Incesto en el monte...
 
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Incesto en el monte de las mimosas


José
(@quique)
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Era un domingo soleado del mes de mayo. Me habían quitado la paga del domingo por haberme peleado con un mal amigo. Me fui al monte de las acacias con la idea escuchar los partidos en mi transistor de bolsillo. Al llegar allí vi a mi hermana Evita y a mis primas Sandra y Carmen, estaban sentadas sobre la hierba apastando el rebaño de ovejas de los padres de Sandra. Mi hermana Evita, que era dos años mayor que yo, y unos meses mayor que mis primas, y que era una muchacha morena, delgada, con largas trenzas y que no era fea, subía la camiseta, bajaba las copas del sujetador, le enseñaba sus grandes tetas a las otras dos y les decía:

-... Las mías, cómo podéis ver, tienen las areolas rosadas, los pezones gordos y las tengo duras, tocad, tocad.

Me agaché detrás de unas mimosas y vi cómo le echaban una mano cada una a una teta y se las apretaban. Luego Sandra les enseñó las suyas, unas tetas medianas, con areolas oscuras y pequeños pezones, y les dijo:

-Las mías son tan duras cómo las tuyas.

Comprobaron que era cierto lo que decía palpándoselas. La siguiente en enseñar las tetas fue Carmen. Eran unas tetas grandes cómo las de mi herma y tenían las areolas casi negras y los pezones pequeños cómo los de Sandra. Después de comprobar que estaban igual de duras, se magrearon cada una las suyas. Saqué la polla y empecé a masturbarme.

Sandra le preguntó a Carmen:

-¿Tienes muchos pelos en el coño?

-Cantidad, tengo cantidad.

-Seguro que yo tengo más que tú.

-No creo. 

-A ver, enseña.

Carmene puso en pie, bajó las bragas, levantó el vestido y cómo estaban cara a mí, vi su coño, un coño con una gran mata de pelo negro. Luego bajó Sandra las bragas y vi su coño, ¡Aquello era un bosque! Le seguí pelando mientras le decía Sandra a Carmen:

-¡Eso sí que es un buen matorral!

Mi hermana Evita también se bajó las bragas. Los pelos de su coño eran negros y tenían una mata  inmensa, les dijo:

-Para matorral el mío.

¡No era un matorral, era una selva!

Carmen les preguntó:

-¿Nos hacemos una paja?

Sandra quería ir más lejos.

-¿Y si nos damos besos y nos tocamos las unas a las otras mientras hacemos la paja?

Mi hermana no comulgaba con ella.

-Eso es de tortilleras.

Carmen se lanzó.

-No sería mala idea ser tortilleras por una tarde. 

-Dicen que hacen unas cochinadas muy grandes.

-Ni tanto, una tortillera le lame el coño a la otra, además de hacerle otras cosas...

-¿Qué cosas? 

-Cosas.

Le volvió a preguntar.

-¿Qué cosas?

-Besos con lengua, chupadas de tetas, besos negros...

-¿Dónde se dan los besos negros? 

-En el ojete, se dan con lengua cómo en la boca

-¡Que asquerosa! ¡Has estado con una tortillera!

Mintió.

-No, pero espié a dos mientras lo hacían.

Mi hermana le preguntó:

-¿Quiénes eran?

Carmen no iba a soltar prenda.

-No voy a descubrir a nadie, solo os diré que tienen novio las dos.

Sandra le preguntó:

-¿Serías capaz de hacernos esas cosas guarras a Evita y a mí?

-Si después vosotras me las hacéis a mí. ¿Por qué no?

Mi hermana bajó las copas del sujetador, la camiseta, se subió las bragas y les dijo:

-Conmigo no contéis para esas cochinadas tan grandes.

Sandra le dijo a Carmen:

-Yo quiero que me hagas de todo.

-Pero después me lo tienes que hacer tú a mí.

-Sí, mujer, sí, te hago lo que haga falta.

Mi hermana las miraba sorprendida, Sandra le dijo:

-Vigila, que no venga nadie.

Carmen y Sandra se arrodillaron sobre la hierba. Carmen le echó los brazos alrededor del cuello, sonriendo, le besó el labio inferior, luego el superior. Después le dio un pico y acto seguido le dio un beso con lengua, largo, muy largo. Después le quitó la camiseta y el sujetador y la echó sobre la hierba. Con la punta de la lengua lamió sus pezones y sus areolas, luego le echó las manos a las tetas y magreándoselas la volvió a besar con lengua. A continuación bajó besando hasta llegar al ombligo. Le quitó las bragas de todo, le dio la vuelta. Le abrió las nalgas y lamió y folló su ojete... La puso boca arriba, hizo que flexionara las rodillas, volvió a besar su ombligo y lamió su coño de abajo a arriba. No creo que llegara la docena de lamidas cuando le oí decir a Sandra:

-¡Me corro!

A mi hermana se le veían los colores en la cara desde dónde yo estaba. Debía tener el coño encharcado. Carmen le preguntó:

-¿Quieres que te haga correr a ti, Evita?

 Mi hermana era mirada cómo ella sola, pues cachonda cómo estaba, no tardó ni un segundo en responder:

-Yo no soy cómo vosotras.

Sandra debió ver cómo se movían las mimosas donde estaba yo agachado, ya que vistiéndose les dijo:

-Creo que he visto a una liebre.

Al estar vestida echó a correr hacia donde estaba yo y no me dio tiempo ni a guardar la polla. Cuando me di cuenta ya me tenía cogido por una oreja. Dejé que me llevara junto a mi prima y a mi hermana.

-Mirad que pájaro he cazado.

Me miraron con cara de pocas amigas. Sandra les preguntó:

-¿Qué hacemos con él? 

Carmen le respondió con otra pregunta.

-¿Lo matamos y lo enterramos?

No me creí su bravata. Sabía que estaba exagerando. Le dije:

-No digas barbaridades, Carmiña

-Ahora soy Carmiña, cabrón.

 Sandra cortó el mal rollo.

-¿Y si lo follamos? Mirad que cosita más rica tiene.

Mi hermana no estaba por la labor.

-Mejor le damos de hostias y lo mandamos caliente para casa.

Carmen dijo:

-No, mejor nos lo follamos y luego le damos de hostias.

Me envalentoné.

-Por follar con vosotras no me importaría llevar una capa de hostias. Aunque no creo que después de hacer que os corráis como cerdas os queden ganas de darme de hostias.

Mi hermana se puso furiosa.

-¡Aquí el único cerdo eres tú!

Sandra me soltó la oreja y me pregunto:

-¿Sabes cómo hacer que se corra una mujer?

Mi hermana le preguntó:

-¡¿No irás a dejar que te folle?!

-No.

-Por un momento creí que le ibas a dejar que te follara.

-No voy a dejar que me folle, lo voy a follar yo a él.

Carmen se anotó a la jodienda

-Y yo.

-¡Vaya par de golfas!

Sandra le dijo:

-Lo dices por qué eres su hermana.

-Lo digo porque sois dos golfas.

Yo escuchaba y callaba. Sandra acabó diciendo:

-Vigila que no venga nadie, Evita.

Mi hermana seguía enfadada.

-¡Qué vigile Carmen!

Carmen tenía otros planes.

-Yo tengo cosas más importantes que hacer.

Sandra se puso detrás de mí y me quitó la camisa, Carmen me bajó los pantalones y luego me los quitó junto a mis zapatos y mis calcetines, se puso en cuclillas, cogió mi polla, la metió en la boca y comenzó a hacerme una mamada. Sandra se puso al lado de su prima y se pasaron mi polla y mis huevos de boca en boca. Al rato me corrí y se repartieron la leche cómo si fuera un botín.

Mi hermana estaba colorada cómo una grana. Carmen, para fastidiarla, le dijo:

-No sabía que ibas para monja.

-No voy para monja, pero tampoco voy para puta. ¿En qué cabeza cabe que se la mame una hermana a un hermano?

-¿Nos has llamado putas?

-Putas, no, putones.

Carmen miró para Sandra y le dijo:

-¡Hay lo que nos ha llamado! Vigila, Quique.

Se fueron a por ella.

-¡No me toquéis!

Lo primero que hicieron fue tumbarla sobre la hierba, bajarle las bragas y salársela, para ello Carmen la sujetó y Sandra arrancó hierbas y se las frotó en el coño, frotándoselas, le dijo:

-¡Tu coño chorrea! Tienes más ganas que yo, cabrona.

La desnudaron mientras pataleaba, pataleaba, pero pataleaba de aquella manera. Al estar desnuda se rindió. Le miré para sus grandes  tetas y para el coño peludo. Ella me vio mirando y meneando la polla empalmada, y me dijo:

-¿Cómo puedes hacer eso mirando para mí?

-Es que estás muy buena.

-¡No mires, cabrón!

-¿Qué es lo que no quieres que vea?

-Lo débil que soy.

Sandra sacó la lengua y puso la punta entre sus labios. Mi hermana sacó la suya y se envolvieron en un beso. Carmen le cogió las tetas, se las juntó y se las chupó. Pasado un tiempo vi cómo mi hermana metía un dedo en el coño, Carmen también la vio y me dijo:

-Cómele el coño que ya está a punto, Quique.

Mi hermana se revolvió al momento.

-¡Él, no! 

Carmen se iba a salir con la suya.

-¡Él, sí!

Le quité el dedo y le limpié el coño de hierbas. Luego le lamí los labios vaginales con la punta de la lengua y a continuación se la enterré en el coño, después lamí su clítoris, se lo chupé, se lo volví a lamer y ya se corrió cómo un río... Seguí lamiendo chupando y follando la vagina con la lengua cómo había hecho antes y al rato mi hermana se volvió a correr.

Al acabar de correrse mi hermana, Carmen, me preguntó:

-¡¿Pero tú cuantos coños has comido, cabrón?! 

-Menos de los que me hubiera gustado comer.

-Pues vas a comer uno más, pero antes te voy a follar.

-Debía ser al, revés, primero comértelo y después follarme.

 Me eché boca arriba sobre la hierba, Carmen se abrió de piernas encima de mí, puso la polla en la entrada del coño, metió la cabeza y no se cagó en mi madre porque no le vino a la cabeza. 

-¡Me cago en todo lo que se mueve!

Le dije:

-Solo a ti se te podía ocurrir meter de golpe siendo virgen. Porque eras virgen, ¿no?

Carmen no estaba para charlas

-¡Calla, hostias!

Siguió metiendo hasta que la polla llegó al fondo de su coño. Yo la sentía cada vez más dura, debía ser por las transfusiones que le había metido, es broma, pero la verdad es que la tenía dura cómo una piedra. 

Sandra vino a nuestro lado, le lamió a su prima las lágrimas que bajaban por sus mejillas, la besó con lengua y después le magreó y le comió las tetas. Mi hermana se limitaba a vigilar y a mirar. Diez o quince minutos más tarde, Carmen le comía la boca a Sandra y movía su culo a velocidad de vértigo. Buscaba el orgasmo y lo encontró. Se corrió como una bendita. Corriéndose, sus ojos en blanco miraban a un cielo en el que estaba, pero que no podía ver. Sus gemidos eran cómo suspiros y sus convulsione de epiléptica. Gozó de uno orgasmo maravilloso, que al final alcanzó tal intensidad que hizo que se derrumbara sobre mí.

Carmen, al quitarse de encima, quedo espatarrada sobre la hierba.

Al montarme Sandra pensé que también la iba a desvirgar. Estaba equivocado, la polla entró en su coño, apretada, pero dándole placer desde el principio. Con la polla enterrada en el fondo de su coño, cogió la teta derecha con las dos manos, la apretó y me la puso en la boca... Lamí, chupé y mamé. Al separarla de mi boca, me preguntó:

-¿Quieres que te dé la otra?

-Sí.

Agarró la teta izquierda, la llevó a mi boca y se la devoré. Le debió gustar porque me volvió a dar la derecha para que se la devorara, me dio la izquierda de nuevo... Devorándosela le pregunté:

-¿Quieres que te coma el coño?

-Me correría.

-¿Y?

Sacó la polla del coño y me lo puso en la boca. No sé las lamidas que le metí, pero no creo que pasaran de veinte, cuando me dijo:

-¡Me corro cómo una cerda!

Al correrse sentí caer en mi lengua sus jugos calentitos y también cómo alguien me mamaba la polla. Alguien quería mi leche, y leche le di.

Al quitarme Sandra el coño de la cara vi cómo Carmen se limpiaba la boca con el dorso de la mano, luego le dijo Sandra a mi hermana:

-Fóllalo.

-No.

Sandra, sabía que mi hermana estaba caliente, me preguntó:

-¿Te gustaría que te follara tu hermana, Quique?

-Mucho, me gustaría mucho, pero ella no folla ni con el cabezón

Mi hermana saltó cómo una fiera.

-¡Se llama Eduardo!

Carmen también tenía que meter baza.

-Pero cabezón, es. ¿Follas a Eduardo?

-No.

-Pues dale a tu cuerpo una alegría, no seas tonta

-Es mi hermano, joder.

-Y nuestro primo.

-No es lo mismo.

La cogieron por los brazos y la cintura y la tumbaron sobre mí.  Con su coño cerca de mi polla, me dijo:

-¡Ni se te ocurra metérmela!

La tumbé sobre la hierba. Mis primas le sujetaron los brazos y le comieron la boca, yo hice caminos de sus tetas hasta su coño. Luego le clavé la polla en el coño. Al tenerla dentro dejó de patalear y de insultar a Carmen y Sandra. La follé despacio. Carmen le siguió comiendo la boca y Sandra las tetas... Al rato se besaron entre ellas y nos dejaron solos. Me arriesgué y la puse encima de mí. Mi hermana puso sus manos sobre mi pecho y follándome, dijo:

-No sé cómo puedo estar haciendo esto.

-No te preguntes cómo, ni te preguntes por qué, solamente disfruta del momento.

A nuestro lado, Carmen ya le comía el coño a Sandra, que apretaba las tetas y se deshacía en gemidos. Mi hermana, me dijo:

-Excita verlas.

Las miré y ¡vaya si excitaba! Mi hermana mirando para sus primas me cogió las manos y me las llevó a sus tetas, luego puso sus manos sobre la hierba y comenzó a follarme cada vez más aprisa. Tiempo después oí a Sandra decir:

-Me voy a correr, Carmen, me voy a correr!

Al oírla, mi hermana me folló a mil por hora... Cuando Sandra se corrió, se corrió también ella. Sentí que me iba a correr yo y se lo dije:

-¡Quita, quita que te dejo preñada!

Mi hermana me siguió follando hasta que acabó de correrse. Tuvimos suerte, pues ya empezaba a correrme yo cuando la sacó.

Unos minutos después de corrernos sentimos ladrar a unos perros, eso significaba que andaba cerca uno, o más cazadores. Nos apresuramos a vestirnos. Se había acabado la fiesta.

Esa noche mi padre y mi madre estaban haciendo sus cosas en su habitación. Mi hermana Evita entró en la mía y cerró con llave. Quitó el camisón y se quedó desnuda. Levantó la sábana blanca que me cubría. Se metió en mi cama, agarro mi polla, lamió y chupó mis huevos, la metió en la boca y la mamó con ganas, la mamó con tantas ganas que no le duré nada. Al sentir mi leche en su boca aún se encendió más. Se la tragó hasta la última gota. Luego se echó boca abajo sobre la cama y me dijo en bajito:

-Dame un beso negro.

No le di un beso negro, le di más de cincuenta. La excité tanto que acabó diciéndome:

-Métemela en el pequeñito.

Le froté la polla en el ojete, luego le metí el glande y le desvirgué el culo. Mi hermana le metió una dentellada a la almohada, agarró con fuerza la sabana de abajo y luego echo el culo hacia arriba. Yo empujé y la polla acabó entrando hasta el fondo. La cogí por la cintura, la puse a cuatro patas, le agarré las tetas y ya me corrí dentro de su culo. Mi corrida iba a lubricar el culo y poco después ya mi polla entraba y salía dándole placer. Le magreé las tetas y la follé, la follé y me folló con su culo, pero no tenía trazas de correrse así. Iba a quitarla y meterla en su coño cuando oímos a nuestra madre decir: "!Me corro!" Mi hermana me folló la polla a toda hostia y se corrió cómo una perra. Al correrse se derrumbó sobre la cama y volvió a morder la almohada y a agarrar la sábana con fuerza. Yo le llené el culo de leche.

Al acabar puso el camisón y en bajito me dijo:

-Si quieres seguir follando conmigo tienes que dejar de follar con Sandra y con Carmen.

Un día después, Sandra, me dijo que si quería que siguiera dándome el coño tenía que dejar de follar con mi hermana y con Carmen y dos días más tarde, Carmen, me dio a escoger entre ella, mi hermana o su prima. A ver, si follaba solo con un les iba a hacer un feo a las otras, así que seguí follando con las tres... Hasta que se descubrió el pastel.

Quique.

 

El relato fue modificado hace 2 semanas 2 veces por José

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