Incesto enmascarado
 
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Incesto enmascarado

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José
(@quique)
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                                           I

Era domingo, Catalina, había ido a misa de nueve. Luego fue al piso de María, la que creía amante de su marido y llamó al timbre del piso. La muchacha salió de la ducha completamente desnuda. Fue a la puerta y echó un vistazo por la mirilla. Al ver quién era la que había llamado al timbre, entreabrió la puerta y le preguntó:

-¿Qué quiere a estas horas de la mañana, tía?

-Hablar contigo.

-Estoy desnuda...

Catalina empujó por la puerta. Entró dentro del piso y cerró la puerta detrás de ella. Al ver a María desnuda, le dijo:

-¡Así que esto es lo que se come mi marido!

María, que tenía la misma estatura que Catalina, el cabello rubio, los ojos azules, las tetas medianas, con areolas color carne, los pezones pequeños, las caderas normales, la cintura estrecha y el culo redondo, le dijo:

-No se ponga violenta que saldrá perdiendo.

Catalina puso los brazos en jarra.

-Encima me vienes con amenazas.

María, reculando, tapó las tetas con el brazo izquierdo y el coño con la mano derecha.

-Está en un error...

No la dejaba hablar. Caminando hacia ella le dijo:

-No, zorra, no estoy en un error.

-Mire, tía...

-¡Ni tía ni leches!

-Deje que me vista y después hablamos.

-Sin ropa te va a doler más.

María fue reculando hacia su habitación. Catalina fue detrás de ella. A María no le dio tiempo a cerrar la puerta. Catalina, viendo a María al lado de la cama y sin probabilidad de huir, le dijo:

-¡Te voy a quitar las ganas de acostarte con el marido de otra!

-No sea tonta que no tiene ni media hostia.

Fue a su lado y quiso darle una bofetada. María, que era cinturón negro de Judo, la cogió por una muñeca, le hizo una llave y la tiró encima de la cama, luego se sentó sobre ella y le agarró los brazos.

-Ahora me va a escuchar, quiera o no quiera.

Catalina se revolvió como gata panza arriba.

-¡Suéltame!

-No la soltaré hasta que me escuche. 

-¡No tengo nada que escuchar!

-Pues me va a escuchar. Yo no follo con su marido.

-¡Mientes!

-No miento. A mí me gustan los hombres tanto como morder un adoquín. Soy lesbiana, tía.

-Lo dices para engañarme.

Le dio un beso con lengua que la dejó muda y con los ojos desorbitados por la sorpresa. Luego le dije:

-Soy lesbiana. ¿Quiere que se lo coma todo?

Catalina se hizo la escandalizada.

-¡No, no quiero!

-Yo sí quisiera comerle todo.

Quiso besarla de nuevo, pero Catalina le hizo la cobra.

-¡Déjame ir!

Le soltó los brazos y se quitó de encima de ella.

María fue al armario y se inclinó para coger unas bragas y un sujetador en el cajón de abajo, al hacerlo le mostró el coño, un coño pequeño y gordo, y a Catalina se le abrió y se le cerró su coño. Le pasó por la cabeza echar un polvo. La sacó de sus húmedos pensamientos la voz de María.

-¿Por qué pensó que me había liado con el tío?

Catalina salió de la cama y no le dijo que se lo había dicho Santino.

-Porque desde que trabajas con él, no me atiende como antes... 

-Será que le llegó la pito pausa.

-Será... Tienes que disculparme por haber desconfiado de ti.

Poniéndose las bragas, le dijo:

-No necesita disculparse.

-En fin, me voy, avergonzada, y sabiendo una cosa nueva.

-¿Esa cosa es que soy lesbiana?

-Sí.

-¿Le molestó mucho el beso?

-No, fue algo inesperado, pero no, no me molestó.

-Tía.

-¿Qué?

-¿Me vuelvo a quitar las bragas y se lo hago?

-No digas barbaridades, desvergonzada.

-La haría gozar como nunca antes ha gozado.

-No seas presuntuosa.

-No soy presuntuosa, soy realista.

-Sería adulterio e incesto, en tercer o cuarto grado, pero incesto.

Fue a su lado y le echó las manos al culo, le lamió una oreja y después, tuteándola, le dijo al oído:

-Te pasarás el resto de tu vida pensando como hubiese sido, y por muchos dedos que te hagas, y por muchas cosas que te imagines nunca sabrás...

-Eres la tentación hecha mujer.

-Eso es lo más bonito que me han dicho en toda mi vida.

La apretó contra ella y le dio un beso con lengua. Catalina le dijo:

-Eres un pecado con patas.

Le levantó el vestido, le metió la mano dentro de las bragas y vio que estaba mojada. Sacó la mano, lamió los jugos, y le dijo:

-Es lo más rico que he probado.

 Le bajó la cremallera de la espalda del vestido. Catalina le dijo:

-Me estoy sintiendo muy puta.

-Cuanto más puta, más se disfruta.

Luego de caer el vestido al piso, le quitó el sujetador y después se agachó y le quitó las bragas mojadas, los zapatos y las medias. Se puso en pie, dio dos pasos atrás, la miró y le dijo:

-Tienes un cuerpo precioso. 

-Ya quisiera, ya, tú sí que lo tienes precioso.

-Échate sobre la cama.

Catalina se echó sobre la cama y María se echó a su lado. Le dio un pico y le dijo:

-Me voy a emborrachar con tu licor, bombón.

Besando y lamiendo su cuello, sus orejas, su frente, sus ojos y su mentón, le metió dos dedos dentro de la vagina y le hizo el "ven aquí", se lo hizo muy, pero que muy despacito. Haciéndoselo, la besó con lengua... Al rato, Catalina, gimiendo, echó el culo hacia arriba, lo movió alrededor y hacia los lados. Era obvio que estaba buscando el orgasmo. María movió los dedos con celeridad dentro de la vagina. Al ver que se iba a correr, le dijo:

-Mírame cuando te corras.

Catalina abrió los ojos. Segundos después los cerró de golpe. Su cuerpo se tensó, y luego comenzó a convulsionarse. María le dijo:

-Mírame.

Abrió los ojos, pero no la miró, ya que tenía los ojos en blanco. María, al verla, se mojó tanto que su coño goteó sobre la cama.

Al acabar de correrse le quitó los dedos del coño, los lamió con la punta de la lengua, y luego se los metió en la boca. María saboreó los restos de los jugos de su corrida, y después le dijo:

-Estás haciendo de mí una cochina.

-¿Te gusta sentirte guarra?

-Sí.

-Échate boca abajo.

Se puso boca abajo. María se arrodilló detrás de ella y fue lamiendo su espalda desde el coxis al cuello, luego bajó lamiendo hacia arriba y lamiendo hacia abajo hasta llegar a culo. Lamió entre sus nalgas, le lamió el ojete y después le enterró la lengua dentro. Catalina levantó el culo de golpe y casi le jode los piños a su sobrina.

-¿Qué me haces, María?

-¿No te gusta?

-Me encanta, pero es algo muy guarro.

-El sexo cuanto más sucio...

La interrumpió.

-Más asqueroso.

-Eso me lo dices después de correrte.

Le separó las nalgas y vio su ojete, un ojete sin estrías que se estaba abriendo y cerrando. 

-¡¿Pero Vicente aún no te folló el culo?!

-No le dejé.

-Pue debías haberle dejado. Se siente muy rico que te lo coman y que te lo follen. ¿Sigo?

-Si quieres desvirgarme el culo, desvírgamelo, pero no me preguntes, no me preguntes por qué me haces sentir tan guarra...

-Ponte a cuatro patas.

Catalina se puso a cuatro patas. María le lamió el ojete varias veces, y se lo folló con la lengua unas cuantas veces más. Luego chupó el dedo pulgar, le acarició el ojete con la yema y a continuación, con la uña hacia abajo, se lo metió dentro y le folló el culo, al tiempo que le lamía el coño.

Poco después, Catalina, estaba gimiendo, gemía con la boca abierta y le caían de ella ríos de babas..., y no le caían las babas del coño porque se las estaba tragando María. Cuando María sintió que le venía, le dijo:

-¡Me voy a correr, Catalina, me voy a correr!

Catalina dejó de lamerle el coño, juntó tres dedos, se los metió en la vagina y la folló con ellos. María se corrió con tanta fuerza que acabó espatarrada sobre la cama.

Cuando Catalina se dio la vuelta, María, le puso el dedo pulgar debajo de la nariz, y le dijo:

-Huele profundamente.

Olió profundamente. Catalina le dijo:

-A mí ese olor me pone.

-He descubierto que a mí también me pone.

-Ahora viene lo mejor.

Le cogió las tetas por debajo, se las magreó y se las mamó con dulzura, al principio, después se las devoró.

Cuando llegó al coño lo tenía como una charca. Sabía que si se lo lamía ya se corría. La hizo sufrir. Lamió con la punta de la lengua en el pliegue que une el coño con las piernas, luego le abrió el coño con dos dedos y le lamió un labio con la punta de la lengua, después lamió el otro. Catalina movió la pelvis hacia todo los lados, buscando el contacto de la lengua con su coño, como no logró frotarse, le dijo:

-Por favor, haz que me corra, María.

-Llámame cariño.

-Por favor, cariño, por favor.

Siguió rozando la punta de la lengua en su coño.

-Llámame maestra.

Catalina perdió la paciencia.

-¡Hazme correr, puta, hazme correr!

María le enterró la lengua en el coño. Catalina movió su culo alrededor y se corrió en la boca de su sobrina.

María ya no podía más. Estaba que echaba por fuera. Tenía que correrse o le daba algo. Le puso el coño en la boca a su tía. Catalina sacó la lengua, María, frotó el coño contra ella y ni un minuto tardó, en decir:

-¡Trágala, trágala, trágala! 

Se corrió en la boca de su tía. Catalina se tragó los jugos de la corrida.

Luego de gozar las dos, acurrucadas una junto a la otra, le preguntó Catalina a María:

-Ahora que ya somos íntimas, dime: ¿Te follas a mi marido?

-¡Y vuelve la burra al trigo! Ya te dije que no me gustan los hombres. Lo mío son las mujeres.

-¿Tienes muchas amigas?

-Sí. ¿Te gustaría hacer un trió?

-¿Con mi marido?

-Un trío con otra mujer.

-No me veo con dos mujeres.

-Tampoco te veías conmigo.

-Si tú te piensas hacer un trío con mi marido, me pienso yo hacerlo contigo y con una de tus amigas.

-Me lo pensaré, pero no me veo follando con tu marido, ni con él, ni con ningún otro hombre.

                                          II

 Catalina esperaba por Santino sentada sobre la cama tapada con una sábana. El hombre, al salir del baño y verla, sonrió y le dijo:

-Esta noche te voy a hacer mía.

-Ya soy tuya.

-Una mujer hasta que no le da el culo a su marido no le pertenece totalmente.

-No sabes qué decir para que te dé el culo, lo tuyo ya es una obsesión.

Se quitó la bata, y en calzoncillos, se metió en la cama. Santino le dijo:

-No es obsesión, o sí, ya no sé lo que es.

-A lo mejor te lo doy, pero antes de nada me tienes que responder a una pregunta.

-Dispara.

-¿Por qué me mentiste diciendo que habías follado con tu sobrina María?

Le respondió con otra pregunta, mientras le magreaba las tetas por encima de la sábana.

-¿No sabes dormir sin camisón?

-No has respondido a mi pregunta.

Le dijo lo que quería oír.

-Te mentí para llegar a donde estamos.

Metió la mano por debajo de la sábana y le tocó el coño por encima del camisón y las bragas.

-Mal llegamos a donde estamos.

-Yo creo que llegamos igual.

-Estate quieto y escucha lo que te tengo que decir.

Santino dejó de meterle mano.

-¿Tan importante es?

-Si, es del convento. 

-Cuenta.

-Me has preguntado muchas veces porque dejé los hábitos y esta noche te lo voy a decir. No los dejé por propia voluntad, me echaron, y me echaron porque tenía una relación sexual con otra monja.

-Vaya, vaya, vaya. Te comía el coño una monja y a mí no has dejado ni olerlo durante meses.

-Es que tenía miedo de que me la recordaras.

-¿Te la recordé cuando te comí el coño?

-Sí.

-¿Imaginaste que te la comía ella cuando te la comi yo?

-Me alentaste a hacerlo.

-¡Y yo que pensaba que eres una puritana! 

-Ya ves que no lo soy.

-Bueno, lo relevante es que me lo has contado.

-Espera que aún hay más.

-¡¿Más?!

-Sí, lo del convento te lo había dicho para llegar a tu sobrina María.

-¿Qué le pasa a mi sobrina?

-¿Sabías qué le gustan las mujeres?

-Sí. 

-Pues pensando que follabas con ella, fui a darle un escarmiento y acabamos de aquella manera.

Vicente estaba cansado de saber que era bisexual.

-¡No!

-Sí, y todavía hay más.

-¡No me jodas, Catalina! ¿Con quién más has follado?

A punto estuvo de decirle lo de Vicente, pero se mordió la lengua.

-Con nadie... Lo que te quería decir es que tu sobrina me propuso hacer un trío con una amiga suya.

-Se ve que le has gustado. ¿Y tú qué le respondiste?

-Tengo el presentimiento de que ya sabes la respuesta.

-¿Por qué lo dices?

-Porque parece no te molesta que te haya sido infiel.

-Pues no, no me molesta. ¿Qué le respondiste?

-Que si antes hacemos el trío tú y yo con ella, lo haría con ella y con su amiga.

Santino tiró de sarcasmo.

-¿Y por qué tanta generosidad?

-Lo hice para salir del apuro, cómo ella es lesbiana, pensé que no iba a aceptar

-¿Y?

-Y me dijo que se lo iba a pensar. 

-Tu historia me la ha puesto dura.

-Yo también tengo ganas.

La destapó, le quitó el camisón y las bragas y le dijo:

Ponte a cuatro patas.

-¿Sin besos ni nada?

-Los besos hoy te los voy a dar en el culo.

-¡Qué bruto!

Catalina se puso a cuatro patas. Vicente se arrodilló detrás de ellas, le echó las manos a las tetas y le dijo:

-Tienes un culo maravilloso.

Le lamió varias veces la raja del coño, el periné y el ojete, lo hizo con la punta de la lengua y muy lentamente. Luego enterró la lengua en el coño, la sacó, lamió el periné, y después la metió y la sacó del ojete. Al rato le preguntó:

-¿Te gusta?

-Me gusta mucho, pero mucho, mucho, mucho.

-Te voy a clavar la lengua en el culo, y meter dos dedos dentro del coño, el resto hazlo tú.

Con los dedos dentro del coño y la lengua dentro del ojete, Catalina, echó el culo hacia atrás y hacia delante, lo movió alrededor y poco después, cachonda a más no poder, le dijo:

-Méteme la polla en el coño.

Sacó los dedos del coño y la lengua del culo, le frotó la polla en la entrada de la vagina y luego se la clavó. La polla entró como una bala hasta el fondo del coño. Catalina acarició el clítoris con dos dedos y se masturbó mientras Santino le magreaba las tetas y le daba cera en el coño.

-¡Más fuerte, más fuerte, dame, más fuerte!

Le dio caña brava y en menos de un minuto, Catalina se corrió como una golfa.

-¡Síííí, síííí, síííí, síííí!

Al acabar de correrse se la frotó en el ojete, le escupió tres veces en él y luego le clavó la punta de la polla. 

-¿Sigo?

-Sigue.

La saco, la metió, la sacó...  Catalina echó el culo hacia atrás y fue metiendo y sacando la polla hasta que los huevos chocaron con su coño, en ese momento, Santino, le llenó, el culo de leche. 

Cuando Santino acabó de descargar, le metió el dedo pulgar dentro del coño y la masturbó con la polla enterrada en el culo. No tardó mucho en decir:

-¡Me estoy derritiendo con el gusto!

Se desplomó sobre la cama y mientras se corría perdió el conocimiento.

Santino tuvo tiempo para pensar mientras su esposa dormía. Cuando despertó, qué fue unos quince minutos más tarde, le dio un pico y le dijo:

-Dile a mi sobrina que si quiere hacer un trío contigo y con una amiga suya, tiene que ser en mi presencia.

-Yo se lo había dicho para escurrir el bulto.

-¿No te apetece ser comida por dos mujeres?

-¿Contigo mirando?

-Sí.

-Si así lo quieres, díselo tú, que es tu secretaria.

-Se lo diré.

                                           III

María, cubierta con una bata de casa de color rojo, le abrió la puerta al que ella llamaba Picha Brava. Cuando cerró la puerta, el Picha Brava la empotró contra la pared y le comió la boca. María le dijo:

-Vienes fuerte. No haga ruido que mi amiga se está duchando.

Se separó de ella, le abrió la bata y vio que no llevaba nada debajo. Se puso en cuclillas y vio que tenía mojados los pelos que rodeaban la raja del coño, lo abrió con dos dedos y vio que lo tenía pringado de jugos. Con voz ronca, le pregunté:

-¿Te acabas de correr?

-Sí, me corrí con ella. ¿Qué te pasa en la voz?

-Estoy afónico.

María le echó las manos a la cabeza, le llevó la boca al coño, y le dijo:

-Mejor, cuanto menos hables, mejor.

Le comió el coño bien comido, lamiéndolo y chupándole el clítoris, y luego lamiéndole y follándole el ojete con la lengua. Después se enderezó, la cogió en alto en peso y la arrimó a la pared. María le cogió a polla, la puso en la entrada del coño. El Picha Brava se la clavó y le dio a mazo. 

Poco después, con el coño chorreando, le dijo María:

-Me voy a correr.

-Yo también.

María, corriéndose y sintiendo cómo le llenaba el coño de leche, levantó la cabeza y vio a su amiga en el pasillo. La joven le echó la lengua y María devoró la lengua del Picha Brava.

La muchacha, que era negra, que tenía los ojos azules, el cabello negro, mojado, corto y rizado, las piernas delgadas y largas y que estaba solo cubierta con una toalla, se fue hacia ellos.

El Picha Brava no la vio venir, se dio cuenta de su presencia cuando tiró de él hacia atrás. Al darse la vuelta se encontró con los labios de la cubana sobre los suyos y la lengua dentro de su boca.

María le dijo:

-Te presento a Lisandra.

La muchacha, que estaba hecha de fueo, le dijo:

-Me sé presentar yo sola.

Lisandra dejó caer la toalla al piso. El Picha Brava vio sus tetas redondas, duras, medianas, tirando a grandes, con areolas oscuras y gordos pezones. Luego le miró para el coño, un coño rodeado por una generosa mata de vello negro y rizado, y le dijo:

-¡Vaya si sabes presentarte!

-¡Coño! Tienes la misma voz que Marlon Brando en el Padrino.

El empotrador acabó empotrado, pues Lisandra lo empotró contra la pared y le dijo:

-Así que tú eres el de la monja.

-Ex monja.

-Quién fue monja, algo le queda de monja toda la vida, es lo mismo que quien fue puta.

-Si tú lo dices...

Lisandra se puso en cuclillas, le agarró la polla morcillona y pringada de jugos y se la olió.

-Me encanta el olor del coño de María, luego de correrse siempre huele a pescado fresco.

María le dijo a Lisandra:

-Déjate de olores que su mujer está cayendo. 

Metió la polla en la boca y se la mamó bien mamada, al tiempo que le acariciaba los huevos. Luego de ponérsela dura, se levantó y les dijo:

-Comerme el culo y el coño. 

El Picha Brava le dijo:

-Si te como el culo, te lo follo.

A Lisandra le iba de todo y por todos los lados.

-Me decepcionarías si no me lo follaras.

El Picha Brava se puso detrás de ella, besó su cuello mientras María le comía la boca, luego le lamió la espada. María le comió las tetas. A continuación, María, le comió el coño y el Picha Brava le comió el culo. Al rato, Lisandra, perra perdida, le dijo al Picha Brava:

-¿No me ibas a follar el culo?

El Picha Brava se puso en pie.

-No iba, voy a follártelo.

Así, tal y como estaba, el Picha Brava, se agachó, le separó las piernas, se agachó un poco y se la empezó a meter en el culo. La polla fue entrando, apretada, era como si estuviera entrando en un coño estrecho.

Con toda la polla dentro del culo, le agarró el cabello, tiró hacia atrás y le dio con ganas. A medida que fue acelerando las clavadas, María, aceleró las lamidas en el coño... Lisandra, gimiendo y tirándole de los pelos a María, se corrió en la boca. El Picha Brava le llenó el coño de leche.

Al acabar de correrse, de quitarle la polla el coño el Picha Brava y de dejar de comerle el coño María, Lisandra les dijo:

-Tengo que ducharme otra vez.

La cubana era muy puta, pero también muy limpia.

Unos veinte minutos más tarde llamaron al telefonillo, lo atendió María y oyó la voz de Catalina al otro lado.

-Abre, María.

María dejó la puerta abierta para que entrase Catalina... Catalina no venía sola, venía con Santino. 

Al llegar Catalina y Santino a la sala de estar. María le dijo, al que había confundido con su tío:

-¡Papá!

-¿Qué?

-¡¿Qué?! ¡Has follado conmigo!

-Te tenía ganas.

-Y yo a ti, pero esas cosas se avisan.

Catalina, que llevaba puesto un traje gris con falda, con su corbata a juego y todo, dijo:

-Esta familia es un nido de incestuosos. ¿Cómo te has enterado de la fiesta, Vicente?

-Tengo mis fuentes.

Catalina miró para María.

-¿Y tú eras la lesbiana que no se había tirado a mi marido?

-En el sexo vale todo. Venga, sentaos y picar algo.

Encima de una mesa camilla había bolsas de patatas fritas, una caja de galletas surtidas, pistachos, en una bandeja. También había tres botellas de dos litros de Coca-Cola, dos botellas de vino blanco  y seis vasos.

Se sentaron donde les cuadró. Catalina, echando un vaso de Coca-Cola, le dijo a María:

-Has puesto un vaso de más.

Lisandra, que estaba sentada al lado de María y que vestía una minifalda marrón, una blusa blanca anudada sobre el ombligo y que calzaba unos zapatos marrones con poco tacón, dijo: 

-No, los vasos están bien, aún falta alguien.

Miraron todos para ella, María le dijo a Santino y a Catalina:

-Esta es mi amiga Lisandra. Es gogó en un club y trabaja de stripper en cumpleaños y despedidas de solteras y de solteros.

Catalina le preguntó:

-¿De cuatro que íbamos a ser pasamos a ser seis?

-Cuantos más mejor. ¿No?

Llamaron a la puerta del piso, María fue a abrir y volvió acompañada de Paula.

Catalina, al verla, le dijo a su marido:

-¿Sabías que tu hija iba a venir?

-Sí, es mayor de edad y puede hacer lo que le dé la real gana.

-¡Tú también te la follas!

-Paso palabra.

Catalina se levantó para irse.

-¡Esto es una indecencia!

María le dijo:

-No te pongas tan excelente que Vicente me cuenta todo lo que hace y yo se lo digo a tu marido.

Catalina miró para su marido.

-¿Sabes...?

-Sí, sé lo de mi hermano con mi hija, lo que te hicieron y cómo te corriste.

Catalina bajó la cabeza.

-Yo...

La cubana sacó a Catalina de aquella situación embarazosa.

-A una orgía no se viene a lavar los trapos sucios. A una orgía se viene a follar. ¿Calentamos el ambiente?

María le preguntó:

-¿Quieres hacernos un striptis?

-Sí, y quiero que alguna lo haga conmigo.

Pula se anotó.

-Lo hago yo contigo.

Se levantaron las dos, Lisandra puso en su iphone 11 la canción Chica Mala, de Beyoncé, y comenzó a contonearse sensualmente, Paula, a un palmo de ella, también contoneándose sensualmente, iba a hacer todo lo que Lisandra hiciese. Lo primero que hizo Lisandra fue echar la pelvis hacia delante, pelvis que chocó con la de Paula, luego fue la pelvis de Paula la que chocó con la de Lisandra. Bailando sensualmente y poniendo frente con frente, se quitaron los botones de sus blusas. Luego, con las tetas al aire, y con las piernas entrecruzadas se frotaron las tetas y los coños, luego se separaron y contoneándose, se quitó una la minifalda y la otra la falda. Se volvieron a frotar las tetas y los coños con sus labios a milímetros de distancia. 

Al acabar la canción, se besaron con lujuria. Luego, Paula, le comió las tetas a Lisandra, después, Lisandra, se las comió a ella. Vicente sacó la polla empalmada, le echó la mano a la nuca a su cuñada y le llevó la boca a la polla. Catalina miró para su marido. Santino sacó la polla empalmada, le echó la mano a la nuca a María y le llevó la boca a su polla.

Paula, viendo lo que hacía su padre y su madre, se agachó y le comió el coño a Lisandra. Iba a ser el primer orgasmo de la noche, ya que Lisandra, que era de orgasmo fácil, en nada, se corrió en la boca de Paula.

Paula, con los labios pringados de jugos, fue al tresillo, apartó a María, le bajó los pantalones a su padre y se sentó en las rodillas, dándole la espalda. Luego se clavó la polla en el coño y lo folló mirando para su madrastra. Catalina, cachonda a más no poder, se quitó las bragas, montó a Vicente y lo folló con ansia viva. Madre e hija se miraban mientras follaban. Cuando se corrió la hija también se corrió la madre. María, a la que le estaba comiendo el coño Lisandra, se corrió sobre la alfombra.

Santino y Vicente, que no se habían corrido, se pusieron en pie y se desnudaron. María y Catalina se desnudaron una a la otra, al tiempo que se besaban, La sala olía a coño que alimentaba, y es que no hay olor más sensual que el de un coño corrido, y no era uno el que olía, eran cuatro. Ya en en pelotas, María y Lisandra se arrodillaron delante de Vicente y se la mamaron. Catalina y Patricia, también arrodilladas, se la mamaron a Santino. No tardaron mucho en correrse, Santino en la boca de su hija y Vicente en la boca de Lisandra.

Vicente, que ya se había corrido tres veces pidió tiempo muerto.

-Necesito recuperar fuerzas. ¿Un vino, Santino?

-O dos.

Lisandra era un torbellino, para ella no había descanso.

-Yo quiero seguir jugando. ¿Vamos para tu habitación, María?

-Yo voy, ¿Vosotras venís, chicas?

Fueron las cuatro. A llegar a la habitación. Lisandra se echó boca arriba sobre la cama y les dijo:

-Hacer que un bombón de chocolate negro eche fuera su dulce licor.

Se metieron las tres en la cama. Catalina fue a por su boca, Paula, a por sus tetas y María a por su coño. Catalina, dándose dedo, empezó con un pico, luego le puso la punta de la lengua entre los labios y dejó que Lisandra se la lamiera. Paula, dándose dedo, comenzó magreando sus tetas y lamiendo sus pezones y areolas, María, que sabía lo que le gustaba a Lisandra al comerle el coño, dándose dedo como las otras dos, comenzó metiendo y sacando la lengua de su vagina. Luego los besos de Catalina, se fueron haciendo más intensos, las mamadas de tetas de Paula, más fuertes y las lamidas y folladas de coño de María, más lujuriosas. Lisandra se retorcía y gemía. Paula sintió que se iba a correr. Le puso el coño en la boca y le dijo:

-Abre la boca que vas a recibir el licor de un bombón de chocolate blanco.

Lisandra abrió la boca, pero fue para decir:

-¡Me corro!

Pula acarició el clítoris a toda mecha, de modo transversal y con tres dedos y se corrió en la boca de Lisandra.

Al acabar de descargar Lisandra, María, dejó su coño, metió la cabeza entre las piernas de Catalina y le comió el coño con voracidad, al tiempo que se volvía a dar dedo... Al ratito se se corrieron las dos. 

Los dos hermanos habían oído los gemidos y los gritos de placer de las cuatro.

Vicente, echó un trago de vino, y luego le dijo a su hermano:

-¿Vamos allá, Santino?

-Sí, a ver si hacemos un emparedado con alguna de ellas.

-Me pido el culo, si a alguna le apetece.

Le apeteció a tres, Paula tuvo miedo de que la rompieran.

Y aquí lo dejo, que ya extendí bastante el relato. Si ha servido para que alguno se haya hecho una paja, o alguna se haya hecho un dedo, ya me daría por satisfecho.

Estos han sido los capítulos 3, 4 y 5 de Orgasmos En Familia.

Quique.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El relato fue modificado hace 7 meses 3 veces por José

   
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