Incesto tras incest...
 
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Incesto tras incesto

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José
(@quique)
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                              Incesto en el Opel Calibra

Pasaba de las diez de la noche. La pulpería estaba pintada de blanco y petada de comensales. El olorcito que allí había abría el apetito. La pulpería era como una capilla, solo que en vez de bancos tenía cinco filas de mesas a ambos lados y en vez de altar tenía una barra, tras la cual trabajaban dos personas, la pulpera y una camarera, la otra camarera estaba delante de la barra y era la que recogía los pedidos y servía las mesas. 

Belinda, la madrastra de Sergio, era una mujer de buen ver, que pasaba de los cuarenta años y no llegaba a los cincuenta, entró delante de su hijastro en la pulpería. Vestía impecablemente. Llevaba un vestido con estampado floral de manga, con volante bajo con fruncido y calzaba unas sandalias grises con tacón grueso con correa en el tobillo.

Sergio llevaba puestos uno de esos pantalones vaqueros apretados, donde se marca el paquete, una camisa a cuadros rojos y negros anudada por encima del ombligo con tres botones abiertos y calzaba unos tenis blancos.

Al llegar a la barra se sentaron en dos taburetes. No esperaron a que se vaciara una mesa. Belinda le mandó pedir. Sergio pidió dos raciones de pulpo a la feria y vino tinto para beber. Cuando se fue la camarera, la mujer le dijo:

-Sabes de sobras que después de beber vino me pongo juguetona.

-Por eso lo pedí.

-Calla que te pueden oír.

Cuando regresó la camarera, les puso delante una bandeja con pan, una jarra con un litro de vino tinto y dos tazas, tazas y jarra eran de barro. 

Sergio echó una taza de vino, la probó y le dijo a Belinda:

-Es de los buenos, prueba.

-No, esperaré a que traigan el pulpo.

-Tú misma.

Al rato les pusieron dos tapas de pulpo en platos de madera con bastante aceite para mojar el pan y con sal y pimiento picante suficiente para que tirara por el vino, y tiro, vaya si tiró, le tiró a Sergio y le tiró a Belinda. La mujer, luego de comer su pulpo y de beber tres tazas de vino, se puso cariñosa.

-Después de una comida como esta, no hay mejor cosa que travesear para hacer bien la digestión. 

-No te diré yo que no.

Se acercó a él, y al oído le preguntó:

-¿Quieres hacerlo en un motel?

Al oído le respondió:

-Prefiero hacerlo en el coche.

Al acabar de comer y de beber se fueron al aparcamiento. Belinda tenía un coche que había sido de su primer marido. Era un Opel Calibra de color blanco que el día que se le averiara iba a tener que llevarlo al desguace, o coger en él piezas de otro Opel Calibra para la  avería, pues en el taller ya no las había.  

El Opel tenía asientos reclinables, y el del piloto fue el que quiso reclinar Belinda para hacerle allí mismo una mamada a su hijastro, pero Sergio le dijo:

-Ya que conduzco yo hazme la mamada en el trayecto a casa.

-Si así lo quieres.

-Así lo quiero.

Sergio arrancó el coche, encendió las luces cortas y salió a la carretera. Belinda le metió mano hasta que se la puso dura. Luego se la quitó y comenzó a hacerle una paja. 

-Se te puso bien dura. ¿Quieres la cosa lenta o rápida?

-Sorpréndeme.

Se quitó el cinturón de seguridad, le inclinó, lo masturbó y se la chupó lentamente. 

-¿Te gusta así?

-Sí.

Poco más tarde, lamiendo en tronco de abajo arriba, le dijo:

-Me encanta la suavidad de la piel de tu polla.

Le lamió y le chupo el glande.

-Me maravilla el sabor a carne cruda de la cabeza de tu polla. En otra vida debí ser una caníbal.

 Le mordió la polla cinco veces, sin fuerza, pero con ansia viva.

-Me la comería. ¿Quieres que me trague tu leche cuando te corras?

-Sí, sabes que me corro con más intensidad cuando te la tragas.

Al rato, Sergio, se corrió en la boca de su madrastra. La mujer se tragó toda la leche. Luego se volvió a poner el cinturón de seguridad y le dijo:

-Tengo el coño mojado.

-Tócate.

-No, eso puedo hacerlo en cualquier momento, lo que quiero que me chupes el coño.

Giró a la izquierda, luego de poner el intermitente, y se metió en una pista que llevaba al monte, en el comienzo del monte y bajo dos eucaliptos, echó para atrás el asiento de su madre, se arrodilló delante ella, y le quitó las bragas. Belinda se levantó el vestido, se abrió de piernas y le dijo:

-Mi coño es todo tuyo.

-Es todo mío y lo voy a disfrutar al máximo. 

Le clavó la lengua en la vagina y luego la fue sacando lentamente, pero apretándola contra su clítoris.

-¿Te la come así mi padre?

-No, sigue así.

 Le metió y le sacó la lengua varias de veces, aumentando la velocidad y la presión. Al rato, cuando los gemidos ya eran de pre orgasmo, mojó un dedo en los jugos del coño, se lo metió en el culo, se lo folló con él, le chupó el clítoris y Belinda se corrió como una perra.

-¡Me voy!

Al acabar de correrse, le bajó cremallera trasera del vestido y se lo bajó hasta la cintura. Belinda se levantó las copas del sujetador, le echó la mano derecha a la nuca y le llevo la boca a la teta izquierda. Sergio le lamió los pezones y las areolas, al tiempo que le magreaba la teta derecha, luego fueron los pezones y las areolas de la teta derecha las que lamió y la teta izquierda la que amasó, para después juntar las dos tetas y mamarlas. Pasado un tiempo, le dijo Belinda:

-Métemela ya.

Reclinó el asiento, se la clavó y le dio cera de la buena. La posición no era la más cómoda para echar un polvo, ni para que Belinda alcanzar el clímax, pero los besos con lengua que se dieron, el frenético mete y saca y la leche de Sergio derramándose dentro de su coño, la llevaron a él. Al correrse le clavó las uñas en la espalda y le chupó la lengua con tanta fuerza que casi se la arranca. Había tardado en llegar. ¡Pero cómo llegó!

                                      Sergio y Greta                             

Belinda, que era una mujerona, alta, doble y con todo muy grande, tenía un hijo que se llamaba Eduardo y una hija que se llamaba Greta y se había casado en segundas nupcias con el padre de Sergio. La casa donde vivían no era muy grande, por eso Eduardo y Sergio dormían en la misma habitación y en camas gemelas. Greta dormía en otra habitación.

Eduardo, que era dos años mayor que Sergio, tenía revistas de playgirl. A Sergio no le importaba, pues era de la opinión de cada uno, es como es.

Un día, Greta, que era tres años mayor que Sergio, vestida con una camiseta y unos vaqueros, y calzando unas zapatillas de deporte, fue a la habitación de los hermanastros, encontró a Sergio con la revista playgirl en la mano y se imaginó lo que no era, pues Eduardo había dejado la revista sobre la cama y Sergio lo que estaba haciendo era retirarla. Greta le dijo:

-Perdona, debí llamar antes de entrar. 

-¿Por qué si la puerta estaba abierta?

-Por lo que tienes en las manos.

-No es lo que parece. La dejó tu hermano sobre su cama y la estaba retirando. 

-Me alegra saber que no eres de la otra acera, de hecho, me costaba creerlo aún viéndote  con la revista en la mano.

Sergio metió la revista en el cajón de arriba de la mesilla de noche de Eduardo y luego le preguntó:

-¿Qué vienes a buscar, Greta?

-Venía a hablar contigo de algo que me preocupa.

-Dime que es lo que te preocupa.

Greta se sentó en el borde de la cama de su hermano.

-Me preocupa la manera en que me miras cuando piensas que no te veo, parece que te gusto, y no precisamente como hermana.

-Y me gustas.

-Pero soy tu hermana, Sergio.

Sergio se sentó en el borde de su cama.

-Yo no te veo como a una hermana, te veo como una mujer, para mí eres la mujer más hermosa que he visto.

-Eso no se lo creería ni el que asó la manteca. Soy una chica del montón.

-Sabes que no lo eres, sabes que eres especial.

-No tengo nada de especial, si ni siquiera soy virgen.

-¿De verdad que ya no eres virgen?

-De verdad.

-Yo sí lo soy.

-Lo imaginaba.

Se arrodilló delante de ella, le cogió las manos y le dijo:

-Desvírgame.

-Soy tu hermana, no puedo hacer eso.

Le besó las manos.

-Por favor.

-Que no puedo, hombre, que no puedo.

-¿Y una paja? ¿Nos hacemos una paja juntos? 

-Tú no estás bien de la cabeza.

-Pues mira como la hago.

-¿Te haces muchas pajas?

-Sí, y todas pensando en ti. ¿Te gustaría ver cómo la hago?

-No digas tonterías.

Se puso en pie, sacó la polla y empezó a menearla.

-Yo la hago así. ¿Tú nunca tienes ganas de tocarte?

Greta empezó a darse.

-Hombre, ahora mismo las tengo, pero también tengo miedo.

-¿Me desnudo a ver si te animas?

-No me voy a animar.

Desnudándose, le preguntó:

-¿Has desvirgado a algún chico?

-No, y no insistas que no te voy a desvirgar.

-¿Se la has chupado a alguien?

-No te la voy a chupar.

Al verlo desnudo le dijo:

-Tienes un cuerpo muy bonito, pero yo me voy. No puedo hacer nada contigo.

Se puso en pie. Sergio le dio un pico, Greta no se lo devolvió. 

-No te vayas.

-Tengo que irme o esto va a acabar muy mal.

Se puso detrás de ella, le echó las manos a la cintura y le susurró al oído:

-Yo creo que puede acabar muy bien.

Le magreó las tetas.

Greta ya se iba a dejar ir.

-Me estás calentando y yo de caliente soy imprevisible.

Sus palabras lo espolearon. La besó en el cuello. Le quitó la camiseta y el sujetador. Le dio la vuelta, vio sus tetas medianas con pequeñas areolas oscuras y pequeños pezones, Y le dijo: 

-Eres preciosa.

Acarició sus tetas y se las chupó, de aquella manera, pero él acarició y chupó. Luego se puso en cuclillas y le quitó las zapatillas, el pantalón vaquero y las bragas. El corte de su coño era pequeño, y tenía poco vello en su pelvis. Le dio un beso en el clítoris y después se puso en pie y le dijo:

-Desvírgame.

Greta, que era una preciosidad, morena, menuda, alta, con el cabello largo recogido en dos trenzas, le respondió:

-Mejor nos hacemos una paja uno enfrente del otro.

Se metió en la cama, flexionó las rodillas y comenzó a tocarse. Sergio subió a la cama, se arrodilló, le puso la polla a milímetros de los labios y empezó a masturbarse. Greta se magreó las tetas con la mano izquierda y con dos dedos de la derecha se frotó el clítoris.

Aquella situación fue demasiado para Sergio. En menos de dos minutos se corrió. El primer chorro de leche impactó entre los labios de su hermanastra y el segundo ya acabó dentro de su boca, pues Greta la había abierto para mamar la polla.

Al terminar de correrse se limpió la boca con el dorso de la mano, en el que quedó parte de la leche del primer chorro, lo lamió y luego, buscando el peligro, le dijo:

-Acabas de libertar a la puta que llevaba dentro. Échate de lado a mi vera.

Se echó de lado junto ella. Greta empuñó la polla y la frotó entre los labios vaginales y sobre su clítoris. Sergio no tardó en correrse. Greta siguió frotando hasta que se corrió ella, y lo hizo diciendo:.

-¡Me derrito!

Las tres corridas habían caído del coño y puesto la cama perdida. Greta la secó con sus bragas y después dijo:

-Ahora voy a desvirgarte.

Subió encima de él, le cogió la polla, la puso en la entrada de la vagina, bajó el culo y la polla le entro hasta las trancas.

-Ya has perdido la virginidad con una mujer. Ahora te voy a follar. Si ves que te vas a correr, avisa para que la quite y después seguimos.

Lo folló moviendo el culo de atrás hacia delante, de delante hacia atrás, subiéndolo y bajándolo y alrededor cuando le daba las tetas a mamar... Sergio no tenía mucho aguante. Al rato le dijo:

-Sácala que me corro.

Greta sacó la polla del coño, la empuño y la frotó entre sus labios vaginales. Luego le puso en la boca el coño pringado de leche, y le dijo:

-Saca la lengua. 

Sergio sacó la lengua. Greta frotó su coño contra ella y poco después se corrió en la boca de su hermanastro.

Al acabar de correrse le preguntó:

-¿Te gusto ver a la guarra que llevo dentro?

-Sí, ahora me gustaría que me enseñaras a hacerte cosas que te gusten que te hagan.

-Eso ya sería la hostia en bicicleta. Tendría que enseñarte a besar, a comer unas tetas, a comer un coño...

-¿Me enseñarás?

-Claro que te enseñaré.

Empezó dándole unos picos, luego le metió la lengua en la boca y lo comió a besos. Después se magreó las tetas para que supiera cómo hacerlo. A continuación le señaló los pezones y las areolas y le mandó lamer y chupar como a ella le gustaba. Al llegar al coño, le señaló los labios vaginales, la vagina y el clítoris y le dijo lo que tenía que hacer con su coño para que se corriera.

Sergio se lo hizo todo bien. Greta, a punto de correrse, le dijo:

-Para, para qué falta algo.

Se puso a cuatro patas y se tocó el ojete con la yema de un dedo.

-Lame mi ojete y luego entierra la lengua dentro.

Hizo todo lo que ella le dijo y cómo le dijo.

-Ahora métemela en el culo.

-¿Por qué en el culo?

-Porque por el culo no quedo preñada.

Se la iba a meter en el culo, pero cuando la cabeza de su polla rozó el ojete ya se corrió. Corriéndose se la fue metiendo en el culo. Greta se metió dos dedos dentro del coño y en nada se corrió como una fuente. 

-¡Me corro, me corro, me corro!

La cama quedó perdida con su corrida y con la leche que salió de su culo.

Antes de que Greta cambiase la sábana, le preguntó:

-¿Quién te aprendió a comer un coño?

-La misma que se lo comía a mi madre... Sin querer ya me fui de la lengua.

-Será nuestro secreto. ¿La conozco?

-No.

-¿Cómo se llama?

-Rosa y es una prima mía.

-¿Prima carnal?

-Sí.

-Nunca te hubiese imaginado comiéndole el coño a una mujer.

-No se me debió escapar lo de mi madre. No intentes aprovecharte...

La cortó.

-¿Aprovecharme yo de algo tan personal? No digas tonterías. ¿Echamos otro?

-Sí, pero esta vez con condón, que ya hemos jugado demasiado con fuego.

-¿Tienes condones en tu habitación?

-No, los tiene tu padre, tiene condones en la mesilla de noche, claro que se los tendríamos que poner de vuelta antes de que se diese cuenta de que le faltan.

-Los pongo yo de vuelta.

-Voy a buscar los condones.

Se fue y al ratito volvió con una caja de condones. Se metió en la cama y le dijo:

-Voy a hacer todo yo.

Con el condón en la mano, metió la polla en la boca y se la chupó con ganas desmedidas, al tiempo que se la meneaba. 

-Si sigues así te voy a llenar la boca de leche.

Paró de chupar la polla y le chupó los huevos. Sergio ya no aguantó más, se corrió como un lobo. Greta lo miró a los ojos y suspiró.

Al acabar de correrse, se limpió la mano con la sábana y le dijo:

-Ahora aún vas a tardar en correrte, y yo con meterla ya me corro. Vamos a hacerlo otra vez sin condón.

Tiró con el condón al piso, lo montó dándole la espalda, frotó la polla en el coño, bajó el culo y la polla, apretadísima, fue hasta el fondo de su coño. Subió y bajó el culo a toda hostia y en nada, exclamó. 

-¡Me voy, me voy, me voy!

Después de correrse, la sacó. Sergio vio como del coño caía sobre su polla una especie de moco blanquecino que luego fue bajando por el tronco hasta llegar a los huevos.

Cuando acabó de correrse, se dio la vuelta, cogió la polla y la volvió a enterrar en el coño, le dio las tetas a mamar, y luego lo volvió a follar a toda hostia. Esta vez también se iba a correr Sergio.

-¡Quítala, Greta, quítala que me corro!

La quitó justó en el momento que empezaba a correrse. Le puso el coño en la boca y no tuvo que decirle nada. Sergio sacó la lengua, le frotó el coño contra ella y se la cubrió con aquel líquido mucoso y blanquecino. Greta exclamó:

-¡Me voy a morir de gusto!

Al acabar de correrse, como vio que se iba de la cama, le preguntó:

-¿Seguimos?

-No, que si el cántaro va muchas veces a la fuente, acaba por romperse. 

-Con condón...

Greta ya había tenido suficiente.

-Los condones también se rompen.

Viendo que se había acabado, a Sergio le vino a la cabeza Belinda, y le preguntó:

-¿A tu madre le gustará igual con condón que sin condón?

-No sé, habría que preguntarle a ella, y tú no le va a aprovechar de lo que te conté para que te lo diga. ¿O sí?

-Claro que no. ¡Por quién me has tomado!

Quique.                                

 

 

 

 

                             

 

 

 

 



   
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