Llegamos al río a través de una especia de bosque a una media hora de casa, una amiga de mi madre y vecina nuestra, Carmen, nos había hablado de ella y decidimos ir a pasar el día el domingo completo, Pilar y yo, Carmen y otra amiga suya. Al llegar, yo le pedí a Carmen si podía ir a por leña junto con Cristina, su amiga, como no quería dejar sola a Pilar, yo decidí que mejor fueran ellas y así de paso nosotros todos podíamos aprovechar a pasar tiempo a solas y así investigar la zona, porque como decía mi madre "para que no me pasara nada" excusa que mamá se inventó para venir conmigo.
Carmen se fue a por la leña mientras que mi madre y yo nos fuimos por otro camino, los tres acordamos que antes de anochecer quedaríamos en el pinto de encuentro donde nos quedaríamos a dormir esa noche, es decir, donde nos acabábamos de separar en ese momento. Tras despedirnos, mamá y yo nos fuimos por nuestro camino, a ella le costaba subir, así que le di la mano para que se agarrara y pudiera subir mejor, así que aprovechando que estábamos solos, me acerqué a ella y le dije susurrándole, "igual podemos hacer algo aquí tú y yo..." Mama me pidió que no porque era muy arriesgado y nos podían pillar, ¿y si por algún casual vienen Carmen y Cristina? Yo le dije que no pasaba y que seguramente no vinieran, y ahora podríamos aprovechar debido a que estábamos ella y yo solos. Llegamos a una cascada donde corría el agua, era muy relajante y se estaba se maravilla, mamá dijo que por aquí no había nadie y era justo lo que queríamos así podíamos aprovechar para darnos un baño, ella se quitó la camisa quedándose con el top negro y unos shorts ajustados de color naranja que hacía que no pudiese dejar de mirarla. Le cogí de la mano y fuimos caminando lentamente por encima de las piedras hasta llegar a una zona segura para ambos.
Tras quitarme el pantalón y las zapatillas, le agarré el culo a mi madre haciendo que ella soltara una carcajada nerviosa, cada vez estábamos más cerca el uno del otro hasta que finalmente surgió el beso. Nos empezamos a besar apasionadamente al lado de una cascada, era de lo más relajante y morboso a la vez, pero era el sitio exacto donde quería estar a solas con mi madre. Mama me agarró la polla y yo no tarde ni un minuto en ponerla con la espalda contra el árbol y besarla el pecho, comiéndole las tetas mientras, que ella jadeaba de placer. Seguidamente, sin poder contenerme mis dedos de la mano izquierda fueron directos a su coño, el cual empecé a tocarle por fuera del short que llevaba, ella no podía evitar gemir salvajemente de placer, era evidente, estaba cachonda perdida. Mamá comenzó a meterme mano hasta que me saco la polla del calzoncillo, me empezó a hacer una paja lentamente mientras nos seguimos besando hasta que nos dimos la vuelta, ella se puso frente a mi de cuclillas y yo me puse contra el árbol, para obsequiarne con una de sus maravillosas mamadas, teniendo a mi madre a mis pies haciéndome una mamada extraordinaria era lo que más deseaba en ese momento, no quería nada más.
Tras besarnos varias veces seguidas, le quité el short a mamá y a continuación le bajé el tanga, le empecé a morder cariñosamente las nalgas a lo que ella me correspondió con uno de sus jadeos. Lentamente se la metí por el coño, mamá gimió salvajemente y le salive el coño a la vez que ella lo hacía también, "que rico me dijo ella" empecé a follarla con más fuerza, mamá me pedía que no parase, era lo más morboso que habíamos echo hasta la fecha y así era, que madre e hijo lo hicieran ya era morboso de por si pero que lo hicieramos en la calle, con el riesgo de que nuestros conocidos nos pudieran pillar era todavía más morboso y arriesgado pero nos daba igual en ese momento. Después de un buen rato follandola sin descanso, me arrodillé en suelo, comiéndole el coño sin parar, era delicioso, mama era incapaz de parar de gemir eso era buena señal.
Volví a follarla nuevamente contra la pared aún no se había recuperado del primer embite pero yo estaba cachondo perdido, nos volvimos a besar y mamá me salivo la polla mientras ahora ella se agachaba para seguir follandola con fuerza, le agarré ambas nalgas ella no dejó de gemir en ningún momento eso me excitaba mucho. Tras una mamada excepcional de mi madre, los dos nos estiramos en una roca y empezamos a follar salvajemente, poniéndome encima de ella hasta que me terminé corriendo dentro de ella.





