Mi hermana Laura siempre había sido una cabeza loca. Se había casado de penalti, su marido la había pillado en fuera de jugo y se la había devuelto a mis padres. Yo vivía con ellos y en aquellos tiempos medía un metro setenta y algo y pesaba noventa kilos.
Laura, que usaba gafas, era morena como yo, de estatura mediana, doble, con tetas grandes y un culo resultón. No se pintaba, ya que en las aldeas, las mujeres no se pintaban, ni falta que le hacía, pues, era guapa a rabiar.
Yo hacía un mes que rompiera con mi novia y andaba caliente, tanto que me hacía un par de pajas diarias, cuando no me hacía tres.
Mi padre y mi madre trabajaban lejos y se iban por la mañana en la Vespa de mi padre y no volvían hasta la noche. Laura hacía la comida y limpiaba la casa. Yo era el único que me daba una vida de rey.
Un día de verano me levanté de la cama a las once de la mañana en calzoncillos, de camino a la cocina, vi a mi hermana dándole la teta a mi sobrino. Estaba con la bata abierta y descalza. Una teta se la mamaba el hijo y la otra la tenía al descubierto. Al tener las piernas al aire y abiertas se le veían sus ligas blancas, sujetando unas medias negras, y sus bragas blancas. Le dije:
-No debías enseñar tanto, Laura.
Carlitos, al oír mi voz dejó de mamar, me miró y sonrió. Le vi las dos tetas, unas tetas con areolas grandes color carne y unos pezones largos y gordos. Eran unas tetas preciosas, pero lo que más me impactó fue la leche que siguió saliendo de la teta que había dejado de mamar mi sobrino. Me preguntó:
-¿Te ponen nervioso mis tetas?
-No digas sandeces.
Carlitos volvió a mamar y yo, de pie en la sala, seguí mirando cómo mamaba.
-¿Qué miras?
-Para algo muy tierno.
-Pensé que me mirabas para las tetas por otro motivo
-Me voy a desayunar antes de que te imagines más cosas raras.
Sin querer tuve una erección. Laura, en vez de alborotarse, sonrió y dijo:
-¿Cosas raras, cochino?
-No es lo que crees, son las ganas de mear.
-La erección no es por eso, es por lo que estás viendo.
Me puse chulo.
-¿Y sí lo fuera, qué?
-Que soy tu hermana, cabrito.
-Y yo tu hermano, pero también soy un hombre.
Laura abrió más las piernas.
-¿Y serías capaz de perderte entre mis piernas?
Creí que necesitaba polla y me quité la careta.
-No me perdería, no. Sabría qué hacer ahí.
Cerró las piernas
-No me puedo creer lo que acabo de oír. Tengo un hermano depravado.
-Y yo una hermana que es una buscona.
Se cabreó.
-¡Estoy en la intimidad de mi casa!
-Y con unas ganas de follar, que si tu coño hablase...
Ahora estaba furiosa.
-¡Cómo te atreves a hablarme así!
-Porque andabas tanteando el terreno. Ahora ya sabes lo que hay.
-Si no estuviera haciendo, lo que estoy haciendo, te metía una hostia que te ponía la cara del revés.
-Tú lo que me echabas era un polvo...
Soltó la gata que llevaba dentro.
-¡Me cago en tu puta sombra! No te muerdo en la cabeza porque tengo al niño en bazos, desgraciado.
-No te pongas así que estaba bromeando.
-¡Esas bromas se las gastas a tu novia!
-Me dejó.
-No me extraña, lo raro es que hayas tenido novia.
-Me voy a mear.
Quedó mascullando algo que no llegué a entender... Al llegar al inodoro, oriné, pero al acabar, como tenía la polla en la mano y la leche que había salido de la teta de mi hermana, me vinieron a la mente, pues eso, que me la casqué antes de ir a la cocina a desayunar.
Después de desayunar fui a la sala. Laura seguía sentada en el tresillo, pero había cerrado la bata, había llevado al hijo para la cuna y ya no estaba enfadada. Me dijo:
-¿Me haces un favor?
-Depende. ¿De qué se trata?
-Me pica la espalda y no le llego para rascar.
Fui a su lado. Laura se puso en pie, me dio la espalda, se abrió la bata y luego la dejó caer hasta la cintura.
Le rasqué la espalda y comenzó a gemir en bajito. Era normal al sentirse aliviada del picor, pero mi polla no lo sabía y se puso a mirar al techo dentro del calzoncillo. Cada vez que le rascaba la espalda le gustaba más.
-Rasca con más fuerza.
Con la espalda llena de arañazos, me preguntó:
-¿Te gustaría comer mis tetas?
Creí que lo que le había dicho la ayudara a lanzarse.
-Con sumo placer.
-¿Y comerías mi coño?
-Las veces que quisieras.
-¿Cuántos polvos me echarías?
-Los que necesitaras.
-Enséñame la polla para saber que le espera a mi coño.
Le enseñé la polla, que ya estaba morcilona.
Mirando para ella, se rio a carcajada limpia, y luego me dijo:
-¿Y con esa birria me querías follar?
Nunca me habían vacilado así y me tocaba los cojones. Le dije:
-¡Vete a tomar por culo que es bueno para la vista!
Cerró la bata, se sentó de nuevo en el tresillo y me dijo:
-Ya fui y la vista me fue a peor.
-¿Qué coño desayunaste, Laura?
-Coño, no.
-Desde luego, como actriz no tienes precio. ¡Cabrona!
Se siguió riendo de mí.
-No te pongas así que era una broma
Laura se levantó y se fue moviendo las nalgas de modo provocativo.
-Te va a caer el culo al suelo con tanto meneo.
Giró la cabeza y me dijo:
-¡Pervertido!
No me sentía mal por haber querido liarme con mi hermana, es más, habían nacido en mí unas ganas brutales de follarla.
Ese mismo día, después de comer, de amamantar al hijo en su habitación y de haberlo dormido, vino a la sala, se sentó a mi lado en el tresillo, y me preguntó:
-¿Si te dejo hacer una cosa, pararás cuando te lo diga?
Yo ya estaba escarmentado.
-Te veo venir. No me vas a engañar otra vez.
-Aún no sabes de qué se trata.
-Me lo imagino, vas a provocarme y luego reírte de mí.
-Esta vez, no. Tenías razón, quería seducirte.
-No me creo una palabra.
-Llevo casi un año sin que me toque un hombre.
-Voy a suponer que es cierto. A ver. ¿Qué cosa es esa?
-Te dejo mamar mis tetas y masturbarme si te conformas con que luego te haga una paja.
Pensando que me volvía vacilar, le dije:
-¿Con las tetas?
-Con lo que quieras.
Para que no me la volviera a dar con queso, le dije:
-Levanta la camiseta.
-¿Pararás cuando te lo diga?
-Sí, levanta la camiseta.
Para mi sorpresa levantó la camiseta. Delante de mí aparecieron sus maravillosas tetas. Aquí tengo que hacer un inciso para decir que Luisa, la que fuera mi novia, solo me dejaba comerle las tetas y comerle el coño, eso sí, luego dejaba que me masturbara y que me corriera en su cara. Pero volvamos al turrón. Chupé dos dedos y con las yemas acaricié sus pezones. Laura estaba muy cachonda, ya que cerró los ojos y se dispuso a gozar. Estuve un buen rato acariciando sus pezones y lamiendo la leche que bajaba por su cuerpo, luego fui a por la fuente. Mamando su teta izquierda, mi boca se llenó de leche, me bajó por mal sitio, la eché fuera y le llegó a la falda. Laura se quitó la falda y las bragas y me dijo:
-Las tengo mojadas.
Sabía lo que quería, pero se lo iba a dar a mi manera. Fui a por la otra teta y mamé de nuevo, se me llenó la boca de leche. No la tragué. Bajé hasta el coño y la derramé sobre él. Luego lamí de abajo a arriba. La leche ya estaba adulterada con los jugos de su coño, pero aún estaba más rica. Amasando sus tetas, que no paraban de echar leche, lamiendo su clítoris y follándole y lamiéndole el coño con la lengua, la fui llevando a un punto sin retorno. Laura, entre gemidos, me dijo:
-Debimos hacer esto mucho antes... Joder, lame, despacito o...
-¿O qué?
-O me corro.
Lamí despacito, pero fue igual. Mi hermana, sacudiéndose y gimiendo, comenzó a derramar y exclamo:
-¡Me corro en tu boca!
Al acabar de correrse y estando yo sentado a su lado, me dijo:
-Ahora te voy a devolver el favor. Saca la polla.
No tuvo que repetírmelo. Saqué la polla de su cautiverio. Laura se bajó del sillón, se arrodilló delante de mí, la agarró, metió entre sus tetas, la apretó y me preguntó:
-¿Cómo te gusta, despacio, o rápido?
-Me da igual.
Me masturbó la polla con las tetas, de las dos maneras... De vez en cuando frotaba el glande en los pezones y las areolas para mojarlas de leche y aguadilla, a continuación lo chupaba y luego volvía a masturbarme. Me fue poniendo cada vez más perro... A punto de explotar, le dije:
-Me voy a correr.
-Se nota.
Metió la polla en la boca y mamó hasta que no me quedó más leche que dar. Luego abrió la boca, sacó la lengua y vi sobre ella la leche de mi corrida... Cuando volvió a abrir la boca, la leche había desaparecido. Con asombro le dije:
-¡Te la has tragado!
-Si tú bebiste mi leche, que menos que yo bebiera la tuya. Voy a bañarme. Atiende a Carlitos, si se despierta.
Se levantó para irse, pero no la dejé. La empotré contra la pared.
-¡¡Para!!
-Te voy a follar hasta dejarte los ojos en blanco.
Le comí la boca.
-Dijiste que ibas a parar cuando te lo mandase.
-Te mentí.
Le eché las manos al culo, la levanté y le clavé la polla en el coño. Curvó el cuerpo, echó la cabeza hacia atrás y un sensual gemido salió de su garganta. La besé, echó los brazos alrededor de mi cuello, me devolvió el beso y luego, me dijo:
-Es muy peligroso.
-Tranquila, no soy tan cabrón cómo para correrme dentro. Se le fueron los miedos. En mis manos fue cómo una marioneta. Yo manejaba los hilos y ella se dejaba manejar... Al rato, con la leche de sus tetas empapando mi pecho y los jugos de su coño bañando mis huevos, sentí que se iba a correr, le dije:
-Mírame a los ojos.
Me miró, pero al correrse los cerró de golpe.
-Mírame.
Abrió los ojos, pero los tenía en blanco.
Sintiendo cómo su coño apretaba mi polla y como la bañaba con jugos calentitos, la besé de nuevo. Cuando sus ojos volvieron a verme, balbuceó.
-Me... estoy... corriendo.
Al acabar de correrse, le pregunté:
-¿Quieres correrte otra vez?
No me respondió, lo que hizo fue besarme. Le volví a dar lo suyo y cuando se iba a correr la bajé al piso, me puse en cuclillas, le eche las manos al culo, lamí los jugos que bajaban por el interior de sus muslos y luego le enterré la lengua en el coño y le acaricie el ojete con la yema de mi dedo corazón. Luego, con la mitad de la lengua dentro de la vagina y con la otra mitad sobre el clítoris, le di cera. En un breve espacio de tiempo, sus piernas comenzaron a temblar, su cuerpo a sacudirse y me dio en la boca una inmensa corrida. Al acabar se sentó en el tresillo. Le pregunté:
-¿Te llegó o quieres más?
Me miró para el aparato.
-Sigues con la polla dura.
-Sigo, y con ganas de follarte, de hacer que te corras y de correrme.
-Por mí que no quede.
-¿Cómo lo quieres?
-En tu cama y a veinte uñas.
En mi cama, luego de volver a comerle la boca y de mamar sus deliciosas tetas, se puso a cuatro patas. Luego se abrió de piernas y quedó con los muslos y la cabeza, girada, sobre la cama. Más que la posición del perrito parecía la posición de la rana. Arrodillado detrás de mi hermana, le eché las manos a la cintura y la follé despacio. Poco a poco le fui levantando el culo, y a medida que lo hacía le iba dando más rápido. Cuando sentí que le faltaba poco para correrse, se la saqué, le lamí y le follé el ojete con la lengua y le pregunté:
-¿Me dejas que te folle el culo?
Sentimos el llanto de Carlitos.
No quería irse sin correrse.
-¡Métemela en el coño, métemela en el coño!
Se la metí, me folló ella a mí y se corrió cómo una perra. Corriéndose, la quité y me corrí en la entrada de su ojete.
Al acabar se limpió el culo con la funda de la almohada, la tiró al piso, y luego fue a atender a su hijo.
Esa tarde se oía cantar por la radio a Camilo Sesto cuando entré en la cocina. La cogí por la cintura y arrimando cebolleta comencé a bailar con ella. No estaba para bailes, pero bailó.
-Lo que hemos hecho no se volverá a repetir.
-Solo una vez más.
Froté mi polla contra su vientre mientras bailábamos.
-Ni una ni media.
-Camilo dice: Algo más...
-Tú no eres Camilo.
-Cierra los ojos e imagina que estás bailando con él.
Acabó la canción.
-Deja de darme guerra o esta menda deja de hacerte la comida.
Aquellas eran palabras mayores. Yo sin comida sería una piltrafa humana.
-¿Te arrepientes de lo que hemos hecho?
Cogiendo la mermelada y la mantequilla en la nevera, me respondió:
-Me arrepiento y me avergüenzo de ese momento de debilidad.
-Para mí fue de pasión desbordada.
-A ver, calamidad, para mí también fue un momento de pasión desbordada, pero somos hermanos, coño, y los hermanos no follan. ¿Quieres un bocadillo de mantequilla y mermelada?
-Sí.
-Pues coge el pan en la bolsa.
A mi hermana, que llevaba puesto un vestido gris que le daba por encima de las rodillas, se le cayó el cuchillo al piso, se agachó, y le vi parte de las piernas y el culo marcado en el vestido.
-Sé que me estás mirando.
-Ni que vieras por el ojo...
Se enderezó.
-Por el ojo que me has querido tapar. Cada vez que me acuerdo de que te iba a dejar que me lo taparas, es que... ¡Me da un, no sé que...!
-¿Oíste?
-¿Qué?
-Tu novio te lo tapó.
Comenzó a hacer los bocadillos.
-¿Se lo tapaste tú a tu novia?
Le mentí.
-Sí, como ya se lo habían abierto... A Teresa le di por todos los lados y con todos los lados me corrí.
-Una mujer no tiene más que tres agujeros, follables.
-Pero se puede frotar en las axilas, en los pezones, en las areolas, se le puede meter entre las tetas, se le puede frotar en el clítoris, en los pies, en el ojete, entre los labios del coño, entre los labios de la boca...
-Pero una mujer, agujeros, sigue teniendo tres. ¿Café o vino para después del bocadillo?
-Lo que tú quieras.
-El vino ya está hecho.
Cogí en la alacena una botella de tinto ya empezada y dos vasos y los puse encima de a mesa.
-¿Oíste?
Se le agotó la paciencia.
-¡¿Qué?!
-¿Qué tal sabrá la mermelada con leche?
-Peor que con vino.
-Me refería a la leche de tus tetas.
-Dulce con dulce, pues sabría dulce, pero nunca conocerás ese sabor.
-¿Y el ojete untado con mantequilla?
-Me estás quitando las ganas de comer, guarro.
De nuevo nos interrumpió Carlitos con su llanto.
Media hora más tarde, después de que mi hermana alimentara al bebé, lo cambiara y lo metiera en la cuna, me llamó. No le respondí. Estaba ocupado en el servicio dándole una alegría al cuerpo. Al acabar tiré de la cadena de la cisterna y luego fui a la sala. Mi hermana me preguntó:
-¿Qué has estado haciendo en el inodoro?
-Mis necesidades.
-No me mientas, hueles a semen.
-Vale, me hice una paja.
Sospeché que mi hermana había cambiado de opinión respecto a volver a follar conmigo, lo sospeché al preguntarme:
-¿En quién pensaste?
-En ti.
-¿Qué me hiciste?
-¿Para qué quieres saberlo?
Mis sospechas se confirmaron.
-Curiosidad. ¿Hubo mantequilla en tus fantasías?
-Sí, en mi polla...
-¿Y mermelada?
-Hubo de todo.
-¿Y en mis tetas y en mi coño?
-También, Laura.
-Repite mi nombre.
-Laura.
Se puso en pie y vino a mi lado.
-Repítelo mirándome a los ojos.
-Laura.
-Di mi nombre cómo si estuvieras enamorado de mí.
Se lo dije con voz dulce.
-Laura.
Me dio un beso con lengua y luego me dijo:
-Voy a follar contigo por última vez.
Le eché la mano derecha al coño, me la apartó de él y me dijo:
-Vete a buscar la mermelada y la mantequilla
Fui por el aire y volví por el viento.
Con la mermelada y a mantequilla en el piso me dio un pico y después me besó con lengua, luego su lengua lamió mi garganta y los lados de mi cuello. Me chupó el mentón y después me volvió a besar con lengua. Me abrió la camisa y besó y lamió mi pecho y mis pezones y luego me quitó la camisa y el pantalón. Metiendo dos dedos de su mano izquierda dentro de la tarrina de la mantequilla, me dijo:
-Tengo yo más barriga que tú. ¿Cómo lo haces?
-Ni idea, comer, como lo mismo que tú.
Jugó con sus dedos pringados de mantequilla en la entrada de mi ojete y después me lo lamió y me lo follo con su lengua.
-¡Qué cerda soy, coño!
-A mí me gusta que lo seas.
-Y a mí serlo.
Pringó tres dedos de la mano derecha con mermelada y luego los pasó por mis labios y por mis tetas. Me lamió los labios y luego me besó con lengua. Después besó y lamió mis tetas y mis pezones. Con mi polla mirando al techo la pringó de mermelada, y sin tocarla con la mano, me la mamó. Al comenzar a mamarla metió la mitad de un dedo dentro de mi culo y me lo folló. Mamando y follando, me preguntó:
-¿Es así como lo imaginaste?
-Sin los besos ni el dedo en el culo.
-¿Te lo quito?
-No.
Me hizo una mamada tan rica, tan rica, tan rica, que la corrida que se tragó se salió de lo común.
Al acabar de tragar se puso en pie, limpió la boca con el dorso de la mano y me dijo:
-Desnúdame.
La desnudé y luego la embadurne de mermelada desde la boca hasta el coño. Le lamí los labios y luego ella me comió la boca. Mamé su teta derecha. El sabor de la leche de sus tetas mezclado con el de la mermelada era delicioso. De hecho me cansé de tragar. Quien no se cansara de que le mamara las tetas era mi hermana.
-Chupa la otra.
Se la mamé y bebí de ella varias veces.
-Más, más, más, más, no pares.
Seguí tragando y masturbándola hasta que me dijo:
-Ahora le toca al culo.
Se giró, me agaché y le pringué el ojete con mantequilla y luego se lo lamí y se lo follé con la lengua.
Mi hermana estaba desatada.
-¡Clávame la lengua en el culo con más fuerza, clávamela!
Le follé el culo con la lengua como me había pedido.
-Soy una pervertida.
-Eres un encanto de mujer.
Deshaciéndose en gemidos, me dijo:
-En el culo, clávame la polla en el culo.
Le puse la polla en la entrada del ojete y una mano sobre el coño. Le tapé la boca con la otra mano y le giré la cabeza. Le miré a los ojos y le clavé la polla en el culo de una estocada. Creí que un grito iba a morir en la palma de mi mano, pero lo que murió fue un gemido de placer. Sus ojos apenas se cerraron y su culo se echó hacia atrás para que la polla entrase hasta el fondo del culo. Le eché a las tetas la mano que había tapado su boca, le metí dos dedos de la otra dentro de la vagina y le di a mazo. Sus gemidos se fueron haciendo escandalosos. Se puso como loca.
-¡Más fuerte, dame más fuerte y más rápido!
Le di a romper y se corrió con tanta fuerza que tuve que agarrarla para que no se desplomara, pues sus piernas temblaban tanto que no la sujetaban. De su coño salió un torrente de jugos y de mi polla una corrida que le llenó el culo de leche
Al quitarle la polla del culo, le di la vuelta, le di un pico, se colocó bien las gafas, me miró, y me dijo:
-Ya son dos veces y mi vista no mejora.
Nos reímos con la ocurrencia. Le di otro pico y le dije:
-Me voy a duchar, luego vas tú, así si se despierta Carlitos tiene quien lo atienda.
Al regresar de la ducha la encontré en la misma posición que la había dejado, con la espalda arrimada a pared, pero con una mano entre las piernas... Estaba corriéndose como una perra. Le dije:
-Podías haber esperado y masturbarte en la ducha.
Cuando pudo hablar me dijo:
-En la ducha me haré otro dedo.
-¿Quieres que te masturbe yo?
-¿Y si despierta Carlitos?
-Acabas tú.
-Vamos.
Fui con ella. La masturbé y acabé comiéndole el coño hasta que se corrió en mi boca.
Nuestra relación incestuosa duró hasta que yo me fui de casa.
Quique.
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