordazarte y atarte.
Seguí jugando con mi ratón:
-¡Fuera de mi habitación!
-Te tengo que hacer goza hasta que te queden ganas de volver.
-¡Olvídame!
-No puedo.
Se arrodilló sobre la cama. Quise jugar a la gata y al ratón un poco más, pero me agarró por la cintura y me puso boca abajo. Después me amordazó con la pañoleta y me ató las manos a la espalda con la cinta. Mi padre me echó las manos a los bolsillos de la bata y de uno de ellos sacó el Popper Lady. Yo me cagaba en todo, pero para hacer el paripé. Abrió el frasco del afrodisiaco y me tapó la boca por encima de la mordaza. Olí el Popper Lady. Ya estaba cachonda y en nada me puse perra perdida.
Me levantó la bata, me levantó el culo y me lamió el ojete. Bajé el culo y me puse en posición fetal. Fue igual. Mi padre se colocó de lado y siguió lamiendo el ojete. De mi coño comenzaron a salir jugos que bajaron por la parte interior de mis muslos. Luego me puso boca abajo de nuevo. Me volvió a levantar el culo echándome las manos al vientre, y comenzó el mete y saca de la lengua en el ojete y el magreo de tetas. Los pezones ya los tenía duros cómo el mármol. Dejé que me pusiera a cuatro patas. A continuación sentí la polla frotarse de abajo a arriba y de arriba a abajo en mi coño encharcado y después sentí cómo la punta del glande entraba en mi culo.
-¿Te gusta, cariño?
Me gustaba, pero moví la cabeza en sentido negativo.
-Tu ojete besando mi polla cuando la quito no dice lo mismo que tú. Te voy a quitar la mordaza. Si chillas te la vuelvo a poner.
Me quitó la mordaza. Respiré hondo y luego, con voz de loca, le dije:
-¡Suéltame!
-No te voy a soltar porque sé que te está gustando.
-Mentira. El culo no me gusta que me lo toquen.
Me metió la cabeza de la polla dentro del culo y me dio dos cachetes en las nalgas.
-Plassss, plassss.
-¿Las nalgadas tampoco te gustan?
Volví a mentir. Me gustaban, con poca fuerza, pero me gustaban.
-Tampoco.
Agarrándome por las tetas, folló mi culo metiendo y sacando la cabeza de la polla con mucha lentitud. No solté ni un gemido, pero de mi coño comenzaron a salir jugos en cantidad. Mi padre, al verlos supo que no iba a tardar en correrme. Me metió la polla hasta el fondo del culo, luego me quitó la mitad, le escupió, la volvió a meter hasta el fondo y me peguntó:
-¿Sigo, o así no te gusta?
Estaba en un dilema. Si le decía que siguiera, quedaba por puta, si le decía que no me gustaba me quedaba con las ganas. Quedé por puta.
-Sigue.
Me folló lentamente y escupiendo en la polla de cuando en vez para mantener el ano lubricado... Acabé diciéndole:
-¡Dame duro!
Duro me dio hasta que apretando su polla con mi culo, grité:
-¡Me muero de placer!
Mi primer orgasmo anal fue maravilloso, pero no se lo iba a decir, claro está. Al ponerme boca arriba lo que le dije fue:
-No sabía que eras mariquita.
-Soy de todo un poco.
Me flexionó las rodillas, me separó las piernas y me enterró la lengua en el coño. Le dije:
-Mariquita y lame coños.
-Lo de lame coños ya sabias que lo era.
Me metió y me sacó tantas veces la lengua en la vagina que mi pelvis le acabó follando la lengua, pues así lograba que al salir se frotase con mi clítoris... Al rato me corrí en su boca.
Al acabar de correrme, fingí estar aún más enfadada.
-¡Tú y tu puto afrodisíaco! ¡¡Te odio!!
Me levantó el culo cogiéndome por la cintura y lamió mi clítoris de arriba a abajo, de modo transversal y alrededor. Comencé a gemir. Ya no me daba corte hacerlo. Al ratito le dije:
-¡Para, para!
Mi padre me preguntó lo que ya sabía.
-¿Te vas a correr?
-Sí, y no quiero volver a darte esa satisfacción.
Era una invitación para que siguiera. Siguió lamiendo el clítoris y me corrí como una perra.
Al acabar de correrme, mi padre, levantó la cabeza y me preguntó:
-¿Sigo?
Le dije que sí, pero a mi manera.
-No, si sigues me volveré a correr y...
Siguió lamiéndome el clítoris y en nada me volví a correr, y no una vez, me corrió dos veces más.
Al acabar me preguntó:
-¿Si te suelto me follas tú a mí?
Mi cara seguía reflejando seriedad. Le quise decir "Te voy a follar y te voy a dejar los ojos en blanco, loco mío", pero le dije:
-Ni borracha lo haría.
-En ese caso... ¿Te dejarás follar?
La gata siguió jugando con el ratón
-Antes muerta.
-Te voy a soltar a ver que pasa.
Me soltó las manos y después quiso besarme. Le hice la cobra y le dije:
-Déjame.
Me agarró las muñecas y quiso besarme otra vez. Le hice la cobra de nuevo y pataleando, le dije:
-Me repugnas.
-¿No te gusta el sabor de tu coño?
-Te aborrezco.
En mis ojos se dibujaba un odio que no sentía. Mi padre me comió las tetas... Cada vez que me miraba veía mi cara de asco. En otro momento, supongo que no seguiría adelante, pero en ese momento, o se corría, o le daba algo. Me la clavó de un trallazo. Me quejé.
-¡Encima bruto!
Me folló para correrse él, o sea me folló a mil por hora y a romper, pero al ver cómo echaba la cabeza hacia atrás y como se me arqueaba el cuerpo, me quitó la polla del coño y paró de follarme, Yo, con los ojos cerrados y el ceño fruncido, movía la pelvis para llegar al orgasmo y gemía cómo si se estuviera corriendo. Mi padre vio que me tenía. Dejó que se me fuera y comenzó a hacerme sufrir... Me dio a romper otra vez y cuando vio que me volvía a retorcer la quitó y me preguntó:
-¿Quieres que te haga correr?
Cabreada, le dije:
-No, córrete de una puñetera vez.
Tres veces más me hizo la misma pregunta después de ponerme a punto y dejármela ir. A la cuarta me preguntó:
-¿Te quieres correr ahora?
-Sí.
Mi padre se subió a la parra.
-Si quieres que te haga correr, mámamela.
-No seas aprovechado.
Me la puso en los labios. Empecé a mamarle la polla poniendo cara de asco, pero cuando mi padre se corrió en mi boca, mi cara ya era de arpía. Luego me volvió a dar a romper y esta vez acabó con mi sufrimiento. Me corrí cómo una bendita... Al correrme me besó con lengua. Le devolví los besos.
Al acabar de correrme me encontró con su lengua en la boca. Se la chupé. Le eché las manos al culo y le dije:
-Haz que me corra otra vez.
Esta vez no me folló, me hizo el amor, o sea, me folló despacito, me cosió a caricias y me comió a besos. Yo no quería hacer el amor, quería follar. Me puse encima de él, le coloqué las manos sobre su pecho peludo y lo cabalgué al galope desde el segundo uno. Mis tetas se bambolearon hasta que mi padre me las cogió y me las magreó. Mi culo se movió de detrás hacia delante y de delante hacia atrás y la polla parecía un coche de choques dentro de mi coño. Al rato estaba cómo loca. Quité las manos de su pecho y me nalgueé, mesé el cabello, tiré de él y luego me detuve. Mi pelvis pegó un latigazo y susurré:
-Me corro.
Al acabar de estremecerse, lo miré, luego me quitó de encima y me pregunté a mi misma:
-¿Qué he hecho?
-Me has follado.
-¡Te odio! No te follé yo, te folló una ilusa drogada... Si lo que hicimos sale de aquí, te mato. Ahora vete que tengo que coger un tren.
-Te puedo llevar yo a tu casa.
-¿Para volver a follarme en el camino? No, gracias.
Mientras me iba a la ducha, me dijo:
-Supongo que no volverás por aquí.
Mentí cómo una bellaca.
-Supones bien.
En realidad estábamos mintiendo los dos. Luego sabréis porque lo digo.
Camila, mi madrastra, era una mujer doble, alta, de poco más de cuarenta años, rubia, de ojos color violeta. Tenía unas tetazas y un culo en consonancia con las tetas. Siempre andaba enjoyada, y vestía la última moda, aunque vivía conmigo y con mi marido, ya que no tenia a donde ir.
Era la una y algo de la tarde y estábamos en la cocina sentadas en dos sillas delante de dos vermuts y un plato de aceitunas, que nos había puesto Silvia, una sirvienta, que recién había entrado a trabajar y que tenía una habitación para dormir en el chalet. Me decía mi madrastra:
-Hace tres días que firmamos los papeles del divorcio tu padre y yo....
Sus palabras me causaron una gran sorpresa.
-No me dijo nada.
-Me dijo que no te lo comentase hasta que llegases a casa.
-¿Y qué acordasteis?
-Me dejó este chalet, los coches, varias fincas y una cantidad de dinero que no voy a gastar por muchos años que viva.
-¡Lo que le va a costar un polvo mal echado!
-Mi trabajo me costó que lo echara.
Miré a mi madrastra con cara de sorpresa.
-A ver, Camila, explícame eso.
-Ahora ya te lo puedo decir. Busqué a una puta jovencita, ella lo buscó a él y cayó cómo un pardillo.
-¡¿Por que?!
-¿Quieres qué te hable en plata, Greta?
-Quiero que me digas la verdad.
-Te la diré. Me casé con tu padre por su dinero.
Me había dejado boquiabierta.
-¡¿Qué?!
-Lo que has oído.
Me enfadé.
-No eres más que una furcia.
-Ten cuidado con lo que dices que ahora esta casa es mía
-¿Qué quieres decir con eso?
-Que no me tires de la paciencia o te pongo tus cosas en la calle.
-¿Quieres saber una cosa, Camila?
-No sé si quiero saberla.
-Pues la vas a saber. Nunca me has caído bien. Siempre me has parecido una cara de coño.
-Una cara de coño que... Mejor no te lo digo.
-Cuando venga mi marido nos vamos a un hotel.
Llegó la sirvienta y nos preguntó:
-¿Va a venir el señor a comer?
Le respondió Camila.
-No.
-Pues si no viene, cuando quiera comer las señoras la comida ya está lista.
No quise comer con aquella bruja.
Albino, mi marido, que era un treintañero, moreno, alto, de ojos negros y bien parecido, llegó al chalet pasadas las doce de la noche. Ya había cenado y vino directamente a la habitación de matrimonio. Yo lo estaba esperando con la luz encendida, tapada y leyendo el Hola. Al verme me dijo:
-Tienes que perdonar, pero teníamos mucho trabajo en el despacho.
Puse el Hola sobre la mesita de noche, sonreí y le dije:
-No hay nada que perdonar. El negocio hay que atenderlo. Lo que importa ahora es que ya estás aquí.
Albino quitó la ropa y en calzoncillos se metió en la cama, me besó, luego me dijo:
-Me llamó Camila y me dijo que habíais discutido.
Le devolví el beso.
-Tenemos que buscar donde vivir.
-Ya tenemos donde vivir, tu padre nos regaló uno de sus áticos. Está a cinco minutos de aquí y ya está amueblado. ¿No te lo dijo?
-No, el lunes lo voy poner a pingar.
-¿Por qué?
-Cosas mías.
-¿Y cómo están mis cosas?
Me destapó y vio que estaba desnuda. Al echarme la mano el coño le dije:
-Calentitas, están calentitas
Me besó un pezón, me besó el otro, me mamó las tetas unas seis o siete veces y luego, sin más, subió encima de mí y me folló. Ni cinco minutos tardé en correrse. Albino se corrió conmigo. Luego se quitó de encima, se puso boca arriba, cogió un cigarrillo en el cajón de su mesita de noche, lo encendió, le echó una calada y me preguntó:
-¿Qué tal en la universidad?
-Bien.
-¿Y con tu padre?
No le mentí al responder:
-Genial.
-Me alegra oír eso.
Le eché la mano a la polla.
-¿Sabes lo que me alegraría a mi?
-Sí, pero estoy muy cansado.
Me sentó cómo una patada en el coño, pero lo besé en la frente y le dije:
-Vale, cariño, descansa. Mañana es otro día.
Una hora y pico más tarde, Albino, dormía a pierna suelta. Pensé en como me había besado mi padre. En cómo me había comido las tetas, en como me había comido el coño. En como me había penetrado, y no hizo falta el Popper Lady para que mi mano izquierda magrease mi teta derecha y el dedo medio de la mano derecha se deslizase entre los labios vaginales para luego entrar dentro de mi vagina. Ese mismo dedo, mojado, acarició el pezón y la areola de mi teta izquierda. Luego lo metí dentro de la vagina, y con la yema pringada de jugos me acaricié el pezón y la areola de la teta derecha. Después fueron dos dedos los que entraron dentro de mi coño, dedos que después salieron y acariciaron mi clítoris hasta que me corrí.
Albino comenzó a roncar y me fui para la habitación de al lado. Al rato me entró el hambre. Me levanté de la cama y fui a la cocina a picar algo. Al entrar en la cocina me encontré con la sirvienta sentada en una silla con la bata y las piernas abiertas metiéndose una salchicha Frankfurt en el coño. Me pasó el hambre de comer y me volvieron las ganas de follar. Le dije:
-Con la comida no se juega, Silvia.
La muchacha, que tenía los ojos cerrados, con el susto que se llevó quitó la salchicha del coño y le cayó al piso. Me dijo:
-No le diga nada a nadie. Le prometo que no volverá a suceder.
-Tranquila, todas tenemos nuestros secretos.
Silvia, que era una muchacha flaca, de estatura mediana y de piel oscura, con ojos color café, que tenia las tetas pequeñas y el culo redondito, poniendo cara de seductora, me dijo con voz melosa:
-Si quiere que haga algo por usted... Haría lo que fuera -me miró para el coño y para las tetas-. Lo que fuera.
-Te diría que me hicieras un emparedado de jamón y queso, pero teniendo las manos de lo que las tienes...
-Yo había pensado...
-Sé lo que habías pensado.
-¿Y?
-Y lo que quiero es un emparedado.
-Ahorita se lo hago, señora.
Silvia se agachó para coger la salchicha, y al ver su culo pequeño y redondo y cambié de opinión.
-Has dicho lo que quisiera, ¿no?
-Sí, señora.
-Acaba de hacerte la paja con la salchicha.
-¿Quiere saber lo cochina que soy?
-Quiero.
-¿No sería mejor que viese como la hago en mi habitación? Aquí podría venir alguien y usted quedaría en mala posición.
-Allí querrías algo más.
-Lo querría todo.
-No me tientes...
Greta oyó la voz de Camila detrás de ella.
-¿De que habláis?
Le respondió Silvia.
-De unos emparedados, señora.
-¡¿Te tientan los emparedados, Greta?!
Me fui de la cocina sin responder a su pregunta.
Diez minutos después de meterme en la cama, sentí cómo alguien me besaba en la mejilla. Abrí los ojos y vi a Silvia. Estaba al lado de la cama con un emparedado de queso y jamón en una mano y con un vaso de leche en la otra. Encendí la luz de la mesita, me senté en la cama y enseñándole as tetas, cogí la leche y el emparedado, le metí un mordisco y luego le dije:
-Gracias, Silvia.
-De nada, señora. ¿Cuándo acabe le apetece jugar?
-La verdad es que no tengo sueño.
-Ahora vuelvo.
Silvia se fue. Yo comí el emparedado y bebí la leche. Dos o tres minutos más tarde volvió, cerró la puerta con llave y al llegar a mi lado, me preguntó:
-¿Jugamos con la luz apagada o con ella encendida?
-Encendida.
Me destapó. Vio que estaba sin bragas. Se quitó la bata, y desnuda, se echó a mi lado. Me dio un pico, dos, tres... Luego, nos besamos con lengua. Después sacó del bolsillo de la bata dos consoladores, uno gordo y el otro delgado, los lamió, me los dio a lamer, y luego me dijo:
-Póngase de lado dándome la espalda y separe un poco las piernas.
Hice lo que me había dicho. Me metió en el culo la punta del consolador delgado. Luego lo metió y lo sacó cómo si me estuviera dando puyazos. Me daba lento, aprisa, lento de nuevo... Sabía lo que hacía. A punto de correrme se lo dije:
-Me voy a correr.
-Lo sé, señora.
Me metió el otro consolador en el coño, y con los dos consoladores entrando y saliendo de mi coño y de mi culo y recibiendo sus besos en mi espalda, me corrí como una perra.
Luego de correrme, Silva, me quitó el consolador del coño y lo lamió. Me quitó el consolados del culo y luego me dijo:
-¿Quiere ahora sexo oral, señora?
-Sí.
Silvia metió la cabeza entre mis piernas, lamió la corrida y con la lengua pringada de jugos, vino a por mi boca y me besó. De la boca pasó a las tetas y me dio en ellas un delicioso repaso. Luego me dio sus pequeñas tetas a mamar y después me puso el coño en la boca. Se lo lamí con ganas atrasadas... Al rato se puso en horizontal sobre mí, y haciendo un 69, nos comimos los coños. Poco después, Silvia, se corría en mi boca, diciendo:
-¡Qué rico, qué rico, qué rico, qué rico...!
Yo no me había corrido. Puse a Silvia boca arriba, crucé mis piernas con las suyas y froté con ansia viva mis labios vaginales contra los suyos. Mi clítoris contra su clítoris... Cuando mis gemidos eran de pre orgasmo me dijo Silvia:
-En la boca, señora, córrase en mi boca.
Le puse el coño en la boca, me lo lamio con dulzura y enseguida me corrí. Lo hice entre fuertes temblores y gimiendo en bajito.
Luego de correrme estuvimos acurrucadas unos minutos, como si estuvieran enamoradas. Luego Silvia me dio un pico y me dijo:
-Me voy, señora. No quiero comprometerla más.
A la mañana siguiente, después de despertar, fui a la habitación de matrimonio. M marido ya no estaba en cama. Desnuda me metí en la ducha. Vi que se había acabado el gel. Me puse un albornoz y fui en busca de Silvia para que me lo proporcionara. Al llegar a la cocina vi a mi marido y a mi ex madrasta de espaldas, al lado de la encimera. Vi como él le tocaba el culo y oí cómo Camila le decía:
-Estate quieto que nos puede ver la criada e irle con el cuento a tu mujer.
Al oírla, en vez de sentir rabia, sentí alivio, pero aún así les dije:
-¡La puta que os parió!
Se giraron. Camila sonrió y con más cara que espalda, me dijo:
-Quien no cuida de su polla otro coño se la folla.
Ganas me dieron de ir a por ella y darle de ostias hasta en el carnet de identidad, y no por follar al picha floja de mi marido, si no por reírse en mi cara, pero no me quise manchar las manos. Lo que le dije fue:
-Un coño viejo se la folla.
Mi marido estaba blanco como la cera. Parecía un muerto, y en cierto modo lo estaba, ya que para mí había muerto, si no lo estaba ya antes de descubrirlo con mi madrastra. Me dijo:
-Lo siento, Greta.
-¡No me dirijas la palabra, cornudo!
Me fui a mi habitación. Estaba cogiendo lo esencial para volver a Santiago, cuando llegó Silvia y me dijo:
-La voy a echar mucho de menos, señora.
Me había quedado la boca dulce, así que le pregunté:
-¿Quieres trabajar para mi?
A Silvia se le dibujó una amplia sonrisa en los labios.
-¡Sí!
-Te llamaré un día de estos.
Sentada en un asiento del tren, miré para una anciana que se sentaba enfrente de mí, le sonreí y luego, para hacer el viaje más corto, cerré los ojos y me puse a pensar en la primera vez que había follado con mi padre. Os cuento como fue, en un último flashback.
Era martes de carnaval. Mi amiga Jacinta y yo habíamos vuelto del baile y estábamos en mi habitación. Yo estaba disfrazada de Caperucita, con mi caperuza roja, con una minifalda que casi enseñaba mis bragas blancas, con unas medias también blancas que me subían un poco de las rodillas y que sujetaba con unos lazos rojos, y calzando unos zapatos rojos que tenían unos tacones escandalosamente grandes. Jacinta, iba disfrazada de ladrón, con su camiseta a rayas, con su gorro, su antifaz, su pantalón negro y sus zapatos negros con poco tacón.
Pasó mi padre por delante de la puerta de la habitación, que habíamos dejada abierta porque sabíamos que no había nadie en casa, vio a Jacinta en cuclillas delante de mi y lamiéndole el coño, y me dijo:
-Así que eso es lo que hacíais cada vez que dormía aquí Jacinta.?
Nos separamos. Jacinta salió escopetada, de la habitación y del chalet. Yo subí las bragas. Si había de bajar la cabeza y fingir que me sentía avergonzada, me puse altiva.
-Podías haber pasado de largo.
-Sí, y ser tu alcahuete...
Sabía que me tenía ganas, así que por interrumpirme en lo mejor tenía que darle donde más le dolía.
-¿Te molestó verme con otra chica papá? Mejor que contigo, con cualquier hombre o mujer.
-¡A mí me hablas con respeto!
-Te hablo con el respeto que te mereces, degenerado. ¿Te crees que no me doy cuenta cómo me miras para el culo y para las tetas cuando crees que no te veo? No me extraña que te dejara mi madre.
-Tu madre me dejo por que le iba más el pescado que la carne, y tú sigues sus pasos.
Me puse aún más altiva.
-Sí, me gusta comer coños. ¿Pasa algo?
Vino a mi lado, me dio la vuelta, me echó encima de la cama y me dio una azotaina en las nalgas. "¡Plassss, plassss, plassss, plasssss...!"
-A ver si así respetas, golfa.
La azotaina me puso cachonda de nuevo. Me puso en pie, lo encaré y le di una bofetada. "¡¡Plasssss!!" Aún me puse más cachonda. Le dije:
-Cuando tú me respetes a mi te respetaré yo a ti.
-Vas a aprender de una vez por todas.
Me volvió a echar encima de la cama, me bajó las bragas, y me volvió a dar en las nalgas: "¡Plassss, plassss, plassss, passss...!" Perra perdida, con el coño empapado y consciente de que me estaba mirando para él, le dije:
-¿Te gusta lo que ves, degenerado?
Se tiró a mi coño como un lobo y me clavó la lengua en la vagina. Cuando la sacó, le dije:
-¿Te gustó el sabor de mi coño, perro?
No me contestó. Estaba demasiado ocupado mirando para el pastel de crema que llevaba tiempo deseando comer. Lo provoqué.
-¿Es qué no sabes que hacer con el?
Su lengua se deslizó de abajo a arriba por mi coño y llegó hasta el ojete. Luego lamió a toda mecha, y jadeó cómo un perro. Me estaba comiendo el coño con voracidad... No pude evitar gemir cuando sentí que me iba a correr y cuando exploté, grité:
-¡¡Me corro!!
Al acabar de correrme tenía ganas de más. Yo siempre tengo ganas de más. Cuando follo, si no me corro un mínimo de cuatro veces, no quedo satisfecha. Me puse en pie, subí las bragas, y le dije:
-Ahora querrás correrte tú, aunque tengas que violarme.
-Me conformaría con verte desnuda.
Sus palabras me desconcertaron.
-¿Y eso a qué de debe?
-A que te deseo, pero no quiero hacerte daño.
Me senté en el borde de la cama, lo miré y le dije:
-Un rayo me parta si te entiendo. Se te cae la baba al verme Me comes el coño. Me corro en tu boca y ahora dices que te conformas con verme desnuda.
-A ver si así lo entiendes, me nuero por estar dentro de ti, pero eso solamente lo haría con tu consentimiento.
Miré para el bulto de su pantalón y me entraron ganas de saber cómo era aquella polla que hacía el bulto, pero le dije:
-Entonces nunca me follarás.
-Ya me doy por satisfecho con haber bebido de tu esencia.
No lo podía dejar escapar.
-¿Qué harías en este momento si yo fuera otra?
-Si fueras otra no estarías aquí conmigo.
-No digas tonterías, con el empalme que tienes... ¿Qué harías?
-¿Seguro que quieres saberlo?
-Sí.
-Levántate.
Me levanté. Me quitó la caperucita roja con la capa y me dio un pico. Me quitó los cordeles del corpiño negro. Me besó en el cuello y me quitó la blusa blanca dejando mis gordas tetas al aire. Me quitó la falda rosa con encajes blancos. Luego me desató los lazos rojos que sujetaban mis medias blancas... Hizo que me sentara en la cama y me quitó los zapatos y las medias, luego hizo que me levantase de nuevo y me quitó las bragas mojadas. Se separó de mí un par de metros me miró y me dijo:
-Eres la mujer diez.
-Y tú un sinvergüenza que me va a follar.
-Solo si tú quieres. ¿Quieres?
Tenía que darle un empujón. Le quité la chaqueta, la camisa... Lo desnudé. Me puse en cuclillas, cogí su gorda polla, le di unas cuantas mamada, después me puse en pie, le di un beso con lengua y luego le dije:
-¿Responde esto a tu pregunta?
Me cogió en alto en peso y me besó con lengua. Yo rodeé su cuello con mis brazos y sus piernas con las mías. Luego metió su polla en mi vagina. Sentí cómo iba abriendo mi coño cerrado y gemí de placer. Después subió y bajo mi culo. Mis tetas se frotaban en su pecho y mi clítoris en su pelvis. Estaba sintiendo un inmenso placer, pero ese inmenso placer no se pudo comparar con el que sentí cuando me corrí en su polla. Fue una corrida tan espectacular que quedé temblando unos segundos y sin habla más de dos minutos. Ya me había puesto sobre la cama y me estaba comiendo el coño cuando pude decir:
-Me corro.
No lo decía con efecto retardado, no, es que me estaba corriendo otra vez. ¡Y cómo me corría!
Luego, magreando mis tetas con las dos manos, metió el glande dentro de mi coño, lo sacó y lo metió hasta el fondo muy despacito, muy despacito lo sacó y luego me ametralló el coño con la polla. Paró. me besó, me comió las tetas, volvió a meter el glande despacito, despacito lo sacó y volvió a ametrallar mi coño con su polla... Así estuvo un rato hasta que metiéndola muy despacito, me corí en su polla. Con la polla enterrada en el fondo de mi coño, me miró y me dijo:
-Preciosa, te ves preciosa cuando te corres.
Me besó y me acarició el cabello mientras me corría. Al acabar me follo a mil por hora, y en poco tiempo, sintiendo cómo se corría dentro de mí, le volvía bañar la polla con una deliciosa corrida.
Final
Mi padre, al abrir la puerta del ático y verme con cara seria, me preguntó:
-No te dije lo del divorcio...
-¿Me dejas entrar, o no?
Se apartó de la puerta.
-Pasa, cariño, pasa.
Pasé y sigo con él, bueno con él y con Silvia. Nuestros bueno tríos nos hacemos. Y aquí lo dejo. Espero que os haya gustado mi historia.
Quique.
@quiqiue excelente relato muy cachondo
scripsit nyctidromus
sanguine et pulvis
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