Jadeante Pecado
 
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Jadeante Pecado

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(@jose-claudio)
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Mi generación, para los que nacimos en los setenta, gozo de muchas series y cortometrajes de ciencia ficción provenientes de la tierra del sol naciente; series televisivas como Ultra Man, Monstruos del Espacio, Ultra Siete entre muchas otras. Esta última me permitió descubrir un deseo inagotable por las mujeres asiáticas, Anne Yuri, el personaje femenino de la serie Ultra Siete fue mi primera pasión, ella fue quien despertó mi deseo morboso, mi lujuria, esos ojitos rasgados provocaban una instantánea erección que inicialmente no sabia como controlar y desahogar.

Así pasaron algunos años en los que busque encontrar a mi mujer perfecta, que tenga esos ojitos que tanto me hacían soñar y explotar emanando humedad y viscosidad; hasta que en un verano a mediados de los años noventa, mis padres decidieron que pasaríamos un par de semanas en un club campestre, acompañados de una prima de mi madre y de toda su familia, una tía que yo no había visto desde hace muchos años, creía recordar que la ultima vez que la vi tendría unos dos o tres años de edad, personalmente sentía que estas vacaciones tendrían un mal pronóstico.

Hasta que llegó el día en cuestión, muy a mi pesar subí al auto apretujado entre mis hermanos y todas las cosas y utensilios que mi madre decidió llevar; deseaba que todo acabase de una buena vez, pero lamentablemente esto aun no empezaba, luego de un par de horas que parecieron dos días de viaje y entre las quejas y reclamos de mis hermanos, -tengo sed-, - ¿a qué hora llegamos?, -Hace calor- etc., por fin llegamos.

Fuimos acomodando las cosas en el interior del bungaló número cinco, que era el reservado para mi familia, yo seguía las ordenes de mi madre al pie de la letra, -lleva esas botellas de agua, las frutas al refrigerador, ayuda a tus hermanos, baja las toallas- y finalmente -pide las llaves del bungaló número siete en la recepción, ya está reservado para tu tía que llegará por la noche con toda su familia-; -¿cómo?- Pregunte dos veces y la respuesta fue siempre la misma, -Pide las llaves del bungaló número siete que son de tu tía, que llegará por la noche-. Mi madre no entendía el sentido irónico de mi pregunta, yo había entendido la orden a la perfección, solo que no quería aceptar esta abrumadora realidad donde mi tía, su familia y la mía pasarían tanto tiempo juntos.

Ya por la noche escuche el rugido de un coche acercándose al bungaló siete, -lleva las llaves a tu tía-, nuevamente mi madre, cogí las llaves y me acerque al coche mientras este aparcaba, la verdad es que había perdido el contacto con mi tía desde hacía mucho tiempo, desde cuando yo tendría unos cuatro o cinco años de edad, solo la recordaba por fotografías, sabia que estuvo de viaje durante algunos años y se había casado en el exterior, no tenía mayor información acerca de ella ni mucho menos de su familia.

Finalmente, el carro se detuvo y mi tía de un salto se abalanzó sobre mí, estaba muy emocionada, me abrazaba y acariciaba mis mejillas, entre lágrimas no dejaba de repetir lo mucho que había crecido y que casi no me reconocía, se notaba muy sincera en sus sentimientos; -yo tejí tu primer gorrito y tu primera bufanda- me decía, ya mi madre me lo había repetido más de diez veces durante todo el trayecto de venida. Luego su esposo bajo del auto, un hombre asiático, no me pareció extraño porque en Perú hay una gran colonia oriental donde predominan la población china y japonesa; luego de la parte posterior, del habitáculo de los pasajeros descendió una preciosa chica, -Kai Ling, saluda a tu primo-, dijo mi tía.

 

No podía pronunciar palabra alguna, solo me quedé mirando esos ojos, ese rostro y ese cuerpo; escuchaba como un lejano susurro la voz de mi tía diciendo -seguro que no recordabas a tu prima, se llevan tres años de diferencia, está estudiando odontología y tu en medicina, que coincidencia-, y así seguía poniéndome al día en cuanto a los asuntos familiares, pero la verdad no le prestaba ninguna atención, solo podía mirar a Kai Ling petrificado y perdido en su mirada; después de unos segundos que parecieron siglos me acerqué a ella para darle un beso en la mejilla, sentí su perfume y al retroceder nuestros ojos nuevamente se conectaron, me sentía absorto en la inmensidad de sus luceros rasgados.

Creo que no será necesario atestiguar que ahora era yo quien quería pasar todo el tiempo posible con mi “tía”, pero es evidente que Kai Ling era el motivo real de tanta atención e intención para con mi nueva familia; esa primera noche cenamos juntos, todos reunidos en el bungalow cinco, que quedó bastante pequeño, pero eso ya no me importaba.

Durante la cena perdí el apetito, mis ojos desobedecían e iban en búsqueda de esa mirada que tanto me inquietaba, la observaba fijamente acariciando visualmente su curvilínea y voluptuosa figura, piernas, nalgas, caderas, entrepierna, senos y de pronto me encontraba con esos destellos rasgados color caramelo, que eran testigos del morbo que esta mujer despertaba en mí, y ella cual gata en celo me regalaba una obscena sonrisa en mutua complicidad, humedeciendo sus labios mientras aceptaba mis virtuales y lujuriosas caricias desde el otro lado de la mesa.

Luego ya muy tarde cada familia se retiro a sus respectivo bungalós, no pude dormir hasta después de un incesante y placentero manipuleo de mi miembro viril que no dejaba de reclamar a Kai Ling; mi mente volaba en un intenso vaivén de caricias autoinfligidas, con el lujurioso deseo de sentirme dentro de esa mujer, mis caricias se aceleraron y una detonación de humedad, sudor y viscoso amor dejó inundado todo a mi alrededor, pasados unos minutos me quedé dormido anhelando a que se haga realidad ese deseo prohibido.

Por la mañana temprano, todos ya reunidos íbamos organizando nuestro día, primero el desayuno obligatorio en la cafetería Manolos en la plaza del pueblo, un delicioso café con leche acompañado de un sándwich de chicharrón y un tamalito quizás, sería lo suficiente como para mantenernos satisfechos y activos durante toda la mañana, mi madre se sorprendía por lo atento que me mostraba para con mi tía y Kai Ling, siempre a la expectativa de sus deseos y al parecer mi prima era reciproca a mis atenciones.

Luego de pasear un poco por el pueblo y a media mañana regresamos a las pequeñas habitaciones del club, nos preparábamos para hacer uso de las piscinas, durante este proceso mi corazón bombeaba con fuerza, esperando el momento de ver a mi prima en traje de baño, quería confirmar lo que sus ropas insinuaban, un cuerpo lujurioso curvilíneo y capaz de satisfacer a cualquier hombre que quiera estar con ella.

Como nunca y muy solicito ayude cargando toallas, botellas de agua y bebidas gaseosas, yendo y viniendo, hasta que una vez en la piscina llego el momento y ella por fin apareció; su fina y lacia cabellera ondeaba cubriendo parte de su rostro pero ella con un perfecto y sexy movimiento ordenaba su inquieta melena dejando a la vista esos ojos rasgados color caramelo sabiendo que me tenía a su merced; se quitó la camiseta y el pareo mostrando lo que ya suponía, unos prominentes senos y un tremendo trasero, herencia latina por parte de su madre que hacían contraste perfecto con esos dulces rasgos orientales que ya me habían vuelto loco.

Un grito de mi tía arrancó de mi mente este lascivo pensamiento, -chicos a la piscina-, Kai Ling se lanzó al agua con un  grácil movimiento; al cabo de pocos minutos apareció del otro lado de la piscina  donde yo aun me encontraba sentado escudriñando en el agua y buscándola con ansias, -no te metes-, dijo,  ahora mismo le respondí-, ella me regalo una desvergonzada sonrisa y replicando -no te gusta meterla- y nuevamente se desvaneció en el agua; yo estaba seguro de lo que había escuchado, o quizá mi mente lujuriosa y ruin jugaba conmigo; al instante me encontraba en el agua buceando y persiguiéndola, a pesar de haber competido en muchas oportunidades representando a mi colegio y a mi universidad se me complicaba el hecho de cazarla, ella tenía la fuerza de un tiburón y los delicados movimientos de un delfín.

Una vez que emergimos del agua -nadas bien- dijo, -y tú también- fue mi rápida respuesta; ahora lejos de la custodia y de la mirada de nuestros padres, me clavaba los ojos de una manera diferente, era una mirada intensa que se hundía en mí,  recorriéndome descaradamente, dirigía esos preciosos ojos rasgados a través del agua hacia mi entrepierna, evidenciando que el sentimiento curioso y lujurioso era  herencia familiar y mi paquete empezaba a inquietarse.

-También compites? - fue mi absurdo intento de mantener una conversación interesante, ella sonreía por mi estúpido ensayo de seriedad genuina, su lengua atestiguó mi error recorriendo y lubricando esos labios carnosos para regalarme una mueca maliciosa y un delicioso comentario -si también nado desde hace varios años, me gusta estar todita mojada-; ahora si estaba seguro de su pecaminoso comentario, mi mente no me había traicionado, confirmé entonces que nuestra obscenidad era completamente genética y filial -y a mí me encanta verte mojada y lubricada-, fue mi replica inmediata, ella giro bruscamente tratando de escapar, intento sumergirse pero la cogí de la mano evitando su rápida huida, -no te vayas por favor, quédate conmigo-, mis ojos eran sinceros y así confirmó que el morbo no era la única intención que yo tenía para con ella.

No la dejaría irse esta vez, -¿De verdad te quieres ir? -, ella me miro con ojitos tiernos y amorosos -somos primos- respondió, pero yo no la solté, ahora sin temor alguno y corriendo el máximo riesgo le dije -mejor aún ¿no crees?, seguro que somos muy compatibles y encajamos en “todos los sentidos”-, ella parecía aliviada y retorno a su picara mirada buscando una confirmación de lo que era evidente entre nosotros  -¿estás seguro?-, -nunca antes había estado mas seguro en toda mi vida-, era incuestionable que ambos nos deseábamos, no había mas que decir y explicar en ese momento.

Llego la noche y nuestros padres habían decidido salir de cena solo para los mayores, Kai Ling y yo nos haríamos cargo de los pequeños, dentro de nuestras funciones primaba darles de cenar, lavarles los dientes y acostarlos; luego podríamos sentarnos en la pequeña sala de uno de los bungalós para ver una película hasta que ellos regresen, bueno este fue el trato que habíamos hecho, aunque la realidad era completamente diferente.

Cuando el más pequeño se había quedado dormido fuimos directamente, no a la sala sino a una de las habitaciones, empezamos a besarnos frenéticamente, todo el deseo y la pasión contenida durante tantas horas por fin se liberaban de esa desgarradora opresión, sentía su respiración, su sabor, nuestras bocas se unieron y su lengua jugaba con la mía mientras su mano recorría mi miembro buscando sentirlo por dentro de mis pantalones, el miedo inicial que tuve de manifestar todas mis más profundas perversiones desaparecieron al sentir a esta hembra caliente y con ganas de macho.

-Te gusta mi paquete- le preguntaba, ella me miraba y sonreía pícaramente, -no me gusta, me encanta, la tienes gorda como me gusta-, esos comentarios me ponían a mil, baje sus pantalones y note que estaba sin ropa interior toque su entrepierna y estaba húmeda goteando de deseo con un fragancia sexual que inundaba toda la habitación, súbitamente me empujo haciéndose espacio para ubicarse en la cama, se puso en cuatro con la colita bien levantada mientras me miraba con esos ojitos rasgados, invitándome así a un juego perverso -te gusta tu primita?- me preguntó.

En este punto ya no podía contener mi deseo, me acerque a ella ubicando mi nariz y mi boca muy cerca de su sexo que ya emanaba humedad, fragancia y calor manteniéndome así en un constante hechizo  de lujuria, -te huele delicioso- le decía, -comete a tu primita incestuosa- me respondía; Kai Ling era tan morbosa y perversa como yo, y eso me encantaba; entonces introduje mi lengua en su orificio de placer, ella respondía con pequeños temblores cada vez que me abría paso y recorría su profundidad lamiendo acaloradamente cada centímetro saboreando su ardiente sexualidad.

Luego la puse boca arriba para saborearla mejor, como el dicho popular dice “la sangre llama”, de forma inconsciente sabía exactamente lo que prima quería; lamia y jugaba con su clítoris de una manera justa y necesaria para ese momento, ella se retorcía empujando mi cabeza hacia sus genitales, descontrolada y cual poseída gritaba-comete a tu prima cabroncito enfermo, siente a tu prima, te gusta mi raja-, repetía frecuentemente, este constante reclamo de placer y mi lengua juguetona le generaba más humedad, lo que después de unos minutos se convirtió en un flujo incesante viscoso y delicioso;  su orgasmo tuvo dos tiempos, el primero muy espeso, cremoso y pegajoso para luego hacerse muy fluido y abundante, parecía que su sexo me regalaba todo su contenido quedando exhausta al cabo de unos minutos.

Mi estaca carnosa parecía reventar, y mi compañera sabía muy bien lo que debía de hacer, acerco sus labios a mi entrepierna recorriendo con su lengua mi falo y mis testículos, -tienes buena herramienta, y llevas las alforjas llenitas- me decía pícaramente, para luego continuar con sus felaciones, -lo haces delicioso prima-, notaba que le gustaba que la llamase así, “prima”, esa sensación de pecado la hacía humedecer como loquita, su sexo ya viscoso humedecía más y más.

Continuo lamiendo y succionando con una maestría increíble, mi garrote ingresaba en su boquita en casi toda su totalidad, era una feladora experta, podía mantener toda mi protuberancia dentro de ella y lamer mis alforjas al mismo tiempo , “alforjas” como llamaba a mi bolsa escrotal, al cabo de unos minutos sentí un fuerte estremecimiento y mi cuerpo le regalo un chorro espeso y abundante de amor y placer, mi princesa asiática no dejo escapar ni una sola gota de mi pasión, succionando y solicitando más de mis flujos en cada momento.

Luego nos acostamos para besarnos, acariciarnos y sentir nuestro sabor, ella me hacia probar el sabor de mi pasión y yo le regalaba su exquisites aun impregnada en mi boca, en mis labios y en toda mi cara, todo gracias a la  gran magnitud de su húmedo orgasmo; a los pocos minutos ambos estábamos listos para sentirnos nuevamente, mi tranca palpitante y babeante ya quería sentir su húmedo canal del placer, resbaloso y listo para la siguiente batalla; sin mayor demora se puso en cuatro, levantando sus nalgas buscando sentir mi pieza de una vez dentro de ella.

Esa escena era increíble, sus prominentes nalgas, de herencia materna, se contorsionaban, se meneaban de lado a lado buscando sentir a su presa de una vez dentro de ella; había un contraste hermoso, delicioso y erótico con esa mirada de preciosos ojos rasgados, ingenuos, inocentes pero a le vez perversos, incestuosos que buscaban ese placer prohibido, no pude aguantar más e inmediatamente sentí su humedad, su calor y mi miembro ingreso haciéndose espacio por su apretado callejón, me sentía en el cielo, calzábamos perfectamente, cual espada encajando perfectamente en su vaina.

Acaso seria a causa del nexo filial, pero parecíamos haber salido del mismo molde, cada uno en su versión masculina y femenina donde nuestros sexos encajaban a la perfección para sentirnos, amarnos y darnos el placer que ambos necesitábamos; mezcla de amor, morbo, pasión y lujuria yo la bombeaba incesantemente con frenesí, ella respondía a la altura dando fuertes empellones haciendo rebotar mis alforjas mientras mi verga buscaba la mayor profundidad, sus gritos lascivos -clávame, rómpeme, ábreme más, haz que te remoje, eres mi primo y mi macho a la vez, me gusta-, solo aceleraban mi inminente catarata de amor y placer, -eres todo para mi- le susurraba, pero ella no bajaba de su alto estado de obscenidad, -quiero ser tu todo- decía, -tu prima, tu hembra, tu perra, tu todo- repetía; pero de pronto detuvo su salvaje vaivén, ambos sabíamos que esa cadencia de movimientos en pocos segundos nos hubiese hecho estallar por segunda vez.

En cambio ella se desengancho de mí y se puso boca arriba, se abrió de piernas y atrajo mi miembro hacia su vulva para sentirnos en esta posición del misionero; así reiniciamos nuestros movimientos amatorios muy despacio, la besaba tiernamente mientras la penetraba -eres preciosa- le repetía; entonces empecé a sentir un profundo temor, miedo de que esto pueda terminar, no quería que nuestra relación sea fugaz, entonces ella de pronto interrumpió mis paranoides pensamientos -te quiero decir algo-, me dijo, mientras seguíamos con ese delicioso movimiento buscando dar y recibir placer  en su profundidad, -dime lo que gustes-, vi sus ojitos húmedos y rojitos, -te amo, primo, te amo primo, te amo-, repetía mientras nuestras fricciones se incrementaban, jadeábamos como poseídos, adictos a un sexo hermoso pero a la vez sucio y prohibido; era una sensación extraña, intensa, que me generaba placer pero a la vez miedo al abandono, sensación que nunca antes había percibido; entonces lo entendí y deduje lo que mi mente y mi sexo querían decirme -te amo Kai Ling, te amo prima, siempre juntos amor- y así ambos terminamos en una fuerte explosión de amor, de flujos, de humedad, viscosidad que empapo la cama en casi su totalidad -nunca me dejes- sollozaba, y dentro de mi corazón sentí la paz y tranquilidad que necesitaba, ya la había encontrado,

La amaba, sabíamos que era amor verdadero y nos entendíamos a la perfección; además coincidíamos en nuestras más profundas pasiones y fantasías que podrían involucrar a más personas en situaciones intensas lujuriosas, y lo más hermoso es que ambos nos apoyaríamos para llevar a cabo todo lo que nuestro mundo sexual nos podría exigir. Juntos primero como enamorados, luego como novios y finalmente como marido y mujer en nuestra liberalidad sexual, pero eso es tema de otra historia.

 



   
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