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Las hermanas pintando el piso

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Topic starter   [#1962]

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                                Me cambiaba de casa. Casi todos mis amigos se ofrecieron a echar una mano. Pero Lucía, mi hermana, fue la más dispuesta. Aquella calurosa mañana de agosto quedamos en el piso para dar una última mano de pintura.

                                   Llegó con su preciosa sonrisa, una bolsa con refrescos y muy poco más encima. Abrí la puerta y la dejé pasar sorprendiéndome a mi misma echando un vistazo a su culito enfundado en un ajustado vaquero muy, muy corto y a sus dorados y largos muslos.

- Hola nena. 

- ¿Qué tal? ¿Dispuesta para el trabajo?. 

- Nah, no será para tanto. 

- Hoy toca el salón. 

                                  Nunca había pensado de forma consciente en lo atractiva que me podía parecer esa chicamm al fin y al cabo habíamos crecido juntas. Y eso que Lucía y yo nos habíamos visto innumerables veces desnudas en nuestro cuarto. Pero al hacermos mayores no me había fijado en lo buena que se había puesto la condenada con los años. Está cañón. Era algo que daba por supuesto. 

                                Ya dentro del piso había reservado un rincón con un viejo sofá para cambiarnos y descansar algún rato. También tenía ropa de que mi ex, en ese momento un chico, se había dejado en una caja para protegernos de las manchas. Sin más complejos tiró de su camiseta y de su short quedándose solo con un minúsculo tanga banco. Por qué iba a ocultarse ante su hermana si había hecho eso mismo un montón de veces en nuestra habitación. 

- Aquí podemos cambiarnos. He guardado esto para cubrirnos. 

                                 Un par de enormes camisas de mi ex. Era un tío grande. 

- ¡Vaya que sexi! 

- Muy favorecedor, dije con sarcasmo, pero al menos te protege de la pintura. 

                                   Para protegerse de las salpicaduras de pintura le tendí rozando sus dedos una amplia camisa de mi ex. Pero en vez de cubrir su precioso cuerpo con ella dejó caer los faldones hasta sus torneados muslos. Luego se limitó a hacerle un nudo bajo sus pechos sin sujetador. 

                                    Parecía algo natural ponerse a pintar solo con el tanga, tanto era el calor que hacía. No nos veía nadie a la altura de un décimo. Me iba a pasar toda la calurosa mañana viéndola menear ese duro culito al natural por mi nuevo apartamento. 

- Nena, ¿no puedes taparte un poquito?. 

- ¿Y eso? Estaba a punto de quitármelo todo. ¿O es que no me has visto en bolas miles de veces?. 

                                    No es que nunca nos hubiéramos visto las tetas, ambas hacíamos topless y nos habíamos cambiado juntas infinidad de veces. Pero aquella vez parecía especial, no sé si por el calor o por estar trabajando juntas. Había una una intimidad mayor y especial ese día.

- Si te vas a poner así. Pues no voy a ser menos. 

                                Visto su desparpajo la imité y dejé que mi camisa cayera abierta del todo. No me protegía mucho pero quedaba muy sexi. Y cada vez que me movía ella podía ver todo mi cuerpo. No importaba, éramos hermanas, o eso me decía yo. Podríamos haber estado desnudas del todo y no habría pasado nada. Pero esas pocas prendas y además ropa de tío le daba algo de morbo a la situación. 

                                 De vez en cuando echaba un vistazo a sus nalgas desnudas y manchadas de pintura y me excitaba. He de admitir que un culo bonito siempre me ha llamado la atención, ya sean las nalgas duras y firmes de un tío guapo o las redondas y suaves de una chica.

- No me mires tanto que me vas a desgastar. 

                               Pero también sorprendía miradas furtivas a mis pechos y cuerpo y sus bellas sonrisas lascivas. De pronto al levantar el rodillo un gran goterón de pintura fría resbaló sobre mi pecho. Al oír mi exclamación de sorpresa se volvió riendo. Medio cabreada, la salpiqué con pintura y empezamos a reírnos como locas. 

- ¡Para!. 

- No haberte reido de mi. 

                                 Nos aproxímanos la una a la otra y empezamos a extender los manchurrones de pintura por nuestras pieles, jugando. Lucía lo hacía con suavidad acariciándome y yo devolvía las caricias. 

                                   Nuestras caras se acercaron y me besó, suave pero firme y muy, muy largo. Nuestro primer beso lascivo. Y noté su mano deslizándose hasta mi pecho a un lado de la pintura, buscando un pezón durísimo para acariciarlo con suavidad. Solté un fuerte gemido al notarlo, lo que pareció animarla aún más. 

- Nena no hagas eso. 

                                   Desde luego no me hizo ni caso. 

- Pues hazlo tú. Quítame la camisa. 

                                  Solté el nudo de su camisa y se la quité con mis manos manchadas sin separar mi boca de la suya apoderándome de sus tetas perfectas con las dos manos. Noté las suyas agarrando mi culo, las nalgas amasadas con fuerza apretándome contra su cuerpo. 

                                Para entonces ya tenía su lengua buscando mi campanilla. El bóxer de mi ex que me había puesto para protegerme de las manchas quedó arruinado del todo, pero muy húmedo por cierta parte.  

- Cielo. ¿Desde cuando te van las chicas?. 

                                 Le pregunté. 

- He tenido algunos roces con amigas. Pero ninguna tan rica como tú. Y lo tuyo, ¿desde cuando?. 

- Es algo completamente nuevo. No había experimentado nunca. 

- ¿En serio?. ¡Vaya! Me voy a comer un xoxito que no ha probado ninguna otra tía. 

- ¿Me lo vas a comer?. Yo no diría ninguna, otro muy pocas. 

- Te lo voy a comer todo. Pero antes... ¡A la ducha! 

                                Como notaba la pintura estorbando esas caricias nuevas para nosotras me arrastró hacia el baño hasta meternos juntas bajo el chorro de la ducha. El agua resbalaba por nuestros cuerpos llevándose la suciedad y las pocas inhibiciones que nos quedaban. Ella dejó que mi camisa mojada cayera en la bañera.

- Bueno. Tata. Tienes que contarme más de esa nueva vertiente tuya. 

                                      Le preguntaba curiosa. 

- ¿Te acuerdas de la vecina de enfrente?. 

- ¿La curvy?. Me he cruzado con ella alguna vez cuando he ido a veros. No me digas que te la ligaste. 

- Si, Coronas. Más bien me ligó ella. No te puedes imaginar lo que hace con esas tetazas. 

                                Ambas suspirábamos y gemíamos como locomotoras de vapor estropeadas. Yo buscaba los labios de su vulva con dos dedos bajo el tanga mojado, no sé si por sus jugos o por el agua. Separó las piernas y acaricié la piel depilada de su pubis. Me dejó acceso a su coñito y localicé con el índice el clítoris arrancando gemidos de su boquita. 

- Pues igual tendríamos que juntarnos las tres y que me haga una demostración. 

- Lo disfrutaríamos. Además sé que ella te tiene ganas. También se ha fijado en ti. Me ha preguntado quien era esa pelirroja tan guapa que venía a ver a la familia. Ahora que tienes un piso para ti sola lejos de los papis podemos venir a verte las dos. 

                                 Sus manos recorrían mi cuerpo limpiándolo de pintura y tras ellas sus labios y su lengua recorrían mi piel. Yo también empecé a gemir de placer. La piel resbalaba mojada y con gel provocándonos el deseo que nos envolvía a las dos. Tiró del boxer mojado no solo por el agua de la ducha, lo bajó despacio por mis largos muslos. Yo no estaba depilada, solo había recortado el vello. 

- Me estoy dando cuenta de que has sido una alumna aventajada. Por que ella no habrá sido la única. 

- ¿Lo dudabas?. Sabes que cuando algo me gusta...

                                  Pero todo le dio igual, se dejó caer al suelo de la bañera hasta quedar entre mis piernas abiertas, levanté el pie apoyándolo en el borde de azulejos que la rodeaba. Y de inmediato sentí su lengua juguetona separando los labios de mi vulva saboreando mis jugos.

- Y este dulce coñito me está encantando, nena. 

                                    Clavándose lo mas profundo que podía en mi interior y yo derramé mi orgasmo en su boca jadeando. Era incansable. Separó mis nalgas con las manos para lamer mi ojete. Se entretuvo un buen rato con el ano aprovechando que estaba bien limpio.

                                 También consiguió hacerse con mis pies y lamerlos, aún no sé cómo. Chupaba mis deditos como si fueran caramelos. 

                                   No era mi primera vez con otra mujer pero fueron unos de los mejores orgasmos de mi vida.

- ¡Me corro! Cielo. 

                                    Tuve que decir a gritos para aliviar el calor, el ardor que tenía dentro. Creo que hasta su vecina tuvo que oírme, y desde luego todos los míos. Debía acabar deshidratada de todos los jugos que había soltado en su boca. Además el tratarse de mi hermana le daba a toda la situación un morbo especial. 

- Pues te toca. 

- Estaremos más cómodas en la cama. En el futón. 

                            Todavía no era tal. Solo tenía un colchón tirado en el suelo de una de las habitaciones. Pero sería suficiente para seguir dándonos gustirrinin la una a la otra.

                              Pero antes teníamos que secarnos o al menos quitarnos el agua. Lo hice con mi toalla más suave, la única pues aún no había hecho la mudanza del todo, volviendo a acariciar su piel con ella. Y ella conmigo pasando despacio y tierna la tela por mi cuerpo. 

- Déjame que te seque. 

                                   Rodeaba su cuerpo con mis brazos y la suave tela. Besaba su cuello y hombros con ternura. La abrazaba como si no quisiera que se fuera nunca. 

- Así me gusta, cariñosa. 

- Soy muy cariñosa. Pero es la primera vez que nos lo demostramos así. 

- Pues me está encantando. 

- No decías eso cuando me tirabas de los pelos. 

- Pero lo hacía con mucho cariño y eso fue hace muchos años. Cosas de hermanas. 

- Pues estas cositas de hermanas de hoy me están gustando más. 

                              Volvió a buscar mi lengua con la suya. La saliva pasaba de boca en boca. Quería explorar más de su cuerpo pero esta vez con la boca. Así que empecé a bajar por su cuerpo. Por sus torneados hombros siguiendo hacia sus pechos. 

                              Cónicos y duros temblaban ante mis caricias. Rodeé sus pezones con mis labios y jugué con la lengua. Estaban tan duros que tenían que dolerle. Sus gemidos llenaban esa habitación. Viendo que todo le gustaba segui bajando por su cuerpo. Deslizaba la lengua por sus vientre y jugaba por el ombligo o por sus costados.

                              Desde luego viendo lo excitada que estaba decidí llegar a su coñito. La primera vez que pasé la lengua por los labios soltó un fuerte jadeo.

                            Busqué el clítoris y empecé a comérselo como una gatita golosa. Sin dejar de saborear sus jugos que seguían manando como de una fuente inagotable. Metí dos dedos en su interior. No tenía polla, ni siquiera un juguete en ese piso así que tendrían

- Vaya tata. No sabía que fueras de orgasmo tan fácil y multiorgásmica, además. 

 

- Es que me has puesto muy cachonda, cabrona. Con la juegos de antes me he puesto como un horno. Creo que nadie me ha comido el conejo así. 

                              Apenas podía entenderla pues solo podía hablar entre jadeos y gemidos. Yo sonreía por dentro al saber que podía darle ese placer a mí hermana. 

- ¿Es así como te lo hace tu vecina curvy?.

- No sé si es porque somos hermanas pero no puedo estar más caliente. Parece que tú también has aprendido mucho. 

- ¿Crees que he sacado buena nota?.

- Sobresaliente. Hemos estudiado mucho las dos últimamente. 

                           Yo no había dejado en ningún momento de saborearla. Cuando dejaba su coñito seguía por su culo hasta meter la legua en el ano. O bajaba hasta sus pies, lo que ella aprovechaba para volver a lamer los míos. O subía de nuevo hacia sus tetas para chupar sus pezones. 

                     Al fin cuando paré me limité a acostarme con la mitad de mi cuerpo sobre el suyo. Mi cabeza apoyada en sus pechos sin dejar de hacerle suaves caricias. Ella pasaba los dedos finos y largos por mi melena desenredando los mechones. De vez en cuando besaba uno de sus pezones mientras nos relajábamos.

- No hemos terminado de pintar. 

- Pero lo hemos pasado bien y nos hemos conocido mucho mejor. 

- Sobre todo este coñito tan lindo. 

- Y el resto de mi cuerpo y del tuyo. Y ahora que lo hemos probado juntas tenemos que repetirlo muchas veces. 

- Desde luego que te voy a comer cada vez que podamos y tengamos ganas. 

- Yo siempre tengo ganas, amor. 

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Larga y próspera vida


   
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