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Sí, hijo, mamá, se va a correr.

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1454]

Mi nombre es Silvia, soy divorciada, morena, de estatura mediana, con todo muy bien puesto y soy bastante guapa. Os voy a contar una historia de sexo y lujuria que tengo con mi hijo. 

Todo empezó una noche de verano. Me levanté de cama vestida con un camisón corto sin nada debajo. Descalza fui a la cocina, cogí un vaso y luego abrí el refrigerador, pillé una jarra con agua edulcorada y me eché un vaso. Oí pasos, gire la cabeza y vi a mi hijo adolescente en calzoncillos mirando para mí. Le pregunté:

-¿También tienes sed? 

Tenía sed, pero de mí. Vino a mi lado, me echó las manos a la cintura y me apretó contra él. Sintiendo su polla apretarse entre la raja de mi culo, le dije:

-Suéltame, descarado.

Con su cabeza pegada a mi espalda, me dijo:

-Sé la primera mujer en mi vida sexual, mamá.

-No puede ser, hijo, no puede ser.

Tímidamente, me besó en el cuello y amasó mis gordas tetas. Yo tenía la jarra y el vaso en la mano y no pude hacer nada. Me bajó las asas del camisón y amasó mis tetas. Le volví a decir que me dejara, que era su madre, que se debía comportar, pero ya sin menos convicción, pues su polla se había puesto dura y eso me puso cachonda. Posé la jarra y el vaso encima le la mesa, él me soltó y el camisón cayó al piso de la cocina. Sus ojos brillaron con la lujuria al verme completamente desnuda. Estaba avergonzado, pero iba lanzado y sin frenos.

-Lo siento, mamá, lo siento, pero no puedo parar.

Me cogió las tetas, las apretó y me mamó la teta derecha, bueno, la mamó de aquella manera, ya que no sabía mamar.

-Suéltame, golfo, suéltame.

De la teta derecha pasó a la izquierda..., y así anduvo de una teta a la otra hasta que se detuvo, se separó de mí y me miró para el coño y me dijo:

-Dame tu cosita.

-El chichi no, el chichi no te lo puedo dar.

Se le caía la cara de vergüenza por lo que estaba haciendo, pero tiraba para delante. Con la cabeza gacha, me preguntó:

-¿Y el culo?

A mí me encanta que me den por el culo, cuando saben darme, pero mi hijo no sabía hacerlo, y cuando no saben, duele, así que le dije:

-No te voy a dar nada.

-Necesito que me des algo mamá, por favor.

Me di cuenta de que lo tenía que ayudar a desahogarse si no quería que le diese un jamacuco. 

-Mira, hijo, te puedo hacer una paja y quitarte esa calentura, pero después vuelves a tu cama.

Bajó los calzoncillos casi antes de que acabara de hablar. Vi su polla. No era ni grande, ni pequeña, ni gorda, ni flaca, pero la tenía tan dura cómo el granito. Se la sacudí mirándolo a los ojos. Me gusta masturbar a un hombre así porque se ve si le gusta, y a mi hijo no es que le gustara, le encantaba, hasta se le cerraban los ojos. El caso fue que me calenté y necesité mamársela. 

-Te voy a hacer una mamada para que acabes antes.

Me puse en cuclillas delante de él. Cogí la polla en la mano, la aplasté contra su cuerpo y luego le lamí y le chupé los huevos, después, meneándosela, le lamí y le chupé el glande. De su meato comenzó a salir flujo pre seminal. Lamí desde los huevos al frenillo unas cuantas veces. Mamé la cabeza y luego, chupándola, la metí toda dentro de la boca... Mi hijo comenzó a gemir y supe que se iba a correr. Me puse en pie, le metí la lengua en la boca y le sacudí la polla cada vez más aprisa hasta que se corrió cómo un pajarito.

Al acabar de correrse le dije:

-Ahora vete a dormir, y que quede bien claro que lo que acaba de pasar no volverá a ocurrir.

Mi hijo no tenía sueño, pues diez minutos más tarde, en calzoncillos, entraba en mi habitación. Yo estaba metida en cama con mis cosas a vueltas y casi me coge con las manos en la masa. Limpié los dedos en la sábana, y luego me destapé. Me senté en el borde de la cama y le espeté:

-Te dije que no se iba a volver a repetir.

-Solo te quería dar las gracias, mamá. Tú no lo sabes, pero me masturbo pensando en ti y...

No lo dejé terminar de hablar.

-Claro que sé que te masturbas, las manchas en tu calzoncillo son de masturbarte, lo que no sabía es que lo hacías fantaseando conmigo.

Sin levantar la cabeza me preguntó:

-¿Te molesta que lo haga?

-Claro que me molesta, hijo, soy tu madre y no debías fantasear conmigo, pero, por otro lado, hombres y mujeres tenemos fantasías de todas clases. 

-¿Cuál es tu fantasía más perversa, mamá?

-Eres mi hijo y no te la puedo decir.

-Entiendo.

Aunque fuera mi mejor amiga, tampoco se la podría decir, ya que mi fantasía más loca es hacer de prostituta con poca ropa y, y ahí lo dejo. Lo que hice fue preguntarle a él:

-¿Cuál es tu fantasía más recurrente?

-Que me enseñes tu coño por dentro.

-Tienes unas fantasías muy raras.

-Y que te corres para mí.

Ahora me empezó a picar la curiosidad, ya que el coño me picaba desde que le había hecho la mamada. Le pegunté:

-¿Haciendo qué?

-Masturbándote.

-¿Y cómo piensas que me masturbo?

-Eso es lo que más me intriga.

Ya estaba metida en la harina y como mi coño estaba resbaladizo cómo la mantequilla, pues decidí acabar lo que mi hijo había interrumpido.

-Si lo hiciera tendrías que guardar ese secreto el resto de tu vida

-Ese y el de la mamada serían mis secretos mejor guardados.

-No debía hacer lo que voy a hacer, pero lo haré. Coge la silla de la coqueta. Ponla enfrente de mí, siéntate y mira.

Mientras mi hijo cogía la silla, quité el camisón. Una vez sentado enfrente de mí, puse un pie encima de la cama, abrí con dos dedos el coño y le dije:

-Así es un coño por dentro.

-Está mojado.

-Se puso así al mamártela.

-Enséñame que haces para masturbarte?

-Yo para mastúrbame hago esto: 

Con tres dedos me acaricié el clítoris y luego metí y saqué el dedo medio de la vagina.

-¿Puedo?

-No, tú solo mira.

Acaricié el clítoris con tres dedos, luego metí y saqué del coño el dedo  medio de mi mano derecha.

-¿Te gusta meter y sacar el dedo, mamá?

-Sí, cariño, sí.

Mi hijo tenía la cabeza a centímetros de mi coño. Vio humedad en el interior de mis muslos y la lamió. 

-No hagas eso. Tú no puedes tocarme.

-¿No te gusta que te lama?

-Sí, hijo, pero...

Me lamió el dedo que entraba y salía del coño y me preguntó:

-¿Quieres que te ayude? Mis amigos me dijeron cómo se come un coño.

No le contesté. Seguí dándome dedo. Mi hijo lamió mis dedos.

-Si quieres que te lo coma, dame permiso.

Aquella situación me sobrepasaba. Tenía unas ganas locas de que me comiera el coño y de correrme en su boca, pero si se lo decía me tomaría por una guarra. Me quitó el dedo del coño, lo chupó y me dijo:

-Dame permiso, mamá. 

Mi fuerza de voluntad es muy escasa. Quede por guarra.

-Cómemelo, hijo, cómemelo.

No le hicieron falta ni una docena de lamidas de coño para que le dijera:

-¿Quieres ver cómo me corro?

-Sabes que sí.

-Lame más aprisa.

Lamió, y entre gemidos le dije

-Ahora mete dos dedos dentro de mi vagina con las yemas hacia arriba y sigue lamiendo aprisa.

Hizo lo que le había dicho y poco después sentí que me iba a correr.

-Mete y saca más aprisa que ya me corro.

-¡¿Te vas a correr?!

-Sí, hijo, mamá, se va a correr.

Dicho y hecho, en nada me corrí cómo una perra, y se lo dije.

-¡Me corro, cariño, me corro!

Tampoco hacía falta que se lo dijera, ya que mis convulsiones y mis gemidos de loca hablaban por si solos.

Mirando cómo latía mi coño me dijo:

-¿Puedo metértela ahora?

-No.

-Tengo muchas ganas de correrme, mamá.

Tenía que quitarle la leche.

-Ven aquí y métemela entre mis tetas.

Me metió la polla entre las tetas, las apreté con las dos manos y mi hijo, colorado cómo un tomate maduro, me las folló a toda pastilla hasta que se corrió. Al correrse salió de su meato un chorro de leche que impactó en mi nuez, luego llegaron al cuello dos chorros más y después se corrió entre mi cuello y mis tetas. 

Yo ya estaba cachonda de nuevo y me tiré al monte.

-Ahora la que tiene ganas soy yo.

-Dime cómo y te las quito.

-¿Quieres dame sexo anal?

-¡¿Te corres follándote el culo?!

-Sí

-Pues a mandar.

Me limpié con la sábana y a continuación me estiré, cogí en el cajón de la mesita de noche un lubricante con sabor a fresa y se lo di.

-Vas a follarme el culo, pero antes vas a hacer lo que yo te diga.

-Sí, mamá.

Me puse a cuatro patas. 

.¿Qué hago?

-Hecha lubricante en tu dedo pulgar, haz círculos sobre mi ojete y presiona hasta que el ojete se abra y deje entrar el dedo.

En un par de minutos el dedo estaba dentro de mi culo.

-¿Ahora qué hago?

-Muévelo alrededor y haz sitio.

Hizo sitio... Luego le mandé quitar el dedo pulgar y meter dos dedos untados en lubricante, a los dos dedos le mandé meter tres, y a los tres, cuatro. Metiendo y sacando los cuatro dedos comencé a acariciar mi clítoris. No tardé en decirle:

-Lame y folla, mi ojete con tu lengua.

Joder, al comerme el culo comencé a gemir cómo una puta. Metí dos dedos dentro del coño, me di con rapidez y en muy poco tiempo, me corrí cómo una cerda. 

Corriéndome, sentí su polla entrar dentro de mi culo y antes de llegar al fondo sentí su leche anegándolo. 

Acabó de correrse y me siguió dando leña. Yo acabé de correrme y me seguí dando dedos... Al rato estaba como loca.

-¡Nalguéame, jálame el cabello y cómeme la boca! ¡¡Quiero ser tu puta!!

Tocó el tambor en mis nalgas. Jaló mi cabello y me comió la boca.

-¡Dame más fuerte!

Casi me rompe el culo.

-En las nalgas también.

Me puso las nalgas en carne viva. Luego me quitó los dedos del coño, sacó la polla del culo y de una estocada me la metió hasta el fondo del coño.

-¡Nooo! -dije mientras me corría en su polla- ¡No te corras dentro!

La sacó, me la metió en el culo, y me lo volvió a llenar de leche.

Acabamos boca arriba. Yo con el culo roto y mi hijo con la polla flácida, pero a mi hijo le hacía falta poco para que se le volviese a poner dura. Solamente se la acaricié para agradecerle el placer que me había dado y la polla se levantó de su reposo como un vampiro que huele la sangre. Tenía que aprovecharme, pues yo follaba con hombres, pero muy de cuando en vez. Le pegunté:

-¿Quieres ver a una vaquera?

-Ahora no estoy para películas, mama. Mejor follamos.

-La vaquera seré yo, tú serás mi caballo.

-¿Me vas a dar el coño?

-Voy.

Se le dibujó una amplia sonrisa en los labios.

-Esa película sí, esa película la quiero ver.

-No te muevas, déjame a mí.

Subí encima de él, le cogí la polla, la froté en mi coño, bajé el culo y la metí toda dentro del coño. Con ella dentro y sin mover el culo, le di las tetas a mamar, le di la derecha, le di la izquierda, lo besé, le volví a dar las tetas a mamar, lo volví a besar. Como entre mamadas y besos mi coño se cerraba apretando su polla, quise probar algo nuevo. Levanté el culo y la fui sacando muy lentamente. Al estar a punto de salir la cabeza, la vagina la apretó aún con más fuerza para no dejarla salir. Me gustó aquella sensación. Así que metí el glande en mi coño e hice amago de sacarlo, lo hice, de modo que mi coño apretaba su corona cada vez que hacía amago de sacarla. Sentí en las mamadas y en los besos de mi hijo que cada vez se iba excitando más, y con él me fui excitando yo. Pasado un tiempo, besándonos, sentí cómo la cabeza de su polla latía y cómo su leche entraba en mi coño. Fui bajando el culo y acabó de correrse en el fondo de mi coño. Apareció la vaquera y lo cabalgó cada vez más aprisa, tan aprisa que mi culo voló de delante hacia atrás y de atrás hacia delante... Me vino con tanta fuerza que me caí del caballo y acabé corriéndome en posición fetal entre gemidos y fuertes sacudidas.

 

Iba a hablar solo de mi relación con mi hijo, pero os voy a contar, algo más, pues si no lo hago, como que no quedo tranquila. 

Fue un día del mes agosto. Me vestí de puta en mi coche y me fui a un barrio muy popular donde se ejerce la prostitución. Estaba en la acera con una minifalda roja, unas medias negras de malla, un top blanco, en el que se marcaban los pezones de mis grandes tetas, unos tacones y un bolso negro colgado del hombro. La otras putas me miraban con mala cara, se notaba que no les gustaba la competencia, pero a mí me la sudaba. Yo había ido a hacer realidad mi fantasía. Lo único que me preocupaba era que no apareciera ningún cliente. Mi preocupación desapareció cuando se detuvo delante de mí un vehículo de lujo con los cristales tintados de negro. El conductor bajó de coche, me miró, abrió la puerta trasera y me dijo:

-Ven.

Pude ver la envidia dibujada en los rostros de las putas mientras me dirigía al auto. Entré y el conductor cerró la puerta. En el auto había un hombre de unos cincuenta años, trajeado, y una chica que llevaba puesto un vestido de noche de color negro y que no parecía pasar de los veinte años. Era rubia, alta y tenía un cuerpo de escándalo. 

Voy a pasar directamente al tema. 

Unos veinte minutos más tarde estaba en la habitación de una gran casa de las afueras. En la cama de la habitación estaba atado de pies y manos un joven rubio, de ojos azules, con un cuerpo de Adonis y una verga que en reposo parecía un salchichón... Era un joven guapísimo, que dijo:

-¡Suéltame, Roberto, suéltame que ya llevo atado una hora! 

-Ni lo sueñes, y llámame papá.

El joven se enfadó más de lo que ya estaba.

-¡¡Mis amigos y yo os vamos a moler a ostias, a ti y al chofer, por haberme atado!

Roberto cogió una mordaza encima de la mesita de noche, se la puso en la boca, y le dijo:

-Te dije que iba a hacer de ti un hombre, Daniel, y lo voy a hacer. Desnúdate, Silvana.

Silvana era el nombre de guerra que me había puesto a mí misma.

-Yo pensaba que íbamos a hacer un trío.

Me dijo la muchacha:

-Las putas no pensamos, nos tenemos que adaptar a las situaciones.

Me había pillado fuera de juego.

-¡¿Eres una puta?!

-De lujo, cielo, soy una puta de lujo, me conocen por Vicky la Celestial, y tú eres una ama de casa que se metió a puta porque necesita dinero o porque está insatisfecha sexualmente.

-¿Y tú cómo sabes eso?

-Ninguna puta lleva la ropa que llevas puesta tú, ni el bolsito, eso es cosa de Julia Roberts en "Mujer bonita."

Roberto me preguntó:

-¿Eres una mujer casada e insatisfecha? ¿Necesitas el dinero?

Le mentí.

-Ambas cosas.

-¿No será tu primera vez?

 -Sí, es mi primera vez. ¿Hay algún problema?

-Ninguno.

Daniel se comenzó a revolver en la cama. Era obvio que no quería ser follado. Me desnudé. Roberto fue al lado de la cama, sacó la polla, y luego nos dijo:

-Mamármela.

Nos pusimos en cuclillas delante de él y se la lamimos, se la mamamos y lo masturbamos. Daniel nos miraba. Poco a poco su verga se fue poniendo dura y cuando Roberto bajó los pantalones y le dijo a  Vicky que le lamiese el ojete, la verga se le puso mirando para el techo. ¡Pedazo de pepino tenía el guaperas! Mi coño comenzó a pedir a gritos aquella maravilla. No es que lo que tenía en la boca no le gustase, pero es que lo que tenía Daniel era de alta gama, era el caviar de las pollas, era un rompe chochos, bueno, en su caso era un rompe culos, pues a estas alturas del partido ya os habréis dado cuenta de que Daniel era maricón. 

Casi rompo a llorar cuando Roberto le dijo a Vicky:

-Desnúdate, mámasela y luego fóllalo.

Mientras se desnudaba, Vicky también se desnudó Roberto, luego se sentó en un sofá y me dijo:

-Siéntate en mi polla dándome la espalda, Silvana.

Me halagó que me hubiera cambiado por aquella preciosidad de mujer que era Vicky. Me senté en su polla y la metí hasta el fondo del coño. Comencé a follarlo mirando cómo Vicky le mamaba la verga a Daniel. Roberto magreaba mis tetas y Daniel ya ni se movía en la cama. Tampoco se movió cuando su verga fue entrado en el coño de Vicky. La que se movió fui yo. Le di caña a mi pareja. Roberto me dijo:

-Lento, lento. Quiero correrme cuando se corra mi hijo.

Volví a darle con lentitud. Poco después, viendo como la verga entraba y salía llena de jugos del coño de Vicky, me fui poniendo mala, pero aguanté, aguante como una heroína. Claro que la heroicidad tiene un límite, y este llegó cuando vi cómo Vicky temblaba y gemía al correrse en la polla de Daniel... Me corrí con una fuerza brutal.

Al quitarse Vicky de encima de Daniel, me dijo Roberto:

-Folla a mi hijo y haz que se corra.

Acababa de correrme, pero me apetecía tener aquella tranca dentro de mí. Fui a la cama, lo monté, le agarré la polla, la frote en el coño encharcado de jugos, baje el culo y metí el glande. Se me abrió el coño, y más que se me iba a abrir cuando seguí bajando el culo Con toda la verga dentro de mi coño me sentí empachada. Tenía que follarlo con lentitud para no romper el coño, pero el cabrón comenzó a follarme con rabia y no me lo rompió porque lo tenía engrasado con mis flujos vaginales, que si no me lo destroza. El caso fue que el coño fue dando de sí y al rato me corrí cómo una perra. Roberto, le dijo a su hijo:

-Eres duro, cabrón.

Roberto vino a la cama, me puso a cuatro patas, me lamió el ojete y me magreó las tetas Me estaba preparando para darme sexo anal. La polla de Daniel latía sin parar. El maricón quería culo. Al rato Roberto, agarrándome por la cintura, me clavó la polla en el culo y le dijo a su hijo:

-A mí también me gusta por el culo, pero con una mujer. ¿Quieres darle por el culo a Vicky, para probar?

Daniel asintió con la cabeza. Pensé que Vicky se iba a ir de la habitación cagando leches, pero no, echó lubricante en el culo, luego le pringó la polla con él, la frotó en el ojete, bajó el culo y metió el glande dentro. No hizo falta más. Daniel se corrió dentro del culo. Yo, viendo cómo se corría, metí dos dedos dentro del coño y me masturbé. En menos de un minuto, Roberto se corría dentro de mi culo y yo me corría en mis dedos.

Esa noche gané mil euros haciendo realidad mi fantasía.

Nunca más supe de Vicky, ni de Roberto, ni de Daniel, pero es que tampoco volví a hacerme pasar por puta, no podía hacerme pasar por una porque ya era una puta. 

 

Quique.

 

 

 



   
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nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 5 años
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@quique UD y sus relatos siempre alegrandome  que morbo de relato, eso de follarse un maricón estuvo de lujo quisiera una tan puta como Silvia saludos desde Venezuela 🇻🇪


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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