Las notas
Renata, una cuarentona, guapa de cara, y de cuerpo voluptuoso, estaba sentada en un sofá de la sala de estar de su chalet hablando con su hija Rosa y con Violeta, la sobrina de su marido, una joven preciosa que la ponía nerviosa desde el día en que la conoció, y la ponía nerviosa porque la miraba de una manera en la que la mujer intuía que la joven la deseaba, Renata le decía a su hija:
-Con estas notas que has traído me puedes pedir lo que quieras.
Rosa ya tenía los planes hechos.
-Quiero ir de pesca al embalse de Portodemouros con Violeta.
-Quieres volver a donde te llevaba tu difunto padre de niña.
-Sí.
-¿Cuándo queréis ir?
-Este fin de semana. La tiendas de campaña ya las tenemos y comida va a ser poca la que necesitemos.
A Renata le extrañó que eligieran una tienda de campaña pudiendo ir a una casa rural.
-¡¿Vosotras no seréis algo más que amigas?!
Rosa miró para Violeta le sonrió y le respondió a su madre:
-No, pero siendo Violeta tan bella, no es descartable que lleguemos a algo íntimo.
-Y estando a solas en una tienda de campaña...
Habló Violeta por primera vez.
-Tu hija bromeaba.
-Se empieza bromeado y...
No la dejó terminar la frase.
-Para hacer algo se necesitan dos.
Rosa volvió a bromear.
-A veces dos dedos.
Renata la reprendió.
-¡Hija! Esas cosas no se dicen.
Rosa le habló con pachorra.
-No se dicen, pero se hacen, mamá, se hacen.
Violeta aprovechó para insinuársele a Renata, una vez más.
-Yo me hice una muy rica está mañana -le miró para las tetas- pensando en alguien a quien deseo.
-Sois dos descaradas. En cualquier caso es demasiado peligroso, u os alojáis en una casa rural o tú no vas, Rosa.
Rosa no se dio por vencida.
-¿Y si nos acompaña Amadeo? Él también tiene una tienda de campaña.
-Amadeo no está de vacaciones.
-No, pero le gusta la pesca y es su propio jefe, puede que se anime.
-Si se anima, podéis ir, pero no creo que se anime. Ahora dejarme ver la televisión.
-Tú mandas. Nosotras vamos a mirar la película que dan hoy en y trece tv.
La curiosidad
Rosa y Violeta se fueron para la habitación de la primera a ver una película en una enorme televisión de plasma. Boca abajo sobre la cama, con las manos en la barbilla y mirando para la televisión, donde estaban con la publicidad, le dijo Rosa a Violeta:
-¿De dónde sacaría mi madre la impresión de que podríamos ser lesbianas?
-Ahora está de moda ser marica y ser lesbiana, y como tú y yo andamos a la moda...
-Vaya tontería, yo no veo tanto marica ni tanta lesbiana.
-Tontería ninguna. Leí en una revista que el diecinueve por ciento de las mujeres solteras y heterosexuales se lían con otra por parecer modernas, que el veintiuno por ciento lo hacen por curiosidad y el resto son heterosexuales cerradas o lesbianas cerradas.
-¿Y no ponía nada de las casadas?
-Ponía, pero no me acuerdo del porcentaje.
-¿Tú eres heterosexual cerrada?
Violeta evitó responderle.
-A mí ya me abrieron.
-No me has respondido.
Ahora ya no se pudo escabullir.
-Digamos que en lo referente a tener sexo con otra mujer, soy curiosa.
Rosa se puso boca arriba.
-¿Qué te gustaría saber?
Violeta se puso de lado.
-Para empezar como son los besos con otra mujer y si excitan tanto como aparentan en los videos lésbicos.
-¿Consumes sexo lésbico?
-Ya te he dicho que soy curiosa.
-¿Quiere besarme y saciar tu curiosidad?
-Claro que sí.
-Pues bésame.
-¿Estás segura de que quieres que te bese?
-Sí.
Violeta le dio un pico en la comisura izquierda de los labios, luego en la comisura derecha y después en medio de los labios, a continuación le metió la puntita de la lengua entre los labios y fue lamiendo de un extremo al otro de la boca, después le metió la lengua dentro. Las lenguas comenzaron a acariciarse y a chuparse, se mordieron los labios... Se dieron cien besos en un beso, en un beso de esos interminables, de los que se saborean hasta la última décimas de segundo... Al acabar de besarse, Rosa le preguntó Violeta:
-¿Te has mojado?
Violeta le cogió una mano, se la metió dentro del short y de la tanga. Rosa se encontró con el coño baboso.
-Ya ves que sí. ¿Y tú?
Rosa le cogió la mano a Violeta y se la llevó a su coño. Violeta le dijo:
-Estás tan mojada como yo.
Se metieron dos dedos en las vaginas y besándose, comenzaron a masturbarse. Al rato se quitaron los dedos de la vagina, los llevaron a la boca y cataron los jugos de sus coños. Violeta, luego de catar los jugos del coño de Rosa, le dijo:
-Quiero comerte el chochito.
-Y yo quiero comerte el tuyo.
Rosa se quitó la camiseta, Violeta le cogió las tetas por debajo, y magreándoselas, le lamió y le chupó los pezones y las areolas. Luego Violeta se quitó su camiseta y le dio un tremendo repaso a las tetas de su amiga. Acto seguido se desnudaron. Violeta metió la cabeza entre las piernas de Rosa y comenzó a comerle el coño. Rosa le dijo:
-Me encanta como comes el coño.
Con la excitación no se habían dado cuenta de que habían dejado entreabierta la puerta de la habitación. Renata llegó al umbral de la puerta con una bandeja en la que llevaba dos limonadas, empujo la puerta y las vio. Escuchó los gemidos de su hija y los ruidos obscenos que hacía la lengua en el coño y no supo que hacer.
Violeta levantó la cabeza para mirar a Rosa y lo que vio fue a Renata con la bandeja en la mano. La mujer la vio a ella con los labios llenos de babas. Renata, que debía poner el grito en el cielo, se dio la vuelta y se fue. En el pasillo se bebió un vaso de limonada y se iba a beber el otro, cuando sintió a su hija decir: "¡Me corro!" Le salió la limonada por la nariz y se le humedecieron las bragas.
Renata era una mujer íntegra, pero ese día se le cruzaron los cables, y allí mismo, en el pasillo, con la espalda apoyada en la pared y luego de posar la bandeja en el piso, se subió la falda, se metió la mano derecha dentro de las bragas, y escuchando los gemidos de Violeta (mientras Rosa le comía el coño), se dio dedo hasta que se corrió.
Amadeo
La tetas de Violeta eran medianas y duras, sus piernas largas y moldeadas, sus ojos azules y grandes, su cabello largo y del color del carbón, sus labios carnosos y su rostro era angelical. Ahora imagínala a la una de la madrugada sentada en una silla de la cocina, desnuda, recostada hacia atrás, con el cabello suelto, con las piernas abiertas y bebiendo de un cartón de leche. La leche le cae por sus rosados pezones y luego baja hasta su coño y moja sus pelvis, pelvis que estaba cubierta por unos bellos que parecen finas ramas de una palmera. ¿La has imaginado? Pues Amadeo se la encontré así en la cocina de su casa cuando fue a beber agua después de haber follado con su esposa.
Amadeo iba en pelotas, con la polla y los huevos colgando y sin más ganas que de beber. Violeta era su sobrina carnal y esa noche dormía en la habitación de invitados, cosa que él no sabía, pues había llegado muy tarde a casa.
La polla de Amadeo se puso morcillona. Violeta, mirándole para ella, le dijo:
-Parece que a tu polla le gusta volver a ver mi coño y mis y tetas, tío.
-Habla en bajo que te pueden oír.
-Cuando follábamos, mientras tu ex mujer dormía, me dijiste lo mismo, pero me callaste la boca con un beso.
-Esta noche no va a haber beso ni nada que se le parezca.
Violeta se levantó, y caminando hacia él, le dijo:
-No digas eso. ¡¿Echamos uno rapidito?
-Lo que voy a echar rapidito es un vaso de agua, lo voy a beber y me voy a largar de aquí.
Amadeo fue a la nevera, abrió la puerta y pilló una botella de agua. Violeta se arrimó a él por la espalda, le echó la mano derecha entre las piernas, le agarró la polla y le dijo:
-Quiero más leche.
Amadeo cerró la puerta de la nevera.
-Estate quieta que pueden venir mi mujer o mi hija y se arma la mundial.
Violeta le tiró de los huevos y de la polla hacia atrás, le lamió los huevos y le mamó la polla.
-Sabe y huele a coño.
-Estate quieta.
Le lamió y le folló el ojete con la lengua sin dejar de masturbarlo.
-Vas a hacer que me pierda.
Eso era lo que quería Violeta.
-Date la vuelta.
Amadeo se dio la vuelta. Violeta se puso en cuclillas, olió la polla y dijo:
-Me gusta el olor y el sabor del coño de tu mujer.
Amadeo ya se dejó ir.
-¿Se lo comerías?
-Me daría un atracón con él.
Le lamió el glande, luego todo el contorno de la polla y después se la mamó con lujuria. Pasado un tiempo, le preguntó:
-¿Me vas a dar tu leche?
-Sí, pero en el coño.
Amadeo, la cogió en alto en peso, y la sentó sobre la mesa. Violeta le dijo:
-Cómeme el chochito.
-No tenemos tiempo.
Le clavó la polla en el coño y le dio a mazo. Al rato, Violeta le echó, los brazos al cuello y le dijo:
-Fóllame cogiéndome en alto.
La cogió en alto en peso, sujetándola por las piernas, y luego le siguió dando a mazo hasta que se corrió. Al correrse echó la cabeza hacia atrás y se arqueó. Amadeo le llenó el coño de leche.
Violeta al acabar quiso más.
-Anda, dame un orgasmo marca de la casa.
-Nos pueden pillar.
-No seas cagado.
La volvió a poner sobre a mesa y con la leche saliendo de la vagina le comió el coño.
-¡Cómo echaba de menos esta guarrería!
-Sigues siendo la misma guarra.
-Y tú el mismo cerdo. ¡Come, cerdo, come!
Amadeo le comió el coño hasta que vio que Violeta se iba a correr, en ese momento se la volvió a meter en el coño, le dio a mazo y se corrieron juntos.
A la mañana siguiente
Amadeo se había ido o trabajar y Rosa no se levantaba hasta las doce del mediodía. Violeta entró en la habitación de Renata. Vio que estaba despierta, dejó caer la enagua que la cubría al piso y le preguntó:
-¿Recojo la enagua o cierro la puerta?
La respuesta de Renata fue quitarse la sábana que la cubría. Violeta vio que estaba desnuda. Sus grandes tetas le caían hacía los lados y tenían enormes areolas oscuras y poderosos pezones. Violeta cerró la puerta, luego fue a la cama se metió entre sus fornidas piernas y le olió el coño y le dijo:
-Huele...
Renata sabía lo que le iba a decir y la cortó.
-No me he lavado y esta mañana hice el amor con mi marido. ¿Quieres que me de una ducha?
Violeta le volvió a oler el coño.
-No, huele a sexo, y el olor a sexo me pone.
Le abrió el coño con dos dedos, vio los finos hilos de jugos que iban de un lado de la vagina al otro, se los quitó de una lametada, se los tragó y luego siguió lamiendo de abajo a arriba. Renata, al rato, había flexionado las rodillas, había abierto las piernas de par, se arqueaba, gemía en bajito y movía la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo. Buscaba el orgasmo y lo encontró.
-¡Me corro en tu boca!
Se corrió como una reina.
Al acabar de gozar, entre lamida y lamida, le dijo Violeta:
-Tienes un coño rico, rico, rico.
Renata, acariciando el cabello de Violeta, le preguntó:
-¿Cuánto tiempo llevabas esperando este momento?
-Desde el momento en que te conocí. ¿Y tú?
-Desde ayer. Al ver como le comías el coño a mi hija...
-¿Quieres que te haga correr de nuevo?
-No sé si me vendrá. Ya me había corrido con mi marido, y..
-Te correrás, ya verás. Ponte a cuatro patas.
Se puso a cuatro patas. Violeta le echó las manos a las nalgas se las separó y vio como se le abría el coño y el ojete. Se las separó y juntó varias veces, después le enterró la lengua en la vagina y al sacarla fue lamiendo hasta ojo del culo. Se la enterró en el ojete, luego la sacó y volvió a lamer desde el coño hasta el ojete... Hizo este recorrido la tira de veces. A Renata le gustaba una barbaridad y gemía v con ganas, pero Violeta vio que así no se iba a correr y le dijo:
-Échate de nuevo boca arriba.
Se echó, violeta acercó sus labios a los de Renata, al tiempo que le echaba una mano al coño y le metía dos dedos de la mano derecha dentro de la vagina. La masturbó machacando su punto G, o sea, apretando sus dedos con la pared superior de su vagina y frotando a mil por hora de afuera a dentro y de dentro a fuera desde el segundo uno. Al tenerla a punto le quitó los dedos. Renata le dijo:
-Cómela ahora.
-Ahora nos vamos a correr las dos -dándole la espalda, le puso el coño en la boca-. Saca la lengua.
Renata sacó la lengua. Violeta le agarró las tetas y se las amasó mientras frotaba el coño contra la lengua de Renata. Cuando sintió que le iba a venir, dejó de amasarle las tetas, se inclino, y le lamio y le chupo el clítoris hasta que Renata le dijo:
-¡Me corro!
Al correrse guardó la lengua. A Violeta le valieron la nariz y los labios de Renata para frotarse y correrse en su cara.
Al acabar, boca arriba sobre la cama, le dijo Renata a Violeta:
-No le digas nada de esto a mi hija, ella se lleva muy bien con su padre y se lo podía cascar.
Rosa se llevaba muy bien con Amadeo, pero ya se había llevado mejor.
Un año antes
Amadeo estaba en la piscina del chalet de Renata, que por aquel entonces era su prometida, estaba echado sobre una tolla, boca arriba, en bañador y con gafas de sol, a su lado estaba Rosa sobre otra toalla, con un micro bikini de color amarillo y también con gafas de sol y boca arriba.
Rosa, tocando con la yema del dedo medio de su mano derecha el pezón de su teta derecha, y con la yema del dedo medio de la mano izquierda el pezón izquierdo, le dijo a su futuro padre:
-Dice mi abuelo que cuando el loco tiene dinero tiene ganancias el tabernero.
Amadeo giró la cabeza. Vio lo que estaba haciendo Rosa, pero no la reprendió, le dijo:
-¿A qué viene ese comentario?
-A que no hace falta ir a París para comprarse un vestido de novia.
-La verdad es que no, pero es su dinero y tu madre puede hacer con él lo que le venga en gana.
Rosa mojó las yemas de los dedos en la boca y luego los metió bajo el micro sostén y siguió acariciando los pezones.
-¿Sabes de qué tengo ganas yo, Amadeo?
-Es obvio. Viendo lo que estás haciendo...
-¿Me chupas las tetas?
-Se que pretendes, pero no te va a funcionar.
-¿Qué pretendo?
-Arruinar mi boda con tu madre. Nunca te caí bien. ¿Verdad?
-Estás equivocado. Quise tener algo contigo desde el primer día en que te vi, y si doy hoy el paso que estoy dando es porque después de que seas mi padre ya no lo daré.
Amadeo sonrió y movió la cabeza hacia los lados.
-Parece mentira que siendo tan joven seas tan lagarta. Mientes tan bien, que si tuviera tu edad, te creería.
-Si tuvieras mi edad, no te irías a casar con mi madre.
Rosa apartó la mini braga del bikini para un lado con su mano izquierda. Luego pasó el dedo medio de la mano derecha entre los labios del coño, y después lo metió dentro de la vagina, se masturbó y en poco más de diez segundos, se corrió.
Al acabar de correrse, quitó el dedo pringado de jugos, lo puso en alto, lo miró y dijo:
-¿Sabías que sufro de eyaculación precoz y que soy multiorgásmica? Si me comieras el coño me correría en tu boca cuatro o cinco veces en menos de un minuto.
Amadeo, con un empalme brutal, que al estar en bañador no podía disimular, le dijo:
-¡Eres el puto diablo disfrazado de mujer!
Rosa se arrodilló sobre la hierba, le echó la mano a la polla y le puso el dedo mojado de jugos en los labios.
-Prueba a ver si te gusta.
-No voy...
El dedo ya había entrado en su boca y tocaba su lengua. Aquel sabor salado hizo que su polla latiera y que Rosa sintiera los latidos. La muchacha sacó la polla del bañador, la metió en la boca y la chupó. Amadeo seguía en sus trece.
-No te voy a follar.
Lo quiso besar con lengua, pero Amadeo le hizo la cobra.
-¡Que no te voy a follar, coño!
Rosa era cabezona.
-Pues te follo yo a ti.
Se puso a horcajadas sobre él. Apretando los dientes se metió la cabeza de la polla en el coño y luego la fue metiendo poquito a poco. Le bajaban dos lagrimones por la cara cuando la polla llegó al fondo del coño. Luego la quitó con la misma lentitud, y sentada en la hierba le dijo:
-No te follo más porque me das pena, que si no...
No lo follaba más porque tuvo miedo de romper el coño.
Amadeo no podía quedar con los huevos llenos de leche, ni dejar que ella se hiciese otra paja. La cogió por la cintura, le llevó el coño a su boca, sacó la lengua y comenzó a lamérselo. Rosa no había mentido. El primer orgasmo lo tuvo a los diez o doce segundos de empezar a lamerle el coño y los otros cuatro en menos de un minuto.
Al acabar, y aun teniéndola encima de él, le dijo:
-Has ganado,golfa.
-He ganado porque te deseaba, no por lo que tu piensas. Te busqué, te encontré y me alegro de haberlo hecho.
-¿No le vas a decir nada a tu madre?
-No tengo nada que decirle, ya te he dicho que quería encontrarte y te he encontrado.
-Aún no me has encontrado.
-¿No?
-No.
Le dio un repaso a sus tetas que le dejó el coño latiendo. Luego hizo que Rosa se echara boca arriba sobre su toalla, se arrodilló entre sus piernas, le echó las manos a la cintura y se la metió despacio en el coño engrasado. Luego le fue dando de menos a más... Al final, follándola a una velocidad de vértigo, Rosa exclamó:
-¡Me corroo!
Al correrse apretó el coño contra el cuerpo de Amadeo y gimiendo y convulsionándose subió y bajó la pelvis hasta que acabó de correrse. Cinco veces más se corrió anunciando el orgasmo, y en la última, Amadeo, se corrió con ella y le llenó el coño de leche.
El maduro
Amadeo había llevado a Rosa y a Violeta a Pontedemouros y había vuelto a casa porque tenía que cerrar un negocio. Regresaría esa misma noche o al día siguiente.
Rosa y Violeta habían montado la tienda de campaña en un descampado que había cerca del embalse. Luego se fueron a pescar a ver si pillaban alguna trucha para comer, y así no echar mano de las provisiones que llevaban. Al llegar al embalse vieron a un hombre maduro con ropas de pescador, se pusieron a su lado y le preguntó Rosa:
-¿Pican?
El maduro, que era un hombre alto como un ciprés, de ojos negros y pelo cano, la miró, le sonrió y le dijo:
-Ya llevo cinco truchas, me falta una para el cupo.
-En ese caso nos quedamos a su lado.
Se pusieron a pescar a su lado, pero lo único que iban a pescar era una mojadura porque se puso a llover, sí, en pleno verano. Galicia es así. Fueron unos minutos, pero llovió con ganas. Fueron corriendo bajo la lluvia hasta la tienda de campaña y se refugiaron en ella. El maduro vio los pezones y las tetas marcadas en las camisetas blancas de las muchachas, Rosa se percató de que las miraba para las tetas y le le dijo:
-¿Ves algo qué te guste?
--Mejor será que no responda a esa pregunta.
-¿Por?
-Porque si lo hiciese os ofenderíais.
-Y si no respondes, también.
-En ese caso os lo diré. No hay nada más sensual que una mujer mojada con las ropas pegadas al cuerpo, dicho esto debíais quitar esas ropas y poner unas secas si no queréis pillar un resfriado.
Rosa se ofendió.
-Y tú nos miras, claro. ¡A ver si te piensas que somos unas pelanduscas!
-No había pensado tal cosa, y en lo referente a mirar, me giraría para no veros. de campaña.
-Mejor sal de la tienda.
Violeta se compadeció del maduro.
-Pero ahí fuera está lloviendo, Rosa.
-Que se ponga debajo de un pino.
El maduro que seguía con la caña de pescar en un mano y la cesta de las capturas en la otra, dijo:
-No hay problema, me voy. Un placer haberos conocido,
El maduro se giró para irse. Rosa cambió de opinión.
-Está bien, gírate que vamos a cambiar las ropas,
Rosa, cogiendo ropas secas, miró a Violeta y esta le dijo:
-¿Lo ponemos mirando para Cuenca?
-Es muy viejo y muy feo, además, no creo que se le levante.
-Os estoy oyendo, y la verdad es que me pesa mucho, pero entre las dos creo que la podríais levantar.
Rosa se molestó de nuevo.
-Otro fanfarrón, seguro que cuando va a mear no se la encuentra.
Violeta andaba caliente.
-Con que la tenga trabajadora...
Violeta, en pelota picada, le quitó el gorro de pescador. El maduro dejó caer la caña y la cesta al suelo y se dio la vuelta. Violeta le dio un beso a nivel que no le cayeron los calzoncillos a plomo porque tenían buena goma. Luego le quitó la chaqueta. Rosa, por detrás, le quitó las botas y le bajó los pantalones y los calzoncillos. Lo dejaron en pelotas. Violeta, besándolo, le echó la mano entre las piernas y se encontró con algo que no esperaba. Dejó de besarlo, se separó de él, le miró para la cosa y exclamo:
-¡La ostia!
Rosa le preguntó:
-¿Qué pasa?
Mirándole para la cosa le dijo:
-Mira eso.
Rosa miró y vio una polla gruesa, de unos veinte centímetros y descapullada.
-¡He visto salchichones más pequeños y más delgados!
-Es un rompe coños.
El maduro estaba orgulloso de su verga
-Y un rompe culos.
-¿Es que la has metido en algún culo de mujer?
-Sí.
-Joder, esa debe cagar sin dificultad.
Violeta se puso en cuclillas, le cogió la verga y comenzó a lamérsela. Rosa le acarició sus grandes pelotas. Al rato lo echaron en la manta sobre la que estaban los sacos de dormir. Se echaron una a su derecha y la otra a su izquierda y lo masturbaron a dos manos. Luego lo besaron y después se besaron entre ellas. El maduro le echó las manos a los coños y le introdujo dos dedos en la vagina. Rosa y Violeta comenzaron a mover las pelvis para gozar de los gordos dedos. Al rato dijo Violeta:
-Necesito saber si me entra.
Dejó de meneársela, subió encima de él, le puso el coño en la boca. El maduro le echó las manos a la cintura y le lamio y le folló el coño con la lengua, luego, Violeta, le llevó el coño hasta la polla. El maduro se la frotó en el coño y después le metió el glande.
-¡¡Ostias! Me acabas de desvirgar por segunda vez.
Se la metió un poquito más.
-¡Me estás rompiendo el coño!
-¿Quieres que te la saque?
Rosa vio el ojete de de Violeta abriéndose y cerrándose y se lo lamió, Violeta, le respondió al maduro:
-Métela un poco más a ver si acaba gustándome.
Acabó entrándole toda y luego empezó a gustarle... Cuando Violeta comenzó a gemir, Rosa, se puso perra perdida. Besó con lengua a su amiga, que le respondió besándola a ella con lujuria, luego le comió las tetas, le metió un dedo en el culo para que se corriera y consiguió su objetivo. Violeta se corrió con tanta fuerza que tenía voz de loca cuando dijo:
-¡Me meo, me ,meo, me meo!
El maduro sintiendo como meaba en la polla, se la sacó y Violeta puso a Rosa perdida de orina. Después de orinar se corrió sacudiéndose como si estuviera sufriendo un ataque epiléptico.
Rosa, toda meada, quitó a Violeta de encima del maduro y se puso ella. Quiso meter la polla en el coño pero no le entraba. Le dijo al maduro:
-Empuja que a mi me da...
-Se la clavó antes de que acabara de hablar.
Rosa exclamó:
-¡Me has desgraciado para la toda la vida!
¡Y una mierda! Al rato era ella la que follaba al maduro y la que le bañó la verga con seis corridas, y no fueron siete porque en la última el maduro le llenó el coño de leche.
El maduro, que se hospedaba en una casa rural volvía ese mismo día a su casa y no la volverían a ver.
La arma danzas
Por la mañana había vuelto Amadeo. Por la tarde habían ido de pesca y por la noche habían cenado las tres truchas que había pescado Amadeo y que las había freído en una sartén sobre el hornillo de camping gas.
Al anochecer se metieron ellas en su tienda de campaña y él en la suya. Amadeo no sabía que se daban el lote y pensaba que Violeta iría a su tienda para follar, y efectivamente, fue, pero no para follar con él, fue porque era una arma danzas. Nada más entrar en la tienda, le preguntó:
-¿Vienes a hacer un trío?
Amadeo, que estaba fumando un cigarrillo sentado sobre su saco de dormir, le dijo:
-Rosa nunca follaría conmigo.
-Había pensado que si la atamos le podemos hacer todo lo que se nos antoje.
-No voy a violar a mi hija.
Se acercó a él y le mintió.
-La idea es de Rosa. Quiere que os ate, que la folle y que tú mires.
-¿No me estás engañando?
-No.
-¿Estáis liadas?
-Sí.
Amadeo fue al maletero de su coche y cogió una bobina de cuerda y un cúter.
-Átame.
Le ató las manos a la espalda y luego le ató los pies, de manera que pudiera dar pequeños pasitos. Después, maniatarlo y dando pequeños pasitos, lo llevó con ella a la tienda de campaña donde estaba Rosa. La muchacha estaba boca abajo ojeando una revista cuando los sintió llegar. Ni los miró.
-¿Qué pasa?
Violeta se le sentó en la espalda, le cogió las manos y se las ató. Rosa se sorprendió.
-¡¿Qué coño haces, Violeta?!
-Pronto lo va a averiguar.
Luego de atarle las manos la puso boca arriba y Rosa vio a Amadeo.
-¡¿Qué haces atado cómo un chorizo?!
Amadeo, pensando que Rosa estaba metida en el ajo, le dijo:
-No sé que pretende hacer la tarada esta. Yo estaba durmiendo, me despertó y vi que estaba atado de pies y manos, luego me trajo aquí tirándome de una oreja. Rosa le preguntó a Violeta:
-¿Es otra de tus fantasías?
-Sí, quiero que tu padre vea cómo te follo y luego quiero ver yo cómo te folla él.
-¡¡Eso no lo verán tus ojos!
-Violeta habló con Amadeo.
Siéntate en la silla plegable, tío.
Amadeo se hizo el remolón.
-No me voy a prestar a tu juego.
Cogió el cúter y le saltó un botón de la camisa.
-Puedo seguir bajando hasta llegar a tus huevos.
-Puedes, pero no vas a seguir.
Le saltó el resto de los botones de la camisa y el que tenía encima la cremallera del pantalón. Amadeo la tomó en serio.
-Vale, vale, me siento.
Se sentó. Violeta se arrodilló entre las piernas de Rosa, que le dijo:
-A mí no me vas a asustar.
Le agarró la camiseta y se la cortó de abajo a arriba dejando sus tetas al descubierto.
Rosa se cabreó.
-¡Ya me estás pagando una camiseta, loca!
Le cortó una pernera del short.
-¿Te has vuelto loca?
-Siempre he estado loca.
Le cortó la otra pernera y su coño peludo quedó al aire.
-Mira que tetas y que coño, Amadeo. ¿A qué esta todo para comerlo?
Rosa lo miró con cara de asesina. Amadeo no las tenía todas con él.
-Yo me callo que no está el horno para bollos.
Violeta volvió a la carga.
- Flexionara las rodillas y separara las piernas.
-No voy a...
Le cogió con dos dedos un diminuto mechón de los pelos del coño y se los cortó. Rosa se asustó y hizo lo que le había dicho. Al tener las rodillas flexionadas y las piernas separadas le abrió el coño con dos dedos y le dijo a a Amadeo:
-Mira que hinchados, que mojados y que rojos tiene los labios.
Le lamió el coño. Amadeo vio como a Rosa se le cerraban los ojos y se le abría la boca, de la que salió un pequeño gemido. Siguió lamiendo. Al rato Rosa ya gemía sin cortase. Violeta, le dijo:
-Ahora levántate y ponle el coño en la boca a tu padre.
La ayudó a levantarse. Rosa fue juntó a su padre y le puso el coño mojado en la boca. Amadeo lamió y su polla le quiso romper el pantalón, Violeta, al ver el bulto, le bajó la cremallera del pantalón, se la sacó y se la mamó. Poco después le dijo a Rosa:
-Siéntate en su polla y fóllalo.
Rosa estaba deseando follarlo, pero pensando que la iba a obligar a hacerlo, le dijo:
-No voy a follar a mi padre.
-Pues aparta que lo voy a follar yo.
Violeta se desnudó a la velocidad de la luz, luego frotó la polla en su ojete, se sentó sobre ella, le rodeó el cuello con los brazos y la fue metiendo poquito a poco, al tiempo que le comía la boca.
-¿Te gusta desvirgar mi culo, Amadeo?
-Sí.
Con toda la polla dentro del culo le dijo:
-Dame caña y no te corras antes de que me corra yo.
Levantó el culo y al hacerlo sacó la polla hasta la mitad. Amadeo le folló el culo y en nada se corrió.
-Así, lléname, lléname.
Al acabar de correrse Amadeo, violeta lo folló con violencia, pero nada, no se corría. Sacó la polla, la limpió con su short, la metió en el coño y duró menos que un suspiro.
-Si, sí, sí, me corro, me corro. !Me corro!
Al acabar de correrse y luego de quitarla del coño, la polla seguía dura cómo una piedra. Violeta le dijo a Rosa:
-Mámasela.
-No voy a mamársela.
Le cogió la cabeza y con el cúter pinchando su culo la obligó a mamarle la polla. Luego la obligó a darle la espalda, a sentarse en la polla y a follar a Amadeo. En nada se corrió en la polla de su padre.
Al acabar de correrse, Violeta, la levantó cogiéndola por las axilas, le pusa la polla en en el ojete y luego la empujó hacia abajo poniéndole las manos en los hombros. Rosa, sintiendo la polla entrar en su culo, le dijo:
-¡Cabrona!
-Calla que te vas a correr cómo una perra.
Violeta se puso en cuclillas, le echó las manos a las tetas y magreándoselas le lamió el coño. Rosa no tardo ni tres minutos en correrse. Se estaba corriendo cuando le cortó la cuerda que sujetaba sus manos, luego le soltó las manos y los pies a Amadeo y le dijo a Rosa:
-Date la vuelta y fóllalo tú a él.
Rosa, cachonda perdida, se dio la vuelta, Violeta le puso la polla en la entrada del ojete.
-Fóllalo y bésalo con lengua.
-Besos no...
-Sintió un pinchazo en el culo.
Rosa le echó los brazos alrededor del cuello a su padre, besándolo con lengua bajó el culo muy despacito y la metió hasta lo más profundo de su culo.
-¡Así me duele, así, no me gusta...!
La que mandaba era Violeta.
-Te acabará gustando.
Amadeo le echó las manos a las nalgas y la folló despacito unos tres minutos, luego ya follaron como descosidos durante unos diez minutos, en los cuales, Violeta se masturbo viendo como follaban y el los que Rosa se corrió varias veces.
Al recuperarse Rosa del tremendo placer de las corridas, miró para Violeta y para el cúter, que estaba sobre la hierba, Violeta, desnuda y carcajeándose, echó a correr, y corriendo salió de la tienda. La persiguieron padre e hija hasta cerca del embalse. Al atraparla la echaron sobre la hierba y la iban a hacer gozar como nuca antes había gozado. ¿Qué, qué le hicieron? Imaginarlo haciéndoos una paja o un dedo, y si no os lo imagináis y nada hacéis, vosotros os lo perdéis.
Quique
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@quiqe me encantan tus relatos incestuosos saludos desde Venezuela 🇻🇪
scripsit nyctidromus
sanguine et pulvis
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