En las celebraciones familiares, después de pasarse con la bebida, la lengua deja su casa y luego pasa lo que pasa.
Te cuento, Marina, mi mujer, había bebido demasiado vino en el banquete de la boda que se celebraba en el patio trasero una casa de aldea, le dije:
-Vamos para casa mientras puedas caminar, Marina.
Se puso alta.
-¡¿Para qué?!
-Para que no te dé algo.
-Pues mira, algo sería algo.
-¿Qué quieres decir?
-Que tú nada me puedes dar porque hace años que ya no se te levanta.
Las risas que se oyeron me dejaron cortado. Me levanté de la mesa, mesa donde había más de treinta personas, y fui a fumar un pitillo a la parte delantera de la casa.
A los setenta y cinco años muchos hombres tenemos la polla más muerta que viva, pero jode que encima tu mujer lo pregone.
Detrás de mí vino mi nuera, se llamaba Celia y era una treintañera, morena, de estatura mediana y con un buen cuerpo. Se había casado con mi hijo menor y me tenía aprecio, pues yo fuera el único que la aceptara sin miramientos a pesar de tener un pasado turbio. Llegó a mi lado y me dijo:
-¿Me da un cigarrillo, suegro?
Se lo di y le di fuego. Me dijo:
-Marina no debió decir lo que ha dicho.
-No, pero lo malo es que tiene razón, Celia.
-No me creo que a su edad ya no pueda tener una erección.
-Pues puedes creerlo.
-¿Cuánto tiempo hace que no mantiene relaciones sexuales?
-Ya ni me acuerdo.
-¿Meses?
-Años.
-Hay putas. Cuando la mujer deja de ser activa...
-No te pienses que no me pasó por la cabeza, pero cada vez que lo pensaba imaginaba el ridículo que podría hacer si no se me levantaba y quitaba esa idea de la cabeza.
-Si eso ocurriera no sería culpa suya, sería culpa de la mujer puta por no hacer bien el trabajo.
-Me temo que esa puta tendría una opinión muy distinta a la tuya.
-¿Y no se hace la paja?
-Hago, pero cuando me corro, que es a veces, lo hago sin llegar a tenerla dura.
-A ver, llevo unos meses pensando en volver a mi viejo trabajo. Usted sería un buen entrenamiento, junto a doscientos cincuenta euros, claro.
-No hace falta llegar a eso, os puedo ayudar económicamente mientras las cosas no mejoran.
-No queremos limosnas. Y no me cambie de tema, estábamos hablando de sus erecciones.
Quise escaquearme, por eso le dije:
-Eres muy cara.
-Lo bueno cuesta mucho dinero. Una puta no lo besaría ni se correría con usted, yo lo besaría y me correría.
Cambié de idea. Aunque solo fuera por los besos ya valía la pena, pero me quedaba una cosa pendiente.
-¿Y mi hijo que dice a eso?
-Lo suyo no tiene por qué saberlo.
-¿Y lo de los otros?
-Estamos en crisis, su sueldo no nos llega a nada.
Tiré la colilla del cigarrillo, la miré y me dejé llevar
-¿Tú crees que me la pondrías dura?
-Mañana saldremos de dudas. Venga a mi casa después de comer... De una cosa puede estar seguro, y es de que no me voy a reír de usted.
Esa noche, después de meterme en la cama, cómo ya no duermo con mi mujer, me puse a pensar en lo que hablara con mi nuera. Si llegase a echarlo, probablemente sería el último polvo de mi vida. La mano se me fue a la polla, que dormía el sueño eterno. Me puse a recordar con detalle cómo fuera mi primera corrida, cuando mi polla tenía el muelle nuevo. Cerré los ojos y viajé en el tiempo. Vi a mi hermana Isabel (era muy bella) en la cocina dentro de una tina lavando las tetas y el coño. Se frotaba con champú de huevo, champú que antes había echado en la cabeza. Meneándola volví a oír como le decía a un tal Simeón que se la metiera. Vi uno de sus dedos perdiéndose dentro del coño y la nano izquierda magreando sus tetas. Mi hermana se estaba haciendo una paja. Vi su ara de asustada al decirle si quería que se la metiera yo, y luego su cara de enojada cuando me dijo que me fuera,
A mi hermana (era dos años mayor que yo y muy flaca), le gustaba que le mirara para sus pequeñas tetas piramidales, con areolas casi negras y pequeños pezones, y para su coño, que tenía muy poco vello, y le gustaba porque no se tapó sus partes con los brazos y las manos. Recordaba todo perfectamente porque cientos de veces me había masturbado recordando ese momento. Mi hermana, poco después, me dijo que le echara un cubo de agua limpia por la cabeza. Recordé que le eché el agua y que luego me dijo que la secara (éramos vírgenes ella y yo). Al pasarle la toalla por las tetas casi me corro, y a Isabel poco le faltó. Al pasarle la toalla por el culo me dijo que quería ver mi polla. La saqué y al verla la cogió con la mano. Al secarle el coño nos corrimos cómo dos condenados.
En ese momento machaqué la polla con mi mano, pero nada, la aja salió fallida. Me vino a la cabeza mi nuera y miedo me dio del ridículo que iba a hacer delante de ella.
Al día siguiente, al llegar a su casa, tenía el café preparado, nos tomamos un para de tazas y hablamos un rato de sexo antes de ir para la habitación de la plancha. Al entrar en la habitación vi que tenía una sabana en el piso y encima de la mesa que usaba para planchar estaba el aceite de coco y unas servilletas de papel. Celia, con su cabello negro recogido en un moño, vistiendo una bata blanca y descalza, me dijo:
-Quítese la ropa, y en calzoncillos, échese boca abajo sobre la sábana.
Hice lo que me dijo. Celia se sentó sobre mi espalda. No llevaba bragas y sentí la humedad de su coño, luego sentí el aceite caer en mi espalda. Me la masajeó de abajo a arriba, al llegar a los hombros, me dijo:
-Está muy tenso, relájese.
-Lo intentaré, pero tratándome de usted me va a costar trabajo.
Masajeó a conciencia mi espalda y mis costillas, luego masajeó mis piernas y mis pies, después me dijo:
-Vamos a quitar el calzoncillo.
Me sacó el calzoncillo y echó aceite en mis nalgas. Le dije:
-Me siento raro.
-Relájate.
Masajeó mis nalgas. Tenía unas manos mágicas. Luego me dijo:
-Ponte a cuatro patas.
Me puse y mi polla quedo colgando, la empuñó y la mano subió y bajó por ella. Masajeó mis pelotas Y poco más tarde la polla se puso dura.
-¿Y tú eres el que no podía tener una erección?
-Es que tú eres asombrosa.
-Aún no has visto nada.
-Tienes un culo bonito. Te voy a dar lengua.
Cogió una servilleta de papel y me limpió la raja del culo y el ojete y luego me preguntó:
-¿Preparado?
-Sí.
Sentí cómo me separaba las nalgas con las dos manos y luego sentí su lengua plana lamer mi ojete.
-¿Te gusta?
-Gusta.
Lamió los huevos un ratito y cuando la lengua volvió al ojete ya se metió dentro de él y comenzó un largo mete y saca que dejo mi polla goteando aguadilla, polla que empuñó y masturbó lentamente. Poco después me dijo:
-Me voy a desnudar. Ponte cómodo.
Me puse en la posición del principio. Ella se puso delante de mí. Al ver sus pies levanté la cabeza. Vi cómo se quitaba la bata y quedaba totalmente desnuda. Sus tetas eran medianas, tirando a grandes, con areolas marrones y pezones gordos, y su coño tenía un buen felpudo de vello negro. Cogió el aceite, se engrasó las tetas y el vientre, se fue y se puso otra vez detrás de mí. Lo siguiente que sentí fue sus tetas subiendo y bajando por mi espalda.
-¿Te gusta?
-Mucho.
-¿Sigues empalmado?
-Cómo un burro.
-Tengo los pezones duros cómo diamantes.
-Es que son dos diamantes.
Frotó su coño mojado contra el muslo de mi pierna derecha sin parar de masajear mi espalda con sus tetas. Luego cogió teta izquierda y me frotó el pezón en el ojete... Los dos estábamos que echábamos por fuera cuando dejó de jugar con el pezón de la teta derecha en mi ojete, y me dijo:
-Ponte boca arriba.
Me puse boca arriba, echó aceite en las manos, masajeó sus tetas y después y masajeó las mías. Luego, con su coño aplastando mi polla, frotó los pezones con los míos. Poco más tarde me cogió una mano, pringó de aceite el brazo y la mano, se dio la vuelta y frotó su coño a lo largo de todo el brazo. Después me cogió la mano e hizo que le magreara las tetas.
-¿Te gustan mis tetas?
-Me encantan.
-¿Y mi chocho?
-Aún me gusta más.
Me puso el coño en la mano y me dijo:
-Méteme un dedo dentro.
Le metí el dedo y Celia me lo folló moviendo el culo de delante hacia atrás y de atrás hacia delante. Luego lo quitó y me puso el coño en la boca. Lamí aquella delicia, pero no me dejó lamerlo más que tres veces.
-Ahora te la mamaré y...
-Preferiría follar, si me corro ya no se me volverá a poner dura.
-Tranquilo, no dejaré que te corras
-En ese caso, mi polla es toda tuya.
-Separa más las piernas.
Las separé, se metió en medio de ella, limpió la polla y los huevos con una servilleta, empuñó la polla, lamió y chupó el forro de los huevos, lamió y chupó uno, luego chupó el otro y después lamió desde los huevos al frenillo y acto seguido me mamó el glande. Luego frotó la polla en los pezones y las areolas. La frotó por todas las tetas, la metió entre ellas, las apretó con las dos manos y me hizo una cubana. En nada tenía las tetas mojadas de aguadilla. Después, cogiendo la polla por debajo del glande, frotó su coño contra el tronco al tiempo que me la meneaba. Cachonda, cómo una perra en celo, se quitó de encima, se echó boca arriba y me dijo:
-Cómeme el coño. Quiero correrme en tu boca.
Me incorporé, me metí entre sus piernas, hice que flexionara las rodillas y luego que separara las piernas. Viendo el coño babeando y sus pelos tan llenos de jugos que parecía que los tenía engominados, le dije:
-Ni en mis sueños más húmedos he visto un coño tan apetitoso.
Le abrí el coño con dos dedos. Su vagina se cerró y se abrió varias veces antes de que lentamente le metiera la lengua dentro de ella. Lentamente, la saqué y lentamente lamí su coño con la lengua plana desde el periné hasta el clítoris, allí me detuve. Lentamente, lamí hacia los lados, hacia arriba, hacia abajo y alrededor y después volvía a lamer desde el periné. Al llegar a la vagina le volvía meter la lengua dentro y luego seguí hasta el clítoris para hacerle lo mismo de antes. Después de hacer ese recorrido unas veinte veces y cuando estaba enterrando mi lengua en su coño, me cogió la cabeza para que no sacara la lengua y frotando su clítoris contra ella, me dio una corrida que ni el diluvio universal. En mi vida había visto correrse así a una mujer. Aquella especie de babas pastosas, desbordó de mi boca y dejó un pequeño charco sobre la sábana. Ni que decir tiene que al correrse se convulsionó y gimió una cosa mala.
Un par de minutos estuvo boca arriba respirando con dificultad. Luego me sonrió, se dio aire con las dos manos y dijo:
-¡Pedazo de corrida me has sacado!
-Fue bonita, fue.
-¡¿Bonita?! ¡Fue maravillosa! ¿Quieres correrte ya?
-Sí.
-Échate.
Me eché sobre la sábana. Sentí la humedad de los jugos de su corrida en mi espalda y le dije:
-Andan los jugos de tu corrida ahí abajo.
-Y dentro de un rato andarán aquí arriba, exactamente bañando tu polla, pero antes, quiero sentir cómo me llenas. Cogió la polla, la metió dentro del coño. Puso sus brazos en mi pecho y me folló con la misma lentitud con que mi lengua se deslizara por su coño. Luego juntó las piernas y se echó a lo largo sobre mí, yo abrí las mías y dejé que me follara mientras le comía la boca. Sus labios eran tan dulces que no me cansaría de besarlos... Le vino de repente. Sentí cómo bañaba mi polla y le oí decir:
-Me corro en tu polla.
Me costó trabajo aguantarme, pero valió la pena.
Al acabar de correrse, me dio un para de picos y me dijo:
-Te voy a recompensar.
Sacó la polla del coño, se arrodilló a mi lado, cogió mi polla y la lamió, luego, sin masturbarme, mamó el glande. Instintivamente, le acaricié el ojete con la yema del dedo medio de la mano derecha.
-¿Quieres que te lo dé?
-Sí.
-Gofo. Sois todos iguales.
Se sentó a horcajadas sobre mí, frotó la polla en el ojete, y luego bajó el culo. Mi glande entró dentro de su culo. No lo metió más, me folló así, metiendo y sacando el glande de su culo de tal modo que la corona entrase y saliese un par de centímetros. Te aseguro que si te follan así no duras ni tres minutos, y yo, cachondo cómo estaba, no le duré ni uno. Al correrme me miró y me dijo:
-Goza, golfo, goza.
Y así fue cómo supe que aún se me levantaba, pero bueno, mi nuera era una experta en la materia, y estaba de buena... ¡Cómo estaba de buena!
Quique.





