Recién casada y mal...
 
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Recién casada y mal follada

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José
(@quique)
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                                                             Las primas

Rosa y María eran dos muchachas de una aldea gallega, primas, cabreras y se pasaban el día en el monte. María estaba soltera y Rosa estaba recién casada. Aquel día hablaban de sus vidas sexuales sentadas frente a frente en el monte. Poniendo el mantel para comer le preguntaba María a Rosa:

-¿Y cómo es la vida de casada, prima?

Rosa, que era preciosa, morena, alta, delgada, de ojos negros, cabello negro, largo y recogido en una cola de caballo, que tenía tetas medianas y un buen culo, le respondió:

-Como la de soltera.

-Como la de soltera no es, duermes con un hombre en la cama.

-Y acabo caliente como una perra y con ganas de hacerme un dedo.

María, que era muy vergonzosa, se ruborizó y bajó la cabeza.

-No digas esas cosas.

-¿Para qué preguntas si no quieres oír las respuestas?

María era guapa, muy morena, de ojos marrones, baja de estatura, aún más delgada que su prima, tenía su largo cabello negro recogido en dos trenzas y tenía las tetas pequeñas y culito prieto; estirando una de las trenzas con su mano derecha y sonriendo, le dijo:

-No esperaba que fueras tan clara.

Rosa le entró a saco.

-Tu timidez me pone.

-¿Qué te pone?

-Me pone cachonda.

María aún se puso más colorada.

-No digas tonterías.

Rosa, que había estado viviendo en otra aldea hasta que se casó, no conocía bien a su prima, le preguntó:

-¿Tienes novio?

-No.

Rosa le pasó el dorso del dedo medio de su mano derecha por las tetas.

-Entonces nadie te besa ni te mete mano.

María, sonriendo, le dio un empujón.

-Qué cosas me dices.

Se acercó a ella y le acarició el interior de los muslos.

-O sea, que andas con la calentura de los diecinueve años.

María se estaba muriendo de vergüenza.

-Tienes unas cosas...

Rosa siguió deduciéndola.

-¿Te ha es muchas pajas?

María bajó la cabeza y no le respondió. Rosa le levantó el mentón con tres dedos de la mano derecha, le dio un pico y le preguntó:

-¿Quieres que te haga yo una pala?

María temblaba y callaba como una pared. Rosa le metió la mano debajo del vestido, le acarició el coño por encima de las bragas y le pasó la lengua entre los labios. 

-¿Quieres correrte?

María quiso quitarle la mano del coño. Rosa se la cogió e hizo que frotara el coño con ella.

-Puedo hacer que te corras con mis dedos y con mi lengua.

María quitó la mano del coño. Rosa le metió la mano dentro de las bragas.

-Estas mojadita. 

Le metió dos dedos dentro del coño, comenzó a masturbarla y le preguntó: 

-¿Quieres correrte?

María se dejaba, pero seguía muda. Rosa le metió la lengua en la boca y la echó hacia atrás sobre el mantel.

-Echa la lengua fuera para que te la chupe.

Echó la lengua fuera, tímidamente, y Rosa se la chupó.

Al rato comiéndose las bocas y con los dedos chapoteando dentro de su coño, a la muda le vino el habla y otra cosa.

-Me corro, Rosa.

Al acabar de correrse María, Rosa le quitó los dedos del coño, los chupó, y luego le quitó las bragas y se quitó las suyas, se sentó, cruzó las piernas con las de su prima, le levantó una pierna, juntó los coños encharcados y comenzó a frotarlos.

-Te voy a llenar el coño de jugos.

Frotó los coños mojados con ansia viva y acabó dándole en el coño una corrida cremosa.

María creyó que se iba a quedar con ganas, pero Rosa se metió entre sus piernas y le lamió el coño, un coño que estaba perdido con sus jugos y con la corrida cremosa. 

Para María una lengua lamiendo su coño era una novedad, y ni dos minutos tardó en correrse en la boca de su prima entre, convulsiones y gemidos silenciosos.

Al acabar se pusieron las bragas, y sonriendo, Rosa, cogió la cesta con la comida y empezó a ponerla sobre el mantel.

Comieron y el postre lo pillaron en una de las huertas que estaba cerca del monte. 

                                                               Las ciruelas

Era la temporada de las ciruelas y estaban los árboles y el suelo llenos de ellas, algunas ya estaban casi podridas, en los ciruelos y en el piso.

Ese día se les ocurrió ir a pillar el postre a la huerta de Armando, un cabo de la guardia civil, cuarentón, soltero, serio, alto, delgado, atractivo y con mostacho, que era padrino de Rosa.

Estaban las dos subidas a un árbol comiendo ciruelas y guardándolas dentro de la blusa, cuando vieron venir a Armando, de uniforme y con una escopeta en la mano. Se quedaron de piedra. No podían bajar y escapar de él porque sabían que Armando rellenaba los cartuchos de sal, y un disparo en el culo haría que la que lo llevara no pudiera sentarse en un mes. Armando al llegar junto al ciruelo miró para arriba, y viendo piernas y bragas, dijo:

-He cazado dos urracas sin disparar un solo tiro. Ir bajando.

En las aldeas gallegas llamarle urraca a una mujer era un insulto y Rosa le dijo:

-¡Urraca tu sombra, bicho!

-¡Abajo!

-Tururú. ¿Cómo no me bajes tú?

Armando pegó un tiro al aire. María bajó del árbol con la agilidad de una ardilla, pero Rosa se quedó arriba. 

-¡Como no bajes con el próximo tiro te vuelo el coño!

Rosa levantó el vestido, echó el coño hacia delante y enseñándole sus bonitas piernas y las bragas blancas le dijo:

-¡Dispara, valiente, dispara!

María le dijo a Armando:

-No le hagas caso, ya sabes que tu ahijada es muy rebelde.

-Rebelde y fea como una urraca.

Rosa no le callaba ni a su madre.

-Soy tan fea que no hay un hombre en la aldea que no me desee, y apostilló, ni uno.

Las palabras de Rosa cabrearon a Armando, que le dijo a María:

-¡Lárgate de aquí antes de que me arrepienta!

María le preguntó:

-¿Y Rosa?

-Rosa acabará bajando del árbol y cuando lo haga, va a pasar un tiempo a la sombra.

-¡¿Serás capaz de hacerle eso a tu ahijada?!

-Y a ti también si no te largas.

-Pues vas a tener que ponerme a la sombra.

 Rosa no quería que su prima pagara por ella, así que bajó del árbol. Armando le puso las esposas.

-A ver ahora qué lengua tienes.

María le dijo:

-Hay que ser ruin para detenernos por unas ciruelas que dejas que se pudran.

A Armando no le gustaron las palabras de la muchacha.

-¡Lárgate de aquí antes de que me arrepienta!

Rosa también quería que se fuera.

-Vete, María, este se las tiene juradas a mi padre por haberse fugado con su novia y como no sabe donde está quiere que se las pague yo.

-No me voy.

-Se nos van a extraviar las cabras. Vete que yo sé cuidarme sola.

-¿Seguro que quieres que me vaya?

-Seguro, vete.

María se fue para el monte. Armando se fue con Rosa, pero no para el cuartelillo, la llevó a su casa. Llegaron a la sala y le dijo Rosa:

-Coge lo que tengas que coger y vámonos que no me inspiras confianza.

Armando fue a su habitación y cogió dos vendas. Regresó y amordazó a Rosa, tapándole antes la boca con una mano para que no gritara, después la echó en el suelo y le ató las piernas, acto seguido la arrastró hasta su cama y la tiro sobre ella, y mientras Rosa refunfuñaba y ponía ojos de loca, le quitó las sandalias.

-No me gusta ver esa cara de mala hostia y voy a cambiártela.

Le echó las manos a las costillas y le pasó las yemas de los dedos sobre ellas. Rosa se retorció y sin poder evitarlo comenzó a reír. 

-Me gusta ver cono ríes.

Armando era un sádico. De las costillas pasó a sus axilas, de las axilas a las tetas, de las tetas a las plantas de los pies, y después fue de arriba a abajo y de abajo a arriba. Estuvo así un buen rato en el que Rosa no paro de retorcerse, de reír y de llorar.

-No me mires mal ni me hables mal o te las vuelvo a hacer.

Le desabotonó la blusa y cayeron ciruelas sobre la cama, después le bajó las copas del sujetador. Quedaron al aire unas tetas medianas con pequeñas areolas oscuras y pequeños pezones.

-Tienes unas tetas preciosas.

Sacó la polla empalmada, se subió a la cama y se la fue frotando en los pezones y en las areolas, dejando sobre ellas la aguadilla que salía de su meato, después, sin tocarlas, le lamió los pezones y las areolas y luego le mamó las tetas. Acto seguido, subiéndole el vestido, le dijo:

-Ahora voy a hacer que te corras.

Rosa tenía los ojos cerrados para no ver a Armando y mirarlo de mala manera, pero eso era un arma de doble filo, ya que se excitó más de lo debido cuando Armando le bajó las bragas hasta las rodillas.

-Tienes un bosque ahí abajo.

Empuñó la polla y le frotó el grande contra su clítoris. Poco a poco Rosa se fue poniendo perra. Su boca emitía gemidos casi imperceptibles y su pelvis se movía levemente. Al ver que se iba a correr, la levantó cogiéndola por la cintura, y antes de ponerle la lengua en el coño, le dijo:

-Dámela.

Rosa movió la cabeza hacia los lados diciendo que no, pero tenía unas ganas locas de correrse y le dio en la boca una tremenda corrida cremosa.

Al acabar de tragar, le dijo:

-¡Qué corrida más rica tienes!

 Le soltó las piernas, le quitó las bragas y luego le volvió a lamer el coño. Rosa no se movió.

-Me encantan los coños jugosos.

Apretó la lengua contra el coño y chupó su clítoris cuando llegaba arriba. Tiempo después, al correrse le dio un latigazo con la pelvis que casi le salta los dientes. No le importo. Sus jugos cremosos lo volvían loco.

Al acabar de correrse le quitó la mordaza y le preguntó:

-¿Quieres que te quite las esposas?

Rosa abrió los ojos y lo miró de mala manera.

-Si me las quitas te marco la cara con las uñas.

-Ah sí, eh.

Armando se desnudó. Cuando Rosa lo vio desnudo no le desagradó en absoluto lo que estaba viendo. Luego la volvió a agarrar por la cintura, la elevó y le clavó la polla hasta la mitad y empezó a hacerle cosquillas.

-Te dije que no me volvieras a mirar mal ni a hablar mal.

Rosa se retorció y movió la pelvis de arriba a abajo y alrededor. La polla entraba y salía del coño mientras ella reía y lloraba Poco después Rosa cerró los ojos y mordió el labio inferior. Armando le quitó la polla del coño y le enterró la lengua en la vagina. Rosa movió la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo hasta que le dio otra corrida cremosa en la boca.

Al acabar de tragar le preguntó:

-¿Quieres correrte en mi polla?

-No.

-Yo creo que sí.

La folló a toda hostia y cuando Rosa sintió que se iba a correr, le dijo:

-No te corras dentro.

-Goza y no te preocupes.

Rosa se corrió, y al correrse soltó jugos a presión por los lados de la polla como si su coño fuera un aspersor. 

Al acabar de correrse le dijo Armando:

-¿Ya te dio por el culo tu marido?

-¡Qué te zurzan!

-No me has respondido.

-Ni te voy a responder.

-Ponte a cuatro patas.

-¿Y si no me pongo, qué? ¿Me volverás a hacer las cosquillas?

-No, te pongo yo.

-Pues vas a tener que ponerme.

La puso a cuatro patas. Armando, arrodillado detrás de ella, le separó las nalgas y lamió desde el coño hasta el ojete, donde le metió y le sacó la punta de la lengua pringada de jugos. Rosa le dijo:

-Puerco.

-Eso no puedo negarlo.

Pasado un tiempo le metió y le sacó del culo el dedo pulgar de la mano derecha.

-¡¿Qué coño haces?!

-Hueco.

 Poco más tarde, a este dedo lo acompañó el dedo pulgar y le folló con ellos el culo. 

-Eres un degenerado.

-Sí, pero te acabarás corriendo.

-Sueña.

Al rato le metió el glande dentro del culo, y a continuación, y muy despacio, fue metiendo y sacando el resto de la polla.

-Me encanta tu culo.

-Maricón.

-Algo de maricón tengo.

Armando comenzó a masturbarla con un dedo, le dio cera en el culo, le magreó las tetas y con la otra mano le aplaudió las nalgas.

Gemía Rosa en bajito, cuando comenzó a correrse. Armando le giró la cabeza, le comió la boca y le llenó el culo de leche.

Al acabar de gozar le dijo Armando a su ahijada:

-Tienes un polvo brutal.

-Quítame las esposas.

-¿Vas a intentar arañarme?

-¿Qué iba a ganar con eso?

-Que te pusiera a la sombra.

-Quítamelas.

 Le quitó las esposas. Rosa le dijo:

-Ya era hora de que me dejaras ir.

-De eso nada, tú no te vas sin follarme.

Rosa se puso alta.

-Anda y vete a la mierda. Igual piensas que por haber hecho que me corriera me apetece montarte.

Rosa comenzó a vestirse. Armando le dijo:

-O me follas o no ves a tu marido en unos años, y no te vistas, desnúdate de todo.

A Rosa la pilló con el pie cambiado.

-¡¿Qué?!

-Tú y yo sabemos que tu marido anda en el contrabando de tabaco y que estáis haciendo una casa.

-Y también sé que os pagan.

-Cierto, pero de vez en cuando tenemos que pillar a algún transportista, para aparentar que hacemos nuestro trabajo, son los que llamamos cabezas de turco.

-Eres un puto chantajista.

Armando se puso boca arriba y colocó las manos en la nuca.

-Chantajear, chantajea quien puede, no quien quiere.

A Rosa no le quedaba otra.

-¿Qué quieres que haga?

-Quiero que te desnudes y que me folles como follas a tu marido.

Rosa nunca había follado a su marido.

-¿Lo dejarás en paz si me entrego a ti?

-Tienes mi palabra.

Rosa se puso a horcajadas sobre Armando, colocó la polla en la entrada de la vagina, bajó el culo, la metió hasta el fondo del coño y luego se echó a lo largo de su padrino.

-Bésame, Rosa.

Cerró los ojos y lo besó mientras subía y bajaba el culo muy lentamente.

-¿Estás pensado en él, verdad?

No estaba pensando en su marido, estaba disfrutando el momento, pero como no le respondió, asumió que estaba pensando en él.

-¡Qué suerte tienen algunos!

Le dio él desde abajo y le dio al estilo conejo para llenarle el coño de leche, pero cuando Rosa se iba a correr, sacó la polla del coño, se lo puso en la boca. Armando le enterró la lengua en el coño y sintió como los jugos cremosos le bajaban por ella.

Rosa, al acabar de correrse, empuño la polla y dándole una batida y lamiéndole el glande le sacó una larga corrida, que bajó por su polla. Mirado para ella, le mintió.

-Así es como follo a mi marido. ¿Me puedo ir ahora?

-Puedes irte o puedes quedarte, ahora ya eres tú la que decide eso.

-¿Seguro que mi marido está a salvo?

-Sí.

-En ese caso me voy.

-Por cierto, lo de tu padre ya lo tengo superado, si te quise tener fue porque eres la mujer más bella de la aldea. 

Rosa, cogiendo las bragas, le dijo:

-Hablando de superar, lo que me has hecho no sé si alguien lo superará.

Armando vio que Rosa le estaba abriendo una puerta.

-¿Has follado con tu marido de pie y bailado?

Rosa seguía con las bragas en las manos.

-No voy a follar contigo otra vez, y menos por propia voluntad.

Armando puso en un pequeño tocadiscos la canción "Un beso y una flor", de Nino Bravo, y luego le preguntó:

-¿Bailas, preciosa?

Rosa se hizo la enfadada.

-¿Por quién me has tomado?

-Por la mujer más sensual que han visto mis ojos, por un sueño...

-Ya, ya, ya. Me voy a arrepentir de esto el resto de mi vida.

Tiro las bragas al piso, fue junto a su padrino y le echo las manos a los hombros. Armando la besó con lengua y comenzaron a bailar muy lentamente. Él se empalmó y la polla se metió entre sus piernas. Fue de delante hacia atrás y de atrás hacia delante entre los labios vaginales y estos la fueron mojando. La  música se acabó. Rosa, perra perdida, agarró la polla, se puso de puntillas y la metió dentro del coño. Se colgó de su cuello, rodeó su cuerpo con las piernas y le dijo:

-Empótrame contra la pared y haz que me corra.

La empotró y le dio sin medida hasta que le dijo:

-¡Me corro, padrino, me corro, me corro, me corro!

Armando, cuando Rosa se acabó de correr, la sacó y se corrió fuera.

Unos veinte minutos más tarde Rosa llegaba al monte donde la esperaban su prima. María, que le preguntó:

-¿Qué pasó?

-Nada, solo quería asustarme.

-Por la cara de felicidad que traes, deduzco que no lo consiguió.

-Pues no, no lo consiguió.

-Me alegro. ¿Jugamos otra vez?

Rosa ya estaba más que satisfecha.

-Es mejor hacerlo desnudas y en una cama, así podemos comernos las tetas...

                       Quiero saber que se siente al recibir una corrida en la boca

Era domingo. María había comido en la casa de Rosa con el marido de esta. A las cuatro él se había ido a jugar al fútbol y las dejó solas. 

Nada más sentir alejarse el ruido de la moto de Jacobo, Rosa fue a ponerle la llave a la puerta de la casa. Al regresar le dijo María:

-He estado practicando con ciruelas.

Rosa recogiendo los pocillos del café de la mesa, le preguntó.

-¿A qué?

-A comer un coño.

-¿Y cómo lo has comido?

-Partí las naranjas por la mitad y lamí y chupé.

En el fregadero, y dándole la espalda, le preguntó:

-¿No te harías una paja mientras lamías y chupabas?

María se levantó de la mesa, le echo las manos a las tetas y se apretó contra su prima y le puso la cara en el cuello.

-Dos, me hice dos pajas, me hice dos pajas tres días seguidos.

-Viciosa.

La besó en el cuello.

-Por tu culpa.

Rosa la cogió de la mano y la llevó a la habitación de matrimonio. Al lado de la cama, María le quitó el vestido a su prima y Rosa le quitó el vestido a ella. Se quitaron a sí mismas el sujetador, las bragas y las sandalias. Rosa le echo las manos al culo, María le rodeó el cuello con sus brazos y se besaron con lengua. Luego de un largo morreo, María le dijo a su prima:

-Quiero saber que se siente al recibir una corrida en la boca.

María se echó sobre la cama abrazada a Rosa, y abrazadas se pusieron a lo largo de la cama. Luego  Rosa le aplastó las tetas contra la cara. María las cogió, las apretó y fue lamiendo y chupando sus areolas y sus pezones, ahora jugaba con una teta, ahora jugaba con la otra, ahora metía la cabeza en medio de ellas mientras las magreaba, se dio un festín de tetas.

-¿No querías saber que se siente al correrse una mujer en la boca de otra?

-Sí.

Rosa le puso el coño en la boca. María le echó las manos a la cintura y enterró su lengua en el coño. Era muy diferente a las ciruelas, más que nada porque con las ciruelas no oía gemidos y las lamía ella, y el coño le lamía la lengua a ella. Al rato le dijo Rosa;

-¿Preparada para saber que se siente?

-Preparada.

Rosa frotó el coño contra la lengua a cien por hora.

-¿Lista?

Ahora lo frotó a mil por hora.

-Lista.

-¡Ya!

Rosa comenzó a correrse, y al correrse le apartó el coño de la cara para que sintiera caer en la boca su corrida cremosa. A María le cayó en la boca aquella corrida que era como leche condensada, pero que tenía sabor como a ostras, y luego de probarla no paró de lamerle el coño hasta dejarlo limpio.

Al acabar de correrse le preguntó, Rosa:

-¿Qué has sentido cuando me corrí en tu boca?

-Me sentí guarra, muy guarra, me sentí una putona y me encantó sentirme así.

Rosa sonrió y le dijo;

-¿Dónde va la chica tímida de hace unos días?

-Murió entre tus brazos.

Rosa le dijo:

-Pues ahora va a morir la cosita bonita, va a morir de placer.

Se metió entre sus piernas, le abrió el coño con tres dedos de cada mano, y una vez que los pelos se habían apartado lamió el coño empapado de abajo a arriba con mucha suavidad para cuando estuviera a punto de correrse, parar y hacerla sufrir, pero María estaba tan cachonda que se corrió sola.

-¡Me corro en tu boca!

Descansaban una al lado de la otra para luego seguir comiéndose vivas, cuando oyeron llamar a la puerta y luego una voz que decía:

-¿Hay alguien en casa?

Rosa le dijo a María:

-¡Es mi suegra! No hagas ruido, así se irá.

La suegra se fue, pero les había cortado el rollo.

Quique.


El relato fue modificado hace 2 meses 5 veces por José

   
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