Incesto imprevisto
 
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Incesto imprevisto


José
(@quique)
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Eran las nueve de la mañana cuando llamaron al timbre de la puerta. Tobías, un cuarentón, alto y con buena presencia, que estaba en pijama y que acababa de salir de la ducha, fue a ver quien era. Echó una ojeada por la mirilla de la puerta y vio a una joven rubia muy hermosa. Se soltó el nudo de la bata y abrió la puerta. La chica rubia era algo más baja que él. Tenía la cintura estrecha, sus caderas eran anchas y sus grandes tetas parecían querer reventar la apretada camiseta blanca que llevaba puesta, le preguntó: 

-¿Eres la asistenta que viene a ocupar el lugar de la señora Gabriela mientras está enferma?

A Tobías se le abrió la bata y la muchacha vio una tremenda verga colgando, sonriendo, le preguntó:

-¿Le gustaría que fuera su asistenta?

Tobías anudó la bata y cerró la puerta... Y Tobías pasa a ser yo, ya que me gusta escribir en primera persona para involucrarme más. Le dije:

-Perdona por haberte enseñado lo que no debía.

-Perdonado. ¿No me ha respondido?

-Sí, me gustaría, pasa. Eres mexicana, ¿a qué sí?

-Sí, lo soy.

-Mi esposa también lo es.

Luego de entrar en casa le miré para su fina cintura y para su culo. ¡Qué culo! Era redondo y grande y se marcaba en sus jeans cómo se marcaban las tetas en la camiseta.

Lo primero que me vino a la cabeza fue mi mujer, con la que llevaba tres años casado y dos semanas sin follar. Ella no estaba en casa por las mañanas y no iba a dejarme solo con aquella preciosidad, así que le iba a entrar antes de que llegase a comer o ya no le podría entrar nunca. Mirándole para el culo, le pregunté:

-¿Cómo te llamas?

-Silvia.

-Bonito nombre.

A Silvia, caminando por el pasillo, le olió a algo muy conocido.

-¿Huele a chilaquiles?

-Sí, los estoy preparando. Me encanta la comida mexicana. ¿Has desayunado?

-No.

-Puedo hacer también unos huevos a la ranchera.

-Acabaré de hacer yo el desayuno.

Por el olor fue hasta la cocina y se puso manos a la obra. Sentado en una silla delante de un zumo de naranja que tenía sobre la mesa, le entré a saco:

-¿Cómo has hecho para tener un culo tan hermoso? 

Silvia me sonrió y me dijo:

-Comer carnitas, comer muchas canitas -empezó a coquetear. ¿De verdad cree que tengo un culo lindo?

-Todo tu cuerpo es lindo, y tus tetas...

No me dejó acabar la frase.

-¿Qué le pasa a mis tetas?

-Que son maravillosas.

-No las ha visto para decir eso.

-No las he visto, pero se intuye, se intuye.

-Usted le es infiel a su esposa. ¿A qué sí?

-Aún no le fui infiel, pero contigo le sería.

-¿Cuánto tiempo llevan casados?

-Tres años.

-¿Qué me haría si le dejara?

Ya la tenia en el bote.

-Para empezar un calentamiento con dos pajas y una comida de coño.

-Eso estaría de madre. ¿Y se dejaría hacer?

-Todo lo que tú quisieras.

-¿Su esposa fue a comprar?

-No, está trabajando, ella trabaja de mañana y yo trabajo de tarde. Hasta la una y media no regresa.

-Cuatro horas dan para mucho.

-Dan. ¿Entonces, sí?

-Entonces vamos a desayunar y después ya veremos.

En fin, que desayunamos y charlamos. Cando se levantó para llevar los platos al fregadero, me levanté con ella, la cogí por la cintura, le apreté la verga empalmada contra el culo y le pregunté:

-¿Por dónde quieres que empiece?

Giró la cabeza, sonrió y me dijo:

-Empiece por volver a sentarse que voy a fregar lo que manchamos

-No puedo, me muero por follarte.

Abrió el grifo, cogió el estropajo, le echó detergente y me dijo:

-Nadie se muere por no coger.

Le abrí el botón de los jeans, le bajé la cremallera y le metí una mano dentro de las bragas.

-La tienes peladita.

Dos de mis dedos se mojaron en sus jugos y luego acariciaron su clítoris. Giró la cabeza de nuevo y le comí la la boca. Al ratito mi mano izquierda magreaba sus tetas, dos dedos de mi mano derecha volaban sobre su clítoris y su mano derecha meneaba mi verga empalmada. Pco después se encogió y se corrió en las bragas.

Al acabar le metí dos dedos dentro del coño encharcado, le busqué el punto G y la masturbé hasta que volvió a correr.

Silvia sabía lo que tocaba. Sabía que le iba a comer el coño, pero quiso tomarse un respiro, ya que se puso en cuclillas, cogió mi verga, le dio un besó en el glande, y me dijo:

-Deja que te la mame un poco.

Le puse las manos sobre los hombros y le llevé la boca a la polla. Silvia, sin tocarla con las manos, me la mamó, me la lamió y chupó los huevos con lujuria. Cuando se puso en pie ya estaba caliente cómo una perra. Le quité la camiseta y el sujetador y sus tetas quedaron al aire. Se las cogí, se las amasé y lamí y chupé sus grandes areolas oscuras y sus pequeños pezones. Luego le quité los jeans junto a los zapatos. Di un paso atrás y la miré. Silvia puso las manos en el borde de la encimera, y con su eterna sonrisa en los labios y sus robustas piernas juntas, me dijo:

-¿Qué?

-Que tienes unos tatuajes muy bonitos.

-¿Y qué más tengo?

-¡Un polvo brutal!

-Aún no me lo echó para saber si lo tengo.

-Se ve, se ve que lo tienes.

Me acerqué a ella. Le acaricié las tetas, luego me puse en cuclillas y acaricié sus muslos, le pasé el dorso de la mano por el coño, le separé las piernas y lamí su clítoris de abajo a arriba. Después le pasé la lengua entre los labios vaginales y recogí en ella los jugos, a continuación me puse en pie y la besé. Silvia se enzarzó en un beso con lengua hasta que dejé de besarla, dejé de besarla para lanzarme a por sus tetas, unas tetas grandes, que cómo ya he dicho antes tenían areolas de color marrón oscuro y pequeños pezones. Le lamí las areolas y los pezones y luego se las mamé al tiempo que bajaba una mano y se la metía entre las piernas, mojaba el dedo medio en sus jugos y con la yema le acariciaba el ojete haciendo círculos sobre él. Silvia, acariciando mi cabello, comenzó a gemir. Al dejar de mamarle las tetas, le dije:

-Date la vuelta.

Se dio la vuelta. Me volví a poner en cuclillas, y acariciando el clítoris con dos dedos le lamí el culo. Silvia abrió sus gordas y duras nalgas con las manos. Hice círculos con la punta de mi lengua en el ojete y después se lo follé... , lamí, follé, lamí... Cuando la tenía cachonda a más no poder, le di la vuelta, pasé mi lengua de abajo a arriba por su coño mojado y le pregunté: 

-¿Quieres acabar en mi boca?

Silvia me puso una pierna sobre el hombro, una mano sobre la cabeza, y me dijo:

-Sí, quiero venirme en tu boca.

Mi  lengua comenzó a lamer de abajo a arriba, lento al principio y luego cada vez más aprisa... Al ratito, Silvia, tirándome de los pelos con una mano y agarrando con fuerza la esquina de la encimera con la otra, se corrió entre gemidos y espasmos, diciendo:

¡¡Me vengo!!

Después de tragarme su corrida me puse en pie besando su monte de venus, su ombligo, sus pezones y luego besando su boca. A continuación la puse de cara a la pared, le separé las piernas, se la froté en el coño, le jalé el cabello y se la clavé de una tremenda estocada. Lamiendo y besando su cuello le di leña con tanta saña que mismo parecía que la chica me debía dinero. La verga entraba y salía del coño pringada de jugos mientras Silvia jadeaba cómo una perra. Al rato los jugos ya bajaban por el interior de sus muslos y poco después le llegaban a los tobillos. Sentí que se iba a correr y paré de besar su cuello, de jalarle el cabello y de darle caña. Silvia ya me tuteó.

-Sigue.

-Sigue tu.

Me folló echando el culo hacia atrás, hacia delante y moviéndolo alrededor. Cuando vi que estaba a punto se la saqué del coño y se la puso en el ojete. A Silvia le daba igual por donde le entrara, echó el culo hacia atrás, la metió hasta el fondo y de nuevo movió el culo de de atrás hacia delante, de delante hacia atrás y alrededor buscando el orgasmo. Cómo no le llegaba me dijo: 

-¡Dame, carajo, dame!

Le volví a jalar el cabello y la volví a follar a romper, al tiempo que le comía la boca. Ahora por el interior de los muslo de Silvia bajaban diminutos riachuelos de jugos. Los diminutos riachuelos se convirtieron en diminutas cascadas cuando se corrió, lo hizo diciendo:

-¡Que rico, que rico, que riiiico!

Ya no aguanté más.  Le llené el culo de leche.

Al acabar lavé la polla con un trapo mojado, trapo que ella usó para limpiarse y que después tiró en la papelera.  Nos bebimos unos zumo y luego le dije:.

-¿Me haces el honor de acompañarme a la cama?

Silvia estiró el brazo y con la palma abierta señalando el piso, me respondió

-Detrás de usted, caballero.

Al llegar a la habitación me eché boca arriba sobre la cama, 

-¿No me habías dicho que también querías hacer?

-Sí, pero debo advertirte de que soy muy cerda cuando me dejan hacer.

-Cuanto más cerda seas. más me va a gustar.

Silvia, metiéndose en la cama, me dijo:

 -En ese caso ponte cómodo.

Se arrodilló entre mis piernas, me cogió el pie derecho y separando los dedos los lamió y los chupó uno por uno, muy lentamente, al tiempo que acariciaba la planta y el empeine.. Luego de haberme un "foot job" en los dos pies, subió besando y lamiendo mi pierna derecha. Se detuvo en la rodilla y me preguntó:

-¿Te gusta?

-Si, sigue.

Siguió subiendo hasta mi verga, que estaba morcillona y tumbada. La lamió y la verga levantó la cabeza para saludar a la lengua. Silvia la besó, le dio una lamida y siguió subiendo por mi vientre hasta llegar a las tetas, lamió y besó pezones y areolas y después me lamió y me chupó las orejas, el cuello..., luego me besó largamente, antes de decir:

-Ponte a cuatro.

Me puse a cuatro patas. Las palmas de sus manos acariciaron mis nalgas y su lengua lamió entre la raja de mi culo...  Luego cogió mi verga, la tiró hacia atrás y comenzó a mamar. En nada me ordeñó y se tragó la leche. Cuando me puse boca arriba siguió mamando mi verga hasta ponerla dura de nuevo. Subió encima de mí. Se echó hacia atrás, apoyó las manos en la cama y comenzó a follarme. Tenía una visión total de su su cuerpo. Veía  sus preciosas tetas y su coño, del que entraba y salía la verga. Me preguntó:

-¿Te gusta lo que ves?

-Es una vista maravillosa.

Cerró lo ojos y me folló a su aire. Yo la miraba y cada vez me gustaba más. Pasado un tiempo, abrió los ojos, me miró y me folló a toda hostia. De repente se le cerraron los ojos, paró de follarme. Vi como su cuerpo se convulsionaba y oí cómo gemía en bajito. Sentí cómo su coño apretaba mi polla y después cómo, abriéndose  y cerrándose la bañaba con una espectacular corrida.

Le llevó un par de minutos recuperar la compostura, al hacerlo se echó hacia delante y me dio un beso que hizo latir mi polla dentro de su coño. Sintiéndola latir, me dijo:

-No te vengas todavía.

Sin sacar la polla del coño, me dio la espalda y volvió a follarme con la idea de hacer que me corriera, para eso me folló a toda mecha desde el segundo uno. Yo le agarré las tetas y dejé  que me follara. Desde el principió la verga chapoteaba dentro del coño, y salía pringada de jugos. Yo veía cómo entraba y salía con más nitidez que antes y me fui poniendo malo, pero malo, malo de verdad, tanto que no pasaran ni cinco minutos cuando le solté las tetas, la agarré por la cintura y le di a romper. Nos corrimos juntos, ella en mi polla y yo dentro de su coño.

Al acabar de corrernos la quité de encima y le iba a comer el coño, para hacer que se corriera otra vez pero sonó el timbre de la puerta y se jodió el invento. 

Fui a la cocina, me puse la bata, abrí la puerta y allí estaba una mujer de unos sesenta años, que me dijo:

-Soy la mujer que viene a hacer las tareas mientras Gabriela está enferma.

Si ella era la asistenta que mandaba Gabriela. ¿Con quién acababa de follar yo?

Llevé a la nueva asistenta a la sala de estar para darle tiempo a Silvia a que se vistiera. Ya en la sala sonó el teléfono de casa, lo cogí y oí la voz de mi mujer

-Enrique.

-Dime.

-Te llamé al móvil...

-Lo tengo apagado. ¿Qué quieres?

-Decirte que acabo de leer los mensaje en mi WhatsApp y en uno de ellos mi hermana Silvia me puso que está en el hotel Virgen del Camino. La llamé y no me cogió. Si va por casa trátala bien.

Quique.

 
El relato fue modificado hace 3 semanas 3 veces por José

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